lunes, 28 de noviembre de 2011

Cervezas de Navidad again (i): Slaapmutske


Estamos a primeros de Diciembre, y ya se han encendido las luces de Navidad en muchas de nuestras ciudades hace algunos días, y es que estamos a un paso de una de las fechas más señaladas del año, la Navidad. Hay mucha gente que la detesta, a otros sin embargo les encanta, pero al margen de preferencias particulares los cerveceros tenemos cada año una cita con las cervezas especiales de Navidad o de invierno, que suelen sacar al mercado muchas cerveceras, especialmente las belgas.
Al igual que el año pasado durante las próximas semanas dedicaré algunos post a diferentes cervezas de Navidad que vaya tomando en estas fechas.
Como muchos ya sabréis la cerveza de Navidad, no constituye por si misma un estilo de cerveza claramente definido, ya que existe cierta disparidad entre ellas: rubias, tostadas, oscuras, maltosas, lupulizadas, etc. Pero eso sí, prácticamente todas ellas gozan de dos características comunes:
La primera de ellas es la cantidad de alcohol que pasa de los 7º, siendo por tanto cervezas de cierto peso etílico, que van muy bien para los fríos días de finales de otoño e invierno, resultando muy reconfortantes ayudando a entrar en calor, y muy apropiadas para acompañar cualquier celebración o reunión con familia o amigos.
La otra característica son las etiquetas de estas cervezas, que hacen las delicias de los coleccionistas, y que obviamente contienen elementos de temática navideña como es de esperar, incluyendo siempre algún gorro de Santa Claus, un árbol de Navidad, un trineo tirado por renos, muñecos de nieve... un sinfín de detalles que identificamos claramente con estas fiestas.


En el caso que nos ocupa hoy hablaré de la Slaapmutske Christmas, una strong dark ale elaborada para la ocasión por la pequeña cervecera belga, ubicada en la ciudad de Melle.
 
Esta cervecera nació en 1992 gracias al carácter emprendedor de dos personajes vinculados íntimamente al mundo cervecero, la pareja compuesto por Dany de Smet y Marleen Vercaigne. Dany es un maestro cervecero e ingeniero de 40 años, licenciado en 1992, gran amante de la cerverza, que trabajó anteriormente para la fábrica de Huyghe, y Marleen Vercaigne, su mujer, también de 40 años, e igualmente amante de la cerveza, que ayuda a su marido en la producción cervecera desde 1992. 
Desde ese mismo año se fueron haciendo multitud de mezclas pero de poco volumen de producción, aproximadamente unos 50 litros de cerveza por cada receta, que fueron elaboradas por Dany, Marleen y un amigo común: Patrick Scheirlinck.
En el año 1999, nace el primogénito de la pareja, Jonas de Smet, y en honor a tal acontecimiento crean una cerveza especialmente elaborada, la Jonas. Una ale de color ámbar, con 9º de alcohol que rápidamente acumuló buena reputación, siendo muy apreciada por los catadores y aficionados que visitaban a la pareja para conocer al niño. Muchos de los visitantes querían comprar esta cerveza y poco a poco la idea de volver a elaborarla y ponerla a la venta, fue creciendo. La pareja por tanto, se dio cuenta de que existía cierta demanda en el mercado de sus cervezas, por lo que decidieron ponerse manos a la obra, con la idea de crear una cerveza para lanzar al mercado con perspectivas comerciales de mayor magnitud. Así crearon una ale rojiza de 6º, a la que había que buscar un nombre.
Con respecto al origen del nombre de la cerveza existe una curiosa historia. Cada vez que la pareja discutía sobre el nombre que iban a darle a la cerveza, el pequeño Jonás no paraba de hacer ruido llorando por lo que parecía hacer entender que él también se unía a la búsqueda del nombre adecuado para la cerveza que habían creado sus padres. En ocasiones, para tenerlo más calmado, tomaban su chupete y atención, lo mojaban en la cerveza en cuestión, lo que parecía ser tremendamente efectivo, ya que conseguían calmar a Jonás, que parecía saborear satisfecho el chupete, quedándose dormido en muchas ocasiones. Ante tal efecto, Marleen pensó que la cerveza sería buena para dormir, por lo que decidió junto a su marido, que un buen nombre para la cerveza sería Slaapmutske, que en neerlandés es el nombre que reciben los típicos gorros utilizados para irse a la cama en los países de latitudes más frías que las nuestras. Y teniendo en cuenta que era invierno, le dieron el nombre de Slaapmutske Cerveza de Invierno, o lo que es lo mismo Slaapmutske Winterbier la cual fue presentada a finales del año 2000 en el mercado local siendo un gran éxito, comenzando así la andadura comercial como tal de la cervecera.

Desde abril de 2006, las cervezas de Slaapmutske llegan a España, que además será el país donde se enviarán los primeros barriles de exportación.
En 2007 será España donde se envían los primeros barriles de exportación. Precisamente  para el mercado español se elabora de forma especial, y pensando en nuestro mercado, una lager nueva: la Slaapmutske Dry Hopped. Una cerveza de 5,3º, lupulizada en seco y refermentada en barril. Esta será a su vez la primera cerveza de baja fermentación en la gama Slaapmutske, por lo que somos doblemente privilegiados.
Actualmente, aparte de la Christmas y la Dry Hopped producen otras tres cervezas, la Blond, la Hop Collection y la Triple Nightcap.
Para terminar, comentar que uno de los aspectos que llama la atención de esta cerveza es su atractiva etiqueta  de diseño propio en la que aparece una luna sonriente en cuarto creciente, sobre un cielo estrellado, junto con el nombre de la cervecera, Slaapmutske a la que se le añade un gorro de dormir, como es lógico, que en el caso de la Christmas, se trata de un gorro de Santa Claus.



Cata:

Graduación: 7,4º
Temperatura de servicio: 10º-12º
Tipo de vaso recomendado: Vaso de cáliz o de balón con forma de tulipa o campana.
Aspecto: De color caramelo oscuro, turbia, y burbuja pequeña, forma una buena corona de espuma de color beige de dedo y medio de espesor, bastante cremosa y compacta, con buena duración y que deja finos aros como rastro pegados al vidrio en los primeros tragos.
Aroma: Aromáticamente elegante, incluso se podría decir que sutil, es una cerveza donde predominan los aromas a malta tostada, levaduras y notas afrutadas, entre las que destacan los frutos oscuros y dulces, como pasas e higos. También se percibe algún matiz especiado, como un toque de canela y nuez moscada.
Sabor y textura: De cuerpo medio-alto, no llega a la consistencia ni densidad que podríamos esperar en una cerveza de Navidad, presentando cierta delicadeza. De fácil trago y un nivel de carbónico apropiado, destacan en ella los sabores dulzones, frutales y especiados. Una rica combinación en la que aparecen la canela, el azúcar moreno, pasas y ciruelas, sobre una base de malta bien construida con un matiz tostado reconfortante. El alcohol se encuentra bien acoplado sin destacar. Final seco y algo astringente.
Maridaje: Puede acompañar perfectamente una porción de panetone con pasas y perlas de chocolate, tan típico de estas fechas.

Nota: 8/10

domingo, 27 de noviembre de 2011

Gouden Carolus, la cerveza del emperador


En la última entrada del blog dedicada a la cata de cervezas diabólicas, una de las cervezas protagonistas era la Lucifer, elaborada por la cervecera Het Anker, y ya comenté en ese momento que iba a dedicar más adelante una entrada a esta cervecera por ser quien elabora las famosas cervezas del sello Gouden Carolus, cuyo nombre proviene del latín y significa Carlos de Oro, y como algunos podréis ya imaginar guarda una íntima relación con el emperador Carlos V, natural de Gante, y que vivió parte de su infancia y juventud en la ciudad flamenca de Malinas, ciudad precisamente donde se encuentra ubicada la Het Anker. La cervecera elaboró durante una época una cerveza oscura que llegó a ser la cerveza preferida del emperador Carlos. En más de una ocasión en el blog, ya he mencionado la gran afición que tenía el monarca español por la cerveza, siendo uno de los principales impulsores de la industria cervecera de la historia en nuestro país. Para distinguir a la casa que fabricaba tal cerveza, ordenó marcar sus jarras y barriles con un sello que consistía en una reproducción de la moneda de oro oficial que tenía la efigie de Carlos V, a la que llamaban por tanto, Gouden Carolus. Por extensión este fue el nombre que terminó recibiendo esta cerveza. Durante varios siglos la Gouden Carolus fue el buque insignia de la cervecera, de modo que la Het Anker era conocida en la región gracias a esta cerveza.
Pero la tradición de la Het Anker, viene aún más atrás del siglo XVI. Esta cervecera es precisamente una de las más antiguas de toda Bélgica, ya que las primeras referencias a la cervecera aparecen nada menos que en 1369 en los archivos de la ciudad, estando vinculada ya al apellido Anker, siendo Jan Int Anker quien realizó el pago por su licencia como cervecero.
La historia de la cervecera discurre a lo largo de los siguiente siglos apoyándose en el prestigio acumulado gracias al gusto del emperador por su afamada Gouden Carolus, hasta finales del siglo XIX, cuando se produce una pequeña revolución en sus instalaciones, llevada a cabo por Louis Van Breendam (que adquirió la cervecería en 1873), al utilizar por primera vez maquinaria que funcionaba con vapor. La familia Van Breendam será crucial para la historia de la cervecera ya que estará durante generaciones al cargo de la cervecería. El hijo de Louis, Víctor, dio un paso más en la renovación de la cervecera a comienzos del siglo XX, al mandar construir en hormigón la primera maltería, que sería la encargada no sólo de suministrar a la fábrica propia, sino también a otras cerveceras de la región.
Un poco más adelante, ya en los años de la Primera Guerra Mundial, el ejército alemán ocupa Bélgica y ordenan que sólo puede haber una cervecería que pueda elaborar cerveza, que sería elegida por sorteo. La Het Anker, que no resultó ser la afortunada, llega a desmantelarse, utilizando el cobre de sus instalaciones para la fabricación armamentística.
Cuando finaliza la guerra, la cervecera que se encontraba en una situación delicada,  experimenta sin embargo, una época de relativa prosperidad, gracias a la labor de su nuevo dueño de entonces, Charles Van Breendam, que llegó a ser presidente de la Confederación de los Cerveceros Belgas.
Cuando finaliza la Segunda Guerra Mundial, otra pequeña revolución se produce en sus instalaciones, montando una de las salas de elaboración más avanzadas y modernas de la época, con cubas de cobre suspendidas, que aún continuaban funcionando en los años 90, y abandonando por completo la actividad de la maltería, y centrándose exclusivamente en la producción de cerveza.
Es precisamente a partir de entonces y especialmente durante los años 60, cuando de nuevo vuelven a impulsar con fuerza a la Gouden Carolus en el mercado, convirtiéndose en una de las cervezas más conocidas de toda Bélgica, llegando a ser exportada
Más adelante un miembro de la quinta generación de los Van Breendam, Charles Leclef, se encarga de dirigir la cervecería en los años 90, y da un paso más en la modernización de las instalaciones renovando el proceso de fermentación, y almacenamiento, y dando un paso importante de cara a la clientela del lugar, abriendo su propio local, su propia cervecería y restaurante, la Brasserie Het Anker, como el mejor medio de dar publicidad a sus productos, ya que en su local, sólo eran servidas cervezas propias de la Het Anker, e incluso los platos eran cocinados con sus cervezas. Más adelante, en 1999, abren su propia hospedería en lo que eran los antiguos almacenes de la cervecería.
Durante la década de los 90, la cervecera lleva a cabo una serie de acuerdos comerciales, con el grupo Riva, y en algunos momentos se vio peligrar la continuidad de la fábrica como sello independiente, aunque la familia Van Breedam, pudo finalmente recomprar la participación de Riva, manteniendo su carácter e independencia.
Actualmente,  una gran cantidad de la cerveza elaborada es destinada a exportación a países como Estados Unidos, Japón, México, Italia, Francia, Reino Unido, Australia, Canadá... así hasta un total de 25 países. Actualmente la Het Anker produce las cervezas con el sello Gouden Carolus, entre las que se encuentran la Clásica, la Tripel, la Ambrio, la Hopsinjoor, la Easter y la Christmas, una excelente cerveza de Navidad, muy apropiada paras las fechas venideras. Aparte también fabrican la Lucifer, que comenté en la pasada entrada dedicada a las cervezas diabólicas, las Cuvee van der Keizer, la Maneblusser, la Boscoulis, y alguna más como una lager y una cerveza de trigo. En las fichas de cata paso a comentar la Classic y la Hopsinjoor.





Classic

Graduación:8,5º
Temperatura de servicio: En torno a los 12ºC
Tipo de vaso recomendado: Copa de cáliz.
Aspecto: De color ambarino muy oscuro, situándose en la gama de tonos que se encuentran a medio camino entre los marrones y los rojizos, similar a un brandy. Presenta un aspecto muy atractivo con una capa de espuma blanca y esponjosa, con buena amplitud, pero que sin embargo no tarda mucho en desaparecer.
Aroma: Compleja, desprende aromas afrutados, entre los que destacan frutos dulces como las ciruelas, higos, e incluso un punto de plátano, junto con otros algo más ácidos como cerezas y curaçao. También destacan notas de malta y caramelo, con un punto de miel, nuez moscada, levadura, y muy levemente aparecen los lúpulos por debajo de toda esta capa de aromas frutales y dulzones.
Sabor y textura: Se trata de una cerveza de cuerpo medio, y carbonatación no muy elevada, aunque se aprecia cierto cosquilleo y picor en la lengua, apoyado por las especias. De sabor potente, donde aparece la malta por encima de los demás, y los sabores dulces a pasas y frutos oscuros, se experimentan sensaciones que nos recuerdan a los aromas detectados anteriormente, acercándonos al gusto de un vino oporto. El alcohol se encuentra bien disimulado, y aparece un punto de amargor más intenso de lo esperado, finalizando en un regusto seco y amargo. Muy reconfortante y agradable.
Maridaje: Marida a la perfección  por ejemplo una perdiz con salsa de almendras.
Puntuación: 9/10




Hopsinjoor

Graduación:8º
Temperatura de servicio:8º-10ºC
Tipo de vaso recomendado: Copa de cáliz, o de balón como la característica de la Duvel.
Aspecto: De color dorado, con turbidez,  y con un nivel de carbónico considerable, forma una gran capa de espuma nívea, de 3 dedos de espesor, muy esponjosa, que va dejando adheridos rastros notables en el cristal, hasta que desaparece casi por completo.
Aroma: Dentro del estilo de lo que algunos llaman una IPA Belga, encontramos una mixtura de aromas en la que aparecen los típicos de una triple belga junto con notas más fácilmente identificables con los lúpulos. Así se detectan especialmente notas de levadura y especias acompañadas de notas afrutadas, donde destacan los cítricos y un trasfondo floral.
Sabor y textura: De cuerpo medio y con un grado de carbonatación medio-alto, se aprecia el fuerte carácter especiado de la cerveza tanto al comienzo como al final. De gusto dulce al principio, enseguida las especias y los lúpulos hacen acto de presencia, dejando en boca sensaciones a sabores frutales ácidos y cítricos como manzanas y limones. Finaliza con un regusto amargo de trasfondo floral y especiado.
Maridaje: Un acompañamiento muy acertado para una tabla de patés, por ejemplo.
Puntuación: 8/10


lunes, 21 de noviembre de 2011

Cata de cervezas diabólicas en Ocaña

Cómo decía la pareja más celebre de galos de la historia, el cielo estaba a punto de caerse sobre nuestras cabezas, la tarde del viernes 18 de Noviembre, cuando nos disponíamos a partir para Ocaña para degustar las cervezas que nos tenía preparadas Ernesto y Ana de Yria, en el Dolce Vita de Ocaña. La oscuridad se cernió sobre nosotros y la lluvia no dejó de caer copiosamente, pero con paso firme no dudamos y seguimos adelante con el convencimiento de que el esfuerzo iba a merecer la pena, y lo cierto es que pasamos una tarde muy agradable que nos hizo dejar a un lado las dificultades presentadas por los elementos durante nuestra travesía.

El ambiente era el adecuado para las cervezas que íbamos a degustar, ya que se trataba de una cata de cervezas denominadas diabólicas, y que estaba pensada para la noche de Halloween, pero que por cuestiones de logística hubo que posponer hasta la tarde del pasado viernes. La ambientación desde luego era la óptima: tarde-noche profundamente oscura y con lluvia cerrada. Todo invitaba a disfrutar de un cálido rato entre amigos tomando cervezas y hablando sobre ellas.
Centrándonos en materia, el tema de las cervezas diabólicas es algo que interesa a muchos aficionados cerveceros. Este grupo de cervezas se denominan así por los nombres que reciben, en contraposición a las cervezas de nombres y orígenes monásticos tan habituales en Bélgica, el país origen de la mayoría de este tipo de cervezas. A muchos os sonarán nombres de cervezas como St. Bernardus, St. Paul, St. Benoit, St. Feullien, St. Augustijn, etc. que utilizan el nombre de Santos y que son tan comunes entre las cervezas de abadía belgas. Y como reflejo de la lucha entre el bien y el mal, que se da en la vida real, los cerveceros belgas y algunos franceses del norte del país, quisieron crear otras cervezas cuyos nombres reflejen un lado más pícaro y malicioso como contrapunto a las cervezas de abadía como por ejemplo: La Satan, la Lucifer, la Duvel, la Judas, la Belzebuth, etc.
Las cervezas diabólicas no constituyen un estilo en sí mismo como tal, aunque otra característica común a todas ellas aparte de sus nombres, es el de su alta concentración alcohólica, por encima de los 8º, lo cual las hace algo peligrosas. Un claro ejemplo de esto lo proporciona la Duvel, la cual comenzó teniendo otro nombre, la Victory Ale, y terminó recibiendo el nombre de Duvel que significa diablo en flamenco antiguo, precisamente por que se decía que era como un diablo, por su alta graduación.


Las cervezas elegidas por Ana y Ernesto para la cata en cuestión fueron cuatro. Aunque puedan parecer no demasiadas cervezas, si tenemos en cuenta su fuerte carácter y elevado alcocohol, suponen el número justo para no terminar bastante perjudicados. Las seleccionadas fueron por orden:
- La Hoegaarden Fruto Prohíbido que ya había tomado en alguna ocasión.
- La Satán Red.
- La Lucifer
- Y la Duivel, que no hay que confundir con la célebre Duvel.
Estas tres últimas no las había probado anteriormente. Para culturizarnos a los presentes y meternos en materia Ernesto y Ana prepararon unas hojas con información muy interesante acerca de las cervezas que íbamos a probar y que han servido de apoyo para la confección de la presente entrada. 
Aparte de estas cuatro cervezas, en la lista había alguna más pero que fueron descartadas por Ana y Ernesto por considerarlas demasiado alicoradas, auténticas bombas de alcohol, y sin demasiado interés degustativo. Entre estas se encontraban la Biere du Demon y la Belzebuth, ambas de origen francés.


La Biere du Demon recibe el título honorífico según pone en su curiosa etiqueta de ser la cerveza más fuerte del mundo con 12º, por lo que ya sabemos que no es la más alcohólica, superada por la Samichlaus y por las bombas que hacen los chicos de Brewdog entre otras cervezas. La Biere du Demon es elaborada por la cervecera Brasseurs-Gayant, fundada en 1919. Se trata de una cerveza de baja fermentación un tanto particular, con mucha malta, de color dorado y escasa espuma, y tal como comentaron Ernesto y Ana de un sabor predominantemente alcohólico que no resulta muy agradable.


La otra descartada, la Belzebuth, es también una cerveza proveniente de nuestro país vecino, fabricada por la cervecera Jeanne d'Arc, fundada a finales del siglo XIX, siendo la más antigua de la zona norte de Francia, en las proximidades de la ciudad de Lille. Al igual que sucedía con la Bierde du Demon, la Belzebuth también fue considerada como la más fuerte del mundo, gracias a sus 15º que tenía en el momento en el que fue lanzada al mercado, pero que posteriormente se quedaron en "sólo" 13º. Al igual que sucedía con su compatriota, la base de su elaboración es la malta. Es una cerveza de color cobrizo, de escasa espuma, refermentada y con fuerte carácter alicorado, estando más cerca de una bebida espirituosa o un licor.
Tras hacernos un preámbulo en el que nos dieron toda esta información acerca de estas dos diablesas descartadas, pasamos a probar la primera cerveza que integraba la cata: 


La Hoegaarden Fruto Prohibido, una vieja conocida. Se trata de una cerveza de trigo de alta fermentación obra del insigne maestro ya desaparecido Pierre Cellis, el padre del renacimiento de la witbier belga. De color oscuro, opaca, con una capa de espuma que desaparece con rapidez, y un nivel ajustado de carbonatación, es una cerveza compleja en aromas, donde destacan el trigo, un toque afrutado, las especias, y notas avainilladas,.Tiene un gusto predominante a pan, con matices de frutos oscuros, chocolate y café, con un punto ácido, siendo en conjunto una cerveza de textura cremosa y de paso muy agradable por boca. Empezamos bien, la verdad. La tarde prometía, por que venía lo mejor, las que aún no había probado.


Posteriormente pasamos a la Satan Red, una de las mejores representantes del grupo a nivel internacional, pudiendo encontrarse en multitud de cervecerías de importación. Esta cerveza es elaborada por la cervecera De Block, ubicada en los alrededores de Bruselas, que también produce la Satan Gold, la alternativa rubia a la Red de tono más oscuro. Fundada en 1887, es una cervecera que se ha mantenido prácticamente inalterable durante décadas, conservando los tradicionales procedimientos de elaboración, como por ejemplo la cocción con carbón a fuego vivo, y que aún continúa siendo uno de los métodos utilizados en algunas zonas de Bélgica y del norte de Francia, a pesar de las dificultades que entraña esta técnica tan particular. La Satan Red se trata de una cerveza de alta fermentación con 8º de alcohol, y elaborada con malta tostada. De tono ámbar cercano al rojo cobrizo, es una cerveza de potente sabor, cuerpo medio-alto, y ligera carbonatación. Con un aroma afrutado (uvas?) y especiado (clavo?), donde se aprecia la levadura y un sabor donde predomina la malta tostada y el gusto dulce con matices de frutas, caramelo y azúcar moreno, y un regusto con un punto de amargor, se trata de una cerveza que termina pareciéndonos suave a pesar de lo contundente que realmente es, gracias a que el alcohol se encuentra muy bien controlado, sin estridencias.


En tercer lugar tomamos la Lucifer, para mi gusto, y para la mayoría de los presentes la peor de las cuatro. Elaborada por el grupo cervecero Riva, fundada en 1880, el mismo al que pertenece la cervecera Het Anker, la cual se encarga de elaborar las Gouden Carolus, de las que hablaré un día en el blog. Se trataba de una golden ale de color dorado pálido, con elevado nivel de carbónico y mucha espuma nívea, que a pesar de la alta graduación permanecía durante largo rato en gran parte sustentada por la acentuada carbonatación, que en este caso resta sabor adormeciendo las papilas gustativas, y creando una sensación de picor un tanto desagradable, acentuada por especias como el clavo. Aromáticamente afrutada y especiada,  de gusto ácido y con un regusto seco, muchos cerveceros la consideran una imitación no muy lograda de la Duvel, sin llegar a su nivel y una vez probada lo cierto es que es precisamente la descripción más acertada. A mitad de copa, los primero síntomas del alcohol empezaban a hacer acto de presencia, ya que teníamos el estómago vacío, y no sólo habíamos tomado las dos copas anteriores, sino que además para calentar motores antes de la cata, ya habíamos comenzado tomando una Yria Oscura en mi caso, y una Yria Prima los demás. Así que para acompañar el resto de la cata, elegimos uno de los fantásticos molletes o redonditos que tienen en el local para poder empapar las cervezas.


Para finalizar tomamos una Duivel, la más interesante de todas, una auténtica desconocida para mi, y que fue elegida en mi opinión, a la perfección por Ernesto y Ana para rematar la cata. Elaborada por la cervecera Boon de Halle fundada en 1860 en la región de Brabante, que también se encarga de elaborar Kriek, y otras variedades de cervezas lámbicas, como una gueuze y una faro entre otras, como especialidad principal de la fábrica. No hay que confundirla con la Duvel, por similitud fonética. Por este motivo ha mantenido varios litigios con la cervecera Mortgaat. En el caso de la Duivel se trata también de una strong ale belga con 8º de alcohol, pero de color sensiblemente más óscuro, un tono ámbar intenso, turbia, con una espuma de duración media corta. Nos pareció una de las mejores de la noche, quizás junto con la primera de todas, la Fruto Prohíbido. Predominantemente dulce, aparece fundamentalmente el sabor a malta como en la mayoría de las cervezas del estilo, con matices de caramelo, pasas, algo de chocolate,  pero con escasa aportación de los lúpulos, que aparecen únicamente en un regusto ligeramente amargo. Lo mejor de esta cerveza es lo bien integrado que tiene el alcohol en el gusto, de forma que apenas se aprecia ardor alguno al final del trago.

Y con esta cerveza tras varias horas de animada conversación terminamos la velada rematando con una cerveza más que llevarnos al gaznate. El problema era encontrar algo que pudiese encajar tras semejante periplo a través de cervezas tan potentes en sabor como en alcohol. La elegida en mi caso fue una Domus Aúrea, la IPA de la cervecera artesana de la que ya os he hablado en alguna ocasión, y que ha ido de menos a más en cada oportunidad que he tenido para beberla. 
Y así concluyó un evento más organizado por Ernesto y Ana, habiendo logrado que disfrutáramos de una tarde muy agradable, casi como en familia, y queriendo repetir para la siguiente.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Brooklyn Brewery, New York New York


Durante el pasado verano me llegaron noticias de que la prestigiosa cervecera norteamericana Brooklyn Brewery iba a llegar a tierras hispanas en cuestión de poco tiempo. La Brooklyn era una de las deudas pendientes que teníamos en España con las cervezas estadounidenses, ya que es una de las más prolíficas y que mejor trabajan el producto en aquel país, y que estaba costando poder encontrar con regularidad en España. En pocos años se han convertido en una auténtica institución de la cerveza estadounidense al mismo nivel que puede tener la conocida y también muy amada Sierra Nevada, aparte de otras prestigiosas cerveceras norteamericanas, siendo uno de los mejores ejemplos de American Craft Brewery


Los artífices a los que debemos agradecer que podamos encontrarla desde hace algunas semanas en las cervecerías y tiendas especializadas, son los señores de la distribuidora catalana Crusat, que además tuvieron el generoso detalle de enviarme una muestra representativa del extenso portfolio que tiene en el mercado Brooklyn, lo cual agradezco desde estas líneas. Crusat ha alcanzado un acuerdo para la importación y distribución de 4 cervezas (de la amplia gama de Brooklyn) por el momento, y que son: La Local Nº1 en formato de 75cl., la Brown Ale, la EIPA (East India Pale Ale) y la Lager, en formato de 35 cl., siendo estas tres últimas las que incluía el envío que recibí, y de las que hablaré en sus respectivas fichas de cata.


Sobre la cervecera

La cervecera Brooklyn Brewery es toda una institución en Nueva York, y más concretamente en el distrito de Brooklyn, de quien toma el nombre. De hecho, Brooklyn representó en un tiempo pasado todo un centro único de producción cervecera, en gran medida gracias a la inmigración proveniente de Alemania, y que se terminó instalando en el célebre barrio neoyorquino, y por extensión precisamente Nueva York, gozó durante esta época de una intensa actividad cervecera. Para la industria de la cerveza, la prohibición impuesta por la tristemente célebre "ley seca", supuso un revés importante. Para hacernos una idea, antes de la prohibición había cerca de 80 fábricas de cerveza en la ciudad, de las que casi 50 se ubicaban en Brooklyn. De hecho, hubo una calle a la que se conoció como Brewers Row ("la hilera de las cervecerías"), y la Brooklyn Brewery es actualmente el único vestigio visible de aquel esplendor. 



Pero los años veinte no supusieron la tumba de la industria, que mantuvo su actividad, aunque con una manifiesta decadencia que desembocó en un momento crítico a mediados de los años 70, cuando las familias Liebman y Schaefer cerraron sus fábricas en Brooklyn, las últimas supervivientes de la ciudad. El problema en esta ocasión no lo provocó la legislación, sino la expansión implacable de las lager industriales de sabor ligero que se producían en la región central del país, que hizo que Milwaukee fuera conocida por su cerveza aparte de por se la cuna de las míticas Harley-Davidson.
Sin embargo en 1984, Steve Hindy, un periodista corresponsal que viajó por diferentes lugares del mundo, regresaba a Nueva York, y aprovechó todo el conocimiento relacionado con la producción cervecera que había adquirido durante sus viajes, con la idea de crear una cervecera. Quería desarrollar esta idea, impulsado por su pasión por la fabricación artesanal de magníficas cervezas, de modo que, en compañía de su amigo y exbanquero Tom Potter, fundó la Brooklyn Brewery en el año 1987. En poco tiempo logró que sus cervezas "caseras" llegaran a ser las más vendidas en Nueva York.
La filosofía que mantuvo la cervecera en un comienzo se basaba en la sencilla idea de crear cervezas con cuerpo y mucho sabor, que se parecieran a las que él mismo imaginaba que se fabricaban durante los años de esplendor de la industria de la cerveza de Brooklyn. Desde los comienzos más modestos ha ido ampliando miras, elaborando por ejemplo en la actualidad cervezas de estilo belga maduradas en botella o refrescantes weizen de trigo, poniendo al alcance de la mano de los neoyorquinos cervezas de diferentes estilos.


En 1994 se produjo un hecho fundamental en la historia de la compañía, que fue la asociación de Steve Hindy con el maestro cervecero Garrett Oliver, uno de los grandes personajes dentro de la actualidad cervecera, que trabajó anteriormente como maestro cervecero de la firma Manhattan Brewery. Ya en el momento en que Garrett entró a formar parte del equipo de Brooklyn, gozaba de una buena reputación gracias a sus propias interpretaciones de los estilos clásicos que él mismo había plasmado en sus creaciones. Además era y es un reconocido divulgador como pocos, de la cultura cervecera escribiendo artículos e impartiendo seminarios sobre cerveza. Tan sólo dos años después de entrar en Brooklyn, consiguió que la compañía abriera su propia fábrica.
A Garrett Oliver, además le debemos que gracias a su ambición vayan existiendo cada vez más restaurantes con su propia carta de cervezas, realizando un trabajo excelente en todo lo relacionado con los maridajes con cerveza, haciendo llegar al público, la idea de que incluso para los platos más refinados y sofisticados, hay una cerveza que encaja a la perfección para acompañarlo, aumentando el espectro de sensaciones placenteras que nos pueden reportar por separado la comida y la cerveza. De hecho, ha llegado a manifestar en alguna ocasión que la ignorancia a la hora de combinar la cerveza con la comida adecuada, es la principal causa de que exista gente que diga que no le gusta la cerveza. Destaca especialmente su obra "The Brewmaster's table", un libro sobre la cerveza y su íntima relación con la cocina, y que ha recibido numerosos premios. Toda una inmersión en el universo de la cerveza a través de un prima diferente, y que recomiendo leer a quienes les interese el tema.
Volviendo a la compañía, la Brooklyn elabora en la actualidad una amplia gama de cervezas abarcando prácticamente todos los estilos, y aunque la Brooklyn no puede gozar de los mismos recursos publicitarios que las grandes compañías, sus cervezas se venden muy bien fuera de Nueva York, tanto en otros lugares de Estados Unidos, como en otros países como el Reino Unido, Japón o Dinamarca, y a partir de ahora las podremos disfrutar en nuestro país.
La Brooklyn además organiza catas para los visitantes, convirtiéndose en toda una atracción turística que cada vez más visitantes incluyen en sus agendas cuando viajan a la Manhatann y cruzan el puente de Brooklyn. Cada viernes ofrece su particular happy tour desde las seis de la tarde hasta las diez de la noche. El interés suscitado por la cervecera neoyorquina ha crecido tanto que es necesario, si no imprescindible, reservar con suficiente antelación, especialmente si se viaja en temporada alta, como las fechas navideñas que tenemos próximas. Puede resultar el perfecto colofón para una dura jornada de visitas y compras por la gran manzana.



EIPA (East India Pale Ale):
Graduación: 6,8º
Tipo de vaso recomendado: Vaso de pinta americano, copa globo o copa grande de fondo ancho, similar a la típica de vino, que recoge bien los aromas.
Temperatura de servicio: 10-12ºC
Aspecto:
De tono a medio camino entre el ámbar intenso y el dorado, algo turbia y traslúcida. Genera una capa de espuma muy blanca y compacta de entre 1 y 2 dedos de grosor y con buena retención. Se aprecia un buen nivel de carbónico con burbuja mediana.
Aroma:
Aromáticamente "dulce" en un primer contacto, donde predominan las notas de caramelo y malta, aunque enseguida afloran los lúpulos que proporcionan notas cítricas, a mandarinas, cáscara de naranja, y algo de pomelo y un toque de pino con matices herbales.
Sabor y textura:
Con la justa medida de burbuja y de cuerpo medio, tiene una entrada fácil en boca, donde mantiene un equilibrio bastante logrado, balanceando los sabores iniciales a malta, caramelo, mantequilla, y algunos matices afrutados como melocotón y dulces como miel, con lo sabores agridulces posteriores a cítricos como pomelo y naranja, y un notable amargor en el regusto con una pizca de ardor por el alcohol.  Es la que más me gustó de las 3.
Maridaje: Un acompañamiento adecuado podría ser unas gambas al ajillo con un puntito de guindilla. El marisco y el picante encajan a la perfección con una de cerveza de estas características.
Puntuación: 8,5/10


BROWN ALE:
Graduación: 5,6º
Tipo de vaso recomendado: Vaso de pinta inglés
Temperatura de servicio: 12ºC
Aspecto:
La Brown Ale tiene muy buena presencia nada más verla, con un tono rojizo oscuro cercano al marrón. Con una generosa y cremosa capa de espuma de entre 2 y 3 dedos de espesor y de color canela, con buena consistencia que deja adheridos importantes restos de espuma en el cristal de la copa. Verdaderamente atractiva
Aroma:
La más compleja de la tres.En nariz se percibe principalmente la malta tostada, como era de esperar, con un toque a nueces, avellanas, y notas de caramelo y chocolate.
Sabor y textura: 
Se trata de una cerveza con cuerpo, y de buena carbonatación, que "pesa" un poco a medida que la tomamos. Aquí, lo primero que nos llega es el chocolate de forma más acentuada que en el olor, aunque sin llegar a los niveles de una Imperial Stout, y se ve acompañando de otros sabores como caramelo, toffee y malta. De escaso carácter lupulado, se perciben de modo sutil en forma de pequeños puntos de amargor con un gusto terroso, más apreciables en el regusto. Se percibe un poco de distorsión por el alcohol a pesar de sus 5,6º, algo que me sorprendió y que quizás considere como su principal punto negativo.
Maridaje:
Apropiada cerveza para acompañar unas tiernas chuletas de cordero.
Puntuación:7,75/10


LAGER:
Graduación: 5,3º
Tipo de vaso recomendado: Copa clásica de cuerpo y boca estrecha, a medio camino entre la de cava y la de vino.
Temperatura de servicio: 6ºC
Aspecto:
De color dorado claro, con buena cantidad de burbuja fina. Impecable presencia completada con una capa de espuma de 2 dedos de espesor, compacta y sedosa, con buena retención, y perfectos anillos descritos en cada sorbo.
Aroma:
De olor intenso, destacan los aromas herbales y florales un poco por encima del esperado aroma a malta y cereal, lo que nos hace recordar por momento a una IPA. Acompañan también algunas notas de caramelo y galleta.
Sabor y textura: De suave entrada, es una cerveza que se bebe con facilidad y resulta muy equilibrada. Es la principal característica de la cerveza, un equilibrio entre el gusto a malta y su punto de caramelo y pan, con los sabores ligeramente afrutados (cítricos), a campo y terrosos, proporcionados por los lúpulos, que dota del justo amargor a la cerveza para rematar el trago con un punto de sequedad. Excelente ejemplo de una lager de estilo vienés.
Maridaje:
Perfecta para acompañar una ensalada de queso de cabra con rúcula, escarola, cebolla caramelizada y pepitas de granada.
Puntuación: 8,25/10

viernes, 11 de noviembre de 2011

Bamberg, pasión por la cerveza


Hace varios meses dediqué una entrada a una de las ciudades más cerveceras de toda Europa, Bruselas, probablemente la capital de la cerveza de Europa. Pero aparte de la urbe flamenca, tenemos otras ciudades por toda Europa, que todo buen cervecero debe conocer, como por ejemplo: Munich, Praga, Londres... Y entre todas ellas hay una que destaca particularmente, aunque a muchos no les suene el nombre: Bamberg. Ubicada al norte de Baviera, en la región más septentrional del estado, Franconia (Franken en alemán), es considerada como posiblemente la mejor ciudad cervecera de Alemania, por encima de la mismísima Munich, que ya es decir. Quizás este título simbólico extraoficial se deba a que en Bamberg y en sus alrededores se concentran nada menos que unas 300 fábricas de cerveza, aunque con la situación económica actual ha habido algún cierre. Hace algunos veranos tuve la oportunidad de visitar la ciudad durante una ruta en coche que hice por Baviera, y puedo decir que es sin duda un lugar altamente recomendable, al margen de que sean más o menos cerveceros, ya que alberga varias joyas arquitectónicas y forma parte del Patrimonio Histórico de la Humanidad desde 1993.


Bamberg es una pequeña ciudad barroca de unos 70.000 habitantes asentada a orillas del río Regnitz, y construida sobre los cimientos de la antigua ciudad medieval fundada antes del año 902, en el que fue construido el castillo de la familia Babenberg, en cuyo honor la ciudad recibió su nombre. De entre los monumentos más destacables tenemos: La catedral del siglo XIII, el palacio barroco de la antigua residencia de los obispos durante los siglos XVI y XVII, la nueva residencia de los obispos, usada a partir del siglo XVII y el ayuntamiento antiguo (Altes Rathaus), que quizás sea el edificio más emblemático y conocido de todo Bamberg, y que aparece en todas las guías, ya que se trata de un peculiar edificio, que parece sostenerse en el aire sobre una pequeña isla del río Regnitz.

Pero dejando a un lado los monumentos históricos, en Bamberg podemos apreciar que se respira en el ambiente una auténtica pasión por la cerveza. Hay multitud de gaststätte o tabernas, distribuidas por toda la ciudad donde es posible encontrar hasta 12 referencias autóctonas diferentes de cerveza en sus cartas, algo que no es demasiado habitual en Alemania, a pesar de la increíble tradición cervecera de este país. La cerveza que más fácilmente podemos encontrar es la Vollbier, una lager que puede ofrecer diferentes tonalidades, bien claras o más oscuras, y con acentuado sabor a malta. La versión sin filtrar y con poca carbonatación de las Vollbier, fue rebautizada con otros nombres como Kellerbier o Landbier. Este término seguramente sí sea conocido por muchos cerveceros que lean estas líneas. Probablemente las Kellerbier, de entre los estilos de cerveza Alemanes que existen, sea uno de mis favoritos. 
Otro estilo único que convierte a Bamberg cada otoño en un destino imprescindible para quienes nos gusta la cerveza, es el de la Bock. Cada año durante esa época, miles de aficionados recorren las fábricas que ofrecen sus versiones al público para ser degustadas.
Pero quizás, el estilo de cerveza por el que es más conocido esta ciudad francona, es sin duda, la cerveza ahumada, o rauchbier, aunque no sea ni mucho menos el estilo de mayor producción, ya que en la actualidad sólo hay dos cervecerías que la fabrican en la actualidad: la Schlenkerla y la Spezial, de las que hablaré un poco más adelante. Hasta el comienzo de la II Guerra Mundial también estaban las cerveceras Polarbär y Greifenklau que producían exclusivamente cerveza ahumada, pero lamentablemente desaparecieron. Eso sí, en el resto de Franconia existen más ejemplos de su tradicional cerveza ahumada. Las cervezas ahumadas, como su propio nombre indica, guardan una relación especial con el humo. En su proceso de elaboración, para maltear el cereal, resulta necesario que comience la germinación del grano, para que empiece la conversión de los azúcares complejos en simples. Este proceso sin embargo es necesario detenerlo antes de que se hayan perdido por completo las propiedades del grano. Para ello, normalmente se emplea calor, pero en Bamberg desarrollaron otro método en el que emplean humo proveniente de las brasas de madera de haya, lo que le da ese toque al sabor tan característico a turba, brasas de madera, profundamente ahumado, y que parece que estemos comiendo queso ahumado mientras que bebemos esta cerveza.

Como he comentado al comienzo de la entrada, son muchas la tabernas y cervecerías en Bamberg. Cuando visité la ciudad pude conocer los siguientes locales, recomendados en guías turísticas especializadas.


Enfrente de la conocida Schlenkerla, a escasos metros podemos encontrar esta cervecería de fachada también llamativa, con sus letras góticas y escudos en hierro forjado y pintadas en color oro. Los tanques empleados para la elaboración de la cerveza se encuentran visibles, lo que la distingue del resto de la cervecerías típicas de Bamberg. Llaman la atención sus desayunos que incluyen un vaso de cerveza de trigo, un surtido de salchichas y el típico pretzel bávaro. Muchos pensarán: los alemanes desayunan cerveza? normalmente no, pero en este lugar sí. La oferta es tentadora, para los que nos gusta desayunar de forma contundente. También es posible tomar una bandeja de degustación con sus especialidades cerveceras.


Esta es sin duda la cervecería más conocida de todo Bamberg y que figura en todas las guías turísticas. Su taberna es la que más visitantes recibe y se suele encontrar muy concurrida. Fundada en 1678, pero con orígenes aún más antiguos que se remontan a comienzos del siglo XV, actualmente es propiedad de la familia Heller-Trum, y que desde hacer 6 generaciones está íntimamente unida a la cerveza ahumada. Su rauchbier, con su cuerpo y gusto profundamente ahumado, es mundialmente conocida, aunque genere algunas discrepancias entre quienes la prueban. Los hay quienes la adoran, entre los que me encuentro, y los hay quienes realmente no pueden con ella, y son incapaces de terminarse una botella.Aquí la rauchbier fluye directamente de los barriles de madera que tienen apoyados en un mostrador.
El ambiente de la cervecería es realmente acogedor. Dada la cantidad de gente que acude, es necesario compartir mesa, pero el ambiente es cordial, y aunque no hablemos alemán, podemos pasarlo muy bien con los compañeros de mesa. La cerveza ayuda a romper el hielo, sin duda, y podemos acompañarla de contundentes platos típicos de la cocina bávara. Es posible además adquirir diferentes artículos de merchandising de la marca en una especie de pequeño quiosco. También tienen otra cervecería en el barrio de Stephansberg en las que se fabrican realmente las especialidades cerveceras de la casa, pero la imagen de la marca continúa siendo la taberna ubicada en el centro histórico.

 
Esta cervecería fue fundada en 1533 y pertenece a la familia Braun-Schröder desde mediados del siglo XIX. Klosterbrau es la cervecería más antigua de Bamberg. Bajando por una calle empedrada con mucho encanto, nos encontramos con esta gran cervecería, y lo que llama la atención enseguida es su fachada, enorme y pintoresca con unas grandes letras góticas en la pared y una terraza con amplias mesas de madera delante del edificio. Es una de los edificios más representativos de la arquitectura de la ciudad, aunque realmente la construcción no data de muchos años atrás, en contra de lo que pueda parecer. El interior no defrauda: mucha madera y trofeos de caza. La selección de cervezas incluye: Bock, weizen, pils, braunbier, y su particular versión de la schwarzbier, la schwarzla, con un toque ahumado.

Son las tres cervecerías que pude conocer durante una única jornada que estuve en la ciudad, aunque las guías turísticas incluían varias cervecerías más entre las que destacan especialmente dos: La Spezial, que produce otra excelente cerveza ahumada aparte de la Schlenkerla y la Fäsla creadora de la prestigiosa doppelbock Bambergator.

Al margen de las cervecerías hay un museo de la cerveza en Bamberg, que recomiendo visitar a los interesados en este mundo y que pasen por Bamberg. Se trata del Fränkisches Brauereimuseum, abierto al público desde 1984. Se encuentra en uno de los edificios históricos de la ciudad, la abadía benedictina de Michaelsberg, donde ya se producía cerveza desde el siglo XII. El museo organiza visitas que incluyen un recorrido completo por el proceso de elaboración,la evolución de la cerveza monástica a la cerveza comercial y una degustación de cervezas. Actualmente también cumple las funciones de archivo para historiadores cerveceros.

Como se puede apreciar Bamberg tiene mucho que ofrecer al visitante, tanto a nivel artístico histórico, como a nivel gastronómico, en especial gracias a sus cervezas, por lo que no dudéis en incluir a Bamberg en vuestras rutas si algún día visitáis Baviera.

martes, 8 de noviembre de 2011

Hercule Stout, siguiendo la pista a Poirot


Últimamente el nivel de cervezas que estoy tomando está alcanzando cotas muy elevadas. Después de excelentes cervezas como la Traquair Jacobite, la Doppelbock Dunkel de Andechs, o la Imperial Stout de Samuel Smith, en esta ocasión le va a tocar el turno a una cerveza belga, la Hercule Stout, de la pequeña cervecera Ellezelloise. Aunque el estilo al que pertenece no es originario de Bélgica, ni uno de los más trabajados en aquel país estamos ante una cerveza sublime, a la que le han dado el nombre de uno de los personajes belgas por excelencia del siglo XX, aunque sea de ficción. Estoy hablando de Hercule Poirot, el célebre detective belga, personaje protagonista de numerosas obras de la prolífica Agatha Christie.
Poirot posiblemente sea el personaje más conocido de las novelas de Agatha Christie. Seguramente más de uno que lea estas líneas haya visto alguna adaptación cinematográfica de las historias de este insigne detective de métodos muy particulares. 
Fue un miembro de la policía belga en un comienzo y con el estallido de la I Guerra Mundial, llegó como refugiado a Inglaterra. Desde entonces no abandonó su tierra de adopción, donde se quedó a vivir y se estableció como detective privado de gran prestigio. Físicamente se le podría describir como un hombre de poca estatura, más bien rollizo, y con un impresionante bigote adornándole el rostro, siendo su rasgo más característico. De hecho, para el propio Poirot constituía un orgullo y en numerosas ocasiones se le describe como el mejor bigote de toda Inglaterra. De modales finos, algo vanidoso, con estilo y elegancia siempre lograba dar con la solución de los casos que se le planteaban.

A pesar de que mucha gente lo confundía con francés, él siempre corregía que era belga, y este (su origen) es el motivo por el cual aparece en las etiquetas de la cerveza que lleva su nombre. La cervecera ubicada en la localidad de Ellezelles es donde se sitúa la cuna del personaje.

La cervecera Ellezelloise es una pequeña cervecera bastante joven, fundada el 1 de enero de 1993, y cuya primera cerveza se lanzó a la venta en Julio de ese mismo año. La modesta granja donde se ubicó la planta de producción de la cervecera, fue comprada en 1985 y la rehabilitación de los edificios así como la adquisición de los equipos necesarios para la producción llevó nada menos que 8 años. El éxito del proyecto se debe a la fe y la pasión de Philippe Gerard, maestro cervecero con más de 25 años de experiencia en diferentes cervecerías, y de su padre que trabaja como ingeniero también en la propia fábrica.
Phillipe llamó a su primera cerveza Quintine en honor a una bruja de Ellezelles llamada así, protagonista de cuentos y leyendas de la zona. Se trata de una cerveza rubia de alta fermentación, sin filtrar ni pasteurizar.
La gama de cervezas elaborada por la fábrica se completa con la Quintine Ambree, la Blanche de Saisis, la Saison 2000 y la Hercule Stout, que será la que comente hoy en la cata. Una stout más cercana a una Imperial Stout, ya que reúne la mayoría de las características propias de este último estilo.
De producción limitada y manteniendo siempre métodos tradicionales de elaboración, sus cervezas no son fáciles de encontrar, aunque algunas en cuentagotas llegan a las tiendas especializadas. En mi caso concretamente, logré adquirirla en la Maison Belge de Madrid.


Cata:
Graduación: 9º
Tipo de vaso recomendado: Vaso de pinta inglés en forma de tulipa.
Temperatura de servicio: 12ºC
Aspecto: De color marrón chocolate, muy oscuro, cercano al negro. Opaca y con un nivel de carbonatación visible pero no muy elevado, genera una densa capa de espuma de tono amarronado. De aproximadamente un par de dedos de espesor, presenta una apariencia compacta, pero resulta de duración media, ya que no llega al final de la copa. Se reduce de forma paulatina hasta dejar una fina capa de un par de milímetros cuando hemos apurado la mitad, pero deja atractivos aros de espuma fuertemente adheridos a la copa.
Aroma: Nada más abrir la botella afloran al exterior un potente conjunto de aromas, entre los que destacan el torrefacto y el chocolate. Al servir en copa, los olores se liberan, completamente y se descubre una cerveza compleja y potente en aromas. De nuevo aparecen los aromas de malta tostada y café torrefacto, por encima un poco del chocolate. Acompañan notas afrutadas, de levadura, miel y un punto de alcohol.
Sabor y textura: Si aromáticamente ya resultaba atractiva, en el trago lo confirma con creces. En el primer trago se aprecia que es una cerveza con cuerpo, y toda una explosión de sabores en la que destaca una deliciosa mezcla de maltas tostadas y oscuras con chocolate, inunda la boca. A continuación vienen algunos matices afrutados y algo más ocultos de regaliz. El alcohol acompaña buena parte del trago sin desentonar, y desemboca en un final amargoso, pero sin acapar el protagonismo del sabor, alcanzando un buen equilibrio.
Maridaje: Si en el pasado post con la Imperial Stout de Samuel Smith sugería acompañarla de queso Stilton, en esta ocasión, tratándose de una cerveza belga, una combinación muy apetecible de la que doy fe, es con queso Gruyere. Hasta el mismísimo Poirot con sus exquisitos modales se habría chupado los dedos.

Puntuación: 9,5/10

sábado, 5 de noviembre de 2011

Samuel Smith Imperial Stout, the Imperial Black


De entre las cervezas inglesas más prestigiosas que se pueden comprar en España, se encuentra la Samuel Smith Imperial Stout, una de las más apreciadas y con más tirón de la cervecera de Tadcaster, dentro de los círculos cerveceros. Otro tema es lo cada vez más complicado que resulta conseguir alguna de las maravillas de esta cervecera británica, algo que a su vez puede ser extensible a otras afamadas cerveceras anglosajonas como la St Peters, la Meantime, la Harvieston, o la Wychwood, de las que ya he hablado alguna vez en el blog.
Desconozco la razón que existe para que así sea, pero cada vez encuentro menos variedad y cantidad de cervezas inglesas entre los catálogos de las tiendas españolas, y en las estanterías de los hipermercados, exceptuando quizás a dos de las más grandes: la Marston's y la Fuller's. No sé si deberá a problemas de distribución, o a lo mejor es una simple apreciación mía y la situación no es tal, pero hace cosa de un año era posible encontrar fácilmente casi cualquier cerveza del portfolio de Samuel Smith, y ahora mismo hay que estar atento para poder hacerse con alguna. Se ven, pero no abundan, por lo que no hace mucho, viendo entre los estantes de Cervezorama, las inconfundibles estilizadas botellas de la Samuel Smith, me detuve a mirar con atención, y al comprobar que se trataba de la Imperial Stout, aproveché la oportunidad para hacerme una vez más con una delicia como es la Imperial Stout de la cervecera de la rosa blanca de Yorkshire
Precisamente el emblema de la compañía, ha dado algunos quebraderos de cabeza a la compañía recientemente debido a un contencioso que ha mantenido con otra cervecera británica, la Cropton, por emplear el mismo símbolo en sus etiquetas y grifos sin su consentimiento. La Cropton por su parte se defendió alegando que la rosa blanca es un emblema común, y la Samuel Smith no debería a tener derecho a ejercer una especie de monopolio sobre su uso.
Al margen de esta disputa, la Samuel Smith es una cervecera altamente reconocida en el panorama cervecero británico e internacional. De esta compañía ya hablé cuando comenté la nut brown ale, una buena cerveza de un estilo peculiar y originario del norte de Inglaterra.
Samuel Smith, es una de las pocas cervecerías independientes que quedan en Inglaterra,  y como muestra de su carácter tradicional y artesanal, es la única que continúa empleando el método de fermentación en piedra de pizarra de Yorkshire, que es el método tradicional de esa región. La planta cervecera no ha experimentado grandes transformaciones, y la levadura continúa siendo la misma que usaban a comienzos del siglo pasado, el lúpulo sigue siendo agregado a mano por el maestro cervecero y el agua sigue siendo extraída en baldes de cobre de un aljibe con dos siglos de antigüedad. Tras cinco generaciones de la misma familia de cerveceros (desde 1847, aunque la cervecera fue fundada en 1758), la receta de la cerveza se mantiene prácticamente intacta.
Ubicada en la pequeña localidad de Tadcaster, donde además existen otras dos cerveceras de importancia, la John Smith's y la Bass, comenzó a ganarse una reputación con sus ales a finales del siglo XIX, convirtiéndose en la competidora norteña de Burton-upont-Trent, el que quizás sea el mayor centro de producción de ales inglesas.
Centrándonos en la cerveza propiamente dicha, la Imperial Stout es quizás una de las más prestigiosas y conocidas de la cervecera inglesa, siendo considerada durante un tiempo, el modelo ideal para este estilo. Las Imperial Stout constituye uno de los estilos más atractivos para los cerveceros, por su sabor intenso y cremosidad, y que ya mencioné en el blog en un pasado post dedicado a las cervezas porter y las stout. Derivado de las stout y originario de Inglaterra actualmente es uno de los estilos más desarrollados, especialmente en los Estados Unidos y en las islas británicas. Este tipo especial de cerveza fue elaborada originalmente para resistir las duras condiciones que tenían que soportar las cervezas durante el transporte marítimo desde los puertos de Inglaterra hasta la Rusia imperial zarista, debido especialmente a la dura climatalogía del Báltico. Fue uno de los estilos favoritos de cerveza entre la nobleza y alta clase rusa, cuyo gusto por la buena comida y bebida era de fama mundial. De ahí que en un comienzo este estilo recibiera el nombre de Russian Imperial Stout.
En contraposición a las Stout, las Imperial Stout son cervezas con mayor contenido en alcohol, y presentan una textura más sedosa. Son también cervezas más aromáticas y de sabor intenso con matices dulces achocolatados, que mitigan un poco la sequedad típica de las Stout clásicas.

Cata:
Graduación: 7º
Tipo de vaso recomendado: Vaso de pinta británico en forma de tulipa.
Temperatura de servicio: Entre 12ºC y 14ºC
Aspecto: Muy oscura, y opaca. De las cervezas más intensamente negras que conozco. Con un nivel de carbónico perceptible, crea una capa de espuma de color canela al servir en el vaso de pinta, de un par de dedos de grosor, algo porosa, con buena retención y textura cremosa. La densidad de la espuma es perceptible en los anillos que deja de rastro adheridos al vidrio.
Aroma: Perfumada, aromáticamente compleja, desprende una buena diversidad de aromas, donde destacan las maltas oscuras, con matices a café, madera, vainilla, un toque de azúcar moreno, y sobre todo chocolate negro.
Sabor y textura: De textura suave y aterciopelada en boca, y con un cuerpo medio. No resulta difícil de beber, y el alcohol están bien integrado, apareciendo, pero en su justa medida. En el sabor destaca el tostado de la malta en un comienzo, y el sabor a café, con un matiz de galleta y levadura en el fondo. Al poco comienza a aparecer los primeras sensaciones dulzonas a chocolate, que se mantienen durante gran parte del trago. También son perceptibles los lúpulos al final, para concluir con un regusto algo amargo y seco, logrando una cerveza bien equilibrada.
Maridaje: Podemos optar por un maridaje de contraste combinándolo con queso stilton, o de acompañamiento a un postre como el tiramisú, logrando una asociación casi perfecta.

Puntuación: 9/10