miércoles, 30 de marzo de 2011

Titanic stout, una stout inglesa que navega con buen rumbo


Hoy voy a hablar de una stout inglesa de nombre claramente reconocible: la Titanic Stout, de la cervecera Titanic, que tuve suerte de adquirir por segunda vez recientemente junto con otras cervezas británicas, como muestro en la foto adjunta.

 

Alguien podría pensar que no es una buena idea poner de nombre a una empresa, el nombre del archiconocido buque que naufragó en las frías aguas del Atlántico en 1912. Como todo, o casi todo en esta vida tiene un por qué, y en el caso de la elección del nombre de esta cervecera no es diferente como comentaré más adelante.
La cervecería Titanic fue fundada en la localidad de Burslem en Stoke on Trent en  el año 1985 con el principal objetivo de producir buena cerveza usando equipos de la época victoriana alimentados con madera. Burslem es una pequeña ciudad inglesa, famosa por ser cuna de excelentes facturas de alfarería y cerámica. Aparte de eso, la fama le viene dada a este pueblo por ser donde nació Edward John Smith, que resultó ser más tarde capitán de navío, y que llegó a pasar a la historia, por ser el capitán al mando del Titanic, cuando se produjo el triste hundimiento del buque en 1912., a causa de un choque con un iceberg. Precisamente en honor a él, la cervecera toma el nombre del conocido trasatlántico, incluyendo dibujos con motivos que giran entorno al Titanic, y a elementos náuticos, tanto en sus logos para etiquetas, como en las chapas, como en el nombre de algunas de sus cervezas. Desde sus humildes inicios la cervecería Titanic ha ido creciendo  superando  todas las expectativas llegando a producir más de 17 millones de pintas de cerveza por año, y en contra de lo que hace pensar su nombre, se ha mantenido a flote con muy buena salud desde el comienzo. La cervecería es propiedad de los hermanos Dave y Keith Bott que han supervisado el aumento constante de la producción desde sus inicios.

Dave y Keith Bott se unieron para hacerse cargo de la cervecería Titanic en 1988, cuando el dueño original se vio inmerso en dificultades económicas. Keith ya se encontraba trabajando en la Titanic desde tiempo atrás, mientras que su hermano Dave vivía de otros negocios. Gracias al respaldo financiero de su padre, Keith se dedicó a desarrollar la marca, una vez que asumieron el control de la cervecera. Compraron su primer pub en el año 1992 en Burslem. Al comienzo no fue demasiado fácil, pero poco a poco la ciudad fue dando una cálida bienvenida a las cervezas servidas en el pub. Actualmente es uno de los bares con más éxito de Burslem siendo un gran lugar para probar la gama entera de las cervezas Titanic. 
En 2006 Dave se desprendió por completo de su anterior negocio y actualmente  se dedica de lleno a la gestión  de la fábrica de cerveza junto a su hermano; la experiencia al por menor de Dave constituyó un activo real para la empresa y ayudó a estabilizar el rumbo lo que permitió a Keith liderar una pequeña revolución de la cerveza local como Presidente de la Sociedad de Cerveceros Independientes (SIBA) a la que pertenece la Titanic. Keith abandonó el cargo de Presidente tras estar al frente del mismo durante un mandato de 4 años para pasar a ser presidente de la sociedad en la Conferencia Anual en febrero de 2007.
Dentro de la gama producida por la Titanic Brewery hay diferentes cervezas abarcando distintos estilos, donde destacan las siguientes (aparte de la stout, que podría ser considerada su cerveza estrella y  sobre la que versará la cata):
- La Captain Smith
- La Mild
- La Lifeboat
- La Steerage
- La Anchor
- La Iceberg (que comentaré en el blog más adelante)
- La White Star
La Titanic Stout, como su nombre indica es una cerveza negra de tipo stout, con 4,5 grados de alcohol, y que ha logrado numerosos premios, la mayoría de ellos otorgados por la CAMRA durante los últimos diez años, aunque el primero de ellos fue la medalla de oro  en el certamen The Guardian Bottled Beer of Britain del año 1994. Las ventas de esta stout subieron como la espuma tras la utilización de la cerveza en una receta de un famoso chef en un programa de televisión.
Presentada en una robusta botella típica de muchas ales británicas, el etiquetado es significativamente llamativo. En esta ocasión el motivo escogido son las chimeneas del TItanic representadas en vivos colores.

Cata:
Graduación: 4,5º

Aspecto: Muy oscura, cercana al negro, como el ébano. Opaca, con algunos pequeños brillos  amarronados en los bordes de la copa al trasluz. Buena corona de espuma de color beige, con densidad y espesor atractivos.  Muy cremosa, y con buena retención, aguantando hasta casi apurada la copa.

Aroma: Intenso olor a malta tostada, con notas de café torrefacto, ahumadas, frutas dulces  y más ocultas de chocolate. Se aprecia un ligero toque de lúpulo en el aroma, con matices de resina y terrosos.

Sabor y textura: Cerveza con bastante cuerpo y moderada carbonatación, entra con fuerza en boca, con un sabor a tostado y café amargo que se va suavizando según pasa el trago, donde aparece la malta con mayor presencia (matices a frutos secos), y notas de chocolate negro, para acabar con un largo regusto intesamente amargo, con reminiscencias de nuevo a tostado y café con matices de lúpulo. Muy buena stout, con buen acomplamiento del alcohol, que deja muy buen sabor en boca. No resulta difícil de tomar para ser una stout, aún así le falta un puntito de sedosidad para mi gusto, para alcanzar el sobresaliente. Ideal para acompañar un postre dulce de crema, como unos miguelitos, o un pastel de manzana.

Nota:8'25

viernes, 25 de marzo de 2011

Unibroue "fin du monde", una excelente triple más allá del atlántico.


Recientemente en una visita a El Cervecero, la que quizás es la mejor tienda especializada en cervezas de Madrid, me enteré de que las cervezas canadienses de la firma Unibroue (afincada en Quebec, y de la que ya comenté la Trois Pistoles), por decisión estratégica de la compañía, iba a dejar de exportar al mercado europeo, para centrarse en mayor medida en el mercado asiático. Seguro que en esa decisión, pesa el hecho de que la cervecera canadiense fuera comprada en 2006 por uno de los gigantes cerveceros de Japón, como es la Sapporo.
El hecho es que la noticia me cayó como un jarro de agua fría, porque sí, cervezas hay miles, pero las Unibroue tienen una excelente reputación, y la única que que había probado, la Trois Pistoles, me había dejado muy buen sabor de boca (y nunca mejor dicho) en todos los aspectos, por lo que lamentaba que efectivamente, fuera realmente difícil poder disfrutar una de ellas.
Curiosamente el pasado fin de semana, paseando con mi familia por Pinto, y aprovechando el buen tiempo que invitaba a disfrutar de una terracita, nos sentamos en una terraza de un sitio altamente recomendable y que ya conocíamos. El sitio en cuestión se llama Mein Bier (con ese nombre ya podéis imaginar) y tienen siempre una buena variedad de cervezas de importación, que van cambiando/ampliando cada cierto tiempo. Resulta que tenían, para mi sorpresa, la Fin du Monde, una cerveza triple de la canadiense Unibroue, así que no lo pensé, y me pedí una. No sólo colmó mis expectativas, sino que las superó ampliamente, ya que posiblemente esté hablando de la mejor triple que he tomado hasta el momento.

Sobre la cerveza...
Como todas las cervezas de Unibroue, aparte de tener un etiquetado muy llamativo y trabajado, tienen un nombre que se basa en una antigua leyenda o historia. En este caso particular, el nombre de la cerveza fue elegido en honor a los exploradores intrépidos de Europa, que creían que habian llegado hasta el fin del mundo, cuando avistaron las costas de América del Norte. De hecho en la etiqueta de la cerveza podemos ver el contorno geográfico de la Península del Labrador de Canadá.

La Fin du Monde, con 19 IBUS, y 9º de alcohol,  es una cerveza de triple fermentación, elaborarada al estilo de las trapenses y ales de abadia belgas, siendo una de las primeras de este tipo que se fabricaron en Norteamérica, elaborada por primera vez en 1994. Ganadora de numerosos galardones con 5 medallas de platino, y  6 de oro logradas en diferentes certámenes como por ejemplo, la Feria del Condado de Los Ángeles, en la categoría de mejor ale de abadía al estilo belga, donde ganó la medalla de oro. 

Esta cerveza, según la información proporcionada por la marca, es el fruto del desarrollo de un año y medio de investigación en una particular y única cepa de levadura proveniente de Europa.
Al igual que sucede con los vinos y muchas cervezas, las cervezas de Unibroue se mantienen vivas, evolucionan tras su elaboración, con el paso del tiempo. Se vuelven más suaves y afloran notas afrutadas y a miel, proporcionando un mayor y más complejo "bouquet", dando lugar tanmbién a un sabor más intenso. Este proceso de envejecimiento o maduración suele durar de 3 a 5 años para esta cerveza.
En el caso de las cervezas hay que tener especial cuidado con el oxígeno, ya que se le puede considerar como uno de los principales enemigos de la cerveza, debido a que la reacción química de la oxidación da lugar a una cerveza con sabor rancio, y sin fuerza. Como sucede con las ales de abadía, la Fin du Monde, lleva levadura, que es añadida a la botella con el objeto de provocar una fermentación natural en botella. Gracias a la levadura se consume el oxígeno, se desprende dióxido de carbono, y se evita que la cerveza se oxide, por lo que favorece que podamos dejar madurar la cerveza en botella sin problemas, ayudado por el alcohol que hace de conservante natural facilitando este proceso.



Cata:

Graduación:
Aspecto: De color dorado miel, traslúcida, sin filtrar, y con trazas de levadura en suspensión. Rematada con una corona de espuma blanca, muy cremosa, y con buena retención. Se presta a dejar el característico rastro de puntilla adherido al cristal con cada sorbo. Buena carbonatación con burbuja muy fina. 
Olor: Muy potente y compleja. Destaca la levadura, la malta y los matices especiados de coriandro/cilantro. Notas afrutadas, a cítricos (pomelo, naranja), a frutas más dulces (albaricoque y plátano). Se percibe la presencia de otro tipo de notas dulces como a miel, y también algunas herbales, aunque leves.
Sabor: Impresionante entrada en boca, donde nos llega un dulzor exquisito de la malta, en combinación con toques de fruta, que remiten ligeramente para ceder el protagonismo a los sabores especiados y ligeramente florales. Finaliza de forma sublime con un regusto seco pero suave y muy prolongado, dejando una sensación reconfortante en el paladar. Cerveza de cuerpo medio a alto, que sin embargo se presenta como sedosa y de textura cremosa, con un equilibrio extraordinario y un enmascaramiento del alcohol muy logrado a pesar de sus 9,5º. Una excelente representante del estilo cercana a la perfección, que como ya adelantaba al comienzo del post, sea la mejor triple que haya probado jamás, por encima de algunas sublimes como la Westmalle o la Tripel Karmeliet.
Como sucede con otras excelentes triples el maridaje adecuado para esta cerveza podría ser acompañando a unos buenos mejillones con mostaza, o pescados ahumados como un salmón con verduras a la plancha, o con una tabla de quesos azules. Si se toma sóla, resulta igualmente embaucadora.
Recomendable para todo buen amante de la cerveza, y prácticamente todo el público en general. No perdáis la oportunidad de probarla. No os arrepentiréis.

Nota: 9,75/10


martes, 22 de marzo de 2011

Flying Dog, un perro volador en USA


Hace un par de semanas hablaba de un avestruz holandés cuando estuve hablando acerca de la holandesa 't Ij, y ahora de un perro ¿volador? made in USA. A pesar de que esto pueda ir pareciendo un zoo de rarezas, seguimos hablando de cervezas. En esta ocasión de la norteamericana Flying Dog, afincada en Maryland. Es precisamente el logo comercial, el nombre, y sobre todo las etiquetas tan originales de esta cervecera, lo que me empujó a interesarme por ella. En seguida encontré muchas y muy buenas referencias respecto al buen hacer de de esta compañía de manos de George Stranahan y Richard McIntyre desde el año de su fundación en 1990. 
Pero, como ocurre con muchas cerveceras, detrás de la historia de su nacimiento existe una leyenda, a pesar de ser una compañía de historia relativamente reciente. Y esta leyenda viene de más atrás. Concretamente de 1983, que fue cuando la idea de fundar una compañía cervecera con el nombre de Flying Dog, tuvo su origen en un viaje, o más bien, una aventura escaladora que emprendió George junto con unos amigos hasta Pakistán, con el ánimo de coronar nada menos que el K2.
A pesar del riesgo que corrían, ya que carecían prácticamente de preparación, comenzaron el viaje con ilusión guiados por un sherpa con un burro y una maleta llena de contrabando. Y claro, el viaje no fue sobre ruedas precisamente. A mitad del viaje, se complicó la situación, ya que George y sus amigos fueron abandonados a su suerte, por el sherpa que se llevó consigo el burro y la maleta. Se habían quedado sin medio de transporte y sin provisiones. Afortunadamente pudieron salir de la montaña con vida, y tras una experiencia tan difícil como aquella, pero que a fin de cuentas no había acabado tan mal, tenían que celebrarlo. Dada la prohibición del alcohol que hay en los países musulmanes, les costó encontrar un local donde poder tomar ese trago reponedor, pero afortundamente encontraron el bar de un hotel en el que siendo extranjeros era fácil que les sirvieran alcohol.
Tras haber tomado algún trago que otro, George reparó en un cuadro del bar del hotel, en el que había un perro volador, dibujado por un artista local. George tomó la inspiración a partir de esta imagen, para no imponerse límites, ya que si un perro era capaz de volar aunque fuera en un cuadro, y ellos habían llegado hasta Pakistán, tras vivir una aventura, qué límites podrían tener para emprender otras nuevas aventuras? No había nada imposible. A partir de entonces, el perro volador se convirtió en el símbolo que George y sus amigos utilizaron para describir lo
que habían crecido espiritualmente en aquel increíble viaje.


Tras aquella experiencia en 1990, de nuevo George emprendió una nueva aventura, mezclando montañas y difíciles retos,  con la apertura de una cervecera en Aspen (Colorado), siendo la primera en abrirse en esta localidad en 100 años. En 1991 se lanzó al mercado la Flying Dog "doggie style", que ganó el premio a la mejor pale ale americana de aquel año, por lo que la reputación de la compañía creció rápidamente, lo que provocó que la demanda pronto superara a la producción de la pequeña cervecera. Para hacer frente al incremento de la demanda, se fundó en 1994 una fábrica en Denver, la capital del estado, lo que hizo posible distirbuir la cerveza desde allí a un total de 45 estados, casi la totalidad de todo el terrirorio estadounidense. Finalmente Flying Dog compró una nueva fábrica en Frederick (Maryland) en Mayo de 2006, dando lugar a un traspaso de la producción desde Denver hasta Maryland, finalizando en 2008, cuando se produjeron las últimas botellas en la planta de Colorado. En la actualidad la fábrica produce 100.000 barriles al año, y ofrece un portafolio de cervezas muy amplio y variado en el que destacan: La Gonzo Imperial Porter, la Imperial Coffee Stout,  y  la  Raging Bitch Belgian Style IPA, entre otras.
La Snake Dog IPA será la que protagonice la ficha de cata de la entrada de hoy.
Una de las señas de identidad de la compañía estadounidense son los dibujos utilizados en las etiquetas obra de un artista vanguardista Ralph Steadman.



Cata:

Graduación: 7,1º


Apariencia: De color ámbar, es una cerveza transparente y bien gasificada. De aspecto bastante atractivo, con una capa de espuma de dos dedos de espesor aproximadamente que va decreciendo poco a poco, sin llegar a desaparecer del todo.

Aroma: Fuertemente aromática. Se detectan en ella de forma predominante los aromas a hierbas y pino, junto con olores a cítricos (pomelo, naranja), con algunas notas terrosas y otras dulzonas (caramelo). Sin duda el punto más destacable junto con la apariencia.

Sabor y textura: De cuerpo medio, no presenta tanta complejidad ni intensidad como cabría esperar, teniendo en cuenta tal y como se presenta en nariz. Aquí a mi parecer, es donde resta parte de los puntos acumulados en las fases precedentes.
Se detecta algo de dulzor al comienzo, en combinación con el alcohol que aparece de forma un tanto punzante, lo que no me termina de convencer, incrementándose esta sensación hasta el final del trago, donde aflora el amargor que es más detectable en un prolongado regusto,  aunque en combinación con el alcohol que termina siendo casi tan perceptible como el propio lúpulo, "contaminando" un tanto el resultado final.

En resumen:
Una cerveza por encima de la media de las cervezas comerciales, pero de la que esperaba un poco más, dada la reputación de la cervecera y las opiniones que había oido acerca de esta IPA.

Nota: 6,75/10

domingo, 20 de marzo de 2011

Para cada cerveza existe el vaso perfecto

Hace ya algún tiempo, que quería incluir un post en el blog dedicado a los vasos y jarras de cerveza, uno de mis preferidos objetos de coleccionismo cervecero. La importancia del recipiente empleado para tomar nuestra ansiada y amada bebida, es mucho más relevante de lo que se pueda pensar en un principio.
Aunque para muchos no lo parezca, el simple hecho de la elección de un vaso a la hora de tomar cualquier bebida no es algo trivial ni aleatorio. Cada bebida requiere su recipiente adecuado para degustarla: Un whisky de malta, un burdeos, un cognac, o un champagne, tienen destinada su propia y específica copa y no se han de servir en ninguna otra que no sea la adecuada. En caso contrario no se disfruta igual. Para la cerveza, en función del estilo al  que pertenezca, sucede análogamente lo mismo. Cada estilo de cerveza requiere un vaso en particular. Y en algunos casos más extremos, cada marca de cerveza requiere su vaso creado por la propia cervecera, como sucede con muchas cervezas: la WestMalle, la Orval, la Franziskaner, la Guinness,... Para que nos hagamos una idea de la importancia que ha ido adquiriendo el tipo de vaso o jarra, a la hora de degustar una cerveza, puedo comentar a modo de ejemplo, lo que sucede en algunos lugares como Bélgica, donde existe una gran tradición y cultura cervecera. Allí, el público suele exigir al barman que le sirvan la cerveza en su vaso correspondiente, ya que en caso contrario se consideraría casi imperdonable. Y en ciudades como Munich, en algunas cervecerías, como la muy conocida HofbräuHaus se llega a un extremo mayor: que es que el cliente habitual tenga su propia jarra o vaso para tomar la cerveza, guardada en su correspondiente vitrina bajo llave.
El objetivo al final que se persigue, es que con cada vaso se presente a la cerveza de la mejor forma posible, para poder apreciarla en toda su magnitud, pudiendo disfrutar tanto de su atractivo aspecto, como de los aromas desplegados, y por supuesto de su sabor en cada trago.

Podemos hablar entonces de los siguientes tipos de vasos de cerveza:

En forma de flauta: Son copas de cristal fino, pero resistente. Altas, alargadas y aflautadas, siendo algo más estrechas en la base que en la parte superior. Favorecen la formación de una capa de espuma muy amplia y esponjosa, así como la apreciación de la turbidez y gasificación de la cerveza. Los aromas se mantienen bien conservados, pero por contra es una copa que permite que se caliente más rápidamente la cerveza. Son las típicas copas para las cervezas de trigo. En mi humilde colección tengo de los vasos de la Franziskaner y de la Bischofshof que se pueden apreciar en la fotografía.


En forma de cáliz: Son copas anchas, y de cristal grueso, con una ancha base y buena peana, que permite asir la copa sin tocar la parte donde reposa la cerveza. Favorecen la formación de poca espuma, y permite recoger y amplificar los aromas de forma especial. Muy apropiadas para las ales belgas de abadía y trapenses. Igualmente van bien con las ales rojas belgas. Podéis apreciar en mi colección las copas de las trapenses: WestMalle, Chimay y La Trappe, junto con la de la ale belga de abadía Affligem. La siguiente en caer será la de la Orval, una de las más bonitas a mi parecer.


En forma de balón: Son amplias, con un cuerpo muy redondeado de forma casi esférica en la parte inferior, que se abre como una flor en la parte más alta, sobre un tallo de suelo plano. Este diseño permite al bebedor apreciar la cerveza y la suave corona de espuma a la par, además de percibir los delicados aromas. La belga Duvel, por ejemplo, tiene su propia copa con estas características. Esta no forma parte de mi colección, por lo que la fotografía la he encontrado en la red.

En forma de copa de brandy: Son copas no muy grandes de cristal fino, con forma de pera y buena base. Esta forma retiene bien los aromas, y el tamaño se presta adecuadamente para cervezas fuertes, intensas, potentes y de alta gradación como las barley wine, o las urbock alemanas. Por ejemplo la Samichlaus, de la que he hablado en este blog, tiene un vaso de estas características. En este caso, al igual que en el anterior la fotografía está descargada de la red.



Vaso en forma de probeta: El vaso típico de la Kwak, del que he hablado en el blog anteriormente. El vaso dispone de un diseño muy particular, similar a una probeta de un laboratorio. Como la parte inferior es redondeada, el vaso no se sostiene por sí solo encima de la mesa, por lo que ha de servirse sujeta a un soporte de madera, que en contra de lo que piensa mucha gente no ha de servir como asidero a la hora de tomarla. Muchas veces he intentado conseguir  este vaso, pero no me ha resultado finalmente nada fácil, por lo que la fotografía fue descargada de la red.


Vaso Tumbler: Vaso voluminoso de vidrio grueso y de aspecto consistente, con una base ancha. Típico de la Hoegaarden, que es quien ha popularizado este tipo de vaso, y habitual por extensión de las witbier belgas. Podéis observarlo en la fotografía que adjunto del vaso en cuestión de mi propia colección.


Vaso de pinta: Si viajamos a las islas británicas, y pedimos una pinta, lo más probable es que nos la sirvan en un vaso nonic, es decir, con los lados rectos y un anillo saliente a dos tercios de altura, o por contra, el tipo de vaso en forma de bulbo de tulipán, con unos contornos más suaves, y que es el que estamos más acostumbrados a ver. El último fabricante de los vasos conocidos como "pint pot" (jarra sólida adornada con grabados y hendiduras) cerró en 2001. Las cervezas más usuales y adecudas para este tipo de vaso son las stout, porter, y ales inglesas. Este tipo de vasos está muy extendido y es muy fácil de conseguir. En la fotografía se puede observar un claro representante de este estilo, el de la genuina Guinness, tomada de mi propia colección.


Vaso de tubo: Es el típico vaso de forma cilíndrica, cristal no demasiado grueso, y con capacidad para un tercio de litro. Son como pequeñas chimeneas de cristal donde podemos observar como ascienden las burbujas, y que en la parte superior acumula una exuberante corona de espuma blanca. Es el usado para las lager y para según qué variantes, la longitud y anchura del tubo de cristal cambia, como en el caso de las Kolsch alemanas, para las que se emplea un vaso más pequeño y liviano.

La "Mass": La típica gran jarra de cerveza alemana, de grueso vidrio y robusta asa, para poder cogerla con seguridad. Es la habitual de los biergarten, y los grandes festivales de cerveza, como el archiconocido de Munich. La que se aprecia en la imagen, es producto de un regalo de una promoción en el restaurante La Fábrica de la Cerveza.


Jarras de cerámica: Usuales para las lager bávaras o vienesas, construidas en barro cocido o cerámica más refinada, adornadas con grabados y pinturas de llamativos colores. Muchas de estas jarras incorporaban una tapa metálica que permitía conservar la cerveza a la temperatura servida. Algunas de ellas son verdaderas joyas de artesanía, por lo que tienen un carácter más estético que práctico. En la fotografía destaca la jarra con tapa de Praga, traída de allí mismo, tras uno de mis viajes por Europa.

Para concluir os muestro algunos vasos más que forman parte de mi colección de diferentes estilos y marcas (Mezquita, Carlsberg, Pilsner Urquell, y una rareza de Affligem)

Espero que os haya gustado la entrada y  la muestra de mi pequeña colección, que pienso seguir ampliando poco a poco.

lunes, 14 de marzo de 2011

Gambrinus, una legendaria rubia checa

A pesar de que la República Checa es uno de los países cerveceros por antonomasia, no ha ocupado demasiadas líneas dentro de mi blog, quizás más inclinado por mis gustos particulares, hacia las cervezas belgas, británicas o alemanas, al aportar en general mayor complejidad y diversidad, ya que respecto a las cervezas checas me he limitado principalmente a las pilsen que tanto abundan en aquel país. En cualquier caso, he reparado últimamente en esta ausencia, y he decidido volver a hablar de una cerveza checa cuyo nombre os resultará familiar, a pesar de que esta cerveza no es fácil de encontrar en España. Estoy hablando de la Gambrinus Premium. Uno de los viajes que afortunadamente he podido hacer por toda Europa, me hizó recabar en Praga, una ciudad preciosa, con una cultura cervecera de siglos de historia y tradición. No pude dejar pasar la ocasión para traerme conmigo un pequeño surtido de las cervezas que encontré, y entre ellas se encontra la mencionada Gambrinus que será de la que hable hoy.

La Gambrinus es una de las cervezas más populares de la República Checa. El nombre de esta cerveza, Gambrinus, es el mismo que el nombre del personaje que posiblemente haya acumulado más leyendas e historias detrás de él, relacionadas con la cerveza. Seguramente, muchos de los que leis estas líneas conozcáis la red de establecimientos Gambrinus, una franquicia de bares de tapas que funciona bastante bien en España. Pues bien, el nombre de la cadena de establecimientos está inspirado igualmente por el legendario personaje. También este personaje es el  protagonista de las campañas publicitarias de la cervecera Cruzcampo, intimamente unida a la franquicia antes mencionada.
Gambrinus vivía en un encantador pueblo de Flandes, llamado Fresnes-sur-Escaut. El joven Gambrinus estaba enamorado de un bella muchacha llamada Flandrin, que resultaba ser la hija de su maestro en la vidriería en la que trabajaba. Pero a la par, Gambrinus se encontraba triste y contrariado puesto que su amor no era correspondido. 
Continuando con una serie de desafortunados acontecimientos se vio envuelto una noche en una pelea, por la que fue hecho prisionero y encarcelado en la prisión de Fresnes. Una vez aclarado en el juicio el asunto de la reyerta, y tras salir de la cárcel, se sentía tan desdichado que intentó suicidarse, pero justo antes de hacerlo, el diablo le visitó y le ofreció poder tener un don mediante el cual,  le haría ganar el amor de Flandrin y de no conseguirlo le enseñaría como poder olvidar ese tremendo pesar que le mantenía afligido.

La historia continúa contando que a partir de entonces, y gracias al pacto que hizo con el diablo, Gambrinus llegó a ser un músico y bailarín excelente. Un joven muy apuesto y embaucador. Pero a pesar de ello, sus nuevas dotes tampoco fueron suficientes para poder cautivar a Flandrine, que le volvió a rechazar. Después de esta nueva decepción el diablo volvió a reunirse con Gambrinus, al que le dio unas extrañas semillas y le enseñó cómo fabricar una original y amarga bebida con ellas, que sería capaz de curar su mal de amores.

Aquella bebida, era como todos imaginaréis la cerveza, el único remedio eficaz que lograría curar las heridas de amor del joven aprendiz de vidriero. Gambrinus empezó a elaborar y beber cerveza y, a medida que bebía y bebía más jarras, el recuerdo de su amada Flandrin se fue diluyendo poco a poco en su memoria. La cerveza, pues, hizo olvidar a Gambrinus su mal de amores para siempre y lo convirtió a su vez en el Rey de la Cerveza. Volviendo de nuevo a  la cerveza, la Gambrinus, comparte maltería y unidades de filtrado y llenado con la conocida Pilsner Urquell (ya comentada en el blog), aunque las plantas de producción de ambas cerveceras se mantienen por separado. 

Dentro de la gama de cervezas producidas destacan aparte de la Premium: 
- Gambrinus Pale.
Gambrinus Svetly.
- Gamrbinus Excellent.
Cata:
Graduación: 5º
Color:
De color amarillo dorado. Alegre, vivaz, con carbonatación media y burbuja fina. Buena capa de espuma para coronar el vaso.Aroma:
Aroma ligeramente dulzón, con la malta por encima de cualquier otro olor. Matices 
sutiles de caramelo, hierbas y cítricos que complementan el conjunto.
Sabor
De cuerpo medio a ligero. Sedosa en el paladar, ofrece un gusto dulce a cereal, predominantemente maltoso pero que se desvanece rápidamente para dar paso al lúpulo y un amargor moderado. Buen equilibrio y sensación refrescante. Una representante perfecta, aunque no la mejor, de la cerveza pilsen checa, pero igualmente rica. Ideal para consumir habitualmente si cansarse de ella.

Nota:7


lunes, 7 de marzo de 2011

Struis 't Ij: un avestruz en Holanda



A pesar de lo que pueda parecer por el título de la entrada que nos ocupa hoy, no se me ha ido la cabeza. No voy a hablar de ninguna nueva especie de ave terrestre en el norte de Europa, si no de una buena cerveza proveniente de los Países Bajos: la Struis, de la cervecera 't Ij (nombre un tanto ilegible), y cuyo símbolo de marca es un avestruz. El por qué de elegir a tan exótico animal como imagen de marca, se debe a un juego de palabras en holandés, ya que la palabra Ij, en holandés suena muy parecido a la palabra empleada para "huevo", el mismo que aparece junto al protagonista de la mayor parte de las etiquetas de las botellas producidas por esta micro cervecera.
La 't Ij es la microcervecera de Amsterdam quizás más querida por el público holandés. Además es la más antigua de la ciudad dentro de esta categoría de cerveceras, a pesar de que sus orígenes tan solo se remontan a 1983, cuando fue creada por Kaspar Peterson. Esta microcervecera se dedica fundamentalmente a la producción de ales, la mayoría de corte belga, algo bastante frecuente en las cervezas holandesas, aunque también producen una witbier y una pilsen.
La cervecería se encuentra instalada desde 1985 en lo que eran unas antiguas casas de baños, al lado del Molino de Viento de Gooyer, el único que sobrevive de los cinco que funcionaban en la zona  y tiene abierto al público un pub restaurante, cuya terraza suele estar abarrotada en las tardes soleadas de primavera y verano por consumidores ávidos de cerveza a precios asequibles.

Todas las cervezas de la  Brouwerij 't IJ, que alcanzan una producción de 2500 hectolitros, son orgánicas. Una gran cantidad de cerveza, que jamás es elaborada fuera de la propia fábrica, ya que se vende en el propio bar que mantiene la cervecera. Lo que sale de la fábrica de cerveza, va camino de las tiendas de alimentos de todos los rincones de los Países Bajos, principalmente en Amsterdam, aunque también se dedica parte a la exportación. Todas las cervezas de la fábrica son elaboradas con técnicas artesanales tradicionales. 

Entre las cervezas que producen destacan:
  • Plzen: Una rubia pilsen lupulada y floral con 5º.
  • Natte (6,5%): Una ale doble rojiza con 6,5º.
  • Zatte: Una ale dorada triple con 8º.
  • Struis: Una dulce y oscura ale, que será de la que me ocupe en la cata, con 9º.
  • Columbus: Una cerceza ambarina con mucho lúpulo, con 9º.

Y en cervezas de temporada

  • IJwit : Una witbier de trigo con 7 º.
  • IJbock: Una bock oscura con 6,5º
  • Paasi: Una bock ambarina de primavera con 7º.
  • Turbock: Una doble bock con 9º.



Cata

Graduación:9º

Aspecto
Una vez servida presenta un tono marrón suave, cercano al naranja. Turbia, densa, y bastante opaca, se aprecian sedimentos en suspensión de levadura. La corona de espuma es de color crema, amplia y voluminosa, y cuando se apura la botella removiendo el final de la misma para diluir los restos de levadura, al servirla va dejando en la copa un rastro denso ,de color canela, lo que la dota de un aspecto muy atractivo, asemejándose (salvando las distancias) a un café. 
Aroma: Predominan los aromas dulces en la nariz, en especial el caramelo y el azúcar moreno, junto con la levadura. También aparecen matices especiados y a frutas dulces como uvas pasas, lo que forma un conjunto de aromas típico de las ales belgas de el estilo. Quizás sea el aspecto donde más destaque.
Sabor y textura:  Se trata de una cerveza con bastante cuerpo y de carbonatación media.  De sabor dulce, resulta agradable en el primer sorbo, donde aparece el caramelo y un toque de miel. Posteriormente destaca el sabor de la levadura muy presente en esta ale, y algún matiz especiado. El alcohol aunque apreciable, se encuentra bien integrado. Finaliza con un regusto no muy prolongado, y más bien seco.
Una cerveza que podría alcanzar un sobresaliente, pero que para mi gusto le falta algo de equilibrio en el gusto, ya que se inclina demasiado hacia la levadura y el gusto dulzón, sin redondear con un amargor que balancee el conjunto. Aún así alcanza un notable alto para mi gusto. Recomendable igualmente.

Nota: 8