miércoles, 27 de junio de 2012

Cerveza y mitología: Los vikingos


Cuando uno piensa en alguna imagen relacionada con la cerveza, quien más y quién menos en más de una ocasión, ha tenido una estampa dibujada en la mente y que parece estar formando parte de nuestra memoria colectiva desde la infancia: la de un grupo de fuertes guerreros vikingos con poblada barba, sentados alrededor de una gran mesa de madera, bebiendo cerveza de un cuerno. Quizás por las películas, quizás por los comics, el caso es que es una imagen que todos nosotros tenemos del alguna manera asociada entre el ancestral pueblo vikingo y la cerveza, sin reparar en la posible certeza histórica que realmente existe bajo esta relación.
Los vikingos fueron de sobra conocidos en la edad media por su destreza y enorme bravura en la guerra. Parecían no tener jamás miedo, ni sentir dolor. Eran auténticamente temidos hasta tal punto que existía una pequeña oración propia de las iglesias de la antigua Inglaterra que rezaba en latín de la siguiente manera: "A furare normannorum libera nos Domine" (de la furia de los hombres del norte líbranos señor). Parecían pertenecer a una raza de hombres especial, pero como veremos más adelante hay una explicación para esto, y la cerveza tiene mucho que ver en ello.


Dentro la cultura vikinga la cerveza ocupa un lugar relevante, más aún de lo que imaginamos. Como comentaba al comienzo del post, todos estaremos de acuerdo en considerar a los vikingos como grandes cerveceros, y en efecto así fue históricamente. Amaron esta bebida hasta límites insospechados. Pero qué había detrás de esta pasión por la cerveza? Se tiene constancia de que disponían de varias formas de elaboración de cerveza. Una de ellas y probablemente la más conocida es una bebida precursora de lo que conocemos como cerveza hoy en día fabricada con miel, denominada hidromiel, y pensada para beber a diario y en los festejos que celebraban. De graduación mayor que la cerveza, la fermentación en esta bebida la lleva a cabo la famosa levadura Saccharomyces cervesiae, al igual que la cerveza, y no sólo fue consumida por los vikingos, sino también por otros pueblos como los griegos, los romanos y los celtas.
Pero además existen pruebas de que tomaban también cerveza contaminada con algunos alucinógenos, como por ejemplo con cornezuelo de centeno, que contiene una alto contenido en compuestos del ácido lisérgico, la base de la conocida droga sintética LSD. O con beleño negro. El beleño produce una sensación de gran ligereza, haciendo creer a quien la bebe que llega a perder peso, sintiendo una sensación de ingravidez como si se pudiese elevar por los aires. Al igual que la belladona causa una furia y violencia desatadas, no raramente acompañadas de carcajadas delirantes. Los alcaloides de esta planta son altamente tóxicos y pueden ocasionar el coma o la muerte.


Nos podemos imaginar fácilmente cuál era el motivo por el que consumían la cerveza de este modo: la religión de los vikingos les inculca que la aspiración de un gran guerrero vikingo es la de ser elegido para luchar junto a los dioses en el Ragnarok (la gran batalla apocalíptica final contra los gigantes), y para ello debe demostrar su valentía, su furia y su fiereza. Por tanto, se cree que su resistencia e indiferencia al dolor provenían del consumo de estas plantas y hongos alucinógenos como también lo es la amanita muscaria, bien solas o bien mezcladas junto a la cerveza o incluso el pan. Por lo que es más que probable que consumieran dichas cervezas antes de entrar en combate.

Además la cerveza tenía su protagonismo dentro de la mitología vikinga, ya que supuestamente de una cabra gigante manaba cerveza como si de un manantial se tratara, en el Valhalla, una de las casas del paraíso para los vikingos, en la que Odín daba cabida a los mejores guerreros vikingos caídos en batalla, y cuyo mayor deseo era poder morir blandiendo una espada. También hay que mencionar que dos de los elementos más conocidos de la iconografía vikinga como el drakkar (sus célebres embarcaciones) o los cuernos que usaban como recipientes para beber, están unidos igualmente a la cerveza. Los vikingos aparte de ser un pueblo esencialmente guerrero eran muy buenos comerciantes y exploradores. Y eran muy frecuentes sus largas travesías e incursiones en territorios lejanos e indómitos. Los drakkars empleados para estos viajes era donde se elaboraba y almacenaba la cerveza. Y en cuanto a las astas que según la creencia popular se empleaban para adornar sus cascos, en realidad se usaban para beber de ellas, en especial cerveza, y no como ornamento, salvo en caso de alguna ceremonia especial. Los casos eran lisos, de forma cónica y tenían un protector nasal de metal.
La influencia de la cultura vikinga y su iconografía ha dejado su huella también en el mundo de la cerveza en la actualidad, así tenemos por ejemplo la cervecera islandesa Viking, cuyo nombre, e imagen de compañía deja claro de procede su inspiración. Era algo de esperar siendo una cervecera afincada en el país nórdico, más concretamente en la población de Akureyri. Actualmente la Viking es la cerveza más vendida de Islandia, y poco a poco va ganando presencia en el mercado, aunque los fuertes impuestos que gravan las bebidas alcohólicas en Islandia añaden un plus de dificultad. También tenemos la menos conocida micro argentina Valhalla, que toma el nombre de una de las casas del edén de los vikingos, y cuyo logo es un forzudo vikingo de larga barba y ataviado con un casco con enormes astas adornándolo. También tenemos la belga La Corne du Bois des Pendus, que se sirve en un curioso cuerno de cristal con su base de madera, o la afrutada Red Erik de la cervecera danesa Ceres, dedicada al célebre vikingo Erik el Rojo, de quién se dice que fue el primero en llegar a las costas del continente americano.
Obviamente la influencia de la cultura vikinga no ha llegado al extremo de comercializar una cerveza con alguna de las sustancias alucinógenas que empleaban, sobre todo por cuestiones de salud y por situarse al margen de la legalidad, como es obvio. Pero desde hace siglos la cerveza está dotada de un maravilloso ingrediente que le da todo su carácter a la cerveza, el lúpulo. Hay quien dice que el lúpulo provoca un cierto grado de adicción, pensamiento que quizás muchos no considerarían demasiado osado. Pero al margen de ello, no hay duda de que bebiendo una buena cerveza uno se siente mejor. Salud!

domingo, 24 de junio de 2012

My Antonia, mamma mía qué cerveza


Quién sea habitual lector de estas líneas conocerá de sobra que mantengo una deuda pendiente con el floreciente mundo de la cerveza artesana italiana. Son muchas la micros que han visto la luz en los últimos 10-15 años que acumulan un gran prestigio en el país trasalpino, como por ejemplo, Baladín, Lambrate, Cittavechia, Birrificio Italiano, Ducato, Beba, Panil... Había leído mucho sobre ellas y sus creativos maestros cerveceros, como el caso de la figura de Teo Musso de Baladín, lo cual acrecentaba mi ansiedad por conocer las cervezas que se estaban haciendo en aquel país. Aún no había podido probar nada de ellas, salvo las conocidas industriales Moretti, Peroni, Nastro Azurro, y que seguramente hayan probado quienes hayan viajado hasta Italia alguna vez. Esta deuda arrastrada con el "birrificio azurro" hasta a la actualidad se ha debido fundamentalmente a la dificultad que parecen tener para que puedan llegar hasta nuestra geografía,  aunque bien es cierto que últimamente se están dejando ver poco a poco, como sucede con el caso de Ducato, y más recientemente con Birra del Borgo, que es a quién va dedicada la presente entrada.



Birra del Borgo no es de las micros más veteranas en el actual panorama cervecero italiano. Nació en mayo del año 2005 en un pueblo del Lazio a unos 100 km al noroeste de Roma, de la mano de Leonardo di Vincenzo , un antiguo bioquímico reconvertido en cervecero casero en un comienzo, antes de dar el salto a producir cerveza de forma profesional, y con intereses comerciales. Como otros muchos comenzó con el hombrewing a modo de afición, pero con el paso del tiempo, lo que comenzó siendo un hobby terminó siendo su medio de vida.
Al igual que sucede con otros maestros cerveceros italianos, la creatividad de Leonardo no conoce límites. A pesar de que la inspiración de sus cervezas provienen de fuentes más tradicionales de países como Bélgica o Gran Bretaña, Leonardo siempre intenta dar un toque de innovación, experimentando con diferentes ingredientes inusuales en la mayoría de los casos, como sucede por ejemplo con una de sus cervezas más afamadas, la Ke To Re Porter, una porter con notas ahumadas y pimienta, a la que le añade durante la infusión hojas de tabaco Kentucky Toscano, de ahí el nombre.
La variedad de cervezas que podemos encontrar en el catálogo de Birra del Borgo es bastante abundante. Según podemos consultar en su página web lo tienen dividido en cuatro grupos: Las Bizarre, las más innovadoras y experimentales, elaboradas una única vez al año, un por mes, las Trentatre, para iniciar al gran público en las cervezas de producción artesanal, las Stagionali, elaboradas como cervezas estacionales para ser consumidas en una época del año determinada y finalmente las Classiche, que son las que han ido forjando la historia de la cervecera. Entre ellas podemos encontrar sus primeras creaciones la Reale, una american pale ale bien lupulada y la Duchessa, una saisson, que con el paso del tiempo ha quedado un tanto olvidada, en comparación con las abundantes maravillas que saca a la luz la cervecera italiana. Algo parecido le sucede a la Ducale una ale oscura y fuerte de corte belga. Actualmente cada año, cuando se cumple el aniversario de la cervecera lanzan al mercado una edición especial de la Reale su primera cerveza, en conmemoración de la efeméride. También podemos encontrar la mencionada Ke To Re Porter y una versión de la Reale, la Reale Extra, que podréis imaginar por su nombre, lleva una cantidad extra de lúpulo, siendo aún más reputada que su hermana. La cerveza protagonista del post es la My Antonia, una imperial pilsner, resultado de una colaboración con la gente de la norteamericana Dogfish Head, lo cual ya hacía prever que tendríamos una excelente cerveza entre manos.  



Estilo: Imperial Pilsner
Graduación: 7,5ºC
Temperatura de servicio: 8ºC-10ºC (dados los días calurosos de verano, aunque el fabricante recomienda 12ºC)
Tipo de vaso recomendado: Vaso de pils o copa de cata o de tulipa.
Aspecto: De color amarillo-anaranjado pálido, velada, traslúcida, y con carbonatación claramente visible, de burbuja mediana. Forma una capa de espuma nívea, abundante y de muy buena duración. Esponjosa, y porosa deja abundantes rastros de encaje adheridos al vaso. Un aspecto realmente atractivo que recuerda a las triples belgas.
Aroma: Intensa, perfumada, muy aromática. Se perciben de forma totalmente nítida, notas florales y lupuladas, donde destacan matices a cítricos (pomelo), frutas tropicales como piña, otras frutas (granada) y algo de pino. También existen matices de miel y caramelo que complementan el espectro aromático.
Sabor y textura: Bien carbonatada, con más cuerpo que una pils normal, más cercana en este aspecto a una pale ale, o incluso a algunas IPA, tiene una entrada en boca fácil y soberbia. El alcohol totalmente oculto, no hace aparición en ningún momento, ni siquiera al final, donde es habitual encontrar algo de ardor en la mayoría de cervezas de graduaciones similares. Muy bien balanceada en el gusto, sabiendo igual que huele. Perfecta combinación entre matices maltosos (caramelo, azúcar candeal) y lupulados (frutas cítricas, tropicales, pino...), para acabar con un final lupulado con un grado de amargor moderado y algo de sequedad. Una cerveza espectacular.
Maridaje: Lasagna de verduras.

Nota

miércoles, 20 de junio de 2012

Una morena y una rubia (alemanas) (i): Weißenohe



Como se puede comprobar por el título de la entrada, el post de hoy está dedicado a una pareja de cervezas alemanas, y al igual que sucedía en la célebre zarzuela La Verbena de la Paloma, con el entrañable Don Hilarión, una morena y una rubia son las protagonistas. Y proviniendo del país teutón, podría haber hecho un chiste fácil en el propio título, pero he de confesar que finalmente no me ha atrevido. Con el presente post comienzo una serie de entradas dedicadas a algunas cervezas alemanas que vendrán comentadas en parejas, habiendo siempre una de maltas pálidas, y otra de maltas más oscuras. En el caso de hoy, me he decantado por una cervecera bastante poco conocida en nuestra geografía pero a la que merece la pena echarle un vistazo, la Weißenohe. En la cata serán comentadas la Altfränkisch Klosterbier (la rubia) y la Bonifatius Dunkel (la morena).

Sobre la cervecera...
El origen de esta fábrica se remonta nada menos que a mediados del siglo XI, cuando fue fundado el monasterio benedictino del mismo nombre en el año 1050. Esta es una historia que sin duda a mucho de los que lean estas líneas, les resultará familiar. Y de nuevo vuelve a aparecer la marca "el/la más antiguo/a de", en este caso de Franconia, región del norte de Baviera, donde se encuentra ubicado el monasterio. La vinculación monástica a la elaboración de la cerveza, en países como Alemania y Bélgica es algo más que habitual a lo largo de la historia, y no son pocas las cerveceras cuyos orígenes se encuentran entre los muros de un monasterio o abadía.
El monasterio de Weißenohe se encuentra ubicado en un lugar muy especial, cercano al arroyo Kalkach, el cual, como todos los ríos y las fuentes de la región es rica en cal, lo que lo hace perfecto en la elaboración de cerveza.
Durante la secularización del siglo XIX, los inmuebles pertenecientes al monasterio y otras propiedades asociadas se vendieron a particulares (en 1803). Tras varios cambios de propietario, es la familia Winkler a quien pertenece desde el año 1827, siendo actualmente la quinta generación de la misma. Aparte del negocio como productor de cerveza, la fábrica mantenía un restaurante donde servían cerveza y platos calientes, que tuvo que cerrar sus puertas en 1943, a causa de la II Guerra Mundial. En el año 2000 Franz Winkler abrió de nuevo el restaurante totalmente renovado incluyendo un fantástivo biergarten donde poder disfrutar de una de sus cervezas en un marco incomparable.


Weißenohe además es una de las cerveceras alemanas que aparte de cumplir con la Ley de la Pureza Bávara, elabora cervezas siguiendo la normativa de productos biológicos desde el año 2001. Como muchos sabréis, en 1516 se instauró en Baviera la Ley de Pureza (Reinheitsgebot) que establecía que la cerveza únicamente se debía fabricar a partir de los ingredientes básicos: agua, malta de cebada y lúpulo. Con las normas ecológicas, las cervezas biológicas van un paso mas allá. Los alimentos biológicos son una serie de productos agrícolas que se obtienen con la aplicación de un conjunto de procedimientos designados como "orgánicos". Estos procedimientos presentan como principal objetivo la obtención de productos alimenticios más saludables teniendo siempre presente la protección del medio ambiente, mediante la utilización de técnicas no contaminantes, y que además racionalizan el consumo de energía y de sustancias inorgánicas, especialmente en el caso de que sean de origen sintético.
En Weißenohe por ejemplo, el lúpulo empleado en la elaboración de sus cervezas, pertenecientes a las variedades Spalter Select y Hersbrucker, es cultivado por los vecinos de la zona de forma ecológica. Afortunadamente los agricultores de la región tienen cada vez más en cuenta los aspectos ecológicos, lo que se plasma en un mayor número de espacios naturales, campos y prados cultivados de forma convencional, para beneficiar a  toda la población que vive en la zona y las generaciones futuras. Del mismo modo, la malta, también es local y ecológica, preparada en la prestigiosa maltería Weyermann de la ciudad vecina de Bamberg, de la que ya hemos hablado en el blog. En cuanto al agua, destacar que se utiliza el agua local que goza de buenas cualidades, como por ejemplo, la presencia de un 50% menos de los nitratos permitidos por la legislación alemana.
Los métodos de elaboración también se encuentran inspirados en los más tradicionales que se han utilizado en Alemania, además de renunciar al tratamiento de agua, realizando simplemente una filtración suave y usando sólo botellas de vidrio retornables.
Actualmente la fábrica elabora un nutrido portfolio de cervezas donde podemos encontrar diferentes estilos: desde una pils, a una doppelbock. Para más detalles es posible consultar el siguiente enlace: http://www.klosterbrauerei-weissenohe.de/screen/download/Weissenoher-Sorten-2011.pdf.


Cata


Altfränkisch Klosterbier

Estilo: Kellerbier

Graduación: 5º
Temperatura de servicio: 7ºC-8ºC .
Tipo de vaso recomendado:Vaso de pils o jarra "stein"
Aspecto: De color anaranjado, cercano al ámbar, traslúcida y levemente velada. Forma una generosa capa de espuma que supera los dos dedos de espesor, de color blanco, aspecto cremoso, y de larga duración.
Aroma: Aroma malteado con matices de caramelo y cereal, y un toque ligeramente afrutado. Acompaña una serie de suaves notas florales proporcionados por los lúpulos aromáticos empleados como el Hallertauer y el Perle entre otros.
Sabor y textura: De cuerpo medio-ligero, y con un nivel de carbónico muy bien ajustado, es una cerveza que entra fantásticamente. De carácter claramente malteado, presenta matices de galleta y más tenues de caramelo, con un leve dulzor al comienzo, acompañado de algo de fruta. Presenta un amargor comedido finalizando con un regusto amargo y suave. Ideal para tomar en verano.
Maridaje: Muslo de pavo relleno de frutos secos con patatas asadas y salsa de puerros.
Nota:

  


Bonifatius Dunkel

Estilo: Dunkel

Graduación: 5,1º
Temperatura de servicio:8ºC-10ºC
Tipo de vaso recomendado: Vaso de pils, o jarra "stein"
Aspecto:De un color similar al té, y de tono oscuro, transparente y con brillos cobrizos, forma una capa de espuma de amplitud mediana y color crema, con una duración media.
Aroma: Aroma a maltas tostadas, con matices principalmente de café, y también caramelo, frutos secos y un toque ahumado. Por debajo también se aprecia algo de frutos dulces como albaricoques, y notas florales.
Sabor y textura: De cuerpo medio, y con una carbonatación comedida es una cerveza muy sabrosa, muy bien balanceada, combinando de forma adecuada los matices torrefactos con un sabor a café muy logrado, apoyado sobre una base con un punto dulce de caramelo, toffee y nueces. Tiene un final suave, con un toque amargo por el tostado de la malta y ligeramente astringente.
Maridaje: Goulash de tenera con salsa de berenjenas
Nota: 



sábado, 16 de junio de 2012

Alesmith, de San Diego al cielo


Esta semana tuve la fortuna de tener un encuentro inesperado con una cervecera, aunque lo más apropiado sería decir con sus cervezas, que sin duda ha dejado una profunda huella en mi bagaje cervecístico, colocándose de aquí en adelante en lo más alto del podio de mis más queridas marcas hasta que venga otra que la desbanque. Se trata de la estadounidense Alesmith. Quizás muchos la conozcáis, pero he de reconocer que en este caso particular para mi era una completa desconocida, no solo por no haber probado ninguna de sus cervezas, sino porque sorprendentemente no había oído hablar nada de ella, o al menos no lo recordaba, y siendo sus cervezas como son, me sorprendo aún más de ello, y casi no me lo perdono. Son muchas las cerveceras norteamericanas que conozco, casi todas ellas con gran reputación: Sierra Nevada, Great Divide, Cigar City, Stone, Lost Abbey, etc. y después de mi experiencia con las Alesmith me pregunto cómo era posible no conocerla aún. Qué gran error, que afortunadamente ya ha sido subsanado por mi parte. Como decía al comienzo del post, lo curioso es que mi encuentro con estas cervezas fue totalmente fortuito, pero claro en una reunión entre tres auténticos apasionados por la cerveza, pueden pasar estas cosas, que uno sorprenda al resto con una remesa de auténticas joyas que dejen al personal completamente anonadado. Mi reacción inmediata fue apuntar los nombres de las cervezas con unas escuetas notas, y mi primer pensamiento fue claro: voy a escribir un post sobre esta cervecera.


La prueba del delito



Sobre la compañía

El nombre oficial de la micro es AleSmith Brewing Company. Se trata, como ya he comentado, de una fábrica de cerveza norteamericana fundada en 1995 por Skip Virgilio y Ted Newcomb en San Diego, California. En el año 2002, la fábrica tuvo un cambio de titular siendo comprada por Pedro Zien, el actual maestro cervecero de la compañía. AleSmith produce en la actualidad una gran variedad de cervezas de diferentes estilos, muchas de las cuales se caracterizan por ser contundentes y presentar una alta graduación alcohólica. Sus cervezas han adquirido en pocos años una gran reputación entre los grandes entusiastas de la cerveza artesanal.

La AleSmith Brewing Company es una de las cientos de micros estadounidenses que fabrican cerveza artesanal y ha recibido multitud de premios por sus cervezas. De hecho, su maestro cervecero Peter Zien ha alcanzado el nivel de Gran Maestro según el BJCP (Beer Judge Certification Program)
o lo que es lo mismo el Programa de Certificación de Jueces de Cerveza, siendo el único del condado de San Diego. En el año 2008 la compañía fue galardonada como la Compañía Micro-Cervecera del Año en el Great American Beer Festival. Además como curiosidad no hay que olvidar, que gran parte de su plantilla ha obtenido algún galardón en el terreno del homebrewing. Todo esto puede haceros una idea del nivel de las cervezas que elabora esta fábrica, pero con sólo visitar la página del perfil de la cervecera en Ratebeer nos hace comprender que estamos ante una cervecera única, alcanzando muchas de sus cervezas la máxima puntuación. E incluso por tener referencias de gente perteneciente al sector con mucha sabiduría en sus espaldas adquirida tras un largo bagaje, contamos con la opinión de Fernando Campoy (Domus) y de David Castro (Cibeles), que tras su reciente visita a tierras estadounidenses para estar presentes en la BrewExpo de 2012, al parecer quedaron más que satisfechos con las cervezas de Alesmith, llegando a asegurar que de todo lo que probaron  primero estaban ellos, y después aunque sea sólo un pequeño escalón por debajo, el resto, siendo unas cervezas sobresalientes.

Sobre las cervezas



De entre todas las cervezas que componen el portfolio de la Alesmith me voy a centrar básicamente en las cuatro que tomamos. La sesión comenzó con la YuleSmith, una american double IPA de la que Alesmith elabora dos versiones, una para la temporada de invierno y otra para la época estival. Obviamente dadas las fechas en las que nos encontramos la opción fue la Yulesmith de verano. Lo primero que me llamó poderosamente la atención es el penetrante y embriagador aroma que desprendían las copas una vez servidas. No era necesario arrimar la nariz a la copa para que una invasión de una fragancia dulzona, frutal y floral llegase hasta lo más profundo de las fosas nasales. Absolutamente espectacular. Con un color ámbar precioso, y con un nivel carbonatación muy bien ajustado y claramente visible tenía una presencia igualmente atractiva. Una vez que tomé la copa para probarla, de nuevo el aroma me cautivó con una mixtura de notas de caramelo, resina, pino y fruta, especialmente cítricas como la naranja. En boca no fue menos, absolutamente espectacular. Cremosa, algo masticable, con una buena base de malta con presencia de caramelo y toffee acompañada de ésteres afrutados, y sabores cítricos (naranja, pomelo,...) y balsámicos (coníferas, flores,...).  Es quizás la que mejor recuerdo de las cuatro, por ser la primera de la tarde.



A continuación proseguimos con la Grand Cru. Aquí han utilizado la clásica denominación belga, empleada para designar aquellas versiones más elaboradas y exclusivas de una cerveza. Con 11º de alcohol, se trata de una cerveza al más puro estilo belga, lo cual se aprecia rápidamente en el aroma, donde se encuentran presentes los matices característicos de la levadura trapense y del azúcar candeal. De un color más oscuro que la Yulesmith, con un aire cobrizo, es una cerveza bastante compleja, y con cuerpo, con matices tanto dulces como lupulados en el sabor magistralmente combinados. También aprecié matices ácidos y afrutados a cerezas que recuerdan a las cervezas rojas de Flandes, que contribuían a un final seco. Excelente cerveza, que curiosamente nos pareció "la peor" de entre las cuatro, pero es que claro, el nivel era altísimo.

De aquí pasamos a otra cerveza verdaderamente contundente, la Old Numbskull, una barleywine de otros 11º. Con un color ámbar oscuro y una buena corona de espuma es una cerveza de aroma y gusto soberbios. En nariz una mixtura de olores a malta tostada y caramelo con notas afrutadas y algo más leves de lúpulo. Y en boca de nuevo espectacular, sedosa, de cuerpo medio, con el alcohol increíblemente bien acomplado, como con todas las que probamos, y un gusto para deshacerse en elogios, con una base de malta repleta de un sinfín de diferentes notas afrutadas, y un regusto amargo. Sencillamente de otro planeta, casi para tocar el cielo.

Y finalizamos posiblemente con la más afamada y reconocida de todas sus cervezas, una extraordinaria Imperial Stout, llamada Speedway Stout, que con un gradito más que las anteriores, nos terminó de cautivar a los allí presentes. Por unanimidad fue elegida la mejor de la tanda, y resultó harto complicado asegurar tal afirmación. Su complejidad, su equilibrio, su textura y su gusto exquisito, nos terminó de encandilar. De color ébano, y con una espuma marrón como la canela, con un aroma que unía los torrefactos y el café con intensos matices de chocolate negro, resultó soberbia a cada trago, donde se intensificaban las sensaciones del olfato acompañada de un sinfín de matices como grosellas o vainilla. Impresionante. Realmente resultan escasos los adjetivos que puedo encontrar para transmitir la cascada de sensaciones infinitamente agradables que me proporcionaron todas las cervezas de esta micro estadounidense, que recomiendo encarecidamente a todo aquel que no las haya probado para que obtenga sus propias conclusiones. Sólo hay un "pero", el elevado precio que tienen. De no ser así, seguro que provocaría que estuviesen los armarios repletos de ellas.

martes, 12 de junio de 2012

Kleine Duimpje, Pulgarcito de los polders



De vuelta por las cervezas holandesas que me pude traer directamente de Amsterdam, quería comentar hoy un par de ellas pertenecientes a la misma microcervecera, la Klein Duimpje, que vendría a significar Pulgarcito en español, el célebre protagonista del cuento infantil del mismo nombre, y que todos conocemos. De hecho, cuando estaba seleccionando mi pequeño botín en el Bierkoning, una de las cosas que me llamó la atención fue el simpático hombrecillo retratado en forma de caricatura en las chapas, y terminé eligiendo aquellas que por estilo y etiqueta me parecían más originales para ser cervezas holandesas: una Russian Imperial Stout, y una Weizen Rauch.
La historia de esta modesta cervecera es bien reciente. Fruto del trabajo y esfuerzo del dueño y maestro cervecero de la compañía, Erik Bouman. Todo comenzó en 1990, momento en el cual se inclinó por el mundo de la producción de bebidas alcohólicas, proviniendo de otro sector radicalmente diferente como es el de las Telecomunicaciones. En aquel año comenzó trabajando para una cofradía religiosa eleborando vinos y licores. En 1995 entró en contacto con varias asociaciones de cerveceros caseros holandeses, y siguió un curso de elaboración de cerveza. Tras muchas pruebas y mezclas, un año más tarde Erik consideró que había llegado el momento de participar en alguno de los concursos para homebrewers, llegando a ganar varios premios el primer año que participaba. En 1997,en un certámen de cervezas de invierno de Holanda llegó el primer gran éxito de este elaborador, la "Erik el nórdico", siendo elegida la ganadora. Ahí fue cuando realmente Erik se planteó seriamente la viabilidad de crear una cervecera para comercializar las cervezas que elaboraba. Para la imagen de marca confió el diseño de las etiquetas a la diseñadora holandesa Natascha van Der Steen.
Tal y como sucede con muchos pequeños productores al comienzo, durante varios años tuvo que compartir instalaciones con otra cervecera de la zona, la Scheldebrouwerij. A partir de 2002 tuvo la oportunidad de unirse a un programa estatal que proporcionaba ayudas para emprendedores, lo que le permitió costearse su propia fábrica en 2003. Justo en aquella época comenzó también su relación empresarial con otro maestro cervecero, Louis van Velthoven, al que conoció en un curso para elaboradores amateurs y con el que coincidió en la cervecera Scheldebrouwerij. Las cervezas de Klein Duimpje se caracterizan por encontrar inspiraciones en los más diversos estilos de diferentes procedencias. Actualmente fabrica hasta 23 variedades siendo una micro muy prolífica. Entre ellas podemos encontrar, una porter, una porter ahumada, una dubbel, una tripel (con muy buena reputación), una weizen ahumada, una porter de chocolate y café (la Extreme Baltic Coffee Choco Moka Porter, muy interesante), una imperial stout, la propia Erik el nórdico (Erik de Noorman), y muchas más.




Russian Imperial Stout

Graduación:8,5º
Temperatura de servicio: 12ºC aprox.
Tipo de vaso recomendado: Copa de pinta británica, o una de cáliz de abadía.
Aspecto:De color marrón oscuro, profundamente oscuro, cercano al negro. Turbia, densa, compacta, con un nivel de carbónico claramente visible. Forma una capa de espuma de color canela, y de textura y aspecto cremosos, que no alcanza más de un dedo de espesor y que rápidamente mengua hasta casi desaparecer.
Aroma: Alicorada, con un punto ácido y afrutado (a frutos oscuros principalmente), y matices de torrefacto que no aparecen de la forma esperada para una imperial stout. Aún así se perciben notas de chocolate y café, pero que quedan relegadas un poco a segundo plano por el alcohol, que asoma en exceso. Por ello una copa de abertura ancha iría bien para esta cerveza. No resulta tan compleja, ni tan profunda como podría esperarse.
Sabor y textura: En este apartado la cerveza gana, lo que no llega a alcanzar en nariz. Cerveza de cuerpo medio y abundante carbonatación. Gana peso el dulzor en boca, con matices afrutados a grosellas y otros frutos del bosque, compensados con un punto de amargor con sabores a malta tostada y grano quemado, y sobre todo a café y en menor medida de chocolate negro. Algunos matices de vainilla también son apreciables. El alcohol aparece de forma visible, aunque no de la forma que cabría suponer según lo apreciado en el aroma. Finaliza con un regusto seco y ardor por el alcohol. Sin ser mala cerveza, es una de las pocas Imperial Stout que he probado que no llega a una nota muy alta.

Maridaje: Flan de café.
Nota:




Weizen Rauch

Graduación: 7,5º
Temperatura de servicio:6ºC-8ºC .
Tipo de vaso recomendado:Copa aflautada para weizen
Aspecto: De color tierra marrón claro, cercano a uno tono anaranjado un tanto oscuro, es una cerveza muy turbia, y poco traslúcida. Genera una capa de espuma de color blanco de menor tamaño de lo esperado para ser una weizen. Muy porosa, aunque al mismo tiempo algo pegajosa, que deja finos e irregulares rastros adheridos en los primeros tragos.
Aroma: Afrutado, y con mucha acidez asomando. También hay algunas notas a levadura, especias y cuero. Por supuesto, tratándose de una rauch, se perciben notas ahumadas, aunque un tanto distorsionadas por la combinación con los matices ácidos que dominan en el aroma.
Sabor y textura: De cuerpo medio, textura cremosa, y carbonatación moderada, es una cerveza con un gusto extraño. Hay predominio de cereal ahumado, con algunas notas de levadura, miel, pimienta, alguna nota herbal, y sobre todo con un exceso de acidez, tal y como se intuía en nariz. El ahumado no hace más que acrecentar esa sensación, dejando cada vez en un mayor segundo plano las notas afrutadas y levadura tan características de las weizen. Finaliza con un regusto seco y ligeramente amargo. La elegí por lo original, una cerveza de trigo ahumada, pero lo cierto es que les ha quedado una cerveza un tanto desvirtuada. Cuesta acabarla.
Maridaje:Hamburguesa a la parrilla.
Nota

viernes, 8 de junio de 2012

Maisel's, especialistas en trigo


Hay veces en las que tenemos algo realmente bueno al alcance de la mano, y que por resultar tan fácil de conseguir, nos olvidamos de valorarlo como merece. Sucede por ejemplo con el turismo. En ocasiones nos resulta más atractivo viajar hasta un lejano lugar como Tailandia o Australia, cuando en España tenemos lugares realmente bellos que merecen sin duda una visita. Con la cerveza sucede algo parecido. En el caso que ocupa la entrada de hoy en el blog, es una cerveza alemana realmente accesible y fácil de encontrar, ya que es una de las habituales de las secciones de cervezas de importación en algunas grandes superficies. Estoy hablando de la Maisel's Original. Una gran cerveza que puede pasarnos desapercibida, o que quizás dejemos siempre para una posterior ocasión, pero que merece realmente la pena, en especial para aquellos que sean aficionados a las cervezas de trigo. 
La Maisel, cuyo nombre oficial es Brauerei Gebrüder Maisel, es la más grande de las cinco fábricas de cerveza que hay en la ciudad de Bayreuth, en Baviera, lo que hace que esta ciudad no sea únicamente conocida por su anual festival de ópera de reconocimiento internacional celebrado en el edificio de la ópera diseñado por el mismo Richard Wagner. Fue fundada a finales del siglo XIX en 1887 por los hermanos Hans y Eberhardt Maisel, durante el esplendor del imperio austro-húngaro, y aún sigue hoy en día en manos de la familia Maisel. El edificio donde originalmente se encontraba ubicada la cervecera, hoy en día es un museo de enormes dimensiones, en el que se pueden admirar los equipos utilizados para elaboración de la cerveza y otra serie de utensilios, pudiendo encontrar una gigantesca máquina de vapor y hasta una colección de cristalería cervecera. Junto al museo, se encuentra el bar de la propia cervecera, llamado el Goldener Löwe, en el que por supuesto, el visitante puede degustar cada una de las cervezas que elabora Maisel en la actualidad. 
La especialidad más importante de la Maisel es la denominada Dampfbier o lo que nosotros llamaríamos cerveza de vapor, una cerveza de alta fermentación, que algunos colocan más cerca de las altbier, y más lejos de otro género no muy frecuente, las Steambier americanas. La Dampfbier es un estilo de siglos de antigüedad, originario del corazón de los bosques de Baviera, en las proximidades de la frontera checa. Es una cerveza por lo general de un color a medio camino entre el dorado y el ámbar, con una característica especial: es fermentada con la levadura propia de las Weissbier a una temperatura superior a la habitual (unos 21 ° C), lo que proporciona a la cerveza un  retrogusto un poco fenólico. Fabricadas principalmente en verano, suelen ser cervezas de cuerpo medio, muy ligeramente lupuladas, y con bajo carbónico.
Al margen de la Dampfbier, en los últimos años la fábrica ha intentado concentrar sus esfuerzos en dar a conocer sus otras variedades, todas ellas de cerveza de trigo. Los alemanes y más concretamente los bávaros son auténticos especialistas en la elaboración de las weizen, y no son pocas las fábricas que únicamente producen cervezas de trigo.
En su gama podemos encontrar:
- Una versión light, con menor cantidad de alcohol.
- Otra versión sin alcohol. 
- Una Bioweisse, lo que sería la versión biológica.
- Una Hell de trigo, que sería la versión con malta pálida.
- Una Dunkel de trigo, con malta tostada.
- Una Kristall de trigo, que sería la versión filtrada.
- La Original, que sería una Hefeweizen, sin filtrar.
- Y la ya mencionada Dampfbier, o cerveza de vapor.


Cata:
Graduación: 5,4º
Temperatura de servicio: 6ºC-8ºC
Tipo de vaso recomendado: Copa aflautada de weizen
Aspecto: Se trata de una cerveza de color amarilllo anaranjado, y de aspecto bastante turbio. Traslúcida, y con algo de sedimento, es una cerveza que se muestra muy viva, con una gran actividad carbónica, y que forma una corona de espuma blanca de presencia espectacular con dos varios dedos de espesor, y aunque algo porosa resulta bastante compacta, más de lo habitual en las weizen. Con muy buena retención dura prácticamente toda la copa y deja tras de sí abundantes restos adheridos al vidrio.
Aroma: El clásico olor de las mejores weizen presentado en forma de una fragancia con distintas notas muy bien combinadas. Destacan los aromas a pan, levadura y especias que aparecen de forma contundente, acompañados de matices afrutados más sutiles, donde destaca el plátano y por detrás peras.
Sabor y textura: De cuerpo medio, y un nivel de carbónico moderado-alto, destaca en ella el sabor a pan, con un toque dulce, como maicena, un punto de caramelo, acompañado a su vez de notas especiadas, donde destaca la habitual presencia del clavo, y también afrutadas, donde aparece el plátano como en el aroma, y que desemboca en algunos momentos en matices dulces con reminiscencias a vainilla, y chicle que van y vienen. Ligeramente lupulada, presenta al final un amargor muy suave finalizando con un regusto seco y especiado.
Maridaje: Alitas de pollo a la miel.
Nota: 

lunes, 4 de junio de 2012

Harviestoun, érase un ratón escocés pegado a una cerveza



Hace tan sólo unos días, con motivo de la celebración del primer FFdA, en esa estupenda e inédita propuesta del bloggero cervecero Birraire, pude catar y disfrutar como pocas una maravillosa cerveza perteneciente a la cervecera escocesa Harviestoun. Me estoy refiriendo a la Ola Dubh, una ale muy oscura, al estilo escocés, añejada en barricas donde había madurado anteriormente un whisky de 12 años. Una grandísima cerveza. Pero no es la única que fabrica Harviestoun, ni mucho menos. En su haber cuenta con algún otro ejemplar digno de mención (para bien) en este humilde foro.
En una tierra como lo es la escocesa, abundante en cervezas austeras de malta, y donde el gusto tradicional es dulce, el señor Ken Brooker, procedente de Dagenham, un antiguo trabajador del sector del automóvil, abandonó su trabajo, cambiando los coches por las ales, y tomó la decisión de ir contracorriente cuando en 1984 se introdujo de lleno en el panorama cervecero artesanal escocés. Comenzó a elaborar unas cervezas aromáticas y alegres dentro de los gruesos muros de piedra que custodiaban una tradicional granja en Dollar, una localidad rural de la campiña escocesa situada entre Glasgow y Edimburgo, con el objetivo de satisfacer la curiosidad por los sabores y aromas arrancados de los ingredientes naturales de la cerveza, únicamente acompañado en un comienzo por un inquilino rebelde, un ratón que terminó siendo su mascota y al que le pusieron el nombre de Harvie. Así nació la Harviestoun. El nombre de Dollar, precisamente proviene de "dollier", una palabra que en escocés gaélico significa "oscura y sombría", un término más que apropiado para describir una de las cervezas más emblemáticas de la cervecera, la Old Engine Oil, posiblemente su creación más oscura hasta el lanzamiento de la ya mencionada Ola Dubh, con un aspecto cercano al petróleo. La Old Engine Oil es una ale de color negro, opaca, elaborada combinando una malta muy tostada de cebada con avena y un poco de malta pale, para conseguir una cerveza densa y pegajosa con matices de chocolate oscuro y carácter de oporto. Sin embargo, a pesar de las innumerables críticas positivas recibidas por esta cerveza, es el lanzamiento de una ale dorada la que supuso un punto de inflexión crucial en la evolución de la compañía, siendo una de sus cervezas más conocidas:  la Bitter & Twisted, deliciosa y suavemente lupulizada, donde una base de malta pale con algo de trigo combina a la perfección con los lúpulos Hallertau, Challenger y Celeia Styrian Golding. Ha sido tal la popularidad de esta cerveza que se podría asegurar que es la principal responsable del impulso que ha experimentado la compañía durante los últimos años. Actualmente representa casi el 60% de los 7500 barriles que produce anualmente la Harviestoun, lo que nos hace tener una idea bastante aproximada de cuán importante ha sido para la cervecera esta ale. Fue la ganadora del campeonato nacional del cerveza escocesa en 1999, y más tarde pasó a recibir su corona en el campeonato de cerveza del Reino Unido durante cuatro años consecutivos. Como era de esperar, el resultado de todos estos galardones acumulados provocó que se incrementase notablemente la demanda, de modo que resultó necesario un traslado de las instalaciones donde fabricaban las Harviestoun, a otras de mayor envergadura lejos de Dollar en 2004, lo que fue el comienzo del alejamiento de lo que en un principio comenzó siendo el proyecto de Ken Brooker.
En 2006, tras más de 20 años de andadura en el mercado cervecero, Brooker cedió la compañía a la Caledonian Brewery, que introdujo novedades, como una nueva línea de marketing, y una renovacion de las cadenas de embotellado y distribución, aunque mantuvo inalterable lo más importante, la cerveza, el talento responsable de la creación de las cervezas que habían logrado forjarse una gran reputación en el mercado británico. Más tarde la Caledonian fue comprada por Scottish & Newcastle y esta a su vez por uno de los cuatro gigantes, en este caso Heineken. Curiosamente a partir de ese momento Harviestoun volvió a recuperar gran parte de su independencia gracias a un cambio en el timón de la compañía, justo antes de lanzar la ya mencionada Ola Dubh, que nace realmente de la Old Engine Oil, aunque con una importante diferencia, su maduración en barriles de whisky de una única malta. De hecho el nombre de la cerveza en castellano quiere decir "aceite negro", lo que nos sugiere ese parentesco con la Old Engine Oil.  Para la ocasión Harviestoun unió sus fuerzas a las de destilería escocesa Highland Park situada en las islas Órcadas, uno de los cinco productores de whisky que aún continúa usando métodos tradicionales de aplicación de la malta y de la turba. Fue la primera colaboración oficial en todo el mundo entre una cervecera y una destilería de whisky, dando como resultado una gama de ales envejecidas en función del número de años que hubiese estado el whisky madurando en el interior de las barricas, pudiendo ser de 12, 16, 18, 30 o incluso 40 años. Todas ellas rebosantes de una enorme complejidad y repletas de matices voluptuosos que la emparentan con el whisky. Personalmente, tal y como comentaba al comienzo de la entrada, la elegida para el FFdA fue la de 12 años, y ya eran claramente perceptibles los matices de madera, vainilla, tabaco, turba y chocolate. La Harviestoun tiene firmado un contrato de 5 años de colaboración con la destilería, por lo que a priori podremos disfrutarla sin problemas durante un tiempo, más aún cuando la cervecera escocesa se ha propuesto firmemente potenciar la distribución internacional de sus cervezas, apoyándose en el camino abierto por esta sensacional ale añejada.
Aparte de las ya mencionadas, la Harviestoun también tiene en su portfolio, una cerveza muy interesante. En este caso una lager, la Schiehallion (cuyo nombre es el de una montaña cercana), muy seca y floral, con un punto afrutado, que fermenta a bajas temperaturas en barril. Curiosamente y como dato bastante llamativo hay que mencionar que según el propio Stuart Cail, actual maestro cervecero de la Harviestoun, emplean el mismo tipo de levadura en la fermentación ensus cervezas, tanto para la lager mencionada por ejemplo, como para la Ola Dubh, por increíble que parezca. Al parecer la levadura ale que utilizaban para las ales se infectaba con facilidad, por lo que comenzaron a fabricar las ales con levaduras lager, comprobando que funcionaba igual de bien, o incluso mejor.
Aparte de las cervezas mencionadas Harviestoun mantiene algunas otras en su portfolio que también resultan interesantes como la Haggis Hunter's Ale, llegando a estar presente en más de 20 países, de lo cual, particularmente estamos muy agradecidos en el caso particular de España por poder disfrutar de su buen hacer.


Cata:

Graduación:4,2º
Temperatura de servicio: Entre 6ºC y 8ºC
Tipo de vaso recomendado: Vaso de pinta británico.

Aspecto: De color miel, cercano al ámbar, y con algo de velo. No forma demasiada espuma, aunque la corona alcanza el dedo de espesor, de color blanco, muy porosa, y de duración media, quizás provocado por un carbónico compuesto de diminutas burbujas y no demasiado abundantes.
 

Aroma:Fresca, floral con un punto de complejidad y toques de fruta como peras y cítricos fundamentalmente limón y pomelo, tan habitual este último en muchas de las cervezas intensamente lupuladas. También se perciben notas maltosas apareciendo el caramelo. Todo ello construyendo un suave perfume muy elegante, sin estridencias.
 
Sabor y textura: Con una entrada muy limpia y con el gusto a malta y caramelo al frente, es una cerveza que entra facilidad y de cuerpo medio. Presenta el grado justo de amargor, acompañado de suaves matices florales, a hierba húmeda y cítricos. Muy equilibrada y refrescante. Sencilla pero muy bien hecha. Finaliza con un regusto prolongado con un amargor de intensidad moderada y un punto seco.

Maridaje:Cazón adobado.
Nota:



Cata:

Graduación: 6º
Temperatura de servicio: 10ºC aproximadamente.
Tipo de vaso recomendado: Vaso de pinta británico.

Aspecto: De color negro, profundamente oscuro, compacta y de aspecto viscoso similar al de un carburante usado, como el propio nombre de la cerveza indica. Forma una generosa capa de espuma de un par de dedos de espesor, de color marrón, con buena retención, aunque muy porosa y también pegajosa, adheriéndose abuntamente al cristal.


Aroma:Malta tostada, con un profundo y muy intenso aroma a torrefacto, con notas de café sólo recién hecho, y algo más comedidas de chocolate negro. También se aprecian matices complementarios de un toque ahumado y de regaliz.
 
Sabor y textura: Densa, muy cremosa, con mucho cuerpo y el punto idóneo de carbonatación. Predominan los torrefactos con toques de chocolate al comienzo, inundando la boca para que posteriormente comiencen a aparecer matices terrosos propios de los lúpulos Fuggles y de tabaco, para desembocar en un regusto amargo, con dejes de regaliz y un punto especiado y a madera.

Maridaje: Asado de cordero.
Nota: