sábado, 24 de septiembre de 2011

Entre IPAs


Parafraseando en parte el título de una película (Entre copas) de hace varios años, en la que el vino tenía un gran protagonismo, aprovecho la oportunidad para comentar el evento cervecero al que tuve ocasión de acudir esta semana. Se trata de una de las catas que periódicamente se celebran en la trastienda de Cervezorama, la joven tienda madrileña especializada, que ya he mencionado en alguna ocasión, y de la que me declaré fan incondicional desde prácticamente la primera vez que la visité. Esta vez tuve suerte de poder reservar plaza a tiempo. Digo suerte porque resulta ciertamente complicado poder apuntarse a las catas que organizan, dado el tremendo éxito que tienen, agotándose las plazas en pocos días.
En el caso que nos ocupa se trataba de una cata temática dedicada a las IPAs, estilo que actualmente se encuentra en pleno auge y con gran tirón entre los aficionados cerveceros de la península. La cata fue impartida por Ernesto y Ana, los propietarios de la cervecera artesanal Yria de Ocaña en la provincia de Toledo.

Las cervezas seleccionadas para formar parte de la cata fueron 5:
- Una Fuller's IPA de Londres, como ejemplo de lo que es una clásica y elegante India Pale Ale británica.
- Una Domus Aurea de Toledo, como exponente de las IPAs españolas, y más concretamente manchegas.
- Una IPA de producción propia de Yria, no lanzada al mercado, como muestra del buen hacer de la casa.
- Una 2xIPA de la norteamericana Southern Tier, como muestra de una IPA más contundente y con mayor cantidad de lúpulo.
- Y para acabar, el plato fuerte de la noche: la Hardcore IPA de los escoceses de Brewdog, la más contundente de todas.
A pesar de que las dos últimas ya eran dos buenas conocidas mías, el plantel prometía.

Para acompañar a las cervezas, dado que uno de los maridajes más propicios para las IPA son el picante y/o el vinagre, Ana y Ernesto nos trajeron unos mejillones en escabeche, de gran calibre y que estaban francamente riquísmos, y aunque ciertamente no iban mal, a mi parecer el picante aún le hubiera ido mejor.

Aparte de todo esto, contamos además para terminar con una última sorpresa  a modo de postre, que luego comentaré.


La cata comenzó con las habituales presentaciones, y la expectación era patente entre los que allí estábamos. Ernesto comenzó con un preámbulo a modo de introducción a la técnica de catado de la cerveza, que difiere en varios aspectos de la del vino, incluyendo algunas notas sobre cómo ha de ser el tirado de la cerveza, diferenciando entre el tirado para consumo o el tirado para cata, de lo que ya hablaré algún día en el blog. Dentro de las técnicas de cata hay diferentes variantes, aunque todas más o menos comparten la misma estructura. En esta ocasión Ernesto optó por aplicar el método diseñado y publicado por Heineken.
Posteriormente vino un amplio comentario acerca del estilo propiamente dicho, describiendo las características que resultan comunes a las IPAs, y a dónde se remontan los orígenes de tan célebre estilo, haciendo mención a la versión oficial del origen de las IPA, y que seguramente muchos ya conoceréis. Para los que no lo conozcan, decir que las siglas IPA significan India Pale Ale. Uno de los primeros cerveceros de los que se tienen constancia, que las fabricaron, fue George Hodgson de la cervecería Bow a finales del siglo XVIII, pero sin embargo, la primera vez que se empleó esta expresión fue en 1835 en un diario de Liverpool.
Las pale ale son cervezas de malta pálida, que recibieron este nombre en contraposición a las cervezas de maltas oscuras más habituales en las islas británicas, como las porter o las stout. En síntesis se trata de cervezas caracterizadas principalmente porque en su elaboración se añaden altas concentraciones de lúpulo (llegando a incluir diferentes variedades) y por presentar una considerable graduación alcohólica. El  por qué de estas características en el estilo, es por lo que se añadió al nombre la I de India. Remontándonos a la época de expansión colonial británica, los ingleses que vivían en la lejana India, querían seguir disfrutando de cerveza de calidad, por lo que los cerveceros ingleses enviaban cargamentos de cerveza desde el corazón del imperio a las lejanas tierras indias, a traves de rutas marítimas que bordeaban el cabo de Buena Esperanza, en viajes de muy larga duración, por lo que añadían a la cerveza grandes cantidades de lúpulo y alcohol para aprovechar sus propiedades como conservante, y que de esa manera pudiese llegar en perfectas condiciones a las colonias.
Una vez finalizado el necesario preámbulo para colocarnos en situación, comenzamos con la cata propiemante dicha.


La IPA de Fuller's, fue la primera de la serie de cervezas de las que se componía la cata. Se trata de una India Pale Ale al actual estilo británico: graduación alcohólica no muy elevada, y de carácter más maltoso y menos cítrico y floral que las IPAs americanas. Viene a ser una reproducción más suavizada y con un toque más fino y elegante de las originales IPAs británicas de hace dos siglos.
Con un color ambarino pálido, presentaba un nivel de carbonatación aceptable y con no demasiada generación de espuma. De aroma suave, pudimos encontrar notas a caramelo, florales, algún cítrico escondido, y alguno herbáceo, pero sin destacar demasiado.
Más cercana a lo que podemos encontrar en una Bitter inglesa que en una IPA, resulta casi más maltosa y azucarada que amarga, destacando el gusto a galleta con toques de frutos secos, por encima de los lúpulos, resultando sólo suavemente amarga al final, siendo eso sí fácil de beber. Bien escogida para ser la primera de la noche, muy adecuada para los que se quieran iniciar en el mundo de las IPAs comenzando con una suave y matizada.

