viernes, 28 de septiembre de 2012

Struise Pannepot, una obra maestra


Hoy tengo el placer de hablar de una de las mejores cervezas belgas que hay en el panorama cervecero,  y que actualmente goza de una posición privilegiada, la Pannepot, de la cervecera De Struise Brouwers. Tanto cerveza como cervecera acumulan una gran reputación y son muy apreciadas por aficionados y críticos de todo el mundo. En las webs de ratings de cervezas como Ratebeer o Beeradvocate hay sobrados ejemplos que así lo demuestran. Sin ir más lejos los fans de Ratebeer incluyeron nada menos que 9 cervezas de De Struise en el ranking de las 100 mejores cervezas de Bélgica en 2009. Sólo fue desplazado del primer puesto del ranking de productores por los venerables monjes trapistas de Westvleteren, ocupando el segundo lugar. Un año antes la misma web declaró a De Struise como los mejores elaboradores de cerveza del mundo basándose en la encuesta anual a sus miembros lo que fue acogido de diferente manera por entusiastas y críticos del mundo entero. Muchos de ellos dieron un mayor valor aún al simbólico galardón ya que la cervecera es de reciente creación y además por aquel entonces no disponía de fábrica propia. La cervecera también recibió 7 premios en categorías separada de Ratebeer, incluyendo sus elogiadas cervezas Aardmonik y la protagonista de esta entrada, la Pannepot. Por lo general las puntuaciones que aparecen en estos sitios web suelo interpretarlas con cautela, pero cuando tantos aficionados piensan que una cerveza es muy destacable normalmente es por algo.

Sobre la cervecera
El origen de esta cervecera se sitúa en la localidad belga de Lo-Reninge, en una granja de cría de avestruces con un establecimiento de acogida de huéspedes colindante, propiedad de Urbain Coutteau y Philippe Driessens. Ambos desarrollaron un interés creciente por la fabricación artesanal de cervezas que de algún modo fueran distintivas de la región y que pudieran ofrecer a sus invitados. Comenzaron a hacerlo con la ayuda de un fabricante de vino de la tierra, Carlo Grootaert y con el paso del tiempo el negocio de la fabricación de cerveza comenzó a crecer de tal modo que adquirió la suficiente autonomía como para ser un negocio independiente de la granja y la casa de huéspedes. La andadura oficial de la cervecera empieza en 2003. Al principio elaboraban sus cervezas en las instalaciones de la cervecera Caulier en el norte de la provincia de Hainaut. La empresa se muda en 2006 a Flandes. Allí mantiene abierta y en funcionamiento en la actualidad su propia fábrica de cerveza y sala de degustación en un edificio rehabilitado de la antigua escuela de la localidad de Oostvleteren.

La compañía toma su nombre de la palabra que históricamente se utilizó en antiguo flamenco que quiere decir "avestruz", que al mismo es un término perteneciente al argot contemporáneo que signfica "duro". La compañía transformó su nombre al inglés como "The Sturdy Brewers" que se podría traducir como "Los cerveceros resistentes", lo que va en la línea de este último significado. Muchas de las etiquetas de sus cervezas incluyen avestruces dibujados, un rasgo que comparten con la micro holandesa 't IJ.

Siguiendo las corrientes de la industria que han hecho tremendamente populares a los craft-brewers norteamericanos, la cervecera se ha aventurado a experimentar con cervezas más fuertes y aromáticas y también envejecidas en barril. Sus colaboraciones han sido frecuentes con otros productores europeos de la actual escena cervercera como pueden ser los daneses de Mikkeller los belgas de Alvinne o los holandeses de De Molen.

Sus cervezas

Entre el gran número de cervezas que componen su portfolio destacan las siguientes cervezas:
  • Struise Witte (5º): Una muestra del estilo belga witbier elaborada con trigo y especias. 
  • Struise Rosse (6º): Una cerveza ambarina/cobriza de alta fermentación sin filtrar ni pasteurizar.
  • Struiselensis (6º): Una ale rubia agria en cuya elaboración intervienen las levaduras salvajes Brettanomyces bruxellensis.
  • Pannepot (10º): Una strong dark ale cuyo nombre hace referencia a un tipo tradicional de embaración de pesca en el región de De Panne. La cerveza es considerada el producto más vendido y popular de la compañía.
  • Pannepot Grand Reserva (10º): Es la versión envejecida en barril de la Pannepot de cada año.
  • Aardmonnik (8º): Su nombre significa literalmente monje de tierra, una ale agria y fuerte envejecida en barril al estilo de la tradición flamenca de las oud bruin, con carácter de vino tinto y notas terrosas y a cacao.
  • Tsjeeses (10º): una ale fuerte envejecida cuyo nombre juega con la similitud fonética con el nombre de Jesús en inglés: La etiqueta muestra a un individuo con barba y cabello largo claramente intoxicado con un gorro de Santa Claus. Esto provocó su rechazo por la Oficina Americana de Alcohol y Tabaco.
  • Tsjeeses Reserva (10º): una versión envejecida en barril de la Tsjeeses.
  • Cuvée Delphine (13º): una edición limitada en botella de la Black Albert envejecida en barricas de bourbon Fours Roses. Llamada así en honor de la supuesta hija ilegítima del rey Alberto II, y famosa artista belga Delphine Boël. En la etiqueta diseñada por la artista aparece escrita la leyenda "Truth Can Set You Free" (la verdad puede haceros libres).
  • Dirty Horse (7º): Una cerveza de fermentación espontánea envejecida en barril de madera.
  • Black Albert (13º): Una stout fuerte inspirada en la tradición británica de las Imperial Stout y tal y como fue revitalizada por los microcerveceros estadounidenses. Descrita como una "Belgian Royal Stout" incluye sólo ingredientes de origen belga, y presenta un grado de amargor de 100 IBUs y un color negro profundo con un valor de 160 en la escala EBC. Bautizada así por el rey Alberto II de Bélgica.
  • Red-haired Jeanne (7º): una amber ale, elaborada para un festival en memoria de la pelirroja Jeanne, una mujer de la ciudad costera de Nieuwpoort (donde el maestro cervecero de Struise nació) que fue acusada de brujería y quemada en la hoguera.
También ha realizado varias colaboraciones destacables con otros productores de prestigio, lanzando al mercado algunas referencias destacables como la Struise Mikkeller en colaboración con la micro danesa, la Xenophon's Wine y la Hopverdomme con la micro de Chicago Pipeworks, la Fedeltá en colaboración con la micro Allagash de Maine y la Twickenham elaborada junto al equipo de Twickenham Fine Ales en Londres.





Al margen de las cervezas  y colaboraciones reseñadas, destaca el proyecto Black Damnation concebido por el brewmaster de De Struise. Su anteriormente mencionada y muy destacable Russian Imperial Stout, Black Albert, sirve como base para un número de referencias experimentales elaboradas y lanzadas al mercado en un periodo de dos años (entre el 2010 y el 2012). Entre ellas podemos encontrar: La Black Damnation (que mezcla la Black Albert con la Hel & Verdoemenis de De Molen), la Black Damnation II Mocha Bomb (que contiene un 50% de la Black Albert madurada con granos de cafe, un 25% de la Hel & Verdoemenis madurada en barrica durante 6 meses y un 25% de Cuvée Delphine, la Black Damnation III Black Mes (una versión de la Black Albert madurada durante 3 meses en barrica de whisky), la Black Damnation IV Coffee Club (una versión de la Black Albert madurada durante 6 meses en barricas de ron),  la Black Damnation V Double Black (cuyo contenido es concentrado con la técnica de las eisbock) y la Black Damnation XI Special Kay (mezcla de la Black Albert con la imperial stout Kate the Great, madurada en barrica   durante 10 meses y aplicando el método de concentrado de las eisbock). También dentro de la misma serie, pero no comercializadas y sólo disponibles en la propia sala de degustación de la fábrica o en algun festival están la Black Damnation VI Messy (aplica el proceso de las eisbock dos veces alcanzando los 39º), la Black Damnation VII Single Black (una stout muy ligera con sólo 2º), la Black Damnation VII S.H.I.T. (mezcla de la Black Albert con la IPAShark Pants, obteniendo lo que se conoce como black IPA), la Black Damnation IX Beggar's Art (madurada en barricas de whisky Ardbeg, el mejor whisky de una sola malta para muchos) y la Black Damnation X Double Wood (que emplea la maduración en barriles de jerez).

La Pannepot

La Pannepot es posiblemente su producto estrella. Se trata de una Quadrupel, o una Strong Dark Ale que se elabora por añadas y que incluye especias en su elaboración. Su nombre procede de los pequeños barcos de pesca usados en De Panne, una localidad de Flandes Occidental cercana a Oostvleteren, sede actual de la cervecera. Hace unos años se realizó un esfuerzo para crear el Pannepot Cafe en Brunswick en Maine, pero fue abandonado en Mayo de 2009.

Tiene una preciosa etiqueta con un papel de aspecto antiguo en la que sale el velero en el que se inspira el nombre a la cerveza
. Cada una de las cervezas lleva impreso el año de elaboración de la cerveza, a modo de añada como en los vinos, como también sucede por ejemplo con la trapense Chimay Grand Reserve. Es todo un ejercicio de sensaciones intensas hacer una cata vertical de Pannepots de diferentes añadas para contrastar los diferentes matices que van a apareciendo en la cerveza, fruto de su envejecimiento en la propia botella. Es posible encontrar en el blog "In Birra Veritas" una cata de varias ediciones de Pannepot (la normal de una añada, la Reserva, y la Grand Reserva), donde se explican los matices diferentes que podemos encontrar entre las distintas ediciones. En mi caso particular la comentada en la nota de cata es la Pannepot 2010.


Nota de cata 

Graduación: 10º
Temperatura de servicio:14ºC aprox.
Tipo de vaso recomendado: Copa de cáliz.
Aspecto: De color muy oscuro. Un tono marrón cercano al negro. Podría parecer por momentos un café espresso servido en la copa. Forma una capa de espuma de color café con leche y de aspecto esponjoso, que llega a alcanzar un par de centímetros de espesor, y con buena retención quedando un filo en la superficie, pero sin dejar demasiado rastro de encaje.
Aroma: Muy potente y compleja aromáticamente hablando. Destacan las notas típicas que podemos encontrar en las mejores ales belgas del estilo, aflorando muchos matices a fruta oscura y dulce como ciruelas, higos y pasas. También aparecen notas en el fondo a chocolate, malta tostada, avellanas, vainilla y especias como la canela. Sus 10º hace que el alcohol aparezca en nariz irremediablemente, rematando el conjunto con un toque alcohólico, pero que no desagrada.
Sabor y textura: Una auténtica bomba para el paladar. Reflejo y ampliación de las sensaciones aromáticas. Cerveza con mucho cuerpo, que llena la boca por completo, pero que goza de una textura cremosa que facilita la entrada, a lo que ayuda que tiene un nivel de carbónico moderado para ser una cerveza belga de estas características. Entre la mixtura de sabores podemos encontrar mucha fruta oscura, caramelo, bizcocho, vainilla y especias. Alcohol muy bien integrado, aunque se deja notar al final del trago con la aparición de algo de ardor y astringencia. Final seco. Una auténtica delicia, que requiere un consumo pausado para intentar captar el mayor número de matices posible. Imprescindible no servir demasiado fría.
Maridaje: Ideal para acompañar un asado de cordero.
Nota:




martes, 25 de septiembre de 2012

Great American Beer Festival, siempre nos quedará Denver

A medida que se aproximan las fechas entorno a finales del mes de Septiembre y comienzos de Octubre, todos los cerveceros solemos tener en mente en mayor o menor medida, la célebre Oktoberfest de Munich de la que me confieso un devoto seguidor. Pero este no es el único acontecimiento cervecero importante del comienzo del otoño. A miles de millas de distancia, en el corazón geográfico de los Estados Unidos, en Denver, la capital del estado de Colorado, durante tres jornadas tiene lugar una de las citas más atractivas para todos los amantes de la buena cerveza, el Great American Beer Festival (GABF). Por su nombre podemos imaginar fácilmente que es el festival de cerveza más grande de los Estados Unidos, y eso es decir mucho. La edición de este año se celebrará entre el 11 y el 13 de Octubre. Organizado en el Centro de Convenciones de Denver es una acontecimiento de tal magnitud que las actividades del mismo no sólo se aglutinan en el Centro de Convenciones sino que involucra a toda la ciudad, de modo que todas las cervecerías abren sus puertas para realizar tours y dar a degustar el enorme número de diferentes variedades que ofrecen.


El Great American Beer Festival se celebró por primera vez en 1982 en Boulder (Colorado) de la mano del ingeniero nuclear Charlie Papazian, autor del libro "The complete joy of Homebrewing" y actual presidente de la Brewers Association. Durante estos 30 años  la Brewers Association se ha encargado de la organización del festival. Se trata de una asociación sin ánimo de lucro que tiene por objetivo facilitar la creación de cervezas con un elevado nivel de calidad, así como también poner a disposición del público toda la información disponible acerca de la cerveza, para que la gente se adentre cada vez más en el vasto mundo de nuestra amada bebida. De este modo la Brewers Association igualmente protege y promueve la American craft beer, que es elaborada de manera limitada por las diferentes microbreweries y brewpubs existentens a lo largo y ancho de la geografía de los Estados Unidos.
Este festival a pesar de lo que el nombre parezca decir, no se trata de un gigantesco bar abierto durante los 3 días que dura el mismo, donde el público acude a consumir litros de cerveza en cantidades industriales. Se trata de un festival donde se concentran las más grandes y prestigiosas cerveceras estadounidenses, así como muchas de las microbreweries locales y de diferentes estados. El festival podríamos considerarlo como una enorme cata multitudinaria con más de 2000 cervezas diferentes a probar. Todos los asistentes reciben un vaso oficial del festival a la entrada, y con él se pueden dirigir a los más de 400 stands donde las cerveceras ofrecen sus mejores referencias. 


El éxito del festival es rotundo y cada año crece en número de visitantes y expositores. Es tal la expectación que genera que las entradas se encuentran agotadas desde varios meses antes. De hecho la edición del presente año ya tiene colgado desde hace tiempo el cartel de "tickets sold out". Una prueba de la popularidad y éxito acumulados por el festival es la evolución que ha mantenido a lo largo de los años. Desde los 800 asistentes se ha pasado a los casi 50000 visitantes de la última edición, y de una sala de 5000 metros cuadrados se ha pasado a un pabellón de casi 300000 metros cuadrados.  Para poder organizar adecuadamente a los expositores, estos son divididos por regiones geográficas. En la edición del año pasado se establecieron 8 regiones distintas: Atlántico Medio, Nueva Inglaterra, Medio Oeste, las Montañas Rocosas, Sureste, Suroeste,  Noroeste del Pacífico y Pacífico, y el visitante podía elegir entre probar las diferentes cervezas por estados y hacer sus propias comparaciones,o bien realizar una cata transversal por estilos, comprobando cómo era interpretado cada uno de ellos por las diferentes cerveceras.

Entre las cerveceras asistentes al GABF podemos encontrar a las más prestigiosas y reputadas del panorama actual como : Alesmith, Sierra Nevada, Stone, Anchor, Rogue, Russian River, Ballast Point, Green Flash, Great Divide, Left Hand, Three Floyds, Odell, Lost Abbey, Firestone, New Belgium, Hopping Frog, Sly Fox, Port Brewing, Southern Tier, Goose Island, Cigar City, Victory,  Dogfish Head, etc.
Cómo es lógico  muchos de los festivales cerveceros celebrados, no sólo se trata de un muestreo de las cervezas del año, sino que existe además una competición para que sean elegidas las mejores cervezas del año por categorías. El GABF invita a los profesionales de la industria y personas relacionadas con el sector de diferentes países del mundo para sentarse juntos en pequeños grupos y, sin conocer el nombre de la marca, probar y analizar las cervezas dentro de cada categoría en función del estilo especificado al que pertenece teóricamente la cerveza. El objetivo final del panel de jueces del festival es identificar las tres cervezas que mejor representan en cada edición la categoría y estilo al que pertenecen, tal y como ha sido  descrito y adoptado por el GABF. El año pasado fueron analizadas y juzgadas más de 4000 cervezas en 75 distintas categorías por un total de 170 jueces de heterogénea procedencia.


Finalmente se otorgan los premios de medalla de oro, plata y bronce en función de los votos acumulados según el criterio de los jueces. En el caso de la medalla de oro, sería la cerveza que se ajusta exactamente con absoluta fidelidad a los criterios estándar que definen el estilo al que pertenece. Puede suceder que no se otorgue ninguna medalla de oro dentro de una categoría, en caso de no encontrar ninguna cerveza que se ajuste de manera fidedigna al estilo, o que incluso no se otorgue ninguna medalla si los jueces estiman que no hay ninguna cerveza dentro del estilo que la merezca. Como es fácil imaginar, estos premios están entre los más codiciados en la industria y son utilizados posteriormente por las cerveceras ganadoras para aumentar su publicidad y prestigio tanto a nivel nacional como también internacional. Los ganadores de las distintas ediciones y categorías pueden ser consultados en la siguiente url: http://www.greatamericanbeerfestival.com/the-competition/winners/.


Pero el GABF no sólo se centra en la cata de las diferentes variedades que aportan las cerveceras, ni en la competición, sino que además ofrece la posibilidad de otras diferentes actividades relacionadas por ejemplo con los maridajes y la gastronomía, para las cuales hay un pabellón "Beer & Food" especialmente dedicado a las colaboraciones entre cocineros y cerveceros a la hora de diseñar cervezas especialmente pensadas para ciertos platos, y a las recetas de platos que incluyen a la cerveza como ingrediente. Otro pabellón llamado "De la granja a la mesa" se encuentra dedicado a los maridajes propuestos por chefs y cerveceros, incluso homebrewers. Otra de las actividades es la serie de coloquios y mesas redondas organizadas durante los días del GABF, en los que productores, expertos, maestros cerveceros, etc. dan muestra de sus conocimientos sobre la materia y contrastan opiniones sobre los más variados temas relacionados con el mundo cervecero.

La magnitud del festival, las cerveceras asistentes, el número de cervezas a degustar, las actividades, charlas, coloquios y material divulgativo que podemos encontrar en este festival hace del GABF una cita que resultaría ineludible para cualquier cervecero de no ser por la distancia que nos separa, aunque al menos una vez merece la pena el esfuerzo, ya que a buen seguro dejará una huella imborrable.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Degustación de cerveza artesanal en la Embajada de los Estados Unidos: God bless american craft beer!



El martes sin duda fue un día muy especial para La Cerveteca de JAB, puesto que tuve el honor de ser invitado nada menos que a la Embajada de los Estados Unidos para asistir a una sesión de degustación de american craft beers. Todo comenzó hará un par de semanas cuando la gente de Cervezorama 2.0 contactó conmigo para informarme de la cita cervecera que iba a tener lugar en la embajada norteamericana, en la que íbamos a realizar una cata de cervezas estadounidenses, entre las que destacarían Rogue y algunas cerveceras más. Al acontecimiento iba a acudir parte de lo más florido y granado del panorama cervecero español, así que no lo dudé ni un sólo instante y confirmé mi asistencia. En la invitación que recibí de la embajada quedaba reflejada la fecha y hora elegida: el martes 18 de Septiembre a las 19:00, y además recomendaba como vestimenta traje sin corbata, y es que la ocasión lo merecía. No todos los días uno tiene la oportunidad de ser invitado a una embajada, a un evento de estas características.


Así llegó el martes, y diez minutos antes de dar la hora de comienzo, se reunió delante de la puerta a la que estábamos citados, el grupo más nutrido de invitados, vestidos elegantemente para la ocasión.Tras pasar el lógico y necesario control de seguridad en la puerta de la embajada, accedimos al interior de la residencia del embajador, donde nos esperaba Marta Peralta del Dpto. de Protocolo de la embajada, que nos dio la bienvenida y nos acompañó hasta el salón donde iba a tener lugar el evento. 


Allí nos encontramos todos los invitados entre los que había productores, distribuidores, importadores, comerciantes y por supuesto bloggers, como un servidor. Entre los invitados había nombres de sobra conocidos por muchos de nosotros como: Ernesto y David de Yria Guinea-Pigs, David Castro de Cibeles, Alberto Benavides de Bar and Beer, Mikel Rius del BBF, Ramón de Cervezalandia, Erik Coene de Cervebel o David Rodríguez de Fábrica Maravillas, entre otros.
La representación bloguera patria corría a cargo de Joan Vilar del Blog Birraire, David Gago de Homo Lúpulus, y quien escribe desde esta tribuna



La velada comenzó con un ligero aperitivo servido en una diminuta aunque elegante copa que consistía en una crema de calabaza a la cerveza, con una cuidada presentación, acompañado de la que sería la primera cerveza estadounidense de la tarde: La Goose Island 312 Urban Wheat. Una cerveza de trigo (con tan sólo 4,4º) de Chicago de la craft brewery Goose Island, la favorita del presidente Obama, al parecer, según nos confesó el propio embajador más tarde. Más cerca de las witbier belgas, que de las weizen alemanas, fue una cerveza bien elegida para comenzar. Suave, sedosa y muy refrescante, perfumada con notas de trigo, algo de especias y sobre todo cítricos, era una cerveza bastante aromática. Realmente rica. Durante los habituales minutos de cortesía para permitir que pudieran llegar todos los invitados, pudimos mantener una distendida conversación con varios de los presentes, e incluso tuvimos la oportunidad de saludar en persona y hablar con el propio embajador Alan D. Solomont.


Al cabo de unos minutos dio comienzo oficialmente la recepción, con un discurso del embajador, que comenzó dándonos la bienvenida a la que es su casa, en nombre suyo propio y el de su mujer Susan, anfitriones de esta iniciativa que tenía por objetivo promocionar las virtudes de la cerveza artesana estadounidense. El discurso fue en inglés, por lo que el embajador nos pidió disculpas, admitiendo que su español aún necesita mejorar, a pesar de que pronunció unas palabras en perfecto castellano. La encargada de traducir al español el contenido de su discurso fue Arantxa Medina, miembro del Servicio de Agricultura para el Extranjero de la embajada, quien nos acompañó en todo momento. 
En su breve "speech" puso de manifiesto su pasión por la cerveza. Llegó a hacernos un par de confesiones, como muestra de la gran afición que mantiene por esta bebida: La primera de ellas, que es de Boston, ciudad de donde era Samuel Adams, patriota protagonista de la historia de los Estados Unidos y que da nombre a la más célebre cerveza de la Boston Beer Company.
La segunda, ante el asombro de todos nosotros, es que en un pasado algo lejano intentó la aventura de crear un negocio de producción de cerveza pero que por desgracia no fructificó. En sus propias palabras, se equivocó con el momento. Seguramente de haberlo hecho varios años más tarde, con el fenómeno de las craft breweries de Estados Unidos de los 80 y 90, hubiera tenido un gran éxito.


A continuación nos presentó a Andreas Fält de la Brewers Association y Robert Merryman, gerente comercial que trabaja en materia de importación de cervezas norteamericanas. Ellos eran quienes nos guiarían durante las siguientes dos horas por el recorrido que nos habían preparado por diferentes cerveceras estadounidenses, procedentes de diferentes lugares de la vasta geografía de aquel país. El primero de ellos se encargó de realizar toda la exposición en inglés, mientras que el segundo se encargó de traducir para aquellos que tuvieran problemas con el inglés.
Tras la debida presentación y después de una breve exposición de la situación actual privilegiada que vive el sector cervecero en Estados Unidos, el embajador se excusó por no poder continuar la velada con nosotros ya que tenía otros compromisos que atender.

La tasting beer session comenzó con una cervecera de la que ya hemos hablado en el blog en alguna ocasión pasada, concretamente para hablar de su Dead Guy Ale. Me refiero a la Rogue. Oriunda de Newport, una localidad del estado de Oregón, Rogue es una microcervecera especialmente comprometida con el desarrollo económico de la región donde se encuentran las instalaciones y es conocida por sus innovadoras y sorprendentes recetas. En este caso comenzaron con una cerveza con no mucho contenido alcohólico (5,2º) la John John Juniper Ale, cuyo nombre hace referencia al maestro cervecero de la cervecera John C. Maier. Se trataba de una ale muy peculiar, muy aromática, donde aparecían notas florales y vegetales, en especial el enebro, como quedaba claro igualmente por el nombre de la cerveza, lo que nos recordaba a una ginebra, y es que cabe mencionar que Rogue también fabrica sus propios destilados y otros productos gastronómicos al margen de la cerveza. También aparecía un aroma que me era familiar y que no lograba identificar en un comienzo hasta que Robert despejó el misterio, pepino. Efectivamente ahí estaba. El conjunto me recordó inevitablemente al clásico gin-tonic de Hendricks con su rodaja de pepino. Desgraciadamente esta hortaliza no figura entre mis sabores preferidos, por lo que en conjunto para mi gusto personal esta fue la cerveza menos valorada de la noche por mi parte, pero quedaba aún un largo recorrido por diferentes cerveceras.

A lo largo de toda la velada hubo un servicio de cattering para maridar con las cervezas, si bien a veces sin llegar a encajar a la perfección con la cerveza del momento, pero que en cualquier caso derrochaban imaginación, originalidad y calidad.


Entre cerveza y cerveza Andreas nos documentaba a través de sus comentarios didácticos acerca del mundo de la cerveza en Estados Unidos. Así por ejemplo nos habló del origen del movimiento de las craft breweries, la situación actual del panorama cervecero artesanal estadounidense, donde la figura del brewpub (una especie de bar-restaurante que fabrica su propia cerveza) es la dominante, y de cuál es la tendencia futura a corto plazo, que son las fábricas-granjas, que no sólo elaboran cerveza, sino que además cultivan sus propias materias primas para la fabricación en explotaciones particulares. 
El término craft-beer, lo podríamos traducir como cerveza artesanal. La Brewers Association define a los "American craft brewers" como pequeños, independientes y tradicionales. Cuando hablan de "pequeño", quieren decir que elaboran menos de 2 millones de barriles americanos por año, que es el límite federal aplicado a los fabricantes artesanales para la obtención de exención de impuestos sobre consumos específicos. Independiente quiere decir que menos del 25% de la cervecera se encuentra en manos de una cervecera industrial. Y tradicional se refiere a que la cerveza tiene que estar hecha enteramente o al menos en su mayor parte de malta, sin diluirla ni mezclarla con aditivos u otros ingredientes como arroz o maíz. Pero más allá de este concepto, los American craft brewers se consideran a si mismos unos auténticos artistas. Cada cerveza supone una nueva oportunidad de sorprender y de proporcionar una experiencia gratificante y placentera al público. Los cerveceros artesanales miran a las tradiciones más antiguas proveniente de Europa en materia de elaboración de cerveza, de donde recogen la inspiración. Así de este modo han sido capaces de tomar los diferentes estilos cerveceros, y reinventarlos, mejorándolos y ampliándolos, obteniendo unas cervezas muy sabrosas y muy distintas de lo que el consumidor estaba acostumbrado a encontrar en el mercado hasta hace algunos años. En la actualidad curiosamente, son los propios craft brewers norteamericanos quienes han servido de inspiración al fenómeno de expansión de la cerveza artesanal en Europa, en países como Italia o España durante los últimos años.
Actualmente el número de craft-breweries en los Estados Unidos supera las 2000, de las que cerca de 1200 son brewpubs, 790 microcervecerías, y 90 cerveceras regionales artesanales, lo que supone más del 90 % del número total de cerveceras que hay en los Estados Unidos. Sin embargo, en cuanto a volumen de consumo, la cerveza industrial continúa siendo la mayoritariamente bebida por la población norteamericana, a pesar del espectacular crecimiento del fenómeno de las craft-breweries durante las últimas décadas. Las cerveceras artesanales estadounidenses se encuentran repartidas por todos los estados, pero hay algunos donde se concentran un mayor número de ellas como sucede por ejemplo en la costa Oeste (Washington, Oregón y California, sobre todo en el norte, cerca de San Francisco y en el Sur, en San Diego), en el medio-oeste (Colorado), en la región de los grandes lagos (Michigan y Wisconsin) y en el norte de la costa Este (Maine, Massachusetts o Pensilvania).


Precisamente, con nuestra tercera cerveza incluida en la desgustación, viajamos desde Oregón al Sur de California. La elegida, una amber ale de 5,5º, la Calico de la cervecera californiana de Ballast Point ubicada en San Diego dejó buenas sensaciones. Menos compleja que su antecesora, se mostraba con un color ámbar intenso, como una cerveza maltosa, suavemente dulce, algo afrutada donde destacaban las manzanas, y con toques florales y cítricos algo más intensos aunque moderados, lo que demostraba un uso elegante de los lúpulos, que se traducía en un amargor moderado y un regusto seco, logrando una cerveza relativamente simple pero bien hecha.

Cambiando de tercio pasamos a una cerveza más lupulizada, la Doggie Style de Flying Dog, una pale ale con 5,5º de la cervecera Flying Dog de Denver en el estado de Colorado, otra de las regiones de mayor producción cervecera artesanal en los Estados Unidos, donde se encuentran algunas otras cerveceras prestigiosas como Left Hand o Great Divide. La  Flying Dog es una cervecera que se ha caracterizado por su imagen transgresora e irreverente que no deja indiferente a nadie, y por la calidad e innovación de sus cervezas. En este caso, la elegida, la pale ale de Flying Dog, a juzgar por las opiniones que pude escuchar entre los asistentes, no fue una de las favoritas de la noche, sin embargo a mi me convenció bastante. También se trata de una cerveza no muy compleja, en la que destacaba una base de malta con un intenso aroma a caramelo, sin llegar a empalagar, matizado con notas a toffee, y notas lupuladas que derivaban en matices cítricos (pomelo y cáscara de naranja) y a coníferas (algo de pino y corteza de abeto). Entraba con facilidad, resultando una cerveza muy bebible, con un punto terroso y amargor evidente pero contenido.



En el quinto lugar hubo una sorpresa inesperada, ya que finalmente no fue la cerveza inicialmente contemplada en el guión programado, la Shaddock IPA de la cervecera Widmer, ubicada como Rogue en el estado de Oregón. Robert nos explicó a qué se debía la ausencia de esta cerveza. Al parecer cuando se realizó el pedido al distribuidor, la caja que enviaron era de Widmer, pero en su interior, había cervezas de dos cerveceras y estilos diferentes, totalmente desconocidas en mi caso, y que se guardaron como cierre final de la cata. Una de ellas era la Wyld Extra Pale Ale de una cervecera totalmente desconocida por los presentes, la Uinta originaria de Utah. Y la otra era la Buster Nut Brown Ale de la Ska Brewing de Colorado, con un etiquetado con estética de comic, impactante y atractiva, que provocó más de un suspiro entre los ávidos coleccionistas infiltrados entre los invitados.


La sexta cerveza en la ruta programada fue otro ejemplo más de la cervecera de Newport, Rogue. En este caso dimos un salto cualitativo al pasar de toda una serie de cervezas ale a una cerveza lager, concretamente la Dirtoir Black Lager con 6,3º, y que podríamos encuadrar dentro del género de las Schwarzbier. Muy oscura, petrolífera, y con una espuma de color café fue una cerveza impactante en aroma con mucho torrefacto, con notas especialmente intensas de café, algo de cacao en el fondo, pan tostado, y matices ahumados. En boca replicación de sabores, apoyados en una base con mucha malta torrefacta, y con amplificación de las notas de humo que ayudaban a mantener un regusto muy largo, seco donde aparecía de nuevo el café. El maridaje que eligieron servir para la ocasión fue sencillamente sublime: una especie de bocaditos de verduras rebozados con salsa de vainilla. Una combinación maravillosa que perduraba en el paladar durante largo rato.

Continuamos con una séptima cerveza, que de nuevo era fruto del trabajo del equipo de Rogue, más concretamente una imperial pilsner, la Morimoto, con nada menos que 8,8º. En el momento de la presentación de esta séptima cerveza Robert aprovechó la ocasión para hacernos un comentario explicativo acerca del origen del uso del término "imperial" adherido al de otros estilos, como en el caso de las Imperial Stouts (las primeras en hacer uso de esta nomenclatura) y las Imperial IPA por ejemplo. En el caso de las pilsner, resulta un poco chocante la unificación de ambos términos, ya que de por sí el estilo pilsner se encuentra muy bien definido con una serie características muy determinadas, por lo que la adición de otros términos como extensión de las modificaciones realizadas sobre la receta del estilo, puede llegar a desvirtuarlo en cierto grado. De hecho así fue. La cerveza que venía magistralmente presentada en botella de cerámica con tapón mecánico y tipografía japonesa y que aún arrancó más suspiros entre los coleccionistas, encerraba en su interior una cerveza muy interesante pero que no parecía una pilsner. De un color anaranjado más intenso que las pilsner, velada, y con un aspecto y textura más compacto y denso que el de las pils, se trataba de una cerveza un tanto enigmática con opiniones muy dispares entre los presentes a la hora de analizar las notas aromáticas y los sabores que se detectaban. Hay quien incluso encontró aceituna. En mi caso particular me pareció una cerveza un tanto "dulzona" en líneas generales, más afrutada y con levadura en nariz de lo esperado lo que provocaba que recordara por momentos a las triples belgas, más que a las pilsner, pero también se encontraban lúpulos en aroma y sabor, con notas florales, y un amargor suave en el fondo, pero dejando un regusto más bien seco. Es una cerveza que a mi juicio tendría que probar de nuevo para valorarla adecuadamente, ya que creo que esconde mucho potencial.


La última cerveza elegida para poner el broche final a la velada fue la Double Stout de la reputada y prestigiosa cervecera californiana ubicada en el área de San Diego, Green Flash, cuyo nombre hace referencia al curioso fenómeno luminoso que se produce al amanecer y al anochecer cuando sobre el sol aparece un rayo verde durante un breve instante que apenas dura unos segundos. Junto con la Black Lager de Rogue fue la que mejores sensaciones me dejó de todas las cervezas probadas. Se trata de una cerveza negra, con mucho aroma a malta torrefacta, con notas intensas de chocolate negro y moka, y también abundantes matices de frutos secos como nueces. A pesar de tener bastante cuerpo, resultaba suave, cremosa, y de fácil paso en el trago, con el alcohol muy bien integrado a pesar de sus 8,8º.

Pero aún quedaban las dos sorpresas que quedaron pendientes la Wyld Extra Pale Ale de Utah, una cerveza que sorprendió a todos y que causó buena impresión. Muy equilibrada, y muy bien lupulada, con matices florales, cítricos, herbáceos, en contrapunto a una línea suave de caramelo, algo más de galleta y notas de especias como cilantro. Multitud de notas amargas y muy refrescante. Y también acompañando a esta desconocida, otra igual de inédita que ella, la Buster Nut Brown Ale de la cervecera Ska de Colorado. Una cerveza con muchas notas maltosas y a frutos secos como nueces y almendras y un toque afrutado. Algo dulce al comienzo y con un final donde aparece un poco el alcohol.

Con las últimas cervezas se sirvieron unas ricas mini hamburguesas con queso cheddar, verdaderamente deliciosas, y unos canapés agridulces consistentes en una especie de fragmento de bizcocho seco con frambuesa y wasabi. Sencillamente espectacular contraste de sabores.

Y así concluyó el evento, aunque la beer-session continuó con gran parte de los invitados y algunos de los anfitriones en otros locales de Madrid como Irreale y Animal, donde pudimos seguir hablando sobre cerveza, contando con la experiencia de Andreas y Robert.

Para terminar destacar, que hasta no hace demasiado tiempo no llegaban muchas cervezas artesanas estadounidenses a nuestras tiendas. Afortunadamente esta situación ha ido mejorando rápida y ostensiblemente en el último año y medio, de modo que es posible encontrar cada vez más y mayor variedad de lo que se fabrica en aquel país. Esperemos que eventos como el que tuvo lugar esta semana en la Embajada de los Estados Unidos, ayude a que vengan aún más cervezas norteamericanas, puesto que son muy apreciadas por los que amamos esta bebida. A pesar de que para quienes asistimos al evento la cerveza artesanal made in USA no era desconocida, sí lo sigue siendo para el público en general de nuestro país. Eso sí, a título personal este tipo de iniciativas creo que pueden ayudar a dar a conocer al consumidor español la extensa y magnífica oferta de calidad que nos puede proporcionar Estados Unidos en materia cervecera, y también a hacer más fluidos los canales que hacen posible que lleguen hasta nosotros estas joyas de producción cervecera desde USA. Que siga así durante muchos años!

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Sly Fox Route 113, lupuloadictos al poder

De nuevo una cerveza estadounidense es la que ocupa el protagonismo del blog en una nueva entrada. En este caso se trata de un ejemplo de la pasión por el lúpulo de la que hacen gala los norteamericanos en sus potentes y sabrosas cervezas, y que en gran parte es responsable de la lupuloadicción que estamos experimentando los cerveceros en tierras ibéricas, siendo los estilos típicamente lupulados como las pale ale, y las ipas con todas sus variedades (doble/imperial ipa, triple ipa, black ipa,...) los más frecuentemente reproducidos por las microcerveeras españolas que están viendo la luz en los últimos tiempos, entre otros motivos por la gran acogida que están recibiendo este tipo de cervezas entre el público general. Como se puede intuir fácilmente por el título (con el permiso del compañero lupuloadicto), estamos hablando de una cervecera en la que el lúpulo ocupa un lugar privilegiado.
La cerveza de la que hablaré es la Route 113 de la cervecera Sly Fox de Pensilvania, una IPA con nada menos que 113 IBUs! de ahí el nombre escogido para la cerveza, como es fácil suponer. Está elaborada con maltas Pale British, y Crystal y lupulada con los habituales Centennial y Cascade y los no tan frecuentes en las ipas americanas German Northern y los East Kent Goldings provenientes del Reino Unido. Obviamente con esa carta de presentación no puede dejar indiferente a nadie. Una de las curiosidades que cabe destacar de esta cerveza es que la Sly Fox la presenta en diferentes formatos de envase, estando tanto disponible en vidrio como en lata, algo que por el momento no es muy frecuente, pero que por otra parte parece ser una pequeña señal más de que quizás estemos siendo testigos del inicio de la resurrección de la lata como envase para la cerveza, a pesar de resultar un tanto controvertido generando adeptos y detractores. Lo que no cabe duda es que los coleccionistas pueden estar de enhorabuena de confirmarse este resurgimiento del aluminio. En el caso concreto de la Sly Fox, la 113 no se trata de una excepción, sino que forma parte de una apuesta particular de la compañía, lanzando un número importante de cervezas  de forma paralela tanto en aluminio como en botella de cristal. En mi caso particular que me decanto particularmente por el vidrio, la adquirí en botella de 22 oz. lo que serían 616 ml.


Sobre la cervecera...
La Sly Fox es una cervecera estadounidense ubicada en el estado de Pensilvania. La compañía original que incluía cervecería y cantina fue creada por la familia Giannopoulos en la localidad de Phoenixville, Pensilvania, en diciembre de 1995. El nombre de la marca salió de una reunión familiar en la tradicional caza del zorro del condado de Chester, donde se instaló inicialmente la empresa.  Sly Fox vendría a querer decir "zorro astuto" en español.
La Sly Fox abrió un segundo local en Noviembre de 2004 en la población de Royesford, igualmente en el estado de Pensilvania, justo al lado de la ruta 422 al noroeste de Philadelphia. La cervecería y cantina original se trasladó al otro lado de la misma calle en 2010, desde su ubicación inicial, con el objetivo de obtener más espacio, un parking para clientes y salones para el "festival anual de Bock" y la "carrera de la cabra", dos de las originales actividades impulsadas por la cervecera.
La capacidad de producción de cerveza se vio triplicada en 2012 con la apertura de una nueva cervecería en Pottstown. En las nuevas instalaciones es posible fabricar hasta 50 hectolitros de cerveza por 3 veces al día, lo que nos puede dar una idea de la envergadura de la que goza la empresa en la actualidad. 
Otro de los aspectos de interés que ofrece esta micro norteamericana, y como muestra del gusto por las cervezas lupuladas, es el denominado IPA Project. Este proyecto comenzó en 2004, con motivo de la celebración del noveno aniversario del nacimiento de la microcervecera. La Sly Fox creo una serie de 8 variedades diferentes de IPAs, cada cual eleborada con un único tipo de lúpulo diferente. Los 8 tipos de lúpulos fueron además utilizados a su vez para elaborar la cerveza Odyssey, la primera Imperial IPA de la cervecera. Cada año la edición del IPA Project dentro de las actividades de celebración del aniversario, incluye un festival donde se sirven de barril, cada una de las variedades elaboradas, la Odyssey y el buque insignia de la cervecera, la  Route 113. En 2005 el IPA Project continuó ofreciendo diferentes cervezas, pero en esta ocasión utilizando 9 clases difererentes más una reedición de la Odyssey con un lúpulo más. En 2006 el IPA Project volvió a reeditar las 3 mejores "single-hop IPAs" de 2004 y de 2005 e incluyó cuatro nuevas, obteniendo un total de 10 variedades diferentes. La edición de 2007 se enfrentó a un gran obstáculo, ya que desgraciadamente un importante incendio que tuvo lugar aquel año en Yakima (Whasington), afectó a una de las mayores plantaciones de lúpulo de Estados Unidos, y destruyó nada menos que 2 millones de libras de lúpulo. En consecuencia muchas variedades de lúpulo escasearon, pero a pesar de ello se elaboraron 11 referencias diferentes, pero en lotes de menor tirada. Las diferentes clases de lúpulo usadas en cada una de las ediciones fueron:
  • 2004: Cascade, Amarillo, Centennial, East Kent Golding,  Styrian Golding,  Target, Simcoe, Fuggle
  • 2005: Willamette, Ahtanum, Northdown,  Progress, Santiam, Santiam, Galena, Challenger,  Glacier, Chinook
  • 2006: Vanguard,  Warrior, Northdown,  Palisade, Simcoe, Nugget, Cascade, Newport, Magnum, Challenger
  • 2007: Nelson Sauvin, Chinook, Chinook, Galena, Amarillo,  First Gold, Centennial, Southern Cross, Target, Phoenix, Pacific Jade, Magnum

Queda claro con esta exhibición  que respecto al uso de los lúpulos Sly Fox es un referente a tener en cuenta, en especial para los que tengan una inclinación personal por este ingrediente de la cerveza.

Cata:

Graduación: 7º
Temperatura de servicio: 9ºC-10ºC
Tipo de vaso recomendado: Vaso de pinta americano.
Aspecto: De color ámbar oscuro, algo velada y traslúcida, forma una cabeza de espuma de aspecto atractivo e imponente. Con cerca de 3 dedos de espesor y de apariencia muy densa y compacta, tiene una gran duración, sin que llegue a desaparecer completamente en ningún momento. Deja rastros como hilos de encaje adheridos al vidrio.
Aroma: Potente, contundente y con gran duración. Las sensaciones perduran durante "largo" tiempo en nariz. Destacan especialmente las notas lupuladas, destacando los matices terrosos y resinosos, por encima de los cítricos esperados (limón principalmente), teniendo en cuenta el Cascade. También aparecen de fondo notas a caramelo, galleta y algo de frutos secos.
Sabor y textura: De textura cremosa, y cuerpo medio-alto, ligeramente por encima de la media en el etilo y carbonatación destacable. El caramelo es perceptible desde el comienzo, pero enseguida los lúpulos logran acaparar toda la atención colocándose por encima de la malta proporcionando dosis de amargor crecientes, con matices cítricos y coníferas, pero que de nuevo se intercalan con matices de caramelo, biscuit y mantequilla, proporcionados por una sólida base de malta, resistiéndose a desaparecer en medio del trago. A medida que se calienta son más perceptibles estos matices maltosos a mitad del trago, y sin embargo el alcohol se muestra en todo momento muy comedido. El amargor finalmente gana la batalla hasta el regusto final que resulta profundamente amargo y algo áspero, que para mi gusto le resta algún punto. Buena IPA aunque no sobresaliente.
Maridaje: Pollo al estilo cajún.
Nota: 

    sábado, 8 de septiembre de 2012

    Kuhnhenn Dark Heathen, sublime e inclasificable





    Esta semana tras mi última visita a la tienda de Cervezorama de la que ya he hablado en numerosas ocasiones en el blog, al final y de manera inesperada terminó entrando en mi bolsa de la compra una cerveza singular tanto por su presentación, como por su nombre, de la que no había oído hablar nada hasta el momento, y de que no haber sido por la insistencia y generosidad de David no habría viajado con el resto de cervezas elegidas. Desde estas líneas mando de nuevo mi agradecimiento por el detalle, ya que estamos hablando de una cerveza de precio bastante elevado. Se trata de la Dark Heathen de la micro estadounidense Kuhnhenn. Con una etiqueta un tanto siniestra a la par que atractiva, es una cerveza que no pasa desapercibida en el estante. Y en cuanto comenzamos a examinar detenidamente la etiqueta la curiosidad va en aumento, ya que nos encontramos en este caso, y siempre en palabras del propio fabricante, ante una triple bock lager. Conozco muy bien las lager bock alemanas, las doppelbock, las eisbock, o incluso las ur-bock, pero jamás había escuchado nada acerca de alguna cerveza a la que se le colocase la etiqueta de triple bock. Sus 12,5º de alcohol y la autoclasificación parece querernos indicar por dónde irán los tiros, pero sin ánimo de destripar nada de la nota de cata de esta cerveza, puedo adelantar que resulta bastante singular, y difícilmente clasificable. Elaborada empleando maltas Munich y Viena, es el fruto de una colaboración con Erik Harms de la vecina microcervecera Dragonmead.



    Sobre la cervecera...
    Al frente del timón de la cervecera se encuentran los hermanos Eric y Brett Kuhnhenn que reconvirtieron un negocio de ferretería con 35 años de historia y que pertenecía a su padre, en una modesta fábrica de cerveza. Ubicada en la localidad de Warren, en el estado de Michigan, la andadura de la Kuhnhenn comenzó en 1998, aunque no abrieron sus puertas de forma oficial hasta el año 2001. En un comienzo fueron manteniendo de forma paralela los negocios, vendiendo además material para los homebrewers. La metamorfosis que sufrió el negocio no se completó hasta 2006, año en el que abandonaron la venta de material de ferretería. En la actualidad no sólo fabrica cerveza, sino que también elabora vinos y aguamiel. Gracias al boca a boca, la mejor forma de publicidad conocida a lo largo de toda la historia, y apoyados en la potencia difusora de internet y las redes sociales en los últimos años, la cervecera de Michigan ha cosechado una reputación tal, que ha permitido que se creara incluso un club de seguidores de sus cervezas. Como curiosidad destacable decir que la fábrica permite a aquellos clientes interesados por el hombrewing, elaborar sus propias cervezas en las instalaciones. Decir de ellos además que muchas de sus cervezas se encuentran entre las 100 mejor puntuadas en las webs de ratings de cerveza ratebeer y beeradvocate. Algunas de ellas como las Raspberry Eisbock, Winter Wonder Lager, Fourth Dementia, y Simcoe Silly han sido la base sobre la que se ha construido la reputación de esta cervecera. La cervecera ha llegado a lanzar unas 80 diferentes referencias al mercado, la mayor parte de ellas elaboradas en pequeños lotes especialmente pensados para ocasiones especiales, siendo muchas de ellas por tanto ediciones limitadas. También no son infrecuentes las cervezas experimentales y de temporada.



    Cata:

    Graduación:12,5º

    Temperatura de servicio
    : 12º-14º

    Tipo de vaso recomendado
    : Copa de balón o sniffer. En mi caso particular usé una copa diseñada para catas.

    Aspecto: De color caoba intenso, con reflejos de tono rubí al trasluz, se muestra densa, dejando apenas un resquicio de paso de luz. Nada más servirla, si la escanciamos un poco rompiendo el carbónico contra el vaso, conseguimos una capa de espuma de poco más de un dedo de espesor de color amarillento, pero con escasa retención y nulo "lacing".

    Aroma: Potente y embriagadora. Se trata de una cerveza enormemente compleja en nariz. De entrada destacan los aromas a malta caramelizada y frutos oscuros y dulces como pasas, higos y ciruelas, pero en seguida afloran otras notas contundentes a vainilla y bizcocho sobre un fondo de cacao, y un punto de nuez moscada. De forma más oculta hay un punto terroso dentro de la espectro aromático de esta cerveza. El alcohol también aflora en nariz, pero quedando un tanto oculto entre el resto de aromas.

    Sabor y textura: Cerveza con mucho cuerpo y peso en boca. De carbonatación escasa, en un comienzo perceptible, pero que con el paso del tiempo se va mitigando. De entrada potente es una cerveza de paso lento en boca y tragos cortos, algo "pegajosa", ideal para beber despacio. De gusto maltoso y dulce, con sabores muy intensos a malta tostada, caramelizada, con un punto de azúcar, resulta deliciosa. Acompañan matices de fruta oscura, avainillados y con algún resquicio de chocolate. Final delicadamente dulce, y con ardor creciente por el alcohol, que provoca una notable astringencia y sequedad en el regusto.

    No es la clásica bock, o doppelbock, aunque tiene muchas de sus características, sobre todo de este último estilo. En otros momentos parece más una barley wine inglesa, e incluso hay detalles que me recuerdan a una cuádruple de abadía, a pesar de que estemos hablando de una cerveza de baja fermentación. Una lager increíblemente compleja y exquisita, pero con la que hay tener cuidado, puesto que su contenido alcohólico no es baladí. Sus más de 12 grados se hacen notar a medida que la vamos bebiendo. Recomendable para los amantes de las cervezas de chimenea y buena conversación.




    Maridaje: No precisa acompañamiento. Ideal para tomar sola. Aunque también puede asociarse con un pastel de frutas.

    Nota:

    jueves, 6 de septiembre de 2012

    St. Bernardus Tokyo, un belga en la capital nipona


    Si hablamos de St. Bernardus, sin duda estamos haciendo referencia a una de las mejores cerveceras especializadas en fabricar cervezas de abadía al margen de las abadías trapenses. El conjunto de sus cervezas alcanza un nivel de calidad difícilmente igualable, destacando por guardar todas ellas una gran complejidad y variedad de matices por lo que son muy apreciadas por los cerveceros, en especial por aquellos que sienten predilección por las cervezas de este estilo, como un servidor, por lo que si no conocéis nada aún de esta cervecera estáis cometiendo un auténtico pecado, del que os arrepentiréis sin duda cuando probéis la primera.
    La St. Bernardus ya ocupó en el pasado el protagonismo del blog en más de una ocasión, destacando el post dedicado a describir las enormes bondades sensoriales que ofrece la que posiblemente sea su cerveza estrella, la St. Bernardus Abt. fácilmente reconocible por su etiqueta de color azul. Para mi gusto, una auténtica obra maestra cercana a la perfección si es que no la alcanza. "Teóricamente" se trata de la receta de la ale St. Sixtus, la célebre Westvleteren XII, sólo que elaborada fuera los muros de la abadía, gracias a la cervecera de Watou, que mantuvo durante años la licencia de producción y comercialización de la célebre ale St. Sixtus concedida por la abadía. Por tanto resulta sencillo hacerse una idea de la delicia que supone llevarse una botella de esta maravillosa cerveza a los labios.
    En este caso la cerveza comentada en el blog es un tanto especial, ya que va dirigida al mercado japonés. Ya lo deja claro su propio nombre, St. Bernardus Tokyo. La cerveza es una bebida que goza de gran afición en el país del sol naciente, junto con el whisky, aunque no lo parezca. De hecho los japoneses son capaces de fabricar algunos de los mejores whiskys del mundo, y en tema de cervezas tampoco lo hacen mal,  elaborando cervezas de calidad. En esto seguramente tenga mucho que ver los siglos de tradición que hay detrás de la elaboración de su bebida más genuina, el sake, que guarda muchas similitudes con la cerveza.
    El caso es que los japoneses como grandes amantes de la cerveza que son, tienen a las cervezas belgas en alta estima, lo que ha animado a que St. Bernardus se decidiera por abrir un local propio en el país nipón. La apertura del pub estaba prevista para el mes de agosto en Kanda, Tokio. Precisamente además este próximo fin de semana es el Belgian Beer Week End de Tokyo celebrado en el Roppongi Hills Arena.
    El pub es fruto de la sociedad creada entre la cervecera belga y un anfitrión amigo de la cervecería, Ryohei Sugawara-san. Para celebrar precisamente la apertura de este primer café belga, se fabricó en febrero de este mismo año una cerveza de edición especial, la St. Bernardus Tokyo, de la que se produjeron sólo 175 hectolitros que fueron destinados a Japón mayormente mientras que una pequeña parte se quedó en Europa y otra viajó a los Estados Unidos. Afortunadamente me pude hacer con una botella gracias a las pocas que pudieron llegar a España de la mano de la distribuidora Cervebel. La St. Bernardus Tokyo se trata de una cerveza blanca, o witbier, aunque un tanto especial, ya que contiene 6º de alcohol, lo que no suele ser habitual en cervezas de este tipo, con graduaciones usualmente inferiores. También es importante destacar que está elaborada con trigo malteado y no "en crudo",  lleva dos clases de lúpulo: Golding y Magnum.
    Además de lo singular de la cerveza dentro del estilo, la presentación de la misma en formato único de botella de 75cl. con un etiquetado especial hace las delicias de los coleccionistas. En la etiqueta podemos ver la bandera de Japón junto al habitual simpático monje,(pero en esta ocasión ataviado con un kimono que parece haber salido del célebre periodo Edo japonés, la posible edad de oro de los shogunes) sosteniendo su copa, donde aparece el nombre de Tokyo, en lugar del de la cervecera. En el fondo, tras el monje, podemos apreciar un cerezo con sus bellas flores de color rosado, la flor nacional del país. Además es posible encontrar en un lateral la fecha de fabricación pero con tipografía japonesa. En resumen, toda una tentación para cualquier amante de las etiquetas.


    Cata:
    Graduación: 6º
    Temperatura de servicio: 6ºC
    Tipo de vaso recomendado:Vaso Hoegaarden, copa pils, vaso weizen.
    Aspecto: De color amarillo oro intenso. Con bastante turbidez y una capa de espuma muy amplia (cerca de 4 cm. de espesor), de color blanco y con muy buena retención presenta una apariencia cremosa en conjunto. Carbonatación claramente visible junto al cristal.
    Aroma: Cerveza muy aromática. Destacan las notas a trigo, y muchos ésteres de levadura belga, con matices dulzones y afrutados donde destaca el plátano. También se perciben matices cítricos, en especial cáscara de naranja, y también limón, y algo de fruta tropical/exótica (lichi). También se detectan notas de cilantro, aunque no de otras especias.
    Sabor y textura: De cuerpo medio y carbónico cosquilleante, es una cerveza con un paso cómodo por boca, con una textura muy cremosa y con más empaque que una tradicional witbier. Dulce al comienzo y repleta de matices de trigo y afrutados, donde vuelve a destacar el plátano. Mucha levadura y un toque lupulado visible donde aparecen cítricos. Final  delicadamente dulce y con un punto especiado. Deliciosa.
    Maridaje: Mejillones al vapor con salsa de mostaza

    Nota: