sábado, 29 de octubre de 2011

Rogue Dead Guy Ale, los muertos también beben cerveza


Estando cercanos a la fiesta de Halloween, que ha calado tan profundamente en España durante los últimos años, me he decidido a comentar una cerveza que tanto por su nombre como por su etiquetado, va a la perfección con esta original fiesta de origen anglosajón, y su iconografía de sobra conocida por todos, con sus calabazas, esqueletos, y disfraces de todo tipo de monstruos. Me estoy refiriendo a la Dead Guy Ale (la ale del chico muerto), fabricada por la cervecera estadounidense Rogue.
También hay otras cervezas (norteamericanas, cómo si no) muy adecuadas para la fiesta de Halloween, como las Jolly Pumpkin con sus etiquetas tétricas de fantasía, que harían las delicias para cualquier aficionado al sello artístico de Tim Burton.



Sobre la cervecera
La cervecera Rogue es actualmente una de las más afamadas y reconocidas de la costa Oeste de los Estados Unidos. Fue fundada en el año 1988 por tres amigos (Jack Joyce, Boob Woodell y Rob Strasser) en la localidad de Ashland en el estado de Oregón. Abrieron su primera taberna-cervecería o brew-pub en la misma ciudad. Al siguiente año abrieron otro en Newport, donde tienen ubicada la central actualmente. El nombre de la cervecera fue elegido a causa del río Rogue que cruza la ciudad de Newport en Oregón, pero al mismo tiempo hicieron uso de un juego de palabras, ya que coloquialmente en inglés, rogue significa también pilluelo. Esto es algo totalmente intencionado, ya que este sentido del término guarda relación con la filosofía revolucionaria de la cervecera, expresada a través de sus cervezas.
John Maier, que entró en la empresa un año después de su fundación, es el actual maestro cervecero de Rogue, y se ha ganado una reputación tanto en los Estados Unidos como fuera de sus fronteras, gracias a la fabricación de cervezas muy innovadoras. Uno de los puntos más destacables dentro de las elaboración de las cervezas es el uso de una cepa de levadura propia denominada Pacman, especialmente indicada para la maduración de ales en botella, y que constituye uno de los secretos de elaboración de Rogue. Las cervezas de Rogue han ganado cientos de premios y galardones en diferentes competiciones de cervezas, y ha propiciado el nacimiento y expansión de una iniciativa llamada la "Nación Rogue", una comunidad de fans ávidos de cada cerveza de edición limitada que lanza al mercado la cervecera de Oregón. Hasta la fecha han producido más de 60 ales, sin pasteurizar, y sin aditivos con ingredientes totalmente naturales. Entre las ales de su amplio portfolio destacan:
- La Shakespeare's Oatmeal Stout. 
- La Brutal Bitter Ale.
- La Mocha Porter.
- La Chocolate Stout.
- Y la Dead Guy Ale, entre otras.
Actualmente aparte de la fabricación de cerveza en Newport y otras micros de las que son propietarios en Newport y Portland, regentan varios restaurantes y cervecerías a lo largo de la costa de Oregón, y en otros estados como Washington y California. Además llevan unos apartamentos para turistas llamados "Bed and Beer", y organizan tours temáticos sobre cerveza para visitantes.

Sobre la cerveza
Una de las primeras cosas que nos llama poderosamente la atención de esta cerveza es su etiqueta en la que se muestra a un simpático esqueleto con sombrero sentado sobre un barril de cerveza. Y no es la única, ya que las etiquetas de Rogue son una tentación para todo buen coleccionista de etiquetas. Según la información de la propia compañía, se trata de una cerveza de estilo  Maibock (estilo procedente de Alemania) y es producida con la levadura Pac-man, que ya he mencionado y que es exclusiva de la cervecería Rogue. Para su elaboración se emplean hasta cuatro variedades diferentes de malta: Northwest Harrington, Maier Munich, Klages  y Carastan, y dos clases de lúpulo: los Perle y los Saaz de Centroeuropa.
Además si deseamos hacer nuestros pinitos como maestros cerveceros, podemos intentar emular la cerveza original mediante un kit específico para hombrewers que hay a la venta:


Cata:

Graduación: 6,5º
Temperatura de servicio: Unos 7ºC
Tipo de vaso recomendado: Vaso de pinta americano de paredes rectas.
Aspecto: De color a medio camino entre miel y un ámbar intenso, casi rojizo. Con un notable grado de turbidez, genera una capa de espuma de entre 2 y 3 dedos de espesor, muy blanca, de apariencia compacta, y larga duración. Deja rastros de espuma en forma de anillos muy finos, en los primeros tragos.
Aroma: Compleja, con aromas intensos a malta tostada y algo de caramelo con un toque marcadamente afrutado. Notas herbáceas y terrosas por debajo, que incluyen plantas silvestres, abeto y un toque cítrico dulzón, como una mezcla entre pomelo y miel y frutas tropicales.
Sabor y textura: Con un buen nivel de carbonatación y de cuerpo medio, es una cerveza en la que predominan las sensaciones maltosas por encima de los lúpulos, en un comienzo, aunque en el retrogusto se consigue balancearla en parte con un amargor con matices cítricos, que resulta más patente a medida que vamos apurando el vaso. No resulta difícil de tomar y el alcohol hace aparición en su justa medida, aunque al final se acrecenta un poco la sensación de ardor. En conjunto es una buena cerveza bastante aceptable, aunque para mi gusto les falta corregir algo con el lúpulo para hacerla más redonda.
Maridaje: La carne de cerdo va estupendamente con este estilo de cervezas por lo que combina bien, por ejemplo, con un codillo asado con una guarnición a base de puré de patata y cebolla frita.

Nota: 7,5/10

miércoles, 26 de octubre de 2011

Andechs Doppelbock Dunkel, la joya de la Klosterbrau Andechs


Y de una excelente cerveza que fue la anteriormente comentada, la escocesa Traquair Jacobite Ale, a otra gran cerveza, considerada por algunos como la mejor o de las mejores en su estilo, la Doppelbock Dunkel, de la alemana Andechs.
Junto a la pequeña ciudad bávara llamada Andechs, ubicada en la bella región de los Cinco Lagos de la Alta Baviera, y más concretamente en la montaña de Andechs junto al lago Ammersee, fue fundado en 1453 por el duque Alberto III, el monasterio de la orden benedictina donde se elabora la cerveza desde prácticamente su fundación, con el mismo nombre de la ciudad .
Esta abadía entra dentro de la denominación Klosterbrau, lo que viene a ser un monasterio cerveceria, donde conviven la vida religiosa de recogimiento y oración con la tradición cervecera, una unión que ha dado fructíferos resultados en forma de excelentes cervezas a lo largo de la historia, y que los cerveceros agradecemos. 
Aparte esta abadía es una verdadera atracción turística de la zona, siendo conocida principalmente su iglesia de estilo rococó del año 1712.
La cerveza estuvo elaborándose hasta 1972 en el interior del monasterio, fecha en la que se inauguró la fábrica moderna, que se encargaría de la producción desde entonces. De forma paulatina, la fábrica fue adquiriendo mayor relevancia, hecho que ha  permitido el mantenimiento del monasterio y que ha propiciado el desarrollo económico local.
La cervecería actualmente produce una gama compuesta por 7 cervezas diferentes. Todas ellas pueden ser degustadas directamente del barril, tanto en el bar de la propia fábrica (Bräutüberl), como en el restaurante que hay abierto a las visitas en el monasterio (Klostergasthof), el cual curiosamente es más antiguo que el propio monasterio. Del mismo modo pueden consumirse todas en su versión embotellada.

Las cervezas ofrecidas en su portfolio son:
- La Vollbier Hell, de etiqueta verde.
- La Spezial Hell, con etiqueta roja.
- La Export Dunkel, de etiqueta azul.
- La Bergbock Hell, de etiqueta plateada
- La Doppelbock Dunkel, de etiqueta dorada.
- La Weissbier Hell, con etiqueta de color crema.
- La Weissbier Dunkel, de etiqueta negra.

En el caso de hoy voy a hablar de la que quizás es considerada una de las mejores cervezas de la abadía, la Doppelbock Dunkel. Como su propio nombre indica se trata de una bock doble, con lo que incorpora mayor fuerza, intensidad, y alcohol que una bock tradicional. Para su elaboración sea aplica un procedimiento de triple malteado lo que le proporciona un cuerpo y graduación alcohólica considerable situándose entorno a los 7º. Este tipo de cervezas es bastante apreciado en algunas zonas de Baviera, y suele ser consumida preferentemente durante la primavera.


Cata:

Graduación: 7,1º
Tipo de vaso recomendado: Copa en forma de balón que permite recoger bien los aromas. También la he visto servida en copa aflautada típica para las weissbier, aunque no sea la más apropiada.
Temperatura de servicio: Entorno a los 9 o 10 ºC.

Aspecto: De color castaño tostado que se acerca al rojizo, con brillos intensos de color rubí al trasluz. La capa de espuma es de proporciones considerables, y apariencia compacta, de color beige. Sin embargo, no tarda demasiado en desaparecer, hasta dejar una fina capa que permanece más tiempo. Hay huellas visibles de la espuma en el vidrio, según apuramos la copa.
Aroma: Compleja y muy aromática. Marcadamente afrutada. Destacan los aromas a suave malta tostada, bizcocho, caramelo, chocolate, y sobre todo confitura de frutas como albaricoque, ciruelas y manzanas. También se detectan algunas notas especiadas.
Sabor y textura: Muy suave, y a pesar de tener un cuerpo de medio a alto entra con facilidad. Tiene un gusto a bizcocho, galleta y caramelo principalmente, con algunos matices amargos de chocolate negro, tostado, y un puntito herbal y especiado que equilibra el resultado.También se aprecia un puntito de ardor por el alcohol y es de regusto un poco seco con un toque agridulce.

Maridaje: Combina estupendamente con platos tan dispares como una ensalada de ahumados o un asado de cordero.

Puntuación: 8,75/10


jueves, 20 de octubre de 2011

Traquair Jacobite, en el remanso de un río escocés...



Desde hace varias semanas tenía reservada una botella de una cerveza de reputación excelente, detrás de la cual llevaba un tiempo buscando la oportunidad para probarla. El pasado fin de semana, hablando con un amigo sobre esta misma cerveza, me la recomendó encarecidamente, lo que precipitó que me decidiera a abrir la botella que tenía a buen recaudo.
Estoy refiriéndome a la escocesa Jacobite de la cervecera Traquair, una cerveza que acumula ya unos cuantos premios en su haber.
La Traquair House, que es como se llama en realidad la cervecera, tiene tras de sí una larga historia. Se encuentra ubicada en el valle del río Tweed, en una de las mansiones históricas escocesas que aún permanecen habitadas. Algunas partes del edificio datan de 1107, y tiene más de 40 habitaciones. El nombre de la cervecera viene a significar literalmente "casa sobre el meandro", haciendo referencia al cercano río Tweed, encontrándose realmente entre la confluencia del arroyo Quair y el río Tweed, del que es afluente. Como decía, detrás de esta cervecera hay bastante historia, de hecho, muchos monarcas escoceses fueron invitados a este lugar en su momento, y ya en 1566 se fabricaba cerveza durante la visita que hizo la reina María Estuardo. Actualmente las visitas no resultan tan elitiistas, no es necesario pertenecer a realeza, o provenir de noble cuna, sino que prácticamente la puede visitar cualquier foráneo, ya que la Traquair House es una de las muchas atracciones turísticas que hay en tierra escocesas.
Además de la fábrica de cerveza es posible visitar la exposición de antigüedades que mantienen de forma continua. Entre estas reliquias podemos encontrar una cuba de cobre de 200 galones de capacidad que data de 1739, y que fue instalada bajo la capilla privada, con el objeto de fabricar la cerveza para la casa y sus sirvientes.
La fábrica original cayó en desuso hacia comienzos del siglo XIX, hasta que pasados 150 años, fuera redescubierta por el terrateniente Peter Maxwell Stuart. El equipo con el que se encontró no estaba en malas condiciones para poder ser utilizado, y no tardó demasiado en hacerlo funcionar de nuevo en 1965. Desde su fallecimiento en 1990, la fábrica ha sido dirigida por su hija Catherine.
La cerveza es elaborada con agua que procede de un manantial del valle del Tweed, cebada malteada inglesa y lúpulos Goldings del condado de Kent, sin la adición de conservantes. Hoy en día se exporta aproximadamente la mitad de la producción fuera del Reino de Unido, mientras que la mitad restante está destinada al consumo tanto en Escocia como en Inglaterra, principalmente.
Las dos cervezas más importantes elaboradas por la Traquair son la Traquair House Ale, y la Jacobite Ale, su buque insignia, y que es la protagonista de esta entrada. Aparte de estas dos también produce la Bear Ale, y otras cervezas especiales elaboradas para ocasiones puntuales, y que no llegan a ser embotelladas.

En el caso de la Traquair Jacobite, estamos hablando de una Scotch Ale con un 8% de alcohol. Una de las primera cosas que nos llama la atención de esta cerveza es su etiqueta original y llamativa que representa a Bonnie Prince Charlie (el príncipe Carlos Eduardo Estuardo), responsable del levantamiento Jacobita de 1745, y que fue quien traspasó por última vez las Bear Gates que flanquean la entrada a la casa en el mismo año, rodeado por un par de flores de cardo, la flor nacional de Escocia. En conmmeroración del 250 aniversario de la efeméride, la Traquair lanzó al mercado esta maravillosa cerveza.


Cata:

Nombre: Traquair Jacobite Ale

Graduación:
Tipo de vaso recomendado: En copa de balón.
Temperatura de servicio: Entre 10 y 12º.

Aspecto: Con brillos rubí al trasluz,  presenta un color marrón muy oscuro  por lo que podríamos confundirla con una stout en un comienzo, viéndola servida en copa. Aparentemente tiene un nivel de carbónico de moderado a bajo, ya que no se aprecia mucha burbuja. Genera una no muy gruesa capa de espuma con una tonalidad atractiva a medio camino entre la canela y el café con leche, pero que no llega a dejar mucha huella en el vidrio, y que desaparece una vez vaciada media copa.
Aroma: Afrutada, "vinosa", y compleja, con una amplitud y variedad de notas aromáticas, entre las que destacan la malta tostada, café, chocolate,  frutas como la ciruela, o las pasas,  especias (cilantro), vainilla y oporto. El alcohol también aparece, y junto con las notas afrutadas y a madera,  con un suave matiz avainillado,  hacen que esta cerveza presente ese carácter vinoso, que es como lo denomino personalmente.
Sabor y textura: De cuerpo medio a alto, sin llegar a tener que masticarla, es  suficientemente contundente. La burbuja, en contra de lo que parecía, se hace notar en la lengua pero sin llegar a adormecerla. Ofrece un atractivo contraste entre notas dulces y amargas. Tiene un agradable paso por boca, donde comienza con un fuerte gusto maltoso,  a toffe, galleta, dulce con un matiz afrutado, combinado con los sabores amargos de café y  chocolate negro, por el tostado de la malta. También aparece un punto de alcohol , que en combinación con  un matiz especiado y a barrica, hace que la asemejen a un vino de postre. Finaliza con un regusto  especiado  y amargo con un  trasfondo herbáceo de lúpulo,
Maridaje: Va bien con algunos postres como las tartas de frutas, pero particularmente creo que es ideal para acompañar a un roastbeef o un platito de queso azul, un contrapunto excelente.
Nota: 9,5/10

martes, 18 de octubre de 2011

Iniciación a la cata de cervezas en Ocaña



El pasado viernes por la tarde tuve la oportunidad de asistir a otra cata impartida y organizada por Ernesto y Ana de Yria. El evento en sí estaba destinado a la iniciación al mundo de la cata, y aunque uno ya lleve muchas cervezas entre pecho y espalda, y alguna que otra cata y presentación, no lo pensé dos veces en acudir, porque siempre se puede aprender algo nuevo, probar una cerveza desconocida para mi paladar o simplemente pasar un rato agradable con gente que comparte el gusto por la cerveza, como así fue. Además aproveché la circustancia para intentar ganar algún adepto para la causa, introduciéndoles en el mundo de la cerveza, para que vayan conociendo los diferentes estilos de cerveza que existen así como la forma de apreciar todas las cualidades sensoriales que nos puede ofrecer la cerveza, contribuyendo de este modo a la creación de una base para el crecimiento de la cultura cervecera en España. Así pues, me acompañaron mi cuñado y un amigo, y he de reconocer que ya los tengo conquistados de modo que  su interés por el extenso mundo de la cerveza crece cada día más.

La cata se celebró en un local de la localidad manchega de Ocaña, una cafetería heladeria llamada Dolce Vita, que desde ya es uno de los escogidos lugares que podemos encontrar por la zona, en la que poder tomarse una cerveza que no sea la típica caña a la que está acostumbrada el público en general. Así podemos encontrar cervezas tan variadas como una porter de Flying Dog, una Lindemans Faro, o una ahumada holandesa, la Emelisse sin dejar de lado a las artesanas de Toledo: la Domus, la Sagra y sus "Burro de Sancho", y por supuesto la Yria, de la propia Ocaña.

La cata trataba de abarcar en lo posible diferentes estilos de cerveza, pero siendo 8 las cervezas elegidas, pues resulta obviamente imposible poder abarcar toda la variedad de estilos. Aunque hubieran sido 16 tampoco hubiese sido posible, porque la cerveza es una bebida con multitud de estilos y variantes, y este era, creo uno de los objetivos de la tarde, transmitir la idea de lo vasto que llega a ser el universo cervecero con una gran diversidad de tipos de cerveza con diferentes colores, aromas y sabores. 
Tras un preámbulo inicial en el que Ernesto explicó las diferencias entre el procedimiento de la cata para el vino y la cerveza, y una explicación resumida de en qué consiste el proceso de elaboración de la cerveza, comenzamos con la cata.


La primera cerveza elegida fue la belga Blanche du Namur, como ejemplo de las cervezas de trigo. Proveniente más concretamente de la región de Valonia, pertenece a las cervezas blancas belgas o witbier. A diferencia de las cervezas de trigo alemanas, las belgas, son de un color más pálido, de ahí el nombre, y en sus recetas aparecen ingredientes como la cáscara de naranja, o del cilantro, dándoles un márcado caracter cítrico y especiado. La Blanche de Namur es un magnífico ejemplo de estas cervezas donde la Hoegaarden es la más conocida y responsable del resurgir del este estilo de cervezas. La Blanche de Namur que ya había tomado en varias ocasiones volvió a mostrarse como siempre: turbia, de aspecto lechoso, con un aroma especiado, y cítrico, donde la naranja aparece claramente, pero con un gusto y texturas suaves, sin resultar ácida.

A continuación vino una gran conocida del gran público, la checa Budejovický Budvar o Budweiser checa, como también es conocida, la que probablemente sea la cerveza checa más conocida junto con la Pilsner Urquell. Un claro ejemplo de pilsner industrial. Una cerveza filtrada, dorada y brillante con un paladar suave a malta y el toque justo de lúpulo de la región (Zatec) para equilibrar el resultado.

Después vino la primera agradable sorpresa de la noche: La Anchor Steam Beer, una cerveza lager de un estilo típico californiano, la cerveza de vapor o steam beer, y que aún no había probado, a pesar de conocer varias referencias de la cervecera de San Francisco. Un estilo muy curioso que caló hondo entre los buscadores de oro de California de principios del siglo XIX. De color ambarino y con una buena capa de espuma, se trata de una cerveza donde la malta domina el aroma con matices de pan, cereales, y algo dulce a medio camino entre la miel y el caramelo. En boca, me pareció que tiene un sabor muy limpio, y enseguida al comienzo del trago, surgió una buena dosis de amargor acre, abriéndose paso entre un gusto afrutado y a caramelo, para finalizar con un retrogusto seco y amargo muy prolongado dejando una sensación muy refrescante. Me gustó mucho, una de las mejores de la noche.




La siguiente cerveza elegida fue la Sagra Premium, elaborada por la cervecera artesana toledana Sagra, se trata de una golden ale, de color dorado con reflejos cobrizos, filtrada y con buen nivel de carbónico. Con buena generación de espuma resultó una cerveza en la que se percibían aromas a malta, galleta y cereal con toques herbales y terrosos, con un punto cítrico. En boca me pareció suave, delicada, donde destaca la malta y la levadura. Predominantemente seca, con un punto de cítrico y amargor al final.

Luego continuamos con un par de cervezas artesanas de alta fermentación, también toledanas y pertenecientes a cervezas Sagra, pero comercializadas como una familia de cervezas diferentes, con su propio nombre: La "Burro de Sancho", buen nombre escogido, si estamos hablando de una cerveza manchega.

En primer lugar probamos la Burro de Sancho Roja, una red ale de estilo irlandés. De tono cobrizo y con no demasiada espuma, me pareció bastente aromática con un toque afrutado, caremelizado, floral y algo resinoso. De cuerpo ligero, quizás en exceso para mi gusto, en sabor se quedó un poco a medio gas siendo muy sutil, frente a lo que se percibía en nariz.

Continuamos con la Burro de Sancho Negra, una ale negra, que podríamos incluir en el estilo de las porter. Con aromas a malta tostada, y matices de café y algo de chocolate. De trago fácil, resultó una cerveza que me gustó, pero eché de nuevo en falta más cuerpo y alcohol para haber conseguido un resultado redondo. Aún así me parece una cerveza bien hecha.

El hecho de que sendas artesanas se presenten como un producto más suavizado de lo esperado para los estilos a los que pertenecen, se deba a que la gente de Sagra, haya querido hacer unas cervezas cercanas en parte al gusto español, que hay que recordar que es diferente al de las islas británicas, de donde proceden sendos estilos comentados.

A continuación pasamos a una Duvel, todo un clásico dentro de las cervezas belgas. Se trata de una golden ale de 8,5º, muy conocida, de la cervecera Moortgat, caracterizada por su aroma potente a lúpulo, con notas afrutadas, un sabor seco, y un elevado contenido alocohólico, el cual influyó en el nombre recibido por la cerveza por considerarla un diablo, ya que puede resultar traicionera, porque a pesar de entrar muy bien, su graduación se hace notar. De esta forma queda encuadrada esta cerveza dentro de las denominadas diabólicas, como la Belzebuth, la Judas, la Satan y alguna otra, en contraposición a las cervezas monásticas de abadía y trapenses, que en muchos casos mantienen nombres de santos como la St. Bernardus, la St. Feullien, St. Augustijn, etc.

Y para rematar la faena con una cerveza que encajase bien después de la Duvel, finalizamos con una Domus Aurea, que ya formó parte de la cata temática dedicada a las ipas de Cervezorama, y que comenté en este blog. En esta ocasión me produjo sensaciones más profundas y agradables, tanto a nivel aromático, como a nivel de sabor. La carbonatación no era tan excesiva, y el sabor tenía mayor intensidad y prolongación, dando un resultado más equilibrado. Esto quizás se debía a que la Domus Aurea que tomamos había incluido la flor del lúpulo entera en la elaboración de esa partida a diferencia del resto, práctica que no suele ser la habitual, puesto que la flor del lúpulo suele dejar demasiadas impurezas en la maquinaria. Desde el punto de vista aromático, de nuevo afloraban en plenitud los lúpulos aportando notas afrutadas a cítricos y frutas tropicales como piña y mango. Uno de los aspectos que más cautivó al público asistente.




Una vez finalizada la cata nos ofrecieron para comer un redondito (una especie de bocadillo en pan de mollete caliente) de entre una gran variedad que oferta el local. Elegí el de queso con mermelada de cerveza Yria. Sencillamente riquísimo. La mermelada, un 10. Compartido 100% con los que pedimos el mismo bocadillo. Para acompañar el redondito, elegí una Yria Golden Ale que francamente me encantó. Una cerveza dorada, algo turbia, que podríamos encuadrar dentro de las Pale Ale americanas (y que Ernesto o Ana me corrijan si me equivoco) con un toque cítrico y algo floral en el aroma, bien equilibrada, y que ofrece un buen contraste entre la malta con matices de caramelo y un buen grado de amargor por los lúpulos en el regusto. Junto con la Anchor Steam Beer, las mejores de la noche. Y no es con ánimo de halagar. Fue opinión compartida con otros asistentes.

Después tuvimos la suerte de prolongar un poco más la velada, y continuamos hablando con Ernesto sobre cervezas. Aprovechamos para compartir a medias una holandesa ahumada, la Emelisse, que me pareció menos contundente que la reina de las ahumadas, la Schlenkerla, aunque se apreciaba tanto aromáticamente como en el sabor, el ahumado de la malta, pero de una forma más sutil, como más elegante pero con menos cuerpo. No me disgustó pero me quedo con la de Bamberg, aunque he de reconocer que es una cerveza que puede gustar mucho, o llegar a hartar.

Y para finalizar Ernesto y Ana nos tenían reservada una sopresa: una barley wine de producción española, aún no sacada al mercado, y de la que desconozco la marca. Era todo una incógnita. Toda una delicia para los sentidos, algo fuera de lo común de lo que se hace en España, y que estoy deseando que comercialicen para salir de dudas. Estaremos atentos a las novedades de las artesanas españolas, porque aparecerá una de las cervezas del año, a mi parecer.



viernes, 14 de octubre de 2011

Coopers Best Extra Stout, en Australia no todo es Foster's

Hasta el momento no había hablado de ninguna cerveza de Oceanía, continente que tiene bastante que decir en el mundo cervecero, sobre todo países como Australia y Nueva Zelanda. Hoy hablaremos de la Coopers, una cerveza de Australia. Esta gran isla mantiene vivas muchas influencias inglesas debido a sus relaciones con Gran Bretaña, que provienen de bien lejos en el tiempo, allá por el siglo XVIII.
Es un país bastante caluroso, especialmente en los meses del verano austral, y gran parte de su territorio está ocupado por desierto, lo que a primera vista hace pensar que no sea el país ideal para las ales inglesas, y este quizás haya sido una razón de peso por la cual, las cervezas que han tenido mayor protagonismo en Australia hayan sido las lagers. Los americanos hermanos Foster comenzaron esta transición de las ales a las lagers, y así en 1887 fundaron en Melbourne la fábrica de la cerveza australiana más internacional, la Foster's. Aunque regresaron más tarde de nuevo a América, los hermanos dejaron su legado en Australia en forma de un nuevo tipo de cerveza, las lager, que suelen ser las preferidas por el asutraliano medio. Pero en Australia hay otras cerveceras muy interesantes, dentro de un movimiento cervecero en proceso de expansión, y si no, como muestra podéis recopilar los documentales de la serie "Guía de un experto en cerveza" de producción australiana, y que hasta hace poco emitían en la 2 en España. (Si a alguien le interesan los documentales se los puedo facilitar por mensaje privado).

Centrándonos en materia, la Coopers es una de las cerveceras australianas que más prestigio acumula en la actualidad. Creada en 1985 y ubicada en Dry Creek, cerca de la ciudad de Adelaida. La dinastía cervecera que la regenta desde un comienzo se planteó firmemente continuar elaborando ales y stouts maduradas en botella, en contra de la corriente mayoritaria de las lager. Más tarde, en 2001, abrieron una nueva planta, ampliando la producción ante la creciente demanda, lo que les ha convertido en nada menos que la tercera cervecera del país.

Acerca de la elaboración...
En la planta de producción, la cebada que crece cercana a la costa se convierte en tres tipos de malta: pale, cristal y tostada. Esta malta influída por la brisa marina, aporta un carácter especial a las ales de la compañía y que algunos aficionados son capaces de detectar.
Las ales fabricadas por esta cervecera se elaboran con más de un 80% de malta, incluyendo además en la composición azúcar líquido de caña, ingrediente muy utilizado por otros cerveceros australianos. Si hablamos de los lúpulos que se suelen encontrar en las cervezas australianas estamos refiriéndonos principalmente a los "Pride of Ringwood" cultivados en la isla de Tasmania y la región de Victoria.
Las ales y las stouts de la compañía son elaboradas utilizando levaduras de alta fermentación, la cual tiene lugar en unos tanques de forma cónica-cilíndrica. Después las cervezas son centrifugadas, y antes del proceso de embotellado o del llenado de barril, se añade una parte milimétricamente medida de cerveza en fermentación que no ha sido centrifugada, con un poco de azúcar para facilitar la segunda fermentación en botella. Después las cervezas tienen que reposar durante al menos 6 semanas, ya sea en botella o en barril, antes de ponerlas a la venta. Después, y tal y como sucede con otras cervezas es posible dejarlas madurar en un lugar seco y con poca luz durante 1 o 2 años más para poder extraer aromas y sabores más intensos

Cata:

Nombre: Coopers Best Extra Stout

Graduación: 6,3º
Tipo de vaso recomendado: Vaso de pinta, en forma de tulipa recta.
Temperatura de servicio: Entorno a los 6 ºC.

Aspecto: De color marrón muy oscuro, cercano al negro, similar al de la coca-cola o el café. De apariencia no demasiado espesa y con algún resto de levadura visible. Forma una capa de espuma muy esponjosa y sedosa de color crema, pero que no tarda en desaparecer, aunque queda una fina capa que no desaparece del todo y que va dejando aros muy finos de espuma adheridos a la copa.
Aroma: Predominio de la malta tostada y notas de chocolate negro por encima de otros aromas detectados como granos de café, un toque de alcohol y un ligero matiz de lúpulo.
Sabor y textura: De cuerpo medio a alto, sin ser tan densa como una imperial stout y de textura bastante sedosa. Comienza con un toque semidulce a chocolate, vainilla y frutos secos como avellanas y nueces, para dar paso a un amargor cada vez más intenso, tornándose hacia el chocolate amargo con más presencia de cacao y los granos de café. Finaliza con un amargor considerable, con un sabor intenso a café, algo de ardor por el alcohol y un regusto marcadamente seco.
Maridaje: Podría acompañar bien a una tarta de cerezas, para rematar una buena comida.

Nota: 8,25/10

martes, 11 de octubre de 2011

Un sábado en el epicentro cervecero de Madrid



Como buen cervecero, y amante del mundo de la cerveza, un servidor aporta siempre que puede, su granito de arena particular a difundir la cultura cervecera siempre que tiene oportunidad, especialmente entre su círculo más próximo de familia y amistades. El pasado sábado se presentó una ocasión ideal para ello. Habíamos quedado un buen número de amigos con sus parejas, dispuestos a disfrutar de una agradable velada, disfrutando de buenas cervezas, aconsenjándoles que podían probar en función de sus gustos. Como maestro de ceremonias, elegí un par de locales en la que actualmente podríamos considerar como el área cervecera por excelencia del centro de Madrid: la glorieta de Bilbao y alrededores. Las cervecerías que elegí fueron la Nueva Oldenburg, y L'Europe o Cervecería Europa situadas casi una frente a otra en la calle Cardenal Cisneros. En los alrededores también es posible encontrar el Oldenburg, el Kloster, o La Casa de la Cerveza. Algo más lejos podemos encontrar algunos otros sitios como El Duende de la Cerveza, el célebre pub Irlandés Molly Malone, y la tienda Cervezorama, por lo que es una zona para repetir en diferentes fines de semana, y poder ir distintos sitios.
El primer lugar donde estuvimos fue en el Nuevo Oldenburg, para ir abriendo boca. Del "viejo" Oldenburg, ya hablé en el blog. Toda una institución cervecera en Madrid, por ser de las primeras cervecerías de importación que apostaron por traer cervezas de diferentes estilos y procedencias cuando prácticamente nadie apostaba por ello, y por ostentar el record Guinness de ser la cervecería con mayor número de variedades de cervezas por metro cuadrado, siendo considerado como el "Delirium" madrileño, haciendo referencia al célebre café Delirium de Bruselas, que ostenta el record Guinness de mayor número de referencias diferentes de cerveza. Pues bien, hace no demasiado tiempo, se abrió en la misma calle un local algo más grande, con el mismo concepto y nombre, simplemente distinguiéndolo del anterior por el calificativo de nuevo adherido a tan legendario nombre. Nada más entrar ya nos damos cuenta de que el local es más espacioso que el antiguo, lo cual se agradece, ya que hay varias mesitas en las que poder sentarse tranquilamente para tomar nuestra cerveza cómodamente. 

La decoración es la típica que podemos encontrarnos en una cervecería de estas características: carteles antiguos de cervezas, grandes botellones, algunas vidrieras en los cristales que dan a la calle, etc. A pesar de ello, el local no logra mantener el mismo encanto que el anterior, resultando algo más frío, pero era algo de esperar. El ambiente del Oldenburg "viejo", era muy difícil de superar. Quizás también porque entramos a primera hora, nada más abrir, por lo que no había demasiado público, y aún no se había creado ambiente.

 
Una vez acomodados nos dispusimos a pedir nuestras cervezas. La carta era bastante amplia, aunque sin grandes sorpresas: En botella, encontramos muchas referencias belgas, bastantes alemanas, y algunas inglesas, complementadas con alguna cerveza de otros países del resto del mundo, de donde destaco la maravillosa ahumada Schlenkerla, que no resulta fácil de encontrar en ninguna otra cervecería de Madrid.
En grifo también tenían una buena variedad, llamándome la atención la Blanche de Namur, como cerveza blanca de trigo de barril, ya que no suele ser habitual encontrarla entre los grifos de las cervecerías de importación madrileñas. 


Tomamos entre todos un par de Tripel Karmeliet, una Corsendonk Agnus, una Maredsous 8, también se pidieron un par de Charles V blond, y una Schnneider Aventinus. Las féminas se inclinaron más por cervezas suaves o light, como la Blanche de Namur o una Bavaria de trigo sin alcohol. Aunque en la cervecería es posible pedir algo de comer, quise enseñar al grupo algún local más, por lo que elegimos la Cervecería Europa para continuar y cenar algo.
Para terminar, señalar un maravilloso detalle que cada vez viene siendo más habitual en las cervecerías españolas, y es servir cada cerveza en su vaso específico. Esto es algo muy corriente en países como Bélgica o Alemania, pero en España, no tanto. Afortunadamente es algo que vienen respetando las cervecerías especializadas y que es de agradecer, pero entiendo que puede resultar complicado tener copas suficientes de cada cervecera disponible en el local.

La Cervecería Europa, ya la había mencionado en el blog en alguna ocasión, pero sin embargo, aún no la había dedicado una entrada. Hoy por hoy, es uno de las mejores cervecerías de Madrid, a la que además le debemos agradecimiento por el impulso que le está dando a la cultura cervecera, siendo por ejemplo, la promotora de la primera feria de la cerveza artesana celebrada en Madrid el pasado mes de Julio. Por lo que por este local siento un cariño especial. Además desde la primera vez que entré me encantó por su decoración, ambiente y variedad. Se trata de un local alargado con una gran barra a la izquierda, ambientado como si fuera un pueblecito alsaciano, con sus casitas de maderas entramadas. 


Las paredes son de ladrillo rojo, con un montón de objetos de coleccionismo cervecero como carteles y anuncios antiguos de cerveza, diseminados por las paredes del local, y hay un buen número de mesas y bancos de madera para tomar una cerveza y poder picar algo o cenar si hacemos hambre, para acompañar a la birra, ya que por el alto contenido alcohólico que presenta la mayoría, es siempre recomendable incluir algo sólido que llevarse al estómago. La iluminación es la adecuada para este tipo de locales, siendo proporcionada por unos farolillos, que crean un ambiente acogedor.
El local estaba totalmente abarrotado, como suele ser habitual en los fines de semana, en especial para las cenas de viernes y sábados, por lo que es casi imprescindible reservar con antelación. Es posible acudir sin reserva, porque las mesas son atendidas rápidamente y hay mucho movimiento, pero eso sí, nos tocará esperar a lo mejor 30 o 45 minutos fácilmente. En nuestro caso contábamos con una mesa reservada, y una vez colocados, tomamos las cartas dispuestos a elegir las viandas y las cervezas.


La carta es bastante extensa con un buen número de referencias en botellas de diferentes países, donde de nuevo destacan las belgas por encima de las inglesas, curiosamente segundo grupo de cervezas en número, destacando sobre todo gran parte de la variedad de la fabulosa cervecera británica Samuel Smith, incluyendo su Yorkshire Stingo, aunque a 10 euros la botella, eso sí. 

También cuentan con 6 variedades en barril.
1 lager típica como es la Stella Artois, 3 de Leffe (rubia, tostada y negra), la inglesa y tostada Bass, y de trigo, dos representantes bien conocidas: la popular Franziskaner bávara, y dentro de las cervezas blancas belgas, la también afamada Hoegaarden.
Allí junto con los cestos de aros y patatas, la bandeja de bocaditos bávaros (muy ricos) y la tabla de salchichas y ensaladas alemanas (espectacular), continuamos pidiendo cervezas, y la variedad fue grande: desde una Barbar con miel, o una Konig Ludwig de trigo (siendo de nuevo las preferidas entre las chicas), a una Bass, una Westmalle Tripel o una St. Bernardus Prior entre otras para los hombres. Al igual que en el Nuevo Oldenburg, cada cerveza venía servida en su propio vaso. No quería olvidar mencionar las salsas para acompañar la comida, entre las que destaco un par de mostazas bien ricas, de las que hay dos frascos en cada una de las mesas.
No optamos por coger el menú especial de la cervecería, y por el cual es bastante conocida en Madrid. El formato consiste en bandejas de comida que van sacando con salchichas, codillos, filetes, costillas con sus patatas, guarniciones y salsas correspondientes, y barra libre de cerveza. Un auténtico reto para los que tengan buen estómago y apetito, por supuesto.


Como detalle un poco decepcionante, he de decir, que han retirado gran parte del surtido de cervezas estadounidenses que tenían en botella. Las últimas veces que estuve tenían una buena variedad de Flying Dog (la Doggie Style, la Horn Dog, la Gonzo, la Road Dog...), Anchor  (la Liberty Ale, la Porter...) o Great Divide (la Titan, la Hercules...). De hecho en la carta que se puede consultar desde internet aparece un buen surtido. Y uno, iba ya con unas expectativas, dispuesto a tomarse una magnífica y portentosa Hércules de Great Divide, y resultó finalmente que no la tenían disponible, quedando sólo un par de Anchor, la Samuel Adams, y alguna Flying Dog aislada, por lo que opté por otras alternativas, de donde por cierto, destaco la St. Bernardus Pater, que resultó el remate perfecto para la cena, acompañando a los postres, donde elegimos por unanimidad el strudel de manzana, verdaderamente excelente.

Y de esta forma tan dulce concluyó nuestra pequeña quedada cervecera, donde todos quedamos satisfechos y contentos, esperando con más ganas si cabe la próxima. Todo un éxito, y unos nuevos adeptos fieles a la causa.

Para aquellos que viajen a Madrid, y sean buenos aficionados a la cerveza, no deben perder la oportunidad de hacer alguna visita a ambos locales, en realidad a la zona en sí, el epicentro cervecero de la capital.

miércoles, 5 de octubre de 2011

St. Christoffel Robertus, una holandesa al más puro estilo bávaro


La cervecera Sint Christoffel es una de la más conocidas de los Países Bajos, y cuenta con un número de adeptos considerable. Actualmente es una de las empresas de mayor éxito entre las nuevas cerveceras holandesas, que se han ido creando desde comienzos de la década de los 80. Fundada en 1986, en la ciudad minera holandesa de Roermond por Leo Brand, miembro de una larga y afamada dinastía de cerveceros, la familia Brand. La decisión del nombre resultó bastante sencilla, ya que optó por hacer uso de una tradición bastante arraigada en España y en otros países, y que consiste en tirar de santoral, por lo que decidió darle el nombre del patrón de la ciudad.
Leo empezó trabajando a pequeña escala en el patio trasero de su propia casa, pero el negocio comenzó a tener éxito rápidamente, por lo que creció considerablemente y en 1995 optó por trasladar la producción a un edificio pensado para ello, de mayores dimensiones y con nuevas instalaciones para la elaboración, fermentación y maduración de la cerveza. En cuanto a la fabricación propiamente dicha, han adoptado los procedimientos tradicionales para poder elaborar una cerveza de calidad, como contrapunto a los métodos de producción en masa, utilizados por las grandes compañías cerveceras. Todas las cervezas de Sint Christoffel se elaboran según la Ley de Pureza Bávara de 1516, resultando llamativo que una cervecera holandesa se rija precisamente por esta ley de origen bávaro.
La primera cerveza elaborada por Sint Christoffel se llamó simplemente Christoffel Bier, pero al aparecer la cerveza que comentaré en la cata hoy, la Christoffel Robertus, la cambiaron el nombre por Christoffel Blond. Aparte de la Blond y de la Robertus, que son las más conocidas, la Sint Christoffel elabora una gama más amplia que incluye además una bock, y una cerveza de invierno, entre otras.
Todas estas cervezas son elaboradas en la misma planta de la ciudad original, Roermond, pero dado que el éxito de la cervecera ha crecido considerablemente, la distribución y venta de sus cervezas no se quedan sólo en Holanda, y actualmente llega a cruzar las fronteras, exportándose a varios países de Europa y a los Estados Unidos.
La Christoffel Robertus es una cerveza compleja, elaborada al estilo tradicional de las dunkel bávaras de Munich.Como detalle llamativo decir que las cervezas de Sint Christoffel se embotellan en las llamativas botellas de tapón con cierre mecánico, pero existen también otros formatos de hasta 2 litros, en llamativos botellones con asas, verdaderamente preciosos. En El Cervecero de Las Rozas, he visto alguno de estas enormes y bonitas botellas, que parecen más bien un jarrón, o un recipiente de una antigua botica, y dan ganas de llevarse alguna, la verdad.


Cata:
Graduación: 6º
Aspecto: Entre el anaranjado y el rojo rubí oscuro, de aspecto compacto, genera una capa de espuma de color beige de amplitud media y bastante duración, que deja rastros visibles y permanente de espumosa puntilla pegada al cristal.
Aroma: Aroma dulce a malta y afrutado con un toque de manzana, toffee y con algún matiz especiado. Bastante elegante en conjunto.
Sabor y textura: De gusto agradable algo dulce y bastante fácil de beber tiene un nivel de carbónico medio bien ajustado. De cuerpo medio es una cerveza de con un marcado sabor malteado, con matices de caramelo, toques de frutos secos, algo de azúcar y poca presencia de lúpulo, con un matiz cítrico, lo que proporciona un leve amargor de fondo. Finaliza con una sensación de astringencia y agridulce en el regusto.

Nota: 7,25/10

sábado, 1 de octubre de 2011

Cervezas venidas del frío (ii): Mikkeller, la cerveza de vanguardia


Parece que fue ayer cuando comencé con el blog, y ya ha pasado algo más de un año y la de hoy es la entrada número 100 publicada. En una ocasión así, y continuando con la serie iniciada con las cervezas provenientes de países de latitudes frías, he elegido para el post número 100, a una de las cerveceras más vanguardistas y de calidad en el panorma actual: la danesa Mikkeller que muchos ya conoceréis por sus creaciones innovadoras y arriesgadas, como incluso se puede llegar a intuir por el diseño de sus etiquetas, y de la que deseaba hablar hace ya bastante tiempo.
La cervecera Mikkeller debe su existencia al carácter emprendedor e innovador de su maestro cervecero Mikkel Borg Bjergso, de ahí el nombre de la compañía. Una de las primeras cosas que llama poderosamente la atención cuando empiezas a indagar sobre esta compañía es que carece de instalaciones propias para la fabricación de la cerveza, aunque tiene abierto un bar en el centro de Copenhague, en el que podemos encontrar hasta 20 variedades de grifo diferentes no sólo de Mikkeller, y muchísimas más referencias en botella.
Mikkel prefirió elegir un camino sin ataduras, y se dedicó a recorrer el mundo cervecero colaborando con la élite de la elaboración artesanal, tomando prestados (realmente alquilados) sus equipos de producción, cogiendo ideas de un sitio y otro, y aplicando sus propias recetas, para poder confeccionar unas cervezas sumamente particulares, como su célebre Beer Geek Breakfast, para la que llega a utilizar 7 kilos de café Kopi Luwak (el café más caro del mundo, llegando a los 900 euros el kilo) por cada 40 hectólitros de cerveza. El café Kopi Luwak es el célebre café indonesio, cuya peculiaridad reside en que los granos de café son ingeridos por la civeta palmera de Java. Aunque la parte exterior de las bayas es digerida, el grano en sí pasa intacto a través del tramo digestivo del animal, siendo excretado al exterior y posteriormente recogido para la elaboración de tan sigular café, aportando un amargor único.
Elaborando las cervezas de esta manera Mikkel, al ser menor el riesgo de la inversión, se siente mucho más libre dedicándose a elaborar las cervezas que le gustaría hacer, y no necesariamente aquellas que se vendan bien, siendo presionado por las cifras de ventas.
Mikkel comenzó a elaborar cerveza en 2003, pero aún sigue manteniendo su empleo de profesor de química a tiempo parcial. Actualmente goza del beneplácito de la comunidad cervecera, por su experimentación sin límites, y sus métodos prácticos y audaces. La inspiración le llegó desde los Estados Unidos, gracias a los innovadores procedimientos usados para la fabricación de cerveza que estaban rompiendo moldes, lo que le hizo pensar que podría utilizarlos para cambiar el panorama de lo que se llevaba realizando en Dinamarca durante años.
A pesar de que la producción de Mikkeller es pequeña respecto al volúmen, es por contra muy prolífica y variada, lanzando cada año una veintena de cervezas nuevas, algunas de ellas elaboradas en colaboración con algunas de las más prestigiosas cerveceras artesanales del mundo como pueden ser la escocesa Brewdog, la estadounidense Stone o la vecina noruega Nøgne ø.
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Mikkeler elabora en la actualidad un sinfín de diferentes cervezas en su gama abarcando prácticamente todos los estilos. Entre las más afamadas se encuentran:

- La mencionada Beer Geek Breakfast.
- La Jackie Brown.
- La Stateside IPA
- La Monk's Elixir.
- La Simcoe Single Hop IPA.
entre otras. De todas las que he probado me he decidido comentar 3: 
- La LA Lager, una lager sorprendente.
- La Monks Elixir, una cuádruple de abadía al estilo belga.
- Y la Kiin Kiin elaborada con lima, con dispar opinión sobre ellas.


Mikkeller LA Lager
Aspecto: De color dorado intenso, se muestra vivaz, con bastante burbuja, y formando una muy atractiva y amplia capa de espuma blanca, consistente y de larga duración, dejando tras de sí, finos rastros en forma de aros pegados al vidrio.
Aroma: Sorprendente para una lager rubia, o lo que yo esperaba de ella. Asombrosamente compleja y afrutada. Destacan aromas a cítricos como pomelo, lima y limón, junto con frutas tropicales, y algún matiz a bosque, o plantas silvestres. Recuerda mucho a una IPA. También se detectan matices dulces y maltosos, como a miel o caramelo.
Sabor y textura: De cuerpo medio y nivel de carbónico perfecto, tiene un gusto intenso pero muy bien balanceado comenzando con un punto dulzón y a caramelo acompañando al carácter afrutado y cítrico de la cerveza, para finalizar con un regusto amargo, lupulado de intensidad justa.  

Nota: 8,75/10
Mikkeller Monk's Elixir
Aspecto: De tono marrón oscuro, similar al de un café cortado y de aspecto denso y compacto, genera bastante espuma de color blanco, creando una capa de grosor medio y aspecto esponjoso, que consigue dejar anillos adheridos al cristal.
Aroma: Destaca claramente por encima del resto de aromas la levadura, tan presente en este estilo de cervezas, pero en este caso aflora con claridad. Acompañando aparecen la malta, un matiz afrutado, en especial a uva, un toque de azúcar y algún matiz floral de lúpulo, consiguiendo en conjunto una cerveza bastante compleja.
Sabor y textura: Con bastante cuerpo, textura densa y un carbónico de grado medio, es una cerveza de gusto bastante contundente, donde destaca la levadura, la malta con fondo tostado, el binomio azúcar-alcohol y un sutil toque de lúpulo, finalizando con un regusto predominantemente seco. Algo pasada en el alcohol que asoma ligeramente en exceso.Aún así es de sabor reconfortante y una cerveza adecuada para tomar de forma pausada, como suele suceder con las cuádruples de abadía.
Nota: 8,25/10


Mikkeller Kiin Kiin
Aspecto: De color amarillo dorado con tono pálido. Con carbonatación visible, no genera demasiada espuma, creando una capa no muy amplia y muy porosa, disipándose antes de apurar la copa. Rastros débiles adheridos al cristal.
Aroma: De aroma sutilmente cítrico con toques de lima y limón. Más sutil y suavizado de lo esperado. Ligeros toques de malta y no demasiado lupulada.
Sabor y textura: De cuerpo ligero, y fácil trago, con un nivel de carbonatación medio, presenta un gusto suave con un comienzo dulce con un toque ácido a limón, para finalizar con un regusto ligeramente seco. Algo insípida y decepcionante proviniendo de Mikkeller.

Nota: 5,75/10