miércoles, 20 de julio de 2011

Weihenstephaner Korbinian, ave fénix milenaria


Hoy voy a hablar de la más antigua cervecera que existe en Alemania, (y probablemente en el  mundo) que perdura hasta nuestros días, la Weihenstephan. A pesar de la agitada historia que hay detrás de esta cervecera, hay algo que ha permanecido prácticamente inalterable: su cerveza. 

Algo de historia...
La historia de esta cervecera milenaria comienza allá por el año 725, cuando San Corbiniano (San Korbinian) fundó el monasterio benedictino de Weihenstephan en la colina de Nährberg, al sur de Alemania, y de forma más o menos consciente fundaron a la vez el arte de la fabricación de cerveza en Weihenstephan.
Las primeras referencias escritas en relación a la existencia de campos donde se cultivaba lúpulo alrededor del monasterio, datan del año 768, y dado que el dueño de estos campos pagaba un diezmo al monasterio, es de suponer que el lúpulo cultivado era transformado en el monasterio para elaborar cerveza. Este hecho que a priori puede parecer un dato sin más, en realidad, coloca al monasterio de Weihenstephan como la cuna de la cerveza "lupulizada", que es  la que conocemos en la actualidad .
Más adelante, en el año 955, sufrieron la invasión de los  húngaros provenientes del este, quienes saquearon y arrasaron el monasterio destruyéndolo por completo. Este hecho fue el primero de una larga cadena de desafortunados y trágicos acontecimientos que llevaron al monasterio a mantener una constante durante los siguientes siglos a lo largo de su historia, lo que llevó a los monjes benedictinos a verse obligados a reconstruir el monasterio en varias ocasiones. 
Más adelante, ya en el siglo XI, y con el monasterio reconstruido, se produce uno de los hechos más importantes en la historia del monasterio. En el año 1040 el abad Arnold consiguió una licencia de la ciudad de Frisinga (Freising) para fabricar y vender cerveza, con lo que se inició de forma oficial la fabricación de cerveza en Weihenstephan, conviertiéndolo en un monasterio productor.
Durante los dos siglos siguientes y a pesar de sufrir todo tipo de calamidades, como plagas, hambrunas, invasiones y hasta un terremoto, los monjes no dejaron de trabajar continuamente en mejorar los sistemas de fabricación, consiguiendo producir tres gamas de cervezas diferentes: Una más ligera para los peregrinos que hacían parada, los sirvientes y pedigüeños, un cerveza más consistente para los monjes, frailes y trabajadores laicos, y la cerveza de mayor calidad destinada al abad, la alta jerarquía eclesiástica, y la nobleza.
Como comentaba anteriormente, el monasterio sufrió una gran cantidad de desgracias durante toda la edad media, siendo víctima de plagas, incendios, un terremoto, y tres invasiones que destruyeron en varias ocasiones el monasterio, pero a pesar de ello, y gracias a la fuerza de voluntad y obstinación de los monjes benedictinos que no se daban por rendidos fácilmente, pudieron reconstruir el monasterio y la cervecera en cada ocasión en que fue necesario.
En 1516 se produjo un acontecimiento  clave para la industria cervecera: la promulgación de la Ley de la Pureza Germánica, por parte del duque Guillermo IV de Baviera, y que reguló la producción de cerveza, al prohibir a los maestros cerveceros la utilización de otros ingredientes que no fueran agua, malta y lúpulo. De este modo se sentaron las bases del éxito y popularidad de la cerveza bávara, y por inclusión, la de Weihenstephan
Tras más de mil años de historia, tras todo lo sufrido por el monasterio, lo que no había podido conseguir la peste, el hambre, las guerras, los incendios... fue conseguido a trazo de pluma (de ahí quizá la frase: "la pluma es más fuerte que la espada"), ya que durante el proceso de secularización que vivió Baviera, las posesiones y derechos de los monasterios pasaron a manos del estado bávaro, y así en el año 1803 se disuelve el monasterio de Weihenstephan, aunque la producción de la fábrica de cerveza no se vio afectada. De hecho se continuó bebiendo cerveza de la Weihenstephan con mayor ahínco si cabe, aunque bajo la supervisión del Estado bávaro. Más adelante, se transformó en la  Real Cervecería Bávara Weihenstephan y en un Instituto de Agricultura, y finalmente se convirtió en una escuela para cerveceros en el año 1919 siendo en la actualidad la Facultad Cervecera, de Alimentos y Lácteos de la Universidad de Munich. Es tal su prestigio, que casi la práctica totalidad de los maestros cerveceros de Europa invierten un año en formación en esta Facultad para ser iniciados en el arte cervecero de los bávaros.
En 1921 la fábrica recibe su nombre actual: Bayerische Staatsbrauerei Weihenstephan, y desde el año 1923 utiliza el gran sello del Estado bávaro como logotipo.
Actualmente la Weihenstephan cuenta con el orgullo no sólo de ser considerada la fábrica de cerveza más antigua del mundo, sino además de ser una de las modernas en técnicas y equipos de producción. La combinación ideal de tradición y conocimiento avanzado en la producción de cerveza hacen de la Weihenstephan uno de los enclaves de mayor prestigio de la industria cervecera.
Actualmente cuenta con un variado y amplio portafolio de cervezas en su haber, donde destacan entre otras la Korbinian, la Vitus, la Original, y la Festbier, siendo la primera de ellas, de la que me ocuparé en la cata.

Cata:
Se trata de una doppelbock cuyo nombre fue elegido en honor al santo fundador del monasterio de Weihenstephan.

Graduación: 7,4º

Aspecto: Turbia, y de color marrón oscuro, con apariencia de densidad. Forma una buena corona de espuma de color crema y de gran amplitud, pero de expiración media, y que mientras dura va dejando rastros de puntilla en el vaso en los primeros tragos.
Aroma: Predominan los aromas a malta, caramelo, pan tostado, y frutos secos, como nueces o avellanas. También se aprecian algunas notas afrutadas, aunque más ocultas.
Sabor y textura: Con bastante cuerpo y carbonatación acentuada, es una cerveza que llena la boca por completo. De textura sedosa, tiene en paladar una entrada potente al comienzo, con un sabor a malta que inunda las papilas junto con el caramelo, todo ello acompañado por matices a azúcar quemada, frutos secos, y  hasta chocolate de forma más sutil, para finalizar con un regusto de carácter marcadamente seco, y de duración media, que deja un sensación reconfortante en boca, sin llegar a resultar empalagosa. El alcohol aunque perceptible prácticamente en todo momento, hace aparición en su justa medida, sin desentonar lo más mínimo. En definitiva, una excelente cerveza, y gran exponente de las doppelbock alemanas, recomendable 100%, que marida a la perfección con platos contundentes como asados, o con carnes ahumadas.


Puntuación: 9/10

3 comentarios:

  1. Me gusta mucho esta cervecera, pero aún gustándome y mucho Korbinian, soy más de Vitus, una deliciosa weizenbock. Quizás fue porque con ella descubrí esta maravillosa cervecera. Y la recomendación con carnes ahumadas, ideal. Que apetito me ha entrado! Saludos!!

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  2. Anda, justo es la que tengo preparada para esta noche :-D! Después de lo que me encantó su Hefe-weisse, tengo grandes esperanzas, y más después de leer tu estupendo post :-).

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  3. he probado la Vitus y la Original, esta la tengo en la lista de pendientes.

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