lunes, 26 de agosto de 2013

All belgian beers, la biblia de la cerveza belga



A pesar de mi afición por la cerveza desde mi efervescente adolescencia, y de haber probado muchas diferentes marcas de cerveza (principalmente nacionales y algunas de importación de Alemania u Holanda), no fue hasta haber probado las cervezas belgas cuando mi afición se transformó en verdadera pasión. Allá por los años 90 en Madrid,  el panorama no ofrecía una visión tan atractiva como la que vivimos hoy, pero aún así en los hipermercados y algunas cervecerías era posible encontrar algunas cervezas belgas, principalmente de abadía, que hicieron de abanderadas de la calidad y diversidad de la cerveza belga,  aún cuando simplemente eran la punta del inmenso iceberg que suponía el mundo de la cerveza elaborada por flamencos y valones. Fue en aquella época cuando tuve mi primer contacto con las cervezas belgas, y referencias como Judas, Grimbergen o Leffe, comenzaron a aparecer de forma habitual en mi particular despensa. Pero después, investigando no cuesta descubrir que detrás de estas primeras conocidas marcas, había un universo de vastas dimensiones en el que había un sinfín de cervezas de diferentes estilos, graduaciones y sabores. Todo un festín para los apasionados de la cerveza. El viaje que realicé a Bélgica en 2006 fue el momento en que pude constatarlo en persona, y quedé totalmente conquistado por la cerveza belga, en especial las trapenses, de las que tenía apenas un vago conocimiento antes de aquel viaje, ya que sólo me era familiar la Chimay de entre las 6 trapenses belgas. Pero no sólo se encontraban las trapenses, las lámbicas, las witbier y las saison fluían en cantidad en las cervecerías belgas que visité. Tras regresar de aquel viaje tuve la sensación de que prácticamente era imposible llegar a conocer todas las cervezas belgas, sobre todo teniendo en cuenta que muchas de las elaboraciones son de temporada o especiales y no forman parte del portfolio habitual que mantiene la fábrica de forma regular, por lo que una vez que se ven agotados los lotes correspondientes, no resulta posible probarlas en muchos casos, ya que no vuelven a ser fabricadas. Pero como sucede en todo campo del conocimiento, es posible encontrar recopilaciones sobre la materia en cuestión, que permiten tener una idea general bastante completa acerca de aquella, y que en muchos casos pueden llegar a ser utilizadas como libros de consulta, como una enciclopedia. Este es el caso que nos ocupa hoy, un libro con un título tan sencillo como sugerente y atractivo: "All Belgian Beers" editado por la editorial belga Stichting Kunstboek. El por qué del título en inglés, se debe a que no está editado en castellano, pero teniendo en cuenta el carácter políglota de la población belga se encuentra muy acertadamente publicado de forma conjunta en francés y flamenco, aparte de en inglés.



La edición de la que voy a hablar hoy de finales de 2011, es la segunda, tras la exitosa primera edición del mismo libro de 2007 donde aparecían más de 600 cervezas diferentes, hecho que demuestra la enorme complejidad que implica tratar de realizar un completo compendio de las cervezas belgas que hay en el mercado. Para esta nueva edición se han incorporado más de 500 nuevas referencias, (superando las 1100) tan sólo cuatro años después. Cierto es que hay países que consumen e incluso producen mayor número de hectolitros de cerveza, y que mantienen una oferta tan diversa o incluso superior en número de referencias, pero no lo hacen en un espacio tan reducido, por lo que Bélgica puede afirmar sin dudas que ofrece la mayor variedad cervecera por km2.

La portada, al igual que el título, resulta muy acertada puesto que refleja los colores de la bandera belga, colocando la imagen de una cerveza del mismo color por cada franja. Si pasamos al interior, tras un breve preámbulo, donde podemos comprobar que todos los textos se encuentran en las tres mencionadas lenguas (lo que puede resultar muy útil para quienes estudien idiomas) y una descripción general de la organización de los contenidos, comienzan a aparecer las fichas de las diferentes referencias por orden alfabético. En cada una de ellas se incluye una fotografía de la botella de la cerveza junto con una copa servida de la misma, generalmente con el sello y diseño de la propia marca. En la mayoría de los casos, dichas fotografías han sido proporcionadas por las propias cerveceras. 



En el libro tienen cabida las cervezas producidas por todo tipo de cerveceras, desde las microcerveceras más pequeñas y artesanales de bajo volumen de producción, hasta las más comerciales e industriales. Así es posible encontrar cervezas tan conocidas y consumidas a nivel mundial como Stella Artois o Jupiler, y cervezas de reconocido prestigio y círculos más restringidos como la serie Black Damnation de De Struise, o la variedad de Fantome, por mencionar algunos ejemplos representativos.
Para cada cerveza, y siempre en los tres idiomas, aparece una completa información acerca de la misma como: 
- La graduación alcohólica.
- La temperatura de servicio.
- El tipo de fermentación.
- El estilo.
- Los ingredientes.
- Aspecto: Color y transparencia.
- Carácter: Sabor y aroma.
- Instrucciones de servicio.
- Algunas consideraciones especiales, curiosidades y anécdotas.

Aunque presentada de forma amena y mnemotécnica, para algunos resultará insuficiente, sin duda, pero resulta innegable el valor que puede tener la obra para los amantes de la cerveza belga, en especial, como un servidor. Si tenemos inquietudes de beehunters, ya sea por motivos coleccionistas, o por el simple afán de probar cosas nuevas, y ampliar nuestros horizontes sensoriales, el libro es perfecto, ya que nos permite tener conocimiento de algunas  cervezas realmente extrañas, inéditas, y que aún no se han dejado ver en la piel de toro, como por ejemplo: Abbayé d'Aulne, Alpaïde, Antwerps, Bellevier, Buffalo, Caulier, Cuvée du Flo, Den Tseut, Den Herberg, Druïde, Florilege,  Gribousine, Hanssens, t Hofbrouwerijke, Ichtegems, Kwaremont, Kwibus, La Barbiot, La Botteresse, Medievale, La Millevertus, Poiluchette, Saint Monom, Serafijn, Slaghmuilder, Ter Dolen, Tournay, Triest o Wolf, por mencionar unas pocas.

Al final del libro es posible encontrar un capítulo dedicado a los conceptos más básicos relativos al proceso de elaboración, familias cerveceras y diferentes estilos representativos belgas que complementan la información didáctica de la obra, y también un índice completo por cervecera, que facilita la localización de una cerveza en concreto.

Para aquellos interesados mencionar que el libro no se encuentra disponible en las librerías españolas, pero en internet se puede conseguir fácilmente a través de Amazon, posiblemente la más famosa librería internacional en la red, por un precio (inferior a los 30 €) que según el criterio e interés del cliente podrá resultar excesivo o no. En mi caso resultó rentable, ya que sus más de 1200 páginas, y el trabajo que se esconde detrás de su redacción lo valen, pero sobre todo por poder tener una guía de referencia, poderosa y completa como ninguna, que recopile las diferentes cervezas belgas que podemos encontrar hoy en día.

lunes, 19 de agosto de 2013

Grodziskie, una extraña invitada polaca


Si en el anterior post hablaba de las Gose, uno de los estilos históricos europeos que están viviendo al parecer un inusitado interés, dentro del todavía reinado del lúpulo, en este post voy a hablar de las polacas Grodziskie. De forma nada premeditada, se dio la circunstancia de que una referencia de ambos estilos totalmente desconocidos para un servidor, cayeron en mis manos, y dada su peculiaridad (porque estamos hablando de cervezas notablemente diferentes a lo que habitualmente consumimos) decidí que era buena idea dedicarles un post. Y no soy el único dentro del círculo de "bloggers" cerveceros españoles que ha mostrado interés por tan singulares cervezas, señal de que estamos posiblemente frente a algo más que un soplo de aire fresco dentro del panorama actual, donde el lúpulo ha impuesto su dominio, frente a otros tipos de cervezas. Cuanta más variedad, mejor!

Sobre el estilo

Nos encontramos frente a un estilo enmarcado dentro de las cervezas de alta fermentación, caracterizado por: el color ámbar de sus cervezas, por utilizar maltas ahumadas de trigo, por el bajo contenido alcohólico y por el elevado grado de carbonatación, lo que a priori las sitúa como cervezas especialmente pensadas para mitigar la sed y refrescar, aunque estemos hablando de Polonia, tierra de vodka y gélidas temperaturas durante buena parte del año.