La Domus Aurea, se trata de una cerveza de color muy pálido, no muy corriente entre las IPA. Con cierto grado de turbidez, y con sedimentación visible, es una cerveza que forma bastante espuma, y de aroma especialmente destacable, apareciendo de forma un tanto sorprendente notas afrutadas a cítricos y frutas tropicales como mango o piña, lo cual nos deja la intrigante pregunta acerca de cómo es posible obtener estos aromas con tan sólo la adición de lúpulo a la cerveza. El objetivo de esta cerveza es precisamente resultar principalmente aromática, percibiéndose los lúpulos principalmente en el olor, y no tanto por contra en el sabor, ya que resulta más suave de lo que esperaríamos por el olfato, y más aún al tratarse de una IPA. De cuerpo medio a ligero, resulta muy fácil de beber, pudiendo repetir sin problema, salvo quizás por el  posible contrapunto negativo en el que prácticamente todos coincidimos, y que era un exceso de carbonatación, lo que puede llegar a adormecer un tanto la lengua.
Luego llegó el momento de la primera sorpresa de la noche: Una IPA de producción propia, aún no lanzada al mercado, por lo que nos podíamos considerar privilegiados, al poder degustarla en primicia. Se trataba de una IPA elaborada con un objetivo en principio experimental, por lo que aún no tenía nombre, y no estaba decidido aún su comercialización. La particularidad principal era la inclusión entre los ingredientes del enebro, el cuál se apreciaba tanto en el aroma como en el sabor, y como bien dijo uno de los compañeros, los bebedores de gin-tonics lo detectamos rápidamente. La combinación no resultó para nada fuera de lugar, todo lo contrario. De hecho fue un éxito, resultando la cerveza que más gustó junto con la Hardcore IPA. Se trata de una cerveza de tono albaricoque anaranjado, con turbidez, compacta, y con buena generación de espuma y bastante aromática, donde aparte de las notas florales a esperar aparecía el enebro, claramente identificable, que de nuevo aparecía en el sabor, formando parte del amargor en el regusto. Un conjunto bien balanceado, fácil de beber y con no mucho alcohol, demostrando que es posible realizar IPAs sin necesidad de introducir demasiado alcohol. No sé si decidirán a comercializarla, pero si así lo hicieran desde aquí les auguro un gran éxito con esta cerveza, a la que podrían llamar gin-beer, como les sugerimos los que allí estábamos.

Llegó el turno a la Southern Tier doble IPA: Con la Southern Tier me ocurrió algo bastante curioso. Se trataba de una cerveza que ya había comentado en el blog anteriormente, y que particularmente me pareció fantástica. De hecho le tenía reservado un hueco entre mi top particular entre las IPA que ya había probado, pero sin embargo en esta ocasión, las sensaciones no fueron las mismas, y me dejó cierta decepción. No me transmitió la misma fuerza y profundidad en su sabor, a pesar de apreciar los matices cítricos, como el pomelo y la lima, pero me resultó más suave de lo que recordaba (quizás por que ya traíamos en cuenta 3 IPAs anteriores), no apreciando la explosión de amargor, hasta el regusto bien avanzado y  a partir del tercer trago. Aparte de ello, Ernesto en su descripción nos comentó si apreciábamos un olor peculiar, como a rancio, que incluso para alguna gente pudiera resultar hasta algo desagradable. Lo cierto es que casi todos coincidimos en ello, efectivamente aparecía cierto olor en el fondo que sin llegar a desagradarme, no dejaba aflorar de forma limpia al lúpulo y su toque floral y a pino en el aroma. Esto es provocado por la inclusión del lúpulo Columbus en su elaboración. En resumen, me apunto volver a tomar un par de 2xIPAs de Southern Tier, para reconfirmar sensaciones.

Y llegó la última de la noche, la fabulosa Hardcore IPA, la estrella de la velada, obra de los escoceses de Brewdog, cervecera célebremente conocida gracias a su portentosa y bien elaborada campaña de marketing. Sencillamente, estos chavales de Fraserburgh son unos genios, no sólo como cerveceros sino además como empresarios. La Hardcore IPA que ya había probado anteriormente, provocó la admiración de los que allí estabamos, tanto los que ya la conocíamos como los que aún no la habían catado. Dado que era la más contundente de todas fue la elegida por Ernesto para finalizar la cata, de forma muy acertada, puesto que si hubiésemos comenzado por ella, nos habría dormido un poco la lengua, dejando al resto de las cervezas en un segundo plano. Se trata de una cerveza de tono anaranjado oscuro, bastante opaca, y con buena generación y retención de espuma. Profundamente aromática con olores a frutas cítricas y tropicales, junto con notas de  pino, menta y con algún toque de malta. Con sus lúpulos Centennial, Columbus (aquí no aprecié el mismo matiz que en la Southern Tier) y Simcoe resulta especialmente contundente en su sabor, con un comienzo maltoso, que incluye matices de galleta y caramelo, el alcohol que se deja notar, y un intenso y explosivo amargor que se prolonga en el regusto. Me encantó la primera vez que la probé y cada vez que la tomo más aún. Una excelente cerveza.

Ya para finalizar contamos con un detalle de Ana y Ernesto, a modo de postre para finalizar la cata: una gelatina hecha a base de cerveza, con un toque de limón, y presentado en una vaso como si fuera realmente una cerveza tirada con su correspondiente espuma. Daba el pego a primera vista, y puede resultar todo un acierto para rematar las cenas en casa. Lástima que la espuma no aguantó el trayecto desde Ocaña a la tienda, aunque se intuía claramente el aspecto que podía tener en un comienzo. Un final sorprendente y original para la noche.

Para terminar sólo me queda decir, que esto es precisamente lo que necesitábamos los muchos aficionados en Madrid, y que estábamos demandando, eventos de este tipo, de los que estábamos huérfanos hasta ahora, y que por fin van viendo la luz, gracias a la iniciativa emprendedora de personas como Javi y David, que son quienes llevan Cervezorama, o como los chicos de Cervezas La Guindalera, que también han organizado alguna. Afortunadamente el panorama en el centro de la Península va cambiando y en poco tiempo han aparecido tiendas como Cervezorama, El Cervecero, o una sucursal de la Maison Belge, y cerveceras como Calvins, Cibeles, o las vecinas Yria o Domus de Toledo, o incluso la celebración de una feria de la cerveza artesanal en el centro de la capital, como la primera edición de este año organizada por el equipo de la cervecería L'Europe. 
Gracias a todos ellos, a los que no he mencionado y a los que quedan (esperemos que muchos) por venir, por hacernos disfrutar a todos los que amamos esta bebida. 

Salud y buena cerveza!

viernes, 16 de septiembre de 2011

Oktoberfest: festival de festivales, cerveza a raudales

Ya está aquí, ya llegó. Mañana mismo comienza el festival cervecero más famoso en todo el mundo: El Oktoberfest, o La fiesta de la Cerveza de Munich como es conocido en castellano. Ocasión por tanto inmejorable para dedicar una entrada a tan célebre evento.
La Oktoberfest es la cita ineludible para los amantes de la cerveza y la fiesta, casi del mismo modo que lo es la peregrinación a La Meca para los musulmanes, que han de hacer al menos una vez en la vida. Es el evento social por excelencia de la ciudad de Munich llevando a la capital bávara al primer plano de la actualidad, siendo el objetivo turístico número uno cada año en el mes de septiembre. Oktoberfest es el nombre que recibe en alemán, que traducida al castellano sería literalmente  la “Fiesta de Octubre”. Sin embargo, apenas son unos pocos días de ese mes y realmente se desarrolla durante las dos últimas semanas del mes de septiembre para finalizar el primer domingo de Octubre, teniendo una duración que oscila entre los 16 y 18 días. 

Origen y tradición
 
El origen histórico del festival se remonta al año 1810, que fue el primer año de celebración del Oktoberfest, en honor de la boda del príncipe Ludwig, heredero al trono de Baviera, con la princesa Therese von Sachsen-Hildburghausen. Los festejos del enlace comenzaron el 12 de Octubre de 1810 y acabaron el 17 de Octubre con la celebración de una gran carrera de caballos. Fue tal el éxito de los festejos en la ciudad, que durante los siguientes años, fueron repitiéndose durante las fechas del aniversario y, más adelante, el festival fue aumentando su duración y adelantándose al mes de Septiembre.
El desplazamiento de los festejos hacia Septiembre se realizó con objeto de poder beneficiarse de unas condiciones meteorológicas más agradables para la celebración de la fiesta. De hecho las noches de Septiembre en Munich son más cálidas y los visitantes del festival pueden aprovechar para vivir la fiesta al aire libre. A pesar del adelanto de fechas, se ha mantenido históricamente la tradición de que el último fin de semana del Oktoberfest siempre sea en el mes de Octubre.
Con el paso del tiempo el festival ha ido perdiendo el sentido inicial de conmemoración de las bodas de los príncipes de Baviera y se ha ido transformando y enfocando al consumo y disfrute de las cervezas producidas en la ciudad. Por lo tanto es un festival en el que sobre todo, y por encima de todo se bebe cerveza y por supuesto también se come, existiendo una oferta gastronómica basada en los platos típicos de la cocina bávara.


El festival se celebra en una explanada llamada Theresienwiese (prado de Teresa) en honor a la princesa Therese. Cada año el festival comienza con el mismo ritual tradicional: Los feriantes (Wiesnwirte) y productores de cerveza se desplazan desde el centro de la ciudad hasta el Theresienwiese en unos carruajes engalonados para la ocasión. Una vez que llegan, el alcalde la ciudad se encarga de realizar la tradicional apertura, a las doce en punto, del primer barril de cerveza en la carpa Schottenhamel. De esta forma queda inaugurado cada año el Oktoberfest al grito de “O 'zapft is!”, que quiere decir “Ya está abierto”. A continuación se realizan doce disparos de salvas de cañón desde la ubicación de la estatua que representa a Baviera. Esta es la señal para que los Wiesnwirte puedan empezar a servir cerveza en sus carpas. Según la tradición, el presidente del estado toma la primera "mass" (jarra de cerveza de un litro). Después se abren los barriles en las demás carpas y se sirve cerveza a los asistentes.
Año tras año, este acontecimiento es retransmitido por televisión, como el chupinazo de los sanfermines, y todos están ansiosos por ver cuántos golpes necesitará el alcalde para poder abrir el barril llegando incluso a hacerse apuestas de ello. El récord (mínimo) está en dos golpes (como logró el alcalde Ude en 2005 y 2008), pero, en 1950, Thomas Wimmer necesitó 19.


