martes, 22 de marzo de 2011

Flying Dog, un perro volador en USA


Hace un par de semanas hablaba de un avestruz holandés cuando estuve hablando acerca de la holandesa 't Ij, y ahora de un perro ¿volador? made in USA. A pesar de que esto pueda ir pareciendo un zoo de rarezas, seguimos hablando de cervezas. En esta ocasión de la norteamericana Flying Dog, afincada en Maryland. Es precisamente el logo comercial, el nombre, y sobre todo las etiquetas tan originales de esta cervecera, lo que me empujó a interesarme por ella. En seguida encontré muchas y muy buenas referencias respecto al buen hacer de de esta compañía de manos de George Stranahan y Richard McIntyre desde el año de su fundación en 1990. 
Pero, como ocurre con muchas cerveceras, detrás de la historia de su nacimiento existe una leyenda, a pesar de ser una compañía de historia relativamente reciente. Y esta leyenda viene de más atrás. Concretamente de 1983, que fue cuando la idea de fundar una compañía cervecera con el nombre de Flying Dog, tuvo su origen en un viaje, o más bien, una aventura escaladora que emprendió George junto con unos amigos hasta Pakistán, con el ánimo de coronar nada menos que el K2.
A pesar del riesgo que corrían, ya que carecían prácticamente de preparación, comenzaron el viaje con ilusión guiados por un sherpa con un burro y una maleta llena de contrabando. Y claro, el viaje no fue sobre ruedas precisamente. A mitad del viaje, se complicó la situación, ya que George y sus amigos fueron abandonados a su suerte, por el sherpa que se llevó consigo el burro y la maleta. Se habían quedado sin medio de transporte y sin provisiones. Afortunadamente pudieron salir de la montaña con vida, y tras una experiencia tan difícil como aquella, pero que a fin de cuentas no había acabado tan mal, tenían que celebrarlo. Dada la prohibición del alcohol que hay en los países musulmanes, les costó encontrar un local donde poder tomar ese trago reponedor, pero afortundamente encontraron el bar de un hotel en el que siendo extranjeros era fácil que les sirvieran alcohol.
Tras haber tomado algún trago que otro, George reparó en un cuadro del bar del hotel, en el que había un perro volador, dibujado por un artista local. George tomó la inspiración a partir de esta imagen, para no imponerse límites, ya que si un perro era capaz de volar aunque fuera en un cuadro, y ellos habían llegado hasta Pakistán, tras vivir una aventura, qué límites podrían tener para emprender otras nuevas aventuras? No había nada imposible. A partir de entonces, el perro volador se convirtió en el símbolo que George y sus amigos utilizaron para describir lo
que habían crecido espiritualmente en aquel increíble viaje.


Tras aquella experiencia en 1990, de nuevo George emprendió una nueva aventura, mezclando montañas y difíciles retos,  con la apertura de una cervecera en Aspen (Colorado), siendo la primera en abrirse en esta localidad en 100 años. En 1991 se lanzó al mercado la Flying Dog "doggie style", que ganó el premio a la mejor pale ale americana de aquel año, por lo que la reputación de la compañía creció rápidamente, lo que provocó que la demanda pronto superara a la producción de la pequeña cervecera. Para hacer frente al incremento de la demanda, se fundó en 1994 una fábrica en Denver, la capital del estado, lo que hizo posible distirbuir la cerveza desde allí a un total de 45 estados, casi la totalidad de todo el terrirorio estadounidense. Finalmente Flying Dog compró una nueva fábrica en Frederick (Maryland) en Mayo de 2006, dando lugar a un traspaso de la producción desde Denver hasta Maryland, finalizando en 2008, cuando se produjeron las últimas botellas en la planta de Colorado. En la actualidad la fábrica produce 100.000 barriles al año, y ofrece un portafolio de cervezas muy amplio y variado en el que destacan: La Gonzo Imperial Porter, la Imperial Coffee Stout,  y  la  Raging Bitch Belgian Style IPA, entre otras.
La Snake Dog IPA será la que protagonice la ficha de cata de la entrada de hoy.
Una de las señas de identidad de la compañía estadounidense son los dibujos utilizados en las etiquetas obra de un artista vanguardista Ralph Steadman.



Cata:

Graduación: 7,1º


Apariencia: De color ámbar, es una cerveza transparente y bien gasificada. De aspecto bastante atractivo, con una capa de espuma de dos dedos de espesor aproximadamente que va decreciendo poco a poco, sin llegar a desaparecer del todo.

Aroma: Fuertemente aromática. Se detectan en ella de forma predominante los aromas a hierbas y pino, junto con olores a cítricos (pomelo, naranja), con algunas notas terrosas y otras dulzonas (caramelo). Sin duda el punto más destacable junto con la apariencia.

Sabor y textura: De cuerpo medio, no presenta tanta complejidad ni intensidad como cabría esperar, teniendo en cuenta tal y como se presenta en nariz. Aquí a mi parecer, es donde resta parte de los puntos acumulados en las fases precedentes.
Se detecta algo de dulzor al comienzo, en combinación con el alcohol que aparece de forma un tanto punzante, lo que no me termina de convencer, incrementándose esta sensación hasta el final del trago, donde aflora el amargor que es más detectable en un prolongado regusto,  aunque en combinación con el alcohol que termina siendo casi tan perceptible como el propio lúpulo, "contaminando" un tanto el resultado final.

En resumen:
Una cerveza por encima de la media de las cervezas comerciales, pero de la que esperaba un poco más, dada la reputación de la cervecera y las opiniones que había oido acerca de esta IPA.

Nota: 6,75/10

4 comentarios:

  1. A mi si me gustó bastante, y eso que la primera que probé (cuando aún no era precisamente un "adicto" al lúpulo) no me gustó por extrema!!!! Quien lo diría ahora!

    Por cierto, otro buen post... Acumulando un bestiario variado... Al plan que vas montas un zoo en vez de un blog cervecero, jejeje!

    Saludos!

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  2. Yo iba con muchas expectativas por lo que había oido hablar, y sí, he de reconocer que me defraudó un poco, incluso en una segunda vez. Prefiero otras IPA como la Vuur & Vlam de la holandesa De Molen, que tomé no hace mucho (una botellita de 3/4 para mi solito ;-)), y me pareció deliciosa.

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  3. Nosotros vendemos la Doggie Style, y sólo recibimos críticas positivas. De la Snake Dog no puedo opinar, pero sí que tengo altas expectativas con esta cervecería, y eso a veces es peligroso.

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    1. La Snake Dog para mi gusto tenía en el alcohol demasiado prominente, pero claro esta fue la sensación cuando la probé hará un tiempo. Tendría que revisar mis notas de cata de nuevo, con una nueva prueba. Lo mismo mejora algo mi apreciación, o lo mismo no; ). En cualquier caso, sí que puedo afirmar que no se encuentra entre mis IPAs norteamericanas preferidas ni entre las mejores cervezas de Flying Dog a mi parecer. La misma Doggie Style o la Raging Bitch me gustaron más. Salu2!

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