El estilo como apuntaba al comienzo del post es de origen polaco. El término Grodziskie ya anticipa, gracias a su fonética, que se trata de algo proveniente de tierras del este de Europa. El por qué de tal nombre, se debe, tal y como sucedía con las Gose alemanas, a la localización geográfica del nacimiento del estilo en sí, en este caso la localidad Grodzisk Wielkopolski. Dado que Polonia y Alemania son países que comparten no pocos kilómetros de fronteras, el estilo también tuvo cierta repercusión en Alemania, en gran parte porque la población mencionada se encontró bajo dominio prusiano en el pasado durante casi un siglo, por lo que el término Grodziskie también tiene su equivalente en lengua germana, Grätzer.
El estilo, forma parte de ese conjunto de estilos históricos que tienen detrás de sí una larga tradición, ya que desde el siglo XIV se tiene constancia de que se elaboraban cervezas de este estilo. Casi como sucede el esplendor cervecero de Haarlem (ciudad natal de uno de los elaboradores de la referencia comentada en este post), el estilo se mantuvo vigente desde el medievo hasta el siglo XX, siendo 1993 el año en el que cerró la última fábrica que elaboraba cervezas de este tipo.

Sin embargo, a comienzos de 2012 la reconocida microcervecera holandesa Jopen y la más joven alemana The Monarchy (de la que hablamos brevemente en el más reciente post) se pusieron manos a la obra, junto con los escritores especializados en cerveza, Ron Pattinson y Evan Rail, para lanzar al mercado una cerveza que permitiese recuperar este estilo del pasado y traerlo hasta el presente , intentando respetar de la forma más fiel posible la receta original, y además por partida doble, ya que al igual que sucedía con la Son of a Batch, en este caso hay dos versiones de la cerveza: Una de ellas bautizada con el nombre alemán del estilo, Grätzer, y otra que incluye corteza de sauce en su elaboración (tal y como se hacía en las cervezas más primitivas del estilo) a la que llamaron Grodziskie , y de la que incluiré la nota de cata al final del post.



Sobre (una de) la(s) cervecera(s)...
No es la primera vez que la prestigiosa cervecera holandesa Jopen aparece en el blog, cuando hablé de la que personalmente para mi es su mejor elaboración, la Koyt.
En Holanda, uno se puede encontrar con hechos muy curiosos y únicos, como una exposición de arte erótico en el interior de una iglesia. Precisamente la cervecera Jopen se encuentra instalada en la Jacobskerk desde 2010, una antigua iglesia de la pequeña y bella ciudad de Haarlem, que además de acoger la fábrica de cerveza también alberga un restaurante-café, donde los clientes pueden observar como se lleva a cabo la elaboración de la cerveza desde sus cómodos asientos mientras que saborean su comida.
Haarlem fue a lo largo de varios siglos de su historia una ciudad unida a la tradición cervecera. Como muestra de ello, en 1543, se alcanzó un volumen de producción de 13 millones (millones, sí) de litros, y entre los años 1620 y 1640, la ciudad llegó a contar con un total de 52 fábricas de cerveza, lo que convertía a la producción cervecera, en una de las actividades económicas más importantes de la población, tanto que hasta uno de los alcaldes de la ciudad, precisamente fue productor de cerveza. Pero su época de esplendor finalizó a comienzos del siglo XX, cuando en 1916 la fábrica Het Scheepie cerró sus puertas. 
A mediados de la década de los 90, concretamente en 1994, un grupo de entusiastas cerveceros repletos de ilusión y de deseos de éxito, reunidos en la Sociedad Cervecera de Haarlem, decidieron crear esta cervecera, cuyo nombre hace referencia al término usado para llamar a los barriles de madera de 112 litros en los que se transportaba la cerveza a través del río het Spaarne, que se hicieron tremendamente populares en la ciudad. El hecho de la elección de tan significativo nombre nos revela la intención firme de la cervecera por recuperar algunos estilos históricos de cerveza, que con el paso del tiempo casi desaparecieron por completo, como es el caso del estilo que nos ocupa hoy. La primera de sus elaboraciones, la Jopenbier, es justamente la materialización de una receta que data de 1501El éxito de la cerveza resultó absolutamente arrollador, y en muy poco tiempo quedó patente que la cerveza Jopen de Haarlem no sería tan solo una cerveza conmemorativa de aparición fugaz aquel año. Sin duda los inversores que se unieron al proyecto resultaron indispensables para consolidar el prometedor futuro aventurado para la fábrica. Así fue como Jopen le ha devuelto el honor a la tradición cervecera de Haarlem. Los principales artífices de este éxito empresarial dentro del sector cervecero holandés y europeo son el director Michael Odeman, el maestro cervecero Criss Wisse, quien actualmente controla la producción a distancia y sus colaboradores Leon Kuijt y Jelle Aaij. La mejor muestra de su buen hacer son las buenas críticas cosechadas por sus referencias, así como los galardones internacionales que han logrado obtener, lo que hace a sus cervezas muy apreciadas tanto a nivel local como fuera de sus fronteras.



Cata

Graduación: 4º
Temperatura de servicio: 5ºC-6ºC
Tipo de vaso recomendado:Copa aflautada para weizen, pinta o teku.
Aspecto: De color a medio camino entre un tono amarillento y un ámbar pálido, con un elevado grado de turbidez y abundante carbonatación claramente visible. La capa de espuma, realza el atractivo de la cerveza con su color blanco, y su buena retención, con abundantes restos adheridos al vidrio en forma de aros lacrimosos.
Aroma: El aroma resulta bastante llamativo. Notas aromáticas a cereal, melaza, levadura, madera  y sobre todo humo, lo que dificulta un tanto descubrir el fondo dulzón que se intuye desde el comienzo.
Sabor y textura: Cerveza de cuerpo medio, carbonatación acentuada, aunque de fina burbuja, y gusto peculiar, en el que un sabor extraño caracterizado por matices picantes, salados y notas a madera quemada, más que malta ahumada, la hace extraña y algo difícil en el final del trago. Por contra los leves matices a malta, azúcar y levadura la suavizan y la aproximan hacia las cervezas de trigo. Otras notas como madera, plantas medicinales y un punto ácido, casi agrio complementan el espectro de sensaciones. Cerveza interesante de final seco, muy distinta y refrescante, difícil de evaluar, aunque presumiblemente a muchos les cueste repetir.
Maridaje: Escalivada con pimientos, berenjena y tomates asados.
Nota:  

martes, 13 de agosto de 2013

The Monarchy Son of a Batch, para comenzar con las Gose


Hace poco tuve la oportunidad de probar un ejemplo dentro de uno de los estilos históricos alemanes más peculiares que existen en aquel país, las Gose. Curiosamente dentro de poco, los que tengáis oportunidad de leer habitualmente las páginas de la revista especializada Bar & Beer podréis leer un artículo monográfico en el próximo número dedicado a tan particular estilo cervecero. Hace algún tiempo, otro miembro de la comunidad bloguera del mundo de la cerveza, Pau García, responsable del blog lúpuloadicto, dedicó un par de excelentes entradas a este mismo estilo. Si a esto unimos que del mismo modo, muy recientemente el equipo de Guinea-Pigs lanzó el que hasta ahora es el único intento de materializar una Gose por parte de las artesanas españolas, podemos constatar que actualmente existe una especial atención hacia este estilo. Dado que lamentablemente no pude catar nada de esta mencionada elaboración de "las cobayas", no dudé en echar el guante a una botella de producción alemana, etiquetada como una Gose y además bien recomendada.
Pero antes de incluir la nota de cata de esta singular cerveza, conviene saber algo más sobre el estilo, para aquellos que no hayan oído hablar aún de él. 

Sobre el estilo...
La cerveza Gose es uno de los estilos cerveceros históricos alemanes que gozan de una tradición más antigua y que se ha perpetuado hasta la actualidad no sin atravesar dificultades. Elaborada desde el siglo XVIII, esta cerveza proviene de la ciudad de Goslar, cuyo nombre a su vez tiene su origen en el nombre del río que atraviesa la ciudad, el Gose, y que a su vez es quien cede su nombre a la cerveza. A mediados del siglo XIX este tipo de cerveza se hizo tremendamente popular en la ciudad de Leipzig, tanto que se unió de forma "indisoluble" a la célebre ciudad germana desde entonces, hasta tal punto que se llegó a abolir por completo la elaboración de Gose en la población que la vio nacer, así que Goslar, vio marchar irremediablemente a su cerveza autóctona hacia la próspera Leipzig. 
Originalmente la receta empleada para la elaboración de las Gose hablaba de una cerveza de fermentación espontánea, es decir, sin adición explícita de levadura, tal y como apunta un documento escrito de 1740. A finales del siglo XIX sin embargo, los productores de este tipo de cerveza comenzaron a cambiar la receta, pasando a emplear fermentación alta. Sin embargo a pesar del éxito del que gozaron las Gose en el siglo XIX, una vez entrado el siglo XX comenzó su paulatina decadencia hasta casi desaparecer. Hechos tan trágicos para la Historia como la II Guerra Mundial o la posterior Guerra Fría, con la división de Alemania, aceleraron esta decadencia hasta que en la década de los 60 se dejó de fabricar Gose oficialmente, aunque no clandestinamente, lo que provocó que se mantuviera el interés por esta cerveza en pequeños círculos. Así, en los años 80 apareció la figura de Lothar Goldhahn, quien puso todo su empeño en resucitar a las Gose, recurriendo en un comienzo a una fábrica berlinesa que elaboraba Berliner Weise, hasta que finalmente se volvió a fabricar Gose en Leipzig en 1985. Aunque las dificultades de la supervivencia del estilo no se acabaron aquí, ya que el propio Lothar sufrió hasta abrir su propia fábrica para verla después cerrar por falta de demanda, y tener que trasladarla al sur del país. 
Actualmente como decía al comienzo del post ( y no sólo en los últimos meses), sino viniendo de más atrás en el tiempo, las Gose están viviendo una segunda juventud, sin llegar sin duda a la relevancia y popularidad que alcanzaron en el siglo XIX. Algunas micros alemanas (Braustelle y Freigeist) y otras del exterior, especialmente de Estados Unidos (Westbrook, Dogfish Head, Cigar City...), son quienes se han encargado de ofrecer al mercado su particular interpretación de esta cerveza, aunque el más reputado fabricante especializado en Gose, sea la fábrica alemana Bayerischer Bahnhof de Leipzig.

Si nos ceñimos a las características intrínsecas del estilo nos encontramos con una cerveza turbia, de color ambarino de variada intensidad, elaborada generalmente empleando mitad malta de cebada y mitad de trigo. Sin duda la presencia de proteínas de trigo en la cerveza es especialmente elevada, por lo que la notable amplitud de la espuma en el servicio es una de sus señas de identidad, junto con la turbidez. En cuanto al sabor hay quien las sitúa cerca de las Berliner Weisse (consumiéndose también mezcladas con siropes de frutas), con las presencia de matices ácidos, debidos principalmente a la presencia de bacterias lácticas acompañando a la levadura durante la fermentación. Otros la sitúan cerca de las gueuze, y no sólo por los matices ácidos presentes en la cerveza, sino incluso por su similitud fonética en el nombre, siendo esto último mera coincidencia. Otras de las señas de identidad de esta cerveza es el gusto salado que se encuentra, sobre todo al final del trago, producto del tipo de agua usada en su elaboración. Adicionalmente también se añaden semillas de cilantro y por supuesto lúpulo, aunque en pequeñas cantidades, por lo que suele pasar casi desapercibido en la nariz y en el paladar.


El ejemplo comentado en la nota de cata de hoy, llamado Son of a Batch (de la que hay dos versiones), se lo debemos a la joven craft-brewery alemana The Monarchy de la ciudad de Colonia, pero elaborada en las instalaciones de la mencionada Braustelle.  La versión comentada es la etiquetada como Hickory Wood. Su hermana bautizada además como Apple Wood deberá esperar un poco más. Con un nombre que roza lo irreverente para algunos políglotas malpensados, nos encontramos frente a una cerveza que al margen de gustos personales, sin duda no deja indeferente, resultando del todo diferente para los paladares neófitos que no conocieran nada del estilo, como en el caso de un servidor. 



Nota de cata 

Graduación: 5,2º
Temperatura de servicio: 6ºC
Tipo de vaso recomendado: Copa de weizen o teku.
Aspecto: De color ámbar oscuro e intenso. Turbia, y con carbonatación claramente visible, se presenta servida en copa coronada por una capa de espuma muy generosa en amplitud, de color blanco, muy esponjosa y poro pequeño, con abundante e irregular rastro de encaje pegado al cristal.
Aroma: En nariz aparecen matices aromáticos que nos hace recordar a la sidra. Notas ácidas, fruta seca, y algo de levadura acompañan a suaves sensaciones olfativas maltosas, como un tímido punto de caramelo. Los lúpulos,  totalmente desaparecidos.
Sabor y textura: De cuerpo medio, sorprende la combinación de sabores procedentes de la malta, con notas ligeramente acarameladas, y algo de fruta como albaricoque o manzana, junto con notas a madera y otras opuestas y con creciente presencia en el trago, de perfil ácido, incluso agrio, con algunas reminiscencias a las lambic. El habitual toque salado del estilo, (aunque no por ello deja de sorprender) es claramente perceptible, sobre todo hacia el final, que junto con un punto especiado de cilantro, provoca un regusto seco y astringente.
Maridaje: Ensalada de garbanzos.
Nota




sábado, 3 de agosto de 2013

Botellas de cerveza, de lo funcional a lo elegante.


Este blog y sus lectores han sido testigos en varias ocasiones de que mi pasión por la cerveza no se detiene en el "líquido elemento", en el producto. Sino que va muchas veces más allá, y se traslada a otros objetos especialmente vinculados al mundo de la cerveza como posavasos, chapas, cristalería y demás (lo que se conoce con el nombre de breweriana), que satisfacen los modestos anhelos de coleccionista que mantengo desde hace años hacia este tipo de objetos tan sencillos, y al mismo tiempo tan curiosos como bellos. Detrás de cada uno de ellos se esconde una buena razón por la que están ahí (véanse los posavasos, las etiquetas o los distintos tipos de copa, por ejemplo).
En el caso de hoy hablaré de las botellas, del vidrio, del envase en sí, y no tanto de su elegante envoltorio: las etiquetas y volutas, aunque hay muchas veces que el propio envase lleva el vestido grabado "a fuego" sobre él, como sucede con las botellas de cristal serigrafiadas, o las de aluminio pintadas, alcanzando grandes cotas de elegancia y vistosidad en algunos casos. Pero un objeto que parece tan común, y que debería haber sido usado desde "siempre" dentro de la historia de la cerveza, resulta que no lo ha sido tanto como pudiéramos pensar.

Un poco de historia...
Existe una curiosa historia (un tanto apócrifa) que narra el posible comienzo del uso de la botella de vidrio como envase para la cerveza. Hacia el siglo XVI, un clérigo inglés llamado Alexander Newel, que a la postre fue deán de la catedral de San Pablo de Londres fue a quien posiblemente le debemos el uso de la botella de vidrio para guardar la cerveza. Gran aficionado a la pesca que era el clérigo, en sus frecuentes excursiones a los ríos de los alrededores de Londres, le gustaba llevarse su cerveza casera guardada en una botella habitualmente usada para contener medicinas de botica. En una de esas salidas, tuvo la mala fortuna de dejarse olvidada la botella en el río. Cuando regresó al mismo lugar días después, la encontró y no dudó en abrirla para comprobar en qué estado se encontraba la cerveza. Al destaparla oyó el fantástico sonido que hacen las botellas de cerveza al ser descorchada, una especie de "pop" unida a un suave siseo producto del carbónico. Resulta que descubrió que la cerveza estaba en buenas condiciones. Posiblemente las botellas ya vendrían siendo utilizadas antes de este supuesto momento histórico, pero esta anécdota sin embargo ha continuado perdurando en el tiempo, marcando el comienzo de la etapa de la cerveza embotellada. Hay que tener en cuenta, que generalmente la cerveza era consumida directamente servida del barril a la jarra o a la copa, principalmente en tabernas, monasterios o palacios. Para embotellar la cerveza se necesitaba por aquel entonces mucha mano de obra, al carecer de procedimientos mecanizados que se encargaran de ello, como los actualmente usados en la industria cervecera. En consecuencia, el coste de producción era muy elevado, motivo por el cual la cerveza embotellada sería siendo prácticamente un lujo durante varios siglos. Sin embargo, el contexto económico y social cambió sustancialmente de forma favorable en las islas británicas a mediados del siglo XIX. Concretamente en 1845, se produjo además un hecho que favoreció especialmente el uso de las botellas de vidrio como envases para las cervezas: la abolición del Impuesto sobre el Cristal, lo que sin duda ayudó a potenciar la industria de este frágil pero útil material, lo que se tradujo en una mayor disponibilidad de botellas de cristal a menor precio. 
Pero no sólo con el envase era suficiente, además había que pensar en como salvaguardar la cerveza del polvo, y evitar que se saliera y se derramara fuera de la botella mientras que era transportada, es decir, había que diseñar un tapón adecuado para la botella y su contenido. En un principio se utilizó como en el caso de los vinos en un tapón de corcho (método que por otra parte, mantienen tradicionalmente muchas cerveceras, especialmente en formato de 75 cl.). Posteriormente comenzó a ser sustituido por un tapón de rosca, hasta que finalmente se comenzó a usar de forma generalizada la chapa metálica que conocemos todos hoy.

Tipos y formas de botellas
Existen diferentes tipos de botellas utilizados por la industria cervecera. El objeto de algunos diseños tiene un por qué, y no es algo azaroso ni producto del capricho del productor, ya que la botella desempeña un papel importante dentro de la conservación de la cerveza, y no es un mero recipiente sin más. Por ejemplo, el habitual color oscuro del vidrio en tonos verdes, marrones o incluso cercanos al negro se debe a que la luz es uno de los agentes "agresores" de la cerveza, ya que la degrada de forma acusada, en especial la luz de sol, que además actúa como fuente de calor, otro de los enemigos de la correcta conservación de la cerveza, sobre todo en las ales. Recordemos además que el lúpulo es un ingrediente que se oxida fácilmente, lo que define de forma determinante el sabor y aroma de la cerveza en aquellas cervezas muy lupulizadas, por lo que conviene, al margen de la oscuridad del vidrio, conservar la cerveza en lugares oscuros y frescos.
Y es aquí dónde surge un debate que lleva décadas instaurado en la comunidad cervecera entre los que defienden la botella de vidrio como mejor envase para la cerveza, y aquellos que prefieren otro tipo de envase como la lata de aluminio o la botella de aluminio. Estos últimos son más ligeros y preservan mejor de la luz a la cerveza. Además, con los últimos avances en la materia, se ha conseguido aislar por completo el aluminio del contenido, por lo que no se produce transferencia en el sabor, que era el principal escollo al que se enfrentaba el envase de aluminio frente al de vidrio. Ejemplos de ello los tenemos en la excelente calidad de las cervezas de algunas micros comercializadas en lata como la Punk IPA de Brewdog, la Dale's Pale Ale de Oskar Blues, o la 113 de Sly Fox, grandes cervezas todas ellas, en las que no hay rastro de matices metálicos procedentes del material del envase.
Otro tema es que la lata no resulte tan "romántica" como la botella, un aspecto que muchos cerveceros tienen en cuenta, pero este tema es objeto de otro post, que posiblemente ocupe el protagonismo en el blog.
Pasando a las formas y tipos de botellas más habituales, se encuentran:


Común:

Es la habitual botella de cerveza que estamos acostumbrados a encontrar en los supermercados. Normalmente con una capacidad de 33 cl., aunque hay algunos casos de botellas más pequeñas con 25 cl. o el clásico botellín o quinto, con 20cl, y de botellas más grandes con 50 cl. (especialmente en Reino Unido y Alemania). Otros formatos menos comunes tienen capacidades de 35 cl. o 37,5 cl. y el de 66 cl., muy frecuente en los USA. La forma elegida suele constar de dos partes diferenciadas: en la parte inferior, un cuerpo con "hombros caídos"y de altura y anchura variables, para poder colocar la cerveza en posición vertical (que por otro lado es la idónea), y un cuello igualmente de longitud variable rematado con un tapón en forma de chapa o de rosca, este último menos frecuente. Es sin duda el formato más comúnmente extendido en el sector.



Achaparrada:  Especialmente utilizada por los cerveceros belgas, se caracteriza por ser una botella más ancha y baja que la común, de forma rechoncha o achaparrada, como si la hubieran aplastado parcialmente hasta encogerla un poco, pero manteniendo la misma capacidad habitual, 33cl. El vidrio por lo general tiende a ser más grueso en este modelo, resultando más fuerte y pesada, lo que la convierte en el tipo de botella ideal para soportar la alta presión interior que se produce fruto de las segundas y terceras fermentaciones que tienen lugar en la propia botella en muchas de las cervezas belgas. Algunas referencias muy conocidas como Duvel, Gulden Draak, Piraat o Val Dieu utilizan este tipo de botellas.

Con tapón mecánico: Usadas sobre todo en Centroeuropa, especialmente en Alemania, se trata de botellas con un cuello usualmente alargado, rematado con un tapón de cerámica y cierre mecánico, que incorpora una goma para que quede perfectamente sellada la boca de la botella y no puedan existir fugas de líquido ni de gas del interior, manteniendo la cerveza en las condiciones adecuadas. Tienen la particularidad además de ser objeto perseguido por los coleccionistas, existiendo incluso comunidades que buscan con ahínco los tapones cerámicos pintados. Algunas de las marcas que suelen usar este tipo de tapones son: las alemanas Hacker-Pschorr, Uerige y Maissels y la holandesa Grolsch entre muchísimas otras.

Envueltas en papel: Algunas botellas también vienen elegantemente presentadas con papel tisú vistiendo el vidrio y prescindiendo sin embargo de la etiqueta. Suele dar un aire antiguo y misterioroso a la cerveza. Ejemplos tenemos varios en el mercado, como por ejemplo las Liefmanns o las Corsendonk de Bélgica.


Elegante: Siguiendo un poco la estela marcada por la estética de las botellas de vino, en especial de los blancos y espumosos, algunas cerveceras tratan de proporcionar un aire de sofisticación a sus referencias mediante botellas cuyas formas y tapones recuerdan enormemente a las botellas de vino y del cava. Así por ejemplo tenemos las botellas de 75cl tan originales como las de la micro artesana italiana Baladin,que además incorpora el logo de la marca grabado en la botella e incluso un remate de lacrado en cera en el tapón. También las españolas artesanas como Milana, Las Llaves de San Pedro o Casasola utilizan diseños inspìrados en el mundo del vino para albergar sus referencias en formato de 3/4, lo que provoca en no pocas ocasiones, cierta confusión con botellas de vino en el público que no está acostumbrado a encontrar cerveza embotellada con estos diseños.

Medicinal: Recuerda por su forma ovalada a las botellas de botica o farmacia antigua. Eran las que tradicionalmente comenzaron a usarse en el Reino Unido en el siglo XVII. Quizás por ello tuviera tanta popularidad la extendida anécdota comentada a comienzos del post. El ejemplo más claro de este tipo de botellas lo pone de manifiesto la antigua cervecera británica St. Peters, que las usa para cada una de sus referencias, con una capacidad de 50 cl.

Cerámica: Se trata de botellas construidas a partir de este material. Por lo general de mayor capacidad, siendo lo habitual encontrarlas por encima de los 50 cl. se trata de un envase más pesado, pero que protege mejor a la cervezas de las agresiones de la luz del sol y del calor. Ejemplos de este tipo de botellas los tenemos distribuidos por diferente partes del mundo. Así podemos encontrar botellas de este tipo en Bélgica como la St. Sebastian, o en Francia, la Vivat, o en Estados Unidos con la Rogue y algunas de sus referencias, como la Marimoto Imperial Pilsner. Singular y exótica botella que no pasa desapercibida.

Artesanal: Algunos productores artesanales se inclinan por elaborar sus referencias en formato de 75 o incluso 37,5 cl. empleando tapones de corcho, especialmente para sus cervezas especiales o más fuertes. También en el caso de las lámbicas, motivo por el cual junto con las propias características de la cerveza, se las conoce como el champagne de Bruselas. Es un formato especialmente extendido por el norte de Francia y Bélgica, por lo que es habitual en los productores de lambic, saisons, biere de garde y también las abadías trapenses. Marcas como Cantillon, Fantome, La Goudale o Chimay, embotellan sus producciones en este tipo de formato.


De Aluminio: Uno de los formatos más deseados por los coleccionistas, en especial por sus llamativos y coloridos diseños que aparecen impresos en ellas. Con un aspecto de bebida isotónica, en algunos casos o algo futurista en otros, es un tipo de envase cuya utilización crece de forma progresiva en la industria. Más ligera que en el caso del vidrio, pero sorprendentemente resistente también alberga detractores como en el caso de las latas de aluminio por el principal motivo, la posible transferencias de matices metálicos del envase al contenido. Muchas de las principales marcas comerciales han lanzado una o más referencias en este formato, por lo que podemos encontrar muchos ejemplos, como Mahou o Estrella en el mercado nacional y Heineken en el de importación.