domingo, 22 de abril de 2012

Experiencias cerveceras en la capital de Holanda



En la última entrada que publiqué hace unos días ya comencé a hablar de mi reciente viaje a Amsterdam, y lo que dio de si la travesía en cuanto a cervezas se refiere. Comencé hablando de Bierkoning, la fantástica tienda especializada situada junto a la plaza Dam, lo que viene a ser la particular Puerta del Sol de los holandeses, y hoy pasaré a centrarme en los hábitos de consumo de los holandeses, y las cervezas que pude probar durante mi estancia en mi periplo por diferentes restaurantes y cervecerías.
Lo primero que advertí es que la cerveza más consumida con diferencia, y esto era algo totalmente lógico de imaginar, es la Heineken, que junto con la Amstel dominan el panorama hostelero de la ciudad. El paisaje urbano de la capital holandesa está salpicado de multitud de carteles con el nombre, y la célebre estrella roja del logo de la archiconocida macro internacional. Sin ninguna duda, son las cervezas más consumidas con diferencia por encima de incluso las de otras macros como Bavaria, y Grolsch. Mi idea original del viaje, en lo que a cervezas se refiere era centrarse especialmente en cervezas holandesas (al margen de las macros), que no son las más frecuentes entre las que podemos encontrar en tiendas y cervecerías españolas, aunque algunas ya se han hecho hueco con una buena reputación entre los aficionados como De Molen, Emelisse, 't IJ, De Prael... y efectivamente estas son algunas de las micros que más asiduamente se dejan ver en las cervecerías de la ciudad de los canales. Especialmente la ´t Ij con su carismático avestruz, y la De Prael por ser propias de la ciudad. La De Molen al igual que aquí, también gozan de una fama y reputación excelente, y la variedad disponible es verdaderamente sorprendente. Al margen de estas hay otras marcas muy consumidas como Texels, Maximus, Budels, Gulpener, Hertog Jan, Budels y sobre todo Jopen. Aparte de todas las mencionadas es digno de mención el éxito que tienen a modo de aperitivo, sobre todo entre el público femenino, la Wieckse wit, una cerveza blanca de trigo, y la Wickse Rosse, que es una versión de la primera con algo de sirope o mezcla azucarada, que le da un toque de color, pero bastante artificial en el sabor. No me entusiasmaron especialmente ninguna de las dos, sobre todo la segunda, cuando las probé en una escapada que hicimos a Haarlem y Alkmar. Sin embargo mi mujer se inclinaba claramente hacia este estilo, ya que no es muy cervecera.
La ciudad de Amsterdam es muy conocida por su animada y singular vida nocturna, de la que ya habréis oído hablar sobradamente. Para no perderme, y deambular sin rumbo entre los canales buscando los mejores locales para tomar una cerveza, usé la información que había dado nuestro amigo Joan, del blog Birraire, tras su experiencia en Amsterdam meses atrás. 
He de adelantar que resultó de lo más útil, y desde estas líneas le doy las gracias. El primer local que visité fue The Beer Temple, uno de los más recomendables dentro del panorama cervecero de Amsterdam en la actualidad, y eso que no es precisamente un local donde las cervezas holandesas ocupen el protagonismo en exclusiva, sino más bien compartido, con un sinfín de grandes cervezas de marcas conocidas por todos nosotros, provenientes de otros países, como Estados Unidos, Reino Unido o Dinamarca. Situado muy cerca de la tienda Bierkoning, donde podemos encontrar precisamente publicidad y tarjetas de la cervecería, a unos escasos 150 metros de la tienda se encuentra este local, Era el jueves por la tarde y el bar se encontraba a medio gas. 

Con una luz tenue, y buena música de fondo, lo primero que llamaba la atención nada más entrar era una enorme pizarra donde era posible leer las diferentes referencias en botella que podíamos encontrar disponibles, donde destacaban especialmente las norteamericanas, como Flying Dog, Three Floyds, o Great Divide. También había diferentes variedades de la escocesa Brewdog, la danesa Mikkeller, o también algunas autóctonas como las De Molen. Lo siguiente que llamaba la atención era encontrar tras la barra nada menos que 30 grifos con referencias de diferentes firmas. En otra pizarra colocada en la pared opuesta se podían leer las cervezas disponibles que iban a poder salir de los grifos. Según iba leyendo de la lista, me encontraba con una cerveza más apetecible que la anterior, con lo que la elección era realmente difícil. Además los barriles sufrían una continua rotación, con lo que incrementaba la expectación por comprobar cuál sería el nuevo nombre incorporado a la lista. Sin duda un bar que de existir en Madrid, sería el candidato número uno para encabezar mi lista de preferidos.


Fue en este momento cuando me desvié de mi objetivo original, que eran las cervezas holandesas y me decidí por probar dos variedades que aún no había podido catar la Galaxy de Brewdog, una IPA con algo de caramelo y mucho fruto tropical y albaricoque en un conjunto de aromas profundamente atrayente, pero por contra con un grado de amargor elevado, especialmente en regusto, resultando a la par bastante astringente. Rica, aunque un poco pasada de vueltas. Y también probé la célebre 1000 IBU de Mikkeller, arriesgándome a que el amargor me lijara la garganta, pero no. 
Resultó ser una muy buena cerveza, de color ámbar muy oscuro, con un aroma suave a malta caramelo, combinado con un extraño toque afrutado al margen de los cítricos habituales en este tipo de cervezas, pero que a la par resultaba muy atractivo. Hasta bien avanzado el trago no aparecieron los lúpulos con contundencia, inundando la boca con sabores a pino, resina, tierra húmeda, pomelo, cáscara de naranja, lichis, y plantas silvestres. Se nota la carga de malta necesaria para balancear semejante contenido de lúpulo, por lo que el caramelo tiene su peso, dándole un extraño toque dulzón, sobre todo al comienzo del trago. Sorprendente a la par que placentera. Mientras mi mujer optó por una pilsner de la holandesa Hertog Jan de barril, bastante correcta.
El segundo día el recorrido cervecero comenzó con una primera toma de contacto a la hora de la comida. Mi mujer y yo estuvimos de acuerdo en decantarnos por un restaurante conocido por sus especialidades de la cocina holandesa, y que figura como recomendado en todas las guías que consultamos. Su nombre, Haesje Claes. Se encuentra situado muy céntricamente a escasos metros de uno de los rincones más bellos y tranquilos de la ciudad, donde parece haber sido congelado el tiempo: el Beginhof. Se trata de un local muy pintoresco y tradicional, por lo que podéis imaginar, que apareciendo además en las guías turísticas, estaría repleto de multitud de turistas que visitan la capital holandesa. Afortunadamente y a pesar de estar casi completo, quedaba alguna mesa para dos, por lo que pudimos sentarnos sin necesidad de una larga espera previa. Una vez acomodados, pude observar con satisfacción que en la carta había alguna que otra cerveza interesante como alguna ´t Ij, o De Prael, incluso alguna De Molen. Para comer elegimos cada uno el plato típico de la casa el Stamppot holandés, que consiste en un plato de considerables dimensiones compuesto por una enorme salchicha partida en dos, una albóndiga gigante de carne en salsa, junto con una guarnición de puré de patata mezclada con una verdura a elegir entre varias. Opté por la mezcla con chucrut. Además de bacon crujiente y pepinillos en vinagre. Realmente contundente y delicioso, que me recordaba mucho a los sabores típicos de la gastronomía alemana. 

Para acompañar la comida, primero opté por la ´t Ij Natte, una cerveza que sin llega a ser la mejor de la casa, mantiene el tipo. De color tostado y bastante turbia, lo mejor de ella llega a la nariz, con un perfil aromático intenso, y variado con notas a malta, grano, azúcar, y especialmente fruta donde destaca el plátano y un poco de levadura, aunque algo oculta. En boca, pierde algo de fuelle, aunque resulta cremosa y de fácil paso, con algo de ardor por el alcohol en el regusto. Una cerveza notable. 

Y a continuación seguí con la De Molen Op and Top, que me gustó bastante ciertamente. De color dorado intenso, y con un aroma intenso a modo de perfume donde se distinguían especialmente notas lupuladas, a cítricos y resinas con un toque floral, y algunos matices afrutados. En boca, mantuvo las expectativas, y resultó una cerveza muy rica, con un cuerpo bien estructurado, con intensidad en el sabor, apareciendo tanto la fruta como el lúpulo, y finalizando con un regusto amargo muy ajustado en su correcta medida. Una gran cerveza.

El mismo día por la noche tuvo lugar la segunda parte de estuvimos en una cervecería especializada en cervezas de Bélgica, situada en las inmediaciones de la zona de Leidse Plein, y de nombre De Zotte. Las cervezas del país vecino son tenidas en alta estima en general por los holandeses, en especial las trapenses, que son las más habituales en las cervecerías que incluyen en sus cartas cervezas belgas. Esta cervecería es un local pequeñito con la entrada un tanto estrecha, pero bastante acogedor, con música de los noventa de fondo, en especial tecno-pop.. Aunque se encontraba abarrotado realmente abarrotado, con un poco de paciencia conseguimos hacernos un hueco en la barra, y una vez acomodados, lo cierto es que se estaba bastante agusto ya que había muy buen ambiente, aunque para las camareras resultaba bastante estresante con tanta afluencia de público. La carta de cervezas es muy extensa, con un buen número de referencias disponibles, siendo bastante conocidas la mayorías de ellas. 

Opté por una Floreffe Tripel, un valor seguro. Una triple compleja, rica y sabrosa, con un intenso aroma afrutado con manzanas, plátano y con toques de levadura, y un sabor dulce y compensado, al estilo de las mejores triples, casi al nivel de la Tripel Karmeliet a la que me recuerda, aunque un peldaño por debajo. 
Y a continuación pedí una La Corne, un poco influido por el curioso vaso empleado para consumirla que tenían en el local, y que consistía en un cuerno de vidrio, similar al que hemos visto tantas veces representado en comics y películas, propio de historias milenarias protagonizadas por feroces guerreros vikingos. 

En realidad era una triple potente con nada menos que 10º de alcohol, lo que se notaba con un exceso de ardor en el regusto. Afrutada y con carácter dulce y a levadura, es una buena triple pero alejada de las mejores de este estilo tan trabajado en Bélgica. Mientras que mi mujer optó por una witbier, una Blanche de Bruxelles.
Las cervezas las acompañamos con un cuenco de patatas con salsa, tan típico en Bélgica, pero en la carta había varios platos para poder hacer de colchón para las cervezas, como unas croquetas que pedía casi todo el mundo, por lo que supusimos que debían ser la especialidad del local, pero que preferimos no tomar puesto que íbamos a cenar más tarde y no queríamos cargar demasiado el estómago.

El tercer día visitamos por la tarde otro de los locales recomendados por Birraire y que tenía aún como pendiente en la lista de citas cerveceras del viaje. Se trata del Arendsnet, donde las cervezas del país son las más solicitadas. El bar se encuentra situado en una de las casas típicas holandesas de uno de los canales que forma parte de los anillos circundantes de esas románticas avenidas de agua, que llenan el paisaje urbano de Asmterdam. Tras subir unas pequeñas escaleras se entra en el local. Se trata de un bar alargado, y cómo no lleno de gente. La barra a la izquierda sin apenas un hueco en el que sentarse, y algunas pocas mesas tanto a la entrada como al fondo del pub. Las variedades también estaban dispuestas en una serie de pizarras.  Tuvimos un golpe de fortuna, ya que justo quedó libre una pequeña mesa de dos. Junto a la mesa, en la pared, en un curioso soporte había una carta, donde tras abrirla pude comprobar todas las cervezas entre las que podía elegir, aparte de otras bebidas y otros complementos a modo de aperitivo.
Aquí podíamos elegir entre varias de las cervezas de algunas de las micros de origen neerlandés más conocidas del circuito como Emelisse, Maallust, Texels, o De Prael.
Finalmente me decidí en un comienzo por la Maximus Brutus, una cerveza a medio camino entre el bronce y el ámbar con reflejos rojizos. De carácter especiado y con aromas a levadura y matices florales y cítricos, no me disgustó en absoluto, a pesar de que el alcohol era patente. En boca con una textura suave, presentaba sabores que recordaban a los de una IPA, donde predominaban resinas y cítricos, como la naranja mezclados con una buena dosis de caramelo y toffee. Una cerveza curiosa e interesante.

Y a continuación opté por la Budels Kolos, una cerveza de un color similar al té, aunque algo más cercana al cobre que la anterior. Con abundante carbonatación y espuma, esta cerveza sin embargo no me convenció demasiado. Demasiado alcohólica a pesar de no tener una elevada graduación, no tenía bien compensada la acidez, y demasiado inclinada hacia la malta, unido a un matiz metálico que tampoco agradaba precisamente. A su favor, su aroma mezcla de fruta y caramelo con un punto especiado, que hacía presagiar una cerveza de mejor nivel. Sin duda Budels las tiene mejores.

Y el último día de nuestra estancia en Amsterdam, aprovechamos para acudir a la Heineken Experience. tras haber visitado en viajes anteriores las fábricas de Guinness y Carlsberg, la de Heineken era casi una cita obligada, pero este será el tema de mi próximo post dedicado a mi experiencia en tierras neerlandesas, adelantando de momento, que finalmente no regresé sin haberme tomado una Heineken, pudiendo constatar que no sabe igual que las que tantas veces consumí en la noche madrileña. En la próxima entrada sobre mi visita a Amsterdam más...

4 comentarios:

  1. Nutrida e interesantísima experiencia! Qué envidia! Sobretodo me atrae el Beer Tempel y sus 30 grifos... Qué barbaridad!

    Espero con ganas esa "green experience" del próximo post, jeje!

    Saludos!

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  2. Es una pasada ese bar. El mejor para los muy cerveceros, parafraseando en parte el famoso anuncio del café ;). En cuanto a la visita a la Heineken, ya daré más detalles en otra entrada, pero ya adelanto que está currado de cara al turista y neófitos en la materia, y también tiene su punto lúdico y divertido.
    Salu2!

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  3. QUe envidiaaaaaa sana, cuantos dias estuvisteis ?

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    1. Jejeje...Cuatro días para visitar Amsterdam, Haarlem y Alkmaar. Un viaje que merece la pena. Salu2!

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