lunes, 31 de marzo de 2014

Broeder Jacob Double Port, delicia belga enriquecida con oro portugués



La cerveza a la que se encuentra dedicada la entrada de hoy, es una buena muestra de cómo reunir lo mejor de dos tradiciones de diferentes países: la cerveza belga y el oporto portugués. Esta fusión gastronómica nos llega de la mano de la cervecera belga Broder Jacob a través de su fantástica Broeder Jacob Double Port, la primera cerveza belga (según el propio productor) enriquecida con oporto, concretamente con la exquisita variedad Tawny Portal d'Azenha. Este delicado oporto madura durante al menos 5 años en barricas de roble, previos a su embotellado. La ligera oxidación a la que se ve sometido le ayuda a obtener un atractivo tono rojo pálido.

Sobre la cervecera...
La cervecera Broeder Jacob nació como resultado de la asociación entre dos grandes amantes de la cerveza como lo son Johan Claes y Bruno Verbiest, quienes se unieron para intentar fabricar una cerveza que fuera capaz de reunir lo mejor de la tradición cervecera belga. Johan y Bruno viven en la localidad belga de Wezemaal, en las cercanías del célebre y prestigioso colegio-internado Monfort. En aquel mismo lugar se encontraba en su día la Abadía cisterciense de Nuestra Señora del Parque, hasta la llegada de la Revolución Francesa. Se trataba de una comunidad de monjas y no se fabricaba cerveza, pero en Wezemaal, tal y como sucedía prácticamente en cada pueblo de Brabante, llegó a existir una fábrica de cerveza. A través de sus cervezas Johan y Bruno recuperaron la tradición cervecera del pueblo. 

Para su marca de cerveza eligieron el nombre de Broeder Jacob (o Fray Jacobo, como sería en castellano), inspirándose en la leyenda de Fray Jacobo, que dio lugar a la conocida canción infantil, procedente de Francia, que habla de un monje dormilón, y que se hizo muy popular en Holanda y Bélgica, formando parte del folklore tradicional de aquella parte de Europa. Por lo general se canta en canon tan habitual en los coros, donde un cantante comienza a cantar en solitario  y después del primer verso, le sigue un segundo cantante, luego un tercero y así sucesivamente. Al final de la canción, se incluye un efecto de campanas repicando,  en el que todos los cantantes, cada uno con su propio verso, canta la canción al unísono. La partitura de la canción y su letra se incluye en las etiquetas y serigrafías que adornan las botellas de la marca.




Broeder Jacob, Broeder Jacob
duermes tú? duermes tú?
Tocan las campanas, tocan las campanas
Din, din, don... din, din, don.

La leyenda de Fray Jacobo proviene de la Edad Media, y su protagonista es Jacobus Klaaszn, un joven novicio. En el año 1385, con tan sólo 16 años, el joven Jacobus es enviado a trabajar como aprendiz del maestro cervecero de la abadía, el hermano Isidoro, por orden del su Abad. La cerveza que fabricaba Isidoro era una cerveza reposada y ligeramente alcohólica que los frailes de la comunidad bebían en el almuerzo. Fray Isidoro contaba una amplia experiencia, pero ya se encontraba en una edad muy avanzada para la época, acercándose a los 80 años. El Abad no quería que su sabiduría y sus secretos en el arte de la fabricación de cerveza murieran con el anciano monje.

Fray Jacobo, resultó ser un gran alumno muy aplicado que aprendía rápidamente de su maestro. En una ocasión Fray Isidoro lo envió a la abadía de Rochefort, que era conocida por elaborar una cerveza que gustaba mucho en aquella época. Cuando llegó allí, Jacobo, comenzó a hablar con el fraile cervecero de la abadía, con el que entabló una amistad, llegando a aprender mucho de él. A su regreso, Jacobo confiesa al Abad, que en Rochefort había aprendido mucho acerca del oficio cervecero y le solicita permiso para fabricar una cerveza de características similares a la que servían en la abadía de Rochefort, más robusta y alcohólica que la que fabricaba el hermano Isidoro. El Abad, conforme con la idea, le da su bendición, a condición de que todos los experimentos que realizara para lograr hacer aquella cerveza, los hiciera en su tiempo libre.

Fray Jacobo, entonces, comienza a reunir todo el material que cree que va a necesitar para su trabajo (ollas, pucheros, cacerolas, toneles, etc.) y se vuelca por completo con gran pasión en su nuevo trabajo, tanto que sus experimentos se prolongan hasta bien entrada la noche, retirándose a  dormir a su celda demasiado tarde. Las consecuencias no se hicieron esperar y pronto Fray Jacobo comenzó a llegar tarde a maitines, por quedarse dormido, lo que dio lugar a la célebre canción.
A pesar de ello, el trabajo de Fray Jacobo, logra dar sus frutos hasta que un día su receta se encuentra finalizada. Se la presenta al Abad, dándole a probar de aquella nueva cerveza. El Abad se queda maravillado ante el delicioso sabor de aquel nuevo brebaje, pero con una alto contenido alcohólico, al que no estaban acostumbrados los monjes del monasterio. Por ese motivo, ordena al hermano Jacobo que fabrique la cerveza en secreto para ellos dos. Y así sucede hasta que en el siglo XXI Johan y Bruno se unen para fabricar una nueva cerveza de similares características, a la que Fray Jacobo seguramente hubiera dado su bendición.

Las dos variedades con las que comenzaron  fueron la Broeder Jacob Bruin y la Broeder Jacob Tripel, ambas inspiradas en las cervezas de abadía belgas, siendo cervezas de larga maduración y con segunda fermentación en botella, sabor complejo y alta graduación alcohólica. También elaboran en la actualidad la Brut Rosé, una cerveza de fermentación mixta, que mezcla el uso de levaduras de alta fermentación y silvestres, y que usa cerezas maceradas para proporcionarle un carácter dulce y afrutado, la Formidabel, una pale ale de estilo belga, y la Kerst, una edición especial de Navidad. Y también fabrican un par de referencias especiales de producción más limitada: la Broeder Jacob Double Espresso, que vendría a ser la interpretación de la marca de una doble stout británica con un pronunciado carácter cafetoso y la Broeder Jacob Double Port, enriquecida con vino oporto, que es la cerveza protagonista de la entrada. Curiosamente las dos cervezas que han llegado hasta España y que es posible ver en alguna tienda o cervecería especializada son la Bruin y la Tripel, cuando sus elaboraciones especiales (la Espresso Stout y la Port) son a mi parecer, más destacables, por su singularidad dentro del mundo de las cervezas belgas, su complejidad y su gran calidad.

Como curiosidad mencionar, que la marca cuida escrupulosamente todos los detalles tanto en el proceso de elaboración, como de cara al correcto servicio de la cerveza. Muestra de ello es la copa caliciforme que tienen diseñada para degustar sus elaboraciones, en las que han incluido en la base una llave grabada en el interior, que provoca que mane continuamente burbujas de ella, consiguiendo que la cerveza gane viveza mientras que se mantenga servida en el vidrio.




Cata:
Graduación: 9º
Temperatura de servicio: 8ºC-12ºC.
Tipo de vaso recomendado: Copa de cáliz o copa Teku.
Aspecto: De un tono marrón oscuro, cercano al negro, con algunos brillos caoba al trasluz y carbonatación de fina burbuja visible en los bordes del cristal. Aspecto compacto al que ayuda el sombrero de espuma cremosa y esponjosa de color marfil, que se forma durante el servicio en copa, y que aguanta hasta la mitad de la copa sin dejar demasiado rastro pegado al vidrio.
Aroma: Intenso y complejo, dominado por matices de malta tostada, caramelo, uvas pasas, frutos rojos, y vino oporto. También se perciben notas propias de la maduración en barrica de roble como vainilla, y algunas sutiles y atenuadas de frutos secos y chocolate.
Sabor y textura: De cuerpo medio alto y carbonatación acentuada, es una cerveza con una textura suave en boca, y gusto exquisito, donde el alcohol se encuentra acoplado perfectamente, y el carbónico no llega a molestar, resultando muy agradable de beber. De gusto marcadamente acaramelado y afrutado, es a pesar de todo muy balanceada en el paladar, con un suave amargor complementario. Destacan en ella abundantes notas de caramelo, azúcar candi, pasas y frutos rojos, y evidente presencia de oporto, que ayudan a incrementar su complejidad y riqueza de matices. Su final es dulce y prolongado acompañado de un suave ardor alcohólico.
Maridaje: Empanada de crema de queso y bacon.

Nota





martes, 25 de marzo de 2014

Three Floyds Dark Lord, se acerca "the Dark Lord Day"


Continuando la senda iniciada con el post anterior centrada en las cervezas de la craft brewery de Indiana, Three Floyds, esta entrada está dedicada en especial a una de sus cervezas, la Dark Lord, la más venerada de todas ellas. Puede sorprender al lector la utilización de un adjetivo como "venerado", cuando se habla de una cerveza, pero en esta ocasión está plenamente justificado. Se trata de una de las cervezas más buscadas y difíciles de obtener en la actualidad en todo el planeta. Hay cervezas que han alcanzado la categoría de mito por ser el principal objeto de deseo por parte de los beerhunters y coleccionistas, por estar situada en lo más alto de los rankings de ratebeer, o por sus etiquetas, o bien por estar destinadas a un sector de alto poder adquisitivo dado el elevado precio con el que salen a la venta al mercado o por el que incluso llegan a cotizar en ebay, o por lo complicado que resulta hacerse con algún ejemplar, dada su producción limitada, o porque es necesario cumplir una serie de requisitos para poder adquirirla... o bien, por algunos o por todos los motivos anteriores juntos. La Dark Lord de Three Floyds entra dentro de este grupo por la puerta grande. 



Elaborada por vez primera en 2002, se trata de una excepcional Imperial Stout de limitadísima producción con un elevado contenido alcohólico que alcanza los 13º. Para su fabricación se emplean ingentes cantidades de malta, melaza, azúcar, vainilla, y cientos de kilos de granos de una variedad de café producida por la compañía local tostadora de café, Intelligentsia Coffee & TeaSu proceso de fermentación y maduración se prolonga durante meses, como los buenos guisos que se cocinan a fuego lento. El resultado, espectacular. Cada año las botellas son selladas con un lacre de cera de diferentes colores. Algunas de las botellas de cada edición son envejecidas en barrica de roble con el objetivo de intensificar su complejidad. .


La reputación adquirida por esta cerveza ha sido la principal causa de su existencia. Su intenso carácter, potente sabor y excelentes cualidades son para la gran mayoría de los aficionados, una auténtica leyenda, casi mitológica, puesto que resulta tan difícil de ver como lo podría ser el monstruo del lago Ness o el Yeti (que por cierto da nombre a otra excepcional Imperial Stout de la cervecera estadounidense Great Divide) y es que son muy pocos los afortunados que pueden decir que han tenido la oportunidad de probarla. El motivo? Su escasa y muy limitada producción. Sólo se elabora una vez al año y se pone a la venta un único día, el último sábado de abril. Es tal la expectación que genera que este día ha sido bautizado como "The Dark Lord Day", haciendo un guiño al archipopular "Black Friday" estadounidense, donde se da rienda suelta a la fiebre compradora para aprovechar los mejores precios del año. El Dark Lord Day no es menos. La expectación es máxima y la afluencia es masiva. Se trata de una celebración bulliciosa y de carácter festivo, organizada en los alrededores del brewpub de Munster, donde aparte de poder disfrutar de la principal protagonista que es la Dark Lord, también es posible probar otras fantásticas cervezas y disfrutar de conciertos programados para toda la jornada. 


A fin de controlar la masiva asistencia de público, la organización pone a la venta desde varias semanas antes los tickets necesarios para poder asistir. Este año el Dark Lord Day es el sábado 26 de abril, y las entradas se pusieron a la venta el 17 de Marzo. Huelga decir que se encuentran agotadas hace tiempo. El precio es de 30$ y en cada ticket aparece el nombre del comprador, para evitar que sean revendidos. En el acceso al recinto se solicita al cliente su ticket y su ID o Pasaporte que lo identifique. Con el ticket se tiene derecho a poder comprar la Dark Lord dentro de una franja horaria que se le asigna a cada asistente en el momento de la compra de su entrada, a fin de evitar aglomeraciones y largas esperas. Una vez allí, además la organización entrega a los asistentes un Golden Ticket (como una especie de rasca-gana) para poder optar a comprar las ediciones en barrica de la Dark Lord, que aún son más cotizadas. 


Cuando finaliza la fiesta, la Dark Lord desaparece de la venta, como el Guadiana, y no lo vuelve a hacer hasta la siguiente edición un año después, salvo las que puedan encontrarse en ebay a desorbitados precios de venta (una botella de 650 ml. puede alcanzar varios cientos de dólares). Hasta entonces sólo puede verse en las particulares bodegas y sótanos de sus afortunados captores, donde las guardan celosamente cual tesoro a la espera del momento especial adecuado para poder disfrutarlas. El resto de los aficionados sólo podemos leer con gran envidia las numerosas notas de cata que van apareciendo por la red en webs como ratebeer y beeradvocate tras el Dark Lord Day, y que suelen colocar a la Dark Lord de forma perenne entre los primeros puestos de los rankings de mejores cervezas del mundo, alcanzando el selecto grupo formado por otras cervezas míticas como la trapense Westvleteren XII, y la Pliny the Younger de la cervecera estadounidense Russian River.

jueves, 20 de marzo de 2014

Three Floyds Alpha King con queso Sage Derby



Tras varios meses vuelvo a recuperar con esta entrada mi serie de posts dedicados a comentar el maridaje propuesto entre una cerveza y un tipo de queso. Los elegidos para retomar la senda iniciada por aquellos posts han sido nada menos que la Alpha King, una de las cervezas más populares fabricadas por la fantástica craft brewery estadounidense Three Floyds, y el queso Sage Derby que forma parte de la familia del Cheddar. He pensado en esta combinación como alternativa a la sociedad bien avenida que mantienen las Pale Ale y el queso Cheddar, que en numerosas ocasiones me han reportado sensaciones muy gratificantes, aunque la de hoy no es una pale ale cualquiera.



Sobre la cervecera...
Si hablamos de Three Floyds, estamos refiriéndonos a una de las mejores craft breweries del panorama actual en Estados Unidos, y decir eso es en realidad mucho, teniendo en cuenta el gran número de microcerveceras que hay en aquel país y la enorme calidad que suelen ofrecer sus cervezas. De hecho, muchas de las cervezas de Three Floyds se encuentran entre los primeros puestos de los rankings elaborados por la web de puntuaciones de cervezas "ratebeer.com", hecho que ha provocado que se convierta en el oscuro objeto del deseo de los cada vez más numerosos "beer-hunters" que comienza a haber en España.
La andadura de esta cervecera comienza en 1996 en la población de Hammond en el estado de Indiana, de la mano de dos hermanos Simon y Nick  y su padre  Mike Floyd (de ahí el nombre escogido para bautizar la cervecera). El panorama cervecero que existía en Indiana a mediados de la década de los 90 mostraba una ausencia alarmante en cervezas lupulizadas de calidad, por lo que padre e hijos se unieron para cubrir esta carencia, y emprendieron su trayectoria cervecera usando las mejores materias primas que podían adquirir en aquel momento: una selección de las mejores maltas locales y procedentes de países como Bélgica, Alemania y Gran Bretaña y sobre todo los aromáticos lúpulos estadounidenses.
A partir del año 2000 la fábrica se muda, sin salir del estado, a la localidad de Munster (que casi es considerada un suburbio de Chicago), donde posteriormente también inauguraron un brewpub en 2005.
En la actualidad el presidente de la compañía es Nick Floyd, cuyo mundo interior repleto de criaturas fantásticas, sale al exterior con cada lanzamiento de una cerveza de la fábrica, con la ayuda de algunos artistas amigos que contribuyen a darle forma a la inconfundible imagen de marca que posee Three Floyds. Sus etiquetas son una evidente muestra de ello, y para ejemplo la propia etiqueta de la cerveza comentada en el post de hoy, la Alpha King, que es todo un homenaje a la fantasía, y la pasión por el lúpulo.
Resulta difícil destacar unas pocas referencias dentro de la prolífica producción de la micro de Indiana, ya que son muchas las que reciben multitud de alabanzas, buenas críticas y escandalosas puntuaciones en las webs especializadas. Actualmente produce un portfolio base con 8 cervezas (Alpha King, Gumballhead, Pride and Joy, Dreadnaught, Jinx Proof, Arctic Panzer Wolf, Zombie Dust y Robert the Bruce), y un número indeterminado de cervezas de temporada (entre las que figura una en especial: la Imperial Stout  Dark Lord, de mítica popularidad, de la que hablaré en un segundo post dedicado a estas cervezas). Además hay que añadir también docenas de cervezas elaboradas en diferentes estilos, fruto de ediciones especiales, experimentos y colaboraciones, entre las que se podría destacar la BooGoop, una excelente barley wine fabricada en colaboración con Mikkeller.



Sobre la cerveza...

La Alpha King recibe este nombre en referencia a los ácidos "alpha", que forman parte de la esencia de los lúpulos, siendo responsables del amargor que transmiten a la cerveza. Más de un aficionado la ha rebautizado como Hop King, tras contemplar su etiqueta y comprobar el elevado número de IBUs (66) que presenta esta American Pale Ale. Al respecto, Three Floyds organiza un concurso anual llamado The Alpha King Challenge que tiene por objetivo encontrar cervezas de otras fábricas que utilicen los lúpulos de forma tan entusiasta como lo hace la cervecera de Munster en su Alpha King. Se trata de una cerveza especialmente pensada para auténticos apasionados de la cerveza, con un cuerpo contundente, alejándose de las habituales pale ale, con un color más oscuro y una base de malta robusta, a pesar de la asombrosa cantidad de lúpulo (Cascade, Centennial y Warrior) empleado para esta cerveza. La puntuación que recibe en ratebeer es de 100 en general y 100 en estilo, representa la materialización de la absoluta perfección para los aficionados que la han puntuado, y alcanza el puesto número 5 entre las mejores American Pale Ale del mundo. Como curiosidad mencionar, que la que figura en lo más alto de este particular ranking también es obra de Three Floyds, la Zombie Dust.