El festival

La Oktoberfest transforma por completo a la ciudad de Munich durante poco más de dos semanas.  En el último año la ciudad recibió alrededor de seis millones y medio de personas durante el festival, que visitaron el recinto principal de la Oktoberfest y bebieron más de siete millones de litros de cerveza. Esto en qué se traduce? Pues en que la ciudad se encuentre inusualmente desbordada, como sucede con Pamplona con los Sanfermines, o las Fallas de Valencia. La zona de Theresienwiese, donde se concentran las carpas, está completamente abarrotada de personas durante la duración del evento, en especial los fines de semana. Quien no disfrute de la cerveza realmente (porque la opción de otras bebidas existe, pero es muy limitada), la comida grasienta y contundente, las aglomeraciones o no soporte ver a su alrededor a personas, digamos que en un estado de felicidad superlativo, ofreciendo una exhibición de canciones populares, o con muestras efusivas de afecto, es mejor que elija unas fechas alternativas para visitar Munich, pues resultarán mucho más baratas y tranquilas para conocer la ciudad. Otra consecuencia es que los alojamientos y vuelos estén muy solicitados por lo que el encarecimiento de los precios es una consecuencia lógica e inevitable. Visitar por tanto la Oktoberfest de Munich es un viaje que sale caro realmente. Eso es algo a tener en cuenta y que hay que asumir. Los precios de los hoteles en la ciudad pueden alcanzar los 160 euros por noche para una habitación doble en un hotel de dos estrellas (un Ibis para que nos entendamos) y aún así la disponibilidad escasea a medida que nos acercamos a las fechas. Los precios de los vuelos también son algo más caros que en otras épocas del año, pero es más fácil conseguir precios razonables flexibilizando las fechas.
Para abaratar el coste del viaje, hay varias alternativas. La más conveniente es quizás la más difícil, ya que consistiría en tener la confianza suficiente con algún conocido o amigo en la ciudad, en caso de tenerlo, que pueda alojarnos o alquilarnos a un módico precio la casa. Para el caso del alojamiento en hoteles u hostales, que será la situación de la mayoría de los mortales, se pueden buscar alternativas de alojamiento en localidades de las afueras de Munich, pero es imprescindible que se encuentren bien comunicadas, ya que desplazarse hasta el festival en coche es totalmente desaconsejable, ya que si vamos a beber cerveza y disfrutar tranquilamente, lo mejor es prescindir del vehículo propio y usar el transporte público. Además la policía alemana está especialemente pendiente durante esos días y los controles son numerosos, así como las sanciones muy elevadas y severas. No obstante, lo mejor es planificar el viaje con tiempo para encontrar un precio económico de alojamiento y vuelo, por lo que es necesario anticipar lo antes posible las reservas. A comienzos de año es una buena época para reservar el alojamiento para septiembre, que es lo que resulta verdaderamente complicado.


Las carpas
En el parque de la zona de Theresienwiese se instalan las carpas de las cerveceras, y que muchos de vosotros seguramente haya visto en algún reportaje o fotografía. Aunque hablemos de carpas realmente son  verdaderos edificios desmontables, que pueden albergar hasta varios miles de visitantes. Cada carpa tiene su propia personalidad y señas de identidad por lo que en la decoración de cada carpa se trabaja duramente. Otra característica importante es que cada carpa hará que su propia marca de cerveza (con las variedades ofertadas) sea  la única que se sirva en el interior (aunque las hay con zonas de terraza externa) durante todo el evento. 

Dentro de estas carpas se sirve cerveza y comida desde primera hora de la mañana hasta las diez de la noche entre semana, y las diez y media los fines de semana. 
Qué podemos hacer en las carpas? Básicamente 4 cosas: beber, comer, bailar al son de la banda de música que haya en la carpa o entablar conversación con vecinos de mesa o de mesas próximas. Este es uno de los puntos fuertes del festival, ya que la Oktoberfest es un evento especialmente participativo, por lo que la mayor parte de la diversión depende de lo que uno haga y la actitud con la que vaya al festival. Realizar un viaje de miles de kilómetros y con unos cuantos euros menos en la cartera, para sentarse en una mesa para beber cerveza y comer salchichas, chucrut y codillo no compensaría. De hecho, como festival cervecero en sí, hay varios en España muy interesantes, y mucho más económicos, como el de Cullera, más orientados hacia los aficionados cerveceros. Por lo que realmente le da sentido a la fiesta, aparte de la cerveza siempre presente, es que se participe de ella, conociendo a los compañeros de mesa, brindando con quien haga falta, perdiendo la vergüenza y el pudor. Es una fiesta  para disfrutarla con amigos y en buena compañía, pero sin cerrarse a realizar nuevas amistades. La cerveza y el buen ambiente reinante ayuda de por sí  a la deshinibición y a mantener esta actitud 


Durante los días laborables de la semana , el ambiente en las carpas es algo más tranquilo y es posible entrar en la mayoría de ellas de ellas sin problema, ya que suele haber mucho movimiento entre los visitantes de las carpas, que suelen ser esencialmente turistas durante estos días, dejando huecos libres en las mesas. El problema llega , como es lógico,  cuando llegan los fines de semana, momento en el que se produce una afluencia masiva de visitantes  al ser días no laborables. Durante los sábados y domingos, así como los viernes por la tarde,  es especialmente problemático conseguir sitio en las carpas, siendo necesario hacer cola en la puerta de la carpa escogida desde un par de horas antes de la apertura  (llegando a haber gente esperando desde las 7 de la mañana). Es la única forma de garantizarse un sitio. En estos días de mayor afluencia, el problema radica en que una vez dentro, nadie se mueve de la carpa, y se aferra al asiento cual náufrago al madero, y dado que casi no hay personas que abandonen la carpa durante todo el día, es prácticamente imposible hacerse con un hueco después de la apertura. Para asegurarse plaza dentro de una carpa. existe la posibilidad de realizar una reserva. Varias de estas carpas, ponen a disposición de los visitantes la opción de reservar con antelación a través de sus páginas web, aunque hay que cumplir con una serie de requisitos que varían de una carpa a otra, como por ejemplo un mínimo número de personas, y consumición mínima por persona.


