domingo, 22 de enero de 2012

Rochefort, la trapense introvertida




Durante los primeros meses de vida de este blog, uno de los géneros cerveceros que más entradas ocupó fueron las cervezas trapenses, o trapistas si admitimos el galicismo. Aún restaban por aparecer la Achel y la Rochefort, si no tenemos en cuenta la francesa Mont des Cats, a la que quieren considerar la octava trapense. Al final, uno regresa siempre a los clásicos, y el reciente debate que ha existido en el blog de mi amigo lupuloadicto, y en otros círculos cerveceros, acerca de las tendencias que parecen dominar el mercado actual, me he animado a dedicar esta entrada a la clásica y genial Rochefort.

Sobre la abadía
De entre los seis monasterios trapenses que fabrican las cervezas con fines pseudo-comerciales (aunque ahora mismo Westvleteren se ha apuntado a la comercialización de forma excepcional), la abadía de Nuestra Sra. de St. Remy, ubicada a las afueras de la localidad de Rochefort, quizás sea la más reservada y tradicional, y muy poco se conoce en el exterior acerca de los monjes que elaboran la cerveza. Este hecho quizás se deba a la ubicación donde se encuentra la abadía, en un lugar un tanto recóndito y retirado, y también al carácter del monje abad que mantuvo la reputación de ser el monje más estricto de toda Bélgica.
Sin embargo a pesar del aparente ocultismo de lo que sucede entre sus muros, la historia del monasterio se encuentra bien documentada. Fue fundado como convento en 1230, y pasó a ser monasterio en 1464. La elaboración de la cerveza comenzó un poco más tarde, a finales del siglo XVI, concretamente en 1595, utilizando la cebada y los lúpulos que los propios monjes cultivaban en sus terrenos. Estos cultivos actualmente no existen, y desaparecieron hace tiempo. A pesar de ello Rochefort continúa siendo quizás la más rústica y medieval de las abadías trapenses. En la actualidad las maltas empleadas provienen de cebadas holandesas y francesas, malteadas al estilo pilsen y caramelo de Munich, mientras que los lúpulos empleados provienen de Alemania y Eslovenia. Además se utilizan dos cepas de levadura en igual proporción durante la fermentación primaria y la secundaria en botella. 
Hasta 1998 las botellas no se encontraban etiquetadas, como lo están ahora, al igual que sucede con la Westvleteren (realmente hasta hace poco, porque esta última ha incluido la serigrafía en dorado sobre sus botellas). Y poco a poco en los últmos años, la abadía se ha ido abriendo un poco al mundo cervecero, gracias a la labor de Gummer Santos, el maestro cervecero contratado hace unos años, formando parte de los empleados laicos de la abadía. Desde entonces se incorporó una nave anexa a la iglesia de la abadía donde ubicaron una sala de degustación para visitantes, que aunque en número restringido tienen la oportunidad de conocer la abadía, y degustar sus cervezas. Del mismo modo la abadía ha ido renovando sus instalaciones durante las últimas décadas. Actualmente, la tecnología de Rochefort supera ampliamente a cervecerías de su misma envergadura. La sala de cocción se instaló en la década de lo 60 y se renovó en 1974. Por semana se realizan seis cocciones de 100 hectolitros cada una y la producción anual ronda los 28.000 Hectólitros. A pesar de ello, la elaboración de cerveza se mantiene limitada para cubrir las necesidades básicas de la abadía, uno de los principios fundamentales de las abadías trapenses.
Lamentablemente, el monasterio fue noticia el 29 de Diciembre del 2010, debido a un incendio que se produjo durante la hora de la cena. Al parecer, la desgracia tuvo su origen en un cortocircuito de un generador. Varias dotaciones de bomberos lucharon durante horas contra las llamas, y lograron afortunadamente que el fuego no se propagara ni a la cervecería ni a la biblioteca. El ala del edificio donde se encontraban los aposentos de los monjes que viven en la abadía no sufrió ningún deterioro de mención, y tampoco hubo que lamentar daños personales. Lo que sí se vio afectado es la parte del tejado donde se encontraban ubicados los tanques de almacenaje, que solo se eran usados durante el embotellado y afortunadamente ese día ya  se habían utilizado y se encontraban vacíos.

Sobre las cervezas...
Las cervezas de la abadía de Rochefort se encuentran entre las más interesantes y peculiares dentro del género, dado su carácter oscuro, especiado y malteado.
La abadía produce 3 cervezas en la actualidad, siguiendo todas ellas la misma receta base, pero siendo elaboradas por separado, consiguiendo en cada una de ellas un grado de alcohol y densidad diferentes. Cada uno de los 3 tipos son distinguibles a partir de las chapas numeradas (6,8,10) y de diferentes colores (rojo, verde y azul) y un círculo del mismo color con idéntica numeración en la etiqueta. La graduación alcohólica real de cada una de las cervezas, se encuentra ligeramente por encima de la numeración. Así la Rochefort 6 (una Strond Dark Ale) tiene una graduación real de 7,5º, la Rochefort 8 (una Dubbel) 9,2º y la Rochefort 10 (Una cuádruple) 11,3º.
Todas ellas una excelentes cervezas, siendo la 10 una de las mejores cervezas del mundo en su género, formando parte de un selecto grupo, como la St. Bernardus Abt. y la Westvleteren 12, entre otras.


Cata:


Rochefort 6
Graduación:7,5º
Temperatura de servicio:12-13º
Tipo de vaso recomendado:Vaso de cáliz
Aspecto: De color marrón oscuro, con brillos rojizos al trasluz a medio camino entre el cobrizo y el granate. Bastante densa, opaca y con sedimentos de levadura en suspensión visibles. Nivel de carbonatación notable y de burbuja fina. El copete de espuma formado es de aproximadamente entre 1 dedo y medio y 2 de espesor de color crema, muy densa y con buena retención.

Aroma:Destacan las notas maltosas y dulces a toffee, caramelo y bizcocho, junto con otras notas afrutadas, donde destacan los frutos como cerezas y ciruelas, con un punto de levadura y alcohol.

Sabor y textura: Muy cremosa, y con una carbonatación acentuada que se percibe en la lengua con un cosquilleo picante, al que contribuyen también las especias. Resulta bastante maltosa, con una entrada dulce, con matices de caramelo, y frutos secos. También aparecen matices afrutados, en especial frutos oscuros. Finaliza con un regusto seco, y con sensación de ardor por el alcohol.

Maridaje: Una tabla de salchichas especiadas con salsas.
Nota: 8,75/10


Rochefort 8

Graduación:9,2º

Temperatura de servicio:12-13º
Tipo de vaso recomendado:Vaso de cáliz
Aspecto: De tono marrón oscuro, turbia. Similar al de sus hermanas. Considerable nivel de carbonatación visible a través del cristal de la copa. No filtrada, forma una cabeza de espuma con buena amplitud y duración, que deja rastros bien definidos en forma de aros adheridos al vidrio.

Aroma:Notas dulces y afrutadas por encima de otros matices. Destacan los aromas a dátiles, higos, y cerezas, sobre un fondo de malta, pan recién horneado y caramelo. Aparecen de forma secundaria algunas notas a chocolate, café y especiadas.

Sabor y textura: De cuerpo medio-alto, tiene buena entrada en boca. Con una base potente de malta con matices de caramelo y sirope incorpora otros matices afrutados reproduciendo las mismas sensaciones detectadas en nariz. El alcohol se deja notar, con un ligero ardor al final del trago, y a medida que dejamos calentar la cerveza. Finaliza con un regusto seco y especiado.

Maridaje: Lomo de cerdo horneado con salsa de zanahoria.
Nota: 9,5

Rochefort 10
Graduación:11,3º

Temperatura de servicio:14-16º
Tipo de vaso recomendado:Vaso de cáliz
Aspecto: De un tono marrón profundamente oscuro, presenta algún tono rubí oscuro al trasluz. Densa y turbia, se aprecia sedimentación. Carbonatación ligera visible.Forma una corona de espuma de color crema de buena amplitud, aunque merma con el tiempo, quedando una fina capa de un par de milímetros hasta el final.

Aroma:Increíblemente aromática. Muy profunda e intensa. Destacan los aromas a frutos oscuros como ciruelas, higos, pasas, y frutas del bosque, creando una fragancia muy agradable, complementada con algunas notas de chocolate, levadura y especias.

Sabor y textura: De entrada muy suave, aterciopelada, cremosa y con una gasificación liviana. Cerveza con gran cuerpo. Llena la boca por completo. Muy sabrosa. Destaca por sus sabores a malta caramelo, azúcar y chocolate con matices a frutos oscuros y especias, con un toque a levadura. Aparecen también algunas notas avainilladas. El alcohol aunque aparece está perfectamente integrado, resultando una cerveza redonda y muy bien balanceada a pesar de la carga de malta y alcohol que contiene. Cercana a la perfección. Imprescindible para cualquier buen cervecero.

Maridaje:Es una cerveza ideal para acompañar un postre como un pudin de café y caramelo.
Nota:10/10

5 comentarios:

  1. Son las tres fantásticas, quizá la 6 no llega hasta el nivel de las otras dos pero no obstante es una muy buena cerveza. Por cierto, en esto soy el raro pero mi preferida es la 8.

    Saludos

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  2. Pues a mi la 8 no me acaba de convencer nada. Pienso que no tiene bien integrado el alcohol.

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  3. ¡¡UN APLAUSO A ESTA CERVECERA!!! Suscribo la notaza a la Rochefort 10, una de mis 10 cervezas belgas favoritas. Increíble lo que mejora (y eso que parece imposible) con el paso de los años.

    ¡Viva Rochefort!

    ¡Saludos!

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  4. Yo conozco mucha gente que su favorita es la 8. Curiosamente, nadie antes me había comentado que fuera la flojilla. A mi, personalmente, la 6 considero que está algo lejos de las otras dos. Y la 10 a años luz de cualquiera otra.

    Sin embargo, son garantía de éxito las Roches. ¡Viva! :-)

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  5. Es de mis trapenses favoritas. Tanto la 8 como la 10 me parecen auténticos cervezones, aunque yo sí me quedo con la 10, antes que con cualquiera de las otras dos. Pero para gustos, colores, claro está! Y coincido con vosotros... Viva Rochefort!

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