jueves, 26 de abril de 2012

Cervezorama, un año de cerveza


Muchas veces he hablado de esta tienda en el blog, y sin embargo tras haber pasado un año aún no le había dedicado una entrada como merece. Y ahora es quizá el momento más apropiado para hacerlo puesto que  justo este mes de abril se cumple el primer aniversario de la apertura de este pequeño rincón especial para los cerveceros madrileños.
Era mayo de 2011 cuando recibí un correo de Javier, uno de los dos artífices de este proyecto, invitándome a conocer su tienda de cervezas, llamada Cervezorama, y que apenas llevaba un par de semanas abierta. La verdad, es que despertó mi curiosidad de inmediato y fui sin pensármelo dos veces hasta la calle San Andrés en el madrileño barrio de Malasaña, para comrpobar in situ, qué me iba a poder encontrar en aquel local de tan sugerente nombre. Nada más entrar la impresión fue muy buena, puesto que pude comprobar que todas las paredes del local estaban "forradas" por estanterías repletas de cervezas de diferentes procedencias, llamándome la atención especialmente las norteamericanas, que era por aquel entonces las que me más me fascinaban, y por la que me sentía más atraído. Allí estaba Javier, junto al mostrador, y no tardamos ni un minuto en comenzar a entablar una animada conversación sobre cerveza durante más de una hora, siendo el comienzo de una relación de amistad hasta el día de hoy. Fue entonces cuando descubrí que la tienda no era producto de una única persona, si no de dos. La "otra parte contratante" es David, un homebrewer y gran aficionado, que junto con Javier siempre está disponible a ofrecer su conocimiento sobre la materia para asesorar a los clientes que van llegando a la tienda, en busca de una cerveza que se adapte a sus gustos, y que quizás también, por qué no, les pueda sorprender.

En la tienda podemos encontrar una gran variedad de referencias de cervezas de diferentes nacionalidades, destacando como he comentado anteriorrmente, las procedentes de "micros" estadounidenses como Cigar City, Stillwater, Lost Abbey, Sierra Nevada, Short's Brew, Hoppin'Frog, Southern Tier,etc. y las nórdicas como Evil Twin, Mikkeller, Dugges, Sigtuna, etc. siendo el único local de la capital donde se pueden comprar este tipo de cervezas. Siempre es posible encontrar alguna "rareza" yankee entre sus estanterías. Últimamente las más frecuentes eran las Stillwater y las Port Brewing. Gracias a ellos he podido probar algunas maravillas como la Founder's Breakfast Stout, o la Jai Alai IPA.  Las cervezas artesanas españolas también tienen reservado su espacio entre la enorme variedad disponible. Así han desfilado por sus estantes micros, como Casasola, Sagra, Domus, Yria, Dougall's, Cibeles... e incluso las menos prodigadas por Madrid, como Naparbier o Guineu. Las alemanas y belgas, tienen su sección fija, siendo el objetivo claro de los cerveceros más tradicionales y clásicos. Entre algunas de las maravillas de estos países que han estado a la venta tenemos las Ayinger, Schlenkerla, Weihenstephan, Schneider, Kulmbacher o Aktien, en el caso de Alemania, y De Dolle, De Struise, St. Bernardus, Fantome, Cantillon, y todas las trapenses, incluso la Westvleteren, actualmente a la venta.

Como podéis imaginar, si aún no la conocéis ni habéis visitado su página web y blog, la rotación de referencias es muy destacable, puesto que siempre hay novedades disponibles, de las que suelen informar a sus clientes en el blog y la página de facebook. Por ejemplo en la campaña de Navidad, fue reseñable su partida de cervezas navideñas especialmente conseguidas, para satisfacer las ganas de beber este tipo de cervezas que se suelen despertar entre los cerveceros una vez que se va acercando el mes de Diciembre.
Aparte de las cervezas, también ofrecen a la venta otro tipo de artículos como libros y material para elaborar tu propia cerveza en casa. Y también hay un detalle curioso digno de tener en cuenta, y es que disponen justo junto a la puerta, de un armario-vitrina refrigerado donde podemos encontrar una selección de las cervezas que hay en la venta en la tienda, por si queremos consumir la cerveza rápidamente sin necesidad de tener que esperar a enfriarla cuando lleguemos a casa.
Pero no todo lo bueno que ofrece Cervezorama está a la vista directamente. Al fondo de la tienda, hay una puerta que comunica con otra sala, que funciona a modo de almacén, y donde, lo más importante, tienen lugar las actividades que organizan paralelamente David y Javier, destacando las catas y los talleres de homebrewing habituales de miércoles y sábados respectivamente. 

Y también hay reservada alguna sorpresa al final cuando vayamos a pagar, puesto que tienen tarjetas de fidelización para los clientes habituales que hagan más de una compra en la tienda, siendo sellada cada vez que realicen una compra. Una vez completada la tarjeta, puedes elegir una cerveza de regalo. Esto es único para los que visiten físicamente la tienda. Como es habitual hoy en día, también tienen su tienda virtual disponible en la siguiente dirección web: http://www.cervezorama.es/magento/index.php/
Y para los que frecuentan las redes sociales además existe un descuento adicional cada martes de un 10% siempre que seas seguidor de la tienda en la página de facebook.
Desde que abrieron, han sido muchas mis visitas ya, y he de confesar que soy un devoto cliente de esta tienda, acudiendo periódicamente para comprobar qué cervezas están esperando para proporcionarme ese enorme placer que es sentirlas plenamente en el paladar y resbalar por la garganta. Espero que el año que viene por estas fechas podáis leer una nota sobre el segundo aniversario, y que haya mucha y buena cerveza para todos. Salud!

domingo, 22 de abril de 2012

Experiencias cerveceras en la capital de Holanda



En la última entrada que publiqué hace unos días ya comencé a hablar de mi reciente viaje a Amsterdam, y lo que dio de si la travesía en cuanto a cervezas se refiere. Comencé hablando de Bierkoning, la fantástica tienda especializada situada junto a la plaza Dam, lo que viene a ser la particular Puerta del Sol de los holandeses, y hoy pasaré a centrarme en los hábitos de consumo de los holandeses, y las cervezas que pude probar durante mi estancia en mi periplo por diferentes restaurantes y cervecerías.
Lo primero que advertí es que la cerveza más consumida con diferencia, y esto era algo totalmente lógico de imaginar, es la Heineken, que junto con la Amstel dominan el panorama hostelero de la ciudad. El paisaje urbano de la capital holandesa está salpicado de multitud de carteles con el nombre, y la célebre estrella roja del logo de la archiconocida macro internacional. Sin ninguna duda, son las cervezas más consumidas con diferencia por encima de incluso las de otras macros como Bavaria, y Grolsch. Mi idea original del viaje, en lo que a cervezas se refiere era centrarse especialmente en cervezas holandesas (al margen de las macros), que no son las más frecuentes entre las que podemos encontrar en tiendas y cervecerías españolas, aunque algunas ya se han hecho hueco con una buena reputación entre los aficionados como De Molen, Emelisse, 't IJ, De Prael... y efectivamente estas son algunas de las micros que más asiduamente se dejan ver en las cervecerías de la ciudad de los canales. Especialmente la ´t Ij con su carismático avestruz, y la De Prael por ser propias de la ciudad. La De Molen al igual que aquí, también gozan de una fama y reputación excelente, y la variedad disponible es verdaderamente sorprendente. Al margen de estas hay otras marcas muy consumidas como Texels, Maximus, Budels, Gulpener, Hertog Jan, Budels y sobre todo Jopen. Aparte de todas las mencionadas es digno de mención el éxito que tienen a modo de aperitivo, sobre todo entre el público femenino, la Wieckse wit, una cerveza blanca de trigo, y la Wickse Rosse, que es una versión de la primera con algo de sirope o mezcla azucarada, que le da un toque de color, pero bastante artificial en el sabor. No me entusiasmaron especialmente ninguna de las dos, sobre todo la segunda, cuando las probé en una escapada que hicimos a Haarlem y Alkmar. Sin embargo mi mujer se inclinaba claramente hacia este estilo, ya que no es muy cervecera.
La ciudad de Amsterdam es muy conocida por su animada y singular vida nocturna, de la que ya habréis oído hablar sobradamente. Para no perderme, y deambular sin rumbo entre los canales buscando los mejores locales para tomar una cerveza, usé la información que había dado nuestro amigo Joan, del blog Birraire, tras su experiencia en Amsterdam meses atrás. 
He de adelantar que resultó de lo más útil, y desde estas líneas le doy las gracias. El primer local que visité fue The Beer Temple, uno de los más recomendables dentro del panorama cervecero de Amsterdam en la actualidad, y eso que no es precisamente un local donde las cervezas holandesas ocupen el protagonismo en exclusiva, sino más bien compartido, con un sinfín de grandes cervezas de marcas conocidas por todos nosotros, provenientes de otros países, como Estados Unidos, Reino Unido o Dinamarca. Situado muy cerca de la tienda Bierkoning, donde podemos encontrar precisamente publicidad y tarjetas de la cervecería, a unos escasos 150 metros de la tienda se encuentra este local, Era el jueves por la tarde y el bar se encontraba a medio gas. 

Con una luz tenue, y buena música de fondo, lo primero que llamaba la atención nada más entrar era una enorme pizarra donde era posible leer las diferentes referencias en botella que podíamos encontrar disponibles, donde destacaban especialmente las norteamericanas, como Flying Dog, Three Floyds, o Great Divide. También había diferentes variedades de la escocesa Brewdog, la danesa Mikkeller, o también algunas autóctonas como las De Molen. Lo siguiente que llamaba la atención era encontrar tras la barra nada menos que 30 grifos con referencias de diferentes firmas. En otra pizarra colocada en la pared opuesta se podían leer las cervezas disponibles que iban a poder salir de los grifos. Según iba leyendo de la lista, me encontraba con una cerveza más apetecible que la anterior, con lo que la elección era realmente difícil. Además los barriles sufrían una continua rotación, con lo que incrementaba la expectación por comprobar cuál sería el nuevo nombre incorporado a la lista. Sin duda un bar que de existir en Madrid, sería el candidato número uno para encabezar mi lista de preferidos.


Fue en este momento cuando me desvié de mi objetivo original, que eran las cervezas holandesas y me decidí por probar dos variedades que aún no había podido catar la Galaxy de Brewdog, una IPA con algo de caramelo y mucho fruto tropical y albaricoque en un conjunto de aromas profundamente atrayente, pero por contra con un grado de amargor elevado, especialmente en regusto, resultando a la par bastante astringente. Rica, aunque un poco pasada de vueltas. Y también probé la célebre 1000 IBU de Mikkeller, arriesgándome a que el amargor me lijara la garganta, pero no. 
Resultó ser una muy buena cerveza, de color ámbar muy oscuro, con un aroma suave a malta caramelo, combinado con un extraño toque afrutado al margen de los cítricos habituales en este tipo de cervezas, pero que a la par resultaba muy atractivo. Hasta bien avanzado el trago no aparecieron los lúpulos con contundencia, inundando la boca con sabores a pino, resina, tierra húmeda, pomelo, cáscara de naranja, lichis, y plantas silvestres. Se nota la carga de malta necesaria para balancear semejante contenido de lúpulo, por lo que el caramelo tiene su peso, dándole un extraño toque dulzón, sobre todo al comienzo del trago. Sorprendente a la par que placentera. Mientras mi mujer optó por una pilsner de la holandesa Hertog Jan de barril, bastante correcta.
El segundo día el recorrido cervecero comenzó con una primera toma de contacto a la hora de la comida. Mi mujer y yo estuvimos de acuerdo en decantarnos por un restaurante conocido por sus especialidades de la cocina holandesa, y que figura como recomendado en todas las guías que consultamos. Su nombre, Haesje Claes. Se encuentra situado muy céntricamente a escasos metros de uno de los rincones más bellos y tranquilos de la ciudad, donde parece haber sido congelado el tiempo: el Beginhof. Se trata de un local muy pintoresco y tradicional, por lo que podéis imaginar, que apareciendo además en las guías turísticas, estaría repleto de multitud de turistas que visitan la capital holandesa. Afortunadamente y a pesar de estar casi completo, quedaba alguna mesa para dos, por lo que pudimos sentarnos sin necesidad de una larga espera previa. Una vez acomodados, pude observar con satisfacción que en la carta había alguna que otra cerveza interesante como alguna ´t Ij, o De Prael, incluso alguna De Molen. Para comer elegimos cada uno el plato típico de la casa el Stamppot holandés, que consiste en un plato de considerables dimensiones compuesto por una enorme salchicha partida en dos, una albóndiga gigante de carne en salsa, junto con una guarnición de puré de patata mezclada con una verdura a elegir entre varias. Opté por la mezcla con chucrut. Además de bacon crujiente y pepinillos en vinagre. Realmente contundente y delicioso, que me recordaba mucho a los sabores típicos de la gastronomía alemana. 

Para acompañar la comida, primero opté por la ´t Ij Natte, una cerveza que sin llega a ser la mejor de la casa, mantiene el tipo. De color tostado y bastante turbia, lo mejor de ella llega a la nariz, con un perfil aromático intenso, y variado con notas a malta, grano, azúcar, y especialmente fruta donde destaca el plátano y un poco de levadura, aunque algo oculta. En boca, pierde algo de fuelle, aunque resulta cremosa y de fácil paso, con algo de ardor por el alcohol en el regusto. Una cerveza notable. 

Y a continuación seguí con la De Molen Op and Top, que me gustó bastante ciertamente. De color dorado intenso, y con un aroma intenso a modo de perfume donde se distinguían especialmente notas lupuladas, a cítricos y resinas con un toque floral, y algunos matices afrutados. En boca, mantuvo las expectativas, y resultó una cerveza muy rica, con un cuerpo bien estructurado, con intensidad en el sabor, apareciendo tanto la fruta como el lúpulo, y finalizando con un regusto amargo muy ajustado en su correcta medida. Una gran cerveza.

El mismo día por la noche tuvo lugar la segunda parte de estuvimos en una cervecería especializada en cervezas de Bélgica, situada en las inmediaciones de la zona de Leidse Plein, y de nombre De Zotte. Las cervezas del país vecino son tenidas en alta estima en general por los holandeses, en especial las trapenses, que son las más habituales en las cervecerías que incluyen en sus cartas cervezas belgas. Esta cervecería es un local pequeñito con la entrada un tanto estrecha, pero bastante acogedor, con música de los noventa de fondo, en especial tecno-pop.. Aunque se encontraba abarrotado realmente abarrotado, con un poco de paciencia conseguimos hacernos un hueco en la barra, y una vez acomodados, lo cierto es que se estaba bastante agusto ya que había muy buen ambiente, aunque para las camareras resultaba bastante estresante con tanta afluencia de público. La carta de cervezas es muy extensa, con un buen número de referencias disponibles, siendo bastante conocidas la mayorías de ellas. 

Opté por una Floreffe Tripel, un valor seguro. Una triple compleja, rica y sabrosa, con un intenso aroma afrutado con manzanas, plátano y con toques de levadura, y un sabor dulce y compensado, al estilo de las mejores triples, casi al nivel de la Tripel Karmeliet a la que me recuerda, aunque un peldaño por debajo. 
Y a continuación pedí una La Corne, un poco influido por el curioso vaso empleado para consumirla que tenían en el local, y que consistía en un cuerno de vidrio, similar al que hemos visto tantas veces representado en comics y películas, propio de historias milenarias protagonizadas por feroces guerreros vikingos. 

En realidad era una triple potente con nada menos que 10º de alcohol, lo que se notaba con un exceso de ardor en el regusto. Afrutada y con carácter dulce y a levadura, es una buena triple pero alejada de las mejores de este estilo tan trabajado en Bélgica. Mientras que mi mujer optó por una witbier, una Blanche de Bruxelles.
Las cervezas las acompañamos con un cuenco de patatas con salsa, tan típico en Bélgica, pero en la carta había varios platos para poder hacer de colchón para las cervezas, como unas croquetas que pedía casi todo el mundo, por lo que supusimos que debían ser la especialidad del local, pero que preferimos no tomar puesto que íbamos a cenar más tarde y no queríamos cargar demasiado el estómago.

El tercer día visitamos por la tarde otro de los locales recomendados por Birraire y que tenía aún como pendiente en la lista de citas cerveceras del viaje. Se trata del Arendsnet, donde las cervezas del país son las más solicitadas. El bar se encuentra situado en una de las casas típicas holandesas de uno de los canales que forma parte de los anillos circundantes de esas románticas avenidas de agua, que llenan el paisaje urbano de Asmterdam. Tras subir unas pequeñas escaleras se entra en el local. Se trata de un bar alargado, y cómo no lleno de gente. La barra a la izquierda sin apenas un hueco en el que sentarse, y algunas pocas mesas tanto a la entrada como al fondo del pub. Las variedades también estaban dispuestas en una serie de pizarras.  Tuvimos un golpe de fortuna, ya que justo quedó libre una pequeña mesa de dos. Junto a la mesa, en la pared, en un curioso soporte había una carta, donde tras abrirla pude comprobar todas las cervezas entre las que podía elegir, aparte de otras bebidas y otros complementos a modo de aperitivo.
Aquí podíamos elegir entre varias de las cervezas de algunas de las micros de origen neerlandés más conocidas del circuito como Emelisse, Maallust, Texels, o De Prael.
Finalmente me decidí en un comienzo por la Maximus Brutus, una cerveza a medio camino entre el bronce y el ámbar con reflejos rojizos. De carácter especiado y con aromas a levadura y matices florales y cítricos, no me disgustó en absoluto, a pesar de que el alcohol era patente. En boca con una textura suave, presentaba sabores que recordaban a los de una IPA, donde predominaban resinas y cítricos, como la naranja mezclados con una buena dosis de caramelo y toffee. Una cerveza curiosa e interesante.

Y a continuación opté por la Budels Kolos, una cerveza de un color similar al té, aunque algo más cercana al cobre que la anterior. Con abundante carbonatación y espuma, esta cerveza sin embargo no me convenció demasiado. Demasiado alcohólica a pesar de no tener una elevada graduación, no tenía bien compensada la acidez, y demasiado inclinada hacia la malta, unido a un matiz metálico que tampoco agradaba precisamente. A su favor, su aroma mezcla de fruta y caramelo con un punto especiado, que hacía presagiar una cerveza de mejor nivel. Sin duda Budels las tiene mejores.

Y el último día de nuestra estancia en Amsterdam, aprovechamos para acudir a la Heineken Experience. tras haber visitado en viajes anteriores las fábricas de Guinness y Carlsberg, la de Heineken era casi una cita obligada, pero este será el tema de mi próximo post dedicado a mi experiencia en tierras neerlandesas, adelantando de momento, que finalmente no regresé sin haberme tomado una Heineken, pudiendo constatar que no sabe igual que las que tantas veces consumí en la noche madrileña. En la próxima entrada sobre mi visita a Amsterdam más...

lunes, 16 de abril de 2012

Bierkoning, un festín de cerveza en el corazón de Amsterdam


Casi recién aterrizado proveniente de la capital holandesa, comienzo a escribir una serie de posts donde comentaré mis experiencias cerveceras en Amsterdam. Este, el primero de ellos, está dedicado a un verdadero templo de la cerveza, la Bierkoning, la que es sin duda la mejor tienda de cervezas en Holanda. Una visita obligada para todo buen amante de la cerveza. Precisamente hablando de templos, podríamos decir que Bierkoning es el equivalente holandés al famosísimo Biertempel de Bruselas.

Sobre la tienda...
La tienda cumplió su 25 aniversario en el verano de 2010, prácticamente a la par que la cervecera del avestruz de Amsterdam, la 't Ij. Abierta al público en agosto de 1985, de la mano de Jos van Niele, fue un proyecto que trató de cubrir una carencia en el circuito cervecero de la ciudad, ya que existía una gran necesidad de la apertura de una tienda de las características de Bierkoning, un soplo de aire fresco en el panorama, que permitía ampliar horizontes, ofreciendo algo más allá de lo habitual a todos los amantes de la cerveza holandeses, un tanto cansados de encontrar siempre las mismas cervezas en los típicos supermercados

De las 250 referencias que ofrecía la tienda en sus comienzos, se ha pasado a las cerca de 1200 que hay en la actualidad. Ahí es nada. No hace falta decir que en poco tiempo Bierkoning se convirtió en quien tirara del carro durante los años 80 liderando el renovado interés por la cerveza en Holanda.
Gracias a la amplia gama ofertada la tienda tiene fama internacional, y es conocida como una de las mecas de la cerveza para todos los aficionados. En un principio, se especializó en cervezas belgas, pero poco a poco se han ido incorporando botellas provenientes de los principales países productores del mundo como Inglaterra, Alemania, Estados Unidos, Italia, Dinamarca,...Con motivo del 25 aniversario de la tienda, las principales cerveceras holandesas como De Prael, Emelisse, 't Ij, Christoffel, De Molen,...  lanzaron una cerveza especial de temporada para la celebración de la efeméride.


Mi experiencia

La tienda se encuentra en pleno corazón de Amsterdam, junto al centro neurálgico de la ciudad que supone la plaza Dam con su imponente palacio real. Justo en la llamada calle del palacio (Paleisstraat 125), encontramos este rincón único. Desde el exterior la tienda es fácilmente reconocible no sólo por el rótulo con el nombre, sino también por las numerosas pilas de cajas vacías de cervezas que se encuentran colocadas a ambos lados del local. Nada más entrar en la tienda, me quedé impresionado por la cantidad de botellas que inundan el comercio por todas partes, siendo especialmente llamativas las estanterías que llegando hasta el techo cubren las paredes de las dos plantas que tiene la tienda. También había abundante material publiciatario, como carteles, placas, etc. con temática cervecera

A la izquierda nada más entrar, se encuentra el mostrador, alargado, de madera clara. Sobre él podemos ver numerosas publicaciones especializadas sobre el mundo de la cerveza, y en la parte de atrás una inmensa muestra de cristalería variada con diferentes tipos de vasos de infinidad de marcas. Delante del mostrador también había cajones con vasos de cristal a la venta y otros artículos relacionados con la cerveza. Después me encontré con un expositor de pie, en el que mostraban las botellas de las recomendaciones del personal de la tienda, de modo que cada empleado aconsejaba 3 o 4 cervezas. Muy a tener en cuenta. También había una especie de pequeña  cava donde podíamos encontrar cervezas lambic, oude bruin  y otras cervezas añejas, tras las escaleras que subían a la segunda planta, que realmente era como un entresuelo. La segunda planta era sencillamente espectacular. Botellas de todos los países productores desde el suelo hasta casi el techo, a destacar las secciones de inglesas, alemanas, norteamericanas, belgas y cómo no holandesas, sobre las que dediqué mi mayor atención. Ya que estaba en Holanda, lo apropiado era probar cervezas holandesas. Del mismo modo había cervezas de otros países como Italia, Estados Unidos, Dinamarca... y otros como Rusia, China o Nueva Zelanda. 


También había diseminados por diferentes lugares de la tienda, grandes botellones de ediciones especiales y packs con copa  de diferentes marcas, y hasta cajas de Westvleteren! tanto llenas con botellas a la venta, como vacías a modo de decoración. Lo cierto es que me quedé absorto sin saber muy bien hacia adonde mirar, aunque como comenté anteriormente me centré principalmente en la sección de cervezas holandesas. Aquí el surtido era increíble. De entre todas las que había logré reconocer rápidamente las De Molen, inconfundibles, de la que existía una amplia variedad en diferentes formatos de botella. También estaban las De Prael, ´t Ij (sueltas y en un pack muy recomendable, en el que vienen muy bien empaquetaditas para quienes no las conozcan), Maallust (igualmente por separado y en pack variado en formato similar a la ´t Ij), y Jopen principalmente, pero también era posible encontrar Hertog Jan, Budels, Gulpener y Christoffel, y algunas micros como De 7 Deugden, Ramses, Duit & Laugdet, etc. 


