sábado, 30 de noviembre de 2013

Maridajes con Grimbergen de la mano de Rodrigo de la Calle


Uno de los campos relacionados con el mundo de la cerveza donde aún queda mucho terreno por explorar es el de los maridajes gastronómicos, aunque poco a poco va ganando protagonismo e interés. Hay varios libros escritos sobre el tema, mas muy pocos en castellano (a excepción del de Edgar Rodríguez y Toni Romero por el momento), y a nivel internacional hay varias figuras relevantes en el mundo cervecero que apuestan porque la cerveza sea el acompañante perfecto de los mejores platos. Paulatinamente la cerveza de calidad va ganando presencia en las mesas de los restaurantes más prestigiosos, y cada vez son más los locales de hostelería que cuentan con una carta de cervezas pensadas para acompañar a los platos de la carta ofrecidos. 
El pasado miércoles 30 de octubre tuvo lugar en el hotel Villamagna de Madrid un evento muy especial, en el que Grimbergen presentó de la mano del chef Estrella Michelín Rodrigo de la Calle, tres diferentes maridajes de alta gastronomía con cada una de las referencias que actualmente forman el portfolio de Grimbergen en España: la Blonde, la Dubbel, y la Blanche. Sin duda, una apuesta por conseguir que la cerveza logre alcanzar el lugar que le corresponde formando parte de la buena mesa, y deje de ser considerada una bebida refrescante sin más.

Sobre el chef...

Rodrigo de la Calle nace en 1976. Logra completar los estudios para la obtención de su título de técnico en Hostelería en el Centro IES de Madrid. Tras haberse graduado, Rodrigo comienza su carrera profesional pasando por las cocinas de varios de los restaurantes más afamados y prestigiosos de la capital, como por ejemplo el centenario L'Hardy, Luir Maitea, o uno de los mejores vascos de Madrid, el restaurante Goizeko Kabi.
Más tarde, y con un bagaje profesional tan rico como el que tenía acumulado, se traslada hacia Elche, para incorporarse al equipo del restaurante La Taula del Hotel Milenio, que pertenece al Grupo Huerto del Cura. El tiempo que pasa trabajando en este restaurante será el que marque de forma más determinante su carrera profesional, ya que durante ese tiempo tuvo la oportunidad de conocer en 2003 a Santiago Orts, que fue quien le inculcó la base de su percepción sobre la cocina con ingredientes vegetales, y a partir de aquel momento comienza a cocinar sus platos con productos procedentes de la huerta. Se estaba cuajando el nacimiento de lo que hoy el propio Rodrigo llama Gastrobotánica.
Para la siguiente etapa de su trayectoria profesional en el mundo de la gastronomía, Rodrigo cambió el Mediterráneo por el Cantábrico, donde trabajó en Mugaritz, en la cocina de Andoni L. Aduriz, y que provocó en él un segundo redescubrimiento del mundo vegetal, y las múltiples oportunidades que le ofrecía. Continuando dentro de la cocina vasca, y tras su paso por Mugaritz, el siguiente paso le lleva nada menos que al afamado restaurante de Martín Berasategui, donde completó su formación junto al maestro de Lasarte, cuya influencia continúa siendo visible hoy en los platos que diseña Rodrigo. 
Más adelante y tras un Curriculum profesional envidiable, Rodrigo decide regresar a Madrid, para abrir su propio restaurante. Así en 2008 el restaurante De la Calle, en Aranjuez, abre sus puertas, dando a conocer al mundo los secretos de la Gastrobotánica, una cocina caracterizada por su profundo respeto al medioambiente, ya que sus saludables menús se adaptan a las oportunidades que ofrece la propia naturaleza, usando productos de temporada, eludiendo aquellos que no son sostenibles y buscando los que han sido olvidados pero que contienen un alto valor gastronómico y enorme posibilidades culinarias. Este concepto de cocina le valió que le concedieran una estrella Michelín. Además Rodrigo ha logrado varios premios, galardones y reconocimientos a lo largo de su carrera como Cocinero del Año por la Cámara de Comercio de Madrid en 2011, Chef de L’Avenir 2010 y Cocinero Revelación en Madrid Fusión 2009. 
Desde el pasado 1 de Octubre Rodrigo de la Calle ofrece su Gastrobotánica ejerciendo como chef ejecutivo de todos los espacios gastronómicos del Hotel Villa Magna, especialmente de su restaurante principal, del mismo nombre.

Las cervezas y los maridajes...

Seguramente sean muy pocos los que lean estas líneas y no conozcan las cervezas Grimbergen. Mucho más aún, si es como en mi propio caso, al tratarse de una de las cervezas que supusieron mi primer acercamiento a las cervezas de abadía, hará ya cerca de 15 años, y que me permitieron descubrir cuáles son las diferencias entre una doble y una triple y apreciar los matices típicos del estilo, las notas dulces, afrutadas, la levadura, el cuerpo maltoso y sobre todo la intensidad en el sabor.
En España llegaron a comercializarse varias referencias como la Blonde, la Double, la Tripel, la ale especial de invierno bautizada como Cuvée d'Hermitage, y la más apreciada de todas ellas, la cuádruple Optimo Bruno.
Desde hace unos pocos meses, el portfolio de Grimbergen comercializado en España se vio modificado, viéndose reducido a 3 variedades: la Blonde, la Double, y la Blanche, siendo esta última totalmente nueva en el portfolio. Es sin duda la que más llama la atención siendo una muy buena interpretación del estilo de las cervezas blancas belgas, un estilo tradicionalmente no muy trabajado por las abadías belgas, a pesar de la existencia de algunos pocos ejemplos.



La Blonde  es una cerveza con una densa y generosa capa de espuma de color crema, con buena duración y persistencia, con un carbónico de burbuja pequeña.
En nariz presenta un intenso aroma a frutos dulces como piña y sobre todo albaricoque, un punto de miel, algo de especia como clavo, y lúpulos florales de suave perfume.
En el paladar los sabores desplegados son un tanto afridulce Ale desarrolla sabores agridulces, con inclinación hacia el perfil maltoso y afrutado, dejando un retrogusto seco. 
El primero de los maridajes fue la combinación de la Grimbergen Blonde con un gelé de pollo, con vainas de judías verdes licuadas y caviar de aceite de oliva, servido en copa de cóctel.



La Double por su parte proporciona la sensación de ser una cerveza más cremosa, tanto en aspecto como en paladar. Su color marrón, y su espuma densa, aterciopelada y de tono marfil, es una muestra de ello.
En nariz los aromas que predominan son la malta tostada, caramelizada, notas de azúcar quemado, regaliz, frutas pasas como ciruelas e incluso frutos rojos.
En boca, proporciona un logrado equilibrio entre notas amargas y dulces, y un sabor intenso donde vuelven aflorar la malta tostada, el azúcar, el regaliz y las pasas.
El segundo maridaje tuvo como protagonista precisamente a la Grimbergen Double que combinó de forma sensacional con un risotto con verduras, parmesano, alcachofas y trufa de invierno.

La Blanche, es una muestra fidedigna de lo que es una cerveza blanca de trigo al estilo belga. Desde su aspecto con sus tonos amarillos pálidos, presencia traslúcida, espuma blanca y burbuja muy fina, hasta el paladar donde tienen reflejo los matices detectados en el aroma con notas cítricas, especiadas como clavo y especialmente cilantro, a cereal y también levemente avainilladas y afrutadas. Una cerveza compleja y al mismo tiempo refrescante.
Fue la protagonista del último de los tres maridajes presentadas, el más sorprendente, por tratarse de un postre compuesto por unas deliciosas natillas de panela, crumble, higos y madroños, que encajaban de forma magistral con la cerveza.

Como pudimos comprobar los asistentes, para la ocasión Rodrigo ofreció tres recetas muy especiales basadas en su concepto de Gastrobotánica, y que estaban concebidas especialmente para acompañar a cada una de las referencias de la gama de Grimbergen. Con cada plato Rodrigo dio muestras de su buena mano en la cocina, y de su gran abanico de recursos para poder lograr maridajes interesantes, cuando no excelentes y sorprendentes con las cervezas de Grimbergen. empleando únicamente productos de la tierra.
Para los que estén interesados en ver cómo fue el desarrollo de la experiencia pueden visitar la dirección : http://bit.ly/MaridajeGrimbergen, y de paso poder ganar una caja de Grimbergen Blonde, o también acceder al canal Grimbergen en youtube:   https://www.youtube.com/user/GrimbergenEs

martes, 26 de noviembre de 2013

Noviembre dulce... (2)


Continuando con el anterior post, paso a comentar el segundo evento cervecero de interés que tuvo lugar en la capital este ajetreado mes de Noviembre, al cual tuve la fortuna de asistir. Tan sólo dos días después de la maratoniana cata de cervezas galas, el pasado 6 de Noviembre se presentó de forma oficial en Madrid, la posiblemente más conocida y aclamada microfábrica de cerveza italiana. Estoy refiriéndome a Baladin, a quien hace unos meses ya dediqué otro post en el blog. El evento fue organizado por Cervebel y Crusat, que serán quienes se encargarán de la distribución de las cervezas de Baladin en España a partir de este momento, y tuvo lugar en la Asociación de Jóvenes Empresarios de Madrid, cuyas instalaciones se encuentran ubicadas en el madrileño barrio de Prosperidad. Era el tercer y último evento de una serie de presentaciones que formaban parte de una pequeña gira por tierras patrias que se llamó "Il Giro di Birra Baladin".


Nada más recibir la invitación por parte de la organización para poder asistir al evento estaba contando las horas para que llegara el acontecimiento, ya que no se iba a tratar de una mera presentación sin más, porque el propio artífice de las cervezas Baladin, el genial Teo Musso iba a estar presente para hablar en primera persona de su historia y sus cervezas. Huelga decir que me faltó tiempo para confirmar mi asistencia, no sólo por la calidad que atesoran las cervezas Baladin, de las que ya era conocedor, ya que fui junto con mis socios el primero en apostar por ellas en la capital, y tenerlas a la venta en nuestro local Labirratorium, sino también por la oportunidad de conocer en persona a Teo.

Llegado el día y la hora señalados, nos congregamos muchas caras conocidas en los exteriores del local a la espera de poder pasar e irnos poniendo cómodos. Nada más entrar pudimos ver a Teo sentado confortablemente en un sofá esperando, mientras iban llegando el resto de invitados. Como luego pude comprobar al saludarle en persona, es un tipo alto, esbelto, con barba de pocos días y cabello revuelto. Vestido de forma desenfadada, moderna, pero con gusto, desprendía un aire juvenil y entusiasta que luego se transmitía cuando hablaba. Se respiraba ambiente de expectación, como si fuéramos a conocer a una gran estrella, y es que realmente estamos hablando de una de las figuras más relevantes y mediáticas del panorama cervecero actual a nivel internacional. Tras unos minutos de espera de cortesía, durante los que se solucionaron los típicos problemas de sonido, dio comienzo la presentación.

Durante la presentación Teo intentó de forma resumida hacer un recorrido por la historia de Baladin desde sus comienzos. Teo Musso nació en Piozzo, un pequeño pueblo del Piamonte italiano, que hoy también es el hogar de Baladin. En una región tradicionalmente vinícola, donde se producen algunos de los mejores caldos italianos como Nebbiolo y Barbaresco, entre otros. Descendiente de una familia dedicada al mundo del vino, Teo resultó ser el hijo "rebelde" que comenzó a mostrar un mayor interés por la cerveza en a adolescencia. En un comienzo su amor por la cerveza comenzó por las lager de consumo habitual, pero todo cambió el día que llegó a sus manos una Chimay azul. Aquel "brebaje" de gusto delicioso despertó en él deseos de ampliar su conocimiento sobre la cerveza, tratando de profundizar sobre su proceso de elaboración, y saber cómo era posible fabricar una cerveza tan singular y diferente a todas las que anteriormente había probado. Era como una ventana a otro mundo, totalmente distinto al de las cervezas que habitualmente se consumían en Italia, como la popular Peroni. Entonces en 1985, toma la decisión de abrir en su pequeño pueblo, una cervecería con música en directo, que llegó a reunir 200 referencias diferentes procedentes de los países de mayor tradición cervecera. La llamó Baladin en homenaje a una compañía de circo que se establecía de forma periódica cada invierno en los terrenos de su familia, con cuyos miembros terminó manteniendo una relación de amistad. Pero no pasó demasiado tiempo hasta que pensó que la cervecería no era suficiente.  Tenía que poder fabricar una cerveza propia, elegante, que recogiese sus experiencias vitales y que pudiese presentar en los mejores restaurantes. Así, durante los siguientes años realizó varios viajes por Europa, principalmente por Bélgica, con objeto de conocer los secretos de la fabricación de las cervezas tan prodigiosas que conocía y que procedían de aquel país, como por ejemplo las elaboradas por la Brasserie D'Achouffe, o las de la Brasserie Vapeur. Tras su regreso, conoce a Lorenzo Dabove, y junto con él, decide comenzar a elaborar su propia cerveza, en un principio de una forma un tanto rudimentaria y artesanal en un garaje, como tantas otras grandes marcas comenzaron. Así nace Birrificio Baladin en 1995, y comienza a comercializar sus primeras cervezas, tomando una decisión muy arriesgada: eliminar de su cervecería la nutrida oferta que tenía en la carta, y vender sólo sus creaciones. Al comienzo confiesa que no tuvo demasiado éxito, ya que el público que visitaba su cervecería no se decantaba por consumir sus cervezas, pero estaba decidido a continuar con su proyecto. Es entonces cuando él mismo diseña la botella tan característica de Baladin, y comienza a proyectar una imagen de la cerveza como un producto de calidad, que puede maridar con la comida, y ser una efectiva alternativa al vino. Aparte, una de sus principales ideas, por la que ha estado luchando desde sus comienzos, era unir cerveza y tierra, es decir dejar de considerar a la cerveza como un producto artificial, o puramente industrial y comenzar a valorarla como un producto fruto de la tierra, cuyos ingredientes son naturales y de origen vegetal, tal y como sucede con el vino.


Entre 1996 y 1997 lanza sus dos primeras creaciones para comercializar, la Isaac, una witbier y otra de sus cervezas bandera, la Super, las cuales comienza a cosechar las primeras buenas críticas entre los trabajadores de la hostelería, aunque por el contrario costaba vender a los clientes de los restaurantes, ya que la tradición vinícola en aquella región de Italia se encuentra muy arraigada. El primer cliente que le compró una caja, fue realmente para su consumo propio, y no para servirla en un restaurante como ansiaba Teo. Los empresarios hosteleros mostraban cierto recelo y hasta miedo de vender la cerveza en sus restaurantes. Es algo con lo que tuvo que luchar Teo durante años. Hay que tener el cuenta también que en aquella época no había productores de cerveza artesana en Italia. Hoy son más de 300 y las cervezas de Teo se sirven en más de un millar de restaurantes en Italia.

Tras estas dos cervezas, siguieron muchas más como la Nora, la León, Open, la Wayan, la Elixir, la Mama Kriek, la Zucca, la Super Bitter,... y la seríe especial Xyauyú, fruto de las investigaciones de Teo sobre la oxidación controlada, siendo una cerveza que madura en tanques estériles entre 14 y 18 meses y otros 3 o 6 en botella, que ofrece un bouquet y una complejidad únicas, y de la que se comercializan 3 versiones, en función del tiempo de maduración junto con una versión ahumada, llamada Xyauyú Fumé. En cada una de estas cervezas se refleja alguna experiencia o pensamiento de Teo y todas ellas comparten una línea creativa en la que el lúpulo tiene la justa presencia, queriendo alejarse de las moda de las cervezas intensamente lupulizadas elaboradas por las craft breweries norteamericanas.
Para Teo, Baladin es mucho más que una fábrica, es un concepto en el que aplica toda su filosofía desde la decoración del local, hasta la carta, pasando por las botellas, cuyo diseño es del propio Teo, tal y como había comentado, y también la copa, la conocida Teku, que se ha ido extendiendo como copa de cata y consumo de cerveza, siendo cada vez más vista en cervecerías y locales especializados. Incluso esta filosofía se aplica en la forma de obtener la energía necesaria para abastecer a la fábrica, usando células fotovoltaicas por ejemplo, siempre pensando en la sostenibilidad, y también en los proyectos futuros, como la investigación sobre la influencia de la música sobre la actividad y rendimiento de las levaduras. Actualmente Baladin produce 12.500 Hl. de cerveza, siendo comercializada en más de una docena de países, mantiene abiertas varias cervecerías Open Baladin en todo el planeta como la de Roma y Nueva York. y produce también su propia sidra (Sidro Baladín) y una propia línea de refrescos artesanales. 

Pero aparte de conocer más de cerca a Teo y la historia de su vida y de Baladín, uno de los puntos clave para la mayoría de los allí congregados era conocer sus cervezas, ya que muchos de ellos aún no habían probado ninguna. La organización preparó para la ocasión una cata-degustación de 4 referencias: Isaac, Nora, Super Bitter y Open que será las que lleguen en un comienzo a España tanto en formato de 75 cl. como de 33 cl. en un futuro.

La Isaac fue la primera de las cervezas ofrecidas. Teo bautizó a esta cerveza con el nombre de su primer hijo, y su intención a la hora de crearla era lograr una identificación de la cerveza con Italia, y la esencia del carácter mediterráneo. Así, los ingredientes por ejemplo son todos italianos (el trigo, la cáscara de naranja,...), a excepción del cilantro que procede del exterior. Se trata de una cerveza blanca de trigo, como la que elaboran los belgas, pero con el sello de Baladín. De color amarillo pálido, inclinado hacia un tono un tanto anaranjado, turbia, y con espuma jabonosa y un tanto efímera, contiene muchos ésteres de levadura, desarrollando notas afrutadas de plátano, y también cítricos a naranja, producto de la cáscara que emplean para su elaboración. El cilantro aparece tal y como marcan los cánones del estilo. El amargor residual resulta prácticamente imperceptible. Se trata de una cerveza muy fácil de beber y de escaso contenido alcohólico (5%) , pero al mismo tiempo sabrosa dentro de los parámetros del estilo, convirtiéndola en el complemento ideal para los aperitivos, los arroces y el pescado , o simplemente para refrescar en verano.


La siguiente cerveza elegida para la degustación fue la Nora, cuyo nombre es en honor a su primera mujer. Se trata de una cerveza muy particular puesto que no se utiliza lúpulo para su elaboración. Con 6,8º de graduación alcohólica, la podríamos catalogar como una spiced ale, que se encuentra a medio camino entre una saison y una triple belga. Inspirada en las ancestrales recetas del antiguo Egipto, utiliza una variedad particular de trigo procedente de aquel país para su elaboración, el Kamut Khorasan, y una resina de Etiopía de la familia de la mirra, que dota de amargor y aroma a la cerveza, sustituyendo al lúpulo. También contiene jengibre en su elaboración. De color ámbar, y abundante espuma blanca, así como carbónico acentuado, es una cerveza de gusto muy particular y muy compleja repleta de diferentes matices especiados, donde destaca el jengibre. Al mismo tiempo proporciona un grado de dulzor y acidez perfectamente acoplados, desembocando en una clara y al mismo tiempo moderada astringencia final. Mi favorita de toda la gama Baladin.

La tercera cerveza que se ofreció fue la Baladin Super Bitter, con 8º y un número mayor de IBUS que las anteriores cervezas degustadas, se encuentra catalogada como una golden strong ale. Su nombre ya anticipa que nos encontramos ante una cerveza donde el lúpulo tiene un mayor protagonismo, aunque no se refleja en un gran amargor.  De color anaranjado y espuma blanca, utiliza lúpulo Amarillo, al final de la cocción, lo que se detecta en el aroma con matices cítricos y a pino con un fondo de caramelo. Al probarla comprobamos que se mantiene la filosofía de las cervezas Baladín logrando un genial equilibrio entre las notas maltosas, a caramelo y galleta, y las comedidas aportadas por el lúpulo, dejando un amargor muy moderado al final. La mejor junto con la Nora de la gama que se distribuirá en nuestro país por el momento.


La cuarta y última fue la Open Rock'n'Roll que vendría a ser la interpretación propia de lo que sería para Teo una IPA. Con sus 7,5º cuesta situarla dentro de las IPAs tal y como las conocemos, ya que a pesar de sus 43 IBUS, no llega a alcanzar grandes cota resinosas y de amargor, llegando incluso a desplegar matices  maltosos y algo dulzones, aunque el lúpulo termina resultando evidente junto con la presencia de notas ligeramente picantes provocadas por la pimienta que contiene. Una cerveza más ligera de lo esperado y fácil de beber que puede defraudar a los hop-heads más acérrimos, y al mismo tiempo agradar a aquellos que comienzan con la degustación de cervezas artesanales de calidad. 

Tras la finalización de la cata hubo una ronda de preguntas que Teo contestó amablemente, deteniéndose en cada una de ellas, y mostrándose como una persona con las ideas muy claras. Aquí surgieron varios temas de debate, tras una acertada intervención de Erik Coene de Cervebel, que resultaron muy interesantes como la situación actual del mercado español, cómo los productores artesanos están desarrollando su trabajo intentando introducirse en él y cuál puede ser la situación en el futuro. Antes de la despedida final aproveché la ocasión de saludar en persona a Teo y hacerme una foto con él. La oportunidad era única y no podía dejarla escapar. Ojalá la próxima vez que nos veamos sea en Piozzo, en su restaurante, quién sabe...




jueves, 21 de noviembre de 2013

Störterbeker Schwarzbier, negrura del Báltico


Tras semanas sin comentar una cervecera alemana, regreso con el post de hoy a hablar de una excelente cerveza germana, como paréntesis para hablar de los numerosos acontecimientos cerveceros del mes de Noviembre. En esta ocasión la elegida, es una cerveza de maltas oscuras, la Störtebecker Schwarzbier, una gran representante de este particular estilo que son las schwarzbier, lager profundamente oscuras, que llaman la atención de muchos, en especial los que piensan que si hablamos de cervezas "negras" sólo podemos referirnos a las stout, las porter y otros estilos afines. Pues bien, también se fabrican lager oscuras de muy buena calidad, en especial en Alemania y República Checa. Y este es un ejemplo manifiesto.
La de hoy se trata de una referencia elaborada por la no muy conocida Stralsunder Brauerei, una cervecera situada en Stralsund (ciudad hanseática perteneciente al Estado federado de Mecklemburgo-Pomerania Occidental en la costa norte de Alemania)que bautizó a esta cerveza con ese nombre en honor a la leyenda del pirata alemán  Klaus Störtebecker, quien atacó durante años a los comerciantes de la Liga Hanseática del norte del mar Báltico alrededor del año 1400. De ahí la llamativa etiqueta que viste la botella de la tradicional botella de tapón mecánico y 50 cl de capacidad. En ella aparece un velero, por lo que las similitudes con la etiqueta de la adorada Pannepot de la belga De Struise, resultan obvias. Además existe otro por qué para la elección del nombre de la cerveza, coincidiendo con el apellido de tan misteriosa figura histórica, y es que la palabra en cuestión coincide con la expresión empleada en alemán antiguo para referirse a aquel que engulle con rapidez una jarra de alcohol. Se desconoce si el nombre fue determinante para que la cerveza llegara a ser la más vendida de la cervecera Stralsunder, pero no resulta demasiado osado presumir que alguna influencia pudiera haber tenido. Sin duda es una cerveza clave en la historia de la compañía.
Fundada en 1827, durante el siglo XIX fue el principal proveedor de los lugares de veraneo a orillas del Báltico. Tras la II Guerra Mundial, los efectos traumáticos sobre la sociedad y economía alemanas, obviamente hicieron mella en las compañías cerveceras del país. En este caso el gobierno comunista de la extinta RDA ordenó la nacionalización de la fábrica, lo cual sin embargo no fue obstáculo para que sus cervezas comenzaran a adquirir una buena reputación dentro de los círculos cerveceros durante la década de los 70. Tras la reunificación alemana, la poderosa corporación Nordmann adquirió las instalaciones y trasladó a sus directivos para ponerse manos a la obra. El resultado fue la modernización de la maquinaria y el lanzamiento de 3 cervezas como portfolio base de la cervecera: 2 especialidades típicas de la región y la schwarzbier como cerveza estrella. Actualmente Marchus Berberich es el maestro cervecero que se encarga de la elaboración de esta cerveza para la que emplea 5 diferentes tipos de malta de cebada y al mismo tiempo también lleva la dirección de la fábrica. Actualmente son muchas más las referencias elaboradas por la marca,incluyendo variedad de estilos típicamente alemanes. La Störtebeker se encuentra disponible  principalmente en las regiones más septentrionales de Alemania, aunque tal y como pasaba con el homónimo pirata, se dejaba ver en diferentes puertos del Báltico en otros países.



Cata:

Graduación:5º
Temperatura de servicio: Entre 6ºC y 8ºC
Tipo de vaso recomendado: Vaso de flauta.

Aspecto: De color marrón oscuro, casi negro, con destellos rojizos al trasluz que recuerdan mucho al color de la coca-cola. Ligeramente turbia, y con una corona de espuma, generosa, y de aspecto cremoso, algo coloreada con tono beige, forma irregulares anillos de encaje en el vidrio.
 
Aroma: En nariz predominan las maltas tostadas, café,  caramelo, y algunas notas a azúcar tostada y otras más sutiles de cacao.
 
Sabor y textura: En boca se muestra como una cerveza de mayor cuerpo que el esperado en este tipo de cervezas y un nivel de carbónico mediano. En el paladar es maltosa, aterciopelada, pero no resulta dulce, destacando los sabores a grano tostado, pero sin llegar a carbonizado, caramelo, café y chocolate. De final seco, con un punto amargo, pero nada áspero. Muy bien balanceada es una cerveza cuyo consumo resulta más que recomendable.

Maridaje: Pan tumaca con surtido de embutidos.

Nota:


martes, 12 de noviembre de 2013

Noviembre dulce...(1)



He querido encabezar el post parafraseando el título de la romántica película protagonizada por Keanu Reeves y la guapísima Charlize Theron, porque los cerveceros de la capital y también de la región centro de la Península estamos de enhorabuena, ya que la actividad cervecera desarrollada en las últimas semanas en la región y lo que queda aún por llegar no lo podíamos imaginar hace tan sólo poco más de 1 año. Son muchos los eventos que se han ido sucediendo casi de forma inabarcable durante el pasado mes de octubre, y la tendencia continua en este Noviembre dulce, que nos sonríe a todos los buenos aficionados a la cerveza. Entre estos eventos, he querido destacar un par de ellos, dirigidos en un principio a profesionales del sector, pero que encierran buenas noticias de cara a los cerveceros y consumidores en general. 
Por un lado hemos tenido una cata de presentación de cervezas artesanas francesas de la mano de la pequeña distribuidora "59, Las Cervezas del Norte" y por otro lado la presentación oficial de las cervezas Baladin en España con la presencia del genial Teo Musso, siendo Cervebel y Crusat quienes se encargarán de su distribución.


Las cervezas artesanas galas hacen su entrada en el mercado español...


Si echamos un vistazo a la situación actual en el mercado cervecero español, resulta llamativo comprobar que a pesar de tratarse de un país vecino, donde se producen algunas cervezas muy interesantes, como es Francia, sin embargo hasta el momento no han llegado hasta nuestras tiendas y cervecerías referencias destacables de este país, al margen de las más comerciales y sobradamente conocidas por todos, cuya calidad también resulta cuestionable en algunos casos. En esta situación es de agradecer la valentía que ha tenido un joven francés llamado Antony Plaquin afincado en España desde hace algún tiempo, y que ha querido crear su propia distribuidora de cervezas con el fin de traer hasta España las cervezas de las que él ha disfrutado durante tantos años en su tierra natal. El nombre de la distribuidora es "59, Las Cervezas del Norte", haciendo referencia a la división administrativa número 59 (de las 101 en las que se divide Francia) es decir, el distrito Nord, cuya capital es Lille, justo la región de la que es originario Antony.

Tras un reciente viaje por toda la región norte de Francia, Antony ha emprendido un proyecto en colaboración con los productores artesanos con los que ha contactado, con el fin de que sus productos puedan llegar hasta el consumidor español, dado que ahora en nuestro país está creciendo el interés por la cerveza artesana y de importación, y precisamente hay un "vacío" respecto a las cervezas artesanas francesas en la oferta disponible en nuestro país. Así ha querido organizar dos sesiones de cata de cervezas de su país seleccionadas por él mismo con el objeto de que los profesionales del sector (hostelería y comercio especializado) dieran su opinión respecto a los productos presentados.




La presentación de las cervezas se ha dividido en dos sesiones. La primera de ellas tuvo lugar justo hace una semana, el pasado 4 de Noviembre a las 20:00 en el Café Lola, un céntrico local de ocio de Madrid ubicado a medio camino entre Tribunal y Alonso Martínez, y a la cual tuve oportunidad de asistir. La segunda sesión tendrá lugar hoy en el mismo lugar y a la misma hora.

En la primera sesión se iban a degustar nada menos que 14 variedades diferentes de 6 diferentes brasseries del Norte de Francia, pero que finalmente se quedaron en 13 por un pequeño problema de logística. Antony realizó las presentaciones oportunas de cada una de las variedades catadas, proporcionando unas notas de información acerca de la brasserie y de la cerveza degustada en cada momento de la sesión. Pero los invitados no sólo íbamos a disfrutar, sino que también teníamos que trabajar un poco, rellenando un pequeño informe de cada cerveza degustada, concluyendo si, en opinión de cada invitado, la cerveza podía tener cabida y éxito en el mercado español actual.




La sesión se abrió con la Vivat Blonde, una cerveza por la que Antony mantiene un especial afecto, ya que la brasserie que la elabora (Brasserie Historique de l'Abbaye du Cateau) se encuentra enclavada en su pueblo natal. Se trata de una biere de garde con una graduación alcohólica de 6,5º. De color anaranjado, espuma blanquecina de escaso espesor y notas aromáticas a heno, tierra húmeda, levadura, y algún punto ácido complementario que hacía pensar en un uso de levaduras silvestres en la elaboración, ya que luego supimos que la fermentación tiene lugar en tanques abiertos. En boca es un tanto áspera, con notas maltosas, afrutadas (donde sobresale la manzana y limón) y especiadas (pimienta), desarrollando un final seco y astringente. No llegó a convencer mucho al respetable congregado. Particularmente en mi caso, sin parecerme una mala cerveza, tampoco era especialmente reseñable. 



Sin embargo la segunda de la noche iba a generar impresiones mucho más positivas. De la brasserie Au Baron, perteneciente a la familia Bailleaux desde la década de los 70 nos llegó nos llegó la Cuvée des Jonquilles, otra biere de garde, más purista y ortodoxa que la anterior. Con un 7% de alcohol, es una cerveza muy aromática y sabrosa. De color más pálido y algo menos turbia que la anterior cerveza, y abundante carbonatación desplegaba un rico espectro de matices aromáticos entre los que destacaban caramelo, plátano, confitura de naranja, azúcar quemado y levadura. En boca se encontraba muy bien equilibrada presentándose por momentos como una cerveza dulce y en otros como una cerveza más ácida, seca y astringente con algún punto terroso y un suave amargor final. De sabor profundamente agradable, con un gusto afrutado donde aparecían matices a peras, plátanos,  naranjas y frutas exóticas. Una cerveza sabrosa y fácil de beber muy ajustada al estilo, y que sin duda fue una de las triunfadoras de la noche.


Las biere de garde sin duda fueron las protagonistas de la sesión, ya que probablemente sea el estilo por excelencia de aquella región, y uno de los pocos estilos cerveceros que se pueden considerar autóctonos franceses. Así llegamos a la tercera cerveza de la sesión, la Bavaisienne Blonde de la cervecera Theillier con 7º de alcohol, lo que la situaba en la órbita de las dos anteriores. Aquí la opinión generalizada fue de que quizás la cerveza no hubiera llegado en las mejores condiciones, bien por el transporte o el almacenamiento previo, o quizás por alguna contaminación accidental. El caso es que los olores desagradables (matices intensos metálicos y algo ácidos) camuflados dentro del espectro aromático no la dejaban en buena situación, con lo cual la opinión tenía que se en consecuencia negativa. Y eso teniendo en cuenta que la puntuación de la cerveza en ratebeer era de 92/96. Una lástima la oportunidad perdida por parte de la brasserie, pero evidentemente una cerveza así no puede ser valorada en su justa medida. Y más lamentable resulta cuando conocemos la historia de que es una microcervecera que aún mantiene las calderas antiguas de cobre que se empleaban desde hace décadas, y que pertenece al último miembro de la dinastía Theillier que quiere continuar con el negocio, puesto que sus hijos optaron por otros caminos. Una tradición cervecera que se perderá seguramente en unos años. 



La cuarta embajadora gala que llegó hasta nuestras mesas fue la Blonde D'Esquelbecq, una cerveza catalogada como saison (aunque tengo mis discrepancias y reservas al respecto) con 6,5º, obra de la brasserie Thiriez, fundada en 1996 por Daniel Thiriez que pasó del mundo de la distribución alimentaria al de la producción de cerveza artesanal. De color anaranjado, y una espuma blanca, de aspecto cremoso,destacaba por su aroma dulzón y herbáceo, con notas de malta, levadura, miel, un ligero punto metálico y a plantas medicinales. En en el paladar aparecía algún nuevo matiz como naranja amarga, pero en general replicaba lo detectado en nariz. Su final era bastante seco, terroso y de larga duración. Tampoco formó parte de mi selección personal de la noche. Sin embargo, como dice el típico dicho castellano que "no hay quinto malo", en esta ocasión no hubo excepción, y la quinta cerveza de la noche fue una sorpresa agradable. 




La Bellerose Bière Blonde Extra, otra biere de garde de graduación similar con un 6,5%, elaborada por la Brasserie des Sources. Una cerveza que ya en su botella resultaba atractiva con una curiosa etiqueta donde aparecía dibujada una chica pin-up de los años 50, y que más de uno quiso llevarse a casa para su colección de etiquetas. Servida en copa aumentaba su atractivo con un color dorado intenso, y una abundante espuma algo jabonosa, pero con buen encaje a medida que menguaba. El olor, muy intenso estaba repleto de variados matices como ésteres de levadura con toques afrutados de cítricos y frutas exóticas, también jengibre (bastante evidente) y paja, especias y plantas silvestres. En boca destacaba su base maltosa con un marcado sabor de caramelo, levadura y el toque de jengibre y especias que acentuaba su astringencia final. Una cerveza bien hecha y que merecerá la pena tomar una vez que se concrete su llegada a tierras hispanas.




Acercándonos al ecuador llegamos hasta la sexta referencia, la Bracine Origine de la Brasserie du Pays Flamand, cuyo nombre nos hace pensar inevitablemente en sus vecinos belgas. Se trata de nuevo una vez más, de una biere de garde con un punto más de alcohol, alcanzando los 7,5º lo cuál resultó evidente a la hora de catarla. De tono similar a las anteriores, con un tono anaranjado, destacaban ella aromas a caramelo, toffee levadura, hierbas, un punto cítrico y alcohol, el cuál era mucho más evidente en boca dejando un final astringente y con ardor, tras una entrada dulce dominada por el caramelo, y algo de azúcar tostado y un punto de lúpulo con cítricos y flores. Ligeramente alcohólica en exceso, para mi gusto se acercaba al grupo de elegidas, a pesar de que sin embargo para muchos no mereció realmente la pena.



La siguiente, una vieja conocida para algunos fue la Jenlain Blonde de la cervecera Duyk fundada en 1922, entre la frontera de lo artesanal e industrial, la micro y la macro. Catalogada de nuevo como biere de garde, aunque para mi gusto diría que sería una blonde con 7,5 % de alcohol, predominaba de forma ostensible el aroma a levadura y pan, con un punto afrutado y perfil dulce. Su aroma agradable y bien armado, sin embargo desemboca en un paladar que decepciona, mostrándose como una cerveza dulzona, avainillada y caramelizada, un tanto descompensada y con la presencia de los mismos matices afrutados que en nariz. No desagrada pero termina empalagando por lo que resulta difícil pensar en beberse un tercio, y no digamos ya una botella de 75 cl..



A partir de la octava cerveza, con los paladares algo adormecidos y acostumbrados al mismo tipo de cerveza, cambiamos de tercio, y no sólo literalmente. Chistes fáciles al margen, pasamos a degustar otro tipo de cervezas que se encontraban categorizadas como IPAs, aunque muy lejos del concepto impuesto por las craft breweries norteamericanas, y que tan de moda se ha puesto en nuestro país. La primera de esta tanda de cervezas, la octava de la velada, fue la Anosteke Blonde de nuevo de la Brasserie du Pays Flamand, siendo la segunda de esta cervecera. Color melocotón, y con aromas maltosos a caramelo, galleta y frutas dulces como albaricoques y plátanos combinadas con un leve toque cítrico, resultaba ser una cerveza de entrada dulce en boca y final seco y levemente amargo, por lo que no recordaba como apuntaba a la idea que tenemos en mente de lo que debe ser una IPA fiel al estilo. Más bien, una pale ale belga correcta sin más. Una más que dejábamos en cuneta de nuestro particular tour, que no llegaba a alcanzar el nivel deseado. 




Pero pasamos a la novena cerveza, encontrándonos de nuevo, con una sorpresa agradable, una de las mejores cervezas de la noche que completaba el podium final, la Dalva de la brasserie Thiriez, que con sus 8,5º cautivó a los presentes, hasta el punto de que para muchos fue la mejor cerveza que probamos, aunque no es el caso de un servidor. Me gustó pero el primer puesto ya tenía nombre a mi juicio, tras la segunda cerveza catada. Eso sí, sus bondades no eran pocas, y su complejidad nada desdeñable, con matices propios de una Imperial IPA, con una base maltosa de caramelo y galleta, y un manto de pino y resinas (quizás también algo de pomelo) que reproducían en el paladar las sensaciones resinosas y amargas características de una IPA, complementadas con notas a plantas silvestres y especiadas. Con un final seco, amargo y terroso, de prolongada duración dejaba una sensación reconfortante en boca, que incitaba a seguir bebiendo. Una buena cerveza, pero no la mejor de las ofertadas, al menos en mi opinión. Tras esta pequeña explosión de sabor con mayor presencia de lúpulo y alcohol, pasamos a una cerveza que sin duda no encajó bien en el turno que se dispuso para ella.



La Etoile du Nord de nuevo de la brasserie Thiriez, y con tan sólo 5,5º de alcohol se quedó muy corta, resultando más plana e insípida por pura contraposición con la lista de cervezas acumuladas, y en especial con la precedente tan potente en sabor y alcohol. De tono ámbar, espuma duradera y con notas aromáticas a caramelo, la omnipresente levadura y ligeramente especiadas y florales. En boca no llegaba a cuajar, resultando anodina e insulsa, a pesar de poder detectar un fondo de caramelo y algunos matices cítricos. Probablemente hubiera tenido una mejor valoración de haber sido la primera de la lista. 




De algunas brasseries volvimos a repetir como por ejemplo la Duyk, de la que probamos la Jenlain Tenebreuse, una cerveza de maltas tostadas, que con su color marrón rojizo con brillos cobrizos, y sus notas de caramelo y uvas pasas fue la primera de las cervezas "oscuras" en contrapunto a las anteriores cervezas de tonos arananjados y ambarinos. Notas torrefactas, caramelizadas, sensación melosa y la habitual presencia de la levadura junto con algún otro matiz complementario a nueces. Mejor que su hermana la blonde, sin embargo adolecía de los mismos defectos, duzona, algo descompensada y falta de un poco de personalidad.



Cuando el cansancio hacía mella entre los participantes, y las campanadas de medianoche se perfilaban próximas en el horizonte, llegaron las últimas convidadas de la noche. De nuevo, una brune, con 8,5º de alcohol, la Anosteke Brune, la más oscura de todas las presentadas, y aquella en la que la malta torrefacta tuvo un mayor peso, por lo que su apariencia visual se situaba cercana al marrón oscuro, con una capa de espuma blanquecina, y donde sobresalían en nariz notas de café, y regaliz, mezcladas con malta caramelizada y en el paladar todas ellas eran complementadas con un toque de cacao al comienzo, que se iba trasladando de nuevo al terreno del café con el paso del tiempo, lo que se traducía en un final seco y amargo. En un comienzo cautivó, aunque las sensaciones dejadas con el paso de los minutos se iban diluyendo un tanto hasta dejar una opinión dividida entre partidarios y detractores.




La última fue otra biere de garde, la bautizada como Saison Saint Medard de la brasserie Au Baron, con una graduación alcohólica de 7º. Original saison de maltas tostadas, donde destacaban las notas de caramelo, levadura y especias, y al mismo tiempo se echaba de menos una mayor carbonatación para una cerveza del estilo.

Como se puede comprobar todo un auténtico tour de force en el que dimos buena cuenta de nada menos que 13 cervezas francesas, lo que provocó que se hiciese un poco cuesta arriba los últimos minutos de la sesión, ya que sobrepasamos la medianoche de un lunes, aunque gracias a las viandas como las estupendas tempuras y los picantes jalapeños que acompañaron durante la velada cada una de las cervezas y que fueron ofrecidas por el local, hicieron algo más fácil resistir hasta el final. El otro punto de apoyo fue la buena compañía ofrecida por José Luis de Oldenburg, Evert de El Cervecero, Raúl de Irreale, Juanma de La Buena Pinta, Guillermo de Beer Garden, Javi de La Tienda de la Cerveza, Álvaro de Labirratorium y Gonzalo de Humulus Lupulus al que he de agradecer las fotos que ilustran el post, y por supuesto Antony Plaquin, al que se le reconoce el empeño y el detalle de querer contar con nuestro criterio a la hora de seleccionar las cervezas del futuro portfolio que trabajará como distribuidor. Entre las cervezas ofrecidas, como he comentado, hubo algunas verdaderamente reseñables y seguramente tendrán buena acogida entre el público cervecero español, por lo que le auguro un buen futuro, deseándole toda la suerte del mundo en un momento tan complicado como en el que nos encontramos.

Mi podium particular fue por tanto:
1. Cuvée des Jonquilles
2. La Bellerose
3. Dalva

Otro par que fue destacable aunque no al nivel de las tres "medallistas": la Bracine Original y la Anosteke Brune.

Ayer lunes tuvo lugar la segunda sesión, de la que pronto habrá noticias, sabiendo cuáles son las cervezas que se añadirán a las elegidas durante la primera. En breve, en sus estanterías... vive La France!



lunes, 4 de noviembre de 2013

Maui Brewing, aloha!


Hace unos cuantos años sonó infinidad de veces en la radio, un tema del popular grupo musical español Mecano, cuya letra decía que "Hawaii y Bombay son dos paraísos, que a veces yo me monto en mi piso". Aparte de la sonrisa que pueda dibujar en nuestra cara el ripio de la letra, el mensaje que transmite es más que cierto. De alguna manera cada uno de nosotros puede traerse hasta la comodidad de su casa un pedacito de tan exóticos lugares. Una buena forma de hacerlo es a través de algún producto originario de aquella apartada zona del planeta, como por ejemplo una buena cerveza. En el caso de Hawaii podemos gozar de un fantástico exponente dentro de la enorme variedad de craft breweries que hay en USA. Me refiero a la Maui Brewing Co, que toma el nombre de la más célebre isla del archipiélago del Pacífico, y que recientemente he podido conocer de primera mano probando alguna de las referencias que forma parte de su portfolio.

Sobre la cervecera...


Maui es la segunda isla más grande del archipiélago de Hawaii, y es allí donde la craft brewery con el nombre de la isla vio la luz en el año 2005 cuando Garrett Marrero, un asesor financiero natural de San Diego y Melaney Oxley abrieron su propio brewpub, que tan sólo un año más tarde comenzó su andadura como fábrica siendo la primera craft brewery (y única durante los siguientes 4 años hasta 2009) de la isla. Además también ha sido uno de los negocios que más rápidamente ha crecido en el archipiélago. La cervecera se encuentra situada en las proximidades de una de las principales atracciones turísticas de la isla, la estación de trenes Maui Sugar Cain Train que realiza el trayecto entre la histórica villa de Lahaina y los paradisíacos resorts de Kaanapali.
Con dos centros de producción, la Maui Brewing Co. se muestra orgullosa formando parte de la vida de la isla, afirmando que toda su producción se llevará a cabo en la isla, sin contar con el hipotético apoyo en tierra firme. La elaboración tiene lugar por un lado en la localidad de Kahana, donde la cerveza manufacturada se fabrica en lotes de 7 barriles, y por otro lado en Lahainatown donde hay unas mayores instalaciones que incluyen la línea automatizada de envasado.

En 2007 la cervecera comenzó a ofrecer algunas de sus referencias en lata, concretamente 3 y resultó una decisión muy acertada, ya que fue muy bien acogida por los consumidores, provocando que tuvieran que doblar la producción en tan sólo 2 años. Finalmente este tipo de envase es el elegido para la mayor parte de la producción, incluyendo atractivos diseños gráficos que la convierte en objeto de devoción por parte de los coleccionistas de breweriana. La causa de la elección por el envase de aluminio era el compromiso de la empresa y la comunidad con el respeto al cuidado de su isla, que en el caso de la cervecera se plasmó en la elección de este tipo de envase para mantener los cerca de 200 Km de playas de la isla limpias de cristales rotos. 
La Maui Brewing Co. continúa manteniendo su naturaleza artesanal, y como sucede con otras muchas microfábricas estadounidenses la variedad de sus portfolios resulta reseñable, introduciendo algunas originales aportaciones en recetas de corte más clásico, enriqueciendo y proporcionando un punto diferente a estilos tradicionales.


Así por ejemplo son conocidas y reputadas en el mundo cervecero algunas de sus referencias más osadas como:
- La Coconut Porter, una porter especiada con coco.
La Sobrehumano Palenaole, una red ale en la que incluyen cerezas de Michigan.
- La Perousse White, una wit bier en la que emplean mandarinas locales, en lugar del habitual cilantro.
- La Maui Brewing Liquid Breadfruit una ale que incluye el fruto del árbol del pan local y semillas de papaya.
Y algunas otras un tanto más ortodoxas como:
- La Big Swell IPA.
La Penguin XX Imperial Stout, cuya receta sufre variaciones cada año.
- O la Bikini Blonde Lager.

Actualmente las cervezas producidas por la Maui Brewing Co. pueden ser encontradas en 11 los Estados de USA incluyendo: Arizona, California, Colorado, Idaho, Maryland, Nevada, Oregon, Texas, Virginia and Washington y por supuesto Hawaii. Y fuera de las fronteras de los EEUU también es posible encontrarla en  Japón,Puerto Rico, Dinamarca, Reino Unido y claro está España, aunque de forma muy limitada.

Por último cabe reseñar que organizan tours para visitar su fábrica por tan sólo 10$, incluyendo una degustación de 6 cervezas, que varían en función de los barriles que tengan pinchados en el momento de la visita. De este modo se añade como atractivo turístico, al margen de las paradisíacas y kilométricas playas de la isla, para los cerveceros que la visiten


Cata:






Graduación: 5,2º
Temperatura de servicio: 6ºC
Tipo de vaso recomendado: Tumbler para witbier o copa Teku.

Aspecto: Color amarillo pálido como la paja, algo velada y con carbonatación visible a través del cristal. La corona de espuma no resulta demasiado destacable. De color blanco, y aspecto un tanto jabonoso apenas alcanza el dedo de grosor, y no tarda en menguar rápidamente hasta casi desaparecer, dejando un fino halo blanquecino en la superficie.

Aroma: En el aroma destacan las notas cítricas, donde sobresale la naranja y mandarina, junto con potentes matices a levadura, y otras notas afrutadas como plátano, piña y fruta tropical. También aparece el omnipresente cilantro típico de este estilo de cervezas, más evidente a medida que se calienta la cerveza.

Sabor y textura: Cerveza de cuerpo medio-ligero, suave textura y carbonatación no muy acentuada. Cerveza muy fácil de beber, de trago agradable, que se apoya en el perfil dulzón, avainillado y afrutado que presenta gracias a los matices de frutas cítricas y tropicales como mandarina, piña y plátano, y también de levadura. Final bastante seco, y un tanto especiado.

Maridaje: Crema catalana.
Nota: 


Graduación:6º
Temperatura de servicio: Entre 8ºC y 10ºC
Tipo de vaso recomendado: Vaso de pinta americana o shaker o bien copa de cata Teku, especialmente esta última porque merece mucho la pena recrearse en el despliegue aromático de esta particular cerveza.

Aspecto: De color marrón a medio camino entre el ámbar intenso de algunas amber ale y el de una brown ale no muy torrefactada. Aspecto denso y turbio. Corona de espuma ligeramente amarillenta, de amplitud media y buena duración, lo que le permite dejar un discreto lacing en la copa.

Aroma: Posiblemente lo mejor que puede ofrecer esta cerveza. Un auténtico despliegue de diferentes matices, lo que la convierte en una cerveza muy compleja y sorprendente. Destacan por una parte los matices de perfil más maltoso, que son los primeros en aparecer, donde destaca sobre todo un suave caramelo y un punto de miel, perfumados con otra notas de tipo afrutado donde aparecen cerezas, bayas, frutas tropicales, como fruta de la pasión y hasta un toque de ron. Algún matiz lupulado como a pino, también se deja ver entre la gran variedad de aromas detectados

Sabor y textura: De cuerpo medio y carbónico moderado es una cerveza de paso fácil, y muy sabrosa. En boca encuentran reflejo los matices detectados en el aroma, resultando muy bien balanceada, encontrando la fruta su contrapunto en un final seco y levemente agrio. 

Maridaje: Tarta de ruibarbo y manzana al calvados.
Nota: