martes, 23 de septiembre de 2014

Ruta cervecera por Valonia (parte VII): Brasseries St. Monon, Achouffe y Caracole



Como reza un clásico dicho español, no hay quinto malo. Cuánta razón tiene nuestro refranero. Tras cuatro jornadas intensas, dedicadas a explorar Valonia, la tierra de donde nos llegan algunas de las mejores cervezas del mundo, mi quinto día de periplo cervecero por el sur de Bélgica no fue menos que los precedentes.




El programa del día incluía visitas a 3 brasseries: La modesta St. Monon, la emblemática Achouffe, y la encantadora Caracole, que me llevaba a atravesar la provincia de Namur y Luxemburgo, para de nuevo regresar hasta Dinant, donde al final me esperaba una cena en uno de los restaurantes legendarios de la ciudad especializado en uno de los platos que más fama han dado a la cocina belga, los mejillones al vapor con patatas fritas, servidos con todo tipo de diferentes salsas. Pero hasta ese momento había unas cuantas horas por delante.

St. Monon

Al fondo a la derecha se observa la entrada a la brasserie, y justo delante una pequeña terraza donde en los días soleados de primavera y verano, turistas y lugareños pueden disfrutar de una cerveza casi recién hecha.

Como tantas otras fábricas belgas, la brasserie de St. Monon recibe el nombre de un santo. En este caso se trata del protagonista de una vieja leyenda, la de un monje escocés, llamado Monon que entorno al año 600 emigró hasta la localidad de Nassogne para vivir como un ermitaño. Durante los siguiente años se dedicó a evangelizar la región. Un día mientras que estaba de pastoreo con una piara de cerdos en los campos de Nassogne, descubrió, con la ayuda precisamente de uno de sus cerdos, una campana enterrada en el suelo. El monje la consideró una señal divina, utilizándola para llamar a los fieles para orar. El monje que fue muy apreciado en vida por los campesinos, terminó convirtiéndose en el patrón del ganado tras su muerte. Desde entonces, cada Domingo de Ascensión, se lleva a cabo una preocesión en la que el sarcófago de St. Monon es transportado de la Colegiata a la capilla de la calle Courmont en la localidad. Los agricultores suelen rezarle para que sus cosechas sean fructíferas, y al parecer, resulta.

Delante del edificio de la brasserie hay expuesto un carruaje tal y como los usados antaño para el transporte de los barriles de cerveza, y que aparece como logo de la marca en las cajas usadas para la distribución de la cerveza

Como brasserie del pueblo de Ambly, perteneciente al concejo de Nassogne, su responsable y fundador, Pierre Jacob, un ingeniero industrial dentro del sector de la alimentación, decidió bautizarla con el nombre del santo, cuando arrancó su actividad en 1996, como resultado de su deseo por profesionalizar su gran afición por la tradición de los brasseurs belgas.

En la sala de degustación también es posible comprar las botellas directamente o bien copas y otros artículos de merchandising.

La filosofía de esta pequeña y modesta brasserie se basa en la elaboración de cervezas con materias primas de primera calidad, desde los lúpulos hasta la malta, así como otros productos locales de la región, como el agua utilizada que procede de un manantial local, o como la miel de los apicultores de la comarca que es usada para algunas de las recetas de la fábrica. Aparte de la calidad de los productos, está el cariño y el mimo puesto en cada una de las recetas, y el secreto del carácter único de sus cervezas que procede de su pericia y experiencia, a pesar de contar con un limitado espacio y con un instrumental de segunda mano. 

Sin embargo esto no quiere decir que las cervezas de esta modesta brasserie pierdan un ápice de calidad. De hecho son bastante apreciadas en la región, e incluso fuera de las fronteras de Bélgica, donde gozan de una buena reputación, gracias a (entre otros motivos) la obtención de diferentes premios y galardones, como por ejemplo el primer premio que recibió su brune en el concurso de cervezas valonas celebrado en Soignies en 1998. Años más tarde esta misma cerveza obtendría la Medalla de Oro en el Campeonato Internacional de Chicago.

Las variedades elaborada por la fábrica con el sello St. Monon en formato de 75cl. y de 33cl.

La fábrica se encuentra en lo que era antiguamente una explotación granjera ubicada en un antiguo edificio de ladrillo, reacondicionado para la actividad cervecera, con su sección dedicada a la fabricación y almacenaje, y otra enfocada a atender el público tanto para venta directa como degustación y visitas, porque esta pequeña brasseríe permite visitas que pueden ser concertadas para grupos. Por un precio simbólico que oscila entre los 3 ,50 y los 5 euros, en función del tamaño del grupo, la visita incluye la entrada a las instalaciones con una explicación del proceso de elaboración y la degustación de 3 de las variedades que produce la brasserie.

La vieja caldera multifuncional es sin duda la pieza más llamativa de todas las instalaciones. A pesar de su aspecto continúa prestando su servicio como el primer día. 

Durante la explicación es posible conocer los detalles de las materias primas utilizadas atendiendo especialmente a las maltas, Del mismo modo el visitante puede conocer el proceso de elaboración, sabiendo para qué se utiliza cada elemento del instrumental. Entre todos la maquinaria que se puede contemplar en el interior de la fábrica destaca la vieja caldera de vapor, que se encarga de mantener caliente el agua usada para distintas fases de la elaboración, como el macerado o la cocción del mosto, e incluso para la limpieza de diferentes partes de la fábrica con el vapor generado.

Aspecto el tanque donde se lleva cabo el filtrado del mosto. 

El mosto es filtrado en un gran tanque destinado a tal propósito, separando todos los sólidos que pueda contener el mosto, y posteriormente es bombeado a la caldera de ebullición donde se añaden los lúpulos y otros ingredientes como miel, cáscara de naranja, comino o cilantro entre otros, y que porporcionan a la cerveza un gusto y aroma particulares. Tras la cocción el mosto es enfriado hasta una temperatura de 20ºC y es transferido a los tanques de fermentación donde es inoculada la levadura. Allí se deja reposar durante 15 días hasta que el proceso de fermentación haya concluido. 

La línea de embotellado y etiquetado que actualmente posee la fábrica y que permitió duplicar el número de botellas procesadas a la hora.

Posteriormente es embotellada y etiquetada haciendo uso de una máquina que permite tener listas hasta 3000 botellas por hora. Una vez que está embotellada la cerveza es almacenada lista para ser distribuida. Actualmente la producción se centra en el mercado local, aunque también es exportada a países como Holanda, Francia o Reino Unido. En España durante un tiempo la trabajó algún distribuidor, pero actualmente no resulta fácil encontrarlas, a la espera de nuevo que algún importador decida traerla de forma regular.

El trasiego de cajas es continuo en la fábrica.

Actualmente la brasserie elabora aparte de las cervezas St. Monon, algunas ediciones especiales de temporada, o de edición limitada, así como algunas recetas para otras pequeñas fábricas que carecen de instalaciones propias, como la Li Berwette o la Saison de Mai entre otras. El portfolio básico de la cervecera está formado por las siguientes referencias en formato de 33cl. y 75cl.

St. Monon Ambrée: Una ale de estilo belga con maltas caramelizadas y notas florales, con 6,5º de alcohol, un cuerpo medio ligero y leve amargor.

St. Monon Au Miel: Una cerveza de alta fermentación con maltas pálidas y caramelizadas, lúpulos aromáticos, un toque de miel y otro de levadura. Una cerveza de perfil dulce, con 8º de alcohol totalmente imperceptibles y que se bebe con enorme facilidad. 

St. Monon Brune: Un gran cerveza dentro de su estilo. Típicamente belga, con pronunciadas notas a maltas tostadas, café, madera, especias y fruta oscura. De textura cremosa y algo alicorada es una cerveza de paladar complejo.

St. Monon Mix Hop: Una pale ale belga, de 6,5º de alcohol, con evidente presencia de lúpulo en aroma, que aporta notas cítricas y herbáceas, y con un fondo maltoso de miel y caramelo, acompañado de notas a jengibre, pimienta y tintes avainillados. Una  cerveza muy aromática, compleja y especial.

St. Monon Spéciale Noël: Una cerveza pensada para la temporada de Navidad. maltosa, y con abundancia de frutos secos, licorosa y especiada, con 7,5º de alcohol, resulta idónea para los fríos días invernales.