En cualquier caso me dejé guiar por algunas de las recomendaciones de la dependienta que en esos momentos atendía la tienda y me llevé mi pequeño botín, como se puede comprobar en la foto, compuesto por:
- Una Mommeriette Scheerse Tripel, de la que también  ya había oido hablar bien a Joan, del blog Birraire.
- Una Duits & Lauret Winter Stout.
- Una Rauch Weizen de la micro Klein Duimpje,en este caso por mi cuenta y riesgo, guiándome por las atractivas etiquetas de esta cervecera.
- Una Russian Imperial Stout de la misma cervecera.
- Finalmente una recomendación unánime de todo el staff de la tienda la Rooie Dop, que además estaba señalada como novedad.
Todas ellas inéditas para mi. Una vez hecha la selección las fui metiendo en un cesto de mimbre que amablemente te ofrecen, junto con un puñado de posavasos que están a disposición para los clientes de forma gratuita. El total de la cuenta ascendió a poco más de 12 euros, por lo que se puede comprobar que es una tienda muy asequible, apta para todos los bolsillos, dependiendo de las cervezas que nos llevemos claro está. La lástima es que no podía transportar más en mi maleta de modelo "ejecutivo", ya que la normativa europea de vuelo, como ya sabemos impide el transporte de líquidos (como botellas de vino, o cerveza) en el equipaje de mano, por lo que me tuve que conformar con traerme este quinteto. En cualquier caso satisfecho y deseando descorchar la primera de esta serie holandesa. Salud!

martes, 10 de abril de 2012

Liefmans Goudenband, elegancia flamenca


Hace ya tiempo la vi, elegante, oculta entre otras cervezas, sobre uno de los estantes de la sucursal de La Maison Belge de Madrid, tras haber pasado al menos 8 meses madurando en barrica. Vestida con un fino papel violáceo, cual tercipelo azul, con un aire sofisticado y en una botella que recordaba a la de un benjamín de cava, aparecía para mis ojos la Liefmans Goudenband, la cerveza estrella de la experimentada cervecera belga. Una de las mejores Oud Bruin que se fabrican en la actualidad. Me hice con una de ellas y la dejé algún tiempo madurando en mi particular bodega hasta que recientemente llegó el momento de descorcharla.
Las Oud Bruin o ales marrones flamencas, constituyen un estilo muy particular a medio camino entre las ales rojas flamencas, con las que les une un evidente grado de parentesco por muchas similitudes, y las lambic. Elaboradas principalmente en la ciudad de Oudenaarde y sus alrededores, son todo dulzor y amargor, suavidad y picor, todo al mismo tiempo y sobre todo muy refrescantes, con un final seco. Las características del agua local de Oudennarde, al ser baja en sodio y por contra rica en bicarbonato sódico le confieren a la cerveza una consistencia compleja. Es patente su carácter de caramelo, fruto de la elevada cantidad de malta utilizada y un largo período de cocción. Las levaduras empleadas en su elaboración (de fermentación alta y espontánea) al utilizar tanques abiertos, añaden un toque de ácido láctico. La complejidad adicional que suelen llevar estas cervezas procede de la maduración en barricas y de una habitual fermentación posterior en botella.

Sobre la cervecera... 

La Liefmans es una cervecera con muchos años de tradición y sabia experiencia en la elaboración de cervezas. Fue fundada hace nada menos que más de tres siglos, concretamente en 1679 por Jacobus Liefmans, de cuyo apellido es heredado el nombre de la cervecera. La historia comenzó con una cervecería ubicada en el centro de Oudenaarde, en la orilla oeste del río Scaldis (o también llamado Schelde). Hay que tener en cuenta, que en aquella época esta zona se encontraba bajo soberanía francesa y no se empleaba lúpulo. 

Las cervezas que elaboraban en un comienzo eran del tipo Oud Bruin, que es un estilo muy particular de cervezas añejas, caracterizadas por su color castaño, y por fermentar en cubas abiertas, y ser mezclada con otras cervezas provenientes de diferentes cubas, hasta lograr un resultado definitivo de sabor uniforme. Los descendientes de Jacobus, vendieron finalmente su cervecería a comienzos del siglo XX a Pierre Van Geluwe, pero cumpliendo con una condición, que consistía en mantener el nombre original de Liefmans para la cervecera, mientras que ésta prosiguiera con su producción de cervezas. En los años 20, con el objetivo de ampliar y mejoras las instalaciones, se produjo una mudanza hacia la otra orilla del río Scaldis, emplazamiento que sigue conservando en la actualidad. 

Tras fallecer el propietario en 1976, la secretaria de Pierre, Rosa Blancquaert se hizo cargo de la cervecera, asumiendo el cargo de directora, convirtiéndose en una persona crucial para la empresa incluso a través de los distintos cambios de propietario que experimentó la compañía. Sin duda alguna, esta mujer se convirtió en todo un referente en el mundo cervecero en Bélgica hasta que se retiró en la década de los 90, tras estar más de 15 años al frente de Lieffmans, cuidando incluso de la producción. 

La cervecera como comentaba, cambió varias veces de dueño entre los 80 y los 90, hasta que fue adquirida por el grupo Riva que terminó quebrando en 2007. Al año siguiente fue comprada por Duvel-Moortgat (de la que he hablado en el blog en más de una ocasión). La elaboración de las cervezas se realiza actualmente en Duvel, desde donde transportan el mosto hasta las instalaciones de Liefmans para que se lleve a cabo su fermentación en cubas abiertas, donde madura por un tiempo, y donde además se realizan las mezclas entre las diferentes añadas de cervezas más o menos añejas, como se vino haciendo tradicionalmente en Liefmans.Liefmans continúa estando especializada en la elaboración de cervezas de tipo Oud Bruin. En algunos casos madura con cerezas, creando la Liefmans Cuvée Brut. En otros casos vuelve a fermentar en botella, dando lugar a la Liefmans Goudenband. Y en otros se mezcla con diferentes frutas antes del embotellado, creando la Liefmans Fruitesse.



Cata:
Graduación:8º
Temperatura de servicio: Entre 8ºC y 12ºC
Tipo de vaso recomendado:Copa de vino achampanado de tallo largo, como la de la fotografía.
Aspecto: Se muestra como una cerveza de color pardo, con brillos rojizos y cobrizos. Traslúcida y con una capa de espuma más bien escasa, de apenas medio dedo de grosor, y de color crema, y escasa retención. Apenas deja algún lagrimeo espumoso en el vidrio.
Aroma: Compleja, de carácter avinado, en nariz enseguida asoma la presencia de notas ácidas y agrias que nos recuerdan a la sidra, con un punto intensamente afrutado donde podemos encontrar cerezas y manzanas principalmente. También aparecen notas que recuerdan al vinagre, junto con un punto de azúcar, caramelo y vainilla.  
Sabor y textura: Cerveza de cuerpo medio, presenta un nivel elevado de carbónico que la hace chispeante en boca, y nos hace recordar a un vino achampanado. Destacan los sabores agridulces, donde podemos detectar matices que nos recuerdan al vinagre y otros al caramelo, mezclados con otros matices afrutados donde nuevo aparecen las cerezas. El alcohol forma parte del conjunto de un modo, que casi pasa desapercibido, con un grado de acoplamiento total. El final del trago resulta igualmente agridulce, rematándolo con un regusto prolongado y muy seco. En conjunto es una cerveza elegante muy bien calculada, de carácter avinado, pero menos acética que una roja flamenca y muy refrescante.
Maridaje:Tostas de paté a la pimienta con confitura de frambuesa.
 

Nota:

lunes, 9 de abril de 2012

Zum Uerige, si vas a Düsseldorf pregunta por...


Hace algunas semanas ya del auténtico festín que me di junto con un grupo de amigos cerveceros en el laboratorio de Yria en Ocaña. Al final de aquel tour de force birrero, probamos dos auténticas maravillas pertenecientes al género de las Altbier, ambas de la misma cervecera, la Uerige. Una, la clásica alt, que ya había probado anteriormente, y la otra, la doppelsticke, simplemente sublime.

Sobre el estilo...
El término de Altbier es el utilizado por algunas cervezas alemanas para aludir esencialmente a un cierto tradicionalismo, queriendo expresar de que se trata de una serie de cervezas elaboradas a la antigua usanza, frente a las más modernas técnicas de fabricación de las cervezas lager que se extendieron hacia el Oeste desde centroeuropa. La antigua tradición de las cervezas de alta fermentacion se refugió en algunas ciudades cerveceras del norte y oeste de Alemania. En toda esta zona y más especialmente en Düsseldorf entre otras ciudades de la región, el término Alt o Altbier se utiliza para referirse a un estilo de cerveza de carácter local de alta fermentación. Más allá de este primer sentido, entre lo antiguo y lo novedoso en términos de elaboración de cerveza,  los buenos aficionados hablan de las altbier, cuando quieren hacer referencia a un estilo muy específico de cervezas, aunque existen comparaciones con otras ales, especialmente las británicas. Así hay algunos críticos que consideran a las alt como el contrapunto a las ales inglesas y belgas.
Se trata de cervezas de fermentación alta que se acondicionan a temperaturas muy bajas (entre 0 y 8 grados) y durante un tiempo que oscila entre las 3 y 8 semanas. Esta combinación entre las levaduras ale propias de las cervezas de alta fermentación y la maduración en frío propia de las cervezas lager o baja fermentación, es considerado por muchos críticos como un estilo híbrido, aunque por lo general suelen estar encuadradas dentro de las ales.
Si alguien tiene oportunidad de viajar hasta Düsseldorf, y pide una cerveza en un bar del Altstadt (casco viejo), es más que probable que le sirvan directamente una alt, porque esta cerveza oscura con algo menos de 5º de alcohol, es la que se consume de forma masiva a diario. Las Altbier forman parte de la vida cotidiana de esta ciudad, considerada por muchos como la "barra de bar más larga del mundo". Muchas de estas cervezas todavía son producidas en la ciudad vieja, en fábricas que se encuentran ubicadas en los mismos locales donde se encuentran las propias cervecerías (como una especie de brewpub), donde frecuentemente se sirve cerveza fresca de barril por gravedad, como por ejemplo Schumacher, Heinrich Heine, Zum Schlüssel  y la propia Zum Uerige. La alt es un tipo de cerveza que contiene muchos elementos como amargor, malta, fruta, pero sin que ninguno de ellos predomine claramente. Comparte algunas semejanzas con las pale ale y las bitter anglosajonas, pero su prolongado tiempo de acondicionamiento a tempraturas bajas, logran forjar un carácter más limpio e intenso. Resultan más amargas y lupuladas que la mayoría de las lager alemanas, y tienen un final seco que hacen de ella una cerveza que resulta fácil de beber.
Las Altbier no sólo son típicas de la ciudad de Düsseldorf, sino también de otras ciudades alemanas cercanas como Münster, y de otras situadas más al norte como Hannover, donde se elaboran diferentes interpretaciones del estilo. Si queréis saber más sobre este estilo tan genuinamente alemán y sus distintas variantes, podéis consultar una interesantísima entrada en el blog de lupuloadicto.


Sobre la cervecera...
La Zum Uerige fundada en 1862, cumple este año su 150 aniversario, motivo por el cual las etiquetas de su clásica y célebre alt hace referencia a la señalada efeméride. El edificio donde se encuentra ubicada la cervecería data de 1830, y fue restaurado tras la Segunda Guerra Mundial. La Zum Uerige está dirigida con gran orgullo y pasión desde 1976 por Joseph Schnitzler, miembro de una familia de tradición cervecera en la región, y su mujer Christa.
El origen del nombre de la cervecera se debe al apelativo que tenía el dueño de la cervecería en 1862, Wilhelm Cürten, reconocido por su mal humor y por ser incluso desagradable. Los habitantes de Dusseldorf comenzaron a usar el apodo "uerig" que significa extraño, para referirse a él y fue así como nace el nombre "Zum Uerigen".
Aparte de por sus cervezas, la Zum Uerige es famosa por su restaurante y su gastronomía ofertada que complementa su oferta cervecera. De hecho tiene su propia carnicería célebre por su elaboración de salchichas tradicionales que surten al propio restaurante de la cervecería. La carta consta principalmente de platos tradicionales y de temporada. La especialidad de la casa son los platos de caza. No sólo los amantes de la carne tienen cabida en el restaurante, los vegetarianos también disponen de alternativas muy interesantes, aunque algo más limitadas, eso sí. Tienen fama su sopa de guisantes con carne de cerdo, su Eisbein, hecho a base de carne de cerdo adobada. Y además tienen una especialidad que ningún cervecero debería dejar pasar por alto, su potente y aromático queso Mainzer, marinado durante 6 horas en Altbier.

Uerige Altbier

Cata:
Graduación:4,7º
Temperatura de servicio: 8ºC aproximadamente
Tipo de vaso recomendado: Una copa compacta, recta en forma de tubo y de 20 cl de capacidad, es la copa tradicional donde se sirve las alt. Al no disponer de ella opté por una copa de características lo más similares posibles, de 0,25 l y con una forma a mitad de camino entre las copas para las weizen y las pilsen. Ofrece buena concentración de aromas y retención de espuma.
Aspecto:De color bronce oscuro, tirando a cobrizo, forma una generosa capa de espuma blanca muy porosa y esponjosa, que deja atractivos restos resbalando por el vidrio. Carbonatación visible con burbuja mediana-pequeña.
Aroma: Se aprecia una mixtura de aromas entre los que destaca especialmente la malta tostada, galleta, caramelo, un punto de fruta (manzanas?) y un toque lupulado con matices terrosos.
Sabor y textura: Con un cuerpo de ligero a medio y un nivel de carbónico moderado es una cerveza que entra muy bien, presentando en un comienzo sabores a malta tostada, caramelo, galleta, toffee, y algo especiado (pimienta?), pero que quedan casi en un segundo plano según avanza el trago, a causa de los matices lupulados, con un toque herbáceo, a bosque y tierra húmeda, con un grado de amargor por encima de lo habitual en las cervezas alemanas. Finaliza con un regusto seco.
Maridaje: Ensalada de ahumados.

Nota:


Uerige Doppelsticke





Varias veces al año, la Zum Uerige al igual que otras cervceras del centro de Düsseldorf elaboran una cerveza especial, algo más fuerte y lupulizada, y con un periodo de guarda más largo. El propósito de estas cervezas especiales es premiar a la clientela habitual, y suelen ser anunciadas de forma discreta en la propia cervecería. Estas cervezas son denominadas por sus cerveceras como Sticke (que quiere decir secreto/a en el dialecto local). En el caso que nos ocupa se trata de la Doppelsticke, una cerveza especial más fuerte e intensa, embotellada en el mismo formato de su "hermana", con su peculiar botella de tapón mecánico y alargado cuello.

Cata:
Graduación:8,5º
Temperatura de servicio: Entorno a los 9 o 10 grados.
Tipo de vaso recomendado: Una copa compacta, recta en forma de tubo y de 20 cl de capacidad, es la copa tradicional donde se sirve las alt. Esta cerveza concretamente está muy cerca de una doppelbock, aunque más lupulada. Opté por la misma copa que con su "hermana", con muy buena retención de aromas.
Aspecto: De color oscuro, cercano al negro, con brillos cobrizos al trasluz. Carbonatación mediana, pero visible a través del cristal. La capa de espuma que se forma es de un par de dedos de espesor, y un color crema. Muy esponjosa, deja un abundante rastro irregular adherido al cristal. De duración media, termina consumiéndose hasta quedar una fina película que acompaña a la cerveza hasta el final.
Aroma: Aromática y compleja. Aparecen notas maltosas principalmente, pero también son muy evidentes las lupuladas, de un modo más intenso del habitual en este tipo de cervezas. Destacan los aromas a malta tostada, casi caramelizada, azúcar y alcohol. Presenta también cierto carácter afrutado, con notas a frutas oscuras. Claramente lupulada con notas olfativas florales y herbáceas, complementadas con un toque ahumado.
Sabor y textura:  De textura un tanto untuosa, un nivel de carbónico muy bien ajustado, no entra con dificultad. De cuerpo medio-alto, es una cerveza que llena la boca por completo, resultando increíblemente sabrosa y equilibrada con notas dulces y amargas perfectamente acopladas. Destacan  sus notas dulces a caramelo tostado, azúcar candeal, y frutos oscuros. También aparece algo de regaliz, un toque ahumado, y también el alcohol que deja ardor al final del trago, pero sin desagradar un ápice. Todo ello complementado con un punto especiado, que la asemeja a un vino de postre. Aparecen también claras notas lupuladas en el gusto con un toque floral, a plantas silvestres, que se hacen más patentes en el regusto, muy prolongado y amargo, con un matiz seco al final. Sencillamente soberbia.
Maridaje:Secreto ibérico con salsa de ciruelas.

Nota:

viernes, 6 de abril de 2012

Kuchlbauer Aloysius, una "grande" que no se da importancia,



Hace algunas semanas, en la feria de productos gastronómicos de Europa que periódicamente suele organizar El Corte Inglés, me pude hacer con una de las cervezas bávaras que más tiempo llevaba esperando encontrar, tras las excelentes críticas y opiniones vertidas en algunos blogs cerveceros. Estoy hablando de la Kuchlbauer Aloysius, una weizenbock, que tanto por precio (sensiblemente inferior), como por estar colocada en un estante entre otras cervezas mucho más habituales, no da la impresión de albergar en su interior una excelente y maravillosa cerveza a la altura de la mejores del género. Es como si no quisiera darse importancia a pesar de ser una cerveza que podría compararse a la fantástica y muy buena conocida nuestra, la Schnneider Unser Aventinus.
Esta cervecera de nombre difícilmente pronunciable para los españoles, es una compañía de origen alemán que consiguió el derecho tan cotizado en la antigüedad, como lo era el necesario para la elaboración de cerveza, en el año 1300, con lo que ostenta el título de ser la cervecera oficial más antigua del mundo. Los Kuchlbauer proceden de la ciudad de Ratisbona, pero a mediados del siglo XVIII consiguieron adquirir una propiedad en Abensberg, donde instalaron la fábrica del mismo nombre y desde aquel momento producen su cerveza en aquella localidad.  El actual encargado que dirige la fábrica Salleck Leonard, es miembro de la familia que ha estado al frente de la cervecera durante ocho generaciones de cerveceros artesanales. Actualmente la fábrica Kuchlbauer de Abensberg es una cervecera de tamaño medio con unos 40 empleados. Especializada en la producción de cervezas de trigo, todas las referencias de su portfolio: Helle Weisse, Turm Weisse, Alte Liebe... son de gran calidad destacando especialmente entre ellas, la que nos ocupa en la presente entrada, la weizenbock Aloysius. Todas ellas se encuentran elaboradas con materias primas de la región, empleando cebada y trigo cultivados en Baviera, y lúpulos Hallertau, que le confieren a sus cervezas un sabor distintivo y una gran suavidad en el paladar.



Una curiosidad que además presenta la fábrica de esta cervecera alemana es su peculiar torre de estilo a medio camino entre el modernismo de Gaudí y la fantasía de un cuento de las mil y una noches, que fue recientemente inaugurada. Construida en Abensberg, tras 12 años de obras dirigidas por dos arquitectos, ya que el diseñador original de la torre falleció al inicio de la construcción, recibe el nombre de torre Hundertwasser, en honor precisamente del arquitecto austríaco que la concibió. Inspirada en los cuentos de Aladino, y con influencia del modernismo arquitectónico de Gaudí, tiene poco más de 34 metros de altura, a pesar de que el proyecto original  era nada menos que de 70  metros de altura. Pero el segundo arquitecto también austríaco, Peter Pelikan, prefirió dar una altura menor a la torre con el objetivo de no romper la armonía estética de la arquitectura de la localidad Bávara, donde sólo sobresale la torre del campanario de la iglesia con 56 metros de altura. Esta torre se puede ver representada en las etiquetas posteriores de las botellas, y en vasos los vasos conmemorativos diseñados para la ocasión.
La fábrica también posee un museo temático sobre la historia de la cerveza en la región, en la localidad de Ingolstadt.




Cata:
Graduación: 7,2º
Temperatura de servicio: 8ºC 
Tipo de vaso recomendado: Copa weizen aflautada, o la típica pokal, como la que aparece en la foto.
Aspecto: De color marrón similar al chocolate con leche, y un nivel de carbonatación medio, con burbuja mediana y visible, forma una capa de espuma de dos dedos de espesor de color blanco, muy esponjosa y porosa que deja un bonito rastro de encaje pegado al cristal con los primeros tragos.
Aroma: Se trata de una cerveza muy aromática, donde destaca la malta con un toque dulzón, y notas de levadura, chocolate, especias (entre ellas la canela) y afrutadas. En especial plátano y albaricoque.
Sabor y textura: De cuerpo medio y gran cremosidad. Es una cerveza de trago muy agradable, con un dulzor inicial, con matices a bizcocho recién horneado, algo de chocolate, caramelo y un punto especiado. El alcohol casi pasa totalmente desapercibido.  De predominio maltoso sobre el lúpulo, es una cerveza con un final largo, prolongado y algo seco que se atenúa lentamente, con un deje especiado. Una auténtica delicia.
Maridaje: Schnitzel con cobertura de parmesano y patatas asadas.

Nota

domingo, 1 de abril de 2012

The Kernel Export Stout, simple y genial buen hacer británico



En la pasada cata/maridaje en el laboratorio cervecero de Ocaña, comentada en este mismo blog, no sólo desfiló una sensacional serie de cervezas belgas, sino que hubo algunas sorpresas más fuera de cata como las Uerige, que probamos, y también algunas no catadas, pero puestas a la venta para poder llevar a casa. Una de las elegidas para la cesta de la compra de aquel día, fue una cerveza británica, con buena reputación y de la que tenía alguna que otra referencia contrastada de que se trataba de una cerveza que no debía pasar por alto. Estoy hablando de la Export Stout, una stout basada en una receta de 1890 de una antigua cervecera londinense, y que actualmente elabora la también londinense The Kernel. Una de las primeras cosas que nos llama la atención de las cervezas de esta firma, es la sencillez elegida para su imagen: botellas de vidrio oscuro, con chapa no personalizada y una simple etiqueta que imita quizás al papel de embalar, en la que aparece el nombre de la cerveza, con una tipografía que nos recuerda a la utilizada para identificar las cajas en el transporte por mar. La sencillez elegida para la imagen de empresa, se traslada igualmente a su página web (http://thekernelbrewery.com/index.html), en la que vemos que de nuevo aparece la simplicidad en el diseño.
Se trata de una cervecera muy joven con tan sólo algo más de dos años de trayectoria, pero que ha adquirido rápidamente una buena reputación gracias a los premios recibidos, precisamente por su Export Stout en recientes certámenes. Actualmente sus cervezas son de las más buscadas por los aficionados, y de las mejor puntuadas en las webs de críticas de cervezas como ratebeer o Beer Advocate. Fundada en Septiembre de 2009, y afincada en Londres, junto a la estación de Bridge Street, esta cervecera se encuentra especializada en la elaboración de cervezas Pale Ale, IPAs, Porter y Stout inspiradas en la vieja escuela cervecera tradicional de Londres. 





Cata:
Graduación: 7,8º
Temperatura de servicio: 12º-14ºC 
Tipo de vaso recomendado: Copa de tulipa británica, aunque para esta ocasión eligiera una copa más ancha y corta de la trapense Chimay con muy buen resultado.
Aspecto: Se trata de una cerveza de color negro, profundamente oscuro y aspecto denso, petrolífero. La espuma que forma es de buena amplitud, alcanzando casi los dos dedos de espesor. De color a medio camino entre la canela y el café con leche, tiene una textura agradable, y presenta buena retención, aguantando más de media copa, hasta dejar una fina capa que persiste hasta el final. Deja rastros irregulares en la pared del vidrio de la copa a medida que la apuramos. Se aprecian sedimentos en suspensión en el fondo de la copa.
Aroma: Muy aromática, de marcado carácter torrefacto y "chocolateada".  Se aprecian matices de frutos secos y pasas, y también aparecen claramente notas a madera, con ese toque avainillado tan particular y característico del roble. También es apreciable un punto de alcohol y ahumado.
Sabor y textura: Intensa, con un nivel de carbónico moderado y de textura oleaginosa. Al comienzo se presenta algo dulce con gusto a chocolate negro y algo avainillado, para dar paso a mayor presencia a los torrefactos, que inundan el paladar: moka, granos de café,...El alcohol está presente pero sin desagradar en absoluto. Hacia al final aparece algo de fruta oscura y un toque lupulado con matices terrosos, para finalizar con un amargor seco en el regusto, y algo de ardor.
Maridaje: Como suele ser típico, por afinidad, uno de los maridajes más aconsejados para este tipo de cervezas son los postres en los que el chocolate es el principal protagonista. Para esta ocasión y sin abandonar la repostería, un sencillo flan de café con un toque de canela resulta perfecto.
Nota: