domingo, 26 de agosto de 2012

La cerveza en la Edad Media y el clero


Lejos de las fronteras de los reinos cristianos ibéricos, en el corazón de Europa, la Edad Media supuso un punto de inflexión en la historia para la evolución de la cerveza, llegando a ser una época dorada donde la producción de nuestra amada bebida comenzó a ser un negocio rentable. Quienes mejor parados salieron en un comienzo fueron los monjes de los monasterios donde se comenzó a elaborar cerveza, como en más de una ocasión he comentado en el blog anteriormente. Frente a los productores privados ajenos a los monasterios, los frailes gozaban de una situación privilegiada ya que estaban exentos de pagar impuestos en la mayoría de las ocasiones, aparte de que la Iglesia como institución mantenía enormes propiedades, principalmente en forma de terrenos, que le permitía disponer de materias primas para la fabricación de la cerveza en cantidades en las que nadie podía competir. Era la consecuencia de los vínculos entre nobleza (incluso realeza) y clero, donde los primeros querían comprar de alguna manera su entrada en el reino celestial de mano de regalos, donaciones y dádivas hacia la Iglesia. Esta situación de flagrante competencia desleal produjo una obvia diferenciación entre las cervezas producidas en abadías y conventos y las laicas, siendo las primeras más densas, sabrosas y de mejor calidad.

Curiosamente con una misma cosecha de cereales resultaba mucho más productivo fabricar cerveza que destinarla a la fabricación de harina y pan. Este hecho influyó notablemente en el éxito que tuvo la cerveza como bebida durante el medievo, aparte de que sin duda era una bebida placentera, que lograba también alimentar el estómago aparte del espíritu y los sentidos, por lo que era incluida como parte del refrigerio y avituallamiento de los peregrinos que pedían alojamiento y comida en los monasterios. Con estas premisas es fácil imaginar la enorme influencia que han ejercido los monasterios en la historia de la cerveza. Como muestra de ello en el año 817, en la ciudad de Aquisgrán se celebró un concilio por orden de la autoridad de la Iglesia, donde se llegó a la conclusión de que era necesario reglamentar la producción, venta y consumo de cerveza.

A lo largo de la Edad Media, fueron los monasterios quienes mantuvieron e hicieron evolucionar la tradición cervecera, dando origen con el tiempo a las conocidas como cervezas de abadía,  su principal legado que hoy mucho conocemos y seguimos disfrutando con infinidad de ejemplos, especialmente abundantes entre las cervezas belgas. Los monjes supieron mantener toda su sabiduría acumulada al respecto, en el más estricto secreto, consiguiendo preservar las recetas y los procesos aplicados durante la elaboración de su particular cerveza alcanzando notables avances, logrando mejorar tanto el aspecto de la cerveza como su sabor y aroma. Hemos de tener en cuenta que el sabor de la cerveza en la Edad Media no era ni mucho menos el que conocemos ahora, entre otros motivos debido al uso de diferentes cereales malteables. Aunque los principales cereales utilizados eran cebada y el trigo, como en la actualidad,  la avena y el centeno resultaban también muy frecuentes. Pero al margen del cereal, existía un ingrediente especial añadido a la malta, y que fue introducido por los monasterios, y que era el responsable en gran parte del sabor de la cerveza del medievo: el gruit (grutum en latín). Hay existencia de documentos oficiales que atestiguan su utilización ya en el año 999. El gruit ha sido un ingrediente envuelto en multitud de misterios durante largo tiempo, pero gracias a los documentos conservados de varias ciudades medievales, se tiene constancia de que se trataba en realidad de una mezcla de una media docena de plantas silvestres de zonas pantanosas, desecadas, molidas y mezcladas a su vez con resina de pino. El gruit hacía de conservante y aromatizante de la cerveza, y terminó siendo un ingrediente crucial en la elaboración de la cerveza medieval, llegando a generar toda una regulación respecto a la cantidad que se podía fabricar, el precio que debía tener y los impuestos asociados al producto. Algunas ciudades medievales obtuvieron un permiso especial mediante el cual podían comercializar el gruit abonando determinados impuestos al señor feudal de turno. La importancia de este ingrediente llegó a ser tal que los comerciantes de grut eran los hombres más ricos de la ciudad.

Los monjes continuaron refinando el proceso de elaboración prácticamente hasta la perfección, y dentro de esta constante evolución pasaron de utilizar gruit a otro ingrediente de origen vegetal que revolucionó la cerveza desde el momento de su introducción en la elaboración de la misma. Muchos ya sabréis que me estoy refiriendo al lúpulo. Su uso fue institucionalizado por parte del clero debido a su sabor y sus valiosas propiedades como conservante.  Su sabor amargo hacía a la cerveza más ligera e igualmente era útil para combatir levaduras silvestres, por lo que la cerveza se podía conservar mejor, incrementando las posibilidades de transporte y comercialización. Como muestra del cambio del gruit por el lúpulo, en el año 1.079, la abadesa Hildegarde de St. Ruprechtsberg menciona el poder antibacteriano del lúpulo y apunta que la cerveza aromatizada con lúpulo se conserva mejor que la que no lo utiliza. Su obra contiene la mención escrita más antigua que existe de la utilización del lúpulo en la elaboración de la cerveza.


Los señores feudales intentaron de algún modo frenar el uso del lúpulo, para no perder los ingresos derivados de los impuestos sobre el gruit, pero las ciudades hanséaticas del norte de Alemania, que empezaron a elaborar cerveza utilizando lúpulo, eran tan poderosas comercialmente, que se incluso comenzaron a exportar esta cerveza a territorios más al sur.  El éxito de la nueva cerveza, más ligera y más limpia, gracias al uso del lúpulo hizo que desapareciera la utilización del gruit. La consecuencia lógica de ello fue la paralela desaparición del impuesto aplicado sobre el gruit, lo que llevó a la aparición de un nuevo impuesto especial en la producción de la cerveza. Como podemos comprobar los monjes marcaban la pauta en el terreno de la producción cervecera, primero con la introducción del gruit y después del lúpulo. Su peso en materia de elaboración ha ido perdiendo relevancia por lógica con el paso del tiempo, pero aún hoy en día permanece parte de su influencia. Tal y como comentaba anteriormente su principal legado son las denominadas cervezas de abadía, y dentro de estas especialmente las trapenses. La tradición de las excelentes cervezas belgas que muchos conocemos, no sería la misma de no ser por estas cervezas denominadas trapistas (si usamos el extranjerismo) o trapenses, que son aquellas elaboradas en los monasterios cistercienses de la orden de la trapa bajo unas excepcionales normas de calidad, que aumentan su acumulado prestigio gracias al hecho de que sólo reciben esta denominación seis cervezas belgas y una holandesa, cumpliendo con una serie de principios necesarios para la obtención del sello de producto trapista. Afortunadamente hoy en día podemos seguir disfrutando de auténticas joyas como una Rochefort 10, o una Westmalle Tripel, o una Chimay Grand Reserve, o quizás una Orval, que esperemos que se sigan produciendo durante muchos años. Otros fabricantes de carácter laico, simplemente han comprado o repoducido o incluso mejorado las recetas de estas cervezas, dando lugar a algunas otras maravillas perpetuando las cervezas de abadía como un género (con sus variantes doble, triple, cuádruple) en sí mismo.

Como podemos comprobar, en todo momento la comunidad monástica ha tenido mucho que decir en el terreno de la elaboración cervecera y todos los que amamos la cerveza debemos mucho al trabajo de estos hombres que durante siglos han amado igualmente esta maravillosa bebida, haciendo posible que la cerveza haya ido alcanzando el status que mantiene hoy día. Salud!

martes, 21 de agosto de 2012

Erdinger Pikantus, una perla negra entre las weizen


A veces me resulta difícil elegir la cerveza sobre la que deseo hablar en el blog ya que suelo tener especialmente en cuenta el que no haya hablado aún sobre ella hasta el momento, aunque hay ocasiones en el que resulta inevitable la reiteración en la cervecera. Para aquellos que ya lleven un tiempo siendo asiduo a estas líneas ya sabrán de mi predilección por los clásicos y por las cervezas belgas y alemanas. Si la anterior cerveza comentada fue una belga, la de hoy es originaria del país teutón, la Erdinger Pikantus, una pequeña joya oscura, una weizenbock, cual delicada perla negra entre el resto de las weizen que elabora la cervecera Erdinger, uno de los referentes imprescindibles si hablamos de cervezas de trigo. Especialmente indicada quizás para degustar en los fríos días de invierno, el verano no resulta ni mucho menos una temporada vetada para esta cerveza que podemos encontrar fácilmente en los estantes de algunas de las cadenas de grandes superficies que podemos encontrar en España.

Sobre la cervecera...
Los orígenes de la célebre cervecera alemana Erdinger se sitúan a finales del siglo XIX, en el año 1886, cuando se recoge en un documento oficial del municipio bávaro de Erding la construcción del edificio que albergaría la cervecería que tomaría el nombre de la ciudad que la vio nacer. Como es habitual en muchas cerveceras bávaras la especialidad de la casa fueron las weizen o cervezas de trigo. En 1890 la cervecera cambio de manos por primera vez pasando a ser propiedad de la familia Stadlmaier proveniente de Munich. Ya en el siglo XX, durante los años 30 previos a la II Guerra Mundial, la cervecería sufre un par de acontecimientos cruciales en su historia. En primer lugar fue comprada por la maltería FW Otto AG de Hildesheim. Y en segundo lugar, la persona designada para dirigir la fábrica, Franz Brombach fue el principal responsable de establecer las bases de lo que representa en la actualidad esta marca en el panorama cervecero mundial, llevándola a una cotas de éxito hasta entonces inéditas en la historia de la cervecera. 
Ya en 1935 Franz Brombach no sólo es el director de la cervecera sino que toma posesión de ella teniendo el control absoluto sobre la producción y la gestión financiera de la misma. En aquel momento el volumen de la producción anual era de 2500 Hectólitros. En la actualidad la fábrica puede llegar a alcanzar los 8100 Hectólitros en un día a máximo rendimiento, lo que nos da una idea de lo que es hoy en día Erdinger. Más adelante tras la contienda bélica que paró la actividad económica de Alemania y prácticamente toda Europa, la cervecera retomó su actividad con grandes bríos y en 1949 tomó el nombre oficial con el que se la conoce hoy en día, Erdinger Weissbräu. En 1975 la producción anual ya había crecido hasta superar los 40000 Hectólitros, y en ese mismo año el hijo de Franz, Werner Brombach, propietario en aquel momento de la cervecera entró de lleno en el negocio familiar. Al comienzo de la década de los 70 la Erdinger lanzó una campaña de publicidad para sus cervezas de trigo, haciendo hincapié en las características de la especialidad tradicional de Baviera, y los estándares de alta calidad, y acompañándose de un jingle que llegó a ser enormemente popular en Alemania. 
En 1980 el ya octagenario Franz Brombach se retira definitivamente y deja su trabajo en la fábrica. En 1983 se remodelan por completo las instalaciones y la maquinaria de la cervecera dentro de un proyecto ambicioso por alcanzar los mayores niveles de calidad y el aumento de la producción a cotas mucho mayores. En la reforma se incluyo una nueva sala de fermentación, un almacén, un nuevo cuarto de filtrado más un laboratorio y todo ello se pone en marcha tan sólo 11 meses después de iniciar la remodelación. La capacidad de producción de la fábrica se eleva hasta los 600000 Hectólitros anuales. A finales de los 80 se crea una nueva planta embotelladora capaz de llenar más 100000 botellas en una hora, y además se inaugura un nuevo almacén, controlado por un sistema computerizado, capaz de albergar una producción de 80000 Hectólitros. Ya en los años 90 Erdinger es una de las principales firmas cerveceras alemanas del mercado alcanzando grandes hitos como por ejemplo, romper la marca de producción de nada menos que un millón de Hectólitros anuales. La cervecera igualmente ha realizado importantes inversiones a nivel de marketing creando por ejemplo un fan club en 1995 o el portal web www.erdinger.de. Actualmente Erdinger es junto con Schnneider la fábrica especializada en producción de cervezas de trigo más importante de Alemania.
También si tenemos oportunidad es posible realizar una visita guiada en alemán o inglés a la fábrica de Erdinger en Erding, donde podremos no solamente aprender cómo se realiza el proceso de elaboración, sino que además es posible degustar cualquier cerveza de la gama producida por Erdinger, durante un par de horas con un variado y abundante surtido de salchichas y panecillos para finalizar la visita. Altamente recomendable sin lugar a dudas.
Quizás el éxito de las cervezas de la Erdinger se deba al agua fresca de manantial o a los lúpulos de la región de Hallertau, o a la aplicación de la sabiduría acumulada tras cerca de un siglo de historia a manos de la familia Brombach.



Cata:
 
Graduación:7,3º
Temperatura de servicio: 10ºC aprox.
Tipo de vaso recomendado:Copa para weissbier.
Aspecto: De tono oscuro cercano al negro, bastante opaca, sin apenas penetración luminosa. La capa de espuma formada tras el servicio en una copa aflautada para weizen es de color crema y de algo más de dos dedos de espesor. Muy porosa y esponjosa, con una duración media y elevada adherencia al cristal, dejando dibujados aros de encaje en los primeros tragos especialmente.
Aroma: Muy agradable con predominio de notas de malta con carácter tostado y matices propios del trigo, como acidez, y algo de plátano, acompañadas de una serie de notas a frutos oscuros y un toque de levadura que por momentos parecen traer consigo reminiscencias a las cervezas de abadía cuádruples, de no ser por el alcohol mucho más evidente en las cuádruples belgas.
Sabor y textura: A pesar de ser una weizenbock, en conjunto no se muestra tan dulce como suele ser lo frecuente en este estilo, siendo esta característica especialmente detectable en el final. El alcohol, a pesar de sus más de 7º, no se deja ver demasiado, pasando desapercibido la mayor parte del tiempo. Destaca el gusto maltoso, con matices tostados y de trigo hábilmente combinados, creando una base de malta realmente bien definida, limpia y de gusto muy agradable. La fruta oscura complementa las sensaciones en el paladar, aunque no de una forma tan intensa como se advertía en nariz. De cuerpo medio-alto y con un carbónico acentuado, es una cerveza que por momentos gana peso en boca, teniendo una textura densa, algo masticable y que requiere un trago pausado. Finaliza con un regusto seco y un punto especiado. Buena cerveza, un escalón por debajo de otras cervezas del estilo pero en cualquier caso recomendable y repetible.
Maridaje: Arroz con conejo y verduras.

Nota

lunes, 13 de agosto de 2012

Dubuisson Bush Prestige, un paladar de mucho prestigio

Tras unos días de descanso en el blog, vuelvo a la carga, y con fuerza comentando una cerveza muy contundente y de alto prestigio. Nunca mejor dicho lo del prestigio, puesto que la cerveza comentada hoy es la Bush Prestige, posiblemente la cerveza estrella de la marca belga Dubuisson. Una strong golden ale muy compleja, difícil de encontrar e igualmente costosa, puesto que es una de las cervezas más caras que podemos encontrar en el mercado, sobre todo teniendo en cuenta que es de procedencia europea, por lo que no lleva añadidos unos costes de distribución tan elevados como en el caso de las cervezas norteamericanas.

Sobre la cervecera...
La que fuera más tarde la cervecera Dubuisson fue fundada como otra empresa por Joseph Leroy en 1769, tras perder su trabajo como cervecero en la cervecería Ghissegnies al ser destruida. Aquella era una época un tanto complicada para los profesionales del gremio en tierras belgas, ya que la emperatriz María Teresa de Austria, soberana de los belgas en aquellos tiempos, ordenó la destrucción de las cerveceras que se encontraban en manos de la nobleza y que resultaba exhimida del pago de los impuestos preceptivos provocando una situación muy tensa y conflictiva. Obviamente la solución elegida para intentar lograr una especie de compensación fue la peor de las posibles.

Los descendientes de Joseph Leroy siguieron sus pasos, y así uno de sus nietos, quien se suponía que iba a heredar la empresa familiar no tuvo hijos varones, por lo que tuvo que cedérsela a su hija Aline Leroy que contrajo matrimonio con Clovis Dubuisson, quien fue el futuro propietario del negocio tras el fallecimiento de su suegro. Así se produjo el cambio de nombre del negocio, recibiendo el apellido de la familia Dubuisson, y que mantiene hasta la actualidad. Los dos hijos de Clovis, Amedée y Alfred, fueron los abuelos de los respectivos propietarios de la compañía en la actualidad, Vincent y Hugues Dubuisson. Tras hacerse cargo de la cervecera, durante los primeros años, Clovis se limitaba básicamente a apagar la sed de los granjeros, jornaleros y vecinos de la zona, por lo que la actividad de la fábrica era un tanto limitada. Durante la I Guerra Mundial la actividad empresarial del negocio tuvo que detenerse por orden de las autoridades alemanas, cuando confiscaron todo el cobre de las instalaciones para poder usarlo como materia prima para la fabricación de material bélico. Con el objetivo de no ceder el cobre a los invasores, los propietarios de la cervecera tomaron la decisión de desmontar por completo los alambiques y demás instrumental, cortarlos en piezas de pequeño tamaño, y lanzarlas al estanque de agua que hay junto con la cervecería. Aún hoy es posible encontrarlos allí.
A comienzos de los años 30 Alfred y Amedée se hicieron con la granja cervecería de sus padres. Las labores propias de la granja no eran del agrado de Alfred, por lo que ambos hermanos decidieron suspender la actividad como granja y se centraron únicamente en la producción de cerveza. Dada la creciente popularidad de la época por las cervezas inglesas, Alfred decidió elaborar una cerveza que combinara precisamente cualidades propias de las cervezas belgas con un toque de gusto inglés, introduciendo más lúpulo. De esta forma se lanzó al mercado la Bush beer. El nombre no fue elegido de forma azarosa, ya que Dubuisson quiere decir "bosque" en francés, mientras que en inglés el término bush puede significar bosque o arbusto. A pesar de haber elaborado diferentes tipos de cervezas a lo largo de su trayectoria, precisamente sus cervezas Bush fueron las que cosecharon más prestigio y mejor acogida entre el público autóctono, además de conquistar el mercado internacional. 
Actualmente la fábrica produce entorno a los 22.000 hectólitros de sus variedades Bush-Scaldis y llega a exportar hasta una cuarta parte de dicha producción a diferentes países en todos los continentes.
Como ya apuntaba al comienzo de la entrada la cervecera es dirigida actualmente por Vincent y Hugues Dubuisson, al que les une el grado de parentesco de primos, siendo la más antigua cervecera de carácter familiar que perdura hoy en día en Valonia, lo que imprime un carácter y personalidad al propio negocio y que han querido trasladar a sus cervezas. Más de 3000 personas cada año pueden ser testigos de como se dedica la familia Dubuisson a la elaboración y maduración de sus cervezas, a través de las visitas que es posible realizar a su fábrica. 

Dubuisson Bush Prestige


Graduación:13º
Temperatura de servicio:14ºC-16ºC
Tipo de vaso recomendado: Sniffer o copa de balón
Aspecto:De color a medio camino entre el ámbar y un tono miel oscuro. De aspecto denso, velado y con sedimento en suspensión fácilmente apreciable. De carbonatación media y burbuja fina, la corona de espuma formada es prácticamente inexistente.
Aroma:De aroma potente, las notas de carácter dulce, afrutado y alcohólico parecen querer saltar fuera de la copa. Destaca por tanto de forma especial la fruta, donde podemos encontrar uva, manzana, naranja caramelizada o pasas entre otros. El alcohol es muy perceptible acompañando a todos los olores que podemos detectar, siendo compañero inseparable de cada uno de los matices. Otras notas destacables son azúcar quemada, caramelo, un punto especiado y sobre todo madera con matices avainillados.
Sabor y textura: Cerveza de corte claramente dulce y muy alcohólica. Paladar muy agradable con sabores cuidadosamente combinados como miel, caramelo, manzanas, pasas y vainilla. Cerveza con un cuerpo notable, y muy contundente, me resultó un tanto difícil de beber. Los primeros tragos resultan muy atrayentes, pero a medida que avanzamos con la copa resulta algo costoso acabarla. De final muy alcohólico, especialmente detectable tras ir calentándose la copa, deja una notable sensación de astringencia y sequedad en boca. Cerveza en definitiva muy compleja, que puede llegar a cansar, un tanto alcohólica en exceso para  mi gusto personal. Ideal para compartir y beber en pequeñas cantidades, especialmente con los postres.
Maridaje:Tarta de Santiago

Nota:

jueves, 2 de agosto de 2012

Samuel Adams Boston Lager, inequívocamente americana

 

Hacía tiempo que quería hablar de la cerveza norteamericana Samuel Adams Boston Lager, ya que fue la primera cerveza de factura estadounidense que probé al margen de las gigantescas industriales archiconocidas como Budweiser, Coors, Miller, etc. Fue en el año 2008 durante la primera parte de mi luna de miel en la ciudad de Nueva York cuando supe de la existencia de esta cerveza. En aquellos momentos mi trayectoria cervecística que ya comenzaba a resultar extensa, se centraba en las cervezas de importación europeas, principalmente belgas y alemanas, pero las norteamericanas eran prácticamente unas desconocidas para mi al margen de las macros ya mencionadas. En los restaurantes neoyorkinos era la cerveza más frecuentemente servida (en botella), al menos en Manhattan, y lo cierto es que me gustó bastante, por lo que repetí en varias ocasiones a lo largo del viaje, y eso que la cerveza no está producida en Nueva York sino en Boston. De la célebre Brooklyn, entonces desconocida para mi, ni rastro. En seguida me quedé con el nombre de la cerveza, puesto que era bastante fácil tratándose de uno de los padres de la patria estadounidense, con un papel relevante en la historia de aquel país. En España, de un tiempo a esta parte, es relativamente fácil encontrarla ya por fortuna en cervecerías y tiendas especializadas. 

Sobre Samuel Adams

Samuel Adams nació en Boston en 1722 y murió en la misma ciudad a la avanzada edad de 81 años en 1803. Históricamente es considerado como una de las figuras relevantes dentro de la obtención de la independencia de los Estados Unidos. Fue miembro de la Cámara de los Representantes, que se opuso a la británica Ley del Timbre, y fue el autor de diferentes artículos que se oponían a la política fiscal del imperio británico, uno de las principales reivindicaciones de las colonias norteamericanas. Adams lideró la asamblea de Massachussets y perteneció a una sociedad secreta denominada los "Hijos de la Libertad". Personalmente consideraba que el parlamento inglés no debía tener derecho alguno para poder legislar sobre las colonias norteamericanas, pero al mismo tiempo era un político muy astuto (como lo han de ser) y ser reservó de hacer público este planteamiento sin antes conseguir  el apoyo de la mayor parte de la población, ya que de esa manera tendría más fuerza para subir el primer escalón hacia la independencia de la corona inglesa. Independentista convencido, Samuel Adams fue uno de los instigadores del célebre Motín del té de Boston, en 1773, símbolo del comienzo de la lucha por la independencia de los Estados Unidos. Llevó a cabo del mismo modo, una intensa actividad de propaganda política y fue miembro del Congreso Continental de Filadelfia. Participó junto con su primo John Adams, en el proyecto de la constitución de la comunidad de Massachusetts, y fue uno de los votantes de la declaración de independencia de 1776. Su efigie aparece en las etiquetas de la cerveza con su propio nombre, lo cual resulta curioso si tenemos en cuenta que el propio Samuel Adams provenía de una familia de cerveceros.
 
Sobre la cervecera...

La Samuel Adams Boston Lager es elaborada por la Boston Beer Company fundada por Jim Koch en 1984, con el objetivo de servir a los norteamericanos una cerveza genuinamente americana y con mayor calidad a lo que estaban acostumbrados a beber. Supuso el regreso a una tradición familiar, ya que Jim pertenece a la quinta generación de su familia que se dedica a la elaboración de cerveza, al igual que el líder revolucionario, en cuyo homenaje le pondría nombre a la principal cerveza producida por la compañía. Tomó la decisión de seguir los pasos de su padre rescatando una receta que fue utilizada por vez primera por su tatarabuelo Louis Koch en 1870.
En la actualidad la Boston Beer Company es una sociedad anónima con una plantilla de más de 350 empleados, que trabajan con una misma pasión y objetivo: poder hacer llegar buena cerveza a los consumidores y amantes de la cerveza en cualquier parte del mundo.
Jim llegó a ser nombrado empresario del año en EE.UU. y sus maestros cerveceros han sorprendido al público en varias ocasiones con nuevas referencias y ediciones especiales como pueden ser la Samuel Adams Utopias y Samuel Adams Chocolate Bock, o la colaboración con la alemana Weihenstephan en la elaboración de la Infinium.
La Boston Beer Company sigue siendo considerada una American Craft Brewey a pesar de que su volumen de producción supera los 2 millones de barriles de cerveza, o lo que es lo mismo, casi dos millones y medio de hectolitros, y ello se debe a que es una cervecera independiente, donde no existe ningún grupo cervecero externo con más del 25% de las acciones y además aplica métodos tradicionales de elaboración utilizando únicamente los ingredientes básicos de la cerveza haciendo especial hincapié sobre la malta.
Hoy en día elaboran infinidad de referencias abarcando numerosos estilos cerveceros como las Pumpkin Ale, las Bock, las Altbier, las Schwarzbier, las Rauchbier... e incluso las esquivas Gose. En este caso la Samuel Adams Boston Lager, está encuadrada dentro de las Viena Lager.

Samuel Adams Boston Lager





Graduación:4,8º
Temperatura de servicio:8ºC aproximadamente
Tipo de vaso recomendado: Vaso de pinta británico.
Aspecto:De color ámbar con reflejos cobrizos, transparente y de burbuja pequeña, forma una vistosa corona de espuma blanca, muy esponjosa y porosa, pero de gran duración y con muy buena adherencia dejando atractivos rastros unidos al cristal.
Aroma:Mucha malta acompañada de matices de caramelo y tostado, junto con notas terrosas y florales principalmente, de los lúpulos utilizados, junto con un punto especiado, y por momentos igualmente se aprecia alguna aparición de cítricos que complementan un espectro aromático no muy extenso, pero agradable y equilibrado entre notas maltosas y lupuladas.
Sabor y textura: Cerveza de cuerpo medio, de textura algo oleaginosa y carbonatación comedida. La principal y mejor virtud es su equilibrio logrando un balanceo de notas dulces y amargas muy bien conseguido, tal y como sucedía en el aroma. Podemos encontrar en perfecta armonía notas a malta tostada, caramelo y pan horneado, que un principio podemos pensar que son las predominantes, pero pronto se comprueba que se encuentran en compañía de otras notas de carácter cítrico y floral, que dotan a la cerveza de un amargor moderado. Sin embargo el regusto es fundametalmente seco acrecentando su sensación refrescante. No es una cerveza espectacular ni sorprendente , pero está muy bien hecha.
Maridaje:Conejo al ajillo

Nota: