sábado, 31 de julio de 2010

Trois Pistoles, una delicia del nuevo mundo


Volviendo a los post sobre cervezas, en esta ocasión voy a hablar sobre una deliciosa cerveza canadiense, la "Trois Pistoles" o tres pistolas (aunque en realidad hace referencia a 3 monedas) traducido al castellano. Se trata de una cerveza de norteamérica, y que por su nombre francés, como muchos habréis imaginado, de origen canadiense, concretamente de la provincia de Quebec.
Esta cerveza forma parte de una amplia gama de la cervecera Unibroue, cuyas cervezas son muy apreciadas, y con gran reconocimiento en el mundo cervecero.
La historia de la cervecera Unibroue es relativamente reciente. Habría que remontarse, no demasiados años atrás, concretamente hasta 1990, cuando André Dion, y Serge Racine se hicieron cargo de una cervecera local en situación de decadencia, llamada Massawippi. En esos años no resultaba demasiado complicado hacerse cargo de una  antigua fábrica existente para reconvertila en una nueva, ya que el gobierno canadiense no requería licencia alguna para dicha operación financiera.



En colaboración con un maestro cervecero belga, Unibroue lanzó en 1992, la primera de su colección de cervezas especiales actuales, acondicionadas en botella al estilo belga.
Los ingredientes empleados por Unibroue para la elaboración de sus cervezas son total y exclusivamente naturales, y el acondicionamiento en botella les confiere una larga vida propia, por lo que resulta mucho más fácil poder exportarla. Unibroue, por tanto, no se concentra únicamente en el mercado canadiense, y exporta tanto a los vecinos Estados Unidos, como a Europa. Especialmente a Francia y Suiza. El proceso de producción de las cervezas Unibroue ronda las 8 semanas, y la levadura continúa viva en la botella, por lo que las características de la cerveza varían con el tiempo.
Al igual que sucede con otras cerveceras como la Wychwood británica, los diseños de las botellas y las etiquetas es uno de los sellos de identidad de la compañía, con una estética sugerente y atractiva, y misteriosas leyendas detrás.
Actualmente la Unibroue fabrica una amplia gama de cervezas especiales, ales y lagers, entre las que destacan entre otras:
- La Blanche de Chambly
- La Fin du Monde
- La Trois Pistoles
- La Don de Dieu


La Trois Pistoles fabricada desde 1997, se trata de una Strong Darke Ale al estilo belga, de alta fermentación. La etiqueta de la botella  muestra un caballo alado sobre un cielo crepuscular de fondo con nubes teñidas de rojo intenso, y sobre el edificio de una gran iglesia. Esta imagen se debe a la leyenda que hay detrás de esta cerveza: 

Trois Pistoles es el nombre de un pequeño pueblo de Quebec. Fundado hace más de 3 siglos, dio a luz a varias leyendas, entre ellas una sobre el Caballo Negro. Se trataba de un obispo local que conjuró un demonio bueno (que aparecen en forma de corcel negro embridado) para transportar grandes piedras de ladrillo para construir una nueva iglesia. Cuando alguien le quitó de forma accidental las riendas, el caballo negro de repente se desvaneció al igual que el resto de última piedra iba a trasnportar. Esta piedra se encuentra aún desaparecida, como se puede ver al visitar la iglesia local.


 
Cata:

Graduación: 9º
Color: De color marron oscuro, casi negro, como el café. Se forma una capa de espuma blanca de grosor notable, aunque no especialmente duradera.
Aroma: Muy intenso, marcadamente dulce a malta tostada, especias y afrutada.
Sabor: En boca podemos apreciar que se trata de una cerveza de cuerpo medio. El comienzo del sabor es plenamente a malta tostada, marcadamente dulce, y con un toque especiado y una cierta acidez al final.
De carbonatación media, a pesar de tener un elevado contenido alcohólico, el alcohol no invade el sabor de esta cerveza, manteniéndose en el trasfondo, resultando muy bien equilibrada. El regusto es corto y marcadamente seco, con un suave amargor al final.
En definitiva una cerveza equilibrada, y de gran calidad con un paladar un poco meloso y muy agradable. 
Nota: 8,5/10

La historia de la cerveza en España


LLevaba un tiempo queriendo escribir un post que hablara de la historia de la cerveza en España. A pesar de lo que pueda parecer, la cerveza no es la bebida alcohólica preferida de los españoles. Entonces, cuál es? efectivamente habéis acertado: el vino. En cualquier caso, este hecho no quita que la cerveza sea igualmente una de las bebidas más populares a lo largo y ancho de la Península Ibérica. Todos nosotros, desde nuestra más tierna infancia, hemos conocido la cerveza como una bebida muy presente en todo tipo de eventos, celebraciones y ocasiones: las ferias en los pueblos, las terracitas de verano, cumpleaños, bautizos, el aperitivo de la una de los domingos, etc. El status actual de popularidad que ostenta la cerveza es la consecuencia de la evolución de esta bebida a través de siglos de historia, que comienza prácticamente en la noche de los tiempos, con el hombre prehistórico, aunque el punto de inflexión importante se produce en el siglo XVI, durante el reinado de Carlos V.

El origen de la cerveza en España es un tanto impreciso, y como decía, puede remontarse hasta el hombre prehistórico, ya que a lo largo de las últimas décadas, se han ido encontrando pruebas de que la cerveza ya era consumida en aquellos tiempos, entre los restos de poblados prehistóricos que han ido saliendo a la luz en diferentes excavaciones repartidas por nuestra geografía: Genó(Lérida), Ambrona(Soria), etc.
En la Hispania romana, también se han encontrado evidencias del consumo de cerveza, en algunos escritos de oradores e historiadores de la época. En aquella época la cerveza era una bebida elaborada artesanalmente a partir del trigo, mezclado con unas serie de hierbas que le daban un sabor austero y que los habitantes de la época llamaban "celia", o "ceria" en honor a la diosa Ceres.

Tras la caída del imperio romano, la cerveza fue considerada como un producto de no muy buena calidad. La escasa (por no decir nula) afición de los musulmanes por beber alcohol contribuyó a que no se mejorara la calidad de la cerveza.
En la Edad Media, se vuelve a reestablecer la producción de cerveza, y como evidencia de ello podemos encontrar la presencia de lúpulo en la iconografía de la catedral de León, añadida en el siglo XIV. Pero en realidad tuvo que venir alguien desde tierras extranjeras para que la calidad, de lo que hasta entonces era considerado un brebaje, experimentase cierta mejora. A quién me estoy refiriendo? Pues ni más ni menos, que a Carlos V verdadero responsable del inicio de la producción profresional de cerveza en España.


Carlos V, era originario de Gante, ciudad que fue testigo de su nacimiento en 1500 en pleno corazón de Flandes. Ya en su adolescencia tuvo que reinar sobre una cantidad de territorios tal, que podía perder la cuenta. Terminó siendo, de hecho, el hombre más poderoso de Europa y del mundo en aquella época. Entre las condiciones que tuvo que cumplir para acceder a la corona se encontraba la necesidad de aprender a hablar castellano y venirse a vivir a Castilla. Esto sin lugar a dudas tuvo que considerarlo como razonable, pero claro, abandonar la buena cerveza de su tierra natal, eso era harina de otro costal. Por este motivo ordenó contratar los servicios de un maestro cervecero centroeuropeo y emprendió la construcción de una fábrica de cerveza en España, la primera de la que se tiene constancia en nuestro país. La fábrica, por cierto, fue construida en la ribera del Manzanares por la calidad de sus aguas, a pesar de que la capital aún no había sido trasladada Madrid, y las cortes se encontraban en Valladolid, la capital del reino en aquellos momentos. 


La fábrica se puso en marcha en el año 1537 y fabricó para el rey cerveza que gustaba de tomar helada, para desesperación de sus médicos. Durante los años previos a su muerte, en su retiro en el monasterio de Yuste (Cáceres) en 1558, la fábrica cerró. Y he aquí, el motivo del origen de la primera cerveza de abadía española (estilo belga) que podéis encontrar en los supermercados hoy en día, ya que en honor a este emperador, y su retiro en el monasterio extremeño, el grupo Heineken decidió comercializar Legado de Yuste.

Pero volviendo al siglo XVI, tras el cierre de la fábrica madrileña, sólo quedaba en activo una fábrica de cerveza en España, situada en Sevilla. Pero por poco tiempo. El sucesor de Carlos V, su hijo Felipe II mandó restablecer la producción de cerveza a orillas del Manzanares (entonces sí que Madrid comenzó a ser capital del reino tras el traslado de la capitalidad). El número de grandes fábricas variaba continuamente con el tiempo: 5 se llegaron a contar en Madrid en 1610, 2 en 1632, 1 en 1663, 2 en 1679, pero ya  nunca más dejaría de existir producción de cerveza en España. Durante el reinado de Felipe IV, comenzaron a darse los privilegios para la elaboración artesanal de cerveza. Hay que tener en cuenta, que en aquella época era necesario en la mayoría de los casos, contar con un permiso o dispensa del propio monarca para poder producir cerveza.


Aunque la cerveza ya había conseguido establecerse de forma definitiva en España, la cerveza que se consumía no era en todos los casos de muy buena calidad, sino más bien todo lo contrario. Las familias más adineradas y de la nobleza se procuraban vino, por el cual sentían más atracción, a pesar de que se requiere mucho más cuidado en su elaboración.
Se llegaba a escribir en algún libro de la época que beber cerveza era casi como beber "orines de rocín con tercianas", por su sabor. Quizás un poco exagerado el simil, pero claro, ninguno de nosotros vivió esa época para poder ratificar la veracidad de semejante comparación. A pesar de ello, su consumo se continuó gravando con mayores impuestos durante los siglos subsiguientes, debido a las crecientes dificultades económicas de la corona para mantener tan vasto e inestable imperio. Carlos II, el último monarca de los Asutrias,  gravó por primera vez la cerveza en 1679, con el fin de financiar los gastos de su primer casamiento. Y a partir de 1701 la producción de cerveza terminó siendo declarada monopolio estatal, para desgracia de tres importantes fábricas cerveceras de Santander, cuya calidad era sensiblemente superior y que a pesar de ello fueron clausuradas.


La producción de cerveza se mantendría durante décadas con varios altibajos hasta el siglo XIX. Sin técnicas de frío, ni los conocimientos necesarios para el proceso de elaboración, es lógico que la gente de la época se inclinase por otras opciones y prefiriese otras bebidas refrescantes, como la horchata levantina o la zarzaparrilla. Si había que beber cerveza, se procuraba mezclar con zumo de limón, para suavizar y disimluar el sabor. Imaginad las lamentables condiciones en las que se hallaba la producción y consumo de cerveza en aquel entonces.
Pero a mediados del siglo XIX  se inició el cultivo del lúpulo peninsular en gran escala, lo cual influyó notablemente en la producción de cerveza, de tal modo que Madrid disponía ya de seis fábricas por estas fechas. A finales del siglo XIX y principios del XX, la producción rondaba ya los 15 millones de litros y es aquí cuando se produce la verdadera revolución cervecera, y la producción experimenta un gran impulso. De hecho, es cuando aparecen las grandes compañías cerveceras españolas (algunas de ellas sobradamente conocidas por vosotros).


El consumo evoluciona lenta y positivamente, pero esta tendencia de expansión y crecimiento de nuevo vuelve a interrumpirse durante los primeros años de la postguerra, como consecuencia obvia de la escasez de materias primas y el bajo poder adquisitivo de la población de un país que había quedado destruído por la guerra.

A partir de la década de los sesenta se dispara de nuevo el consumo. La cerveza ya ha logrado alcanzar un status de bebida refrescante y popular extendido por todo el país,  y a mediados de los setenta su avance es totalmente imparable, coincidiendo con las transformaciones políticas, económicas y culturales de la sociedad española, hasta llegar a nuestros días, donde España ha llegado al tercer puesto como país productor de cervezade la Unión Europea.


En nuestro país la cerveza se consume mayoritariamente con moderación, por lo que podemos decir que en España sabemos disfrutar sanamentede esta deliciosa bebida. Además de reconocer sus propiedades beneficiosas para nuestro organismo, poco a poco los españoles hemos ido desechando la infundada ideade que la cerveza engorda, aunque aún sigue habiendo mucha gente que así lo sigue creyendo. Si Carlos V engordó o sufrió de gota, no fue por culpa de esta bebida, ya que la cerveza es una de las bebidas que menos calorías aporta, muchas menos que un zumo o un refresco, y dentro de las bebidas alcohólicas, es la que menor graduación alcohólica contiene, salvo las excepciones de algunas cervezas, como las escocesas Brewdog.

Así que ya sabéis, disfrutad de la cerveza con cabeza.






viernes, 23 de julio de 2010

Floris de chocolate

En esta ocasión, voy a hablar sobre una cerveza que podría ser considerada una rareza, aunque no es la única de su tipo. Estoy refiriéndome a las cervezas de chocolate. Sí, sí... habéis leido bien: cervezas de chocolate, o más bien "con chocolate", y concretamente dentro de este tipo de cervezas, trataré acerca de la Florís de chocolate.
Seguramente muchos habréis oido hablar sobre las cervezas de frutas, e incluso habréis tenido oportunidad de probar alguna. Son especialmente populares las cervezas de frambuesa y de cereza, como por ejemplo las Morte Subite, que forman parte incluso de una familia o tipo de cerveza con mucha tradición en algunos países como Bélgica. Lo que es más extraño, es oir hablar de cervezas de chocolate, y doy fe de que se existen.
Haberlas, haylas, como dirían los gallegos. No son fáciles de encontrar en España, y dado lo extraño de la mezcla, es cierto que no son muy conocidas en nuestro país, salvo por los aficionados a las cervezas de importación. Esta cerveza la podéis tomar en La casa de la cerveza, situada en la calle Luchana de Madrid, o bien la podéis encontrar en alguna tienda por internet de cervezas de importación, como la valenciana "estucerveza"  (http://www.estutienda.com/estucerveza/index.asp), que por cierto funciona muy bien.

Las cerveza Floris de chocolate, forma parte de una gama más amplia de cervezas (las hay de fresa, manzana, miel, incluso cactus!!!).
Las cervezas Floris en realidad están compuestas por una witbier (cerveza de trigo belga) aromatizadas intensamente con sabores dulzones dando lugar a tan extrañas mezclas. Estas cervezas son producidas por la cervecera belga Brouwerij Huyghe, responsable además de la fabricación de la afamada cerveza Delirium Tremens, que seguramente muchos conoceréis, y de la que hablaré en otro post. 
 

 
CATA:

Graduación: 3º

Color: Cerveza oscura, de color amarronado. La capa de espuma formada es de gran espesor y de color crema.
Aromas: Es tan importante la presencia del chocolate, que anula prácticamente por completo el resto de los aromas, que quedan ocultos bajo un manto de cacao tan intenso, que aunque agradable, le resta presencia al resto de olores.
Sabor: En boca, resulta una cerveza de cuerpo ligero, y en paladar ocurre como con los aromas. La presencia del chocolate predomina sobre los matices florales y de la malta, por lo que es una cerveza predominantemente dulce, con un leve toque de acidez, debido a la malta de trigo empleada en la elaboración, y de amargor al final, aunque poco apreciable

En resúmen: como curiosidad puede resultar divertida la experiencia. El sabor no me resultó desagradable, pero como cerveza no aporta nada reseñable al aficionado cervecero, de hecho la mayoría la detestan. Para aquellos que no sean especialmente aficionados a la cerveza, les puede gustar pero, seguramente a más de uno le parecerá un tanto empalagosa.
En realidad yo la consideraría más bien como un refreco o batido, que como una cerveza en sí misma, por lo que la puntuación que le doy es baja.

Nota: 3/10

martes, 20 de julio de 2010

St Bernardus Abt 12, la creme de la creme

Hoy le toca el turno en el blog, a una cerveza única, y que probablemente se encuentre entre las mejores del mundo según la opinión de los mejores críticos de cerveza. Estoy hablando de la St. Bernardus Abt. una cerveza de abadía única, tan famosa, característica e inimitable como puede ser la Sachertorte en los postres.
Se trata de una cerveza proveniente de Watou (Bélgica).
A comienzos del siglo XX, por motivos políticos, se produjo el éxodo de la comunidad de la abadía de Catsberg en Francia al pueblo de Watou en Bélgica, situado a unos pocos kilómetros de distancia, donde fundaron una pequeña abadía utilizando una antigua granja.
Una vez instalada la comunidad, comenzaron a dedicarse a la elaboración de queso tradicional, para la obtención de los ingresos suficientes como para poder financiar la actividad en la abadía, y así fue. A los pocos años, la comunidad de la abadía regresó de nuevo a Francia, pero Evarist Deconinck, adquirió los derechos para la producción del queso en Watou, construyendo una primera fábrica a tal efecto.
Tras los años de la Segunda Guerra Mundial, la abadía de los Trapenses St. Sixtus de Westvleteren (una de las 7 abadías productoras de cerveza trapense, que ya comenté en un anterior post) decidió recurrir a medios externos para la comercialización de la cerveza que elaboraban.Y eligieron para llegar a tal acuerdo al señor Deconinck, de modo que la cerveza que era elaborada tras los muros de la abadía, sería exclusivamente para consumo de los monjes, para la venta a particulares en las mismas puertas de la abadía y para la venta en 3 tabernas de la zona. El señor Deconinck, en cambio, elaboraría y comercializaría las cervezas St Sixtus bajo licencia. Para verificar la buena marcha del acuerdo, la abadía de Wetvleteren envío al maestro cervecero que tenían, de origen polaco, a la fábrica de Deconinck, supervisando de este modo la calidad de las cervezas producidas. El acuerdo concesionario para la elaboración de la San Sixtus se firmó por 30 años.
Años más tarde Deconinck decidió terminar con la producción de quesos y dedicarse por completa en la de cerveza. Al principio de los años sesenta, fue precisamene el yerno del señor Deconinck, Guy Claus, quien tras entrar en la empresa, negoció con la abadía la renovación del acuerdo de concesión. El nuevo contrato fue firmado renovado por otros 30 años más hasta 1992.
Pero tras la aparición del sello de calidad y denominación de origen "Trapense", caduca el acuerdo y la cervecería continúa con su producción de cerveza simil a la Westvleteren pero bajo el nombre de St Bernardus. Para la imagen de la compañía se eligió un simpático dibujo de un santo, con unos llamativos y sonrojados mofletes, un tanto borrachín.
St. Bernardus fabrica actualmente las siguientes variedades de cerveza, cada una de ellas con un color de etiqueta diferente, pero con el mismo logo del santo:

- St. Bernardus Abt. 12, con la etiqueta de color azul, la joya de la cervecera, que comentaré a continuación. Aparte de estas, también fabrica la Watou Tripel, y la Grottenbier con un etiquetado diferente.
- St. Bernardus Prior 8, con la etiqueta de color rojo.
- St. Bernardus Pater 6, con la etiqueta de color amarillo.
- St. Bernardus Tripel, con la etiqueta de color verde.
- St. Bernardus Witbier, una cerveza de trigo, con la etiqueta de color plata.
El secreto de las cervezas de St Bernardus se debe en gran parte a que el agua de gran pureza, empleada en su elabroación es extraída de unos pozos de 150 metros de profundidad, y no sólo eso, sino que además este agua es un agua con historia, ya que según la página web de la propia St. Bernardus, un grupo de científicos comprobaron que el agua de estos pozos proviene de lluvia de la época de Juana de Arco, nada menos! Este agua se filtró debido al tipo de suelo arenoso y permeable desde la región de St. Omer en Francia hasta Watou. 

Después de su elaboración, la cerveza madura de forma natural a lo largo de tres meses, para ser embotellada sin filtrar. Añadiendo azúcar y levadura, se logra producir una segunda fermentación en la botella. Es precisamente debido a esta segunda fermentación, el motivo por el que la cerveza se satura de gas carbónico de manera natural.


CATA:
La St. Bernardus Abt. 12 se trata de una cerveza de abadía de alta fermentación, con fermentación en botella, elaborada siguiendo la receta trapense, que incluso mejora si continua madurando en botella durante un tiempo. El nombre de la cerveza, que incluye la abreviatura Abt., que viene de "abad", es la cerveza de mayor graduación y prestigio que fabrica St. Bernardus. Es fácilmente reconocible por la etiqueta azul de la botella, y la imagen del santo impresa en ella.

Graduación: 10,5º.

Color: Oscura, y opaca.Servida en copa de cáliz, crea una capa de espuma densa, cremosa, color marfil, que le proporciona un aspecto muy atractivo.
Aroma: Olores frutales y florales, con notas de especias, caramelo, café y chocolate.
Sabor: En boca es una cerveza con cuerpo, densa, redonda, y equilibrada, que resulta chispeante, debido a su elevada carbonatación. En paladar es compleja, aunque esencialmente dulce, predominando el sabor a malta tostada, levadura, y caramelo, con notas de frutos rojos, y café. El final del trago es suave, pero con un creciente y agradable amargor.
A pesar de lo que pueda parecer por el elevado contenido alcohólico es una cerveza que resulta muy suave, e increiblemente agradable al paladar.
Sin duda alguna es una sublime cerveza de una calidad difícilmente igualable, y una de las mejores del mundo de este estilo de cervezas. Particularmente la considero la mejor cerveza de abadía entre las que he probado, y por eso le doy "10", a la espera de probar la ansiada trapista Westvleteren Abt, que dicen que posiblemente sea la mejor cerveza del mundo (aunque eso mismo decían los daneses de una de sus cervezas, archiconocida mundialmente, jejeje).

Nota: 10/10

sábado, 17 de julio de 2010

Gulden Draak, el dragón dorado.


Tras haber sido la primera cerveza comentada en el blog, la cerveza belga de abadía Augustijn, de la cervecera Van Steenberge, voy a comentar otra de las tres cervezas estrellas de esta compañía, la Gulden Draak. La Gulden Draak, cuyo nombre significa "Dragón Dorado" en español, se trata de una Strong Dark Ale belga, que se caracteriza por ser oscura y con un elevado volumen de alcohol. Esta cerveza es fácilmente reconocible gracias a su peculiar y característica botella achaparrada (muy común entre las cervezas que continúan madurando en botella), como la Augustijn, pero con una cubierta blanca, sobre la cual podemos encontrar la etiqueta de color negro con el símbolo de la cerveza, el dragón dorado. El mismo dragón dorado también aparece dibujado en la chapa de color negro de la botella.



CATA:

Graduación: 10,5º

Color y aspecto: Presenta un color ocre, y rojizo oscuro. Deja en copa, una considerable capa de espuma color crema.

Aroma: Es una cerveza que desprende una combinación de aromas muy complejos, donde se pueden apreciar fundamentalmente la malta de cebada, levadura y aromas frutales dulces, como a  pasas, y cerezas. También hay notas de café, chocolate y frutos secos.

Sabor: Se trata de una cerveza con mucho cuerpo y con una carbonatación notable, que tiene un sabor predominantemente dulce. En el paladar se repiten y se acentúan las sensaciones del aroma, con sabores a frutos dulces, caramelo y tofee, que la dotan de un gusto muy agradable, aunque alicorado, ya que el elevado volumen de alcohol, aunque bien disimulado, termina haciendo acto de presencia. El final sigue presentando un marcado gusto dulce a malta y caramelo, y es prolongado, con poco amargor y presencia de lúpulo, lo que provoca que no sea una cerveza muy equilibrada.

En resúmen: Se trata de una cerveza afrutada muy dulce y alicorada, con personalidad y complejidad de aromas, que va bien como cerveza de postre, o sobremesa.

Nota: 7,5/10

Fiddler's Elbow



Hoy voy a hablar de una de las cervezas que produce una peculiar cervecera británica, la Wychwood.
La cervecera Wychwood, se encuentra escondida en una pequeña calle, justo detrás de la calle principal del pueblo de Witney, en el condado de Oxfordshire, en el corazón de Inglaterra. Se trata de una región repleta de mitos ancestrales, misterios y leyendas de siglos de antigüedad, lo que influyó en la imagen elegida por esta cervecera, la cual gira entorno a la brujería, duendes, trolls, y otros personajes de fantásticas historias. De hecho en las chapas de las botellas podemos apreciar la silueta de una bruja en su escoba.


Pero volvamos por un momento a la ciudad origen de esta peculiar cervecera, Witney. Esta ciudad es conocida en Inglaterra por las 3 B's (bread, blankets, and beer) es decir: pan, mantas, y cerveza, y es que en esta ciudad se ha elaborado cerveza durante siglos.
La primera cervecera de importancia en Witney  fue fundada en 1841 por John Williams Clinch, el hijo de una familia de banqueros, quien estableció la fábrica de cerveza, cerca del lugar donde se encuentra actualmente la Wychwood Brewery. La cervecera Clinch tuvo un gran éxito durante más de 120 años, llegando a tener en propiedad más de 70 pubs y llegando a conseguir numerosos premios en numerosos certámenes y concursos de cervezas. Sin embargo, tras la venta de los activos de la compañía por parte del ayuntamiento, la cervecería Clinch fue cerrada en 1961, marcando el final de una era. Y es que la cerveza tradicional inglesa sufrió mucho en las últimas décadas del siglo XX con la entrada de los grandes grupos cerveceros en el Reino Unido que absorbían a las cerveceras pequeñas, y que con sus grandes campañas de publicidad en televisión dirigidas mayoritariamente a los jóvenes, cambiaron los hábitos y costumbres de consumo pasando de las ales tradicionales a las lager. Así cerraron muchas fábricas pequeñas. 

Pero, como para la cerveza Ale tradicional existía un mercado, han ido resurgiendo fábricas pequeñas con cervezas de calidad y mucha variedad de cervezas tradicionales como Porter, Indian Pale Ale etc. Así, en 1983, la original cervecera Clinch fue comprada por Paddy Glenny, un fabricante de cerveza Inglés que se habían formado en Alemania. Esta cervecera recibió inicialmente el nombre de la Eagle (que obviamente no tenía nada que ver con nuestra cerveza El Aguila). La cervecera Eagle comenzó en  el  sótano de la actual "Eagle Maltings", edificio que ahora alberga las oficinas de Cervecería Wychwood. En 1990 la cervecera pasó a llamarse con el nombre actual: Wychwood. 

En 1988 se le pidió a la fábrica de cerveza elaborar una cerveza especial de celebración del casamiento de la hija de un terrateniente local. Chris Moss, que se unió a la cervecera años atrás, creó la cerveza de su vida:  The Legendary Hobgoblin. En enero de 1996, se sacó al mercado la primera cerveza embotellada de Hobgoblin, que además resultó ser la primera cerveza en botella en el Reino Unido que tenía una etiqueta delantera con motivos pictóricos, en comparación con las cervezas embotelladas hasta entonces que sólo tenían las palabras del nombre.

Las etiquetas (así como también las botellas) son algo altamente distintivo y peculiar en la imagen de esta cervecera, que como comenté al comienzo del post, gira entorno a personajes fantásticos y de leyenda, haciéndolas más atractivas, y de esta forma ha ido despertando el interés de los jóvenes abriendo el mercado de las cervezas tradicionales inglesas a un público más amplio. De hecho, la Wychwood tiene multitud de fans actualmente, llegando a producir 50.000 barriles (o lo que es lo mismo: 8 millones de litros) al año.
Actualmente la Wychwood, no produce únicamente la Hobgoblin, si no que además produce las siguientes cervezas:
- La Black Wych.
- La Scarecrow.
- La Goliath.
- La Fiddler's Elbow, que es la que comento a continuación.
- Y otras cervezas de temporada.

CATA:

La Fiddler's Elbow (el codo del violinista, en español), viene embotellada en formato de 50cl. La botella, como en el resto de las cervezas de esta compañía, tiene una forma peculiar. De vidrio oscuro, tiene el emblema de la compañía (la silueta de una bruja montada en su escoba), grabada en ella. En la chapa negra, se aprecia en dorado dicho emblema.
En la etiqueta de la botella podemos apreciar a un misterioroso personaje tocando el violín, en medio de unos campos de cultivo.

Graduación: 4,5º

Color: De color miel, intenso. La capa de espuma formada, de ligramente color crema,  es amplia y esponjosa.
Aroma: Aromas predominantemente cítricos, como a pomelo, y florales.
Sabor y textura: Cerveza con cuerpo. Ofrece una mezcla de sabores cítricos y  otros ligeramente dulces como a cereal y pan, debido al empleo combinado de maltas de trigo y cebada, dando paso a un marcado amargor provocado por el lúpulo (Styrian Golding).

El resultado final es una maravillosa combinación de sabores a frutos cítricos y un final prolongado lupulado.


Nota: 7,75/10

viernes, 9 de julio de 2010

Tannen Zäpfle: Una pilsner de culto


En esta ocasión el post está dedicado a una pilsner alemana, que aunque no es muy conocida por estos lares, tan al sur de Europa, y a pesar de no emplear prácticamente publicidad alguna, ha llegado a ser toda una cerveza de culto, sobre todo en barras fuera de Alemania, donde es muy apreciada.

La Tannen Zäpfle es una de las cuatro clases de cerveza (Pils, Märzen, Radler y Hefeweizen) que fabrica la cervecera alemana Rothaus. La  Rothaus fue fundada en 1791 por el monasterio benedictino San Blasien (o de San Blas para los españoles). En aquel momento, el soberano de la región era el príncipe-abad Martin Gerbert II, abad del monasterio San Blasien. El abad fue en su tiempo no sólo un famoso científico, sino también un político con visión de futuro, que estaba particularmente interesado en la prosperidad económica del estado germano sobre el que ejercía su soberanía. El abad, que se había ocupado de dotar a la región de una buena estructura económica basada entre otras cosas, en la incorporación de las últimas técnicas a la producción "industrial",  fundó la cervecería Rothaus.
La cervecería, fue construida en una ubicación idónea, situada en medio de grandes bosques de la selva negra, cerca de los recursos hídricos de calidad necesarios para la producción de la cerveza. Posteriormente con el proceso de secularización del estado germano, la abadía y sus dominios pasaron a ser propiedad en 1806 del Ducado Magnífico de Baden. La cervecería conocida como Rothaus pasó a ser del estado de Baden y de este modo ha ido funcionando desde la abolición de la monarquía en 1918. Actualmente la cervecería es completamente propiedad del estado federado de Baden-Württemberg.

El símbolo de esta cervecera es el de una chica ataviada con un traje típico de la región, sosteniendo un par de cervezas, entre piñas de abeto, y es que precisamente la palabra Zäpfle que viene de Zapfen, hace referencia precisamente a los conos o piñas de los abetos. Además el sufijo "le" es un diminutivo usado en la región, por lo que el nombre de la cerveza podría traducirse como "conitos de abeto" o "piñitas de abeto". El por qué de este nombre es toda una incógnita. Quizás quiera rendir homenaje a los bosques de la selva negra de donde es originaria la cerveza, quién sabe...


Cata:

Graduación: 5,1º

Color: De color dorado intenso. La capa de espuma es abundante y esponjosa,  de color blanco intenso.

Aromas: Se aprecian notas muy agradables a hierbas silvestres de campo.

Sabor y textura: Burbujeante y de cuerpo medio. El sabor predominante es sin lugar a dudas a malta. No hay mucha presencia de lúpulo salvo en un notable amargor que hace acto de presencia al final.
Es una efervescente, elegante y bien redondeada pilsner, con agradable amargura al final, dejando un regusto refrescante. Muy buena cerveza, que llega a mejorar a mi preferida entre las pilsner alemanas, la Bitburger.

Nota: 8,25/10

viernes, 2 de julio de 2010

Orval, una cerveza con una leyenda

Hola amig@s cervecer@s, hoy voy a hablar sobre otra cerveza trapista belga. Anteriormente hablé de la Westmalle, y de la Chimay. Hoy le toca a la Orval, única ale trapense, y una de las mejores cervezas del mundo sin lugar a duda, que parece estar bendecida al igual que el resto de las cervezas trapistas.

Algo de historia...
El monasterio de Orval fue fundado en 1070 y comenzó a formar parte de la orden Cisterciense a partir de 1132. Como otros tantos monasterios fue destruído y expoliado durante la revolución francesa. En 1926, comienza a resurgir de nuevo a partir de sus ruinas, ya que la familia Harenne, que había comprado las ruinas del monasterio y las tierras colindantes, donan estas propiedades a la orden cisterciense, a la que pertenecía originalmente el monasterio. De este modo pudo restablecerse la vida monástica en Orval. En 1931, los monjes decidieron reemprender la fabricación de cerveza. Como sucede con los otros monasterios trapenses, el objetivo de los monjes no era lucrarse, sino generar ingresos suficientes como para mantener la abadía, la comunidad local, y realizar obras de caridad. Los monjes elaboran también pan, queso y bombones de miel. Actualmente reciben muchas personas que buscan retirarse durante un cierto tiempo y sobre todo muchos visitantes, los cuales pueden visitar las ruinas clasificadas de la abadía antigua (Siglo XII-XIII) y sus terrenos colindantes, pero no el interior de la actual fábrica de cerveza.

La leyenda...
Existe una bonita leyenda acerca del origen de esta cerveza. Según cuenta dicha leyenda, allá por el año 1076, la condesa Mathilde, soberana de la región y también duquesa de la Toscana, estaba disfrutando un día de campo, sentada en el borde de una fuente natural de aguas claras. Por un descuido, su anillo nupcial, recuerdo de su difunto marido, terminó cayendo al fondo de la fuente.
Muy disgustada y desesperada por haber perdido esta joya, la condesa comenzó a rezar a la Virgen María con gran fervor. En ese instante, oportunamente apareció una trucha en la superficie del agua de la fuente, con el anillo en la boca, devolviéndole de esta forma la ansiada joya. Sorprendida, y agradecida, creyó que aquello fue un verdadero milagro, la soberana comenzó a gritar: "¡He aquí el anillo dorado que estaba buscando!, ¡Bendito sea el valle que me lo devolvió!, ¡A partir de ahora y para siempre, quiero que sea llamado Val d'or!" (el valle de oro), que dicho al revés es Or-val. El agua de la fuente todavía alimenta el monasterio y su cervecería. 



Debida a esta leyenda, el símbolo de la cerveza Orval es una trucha asomándose a la superficie del agua con un anillo de oro en la boca, que podemos ver impresa en las chapas de las botellas. 

La elaboración...
Algunos de los factores má relevantes dentro de la elaboración de la Orval, son los ingredientes utilizados. Aparte del agua ya mencionada, también se encuentran los sacos de lúpulo seco del tipo Goldings de Styria que son añadidos durante la segunda fermentación, lo que dota a la cerveza de mayor armonía e introduce un aroma rico y dulce.
Igualmente en la calidad de la cerveza, no sólo influye la materia prima utilizada, sino que también lo hace la maquinaria que participa durante todo el proceso.
El director actual de Orval (François de Herenne) afirma que los monjes tienen una visión a largo plazo y quieren utilizar los mejores equipos y medios de producción, para la elaboración de la cerveza. Precisamente la tradición trapense es utilizar siempre los equipos más sofisticados, alcanzando con ello un alto nivel de calidad que desean mantener.
Además Orval mantiene sus equipos en magníficas condiciones, como demuestra el brillo de sus calderas,  a pesar de ser de que algunas de ellas fueron fabricada en los años 30.

 
Cata:
Es una cerveza que me ha costado bastante conseguir. Ya andaba detrás de ella desde hace largo tiempo, hasta que llegó el momento en el que he podido probarla recientemente.
Se trata de una cerveza totalmente inconfundible a la hora de identificarla, ya que a botella de esta tiene una forma bastante particular (como si se tratase de un bolo). La botella, los vasos y las copas están diseñados con dos consideraciones: la belleza y la paz. Precisamente, es en su característica copa, donde se aprecia su gran riqueza de aromas y sabores, servida a una temperatura ideal entre 12ºC y 14ºC (recomendación hecha en la propia etiqueta de la cerveza).

Graduación: 6,2 º 
Color: De color albaricoque, traslúcida y ligeramente pálida. La capa de espuma es nívea, densa y duradera.
Aroma: Lo mejor de esta cerveza para mi gusto. La riqueza y complejidad de los aromas que desprende es sorprendente. Hay notas de especias, cítricos, hierbas silvestres y flores. Predomina el aroma a lúpulo pero se aprecia también un toque avinado y a champagne.
Sabor: El contenido en alcohol es moderado y se agradece. De cuerpo medio, ofrece distintos matices en el paladar, predominando los sabores ácidos y especiados. El regusto final es de carácter ultraseco. Lo debe en gran parte a su contenido de levaduras, y de lúpulos secos.

Una estupenda ale de abadía, con un conjunto de aromas sublime, que combina pefectamente con unas tostas con queso azul. Sobresaliente.

Puntuación: 9/10