Sobre el queso:

El Derby, es un queso típicamente británico, elaborado con leche de vaca y perteneciente a la familia del Cheddar, que mantiene muchos puntos en común con el proceso de elaboración de quesos de este tipo. El queso Derby recibe este nombre por el condado de Derbyshire en Inglaterra, dado que fue el primer lugar donde este tipo de queso se elaboró industrialmente. En la actualidad, existen diseminadas por todo el condado, pequeñas queserías que elaboran el producto de forma artesanal manteniéndose fieles a la antigua tradición quesera heredada de la zona. Dentro del Derby hay una variante que recibe el nombre de Sage Derby, debido a que esta variedad incluye hojas trituradas de salvia, y que tiene su origen en el siglo XVIII, cuando se descubrieron las propiedades curativas de esta planta.
El Derby suele presentar una forma cilíndrica y suele tener un tamaño medio con 30 cm. de diámetro, entre 12cm y 14cm de altura y un peso aproximado entorno a los 15 kg. de peso. Su corteza es de tono amarillento, y la pasta es semidura resultando flexible o elástica, con numerosas vetas infiltradas de color verdoso, a causa de la salvia. La masa del Derby es más tierna que la del Cheddar lo que contribuye a tener una textura abierta. El Sage Derby es un queso aromático con una sensación en boca mantecosa, con notas de frutos secos y con un moderado toque picante que le aporta la salvia, desarrollando un sabor más intenso que el Derby original. Aparte de la variedad Sage Derby que incluye las hojas de salvia, es posible encontrar el Derby con otros ingredientes adicionales como cebolla, ajo, nueces, pasas...



Cata:

Graduación: 6,7º
Temperatura de servicio: 8ºC
Tipo de vaso recomendado: Vaso de pinta americano (opción clásica), copa de cata teku o incluso sniffer, que permite apreciar en su plenitud la riqueza aromática de esta cerveza.

Aspecto: De un color ámbar oscuro, y de aspecto turbio y compacto. Desarrolla una corona de espuma de tono amarillento, de 1 dedo de espesor, con buena retención y de aspecto esponjoso, denso y pegajoso a juzgar por los restos de encaje que deja en el vidrio.
 
Aroma: Perfumada con una intensa fragancia, es una cerveza muy compleja en nariz. Auténtica bomba aromática repleta de matices procedentes de los lúpulos empleados. En especial destacan los matices cítricos (pomelo, limón, naranja) y a pino, que se ven complementados por otras notas afrutadas (melón), terrosas y florales. Perfectamente acopladas se detectan intensas notas maltosas que recuerdan a pan recién horneado, hojaldre, caramelo, e incluso algunas más sutiles de miel.

Sabor y textura: En boca tiene una entrada muy potente con un sabor intenso, apoyado sobre un cuerpo de gran robustez, mucho más denso y contundente de lo esperado para una pale ale, pero con una textura suave y cremosa que la hace muy paladeable. Muy sabrosa, presenta un gusto muy placentero, con intensos matices tanto de perfil maltoso (caramelo, cookie, confitura de frutas) como lupulado (cítricos como naranja, pino y resina), con una integración que roza la perfección. El alcohol no entorpece en el conjunto, y el regusto es de carácter amargo y seco. Una cerveza redonda y de lo mejor que he encontrado en general y en el estilo.

Maridaje:  
El queso Sage Derby es un acompañamiento acertado para esta cerveza, a pesar de algunas reticencias iniciales que mantenía en un comienzo, debido a las intensas notas lupuladas de la cerveza y su gran cuerpo. Sin embargo, existe afinidad entre las notas de frutos secos del queso y la base maltosa de la cerveza, permitiendo aflorar con intensidad algunos matices dulces de esta cerveza, y la nota suavemente picante aportada por la salvia, pone al contrapunto a la carga de lúpulo de esta American Pale Ale, que además permite limpiar perfectamente la grasa del queso que se adhiere al paladar. Además la textura del queso resulta muy apropiada acoplándose muy bien a la cremosidad y suavidad en boca de la Alpha King, lo que ayuda a que el queso cobre mayor fuerza hacia el final del trago, dejando una sensación placentera y duradera en boca.

Nota  

lunes, 17 de marzo de 2014

Salón de Gourmets de Madrid 2014, la cerveza va ganando terreno



La semana pasada se celebró en el Recinto Ferial Juan Carlos I de Madrid, la XXVIII edición del Salón de Gourmets, una de las ferias gastronómicas más importantes a nivel nacional e internacional, y que tras asistir por tercer año consecutivo, se ha convertido en una cita habitual en mi agenda de ferias en las que la cerveza tiene un protagonismo especial (y en la de otros bloggers y profesionales a los que pude saludar). Este año tuve la fortuna de ser invitado por Claudio, responsable de la microcervecera almeriense Far West, al cual agradezco su atención y tiempo prestados.

La edición de este año me ha sorprendido gratamente ya que la presencia cervecera ha sido significativamente mayor que en pasadas ediciones. A pesar de ello, los productos que podrían ser coronados como reyes indiscutibles del Salón, fueron el vino y el queso, con permiso de los embutidos, en especial el jamón. Pero la cerveza en esta ocasión, supo ser una gran invitada al festín para los sentidos que fue esta edición del Salón de Gourmets, no sólo con la aportación que suponen las referencias de pequeños productores independientes, que trataron de promocionar sus productos en los stands regionales correspondientes a cada una de las provincias y autonomías españolas, sino también con las actividades que se organizaron entorno a la cerveza y sus posibilidades gastronómicas, como pareja perfecta de algunos alimentos, destacando entre ellos el queso. También hubo presencia de cervezas venidas fuera de España, con algunos ejemplos de buenos productos importados de Japón, Finlandia, Estonia, Reino Unido, Alemania, Holanda y Bélgica.




