lunes, 28 de julio de 2014

Alhambra reserva 1925, el Arte por descubrir


Desde el pasado 23 de julio, se ha habilitado a través de la red social de facebook (https://www.facebook.com/CervezasAlhambra), una página en la que los usuarios que lo deseen podrán descubrir el arte y el misterio de la cerveza Alhambra Reserva 1925, como parte de la campaña El Arte por Descubrir. Mediante una sencilla aplicación que ahonda en el origen, la historia y los valores de la tradición de la marca, los usuarios que participen, podrán ganar una botella de Alhambra Reserva 1925 y una copa serigrafiada con sus iniciales, además de un exclusivo viaje a la ciudad de Granada para dos personas, donde podrán descubrir una ruta por los mejores locales de la ciudad. 



Con un nombre que evoca el esplendor andalusí con una de las mayores joyas arquitectónicas del mundo, un año, el de la fundación de la marca y una inconfundible y desnuda botella verde esmeralda grabada a fuego,  Alhambra Reserva 1925, es una de las cervezas españolas más populares entre el gran público. En la última década su fama y admiración no ha hecho más que crecer poco a poco, hasta ser una de las cervezas más consumidas por los cerveceros españoles que buscan una sabrosa cerveza de cuerpo intenso y agradable sabor.

Un poco de historia...
En el año 1925, fue fundada la compañía Cervezas Alhambra en la ciudad de Granada por Carlos Bouvard (entonces propietario de la cervecera La Moravia) y Antonia Knorr, que procedía de una larga dinastía de maestros cerveceros. 



En aquellos años, la fábrica estaba situada en las lindes de la ciudad, a los pies de las grandes montañas de la cercana Sierra Nevada, donde se encuentran abundantes manantiales con una de las aguas más puras de toda la Península Ibérica, por lo que sin duda, la elección del emplazamiento para la fábrica de cerveza, era más que acertada. Actualmente, tras el crecimiento de la ciudad, la fábrica original ha quedado dentro del casco urbano. En los años 30 y 40, la fábrica continuó en funcionamiento a pesar de las adversidades que supusieron la inestabilidad política y social, y el conflicto de la Guerra Civil. Con el paso de los años la fábrica ha ido cambiando de propietario. Damm tomó el relevo a los dueños fundadores en 1954. Actualmente sin embargo, pertenece al Grupo Mahou-San Miguel, que la adquirió en 2007, dando un importante y renovado impulso a la marca. A lo largo de toda su historia Cervezas Alhambra se ha caracterizado por conjugar tradición e innovación, intentando incorporar los mayores avances tecnológicos en el control de la producción con el objetivo de mejorar la calidad de sus productos, pero manteniendo los métodos tradicionales de elaboración.

Sobre la cerveza...
La cerveza Alhambra Reserva 1925 fue elaborada por primera vez en 1997 en homenaje a la fundación de la fábrica original. Se trata de una cerveza especial, con un contenido alcohólico del 6,4%, en la que se lleva a cabo un proceso controlado de fermentación lenta de 35 días de duración, el cuál no es habitual en las lager comerciales.



De color dorado intenso, transparente y con una capa de persistente espuma blanca esponjosa, y una vivaz carbonatación de fina burbuja, ofrece un muy atractivo aspecto. En nariz destacan en ella, matices caramelizados junto con notas cítricas, donde sobresale la corteza de naranja, y algunas otras notas complementarias a cereal y flores frescas. En boca, comienza con una entrada delicadamente dulce, con sutiles notas de caramelo, y abundantes matices de grano y cereal, apoyados sobre un cuerpo más intenso y potente que el de otras cervezas lager del panorama. El lúpulo, a través de una serie de notas florales y de un amargor moderado, hace acto de presencia logrando un equilibrio entre notas dulces y amargas, hasta desembocar en un final con reminiscencias dulces y notas a cereal tostado, que dejan una agradable sequedad en el regusto, resultando una cerveza sabrosa al mismo tiempo que refrescante.

Pero sin duda, además de las cualidades organolépticas intrínsecas de la cerveza, su gran éxito se ha apoyado en la imagen artesanal que ha proyectado a través de su elegante y emblemática botella de vidrio verde, grabada y sin etiqueta. Todo un símbolo en las barras de las cervecerías españolas.

El Arte por descubrir...

Una cerveza única, una receta inspirada en la primera cerveza Alhambra elaborada en la fábrica de Granada, una botella que evoca aquellas usadas antaño por la marca, seña de un carácter artesanal. 



La calidad, y el misterio de la tradición cervecera se ve ligada a la elegancia de un envase, producto de un laborioso oficio y antiguo Arte, el de los maestros sopladores de vidrio, que pervive aún en la actualidad gracias a la Escuela de Vidrio heredera de la Real Fábrica de Cristales de San Ildefonso de la Granja en Segovia, cuyo prestigio ha alcanzado los rincones más alejados de Europa desde su fundación en el siglo XVIII, con el apoyo del primer monarca borbón, Felipe V.



La búsqueda de la perfección, a través de un oficio artesano que rebosa dedicación y cuidado por los detalles y el buen gusto, une a la cerveza Alhambra Reserva 1925 y la Real Fábrica de Cristales de la Granja. Por ello, la marca en colaboración con el maestro soplador Diego Rodríguez, y en un entorno único y  tan majestuoso como la Real Fábrica, han creado recientemente una copa de vidrio artesanal, diseñada especialmente para disfrutar de la cerveza en su plenitud, ensalzando el ritual del momento en que es servida, en el que se despierta el deseo y la avidez por llevarse a los labios su contenido, invitando a descubrir el Arte que nos rodea, como una mágica puesta de sol en el Albaicín contemplando el palacio que Boabdil dejó atrás con lágrimas en los ojos, en 1492.

jueves, 24 de julio de 2014

Ruta cervecera por Valonia (parte V): Chimay y Brasserie des Fagnes



Tras la visita a la brasserie de Dubuisson y a la ciudad de Mons, la siguiente etapa en la ruta cervecera por Valonia era una de las más señaladas en el programa, ya que me dirigía a una de las brasseries más emblemáticas y prestigiosas de todo Bélgica. Nada más y nada menos que la abadía cervecería trapense de Chimay (Notre Dame de Scourmont), una de las 6 cerveceras belgas trapenses que hay en la actualidad de entre las 10 cerveceras que tienen el sello de Auténtico Producto Trapense en todo el mundo. 


El cartel que indica que estamos junto a la abadía donde se produce la mítica cerveza trapense Chimay.

La Abadía de Notre Dame de Scourmont fue construida en 1850 en el sur de la provincia de Hainaut, cerca de la frontera francesa, por una serie de monjes que procedían del monasterio de Westvleteren. Los monjes comenzaron a elaborar cerveza en el año 1862 y desde entonces la cerveza ha formado parte de la vida monacal de la comunidad monástica. Pero los monjes trapenses en su ánimo de preservar la tranquilidad e inmutabilidad de su modo de vida orientado al trabajo y a la oración, según lo dicta la norma de San Benito, tienen muy limitadas las visitas a la fábrica de cerveza, siendo totalmente excepcionales las ocasiones en las que es posible visitar las instalaciones y asistir al proceso de elaboración. 

Aspecto exterior que presenta el Auberge de Poteaupré.

Con el ánimo de suplir esta carencia que puede decepcionar al aficionado cervecero, tienen un pequeño albergue en las inmediaciones del monasterio de Scourmont (a tan sólo 1,2 km),  el Auberge de Poteaupré con un restaurante y un museo, el Espacio Chimay, un centro de interpretación de las cervezas y quesos trapenses que elabora la abadía. 


La entrada al espacio Chimay muestra la internacionalización de la marca y los países adonde llega.

En este lugar se profundiza en la historia del monasterio y en el método de elaboración de sus productos, en especial de sus cervezas, donde los visitantes pueden tener acceso a toda la información necesaria, haciendo uso de las nuevas tecnologías, como por ejemplo una aplicación para smartphone, con la que es posible acceder a los contenidos adicionales a los paneles y videos, a través del escaneado de los códigos QR que había diseminados en diferentes puntos de la visita. En caso de no disponer de un smartphone, en la entrada proporcionan un iphone en préstamo para poder sacar el máximo jugo a la visita.

Los monjes han querido apostar por el uso de las nuevas tecnologías para el museo.

El museo, aunque no goza de grandes dimensiones, proporciona suficiente información al visitante como para poder conocer los aspectos más relevantes de la historia de la abadía y el modo en el que elaboran sus afamadas cervezas. Dentro de la exhibición destacan tres áreas principales. La primera de ellas, con una maqueta de gran tamaño de la Abadía de Scourmont, donde se proporciona información acerca de la vida de los monjes y el modo en el que trabajan, con paneles informativos y vídeos relacionados, iluminando a la par diferentes áreas de la maqueta.


Una gran maqueta de la abadía muestra a través de paneles y videos la vida monástica y el proceso de elaboración de los productos de la abadía.

Alrededor de este área es posible visionar numerosos vídeos acerca del proceso de elaboración de la cerveza en la fábrica actual, deteniéndose en cada una de las fases del proceso de elaboración, desde el molido de la malta hasta el embotellado. 


Los vídeos disponibles en la exposición muestran el proceso de elaboración de las cervezas Chimay al completo.

Vídeo que se centra en la fase de embotellado, el cuál es realizado en una planta externa para poder atender las necesidades de la fábrica, dada su elevada producción.

La segunda zona está dedicada a explicar la evolución histórica de la abadía como centro de producción de cerveza y queso desde sus orígenes en 1862. Desde esa fecha ha mantenido de forma ininterrumpida la producción cervecera, a excepción de los periodos correspondientes a sendas Guerras Mundiales en las que la Abadía de Scourmont sufrió como otras abadías belgas, el saqueo de su instrumental, codiciado por los alemanes para la fabricación de armamento, e incluso la detención por parte de la Gestapo de alguno de los miembros de su comunidad. Tras la finalización de la II Guerra Mundial, la abadía quiso restablecer la actividad, y comenzó de nuevo a elaborar cerveza, pero las cervezas resultantes eran de una pobre calidad y las contaminaciones bacterianas eran bastante frecuentes. Sin embargo a partir de 1948, gracias a la figura del Padre Théodore que acudió a formarse técnicamente a las clases que el profesor Jean de Clerk impartía en la Universidad de Lovaina, se mejoraron los procesos, modernizaron las técnicas e instalaciones y se consiguió aislar la primitiva cepa de levadura que finalmente serviría para la fabricación de todas las cervezas producidas por la abadía. De hecho la cepa de levadura original, se encuentra registrada y de ella, proceden todas las cepas que han sido utilizadas desde su descubrimiento hasta la actualidad para la fabricación de cada una de las referencias del portfolio de Chimay. Gracias a la labor del profesor de Clerk, este consiguió el honor de ser enterrado en la abadía, y el Padre Théodore fue quien dirigió la producción de la cerveza en el monasterio hasta 1990, siendo el principal responsable de que Chimay haya alcanzado las cotas de prestigio y de reconocimiento internacional de las que hace gala hoy día.

La evolución histórica de la botella de Chimay Azul en 33 cl.

Una de las historias en la trayectoria de Chimay que más interés despierta en los visitantes, es aquella en la que se cuenta cómo justo después de la recuperación de la actividad cervecera tras la Segunda Guerra Mundial, gracias al trabajo del Padre Théodore, la abadía trapense de Rochefort comenzó a verse amenazada por la popularidad de las cervezas Chimay, que comenzaban a llegar a la zona en la que tradicionalmente Rochefort tenía mayor fuerza. Aprovechando que los monjes de ambas abadías pertenecían a la misma congregación, se acercaron hasta la abadia de Scourmont para pedirles el favor que no introdujeran Chimay en su territorio, ya que las ventas de Rochefort se estaban viendo afectadas negativamente. En una muestra de buena voluntad Chimay accedió, y además les ayudaron a mejorar sus instalaciones. Incluso llegaron a portar la levadura de Chimay para que intentasen utilizarla en la elaboración de sus cervezas, pero sin embargo debido a la diferencia de mineralización y de ph del agua, provocó que no tuviera el mismo resultado en Rochefort, por lo que años más tarde cambiaron a la cepa de levadura que empleaba Westmalle.

En este área además se pueden contemplar numerosas piezas de cristalería, documentos históricos, y las diferentes botellas que fueron usadas en diferentes épocas, desde el comienzo hasta la actualidad. 

Una de las magníficas piezas de cristalería expuestas en el museo.

Finalmente destaca un área dedicada al proceso de elaboración en sí, donde es posible conocer de primera mano los ingredientes a partir de los cuales se elabora la cerveza, en especial, las maltas y los lúpulos, pudiendo tocarlos y olerlos. El agua utilizada para las cervezas se extraída de un  pozo ubicado tras los muros del monasterio. El bagazo sobrante del proceso de maceración es reutilizado como alimento para el mismo ganado del que se obtiene la leche para la elaboración de los quesos de Chimay. La cerveza, una vez que es elaborada, es transportada desde el monasterio hasta la planta embotelladora situada a 12 km. La capacidad de dicha planta alcanza para poder rellenar 40.000 botellas por hora.


Se pueden observar y hasta tocar y oler las maltas y lúpulos empleados en las recetas de las cervezas Chimay.

En la actualidad Chimay tiene una producción anual que excede los 120.000 Hl. y aproximadamente el 50% es exportada a países tanto en Europa como fuera de ella, llegando a China, Japón y Estados Unidos. Además Chimay proporciona empleo a más de 200 personas en una región agrícola y deprimida económicamente. Sin duda la industria cervecera es el sustento de un importante número de familias en la región, por lo que resulta de vital importancia en el desarrollo económico del país.

Las cervezas...

Las cervezas de Chimay, son auténticas cervezas trapenses, lo que quiere decir que:
- Están elaboradas en el interior del recinto de una abadía trapense. En este caso la Abadía de Scourmont.
- La fabricación es supervisada y dirigida por los monjes de la abadía.
- Los beneficios económicos obtenidos de la comercialización de la cerveza están destinados al mantenimiento de la comunidad monástica y a obras sociales y de caridad.
Estas tres condiciones son las que cumplen todas las abadías-cervecerías trapenses si quieren obtener el sello de Auténtico Producto Trapense que aparece en las etiquetas de todas ellas.

En la actualidad el porfolio de Chimay está compuesto por tres variedades básicas de cerveza, junto con una cerveza de refectorio y una edición especial por el 150 aniversario de la abadía que aún es posible conseguir con un poco de fortuna:


Las tres botellas de la gama básica en formato de 75cl. (Premiere, Grand Reserve y Blanche) y presentación de gala, ideal para regalar.

- La Chimay Rouge, con 7º de alcohol, es la primera cerveza que sacó a la venta la abadía, y la de menor contenido alcohólico a excepción de la cerveza de refectorio. Se trata de una cerveza de color rojizo oscuro, transparente y con generosa espuma. Destaca su perfil maltoso y afrutado, donde destacan  sus matices a caramelo, levadura y uvas pasas. Se comercializa tanto en formato de 33 cl. como de 75 cl., donde recibe el nombre de Premiere.
- La Chimay Bleue, con 9º de alcohol, es la más compleja y apreciada de sus cervezas. Lanzada al mercado en 1948, en un comienzo fue elaborada como una cerveza especial para la temporada de invierno/Navidad. Debido al éxito cosechado por la cerveza, se decidió producirla de forma regular en el tiempo, incorporándose al porfolio de la abadía. Se trata de una cerveza de maltas tostadas, con un color pardo oscuro, y amplia espuma de color crema. Su complejidad es notable, destacando sus notas a malta, caramelo, azúcar candi, frutos rojos, uvas y ciruelas pasas. Su potente cuerpo, complejidad y perfecto equilibrio hacen de ella una cerveza ideal para acompañar contundentes platos de carne. Se comercializa tanto en formato de 33cl. como de 75cl., donde recibe el nombre de Grand Reserve. Cabe mencionar que en la etiqueta figura el año de embotellado, debido a que se trata de la cerveza de la abadía que mejor evoluciona con el tiempo, y que se presta por tanto a ser envejecida en botella.
- La Chimay Blanche (o Triple) con 8º de alcohol, es una cerveza de color dorado intenso, transparente, y con un imponente aspecto atractivo, gracias a la capa de espuma que corona la copa en el momento del servicio. Fue la última de la gama básica, que lanzó la abadía a la venta en 1966. Se trata de la cerveza más lupulizada de la abadía, por lo que es aquella en la que destaca mayor su amargor, aunque perfectamente combinado con una sequedad acusada en el final y el regusto. Con matices intesamente afrutados donde destaca albaricoque y naranja amarga es una cerveza de gusto intenso, ideal para combinar con pescados azules y quesos de leche de vaca. Igualmente que en el caso de las otras dos cervezas elaboradas por la abadía, la Chimay Blanche se embotella tanto en formato de 33 cl. como de 75 cl. En este último caso las botellas son etiquetadas con la denominación Cinq Cents.


La gama completa de Chimay en la actualidad, con los dos formatos de botella de 33 cl. que podemos encontrar en la actualidad en los establecimientos comerciales y de hostelería, y la Chimay Dorée a la derecha.

Aparte de estas tres variedades recientemente también se comercializó la Chimay Dorée, una cerveza que no era posible encontrar en tiendas ni cervecerías, salvo en Poteaupré servida directamente en grifo. Actualmente es embotellada (en formato de 33cl.), comercializada y exportada. Se trata de la cerveza que originalmente era para consumo propio de la comunidad de monjes, una cerveza de refectorio. De ahí que el contenido alcohólico sea sensiblemente inferior a las del resto de la familia Chimay, alcanzando tan sólo 4,8º de alcohol, aunque incorpora muchas de las características propias de las cervezas de abadía belgas rubias (blonde).

En 2012 se lanzó al mercado en formato de 75 cl. la Cent Cinquante, por el 150 aniversario de la abadía, una cerveza especial de edición limitada con 10º de alcohol, y que heredaba algunas de las características de la Chimay Triple, aunque presentaba un mayor cuerpo e intensidad en su sabor. Un final que combinaba un amargor prolongado junto con una astringencia alcohólica y un carácter especiado, formaban parte de sus señas de identidad. Aún hoy es posible encontrarla en alguna cervecería de importación o tienda especializada, aunque obviamente se cotiza al alza dada la escasez del producto.

Los quesos...

Desde 1876 los monjes trapenses de la Abadía de Scourmont han recuperado la tradición quesera de la región, aplicando los conocimientos de los maestros queseros, que tan celosamente mantuvieron en secreto durante siglos. Para la elaboración de los quesos, los monjes cuentan con una fuente de materias primas ideal, ya que la región donde se encuentra ubicada la abadía, históricamente fue una zona de crianza de ganado vacuno. Los quesos trapenses de Chimay están elaborados con la leche extraída de las vacas de su granja. Posteriormente los quesos son madurados en las bodegas de la abadía. Aunque la tradición se ha mantenido siempre presente, con el paso del tiempo, los monjes han ido introduciendo una serie de avances tecnológicos con el propósito de modernizar la producción, por lo que los quesos de Chimay han sabido adaptarse a los nuevos tiempos sin traicionar su autenticidad. 


Un panel que muestra el espacio destinado a la quesería.


En la actualidad la abadía produce un total de 5 variedades diferentes de quesos:
El Grand Classique de Chimay, el más suave y cremoso de todos los quesos producidos por la abadía. Destaca por su aroma a leche fresca, su suave sabor, ligeramente dulce, y su textura untuosa y cremosa. Pensado para combinar con la Chimay Roja.
El Poteaupré, es un queso suave, de textura semiblanda y corteza ocre. Destaca por su cuerpo untuoso y sus matices a frutos secos. Especialmente pensado para disfrutar con la Chimay Azul.
El Chimay a la Biére Rouge, destaca por su sabor afrutado y un leve amargor residual. Se caracteriza principalmente por que su corteza se ha lavado con cerveza, concretamente con la Chimay Roja de la abadía. En él destacan su aroma a bodega, y sus matices afrutados a piel de melocotón. Es un queso que puede ir bien como postre. La Chimay Roja, por motivos obvios, es la cerveza elegida para acompañar este singular queso.
El Grand Cru: Al igual que sucede con muchas cerveceras belgas que denominan Grand Cru a su variedad más especial y de mayor categoría, los monjes de Chimay, han elegido esta denominación para su queso de sabor más intenso. Con una corteza amarillenta y una pasta más uniforme y de mayor dureza, destaca por la intensidad de sus matices, que permite que se mantengan largo tiempo en la boca. Especialmente idóneo para combinar con la Chimay Azul.
El Vieux Chimay, es el queso que experimenta un proceso de maduración de mayor duración. Destaca por su pasta de mayor dureza y por sus matices a frutos secos y afrutados. Es claramente identificable tanto por la textura de su pasta como por su aspecto, ya sea el de su corteza de color pardo, como el de la pasta de color amarillo intenso. Puede ser el complemento perfecto para un risotto. En este caso la cerveza que encaja mejor es la Chimay Blanca, la triple.

Tras la finalización de la visita se ofrece como obsequio una sencilla degustación de la cerveza Chimay Dorée, la cerveza de refectorio que únicamente se servía en grifo en el albergue hasta el año pasado. Quizás para algunos no merezca la pena la visita al modesto museo, aunque proporciona información. Para otros neófitos y curiosos en la materia, e incluso para muchos de los fieles seguidores de Chimay, puede suponer un aliciente descubrir los orígenes y algunos de los secretos de la elaboración de una de las mejores cervezas del planeta.

Sin embargo el restaurante-cervecería del albergue merece sin ningún tipo de dudas una parada para poder disfrutar de sus cervezas y alguno de sus platos. Nada más entrar en la cantina, podemos contemplar varias vitrinas con multitud de objetos vinculados con las cervezas Chimay, a modo de exposición y que a más de un coleccionista de breweriana dejará con la boca abierta ante la riqueza y diversidad de objetos, entre los que destacan botellas y cristalería.

Una de las muchas estanterías con infinidad de objetos de coleccionismo de la marca, que pueblan el interior de la cervecería del Auberge de Poteaupré.

La cervecería cuenta con un gran espacio central dividido por un mural en el que puede contemplarse una enorme y antigua caldera de cobre empleada en la fábrica, empotrada en la pared. También cuenta con varias salas más pequeñas a modo de reservados que pueden solicitarse para casos de comidas o reuniones de grupos.

Una antigua caldera de cobre preside el salón interior principal de la cervecería.

La carta se encuentra bien nutrida con una gran diversidad de platos, algunos de ellos preparados, en especial, aquellos que incorporan algún tipo de salsa,  con la propia cerveza Chimay, o con algunos de los quesos trapenses de la abadía. Hay una gran variedad de entrantes, platos principales, postres y menús completos. Pero sin duda el mayor acierto de la carta son sus degustaciones de cervezas y quesos, sin duda los más solicitados de la completa carta.
Curioso modo de presentar la degustación de las 3 cervezas de la gama básica de Chimay.

En el caso de las cervezas, existe una posibilidad de degustación que incluye 18 cl. de cada una de las tres cervezas de la gama básica: Roja, Azul y Blanca, por 6,50 euros, servidas en un curioso soporte de madera que permite tener las tres variedades a mano para poder alternar de una otra fácilmente mientras que son acompañadas de alguno de los platos o de alguna degustación de los quesos que figuran en la carta de la cervecería.

El complemento perfecto a la degustación de las cervezas de la casa, es la degustación de cuatro de sus quesos.Una delicia para quienes aman queso y cerveza.

Personalmente elegí la degustación de quesos que incluía 4 porciones de 20 gr. de los quesos Grand Classique, A la Rouge, Grand Cru, y Vieux Chimay, presentados sobre una bandeja donde se indica a qué variedad de queso pertenece cada porción y acompañado de un poco de pan. Todo ello por 5,50 euros.

Ficha Resumen:
Nombre: Abbayé de Scourmont.
Año de creación: 1850 (fundación de la abadía)
Ubicación: Bourlers-Chimay
Webhttp://www.chimay.com/
Cervezas: Chimay Rouge (Doble), Chimay Blanc (Triple), Chimay Bleu (Cuádruple), Chimay Dorée (Cerveza de refectorio).
Permite visitas: No. Para conocer el funcionamiento e historia de la abadía los monjes crearon el Espacio Chimay en el albergue de Poteaupré a modo de museo interactivo.
Cervecería/sala de degustación: El cercano albergue de Poteaupré, regentado por la abadía, funciona como museo, restaurante y cervecería, donde ofrecen una nutrida carta con variedad de platos elaborados y diferentes opciones de degustación de quesos y cervezas.
Ciudad(es) visitable(s) en las proximidades: Villa de Chimay.



La villa de Chimay

En las cercanías del albergue se encuentra la villa de Chimay, de la que toma el nombre la cerveza fabricada por la Abadía de Scourmont, y que bien merece una visita. Se trata de una ciudad medieval que tiene tras de sí una larga historia vinculada a un antiguo linaje de príncipes y reyes desde el siglo XII, que le proporcionó el status de principado durante siglos. Caminando por las angostas calles del centro histórico de la localidad se percibe la historia que encierran sus muros. Entre los lugares más destacables que visitar en Chimay, se encuentra la Puerta del Triunfo, una antigua portada de piedra compuesta por tres arcadas, y con la leyenda " La piedad está conmigo" grabada en la parte superior.

La Puerta del Triunfo que marca la entrada a la Grand Place de Chimay.

Junto a la Puerta del Triunfo, se encuentra la Grand Place de la villa, donde destaca la silueta de la Colegiata de San Pedro y San Pablo, que data del siglo XVII. En el interior se puede contemplar una muestra de arquitectura Soisson, procedente del siglo XIII, a través de su bello presbiterio. En el campanario de la iglesia hay un total de 26 campanas con varios siglos de antigüedad.


La Colegiata de San Pedro y San Pablo en la Grand Place de Chimay.

Pero sin duda, si hay un monumento que destaca en la villa de Chimay, es el Castillo de los Príncipes de Chimay, todo un símbolo del principado. Hoy en día aún continúan viviendo los actuales herederos del antiguo principado, aunque desde Semana Santa y hasta finales del mes de Septiembre se permite la entrada al castillo para visitarlo, abonando una entrada con el fin de recaudar fondos para ayudar a mantener el patrimonio artístico y arquitectónico del castillo. La visita puede ser en grupo, para lo que habría que concertar reserva con la única posibilidad de realizarla por la mañana, y también individual, con un coste de 9 euros para los adultos y 5 o 7 euros para los niños según su edad. Las visitas individuales pueden realizarse diariamente a las 14:30 y 15:45.

Aspecto exterior del castillo de los Príncipes de Chimay.

El edificio de origen medieval se encuentra totalmente restaurado. En el interior del castillo conviven diferentes estilos arquitectónicos, pasando de salas decoradas al estilo de un castillo medieval del siglo XV, (como por ejemplo la sala de los guardias, que mantiene sus techos abovedados y su suelo de pizarra), o un pequeña capilla (donde se dice que se llegó a guardar durante un tiempo la Sábana Santa de Turín) a otras en las que domina claramente el barroco con lámparas y mobiliario del siglo XVIII, e incluso algunos detalles del Romanticismo con abundancia de terciopelos en paredes y muebles. 


La sala de los guardias incluye una colección de armaduras. Algunas parecen que están prestas a moverse en cualquier momento.

Para llevar a cabo la visita se hace uso de nuevo de las nuevas tecnologías que poco a poco van estando cada vez más presentes en todos los aspectos de la vida cotidiana. Con la entrada se entrega al visitante un ipad debidamente configurado en el idioma que se desee (francés, neerlandés o inglés) para poder hacer de guía interactiva del recorrido que permite conocer los detalles de cada uno de los rincones del área visitable del castillo, a través de una aplicación que recrea virtualmente en 3D cada una de las estancias del castillo. 

La sala de los guardias incluye los techos abovedados originales. Es una de las salas más antiguas del castillo.

Los propios príncipes participan dan la bienvenida a la visita y participan en muchas de las explicaciones que ilustran el recorrido por las estancias del castillo. La aplicación interactiva dispone de dos alternativas: una más indicada para adultos y otra para niños, donde un simpático personaje ataviado con una antigua armadura nos proporciona la información más curiosa y anecdótica del lugar.

Cada estancia del castillo parece proceder de una época diferente. En la foto parece que nos encontramos en un salón del siglo XIX.

Aparte de poder contemplar una buena colección de retratos, armaduras y diversas piezas de arte en el interior de las salas visitables del castillo, llama poderosamente la atención la existencia de un auténtico teatro de estilo rococó en el interior del castillo, construido en 1863, imitando al que Luis XVI mandó construir en Fointainebleau y que es utilizado para el festival musical que cada verano se celebra  en Chimay. Durante la visita se realiza una proyección en 3D en dicho teatro, de unos 15 minutos de duración  que pone punto final a la visita turística del castillo.

En el interior del castillo hay un teatro rococó en el que se exhibe una proyeción 3D al final de la visita.

Brasserie des Fagnes

Tras la visita al castillo de Chimay, la tarde me llevó a conocer una de las cervecerías inéditas en mi currículum cervecero, y que estaba programada dentro de la agenda del viaje por Valonia: la Brasserie des Fagnes, situada en la pequeña localidad de Mariembourg, a escasos 20 kms. al norte de la fábrica de Chimay, al sur de la provincia de Namur.



El llamativo aspecto exterior de la Brasserie des Fagnes.

La primera gran sorpresa que me deparó esta microcervecera es el propio edificio en sí. Un local de grandes dimensiones y particularmente llamativo gracias al molino de viento en forma de torre que domina su principal fachada, una animada terraza y un amplia área reservada al aparcamiento flanquean la entrada a la cervecería. 


Un monolito junto al aparcamiento nos indica claramente dónde nos encontramos y lo que vamos a poder encontrar allí.

La segunda sorpresa que se encuentra el visitante a la hora de entrar en el local, es que la propia fábrica se encuentra a la vista del cliente, pudiendo contemplar los fermentadores y calderas donde las cervezas de la casa son elaboradas, estando sentado a una de las mesas que pueblan el amplio y luminoso salón del local. 


Los fermentadores de acero inoxidable utilizadas por la brasseie se encuentran a la vista de la clientela.


Desde los tanques de lagerización hay un tubo de cobre se extiende por el techo del edificio, sobre las cabezas de los clientes, que conduce la cerveza recién elaborada a los grifos en el bar, lo que permite disfrutar de la cerveza en inmejorables condiciones. 



Al fondo de la imagen se puede observar el tubo de cobre que lleva directamente la cerveza desde los tanques de lagerización hasta los grifos de la cervecería. Cerveza recién hecha para los clientes.


Otra parte de la sala de elaboración, donde aparece el maestro cervecero Luc Piron, quien cuenta con una larga trayectoria dentro de la industria cervecera.

Esta disposición en el espacio, en el que el área de elaboración y la de degustación se dan la mano de una manera tan manifiesta es sin duda deliberada, y con la intención de captar la atención y el interés del visitante por conocer dónde y cómo se elaboran las cervezas que están degustando. 


Apecto de una de las calderas de cobre utilizadas.

En la pizarra que acompaña a uno de los fermentadores podíamos leer que contenía la Scotch, una de las cervezas que forman parte del portfolio regular de la brasserie.

Se trata por tanto de un auténtico brew-pub en el más estricto sentido de la palabra, y haciendo gala del sentido más clásico del concepto. No es lo más habitual sin duda,  dentro de las brasseries belgas. 


Un aspecto de la sección de embotellado, donde las botellas se encuentran listas para ser rellenadas con una de las cervezas de la brasserie, cuál será?

La tercera sorpresa fue la exposición compuestas por una nutrida y nada desdeñable colección de objetos y maquinaria relacionada con la industria cervecera de diferentes épocas (algunas piezas proceden del sigo XIX), que se encuentra en muy buenas condiciones y que constituyen un auténtico museo sobre la cerveza, que además es de visita gratuita. 



Un antiguo horno de leña usado para calentar el agua para la maceración, es una de las piezas que podemos encontrar en el fantástico museo sobre el arte de la elaboración de la cerveza, que posee la brasserie.

Estas piezas proceden en su mayoría de la antigua brasserie Degauquier, fundada en 1858 en la villa de Chimay, y que cerró sus puertas en 1970. Tras su desaparición, los propietarios de la fábrica los adquirieron para hacer posible este museo, donde tampoco faltan los paneles  informativos y algunos clips de audio que facilitan la información necesaria al visitante.Sin duda el complemento perfecto para los aficionados cerveceros que desean conocer un lugar donde la pasión por la cerveza se respira en el ambiente.

Otra de las piezas del museo es un molino utilizado para moler la malta.

Un vehículo a moto usado para el transporte de la cerveza a comienzos del siglo XX.

Para la visita conté con la inestimable colaboración del maestro cervecero de la casa Luc Piron, con quien pude conversar acerca de su trabajo en la fábrica y de las cervezas que elabora la brasserie, una de las más prolíficas de toda Bélgica, al elaborar prácticamente una cerveza nueva por cada cerveza del año, contando con ingredientes de temporada procedentes de la región. 


Aspecto general del salón principal de la brasserie. A la izda. se observa parte de la tienda de productos típicos de la región y por supuesto de cervezas de la marca.

Mientras tanto pude degustar como cortesía, un pack de cuatro cervezas servidas de entre aquellas que en ese momento tenían en grifo. Una excelente opción para poder disfrutar de 4 variedades diferentes, acompañadas con un pequeño platito de queso con especias. Entre ellas probé la Blonde, la Scotch, que más adelante comento, una Saison, con un suave toque lupulado y una cerveza de frutas muy especial, de peras, dulce y afrutada, muy interesante.

La mejor opción si queremos probar varias cervezas de la casa, es pedir su tabla de degustación con cuatro variedades diferentes y un platito de taquitos de queso con especias.

También tuve la oportunidad de poder de hablar con Frederic Adant, el fundador y propietario de la brasserie que me habló de la historia de la fábrica. La andadura de la brasserie des Fagnes comenzó en 1994, cuando decidió emprender un proyecto junto con su esposa para conseguir un sueño que anhelaba desde tiempo atrás, ya que la pasión por la cerveza formaba parte de su historia familiar: sus abuelos mantuvieron en funcionamiento  una fábrica de cerveza que se vieron obligados a cerrar tras la Segunda Guerra Mundial. 


Otra de las piezas del museo son las cajas con viejas botellas de tapón mecánico de cerámica.

Desde 1998 la brasserie se encuentra en la actual ubicación, y el éxito de la cervecera es manifiesto a juzgar por la cantidad de gente que acude cada día y sobre todo en fin de semana a conocer la cervecería, o a disfrutar de una buena cerveza y cocina, de lo que fui testigo durante mi visita. 


Un antiguo enfriador de mosto era otra de las piezas más llamativas del museo.

La cervecería se encuentra abierta de martes a domingo en invierno, y todos los días durante las vacaciones escolares de verano, para poder tomar una cerveza, o disfrutar de alguno de los platos de su cocina por precios populares que no suelen exceder los 10 euros. En su interior también hay una tienda que vende las diferentes cervezas elaboradas por la marca y también algunos otros productos típicos de la región.














Aspecto de la gama de cervezas que comercializa la Brasserie des Fagnes y que se puede ver expuesta tal como aparece en la imagen, en la tienda que tienen la brasserie en el interior.

La Brasserie des Fagnes aparte de las cervezas de temporada elabora una serie regular de cervezas manteniendo un portfolio estable de 5 cervezas:
La Super des Fagnes Blonde, con 7,5º de alcohol, una sabrosa cerveza pálida con un aroma afrutado, dulzón y con notas de levadura que recuerda un poco a la Chouffe.
La Super des Fagnes Brune, con también 7,5º, una brune elaborada con maltas caramelizadas y tostadas, que proporcionan un gusto dulce y una sensación untuosa en boca.
La Super des Fagnes Griottes, con un contenido alcohol más comedido, alcanzando solamente 4,8º, se trata de una una cerveza de frutas elaborada con un tipo especial de cerezas locales denominadas griottes. 
La Super des Fagnes Scotch ale, una cerveza de color oscuro, cercano al negro, con un marcado sabor a maltas torrefactas y tostadas con notas a regaliz, miel y licorosas, que dibujan sus 7,5º. Aún así no resulta especialmente difícil de beber.
La Super des Fagnes Noël, con 8,5º  es la más alcohólica y potente de la serie, elaborada pensando en la temporada navideña e invernal, donde son tan típicas estas cervezas entre los belgas. Se caracteriza por un potente sabor afrutado y dulce, con numerosas especias.

Aparte de la serie regular de cervezas, la Brasserie des Fagnes elabora otra serie de cervezas especiales y de temporada como por ejemplo, una Saison, la Cuvée Vignerone, elaborada con las pasas biológicas de Olloy sur Viroin, o la Cuvée Guillaume, elaborada con manzanas de temporada, y bautizada así en honor a uno de los hijos del propietario.


Ante las perspectivas de crecimiento de la cervecería y el aumento de las ventas de los últimos años, Frederic, se ha planteado la externalización de parte de la producción a la brasserie Du Bocq, que llega a fabricar hasta 8000 Hl anuales de cerveza para Des Fagnes, pudiendo multiplicar exponencialmente su producción. Y la demanda de sus cervezas no deja de aumentar, aunque por el momento no existe un canal distribuidor de sus cervezas en España, por lo que si queremos probarlas hay que hacerlo en la propia fábrica. Un motivo más para acercarse a Valonia para disfrutar de sus encantos y gastronomía.

Ficha Resumen:
Nombre: Brasserie des Fagnes.
Año de creación: 1994
Ubicación: Mariembourg
Webhttp://www.brasseriedesfagnes.com/
Cervezas: Super des Fagnes Blonde, Super des Fagnes Brune, Super des Fagnes Scotch, Super des Fagnes Griottes, Super des Fagnes Noël.
Permite visitas: La fábrica se encuentra a la vista de los clientes de la cervecería que funciona en realidad como brew-pub. Además cuenta con un museo de entrada libre, con numerosas piezas de interés relacionadas con la historia de la industria cervecera belga.
Cervecería/sala de degustación: La fábrica en sí es una cervecería-restaurante donde es posible degustar las diferentes variedades estacionales y de producción limitada que elaboran cada semana. Además cuentan con tienda directa al público donde es posible hacerse con las principales referencias que forman parte del portafolio regular de la brasserie.
Ciudad(es) visitable(s) en las proximidades: Chimay, Dinant.


El restaurante Ferme des 4 Saisons es una buena opción para comer o cenar si nos encontramos por la zona donde se encuentra el Monasterio de Scourmont.

Aspecto exterior del restaurante Ferme des 4 Saisons.

Tras la visita a la Brasserie des Fagnes la hora de la cena se encontraba próxima, y el hambre comenzaba a hacer acto de presencia a pesar de haber quedado muy satisfecho en el almuerzo en el restaurante del albergue de Poteaupré. Para la ocasión tenía reservada mesa en el restaurante Ferme des 4 Saisons ,que se encontraba a tan sólo 1,5 kms del albergue. Es un lugar que en fin de semana o a media tarde suele encontrarse repleto de clientes. Cuenta con un espacioso parking y una agradable terraza exterior que es aprovechada durante las jornadas estivales. 


Presentación del plato que cené a base de lomos de bacalao y camarones. 

Dentro de los diferentes platos y entrantes de la carta de la que disponía el restaurante opté por un plato a base de pescado, tras varios días en los que la carne y los quesos habían dominado mi dieta. Elegí por tanto el "Dos de Cabillaud cuit Vapeur, sauce hollandaise aux crevettes grises de la Mer du Nord, mousseline de Pommes de Terre" (Lomo de Bacalao al vapor con salsa holandesa, camarones del Mar del Norte y patatas de la tierra batidas), un plato realmente sabroso y que me resultó especialmente digestivo, a modo de intermedio para los excesos que me quedaban aún por delante en el viaje.

Finalmente para descansar, tenía reservado alojamiento en el propio albergue de Poteaupré. Aparte del museo, y la cervecería restaurante, el albergue dispone de 7 habitaciones con baño interior y completamente equipadas, adaptadas a los nuevos tiempos, incluyendo por ejemplo wifi gratuito, equipo hifi, y aire acondicionado.

Los monjes nos invitan a disfrutar de una Chimay en la habitación del albergue... sin que nos molesten.

Los detalles referentes a las cervezas de Chimay son constantes en el interior del albergue, y de las habitaciones. Sin duda, el que más me llamó la atención fue el cartel usado de forma estándar en los hoteles para indicar si deseamos que nos hagan la habitación o que por el contrario no nos molesten. Estaba realizado en madera, y no en cartón o papel. Y tenía una leyenda inscrita que decía "Don't disturb, I taste a Chimay". Finalmente me hice con uno de estos carteles en la tienda del albergue donde los tenían a la venta junto con un sinfín de artículos de merchandising, así como la gama completa de los productos de Chimay, tanto en botella de 33cl. como de 75 cl. Había diferentes packs y estuches de regalo atractivamente presentados que sin duda podrían suponer el souvenir perfecto para los más cerveceros.

No podía faltar cerveza Chimay en el interior de la nevera-bar de la habitación.

Otro detalle que no falta en el interior de la habitación es una nevera-bar, que sin duda resulta de gran utilidad de cara a enfriar algunas bebidas que podamos llevar con nosotros, o poder tomar algún refrigerio de forma cómoda sin salir de la habitación. Los precios en estos casos suelen ser elevados en la mayoría de los alojamientos, pero en este caso no lo eran especialmente, más si cabe, si tenemos en cuenta que gran parte de las bebidas ofertadas eran cervezas de la casa, como no podía ser de otra manera. Un par de botellas de 33cl. de cada una de las referencias de la gama básica de la abadía. No podían faltar consecuentemente un par de copas de Chimay para poder disfrutar de las cervezas como se debe.

Tras el merecido descanso, y el desayuno que pude tomar en el propio albergue me dispuse a proseguir mi camino hacia Dinant y la abadía de Maredsous, de la que hablaré en el próximo post.