Si no se ha podido reservar, no hay motivo para la desesperación,  ya que la normativa del festival obliga a que la mayoría de las asientos de las carpas sean de libre ocupación y no estén reservados previamente, por lo que siempre se deja un amplio porcentaje de sitios para los visitantes que se encuentren entre los primeros de la fila. Si se va uno de los días de ocupación más alta, lo mejor es elegir una carpa que nos haya gustado y esperar en su entrada.

Aparte en el recinto de Theresienwiese hay otras instalaciones, que podemos sencontrar usualmente en cualquier feria, teniendo atracciones, puestos de comida, casetas de venta de souvenirs, etc.. Simplemente darse una vuelta por las calles que forman parte del complejo del festival, y observar el ambiente, es de por sí una experiencia recomendable.
Otro de los grandes atractivos de la Oktoberfest, que personalmente creo que pueden merecer la pena, es ver a los habitantes de Munich vestidos con los trajes típicos de Baviera para acudir al evento, lo que le da a la fiesta mucho color.
 
La cerveza

Y por fin llega lo que nos interesa, la cerveza. En el Oktoberfest, la cerveza se sirve por antonomasia en las tradicionales mass, las enormes jarras de vidrio de un litro de capacidad, y que son servidas por las habilidosas y fuertes camareras ataviadas con los trajes tradicionales de Baviera. La habilidad, destreza y fortaleza de la que hace gala es digna de elogio, pues son capaces de llevar con soltura 8, 10, o incluso más jarras de cerveza al tiempo, teniendo que circular entre las atestadas mesas.


El precio de la jarra se situa entorno a los 8 euros por litro, aunque los martes de 12.00 a 18.00 es lo que llaman el día de la familia, con precios reducidos.

La página de Wikipedia en inglés sobre la Oktoberfest ofrece información actualizada sobre la capacidad y las cervezas servidas en cada carpa así como los precios de las jarras.

Si os entra la vena sentimental, y no queréis desprenderos de un jarra para llevárosla de recuerdo, tenéis que tener una cosa  muy en cuenta y es que las multas por intentar llevarte una jarra son altas (desde los 5 hasta los 30 euros), por lo que compensa más comprarlas que tener que abonar la multa a la policía y pasar el mal trago, y nunca mejor dicho.

La cerveza servida en el Oktoberfest cumple con la conocida y popular Ley de la Pureza Bávara de 1516 promulgada por el duque Guillermo IV, con el objetivo de garantizar la calidad de la cerveza producida, restringiendo los ingredientes incluidos en su elaboración, reduciéndose a agua, malta y lúpulo. 

Dentro de la gama de cervezas que podemos encontrar en el Oktoberfest, tenemos las siguientes cervezas por cervecera:

Spaten-Franziskaner: Hippodrom, Ochsenbraterei-Spatenbräu-Festhalle, Schottenhammel
Löwenbräu: Löwenbräu-Festhalle, Schützen-Festzelt 
Hacker-Pschorr: Bräurosl , Hacker-Festzelt
Augustiner: Fischer-Vroni, Augustiner-Festhalle
Paulaner:
Winzerer Fähndl, Armbrustschützenzelt,  Käfer’s Wies’n Schänke
Hofbräu: Hofbräu Festzelt

 
Para finalizar...
Para quien no hubiera podido o querido  madrugar, existe una alternativa a considerar, y es la existencia de una fiesta externa que imita el ambiente de lo que podemos encontrar en una carpa de la Oktoberfest, deonde además es posible reservar con facilidad. Se trata de Das Wiesnzelt celebrada en la cervecería histórica de Lowenbrau, ubicada en el centro de Munich. Allí podremos disfrutar de una cena en la que se replica el ambiente del que podemos disfrutar en el interior de una de las carpas de Theresienwiese, con la misma cerveza, comida y música,  prolongándose la fiesta además a la que acuden incluso también visitantes de las carpas del Oktoberfest, una vez que cierran. Obviamente no es lo mismo, pero podrá resarcir y compensar el disgusto a aquellos que no hubieran podido entrar en una de las carpas.

 

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Badger First Gold, una ale del corazón de Dorset


Hacía ya tiempo que no hablaba de ninguna cerveza británica, y me he decidido a comentar una cerveza inglesa no demasiado conocida, al menos, en nuestro país: la Badger First Gold de la cervecera independiente y de carácter familiar Hall and Woodhouse.
Esta cervecera ubicada en la región de Dorset, al sur de Inglaterra, tiene sus orígenes en el año 1777, año en el cual, Charles Hall fundó una fábrica de cerveza en la villa de Ansty, junto a Blandford. Hasta mediados del siglo XIX, en 1847, el nombre no pasa a ser el de Hall and Woodhouse, año en el que los herederos de Charles Hall se asociaron con Geroge Woodhouse. No es hasta 1875 cuando el logo de la compañía incorpora al tejón (badger en inglés) en su imagen, y que será mantenido hasta nuestros días. En 1900, en los albores del siglo XX, la familia propietaria decide construir una nueva cervecera con el nombre del logo, con el objetivo de sustituir la original.

En el año 1991, se produce la primera adquisición de una cervecera externa, en este caso la Gribble Inn, aunque de nuevo fue revendida en el 2005 a su propietario. A pesar de ello, Hall and Woodhouse mantuvo los derechos de la marca  Fursty Ferret, la cerveza más emblemática que posee la cervecería.

Más tarde, en 2000, se produce una segunda adquisición de otra fábrica cervecera, en este caso, la King and Barnes situada en Horsham. El edificio de la fábrica  fue vendido posteriormente en el mercado inmobiliario, pero a pesar de ello, Hall and Woodhouse mantuvo la cadena de los pubs y restaurantes que mantenía King and Barnes así como los derechos sobre sus marcas.

A pesar de las compras de algunas cerveceras como hemos visto, en sus más de dos siglos de historia, la compañía no ha querido perder su carácter familiar, y se encuentra aferrada fielmente a su lema: "Fabricar ales de Dorset con un carácter genuino y autóctono".
Entre su amplio portafolio de cervezas que incluye más de un veintena de cervezas destacan las ales de estilo inglés, especializándose en las bitter y las pale ale, de las cuales comentaré la Badger First Gold.
Actualmente mantiene un centro de visitas que es toda una atracción turística local, y está en proyecto la cosntrucción de una nueva planta cervecera respetuosa con el medio ambiente y comprometida con la comunidad local. 


 Cata:

Graduación: 4º
Aspecto: De color cobrizo, a medio camino entre un dorado oscuro y un tono rubí. Con un nivel de carbónico medio-bajo, forma una capa de espuma de apenas 1 dedo de espesor, cremosa, de color blanco y de rápida disipación.
Aroma: Presenta principalmente notas florales y  aromas a cítricos y hierba, como los habituales que podemos encontrar en una bitter inglesa, proporcionados por la única clase de lúpulo (inglés) empleado para la elaboración de esta ale, el First Gold, con un toque a caramelo.

Sabor y textura: De cuerpo más bien liviano, a lo que favorece una carbonatación leve; aparece el caramelo en un comienzo, con matices a mantequilla, para dar paso a un claro amargor, que balancea el conjunto y un final con un regusto seco. No es una cerveza espectacular, pero sí acorde con el estilo al que pertenece.

Nota: 6,75

viernes, 9 de septiembre de 2011

Fantome, Boo!



Desde hacía ya un tiempo, llevaba buscando la oportunidad para poder hacerme con esta cerveza de culto: la Fantome, de la que a más de un cervecero le había oído hablar maravillas. Por fin llegó esa ansiada oportunidad y pude comprar una botella de 3/4, el formato habitual de esta cerveza.
La Fantome es una cerveza belga, proveniente de la región de las Ardenas, más concretamente de la divisón administrativa de Luxemburgo, situada justo al lado del país del mismo nombre. La Fantome fue creada en el año 1988 por Danny Prignon y su padre con el objetivo de reavivar la tradición cervecera de su pueblo.
Tras un largo periodo trabajando para el sector del turismo, el Sr. Prignon decidió volcarse en una actividad que le mantuviese en contacto con sus raíces, su pueblo, su región. En seguida surgió el interés por las antiguas recetas cerveceras de la región, y la idea de crear una cervecera propia. Antiguamente cada pueblo tenía su propia cerveza fabricada y vendida a diario en lugares tan comunes como una panadería, y el Sr. Prignon quería recuperar esta tradición, por lo que se decidió a montar la cervecera.
El nombre de Fantome, fue elegido inspirándose en la antigua leyenda de la princesa Bertha de La Roche, la principal atracción turística de la región durante el verano. De hecho el logo de la compañía es un simpático fantasma que aparece en el etiquetado de sus cervezas. 
Uno de los objetivos que perseguía Danny Prignon era ser diferente a los demás, creando una cervecera con personalidad propia, tradicional, artesanal, de carácter familiar, involucrada con su pueblo y su región, y que fuera capaz de producir cervezas diferentes.
Todo en esta cervecera es realizado de forma artesanal, incluso el embotellado, y cada semana se realiza la producción de una sola cerveza, es decir, que sus cervezas no se preparan dos veces de la misma manera, por lo que sus cervezas podrían ser consideradas una pequeña obra de arte. De hecho hay cerveceros que aseguran que si pruebas dos o más veces sus cervezas, cada vez te sabrán de forma distinta, algo que también sucede con otras cervezas artesanas.
Aunque la cervecera produce distintas cervezas (la Pissenlit, la Black Ghost...) la que probé y que ahora comentaré en la cata es su cerveza estrella, la Fantome, una saison que podría adelantar, que tiene un toque diferente a todas las cervezas que había probado hasta ahora.

Cata:

Graduación: 8º
Aspecto: De un tono amarillo-anaranjado pálido, similar al albaricoque. Presenta un buen grado de turbidez, y un elevado nivel de carbónico, con burbuja fina. Se aprecian restos de levadura claramente visibles en la botella, que hay que remover para mezclar adecuadamente. Forma una capa de espuma blanca burbujeante, muy porosa, que crece con mucha rapidez hasta un grosor de un dedo aproximadamente, de buena retención pero sin dejar apenas cordón alguno adherido al cristal.
Aroma: Aromática, profundamente afrutada, donde destacan los aromas a pera y manzana, y matices a uva y cítricos. Destaca también la levadura, y algunas notas especiadas y florales.
Sabor y textura: De cuerpo medio a alto, tiene buena entrada en boca, provocando sensanciones agradables, algo cosquilleantes, por el carácter burbujeante, chispeante, casi efervescente debido a su elevada carbonatación de burbuja muy fina, y a las especias. De textura granulosa, al comienzo presenta un carácter dulzón, de gusto profundamente afrutado, que por momentos nos puede hacer recordar a un zumo, donde destaca la pera (delicioso), la levadura y el azúcar, para dar paso a una acidez como la de la sidra, manteniendo el carácter afrutado, a manzana acompañada de matices cítricos. Finaliza con un regusto seco, y algo amargo, donde aparecen de nuevo las especias, con matices metálicos. Me ha parecido francamente increíble y diferente a todas las cervezas que he probado. La doy un 10 porque me ha encantado y no la puedo comparar con ninguna otra.

Nota: 10/10

martes, 6 de septiembre de 2011

Los IBUS y la batalla por el amargor



Si pensamos de forma generalizada, en una de las cualidades de la cerveza que nos suele atraer más a los que somos profundamente cerveceros, es el amargor, a pesar de que pueda parecer contraproducente que algo de gusto amargo nos pueda reportar tanta satisfacción. También es cierto que hay un amplio sector del público consumidor de cerveza, que por contra trata de eludir estas sensaciones, y se inclina por cervezas de suave sabor, y con poco o nulo amargor, como pueden ser las premium lager o las euro pale lager y similares.
Cierto es, que hay que educar al paladar, y que un primer contacto con cervezas amargas como una bitter o más aún una stout o una IPA suele costar un poco a aquellos que no estén muy familiarizados, pero cuando uno va acostumbrando al paladar a poder disfrutar de las sensaciones provocadas cuando el amargor hace acto de presencia, cada vez se ve más atraído por este tipo de sabores. Aunque para gustos, colores, claro está. Siempre habrá gente que se inclinará por cervezas más amargas como sus preferidas, y otros por lo contrario, o bien aquellos que buscan sensaciones más diferentes como en el caso de las las lambic.
Pues bien, para medir de alguna forma el grado de amargor de las cervezas existe una escala graduada haciendo uso de una unidad especial: el IBU, que corresponde por sus siglas en inglés a International Bitterness Unit. Dicha unidad es definida en cooperación con la Sociedad Americana de Químicos Cerveceros. Podríamos decir que es la forma mayormente aceptada en el mundo para determinar el grado de amargor que se percibe en una cerveza en concreto. Cuanto mayor sea el número de IBUS más amarga será una cerveza.
El amargor en la cerveza proviene mayormente de esa maravillosa planta que es el lúpulo. Pero los IBUS no miden exactamente la cantidad de lúpulo que lleva una cerveza, sino que representan la concentración de los iso-alpha ácidos (que es una sustancia proveniente del lúpulo con cualidades antibacterianas) en el producto obtenido. Un IBU equivale a un miligramo de iso-a-ácidos por litro de cerveza. El número de IBUs se obtiene mediante un procedimiento complejo repleto de fórmulas y ecuaciones donde entran en juego datos como los tipos de lúpulos empleados, tiempo de cocción y modo de aplicación, si al comienzo o al final del proceso, etc. y para el que es necesario contar con equipos especializados como un espectrofotómetro.
Paralelamente a los IBUS, existe otra escala medida en otras unidades diferentes: las HBU (Homebrew Bitterness Units) que son las que suelen usar los cerveceros caseros y algunos cerveceros artesanales para estimar el grado de amargor de una cerveza. La desventaja que presenta estas unidades es que en realidad miden la cantidad de lúpulo que se agrega a la cerveza, y no el nivel de amargor final, y esto en realidad no tiene por qué coincidir, ya que no todo el lúpulo añadido a la cerveza se transforma en amargor. Dependiendo del momento en el que se produzca la adición del lúpulo durante el proceso de cocción del mosto de la cerveza, nos puede proporcionar amargor si es al comienzo, o mayormente aroma si es al final, aunque la mejor forma para aportar un buen nivel aromático es mediante el uso de la técnica denominada "dry-hopping", expresión que muchos habréis visto en más de una etiqueta.
La escala de IBUS va de 0 a 100, siendo las cervezas con un nivel más próximo a 0  las más ligeras y de menor amargor. Así por ejemplo las lager fabricadas por las grandes cerveceras industriales suelen tener un rango de amargor comprendido entre los 10 y 15 IBUS aproximadamente, como una Budweiser, o las weizen alemanas que también rondan esos niveles por ejemplo. Las pilsner alemanas andan por encima de los 20 IBUS, mientras que por ejemplo una IPA ya alcanza niveles superiores a los 40 IBUS llegando hasta los 70 IBUS e incluso más en algunos casos. También tenemos a las Barley Wine en las cotas más altas de amargor.  Aquí os dejo una escala de IBUS por estilos muy completa que encontré en la web BrewersFriend.



Pero ojo, si una cerveza supera los 70,80,90 y llega a los 100 IBUS no quiere decir que esa cerveza nos chupe la sangre al beberla, ya que existe una norma de balanceo para las cervezas, de modo que la cantidad de IBUS ha de dividirse entre la densidad original. De esta forma, dado que el amargor es menos perceptible en cervezas con alta cantidad de malta, en consencuencia se necesita un número de IBUS más alto para balancear el sabor. Esto suele suceder en cervezas "pesadas" con mucho cuerpo y fuertemente malteadas. Por ello, nos puede pasar que una Imperial Stout con un número de IBUS elevado, nos resulte menos amarga que una Bitter inglesa. Si el resultado del cociente entre los IBUS y la densidad original es cercano a cero, tendremos ante nosotros una cerveza maltosa. Si  por el contrario se acerca o incluso llega a ser superior a 1 tendremos una cerveza amarga.
En este contexto hay una especie de competición o batalla entre diferentes cerveceras por crear cervezas con sabores cada vez más intensos, con más amargor, y mayor número de IBUS. Esto suecede especialmente con las IPAs, estilo en el cual, los estadounidenses han sido los principales responsables de su expansión, perfeccionamiento y ampliación, dando lugar a las DIPA(doble IPA) o Imperial IPA, donde se emplean lúpulos de diferentes tipos y en altas concentraciones, alcanzando cotas cada vez más altas de amargor, llegando a los 90 IBUS e incluso superando los 100, o llegando a cifras inauditas como 300, 1000 o incluso más IBUS, aunque realmente no hay forma real de calibrar con exactitud el amargor una vez superado este umbral. El término Imperial en materia de cervezas originalmente era empleado para designar  a las cervezas producidas en Inglaterra y enviadas a la corte Imperial Rusa, dando lugar a las Imperial (Russian) Stout, aunque en la actualidad el término Imperial es usado para hacer referencia a cervezas de estilos mejorados, con mayor calidad y densidad. Así tenemos ejemplos de cerveceras como Sierra Nevada, Russian River, Stone, Rogue, Green Flash, Dogfish Head, o Brewdog que han fabricado DIPAS con altos niveles de IBUS, y algunas como la danesa Mikkeller con niveles estratosféricos con su 1000 IBU. Particularmente la cerveza con mayores cotas de amargor que he probado ha sido la Hardcore IPA de Brewdog con 150 IBUS, y he de decir que... me encantó. 

Qué opináis vosotros de esta escalada de amargor?


jueves, 1 de septiembre de 2011

Hacker-Pschorr Anno 1417, una gran kellebier

Y siguiendo con las cervezas alemanas, hoy le toca el turno a una kellerbier, la Hacker-Pschorr 1417. La cervecera pertenece a la familia Hacker desde su fundación en 1417 (de ahí el nombre, como conmemoración de la creación de la cervecera). Comenzó como un negocio de carácter familiar y así permaneció a lo largo de los 4 siglos posteriores. En 1813 se produce un acontecimiento crucial en la historia de la misma, que incluso la hizo modificar su propio nombre. En aquel año Joseph Pschorr se desposó con Therese Hacker, heredera de la familia Hacker, motivo por el cual se convierte a partir de aquel momento en la cervecera Hacker-Pschorr. El principal motivo por el que el apellido del recién llegado a la familia, pasara a formar parte de la cervercera, se debe a que era un hombre astuto y muy hábil en los negocios, por lo que en breve tiempo, consiguió incrementar la producción de la fábrica. En 1820 reformó unas grandes bodegas ubicadas bajo tierra en las que era posible conservar a baja temperatura las cervezas, lo que permitía tener disponible para la venta, cerveza de buena calidad durante todo el año. Veinte años más tarde la fábrica se convirtió en la más grande de Munich. En la actualidad, donde se encontraba situada la fábrica de cerveza hay una popular cervecería llamada Alte Hackerhaus (la casa antigua de Hacker).
Aparte la familia de Joseph Pschorr, gozaba de gran influencia en el mundo de la cultura del movimiento romántico de la época, llendo más allá del negocio de la cerveza. En 1864 Josephine Pschorr, se convirtió en la esposa de Franz Strauss, padres del famoso compositor alemán Richard Strauss. Su ópera Der Rosenkavalier fue dedicada a la cervecera como muestra de agradecimiento al apoyo financiero que percibió por parte de la empresa familiar durante los inicios de su carrera.
Hacker-Pschorr continúa siendo una de las cerveceras más importantes de la capital bávara y produce una amplia gama de cervezas, entre ellas esta estupenda kellerbier. También elabora una Kristallweiss filtrada y clara, así como una Weisse, sin filtrar y afrutada, una Dunkelweiss bien malteada, y una Märzen especial para la Oktoberfest, entre otras.
Las kellebier (cerveza de bodega en alemán), tambien conocidas como Zwicklbier (término generalmente asocidado a las kellebier más débiles) constituyen un estilo con bastante tradición en Alemania, ya que las primeras recetas se remontan a la Edad Media y  consisten en cervezas lager (aunque las hay de alta fermentación) sin filtrar ni pasteurizar, que son almacenadas en bodegas (de ahí el nombre),  donde maduran a bajas temperaturas y luego son vendidas directamente del barril al consumidor, bien en grifo o en botella, con el fin de preservar todas las cualidades nutritivas. Este tipo de cervezas además contiene una mayor concetración de levadura que en el caso de las cervezas filtradas, conservando las vitaminas y otros aportes nutritivos y saludables propios de estas cervezas.







Cata:
Graduación: 5,5º
Aspecto: De color dorado pajizo, tono mate, turbia. Carbonatación apreciable pero con burbuja fina. Espuma abundante, generosa, bastante compacta y de buena duración, que dibuja atractivos anillos en la jarra.
Aroma: Claramente a cereal, donde se detectan matices a levadura y bunas notas de lúpulo, que proporcionan un olor a cítricos y a hierba húmeda recien cortada.
Sabor y textura: Cerveza de gusto delicado y cuerpo ligero que destaca por ser muy equilibrada y fácil de beber, a lo que ayuda una gasificación moderada. Destaca los sabores a malta, cereal, pan con matices de levadura, que da paso de forma casi perfecta a un suave amargor al final del trago y en el regusto. Cada vez que la bebo me gusta más.

Nota: 8,75/10