lunes, 4 de febrero de 2013

Ruppanner Hecker Dunkel, la conmemoración de una revuelta


Tras varias semanas en las que no he hablado en el blog de las cervezas alemanas, esta semana le toca el turno a una cerveza fruto de la tradición cervecera más auténtica del sur de Baviera, concretamente de la región que rodea a la célebre ciudad de Constanza, declarada Patrimonio de la Humanidad y situada en las orillas del gran lago del mismo nombre que separa Alemania de la vecina Suiza. Se trata de la Ruppaner Hecker Dunkel, una cerveza de malta tostada, que lleva el nombre, o mejor dicho, el apellido del personaje histórico, el abogado y político Fiedrich Hecker, uno de los responsables de la revolución que tuvo lugar en Alemania en 1848, también conocida como la Revolución de Marzo, en la que se subrayó el descontento popular del pueblo alemán con la estructura política tradicional autocrática de los treinta y nueve estados independientes de la Confederación de Estados Alemanes, resultantes del antiguo territorio alemán del antiguo Sacro Imperio Romano Germánico. En 1998 se conmemoró el 150 aniversario de aquel movimiento revolucionario, y Ruppaner quiso dedicar un homenaje al personaje lanzando esta cerveza, e incluyendo en su etiquetado la efigie idealizada de Fiedrich, con una estética más propia del medievo, que de la época contemporánea del personaje.


Sobre la fábrica...
La cervecera alemana Ruppaner se fundó en 1795. Sus comienzos se cimentaron sobre la cervecera  Haus zur Sonne en la célebre localidad de Constanza, justo el mismo año en el que obtiene la licencia para poder fabricar cerveza. A lo largo de su historia siempre se ha encontrado en manos privadas, aunque no siempre las de la familia Ruppaner. No es hasta 1867 cuando pasa a pertenecer a la familia que da el nombre actual a la fábrica. Actualmente es la  séptima generación nada menos, la que se encuentra al frente de la cervecera. Como comentaba, la fábrica “Zur Sonne” en Constanza, no pasa a manos de la familia Ruppaner hasta bien avanzado el siglo XIX cuando precisamente Karl Ruppaner la compra. Ya en aquella época llegaron a ser la primera marca de cerveza de la ciudad.
Karl Ruppaner y su familia ya formaban parte del mundo de la cerveza desde mucho tiempo atrás, nada menos que desde mediados del siglo XVII, cuando ya eran propietarios de la taberna y restaurante llamado “Zum roten Ochsen” en la ciudad de Mengen . Uno de sus miembros, Andreas Ruppaner llegó a obtener el título de maestro cervecero en 1775. El hijo de Andreas, Karl Ruppaner, quiso desde siempre dedicarse al negocio de la cerveza, como rezaba la tradición familiar por lo que no dudó en matricularse en las prestigiosa Academia Real de Weihensthephan, de la que ya hemos hablado en este blog, y que continúa aún en funcionamiento. Allí logró obtener su título de maestro cervecero. Un título que hoy en día continúa siendo de gran prestigio, ya que es posiblemente la escuela de cerveza más prestigiosa del mundo en la actualidad. Y así hasta llegar a Karl que fue quien hizo posible que la familia se hiciese con el control definitivo de la fábrica.
Hoy en día, Ruppaner, es por desgracia la única fábrica de cerveza que ha logrado perdurar en la ciudad hasta la actualidad. Uno de los hitos más reseñables en la trayectoria de esta cervecera familiar tuvo lugar en 1909 cuando el hijo de Karl Ruppaner hizo trasladar la cervecera a la que es su actual ubicación, junto al lago Constanza. Esta mudanza se llevó a cabo a causa de que las originales instalaciones situadas en el centro de la ciudad se habían  quedado pequeñas para hacer frente al volumen creciente de la producción y la posterior maduración de la cerveza elaborada.

Las cervezas de Ruppaner se caracterizan por ser de alta fermentación, elaboradas a partir de una mezcla de maltas de trigo y cebada. Entre las cervezas que fabrica podemos encontrar la habitual gama que producen muchas de las cerveceras bávaras: una hefe-weizen, una hefe weizen dunkel, una bock, una pils... entre otras y la dunkel especial que nos ocupa en la entrada de hoy.




Cata:

Graduación:5,2º
Temperatura de servicio: 8ºC
Tipo de vaso recomendado: Vaso en forma de flauta tipo weizen.

Aspecto: Cerveza de color marrón que forma con rapidez y facilidad una gran corona de espuma levemente coloreada de color crema. Buena retención y duración de la espuma que permite que se acumulen rastros que dibujan aros irregulares en la pared del cristal, según desciende el nivel del líquido.

Aroma:Entre los aromas que podemos encontrar en esta cerveza destacan las notas provenientes de la malta tostada que se inclinan hacia el toffe, el caramelo y frutos secos, dibujando un perfil dulce.
 
Sabor y textura: Con un cuerpo medio-alto, por encima de la media de las cervezas del estilo, y una carbonatación notable, presenta un gusto bastante intenso y duradero a malta tostada, con matices ligeramente afrutados y dulzones bien completado con una sensación cremosa, que desemboca en un ligero amargor. Una cerveza bien hecha, pero con apenas algo particularmente reseñable que la destaque entre las cervezas del mismo tipo y que tanto abundan en Alemania.

Maridaje: Schnitzel vienés.
Nota:

5 comentarios:

  1. Entiendo, pues, que lo mejor de ésta cerveza es su etiqueta y ese maravilloso schnitzel vienés que nos recomiendas, cómo siempre haciéndonos la boca agua :P

    Aunque no se queda atrás la preciosa zona del lago Konstanz! Maravilloso! En su día visitamos Meersburg y guardo muchísimo cariño de todo aquello. En cuanto a lo cervecero recuerdo tomar bastantes Leibinger (que se elabora muy cerca del lago también), pero no te sabría decir mucho más ya que por aquellos entonces no estaba tan enganchado a la cerveza ;).

    Un abrazo Juan!

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    1. Hombre, la cerveza como digo en el post está bien, pero hay tantas dunkel que he probado, que esta en particular no destaca especialmente por encima de ellas, salvo por su etiqueta. Andechs por ejemplo, la fabrica mucho mejores. En cuanto a la zona, efectivamente es preciosa. Y yo también estuve en Meersburg un día que hicimos una excursión desde Munich hasta el lago, visitando también Lindau entre otras poblaciones. Y además recuerdo precisamente comer aquel día un Schnitzel fantástico, en una vieja taberna en una de las pronunciadas cuestas de Meersburg. En fin...viaje altamente recomendable, cuyo recuerdo sólo me hace suspirar de nostalgia ;). Un abrazo Pau!

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    2. Anda, pues yo también comí en uno de los numerosos restaurantes que hay en esa cuesta de Meersburg que baja hasta el lago, jejeje! De hecho, en una cervecería que había por allí fue donde nos pusimos las botas bebiendo las citadas Leibinger... ;).

      Qué hambre y qué nostalgia me está entrando de pensar en todo ello!! Snif, snif!!

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  2. Vaya....una zona pendiente todavía....y es que tantos años yendo a Baviera y aún quedan rincones por visitar pero bueno, una excusa más para volver todos los años que se pueda...sitios maravillosos, al igual que sus cervezas.

    Prost!!!

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    1. Si no lo conoces y te gusta Baviera, no dudes en visitar la ribera del lago Constanza en la frontera con Suiza. Sencillamente espectacular, y probablemente el pueblo más bonito sea Meersburg, aunque con empinadas cuestas. Merece la pena una visita. Prost!

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