Ficha Resumen:
Nombre: St. Monon
Año de creación: 1996
Ubicación: Ambly
Web:  http://www.saintmonon.be/
Cervezas: St. Monon Ambrée, St. Monon, Au Miel, St. Monon Brune, St. Monon Mix Hop, St. Monon Spéciale Noël.
Permite visitas: Sí. Concertadas con antelación. Para grupos de menos de 15 personas tiene un coste de 5 euros por persona. Para grupos mayores de 15 personas, el precio se reduce a 3,50 euros por persona. La entrada incluye la degustación de 3 cervezas de la marca.
Cervecería/sala de degustación: Posee pequeña sala de degustación con terraza exterior. 
Ciudad(es) visitable(s) en las proximidades: Namur, Rochefort.

Achouffe

La segunda parada de la ruta programada para la jornada era sin duda uno de los momentos más esperados de todo el viaje, la visita de la brasserie Achouffe, tan célebre por su simpático e inconfundible gnomo, usado como imagen de la cervecera, como por la calidad de sus cervezas de alta fermentación. Para los amantes de la cerveza belga, la brasserie Achouffe representa uno de los principales exponentes del inconfundible carácter que atesoran las cervezas belgas, al margen de la excelencia de las cervezas trapenses y de abadía. La brasserie Achouffe se encuentra enclavada en uno de los rincones más bellos de todo el país, en la población de Achouffe, en la región sureña de Luxemburgo, que hace frontera con el país del mismo nombre, regada de verdes prados y castillos y mansiones de ensueño, el escenario idóneo para la ambientación de un cuento de fantasía.


Un gnomo de madera nos indica el camino que hemos de seguir.

Como parte de este incomparable marco, antes de llegar a nuestro destino, el último desvío desde la carretera principal viene indicado con un gracioso gnomo de madera que con su dedo, señala la dirección que hemos de seguir hacia la cervecera.  Lamentablemente ha sido objeto en más de una ocasión del apasionado cariño de los fans incondicionales de la marca, que han querido llevárselo para decorar la entrada de su casa, cuál enano de jardín, o en su defecto, siendo el blanco de las bromas de los más atrevidos. Afortunadamente no han resultado tan frecuentes este tipo de acciones, quedando en simples anécdotas aisladas.

Todo está perfectamente señalizado en Achouffe.

Todo en Achouffe gira entorno a la fábrica de su cerveza, y los gnomos están omnipresentes en cualquier parte. Donde menos los esperemos allí aparecerán pequeños gnomos con gorro rojo, prácticamente como si fueran un habitante más del pueblo. Así los podemos encontrar formando parte del mobiliario urbano, en el mural de una parada de bus, en los carteles de señalización, en un parque o en la decoración en los locales del pueblo. 

Gnomos por doquier en la villa de Achouffe. En los parques, en los carteles, en las paradas de bus, en los bares...

La brassserie la podemos encontrar rápidamente en la localidad, sin ninguna dificultad, pero si intentamos dirigirnos directamente hacia las oficinas de la fábrica comprobaremos que no es posible concertar una visita allí, sino que hay que dirigirse a la tienda de la marca, situada en las proximidades, que es donde se programan las visitas para grupos y particulares de una forma muy organizada, estableciendo turnos diferenciados, por lo que son varias las visitas que se realizan a lo largo de la jornada. 

Dan ganas de llevarse uno para casa. El problema es meterlo en la maleta.

La visita es guiada y se realiza bien en francés, neerlandés o también en inglés, en caso de que se trate de un grupo de nacionalidades mixto y tiene un precio de 9 euros para los adultos. Incluye un vídeo de introducción, la visita a las instalaciones, con la explicación del proceso de elaboración y una degustación final de dos variedades, junto con un obsequio, que consiste en una copa de cerveza de la marca. 


En la tienda podemos encontrar a la venta todas las variedades fabricadas por la brasserie a precios muy atractivos

Una vez que tenemos el ticket para realizar la visita, si disponemos de tiempo suficiente, resulta interesante echar un vistazo a todos los productos que podemos encontrar en la tienda, desde diferentes packs de regalo con botellas de la diferentes referencias de la brasserie, bien en formato de 33cl. o de 75cl., hasta camisetas o sudaderas, pasando por todo tipo de artículos de merchandising como abridores, llaveros o jarras, con el simpático gnomo presente en todos ellos.

Nuestro simpático amigo, el gnomo de La Chouffe, también puede acompañarnos en el desayuno.

Tenemos que tener en cuenta que la palabra "chouffe", que es el nombre de la primera cerveza (y también más popular) lanzada al mercado,  en un dialecto de la región, significa precisamente "gnomo", una criatura fantástica que forma parte de las leyendas populares y del folklore local. Es tan popular en la provincia que incluso existe una peña de seguidores de un club de fútbol belga, que son confesos aficionados a la cerveza "La Chouffe", que van siempre a los partidos ataviados con el gorro de color rojo del gnomo, que por otra parte, podemos encontrar a la venta a la tienda por un muy módico precio, resultando irresistible para muchos.

En el exterior del Café Fontanie queda manifiesto que nuestro amigo el gnomo es el gran protagonista.

Si se dispone de tiempo suficiente antes de la hora programa para la visita, resulta recomendable dar un tranquilo por la villa y conocer algunos de los rincones más pintorescos, como por ejemplo, el café La Petite Fontaine (http://www.lagrangeachouffe.be/accueilfontaine.html), donde el pequeño gnomo es el gran protagonista. 

Por el día el ambiente es muy relajado y resulta posible examinar cada rincón del local, donde encontraremos un detalle que nos sorprenderá. Un pequeño museo dedicado al mundo de los cuentos.

Profusamente decorado, transporta al cliente nada más entrar a un ambiente repleto de fantasía. Por el día permanece tranquilo, y es posible disfrutar de un café bien en el interior, o bien en su terraza, pero por la noche se ofrece un animado ambiente con música en vivo todos los sábados. Si estamos alojados por la zona, es una alternativa a tener en cuenta dentro del ocio nocturno. 

La terraza del Café Fontaine es un buen lugar para relajarse con una taza de café o una cerveza en un día soleado.

Historia...
La historia de una de las brasseries más conocidas de toda Bélgica, a pesar de su "juventud", parte de una afición, la que mantenían dos cuñados, un flamenco Chris Bouweraerts y otro valón, Pierre Gabron, por la cerveza y la tradición de siglos recogida en su proceso de elaboración. Todo comenzó con una serie de experimentos en la cocina de su suegra. No es hasta el 27 de agosto de 1982, cuando elaboran su primer lote de cerveza de 49 litros. En aquel momento era la cervecera más pequeña registrada en Bélgica
El edificio de la brasserie parece formar parte del decorado formado por un cuidado jardín.

Aquello fue el pistoletazo de salida para dar el salto a la actividad comercial, produciendo más cerveza y vendiéndola. Había nacido la brasserie Achouffe. El nombre, tal y como comentaba anteriormente, se debe a que en un dialecto local "chouffe", viene a significar "gnomo." Quien tuvo la idea de asociar la imagen del gnomo que podemos ver en todas las chapas y etiquetas de las cervezas de la brasserie, fue Chris Bauweraerts. Todo surgió a raíz de un programa de televisión, donde se subastó con fines benéficos, un cuadro que representaba a un gnomo. Tras contarle la idea Chris, Pierre Gobron le pidió a la hija de un amigo que pensara en dibujar un gnomo para que fuera imagen de la brasserie. Finalmente el simpático personajillo que vemos hoy en día en los productos de la marca, es fruto de aquel primer boceto.


Quién parece asomarse en la ventana de las oficinas de la fábrica?

En 1984, Pierre abandonó su trabajo como jefe de producción en una fábrica de helados para centrarse por completo en la actividad de la fábrica. En 1986 ambos cuñados, comenzaron a elaborar cerveza con parte del equipo de la antigua lechería que funcionaba en la vieja granja de 1805 en la que se instalaron. En 1988 la dedicación de ambos socios era completa habiendo dejado de lado sus anteriores ocupaciones. En 1989 llegaron las exportaciones. Actualmente el 35% de la producción es elaborada para el mercado belga, y el 65% restante está destinada a la exportación, principalmente hacia Holanda, sus mayores clientes en el extranjero, y otros países como Italia, Francia, USA, Canadá e Israel, donde existe un gran número de fans de Achouffe. En los países escandinavos también es bastante popular la brasserie, en especial en la temporada navideña, a causa del gnomo, símbolo de la marca, que es tradicionalmente asociado con la Navidad en la tradición escandinava. A partir de ese momento las inversiones en la fábrica no dejaron de crecer: Se creó una nueva sala de elaboración en 1992, bautizada con el nombre L'Auberge des Lutins, que aún sigue en funcionamiento. 



Un vídeo explicativo relata durante la visita, la historia de la brasserie.

En 2005 se añadió un moderno tanque de cocción, junto con otros 2 tanques más de acero inoxidable (el de macerado, y el de filtrado). En 1993,le tocó el turno a la sala de fermentación con 6 nuevos tanques de 180 Hl, y 4 tanques más de 400 Hl que se añadieron más tarde en 2001, más otros dos tanques adicionales de 1000 Hl. en 2007.Inicialmente el embotellado y embarrilado de la cerveza era realizado en la villa de Achouffe, pero en 1996 la fábrica era incapaz de absorber el procesamiento del volumen que había alcanzado la producción por lo que la compañía compró una nave en la localidad de Fontenaille para instalar una nueva línea de embotellado. La nave inicialmente tenía una extensión de 200 m2, pero fue ampliada hasta los 3000 m2 actuales.


El público permanece atento a las amenas explicaciones del vídeo.

El 7 de septiembre de 2006 la brasserie Achouffe es comprada por el grupo Duvel Moortgat, el cual ha continuado invirtiendo en el desarrollo del potencial de la cervecera.
Con todo ello, la evolución de la producción de la fábrica ha crecido de forma espectacular, pasando de los 37.500 Hl anuales producidos en 2008 a los 50.700 Hl de 2009, los 59.150 Hl. en 2010, y los 88.260 Hl en 2011.

Las instalaciones  y el instrumental se encuentran impolutos como esta caldera de acero inoxidable.

Las cervezas de la brasserie d'Achouffe, son elaboradas utilizando agua de gran pureza procedente de los manantiales de Cédrogne, uno de los mejores y más populares de todo Bélgica, situados en las cercanías de la villa de Les Tailles. La cervecera también usa agua de su propio pozo para la fabricación de las cervezas. Todo el agua empleada es en definitiva de la comarca de Las Ardenas, por sus particulares características de dureza, ph y sabor, algo determinante en el resultado final obtenido. Las maltas de cebada son especialmente seleccionadas para cada una de las variedades  y los lúpulos utilizados, por su parte proceden de la República Checa, Eslovenia y Norteamérica. Y por último, quizás el más determinante y característico ingrediente utilizado: la levadura, que dota a la cerveza de un aroma y un sabor único e  inconfundible. En el caso de Achouffe, se sienten particularmente orgullosos de su levadura, que mantienen registrada en el banco de levaduras de la Universidad Católica de Lovaina.

Durante la visita se permite dar rienda suelta a la curiosidad de los visitantes que tras las explicaciones pueden observar de cerca los equipos de la fábrica.

El proceso de elaboración para las cervezas de Achouffe, incluye una fase de maceración, donde la malta molida es mezclada con agua caliente, en diferentes etapas y niveles de temperatura, procurando "exprimir" al máximo el grano, para obtener la mayor cantidad posible de azúcares fermentables. Esta especie de pasta necesita ser filtrada, para lo que usan un tanque, cuyo fondo contiene una plancha metálica perforada que permite dejar pasar el líquido donde se encuentran los azúcares extraídos, de la cáscara del grano y demás impurezas sólidas que son retenidas en el tanque. El producto resultante de esta fase es el mosto que deberá ser hervido en el correspondiente tanque durante 75 minutos. En los momentos específicamente señalados por el maestro cervecero, se añaden los lúpulos y las especies usadas a la cerveza. Dependiendo del momento elegido, tanto los lúpulos como las especias, serán más detectables en aroma o en el sabor de la cerveza final. tras la ebullición del mosto es enfriado de forma rápida por un intercambiador de placas que hace bajar la temperatura de 99ºC a 25ºC. El agua caliente sobrante del proceso será reutilizada más tarde para la siguiente elaboración. Una vez enfriado el mosto es transferido al fermentador donde la levadura realizará su cometido, consumiendo los azúcares del mosto para transformarlos en alcohol y CO2. La primera fermentación se realiza a 25ºC y dura entorno a 4 o 5 días. Esta cerveza aún joven aún no es espumosa ni burbujeante. . Después es bombeada a una cisterna donde la cerveza es centrifugada para eliminar la levadura en suspensión y el resto de sólidos. A continuación es enfriada a una temperatura cercana a 0ºC para que continúe madurando. De ahí es trasvasada a otros tanques donde se añade azúcar y nueva levadura, para que se lleve a cabo una segunda fermentación en botella y barril.

La acogedora y amplia sala de degustación, donde predomina la calidez de la madera y la estética rústica. Un lugar pensado para que los visitantes puedan disfrutar tranquilamente de las cervezas de la casa.

La cerveza una vez que es embotellada o embarrilada se almacena en una sala a una temperatura de 25ºC durante 3 semanas. Este paso permite una refermentación controlada que se traduce en un aumento de medio grado de alcohol y en un nivel suficiente de CO2 para asegurar una bonita corona de espuma. El proceso total de elaboración abarca dos meses, pero la cerveza alcanza su mejor momento para el consumo entre los 3 y 6 meses tras la elaboración, siempre y cuando haya sido almacenada en buenas condiciones de luminosidad y temperatura, y en posición vertical para que la levadura se sitúe en el fondo de la botella.

Tras el video explicativo acerca de la historia de la brasserie y de las explicaciones de la guía acerca del proceso de elaboración de las cervezas elaboradas en la fábrica, quedaba la parte que más se disfruta de toda la visita, la degustación. Con el precio de la visita se tiene derecho a degustar dos variedades a elegir dentro del portfolio. Sin embargo, aquellos que fueran a comienzos de este verano, como fue mi caso, pudieron probar casi a modo de primicia, la Chouffe biére du Soleil,la edición especial para la temporada de verano, y que únicamente era posible adquirir en Bélgica, ya que por el momento no se había planteado que traspasara las fronteras.

Cervezas:
Actualmente Achouffe mantiene en su portfolio 5 referencias: La Chouffe, Mc Chouffe, Houblon Chouffe, N'Ice Chouffe, y la Bok Chouffe 6666 más la incorporación de una nueva referencia de temporada este verano, la Chouffe Biere du Soleil.

La Chouffe, la más popular de la casa, es una cerveza rubia de alta fermentación, sin filtrar y con segunda fermentación en botella, como una clásica blond belga. De gusto agradable y afrutado, resulta sencilla de beber. Destaca además su toque especiado que incluye cilantro, y un final ligeramente lupulizado, lo que le dota de un suave amargor.


El pack de cervezas elegidas para la degustación: Chouffe Houblon al fondo y la Mc Chouffe en primer plano. Ambas maravillosas.

La Mc Chouffe es una cerveza alta fermentación, sin filtrar y refermentada en botella. Contiene maltas tostadas, lo que le da un tono marrón oscuro con brillos rubí. Fruto de la inspiración basada en las scotch ales escocesas, con un gusto dulce, meloso y caramelizado, incorpora el habitual carácter afrutado de las ales belgas.

La Houblon Chouffe, fue elaborada en 2006 por primera vez inspirándose en el estilo India Pale Ale, que tan altas cotas de éxito ha alcanzado en el sector cervecero independiente. Refermentada en botella y sin filtrar como sus hermanas es una cerveza que incorpora un mayor aporte de lúpulo del que tradicionalmente tienen las strong ales belgas, gracias al uso de 3 diferentes tipos de lúpulo, dotándola de notas afrutadas, florales y cítricas complementarias, y un mayor amargor con presencia de resinas al final.

La N'Ice Chouffe cumple la norma de la casa al no sufrir filtrado y sí segunda fermentación en botella. Como su propio nombre indica, haciendo un juego de palabras entre el término inglés "nieve" y "agradable", se trata de una cerveza ideal para los días del frío invierno, gracias a su cuerpo maltoso, y carácter alicorado, complementado con una serie de especias dulces y curaçao, creando un conjunto armonioso y reconfortante.

La Bok Chouffe 6666, con un nombre peculiar que encierra un juego de palabras (el 6666 es el distrito postal donde se encuentra la fábrica, y un macho cabrío parece en las etiquetas (bock en alemán) ), se trata de una cerveza destinada principalmente al mercado holandés donde las bocks tradicionalmente alemanas son muy apreciadas, en especial para ser consumidas en otoño. Su carácter caramelizado y licoroso, con el aporte de los matices propios de la levadura, marca de la casa, hacen de esta cerveza la opción ideal para esa temporada del año.


La Chouffe biere du Soleil, la novedad que lanzó este verano la brasserie para el mercado interior belga.

La Chouffe, biere du Soleil, una blond ale de estilo belga, ligera, baja en alcohol y con una lupulización que se advierte en nariz, pronunciando su frescor. Una cerveza especialmente pensada para consumir en los cálidos días estivales.


Ficha Resumen:
Nombre: Achouffe
Año de creación: 1982
Ubicación: Achouffe (Wibrin)
Webhttp://www.achouffe.be/
Cervezas: La Chouffe, Mc Chouffe, Chouffe Houblon, Bok 6666, N'ice Chouffe, Chouffe biére du soleil.
Permite visitasSí, tanto para grupos como para particulares. Programadas por horas. Es recomendable realizar reserva previa y recoger el ticket en la tienda, donde se gestionan las entradas para las visitas. El precio es de 9 euros para los adultos. Más información en http://www.achouffe.be/en/visit#reserveer.
Cervecería/sala de degustación: Sala de degustación sólo para visitas. La tienda está situada en un edificio adyacente.
Ciudad(es) visitable(s) en las proximidades: Rochefort. Lieja


Entre la decoración del restaurante La Grange, podemos encontrar animales de granja por todas partes. Un lugar que merece la pena conocer.

Tras la visita si el horario lo permite, resulta recomendable comer en Achouffe, bien en el propio restaurante que tiene la brasserie, o bien en el restaurante La Grange, que está especializado en gastronomía local, donde destacan las "pommes de terre" tan características de la región y que son servidas con piel. Lamentablemente el día que visité la fábrica estaba cerrado el restaurante, por lo que opté por la alternativa de La Grange (http://www.lagrangeachouffe.be/), y no defraudó en absoluto.

Se trata de un local muy pintoresco, situado junto a un pequeño lago donde dispone de una generosa terraza. Con una decoración atractiva y acogedora, es un sitio donde merece la pena comer, a juzgar por mi experiencia. En mi caso opté por un contundente plato de carne, un "steak la grange" de nada menos que 300 gr. Una pieza de sabrosa y tierna carne servida con salsa bearnesa y un cuenco de pommes de terre, con mantequilla y mahonesa, como guarnición. Todo ello regado con una Chouffe Blonde, como no podía ser de otra manera.


Caracole...


La fachada principal de la brasserie Caracole, una cervecera mítica para todo buen aficionado a la cerveza belga.

Tras la copiosa comida que pude disfrutar en Achouffe, era momento de dejar atrás el hogar de nuestro simpático amigo el gnomo, y ponernos en ruta de regreso hacia Dinant, no sin antes realizar una parada en la localidad de Falmignoul para la última visita programada en la jornada, una de las brasseries belgas, por las que manifiesto un entrañable cariño, no sólo por sus exquisitas cervezas, sino por la forma en la que están hechas, una muestra del  amor hacia el oficio de brasseur y su tradición, que se transmite inevitablemente al producto. Esta tradición, es palpable nada más adentrarnos en el rústico edificio de ladrillo donde se puede ver el rótulo de la brasserie. Una sala con un gran macerador, dos grandes hervidores y el célebre horno de leña, del que tanto hemos oído hablar los aficionados a la cerveza belga, nos dan la bienvenida. Acabamos de transportarnos más de un siglo atrás.

Un gran y espectacular macerador con siglo y medio de antigüedad da la bienvenida a los visitantes.

Sin embargo a brasserie Caracole comenzó su andadura tal y como la conocemos hoy en 1994 gracias a François Tonglet, cervecero y propietario de la brasserie. Su pasión por la cerveza venía de largo tiempo atrás, incluso antes de que fuera el dueño de La Cueva de Valonia, una de las mejores tiendas de cervezas de todas Las Ardenas. Allí llegó a ofrecer durante años más de 350 referencias de cervezas belgas. 


El propio François Tonglet nos explica con todo detalle la historia y funcionamiento de la brasserie, durante la visita.

Así fue hasta que en 1990 decidió probar suerte en el terreno de la fabricación, plasmando su pasión por el mundo cervecero  a través de sus propias recetas, junto a un amigo suyo de la infancia, Jean Pierre Debras. Unos años más tarde, en 1994 se trasladó al sur de la ciudad de Namur, concretamente a la localidad de Falmignoul, donde hoy podemos encontrar el edificio que alberga la brasserie Caracole. François, como muchos otros cerveceros belgas que comenzaron su actividad en la década de los 90, se encontraron con un gran número de fábricas de cerveza que cayeron en el olvido tras ver cerradas sus puertas a consecuencia de las guerras que asolaron el país durante la primera mitad del siglo XX y las crisis que las sucedieron y que afectaron al sector, tras el éxito de ventas de las pale lager industriales y los refrescos azucarados. Estas viejas fábricas en desuso, ofrecieron una gran oportunidad a los nuevos cerveceros que comenzaban a dar sus primeros pasos en el sector. Uno de estos viejos edificios, datado en el siglo XVIII e inactivo desde 1971, que ocupaba la antigua brasserie de Moussoux,  fue donde François decidió montar su propia fábrica. Esta antigua fábrica, mantuvo el apellido de la familia a la que perteneció hasta 1939,  año en el que se produjo la trágica destrucción de una de sus chimeneas, lo que provocó el derrumbe parcial del edificio, a causa de una tormenta de grandes dimensiones. La fábrica pasó a manos de M. Lamotte que la mantuvo en funcionamiento hasta 1971, teniendo que permanecer cerrada esperando a ser adquirida por un nuevo propietario, momento que no llegó hasta 1994, cuando François eligió el lugar para la instalación de la brasserie Caracole que hoy conocemos. El nombre lo eligió como un guiño a la fama de hablar despacio que tienen los habitantes de Namur, su ciudad de procedencia.

El molino de malta que se encuentra en la misma sala también es una reliquia con cerca de un siglo de vida.

Actualmente la brasserie de François cuenta con equipos de varias décadas de antigüedad, pero en buenas condiciones de uso, gracias a la cantidad de material de segunda mano que pudo recibir heredado de la antigua fábrica de cerveza y a lo que encontró en los alrededores. Entre estos antiguos equipos se encuentra un mash-tun con nada menos que siglo y medio de antigüedad y un molinillo para la malta de casi 100 años. 


El viejo horno de leña con el que se caliente el agua para los hervidores situados en la parte superior.

Aunque sin duda, lo que llama la atención con mayor fuerza tras los muros de ladrillo de la fábrica, son los hervidores empleados para la maceración y cocción, calentados con un horno de leña. Imponentes, hermosos y perfectamente funcionales, es como si el tiempo se hubiese detenido sobre sus hojas de metal. Continúan siendo utilizados tal y como se hacía hace más de 100 años, a pesar de las dificultades que obviamente puede entrañar el control estricto y constante de la temperatura del agua, al ser calentada con un fuego procedente de la combustión de leña que puede contener humedad. 

La enorme e impactante caldera de cocción situada sobre el horno que la calienta.

Todo el proceso posee una fuerte connotación artesanal, ya que la filosofía de la brasserie es preservar el antiguo arte y tradición de los viejos brasseurs belgas, elaborando cerveza a la antigua usanza, por lo que gran parte del trabajo se realiza en la fábrica es puramente manual, lo que resulta muy laborioso al precisar un gran esfuerzo físico. Una jornada de trabajo en un día de elaboración comienza a las 6 de la mañana y finaliza a medianoche tras calentar el fuego de los hornos de leña, hervir el agua, realizar el macerado de la malta molida, filtrar el mosto, bombearlo a la caldera de ebullición, y tras la cocción, enfriarlo y trasvasarlo al fermentador.

Los fermentadores de acero inoxidable, con menos años de uso, se encuentran en la parte posterior de la fábrica.

El edificio de la brasserie tal y como se puede comprobar en las visitas, está dividido en dos grandes partes, separadas por una sala de degustación. La parte delantera, situada completamente a la vista tras entrar es donde se llevan a cabo las primeras fases de la elaboración (calentado del agua, macerado, filtrado y cocción), la sala posterior de mayor tamaño alberga las instalaciones más modernas, como por ejemplo los tanques destinados a la fermentación, unos enfriadores de placas y una línea de embotellado semiautomática.

La línea de embotellado semiautomática utilizada por la fábrica.

Hoy en día la Brasserie Caracole llega a producir cerca de 2.700 Hectólitros de cerveza cada año, incluyendo las recetas elaboradas por contrato para otras pequeñas marcas locales que carecen de fábrica propia como por ejemplo Forestinne, un sello de cervezas no demasiado conocidas en España, pero que no resultan tan difíciles de encontrar en Bélgica.

La rústica sala de degustación donde lugareños y turistas disfrutan de las cervezas fabricadas por la brasserie.

Desde el año 2004 la brasserie puso en marcha una acogedora sala de degustación que se ha convertido en un lugar popular de la comarca, donde turistas y lugareños deciden disfrutar de agradables momentos bebiendo las cervezas de la fábrica. Esta sala de degustación permanece abierta únicamente para particulares los sábados durante todo el año (de 14h a 19h), aunque en los meses de verano, julio y agosto, extiende la apertura a todos los días de la semana, incluyendo los domingos en horario de 13 a 19 hrs. En el caso de los grupos puede resultar factible programar una visita para cualquier día de la semana, con un mínimo garantizado de personas.


Junto a la barra de la sala de degustación, se encuentra la zona dedicada a la venta directa al público, tanto de las cervezas elaboradas como de material de merchandising.

Por tan sólo 6 euros  podemos degustar las variedades elaboradas por la fábrica, tras realizar  una pequeña visita guiada en francés, neerlandés o inglés por las instalaciones de la brasserie para conocer la historia de la fábrica y los detalles del proceso de elaboración. Del mismo modo es posible consumirlas sin necesidad de realizar la visita, y comprarlas directamente a un precio atractivo, en la propia sala de degustación junto a la barra, ya que al mismo tiempo realiza las funciones de tienda de la cervecera.


La Triek, una de las elaboraciones fuera del portfolio fijo de la fábrica. Original kriek elaborada a partir de una witbier, la Troublette.

El portfolio de Caracole está compuesto por cuatro cervezas (Troublette, Ambrée, Saxo y Nostradamus), de las que además elaboran sus respectivas versiones BIO, y algunas producciones limitadas o de temporada, que en ocasiones son fruto de experimentos ocasionales y con resultados verdaderemente alentadores. Una de estas cervezas al margen del catálogo básico de la fábrica es la Triek, cuyo nombre es una pista obvia acerca de su composición: una Troublette con cerezas maceradas, tal y como se realiza en las populares kriek. Una cerveza singular, que tuve la oportunidad de probar y que me produjo buenas sensaciones, a pesar de no ser un tipo de cervezas de mi predilección. Notas de cereal, grano y pan en un fondo harinoso, con especias y un suave manto aromático de notas cítricas y más intensas de frutos rojos. Acidez bien compensada y final seco. Muy refrescante y fácil de tomar. Una alternativa a la tradicional kriek de fermentación espontánea, y que puede resultar más asequible con un gusto más delicado, más dulce y menos agreste para el gran público.


La nevera de la sala de degustación, repleta de cervezas listas a ser descorchadas.

Cervezas

Troublette (Witbier): De aspecto brumoso, velado, sin filtrar, ofrece la apariencia típica de una blanche de trigo belga. La Troublette destaca por su sensación en boca, su peso, y su cuerpo de intenso sabor, pero resultando al mismo tiempo muy refrescante. En aroma dominan los cítricos, como el limón, la corteza de naranja, bayas, vainilla y fruta tropical. En el paladar sale a relucir el trigo, y una presencia de lúpulo evidente sobre todo hacia el final. Una de las mejores cervezas de trigo belga del mercado.

Saxo (Blond Ale): Bautizada así en homenaje al hijo predilecto de Dinant, Adolphe Sax, inventor del saxofón, se trata de una blond ale bien carbonatada, compleja, y  de aroma intensamente afrutado con notas a naranja, confitura de frutas, peras y  manzanas. En boca se abre paso con fuerza el grano y las especias añadiendo complejidad y astringencia final. El lúpulo aparece igualmente logrando un conjunto muy equilibrado con un prolongado final.

Caracole (Amber Ale): Elaborada con una mezcla de 5 tipos diferentes de malta y dos variedades de lúpulo, junto con un toque de cáscara de naranja, es una cerveza de tono ambarino intenso, casi cobrizo, con un cuerpo redondo y pleno. Entre los sabores se pueden distinguir matices de malta, delicioso y suave caramelo y albaricoque especialmente, con un toque de corteza de naranja hasta finalizar con un regusto seco y ligeramente amargo.

Nostradamus (Brown Ale): La más potente y compleja de todas, se trata de una cerveza elaborada sobre una base de malta que despliega numerosas notas de caramelo y regaliz, junto con otras más sutiles y menos evidentes como jengibre, y nuez moscada. De carácter dulce y algo alicorado, es una cerveza de final astringente, portador de un leve ardor, capaz de reconfortar en las tardes de otoño e invierno.

Ficha Resumen:
Nombre: Caracole.
Año de creación: 1994
Ubicación: Falmignoul
Web: http://www.achouffe.be/en/visit#reserveer
Cervezas: Caracol Ambrée, Troublette, Saxo y Nostradamus.
Permite visitas: Sí, los sábados de 14h a 19h. Durante los meses de julio y agosto es posible hacerla cualquier día de la semana. El precio de la visita es de 6 euros. Incluye degustación.
Cervecería/sala de degustación: Sí, interior. Incluye tienda.
Ciudad(es) visitable(s) en las proximidades: Dinant

Tras la visita a la brasserie de Caracole, era momento de regresar de nuevo a Dinant donde me esperaba una cena en el conocido restaurante Chez Bouboule, (http://www.chezbouboule.be/),  con más de 50 años de experiencia y especializado en la preparación de los célebres mejillones al vapor con patatas fritas, uno de los platos embajadores por excelencia de la cocina belga. Situado en la calle Adolphe Sax, y con vistas hacia el río y el embarcadero, el restaurante Chez Bouboule, ofrece una nutrida carta que cuenta con variedad de carnes y pescados a la parrilla, y más de 30 formas diferentes de preparar los mejillones. 


Aspecto imponente de la olla repleta de mejillones quisados con ajo, champiñones y crema. Fantásticos. Sin duda, uno de los lugares donde mejor cocinan los mejillones de toda Bélgica.

La elegida por mi, fue la que llevaba ajo, champiñones y crema. Absolutamente deliciosos. Nada menos que 1,2 kg de mejillones acompañados de un cuenco de sabrosas y tiernas patatas fritas, como saben hacer muy bien los belgas. Para acompañar la cena, la elegida fue la Gauloise Brune, de la Brasserie du Bocq, por recomendación de la carta. Una cerveza de maltas tostadas, y abundantes notas a toffee, caramelo, fruta oscura, y especiadas (cilantro,pimienta...) apoyadas sobre un cuerpo poderoso y un final redondo. Una gran cerveza, aunque quizás para combinar con los mejillones, mi elección hubiese sido otra.

Con este magnífico colofón dio por concluida la jornada. Ya sólo quedaba por delante un día más para conocer las últimas brasseries que iba a visitar durante mi ruta cervecera por Valonia, a las que irá dedicado mi siguiente post.


domingo, 7 de septiembre de 2014

Ruta cervecera por Valonia (parte VI): Abadía de Maredsous, Museo de la cerveza belga en Lustin, Dinant y el Museo Leffe


El cuarto día de la ruta cervecera por Valonia, tras dejar atrás Chimay, me tenía que llevar hasta la bella ciudad de Dinant, en el corazón de la provincia de Namur. De camino a la ciudad natal de Adolph Sax, el inventor del saxofón, el programa de la jornada comenzaba con una visita a la abadía de Maredsous, artífice de una de las mejores cervezas de abadía que hay en Bélgica, y cuyo prestigio ha llegado a traspasar las fronteras belgas.




Lo primero que llama la atención tras llegar al complejo de la abadía de Maredsous, es el magnífico entorno en el que se encuentra ubicada, un auténtico paraje idílico repleto de prados y bosques que rodean la abadía rebosando verdor, en el centro del valle de la Molignée, un afluente del río Meuse, en la provincia sureña de Namur, a tan solo 21 km de la bella Dinant. Aparte, los imponentes edificios de estilo neogótico que forman parte del conjunto de la abadía, y que sobresalen por encima de las copas de los árboles, dan la bienvenida al visitante, emanando una sensación de plenitud con una marcada espiritualidad que no deja indiferente al visitante.


Exterior del centro de recepción de visitantes de la abadía de Maredsous, donde se puede observar su espaciosa terraza.

Tras aparcar en el parking destinado a las visitas me dirigí hacia el centro de recepción de visitantes St. Joseph donde tenía concertada una cita con quien iba a ser mi guía personal durante mi visita, M. Mattelart. Construido manteniendo la estética de todo el complejo, el centro de recepción de visitantes cuenta con una agradable terraza exterior donde es posible comer y degustar las variedades de cervezas elaboradas con el nombre de Maredsous, así como los quesos de la abadía y demás platos preparados en el restaurante situado en el interior. 

En el interior del centro de recepción de visitantes es posible adquirir productos gastronómicos de la región, donde destacan los quesos.

El centro de visitantes cuenta además con varios salones interiores donde se puede comer en caso de que la climatología no acompañe, una tienda donde es posible adquirir los productos elaborados con el sello de la abadía, y otros productos de la tierra donde destacan especialmente las cervezas y los quesos, y una tienda librería donde se venden objetos religiosos y souvenirs entre otros artículos. También es el lugar donde los visitantes pueden encontrar toda la información sobre la abadía, su entorno, y los lugares de interés de la comarca que rodea la abadía. De allí parten los tours guiados para visitar abadía, que por tan sólo 2,50 euros permiten recorrer las distintas estancias como la iglesia, el claustro o la sala capitular entre otros.

La abadía y su historia...

La abadía de Maredsous fue fundada en el año 1872 por monjes benedictinos alemanes originarios de la abadía de Beuron (bajo la dirección de Hildebrand de Hemptinne que era un monje de procedencia belga en el monasterio alemán, y que más tarde se convirtió en el abad de Maredsous) siendo una de las primeras en restablecerse en Bélgica, tras los periodos de la Revolución Francesa y Napoleónicos. La Abadía Maredsous es miembro de la Congregación de la Anunciación de la Confederación Benedictina y en la actualidad son 32 los monjes que viven en la abadía rezando y trabajando, siguiendo la regla de San Benito ("ora et labora") que rige su vida monástica. El edificio que podemos contemplar actualmente se encuentra construido en una interpretación particular del estilo neogótico. Obra del arquitecto Jean Baptiste Béthune, la abadía de Maredsous representa la visión que se tenía en el siglo XIX de la arquitectura medieval y lo que debía ser un edificio religioso que pudiese ser el hogar de una comunidad monástica, por lo que caminando por sus pasillos, patios y estancias, vemos representados los valores de la orden monástica benedictina a la cual pertenece la abadía. 


Grandiosa y al mismo tiempo austera fachada de la iglesia de la abadía de Maredosus.

El diseño del edificio y la distribución de sus estancias responde al de la abadía cisterciense de Villers-la-Ville (Bravante valón) del siglo XIII, que fue tomada como modelo. A pesar de que la planificación del edificio y el diseño de gran parte de la ornamentación y mobiliario se debe a Jean Bauptiste, los frescos que decoran algunas partes de la abadía se deben en este caso a la influencia alemana de la abadía de Beuron que supervisó los trabajos en esta parcela de la mano de Didier Lenz.

La paz reina en el interior del bello claustro neogótico de la abadía de Maredsous.

Precisamente este vínculo germánico le valió a la abadía un salvoconducto virtual, durante las dos Guerras Mundiales, que evitó que fuera destruida y saqueada por el ejército alemán, como sucedió con otros monasterios y fábricas de cerveza belgas.

Hoy en día, la abadía ostenta un reconocido prestigio como centro de conocimiento y estudios teológicos sobre la Biblia, con una biblioteca que alberga más de 400.000 volúmenes, manuscritos, y diferente publicaciones que versan sobre leyes religiosas, aspectos litúrgicos, historia de monasterios y otros temas religiosos.


Las cervezas...


A pesar de la tradición cervecera de la abadía en el pasado y a diferencia de los monasterios trapenses productores de cerveza, desde 1963 ya no se fabrica cerveza en el interior de la abadía, sino que se realiza en una fábrica externa bajo licencia del grupo Duvel Mortgaat. Pero a pesar de que los monjes no están directamente involucrados en el proceso de elaboración, las cervezas Maredsous que se fabrican actualmente aún conservan nexos de unión con el pasado cervecero de la abadía y preservan la filosofía benedictina, llegando a destinar parte de los beneficios obtenidos por la venta de la cerveza a obras de caridad. La receta empleada para las elaboración de las cervezas de Maredsous, aún hoy en día continúa siendo la receta original del padre Atout, que ha sido guardada celosamente como el mayor de los secretos, y cuya copia manuscrita aún se conserva en la biblioteca de la abadía.

En el centro de recepción de visitantes, es posible llevarse las 3 variedades en prácticos y atractivos packs que incluyen una copa de regalo.

El portfolio de cervezas de Maredsous se compone de 3 referencias: la blond, la brune y la tripel. En principio las tres variedades se elaboran siguiendo el mismo proceso, y utilizando las mismas cepas de levadura registradas y las mismas variedades de lúpulo (Saaz y Styrian Goldings), sufriendo una segunda fermentación en botella en todos los casos. El resultado es un trío de cervezas que comparte un marcado sabor afrutado y un elegante toque de levadura, aunque también mantienen obvias diferencias entre ellas, al margen del creciente contenido en alcohol, oscilando entre los 6º y 10º.

También es posible adquirir cada una de las variedades por separado. Especialmente llamativas resultan las botellas de 75cl.

La Maredsous Blond 6, la más ligera y accesible de las tres variedades. Se trata de una blond típica de abadía, muy bien equilibrada y de cuidada factura. De gusto semidulce y algo especiado, de cuerpo medio y notas a levadura resulta fácil de beber.
Es una cerveza que se puede beber bien sola, o acompañada de comida, e incluso como cerveza de sesión para consumir a diario, aunque con cierta moderación por su contenido alcohólico de 6º.

La Maredosus Brune 8, destinada a ser la edición especial para la temporada de Navidad, ha visto crecer su popularidad hasta convertirse en una cerveza de consumo habitual. Todo un clásico dentro del género de las cervezas de abadía, que puede ser disfrutada en cualquier momento del año. Se trata de una cerveza de tonos oscuros y sabores caramelizados a malta tostada y frutos secos, junto con suave café, pasas y un final seco, todo dentro de un perfecto equilibrio. Una cerveza que mejora con el tiempo, aunque no esté pensada específicamente para madurar durante prolongados periodos en botella.

La Maredsous Tripel 10, suele resultar la preferida de los más cerveceros y conocedores del género. De un color ámbar intenso y muy aromática, con matices de levadura, toffee, azúcar y cítricos destaca por su gran sabor y potente cuerpo, resultando un gran exponente dentro del estilo al que pertenece. Su elevado contenido alcohólico con 10º, aún siendo perceptible, en especial al final, no enmascara sabores ni distorsiona el conjunto.

El aperitivo ideal que sirven en la cantina del centro de recepción de visitantes. Una magnífica forma de conocer las 3 variedades de cerveza de la abadía, acompañadas de un queso de fino sabor.

Para los visitantes de la abadía la opción ideal es la degustación que se puede pedir en el restaurante/cafetería del centro de recepción de visitantes de St. Joseph, acompañados de un cuenco con taquitos de queso. Tras la finalización de la visita es la guinda perfecta.

La fabricación de queso es otra de las tradiciones gastronómicas de la abadía, y que se deben al igual que en el caso de la cerveza al padre Atout, cuyas recetas para la elaboración de los quesos se encuentran guardadas en la abadía, custodiadas por el abad Bernard Lorent y los monjes de la comunidad, quienes se encargan de mantener viva la tradición quesera de la abadía, que ha permanecido inalterable durante siglos.

Ficha Resumen:
Nombre: Abbaye de Maredsous
Año de creación: 1872
UbicaciónDenee (Rue de Maredsous 11, B-5537)
Webhttp://www.maredsous.be/
Cervezas: Maredsous 6 (blond), Maredsous 8 (brune) y Maredsous 10 (triple)
Permite visitas: Sí. Por sólo 2,50 euros, los adultos, 2 euros jubilados y estudiantes y 0,50 euros niños entre 12 y 18 años, es posible hacer un recorrido por diferentes estancias de la abadía, como la iglesia o el claustro, que parte del centro de visitantes de St.  Joseph.
Cervecería/sala de degustación: Sí. Varios grifos con las 3 variedades en botella. También es posible adquirir diferentes estuches de regalo y packs con las cervezas de la abadía, así como por separado. Hay cocina, y posibilidad de degustar otros productos de la abadía y la comarca al margen de la cerveza..
Ciudad(es) visitable(s) en las proximidades: Dinant.

Museo de la cerveza belga de Lustin...

La siguiente parada en la ruta de la jornada era el Museo de la Cerveza Belga, situado en la pequeña localidad de Lustin, (rue de la Gare 19), no muy lejos de la bella Dinant. Se trata de un pintoresco lugar, que no suele figurar en las guías de turismo, aunque a mi particular juicio y al de otros muchos coleccionistas de breweriana, repartidos por todo el mundo, es una visita que no debería faltar en la agenda de los amantes de la cerveza belga y su historia.

El edificio que alberga el museo-café de la cerveza belga de Lustin.

El museo es la manifestación de una pasión por la cerveza belga, por parte de su fundador, Christianne Lejeune, quien vive en el propio edificio donde se ubica el museo, desde 1979. Christianne, además de ser el conservador del museo, es el presidente de la asociación sin ánimo de lucro "Guilde des tâte-bière"  que él mismo fundó a raíz de su impresionante colección cervecera, con el  objetivo de intentar custodiar el patrimonio de la cerveza belga y promocionarla. 

Impresionante aspecto de una de las salas del interior del museo, donde se acumulan miles de botellas en paredes y estanterías.

El museo en realidad se trata de una colección privada, perteneciente al propio Christianne, formada por más de 20.000 botellas y 15.000 piezas de cristalería cervecera entre copas, jarras y vasos de cerveza belga. Entre sus piezas se encuentran algunas de gran valor y antigüedad, como una botella de 1830, la más antigua de la colección, u otra botella, en este caso llena, con su contenido original, procedente de 1944. Sin duda, una de las colecciones cerveceras más valiosas de Europa y todo el mundo.

Impresionante colección privada, donde las botellas y jarras prácticamente alcanzan el techo del local.

Resulta asombroso contemplar las numerosas estanterías repletas de botellas de cerveza, donde parece que no resulta posible que quepan más. A pesar del aparente desorden, las botellas se encuentran ordenadas por el código postal belga de la brasserie donde fueron elaboradas.

Algunas piezas de la colección atesoran décadas de historia, como la que se puede observar en la imagen de 1912.

Muchas de las estanterías se encuentran cubiertas por gruesas lonas de plástico a fin de preservar las piezas que se encuentran en ellas. Otras botellas sin embargo se encuentran al descubierto, como algunas series de principios del siglo XX, dejando que se acumule el polvo en ellas, lo que les dota de un aire de antigüedad y misterio. Lo cierto es que el lugar rezuma historia, y desprende el encanto de lo antiguo y decadente, lo que le añade un singular atractivo que apreciarán los visitantes más nostálgicos.

El museo también cuenta con un café-bar en el interior donde se puede consumir alguna de las más de 800 referencias distintas que ofrecen.

El museo además cuenta con un pequeño bar donde es posible degustar alguna de las más de 800 referencias de las que disponen para consumir en el propio local, o para ser compradas. El museo de hecho también funciona como lugar de reunión para cerveceros, que compran e intercambian piezas para sus respectivas colecciones. De forma periódica la asociación que preside Christianne organiza encuentros cerveceros en el museo que logran atraer a coleccionistas del mundo entero.

Las botellas se encuentran situadas tras lonas de plástico protectoras para facilitar la conservación de las numerosas piezas de la colección.

Sin embargo, a pesar de los más de 20 años de historia en los que el museo ha permanecido abierto al público, corre el riego de ser cerrado por problemas financieros. No son pocos los interesados en que el museo continúe abierto. Canadienses, estadounidenses han querido comprar el museo,  e incluso reconstruirlo en otro lugar, trasladándolo piedra a piedra como en el caso de los japoneses. De momento continúa abierto durante los fines de semana y festivos de 11 a 19, aunque se recomienda llamar con antelación. Y lo mejor de todo: la entrada es gratuita. 

Algunas de las botellas de 75 que disponían para venta y consumo. Muchas de ellas totalmente desconocidas en el mercado español.

Dinant...

Tras la visita al museo, me dirigí hacia Dinant, para disfrutar de sus múltiples encantos. Dinant es una pequeña ciudad valona llena de encanto y belleza con algo más de 14.000 habitantes. Sin duda es una ciudad que no debe faltar en cualquier ruta que se programe para visitar Valonia. Gran parte de su belleza y singularidad se la otorga su ubicación, a orillas del río Mosa encajonada entre grandes peñascos y montañas rocosas. Por este motivo Dinant es conocida como "la Hija del Mosa". Este río fue durante la Edad Media una importante vía fluvial navegable, que permitía el transporte de mercancías de su próspera actividad comercial. Hoy en día hay varias compañías que ofrecen la posibilidad de dar un paseo en barco por el río Mosa.

La primeras menciones a Dinant datan del siglo VII, siendo mencionada como asentamiento a orillas del río. Dada su estratégica situación en la ribera del Mosa, alcanzó una gran importancia rápidamente, siendo una de las principales poblaciones de la región. Ya en el siglo XI contaba con su propia Iglesia, un puente de piedra, un mercado y una primera fortificación para la defensa de la ciudad y vigilancia del río. Su privilegiada ubicación también la puso en el punto de mira de asedios e invasiones en diferentes contiendas bélicas a lo largo de la Historia. En la actualidad es la segunda población más importante de la región de Namur.

Una de las panorámicas más conocidas de la ciudad de Dinant. No por ello resulta menos bella.

Dinant es muy conocida no sólo por sus espectaculares vistas sino por su hijo más ilustre, Adoplhe Sax (1814-1894), el inventor del saxofón, algo que queda patente a lo largo de toda la ciudad, por lo que los amantes del jazz pueden rendir su particular homenaje al instrumento y su creador. Si cruzamos el Puente Charles de Galle podemos contemplar al aire libre una colorida y vistosa exposición de 28 esculturas de saxofones de gran tamaño, realizadas por Rafael López Garcinuño, y cuya decoración simboliza cada uno de los países miembros de la Unión Europea. 

El puente Charles de Galle que une ambas orillas del río Mosa, donde se pueden contemplar diferentes esculturas de enormes saxofones.

Esta exposición se creó con motivo del 160 aniversario del nacimiento del inventor del saxofón en 2010, y aún es posible contemplarla. También es posible visitar la Maison Sax, la casa donde vivió y trabajó el genial músico, y que hoy funciona como Museo del Saxofón, un espacio dedicado a la historia de este instrumento y su inventor. Una visita imprescindible, si tenemos en cuenta que además la entrada es gratuita. Otro lugar de interés es la Maison de la Pataphonie, un museo relacionado con el mundo del sonido y la musicalidad, donde cobran un particular protagonismo objetos de carácter cotidiano transformados en instrumentos musicales.

El saxofón omnipresente en muchos de los rincones de la ciudad de Dinant, la cuna de su inventor Adolph Sax.

Otra visita imprescindible es la Ciudadela, una fortificación construida en el año 1048 sobre el peñón Bayart, dominando la panorámica sobre el río Mosa, a la que se puede acceder bien subiendo los más de 400 escalones que hay hasta la cima, o bien mediante teleférico. 
La fortaleza original fue mandad construir por el obispo de príncipe obispo de Lieja, pero con el paso de los siglos fue demolida y reconstruida de nuevo en varias ocasiones hasta lograr su aspecto actual que se remonta 1818.

Impresionantes vistas desde lo alto de la ciudadela de Dinant, con la ciudad y el río Mosa abajo.

Aparte de las impresionantes vistas, en la Ciudadela se puede visitar una exposición sobre la historia de la ciudad y un Museo de Armas, donde se exhiben sables y antiguas armas de fuego, como mosquetones y trabucos desde la Alta Edad Media hasta la II Guerra Mundial. Destaca además la exposición relativa a los acontecimientos que tuvieron lugar en la propia ciudad durante la invasión que sufrió por los alemanes durante la I Guerra Mundial, de la que se cumplía el centenario en 2014.

Mural de la exposición dedicada a la I Guerra Mundial que representa la invasión de la ciudad por el ejército alemán.

Aparte de la exposición y del museo, un paseo por el recinto nos lleva a recorrer algunas de sus estancias como el patio de armas, donde hay algunos cañones antiguos, el polvorín, el puente levadizo, los búnkeres, los calabozos, las cocinas y la panadería.
Pero sin duda el principal atractivo de la Ciudadela es poder contemplar las bellas vistas de las que dispone, las mejores de la ciudad junto con las que se pueden disfrutar desde el otro lado del río, cruzando el mencionado puente Charles de Gaulle.

Interior del templo de la colegiata de Notre-Dame donde destaca un hermoso conjunto de vidrieras.

En el caso urbano, también destacan algunos otros lugares de interés como por ejemplo, la Colegiata de Notre-Dame, construida en estilo gótico a los pies de la Ciudadela, y cuya fachada principal suele aparecer en las panorámicas típicas de la ciudad, donde destaca su campanario con forma de bulbo. En su interior destacan un púlpito del siglo XVIII y sus llamativas vidrieras.

En los alrededores de la ciudad también hay un algunos atractivos turísticos, que en caso de disponer el tiempo suficiente pueden suponer una opción interesante como por ejemplo, la cueva de Merveilleuse, una de las grutas más importantes de Bélgica o los cercanos castillos de Celles-Vêves, Lavaux-Sainte-Anne y Freÿr.

En el terreno gastronómico Dinant es conocido también por dos productos: Por un lado, la "Couque de Dinant", una tradición de la pastelería Jacobs de Dinant. Se trata de una gran galleta, hecha a base de harina de trigo, miel pura y azúcar, que tiene la fama de ser la más dura del mundo, y por otra parte, por supuesto la cerveza, ya que en la ciudad y su comarca se encuentran lugares tan emblemáticos para los aficionados cerveceros como la abadía de Leffe y las brasseries Caracole y du Bocq entre otras.

Leffe...

Leffe fue mi última cita de la jornada tras la visita de los principales atractivos de Dinant. Estamos hablando sin duda una de las cervezas de abadía más conocidas de todo Bélgica. El origen de sus populares cervezas se remonta al siglo XII cuando fue construida la Abadía de Notre Dame por una comunidad de monjes premonstratenses en las cercanías de la ciudad de Dinant, en la confluencia de los rías Mosa y el Leffe (que daría nombre posteriormente a la abadía). La abadía fue durante siglos un centro de producción cervecera en la región. Los monjes de la abadía elaboraron cerveza según dictaba su tradición hasta que en 1796 la abadía fue expropiada por el estado francés, como consecuencia de las políticas anticlericales de los gobiernos que sucedieron a la Revolución Francesa. Finalmente en 1809 se suspendió la actividad cervecera en la abadía y fue vendida en 1816 para transformarla en un taller. En 1929 se restableció la abadía, pero aún no su funcionamiento como fábrica de cerveza que no fue recuperado hasta década de los 50, cuando el abad de la abadía, Nys, llegó a un acuerdo con el maestro cervecero de Bruselas, Albert Lootvet, para reanudar la producción cervecera en la abadía, aplicando las mismas recetas que utilizaron los monjes desde la Edad Media. En la actualidad Leffe pertenece al macrogrupo cervecero AB Inbev, y ya no es fabricada en la abadía, sino en la fábrica de Stella Artois de Lovaina, aunque continúan respetando la esencia del carácter de sus cervezas, basándose en el conocimiento que mantuvieron los monjes durante tantos años en materia cervecera.

Cartel que anunciaba el museo dedicado a la cerveza Leffe en el Hotel La Merveilleuse.

A pesar de que el edificio de la abadía de Leffe fue declarado "Edificio de Interés Histórico" en 1937, sólo es visitable una pequeña parte del edificio, que corresponde a un patio interior y la antigua biblioteca de la abadía. Además las visitas se encuentran restringidas a tan sólo los miércoles y los domingos a las 15:00, aunque la entrada es gratuita. La limitación de las visitas se debe a que la comunidad de religiosos que continúa viviendo en la abadía, pretende salvaguardar la atmósfera espiritual de paz y sosiego que necesitan para su vida de oración. Si embargo el aficionado cervecero puede realizar la visita al Museo Leffe de Dinant, ubicado en el interior del Hotel La Marveilleuse, ubicado en lo que fue a su ve un antiguo monasterio, un lugar sin duda mucho más interesante para los fieles seguidores de la marca.

La sala principal del museo hace sentir al público como si estuviera en el interior de una iglesia.

Por un precio de siete euros nos podemos adentrar en la historia de la abadía de Leffe, su tradición cervecera y el proceso de elaboración de sus cervezas a través de una excelente y didáctica exposición que cuenta con los mejores y más innovadores medios y ambientada de forma magnífica, ya que por un momento parece que estuviéramos en la nave central de una iglesia, rodeados de vidrieras, y las capillas hubieran sido sustituidas por en objetos de exposición, vídeos interactivos, pantallas táctiles y paneles informativos, que permiten al visitante conocer la artesanía y tradición que hay tras las cervezas Leffe.

Uno de los interesante vídeos interactivos del museo originalmente proyectado en una pantalla plana camuflada en un cuadro.

Dentro del museo llama especialmente la atención la mimetización de las pantallas donde se proyectan los vídeos en el interior de ornamentados marcos de cuadro, o la posibilidad de oler mediante un curioso mecanismo, los diferentes ingredientes que forman parte de las cervezas, desde la malta hasta el lúpulo y las especias, tan habituales en la tradición cervecera belga, y que ayuda a identificarlos y asociarlos con los que se pueden encontrar en cada una de las variedades de Leffe.

El museo contaba con archivo fotográfico e instrumental antiguo perteneciente a la fábrica de cerveza de la abadía.

Además la exposición cuenta con un buen número de valiosas piezas históricas de instrumental utilizado en otras épocas para la elaboración de cerveza en la abadía, así como una muestra representativa de fotografías que reflejan el modo en el que se trabajaba en la fábrica de cerveza de la abadía.

La gama de Leffe al completo en formato de 33 cl.

La visita cuenta además con la posibilidad de realizar una degustación  de 3 cervezas a elegir de entre las 9 variedades de Leffe producidas actualmente:
Blond, una suave cerveza rubia de abadía con 6,6º de alcohol.
Brune, una dulce, tostada y afrutada cerveza de abadía con cierto cuerpo y con 6,5º.
Royale, una particular blond belga de 7,6º, de matices afrutados, cítricos y florales, en la que se usan tres variedades de lúpulo.
Ruby, una cerveza de color rojizo, y marcado acento afrutado con notas a frutos rojos, bayas y flores, con tan sólo 5º de alcohol.
Nectar, una suave cerveza rubia con un delicado toque de levadura y miel y 5,5º de alcohol, que hacen de ella una cerveza fácil y agradable de beber.
Radieuse, una cerveza especial, de color cobrizo y sabor agridulce, especiado y alicorado, gracias a sus 8,2º. 
Rituel 9, una potente cerveza, de firme cuerpo y sabor intenso afrutado y especiado con 9º de alcohol.
Tripel, una cerveza robusta de color ambarino y abundantes notas de levadura y fruta con 8,5º de alcohol.
Kerst o Christmas, la edición especial de navidad con 6,6º, y gusto a caramelo y clavo,que la hacen ideal para la temporada de invierno.

Las 3 variedades elegidas para la degustación: Ruby, Royale y Christmas.

La visita finaliza con la entrega de un bonito obsequio especialmente valorado por los coleccionistas de cristalería cervecera, una copa de vidrio en forma de cáliz con el logo de la abadía de Leffe grabado en ella, junto con una botella de cerveza de 33cl. a elección del visitante de entre todo el portfolio de la marca. 

Y con esta visita finalizó mi jornada, regresando al hotel para cenar y descansar. El hotel elegido para alojarme en la zona fue el Hotel Castel de Pont-à-Lesse de la cadena Best Western, un antiguo palacete situado en un precioso entorno natural en las afueras de Dinant, y que cuenta con un buen número de comodidades como por ejemplo una estupenda piscina climatizada, para relajarse tras una larga jornada de visitas.

La cerveza elegida para la cena, la Gauloise Blonde, de la brasserie Du Bocq, con un increíble aspecto servida en su copa.

También cuenta con un restaurante que dispone de buena cocina, por si se desea comer o cenar en el propio hotel, sin necesidad de desplazarse al centro de la ciudad. En mi caso disfruté de una cena con menú preparado a base de platos de verduras y pescado exquisitamente cocinados, y rematado por un original postre consistente en un sorbete de frutos rojos con una presentación nada convencional. Para acompañar la cena, elegí una de las cervezas de la zona.  La Gauloise Blond producida por la Brasserie du Bocq, una efervescente blond belga, de generosa espuma blanca y con sauves matices a piel de naranja, peras y levadura, con el complemento de las especias en boca, un toque de pimienta que junto con el vivaz carbónico acentúa la sensación burbujeante y picante en boca. Una buena cerveza que funciona bien como aperitivo para despertar el apetito, pero que se queda algún escalón por debajo de otras blond belgas que probé durante el viaje.

Tras la cena me esperaba al día siguiente una jornada completa, con visita a 3 brasseries: la modesta fábrica de St. Monon, Achouffe, y Caracole, que detallaré en mi próximo post.