No tardé más de un par de minutos, tras atravesar las puertas del primer pabellón que visité, en advertir que la edición de este año iba a resultar la más interesante de cara a los aficionados a la cerveza. En el centro del mismo había un gran y vistoso stand de la conocida cervecera Hijos de Rivera - Estrella Galicia, la marca nacional dentro del sector que mayor crecimiento y expansión está teniendo en el mercado actualmente, y que apostó este año por no pasar desapercibida, organizando uno de los eventos que más interés suscitó entre el público y prensa asistente, como fue su cata de cervezas de importación maridadas con quesos gallegos





En su stand había grifos de sus más conocidas referencias, como la popular 1906 de la que conozco muchos adeptos, y también resultaba llamativo observar la cantidad de botellas de referencias de importación como Erdinger y Duvel entre otras conocidas marcas, fruto de los recientes acuerdos de distribución con algunas cerveceras de capital extranjero. 



Completando la oferta de productos en el stand, era posible encontrar sidras ecológicas de la fábrica Maeloc, marca que descubrí las pasadas Navidades, y que me dejó muy gratas sensaciones.

Tras la primera toma de contacto con la industria cervecera presente en el Salón, la siguiente cerveza que este año probé en el Salón de Gourmets, fue la riojana Ceriux, de la que había visto algunas botellas con antelación el el Club del Gourmet de El Corte Inglés. Tenían 3 variedades ofertadas:  la Rubia, una cerveza elaborada con malta de trigo y mosto de uva blanca, y la Tostada, elaborada con maltas tostadas, lúpulos nobles y mosto concentrado de uva, ambas dirigidas a la restauración y la Palax, una lager enfocada al público joven. Aparte de estas tres referencias mantienen en su porfolio, una cuarta referencia, la Negra, pero no formaba parte del abanico de productos ofertados en el stand.



La siguiente cerveza con la que me topé, fue todo un descubrimiento. En la zona de productos de la provincia de Málaga, había un rincón reservado para una joven cervecera de Torre del Mar, la Múrex, que toma su nombre del molusco que los pescadores fenicios extraían del mar para obtener su famoso tinte de color púrpura. En la actualidad la cervecera elabora 5 referencias diferentes: Rubia, Ámbar, Doble Malta, Negra y la que ellos mismos consideran la joya de la fábrica, la Caña de Azúcar, una cerveza enriquecida con el sabor del jugo de la caña de azúcar, que añaden para su elaboración, en homenaje a la tradición de la caña de azúcar en la comarca.



Tras las primeras tomas de contacto con el producto, la siguiente parada obligada era el stand dedicado a la cerveza artesana, dentro del área del Taller de los Sentidos, y que estaba compartido por varias microcerveceras nacionales: como por ejemplo la burgalesa Brebajes del Norte, presentes con su Dolina Kölsch, la madrileña Archi con su única variedad por el momento, su Pilsen Bohemian Premium, la alicantina Nispra de la mano de la Cooperativa Agricola de Altea, que ya estuvo presente el año pasado con su cerveza con níspero, como parte del proyecto para promocionar el níspero, la toledana Ébora de Talavera de la Reina, con sus nada menos que 7 variedades: Rubia Mediterránea, Rubia Clásica, Roja, Tostada, Negra, Triple Malta y Amarga, y la catalana Montseny, con sus referencias Malta, Blat, Castanya, Negra, Lupulus, Hivernale, IPA y Malta Cuvée.



Completando la presencia en el stand, se encontraba la microcervecera almeriense Far West, con Claudio al frente, con el que tuve el placer de conversar acerca del futuro de la industria y el panorama actual del mercado. Allí tenían listas para ser degustadas, o para comprar las cervezas que forman parte de su nutrido portfolio: Golden Star Ale, Black Diamond Ale, Red Wine Ale, Kölsch Ale, Sarvage Ipa Suave, Predicador, Rauchbier Ahumada, y Bad Barley que ya he tenido oportunidad de probar en otras citas cerveceras. 



Además tuve el placer de ser uno de los pocos privilegiados que pudo degustar su variedad más especial, y que no se encuentra comercializada por el momento, bautizada como Tremenda, una cerveza muy potente con nada menos que 14º de alcohol y de perfil dulce, con un color marrón oscuro y espuma prácticamente nula, desprendía notas intensas a melaza, azúcar, caramelo, madera y lo que personalmente identificaba como Oporto. Una cerveza lejos de las que el público suele consumir, quizás algo alicorada y con exceso de dulzor, pero de gusto profundo y delicioso. Lo más curioso es que se trataba de una cerveza que no había estado envejecida en barrica. 



De entre todas las probadas en este stand destacaría especialmente junto con el experimento de Claudio,  la IPA de Montseny, elegante, aromática, cítrica, floral y muy bien balanceada y su Malta Cuvée, envejecida en roble francés, resultando una cerveza cálida y compleja, con ligeras notas de brett. También me agradó la Rubia Mediterránea de Ébora, cítrica, fresca y muy ligera, que recuerda a las cervezas blancas de trigo belgas. 



Junto a este stand se encontraba la presencia de un atractivo proyecto, que ya es una realidad, en el que se conjugan lo mejor de dos mundos que me apasionan dentro de la gastronomía, la cerveza, por un lado y por el otro lado, el que posiblemente es su mejor compañero de mesa, el queso. El nombre lo dice todo, Cheese & Beer. Se trata de un club gastronómico con dos grandes expertos al frente que comparten no sólo pasiones, sino también nombre: José Luis Ramírez, maestro cervecero formado en Bélgica, al que muchos lectores conocerán por ser el fundador del mítico Oldenburg en Madrid, y José Luis Martín, uno de los mayores expertos de quesos de nuestro país, con una dilatada y experimentada trayectoria en el mundo del queso. El funcionamiento del club es bien sencillo, y permite a  sus socios poder recibir en su domicilio un lote presentado en caja de madera con dos botellas de cervezas de 75 cl. y una selección de 4 porciones de 200 gr. de exquisitos quesos para degustar junto con las cervezas. Lo mejor de todo es que no existe requisito alguno de permanencia. 



Además tuve la oportunidad de disfrutar de la cata que impartieron juntos ambos maestros con los productos seleccionados para lo que iba a ser la próxima entrega del club. Por un lado se pudo degustar una Blanche de Namur, una witbier belga, combinada acertadamente con sendos quesos de la provincia de Zamora, el primero elaborado a partir de leche cruda de oveja llamado Laurus (de pasta dura, elegante, afrutado, ligeramente dulce y con notas a frutos secos), y por otro lado, el Hircus, hecho con leche cruda de cabra (de pasta blanda, mantequilloso y con aroma a vegetales como coliflor, que termina transformándose el aromas amoniacales con el tiempo). Para el segundo grupo de quesos, la elegida fue un clásico entre los clásicos, la Chimay Azul, una cerveza trapense de gran calidad, por la que siento una especial debilidad. Los quesos de la segunda tanda de la cata, eran procedentes de tierras asturianas. Por una parte se pudo degustar un Geo de Lezama (de corteza lavada, oloroso, equilibrado, con matices a mantequilla) y por otra parte para finalizar, y como remate sensacional a la cata se sirvió una porción de queso Gamoneu (ligeramente ahumado, de pasta dura, algo picante y con notas tostadas) de la comarca de Cangas de Onís.


Tras la visita al Taller de los Sentidos que incluyó alguna incursión muy productiva y gratificante en otros terrenos como el del sushi o los quesos artesanos nacionales, la siguiente cervecera artesana que descubrí fue Grana, que a pesar de lo que pueda parecer por su nombre, no procede de tierras granadinas sino de algo más al este, de Murcia. Fue una de las sorpresas agradables que encontré en la edición de este año a través de la única referencia elaborada por la fábrica hasta la fecha. Se trata de una cerveza muy aromática, con presencia de intensas notas afrutadas a mango, malta y caramelo. Muy fácil y agradable de beber. Un gran comienzo para esta pequeña fábrica murciana a quienes animo a seguir en la misma línea.



Junto a los murcianos de Grana se encontraban los abulenses de Sierra de Gredos con una seleccionada presencia, ofreciendo a degustar de entre su variada gama de cervezas la Rubia, la Doble Malta y la Whisky, la más especial y diferente de las tres.



Gisberga, era la representante de las microcerveceras aragonesas. El nombre, acertadamente elegido, es una clara alusión a la primera reina aragonesa. Estas cervezas, elaboradas en el pueblo oscense de Belver de Cinca, a orillas del río del mismo nombre y de la mano de Ferrán Ferrer, con quien tuve oportunidad de conversar, son cervezas que son producidas con aguas procedentes del Pirineo Aragonés y las maltas utilizadas como ingrediente, provienen de cereales cultivados en la zona. En el stand era posible probar sus referencias a petición del visitante: Lager, Trigo, Porter y Pale Ale.



La Loca Juana, la microcervecera de Íscar (Valladolid) también estuvo presente en el Salón a través de una actividad de maridaje con carnes, en un stand dentro del área dedicada a productos de Castilla León. Para la ocasión ofreció una versión con un lupulizado distinto y sensiblemente más amarga de su referencia "Loca Rubia", una Pilsen con lúpulos Magnum y Saaz, 25 IBUs y 4,5º de alcohol, que al parecer goza de buen éxito en la región. Su otra referencia, la "Hermosa Pelirroja" es una especie de ámbar ale, más caramelizada, con 5,5º de alcohol, 30 IBUS,  y lúpulos Northern Brewer y Celeia.



Paseando por los pasillos tuve la oportunidad de contemplar en directo una cata de las cervezas vallisoletanas Vila Dones, de Villabáñez, que ofrecía para degustar sus tres variedades: La Gold Dones, la Red Dones, y la Black Dones. Lamentablemente me uní a la cata cuando ya se encontraba en su tramo final, y sólo pude degustar la última de las tres referencias ofrecidas, la Black Dones, que podríamos situar en el terreno de las porter, y que me dejó buenas sensaciones. Acompañando a la cerveza sirvieron unos deliciosos aperitivos de hojaldre y morcilla, cocinados en directo, y que suponían un acompañamiento muy acertado para la cerveza.



Finalmente y prácticamente sin tiempo disponible pude comprobar la presencia de la microcervecera Mica de Burgos, con su Oro Ale Premium que ya conocí en la última y reciente edición de Madrid Fusión, y también la cerveza valenciana Antara elaborada con chufa, detalle que me llamó poderosamente la atención, aunque que no pude llegar a degustarla, ya que no la habían enfriado aún en el momento en el que pasé por su stand.




Pero tal y como comentaba al comienzo del post también hubo presencia cervecera internacional en el Salón Gourmets. Aprovechando el gran espacio que tuvo reservado Japón, como país homenajeado en esta edición, las cervezas artesanas japonesas Hitachino quisieron forma parte del escaparate culinario del país del sol naciente, contando con un rincón del stand donde era posible conocer de cercas sus cervezas y sakes. Siendo ya conocidas por mi algunas de las referencias de la fábrica de la familia Kiuchi, aproveché la oportunidad para poder hablar con Victor Ambrosio, el nuevo importador de estas cervezas, y para degustar alguna otra variedad inédita para mi de su portfolio, como la Nipponia (rica en matices cítricos y frutales propios de la variedad japonesa de lúpulo Sorachi Ace), o la Red Rice Ale (elaborada con arroz rojo con notas a frutos rojos y florales), mis dos favoritas, y de paso poder revisar sensaciones de algunas ya conocidas por mi como la Ginger Ale, o la White Ale, por ejemplo.


Al margen de las japonesas Hitachino, las cervezas foráneas que mayor visibilidad tuvieron en el Salón, fueron sin duda las procedentes de Finlandia y Estonia, gracias al vistoso y abarrotado stand de los productos importados por Shaman Iberia, donde destacaban las cervezas del grupo Olvi, como las lager SandelsTuplapukki, y las ales de estilo inglés Le Coq, estas últimas de Estonia, entre otras. Fue sin duda uno de los stands estrella dada la simpatía y generosidad de quienes lo atendían, que no escatimaron en ningún momento muestras del producto de regalo para los visitantes interesados. 






Para mi gusto la cerveza que más me convenció de las ofrecidas en este stand fue la Tommu Hiid de Estonia, una cerveza de maltas tostadas, que me recordó a las dunkel bávaras, y que ofrecía delicadas notas a grano tostado, toffee y caramelo, bajo un cuerpo y textura cremosos, resultando equilibrada y fácil de beber. Pero no sólo había cervezas en este stand. Igualmente resultaron muy interesantes las sidras con frutas, como una de grosellas que pude probar, deliciosas, y sus numerosos mixers y refrescos con alcohol, con sabores a frutas muy agradables y fáciles de beber, ideal para amenizar las reuniones estivales al aire libre. 




Para finalizar, cabe destacar también la presencia de la importadora catalana de productos gourmet Delitast, en cuyo catálogo se encuentran tres gamas de cervezas bien diferenciadas:
- La gama Celt Experience: Cervezas de estilo británico procedentes de Gales, embotelladas en formato de 50 cl., como es habitual en las cervezas británicas, vestidas con elegantes etiquetas, y caracterizadas todas ellas por ofrecer un bajo contenido en alcohol (entre 3,3º y 5,6º) y por ser cervezas muy sabrosas, de carbonatación baja o moderada y un uso del lúpulo acentuado. Las referencias que mantiene en su catálogo son: Golden, Native Storm, La Tène, y Bleddyn.



- La gama Dass: Se trata de cervezas orgánica y de producción limitada elaboradas en Tournai (Bélgica), que tienen el honor de ser las primeras y únicas cervezas belgas, que se encuentran certificadas por la Soil Association UK, organismo que se encarga de verificar aquellos alimentos considerados como saludables y sostenibles con el entorno. Dentro de su portfolio es posible encontrar la Dass White, una witbier belga, y dos cervezas sin gluten, una Daas Blond y una Daas Ambrée, ambas con 6.5º de alcohol y de sabor y aroma típicamente belgas.


- Y la gama de cervezas holandesas Iki, elaboradas con productos asiáticos e inspiradas en las culturas orientales, especialmente la japonesa. Sin embargo son fabricadas en Bélgica. Actualmente mantienen en catálogo dos variedades: la Iki Yuzu, para la que se utilizan hojas de té verde Sencha y Yuzu, y la Iki Ginger, que contiene hojas de té verde Sencha y Jengibre.

Y con esto doy por concluida la crónica de lo que dio de sí esta edición del Salón Gourmets, muy prometedora en lo referente a materia cervecera, de cara a lo que pueda deparar en sucesivas ediciones. Esperemos que este avance sea un paso más, importante y firme,  en el camino que aún queda por recorrer hasta lograr ocupar el lugar que merece, aunque afortunadamente cada día esté un poco más cerca. Salud!

martes, 11 de marzo de 2014

Thwaites y Crafty Dan, tradición y creatividad bajo el mismo techo.



Recientemente, dentro de una habitual feria de productos europeos que suele organizar cada año una conocida cadena española de grandes almacenes, pude encontrar varias referencias de una clásica cervecera inglesa, la Thwaites. Me llamó poderosamente la atención su nueva presentación en un formato diferente del habitual que suelen usar las cerveceras inglesas, pasando de la botella de 50cl. a la de 33cl. y con otro tipo de etiquetas, que podríamos catalogar de más artísticas. En realidad, estas referencias son elaboradas por una pequeña cervecera llamada Crafty Dan creada por la propia cervecera Thwaites, con el objetivo de permitirle elaborar nuevas cervezas de producción limitada, lo que se traduce en mayores posibilidades a la hora de ser creativos y originales, probando algunas de las ideas que Thwaites quiere desarrollar en el mercado. El post de hoy pretende hablar acerca de la fábrica histórica, y estas nuevas referencias lanzadas a la venta, como una apuesta futura con una renovada imagen y concepto.

Sobre la cervecera...
Thwaites, con un nombre heredado del apellido de su fundador, es una de las fábricas de cerveza de larga tradición más puramente británicas, y que aún sigue en funcionamiento en su ubicación original. Su historia comienza de manos de Daniel Thwaites en la ciudad de Blackburn, a principios del siglo XIX en 1807, en pleno esplendor del consumo cervecero dentro de la Revolución Industrial que vivió Gran Bretaña. 
Fue en 1807, precisamente cuando Daniel a la edad de 30 años, tomó una de las decisiones más importantes de su carrera, la de unirse a una cervecera local, la Eanam Brewery, asociándose con dos empresarios locales, uno de los cuales, Edward Duckworth, terminaría siendo su suegro más tarde, tras casarse con su hija. Tras la muerte de su suegro en 1822, Daniel consiguió gran parte de las acciones, al unir las suyas propias a las heredadas por su mujer. Tan sólo dos años más tarde la fábrica pasó a ser propiedad en exclusiva de la familia Thwaites, al comprar las últimas acciones en posesión de William Clayton, uno de los socios iniciales.
Las siguientes décadas fueron las de mayor crecimiento y expansión de la cervecera, lo que llevó a aumentar los beneficios de la compañía, y por extensión mejoró la prosperidad de sus socios. En 1858 se produjo otro hecho de vital importancia para la historia de la cervecera. Daniel Jr., se convirtió en el único propietario de la fábrica, tras el abandono del proyecto por parte de sus socios y hermanos. Pero la compañía no dejó de crecer en los años siguientes, llevándose a cabo diferentes ampliaciones, hasta una producción de 100.000 barriles por año en 1878, una cifra considerable para la época.
Tras la I Guerra Mundial, siendo ya una sociedad limitada, creció nuevamente adquiriendo pequeñas fábricas locales, como la Fountain Free Brewery en 1927. En 1966, tiene lugar la inauguración de una nueva fábrica que fuese capaz de cubrir las necesidades de producción, ya que era sensiblemente más complicado satisfacer la creciente demanda de sus cervezas.
Hoy en día es una de las fábricas regionales de Gran Bretaña con una mayor reputación en la elaboración de ales tradicionales británicas, acumulando numerosos galardones y premios en diferentes certámenes y categorías y que aún sigue estando dirigida por miembros de la familia fundadora, descendientes de Daniel Thwaites,  tras más de 200 años de trayectoria a sus espaldas.
Como muestra de las tradiciones que continúan vivas en esta fábrica inglesa, están los caballos percherones llamados Shire Horses, utilizados como animales de tiro, para los vehículos que transportaban la cerveza, tal y como se hacía en el siglo XIX, y que fueron reintroducidos en la década de los 60, tras cuatro décadas en las que dejaron de usarse como medio de transporte para los barriles de cerveza. En 2010 se celebró la efeméride del 50 aniversario de la recuperación de los caballos, que aparecen además en el logo de la compañía.



Sobre Crafty Dan...
En Diciembre del 2011,  Thwaites quiso unirse al fenómeno actual de la craft beer, intentando renovar y mejorar el producto, para lo que aprobó la instalación de una microfábrica dentro de la gran fábrica que posee en Blackburn. Esta pequeña cervecera, a la que llamó Crafty Dan, en honor al fundador de Thwaites, permite a la fábrica matriz, crear hasta tres nuevas cervezas a la semana, gracias a sus 3 fermentadores y de esta forma, utilizarla como laboratorio de prueba para productos experimentales que aporten nuevos sabores. Los lotes fabricados son de producción limitada, y alcanzan tan sólo la treintena de barriles. Entre las nuevas cervezas creadas hay más de 5 docenas, y algunas de ellas, han llegado a tener tal aceptación y éxito, que han pasado a formar parte de la producción regular de la fábrica incorporándolas a su portfolio.
Entre estas se encuentran 13 referencias en barril, aunque su disponibilidad está reducida a un periodo limitado de tiempo, y en cantidades reducidas. En botella por el momento, tiene 3 que son las que pasaré a comentar en la nota de cata de la entrada: La Triple C, una Pale Ale, la 13 Guns, una IPA y la Big Ben, una Brown Ale.


Triple C:
Llamada así por los tres tipos de lúpulos que emplea, cuyos nombres comienzan por C: Centennial, Chinook y Citra, y por las tres fases diferentes en las que se van añadiendo los lúpulos durante el proceso de elaboración.


Graduación:
Temperatura de servicio: Entre 6ºC y 8ºC
Tipo de vaso recomendado: Vaso de pinta británico.

Aspecto: De un tono dorado pálido, transparente, con burbuja visible de ascensión lenta, y una capa de espuma blanca, esponjosa, con una amplitud cercana a los 2 cm. y con mediana duración, genera un fino y atractivo rastro de encaje en la copa.

Aroma: Muy aromática. Dominada casi por completo por los intensos matices cítricos procedentes de los lúpulos, a los que acompañan algunas otras notas afrutadas y de cereal.

Sabor y textura: Cerveza de cuerpo medio-ligero, carbónico leve y sensación ligera en boca. Destaca en ella los matices cítricos y lupulados, que acompañan casi desde el comienzo del trago. También se aprecian matices delicadamente malteados y afrutados que ayudan a balancear la cerveza. Finaliza con un regusto predominantemente amargo.

Maridaje: Queso Taleggio.

Nota:  





13 guns: Se trata de una American IPA, elaborada para conmemorar la celebración del Día de la Independencia de los Estados Unidos, el 4 de Julio. El nombre hace referencia a las 13 colonias originales de los Estados Unidos que firmaron la Declaración de Independencia.

Graduación: 5,5º
Temperatura de servicio: Entre 7ºC y 9ºC
Tipo de vaso recomendado: Vaso de pinta británico.

Aspecto: De un tono situado a medio camino entre ámbar intenso y cobrizo, forma una capa de espuma blanquecina de mediano espesor, aspecto jabonoso y escasa retención, que no le permite dejar mucho encaje en la copa.

Aroma: Desprende un conjunto de aromas claramente identificables dentro de lo que cabría esperar en una cerveza del estilo. Dominio del lúpulo, con matices a pino, resinas, cítricos como pomelo, y frutas dulces y tropicales como melocotón, lichi, mango y piña. Por debajo subyacen otros matices de diferente índoles como cereal y suave caramelo.

Sabor y textura: Con un cuerpo medio, una carbonatación moderada y una sensación ligera en boca, se trata de una IPA de factura elegante,  que imprime en el gusto un amargor moderado, que ayuda a que sea más fácil de beber para los no iniciados. Destacan las notas maltosas de cereal, caramelo y galleta, en combinación con otras afrutadas como cítricos, piña, mango y un toque de pino. El regusto presenta un punto especiado y seco, aunque resulta también moderamente amargo, sin llegar a las cotas de otras cervezas del género, pudiendo llegar a parecer ligeramente "dulce" a los mayores aficionados al lúpulo.

Maridaje: Ternera con salsa de cebolla y curry de mango.

Nota:




Big Ben: Llamada así en homenaje de uno de los símbolos más distintivos de la ciudad de Londres, la célebre torre campanario del Palacio de Westminster donde tiene su sede el Parlamento Británico, que a su vez fue bautizado con el apelativo de Big Ben en honor del primer encargado de su construcción, Benjamin Hall, que es por el que todo el mundo lo conoce, y que en su origen realmente hacía referencia a la gran campana que alberga en su interior.


Graduación: 5,8º
Temperatura de servicio: Entre 6ºC y 8ºC
Tipo de vaso recomendado: Vaso de pinta británico.

Aspecto: De color ámbar muy oscuro cercano al marrón, forma una corona de espuma de color beige, aspecto esponjoso, de amplitud media, y aceptable duración, que deja finos aros de encaje en el vidrio, durante los primeros tragos. 

Aroma: Desprende un aroma suave, dominado por los matices procedentes de la malta tostada, con notas de suave caramelo, y algunas otras notas florales complementarias procedentes del lúpulo, y un toque afrutado con reminiscencias de manzanas.

Sabor y textura: Cerveza de cuerpo medio-ligero y carbonatación no muy acentuada. Destacan en ella los matices procedentes de la malta en un comienzo, con un perfil ligeramente dulce, acaramelado y afrutado, con suaves matices de grano tostado, galleta, caramelo, manzana, y hasta algún detalle cítrico, que empieza a ser más evidente hacia el final del trago donde aparecen los lúpulos en forma de matices florales y herbáceos, que provocan la aparición de un moderado amargor en el retrogusto, en combinación con una ligera sequedad que trae de vuelta las notas de grano tostado de la malta.

Maridaje: Hamburguesa a la parrilla con aceite de trufa.

Nota: