jueves, 16 de enero de 2014

Mi cerveza sabe y huele mal, estará contaminada?

A más de un lector de esta tribuna, le habrá pasado que en alguna que otra ocasión advierte en la cerveza que está consumiendo un extraño sabor, cuando no directamente desagradable. A pesar de que la cerveza es un producto que proporciona un amplísimo abanico de matices en aromas y sabores, y que incluso admite el uso añadido de otros ingredientes aparte de los básicos (agua, malta y lúpulo), hay sabores que son deseables o permisibles, y otro que son claramente indeseables y a evitar por parte del productor, ya que estos sabores y olores desagradables, especialmente cuando son acusados, merman la calidad de la cerveza y su aceptación por el consumidor. Estos matices que a veces es posible encontrar en las cervezas, se deben en muchos casos a contaminaciones bacterianas durante el proceso de elaboración, que lejos de suponer un riesgo para la salud, sí que afecta a las cualidades organolépticas de la cerveza. En otros casos, se puede deber a un defecto en el proceso de elaboración, bien por los ingredientes utilizados, o por los tiempos y temperaturas de alguna fase del proceso, un incorrecto almacenamiento, o incluso que la cerveza ha sido transportada sin atender el cuidado que merece el producto. Algunos de estos factores son responsabilidad directa del productor, pero en otros casos no es posible achacar al fabricante los sabores y olores inapropiados que encontramos a la cerveza, puesto que la cerveza ya ha salido de sus instalaciones, y no puede tener control sobre ella, como en el caso de que la cerveza no haya sido almacenada por los distribuidores y comerciantes de la forma adecuada, vigilando la luz y la temperatura, o bien porque en el transporte no se haya respetado la cadena de frío que pudiera precisar algún tipo de cerveza. Desgraciadamente, encontrar una cerveza con algún defecto en sus cualidades resulta más frecuente de lo deseado, especialmente  entre cerveceros artesanales y pequeños productores, lo que provoca dos efectos colaterales de gran alcance. El primero de ellos el hartazgo por parte de los consumidores, que no toleran (ni tienen por qué hacerlo) pagar un precio mayor por una cerveza que no reúna unas condiciones mínimas de calidad que se le suponen y el segundo de ellos, si cabe más peligroso de cara al futuro de los microcerveceros, es que los malos productores hacen un flaco favor a aquellos que lo están haciendo bien y que no merecen estar "metidos en el mismo saco". Este tema ha hecho correr ríos de tinta entre los cerveceros en foros, blogs y prensa especializada. Y en las conclusiones extraídas de aquellos debates, los que estamos vinculados a este mundo de una manera u otra, estamos bastante de acuerdo. Pero en este post, lejos de querer entrar en polémicas, lo que pretendo es ayudar a detectar posibles defectos en la cerveza, entender a qué pueden deberse, y cuándo puede ser consecuencia de una contaminación o no.



Las contaminaciones...

Las contaminaciones bacterianas son la pesadilla de los fabricantes, ya que cuando se produce una contaminación en la cerveza que está elaborando, significa que tiene que tirar el lote elaborado, con todo lo que implica,  teniendo en cuenta las horas de trabajo y el coste económico que conlleva, por lo que es un tema al que debe atender con suma vigilancia. 
Para empezar debería aclarar que es una contaminación. Para la elaboración de cerveza resulta necesaria la intervención de un microorganismo fundamental, la levadura, que es quién lleva a cabo la fermentación. El problema surge cuando otros microorganismos y bacterias entran en contacto con el mosto (que es la base de la cerveza final), y consiguen proliferar en él, interfiriendo en el proceso de elaboración, con lo que se produce la tan temida contaminación. 

Uno de los factores que ha de cuidar con mayor atención el productor cervecero es la limpieza e higiene de las instalaciones usadas para la fabricación de la cerveza, ya que una deficiente limpieza puede ser la causa de numerosas contaminaciones bacterianas que pueden provocar que tenga que desecharse un lote por completo.. Existen muchos productos que ayudan a limpiar los equipos sucios. En algunos casos, cuando se trata de equipos de gran tamaño, resulta necesario utilizar productos químicos agresivos, aunque no suele ser lo habitual en los pequeños elaboradores artesanales y caseros. Una buena limpieza se puede conseguir con abundante agua caliente, frotado con cepillos y estropajos y un limpiador que ayude en la tarea, de los numerosos que se pueden encontrar en el mercado. Cuanto más limpios estén los equipos mejor pueden trabajar los productos utilizados para la desinfección posterior.
Del mismo modo que con la limpieza, para la desinfección posterior hay diferentes productos a los que el productor puede recurrir. Independientemente de la elección del desinfectante lo importante es utilizarlo adecuadamente y atendiendo a las instrucciones de uso del producto, respetando las dosis y proporciones recomendadas en caso de emplearlo diluido, ya que la aplicación por defecto, como por exceso del desinfectante puede afectar a la cerveza. Si se exceden los tiempos y dosis indicadas, el resultado puede ser que aparezcan sabores desagradables, aunque no se deban a una contaminación bacteriana.

La contaminación por parte de la bacterias no sólo se puede dar por una asepsia insuficiente. Existen otras posibles causas de contaminación como la molienda del grano de la malta, ya que este proceso genera grandes cantidades de polvo en suspensión. El grano es una fuente alimenticia, cubierta de diferentes clases de bacterias, siendo la Lactobacillus la más habitual. Por extensión, el polvo resultante está repleto de este tipo de bacterias que pueden esparcirse por todo el área de trabajo alcanzando a todo lo que se encuentre en las proximidades. Durante el proceso de elaboración, estas bacterias no acostumbran a plantear problemas debido a que las altas temperaturas de las fases de macerado y cocción imposibilitan su supervivencia. Pero sin embargo, una vez que el mosto resultante se ha enfriado, sí suponen un riesgo de contaminación, que en caso de producirse, provocará la producción de ácido láctico en la cerveza, lo que se traduce en matices agrios y desagradables. La solución más eficaz para esta cuestión es mantener el área destinada al procesamiento del grano alejada de donde se encuentren los equipos de elaboración y fermentadores.
Según lo expuesto, una de las fases más "vulnerables" de la cerveza es cuando se produce el enfriado del mosto. Este se encuentra desinfectado tras haber pasado por la fase de cocción, alcanzando temperaturas de ebullición. Por debajo de 20ºC, que es la temperatura a la que se podría inocular la levadura en el caso de las cervezas de alta fermentación, las bacterias susceptibles de provocar una contaminación no pueden prosperar ni reproducirse rápidamente. Por lo tanto es la fase de enfriado en la que el mosto debe bajar desde las temperaturas de ebullición hasta los 20ºC, la más peligrosa, de cara a posibles contaminaciones, ya que se dan las condiciones óptimas para la proliferación de las bacterias contaminantes. El enfriado del mosto pues, se ha de realizar con la mayor rapidez posible, para reducir al máximo las posibilidades de que se produzca la temida contaminación.
Otros factores que afectan a los sabores...

Tal y como comentaba al comienzo del post, muchos de los aromas y sabores molestos que podemos encontrar ocasionalmente en la cerveza se deben a la contaminación bacteriana, pero existen otros factores decisivos a la hora de garantizar que el sabor del producto final se ajuste al deseado.
Ingredientes...

Uno primordial, es la calidad y frescura de los ingredientes. Resulta una obviedad, pero no por ello menos importante. Es la base del producto. El uso de ingredientes que se encuentran caducados, rancios o no en las mejores condiciones de conservación, provoca también esos sabores fuera de lugar en la cerveza. Quizás el ingrediente más afectado por este factor de frescura es el lúpulo, sobre todo en determinados estilos donde la florecilla verde tiene mayor protagonismo como las Bitters, Pale Ales, IPAs y otros estilos afines.
Pero si hablamos de ingredientes, posiblemente el más crítico de cara a evitar sabores indeseados, es el agua, ya que un porcentaje altísimo de la cerveza es básicamente agua, y no todas son válidas para la fabricación según qué tipos de cerveza. La clave para el productor es poder contar con un suministro regular de agua limpia y apta para la fabricación de las recetas que quiere comercializar. El agua adquiere sus propiedades a partir de los materiales por los que discurre, y estas a veces no se ajustan a las necesidades para la fabricación de un determinado estilo de cerveza, por lo que resulta necesario en numerosas ocasiones, realizar un tratamiento del agua donde sea posible ajustar su ph y su contenido en sales minerales, tratando de imitar las aguas de las regiones cerveceras del planeta.

Proceso de elaboración...

Otro de los factores decisivos que pueden afectar a los sabores de la cerveza son los tiempos y temperaturas de distintas fases del proceso, en especial la maceración. Durante la maceración el almidón que contiene el grano de la malta se transforma en azúcares fermentables y no fermentables, obteniendo al final del proceso el mosto. Para ello se sumerje el grano en agua caliente, que suele estar entorno a los 70ºC con un margen amplio entre 62ºC y 74ºC. Ajustar la temperatura de la fase de maceración dentro de ese rango permite controlar la naturaleza del mosto resultante, pudiendo influir en el sabor final, siendo una cerveza más bien seca o más dulce y maltosa dependiendo de si se potencia más el trabajo de unas encimas (beta-amilasas) u otras (alfa-amilasas), ya que dichas enzimas trabajan con mayor rendimiento a diferentes temperaturas. Las primeras producen azúcares sencillos y fermentables y las segundas azúcares no fermentables. Lo que hacen muchos fabricantes es optar por elegir la zona central del rango de temperaturas de macerado para que ambas enzimas puedan desarrollar su trabajo de forma relativamente eficaz.

Otro ejemplo de que las temperaturas inciden sobre los sabores finales, lo podemos encontrar en la fermentación. La temperatura a la que se produce la fermentación es de vital importancia a la hora del resultado final del producto, teniendo una influencia crucial en el sabor. No olvidemos que la levadura es un ser vivo en realidad, y las condiciones del entorno (como puede ser la temperatura) influyen de forma crítica en ella. Si se lleva a cabo la fermentación a temperaturas demasiado elevadas, se pueden producir alcoholes no deseados que desarrollan un sabor muy fuerte, y que además son difíciles de metabolizar para nuestro organismo. También las altas temperaturas durante la fermentación pueden  dar lugar a sabores demasiado dulces como sirope de caramelo. Si por el contrario las temperaturas son demasiado bajas, las levaduras ralentizan su metabolismo, y el ritmo de la fermentación disminuye, convirtiéndose en un proceso lento y perezoso. Todo un problema para el fabricante.

Otro factor durante el proceso de elaboración que puede afectar al sabor futuro de la cerveza es la oxigenación del mosto.  La levadura para poder sobrevivir, aparte de unas condiciones óptimas del entorno, necesitan nutrientes, que en su caso son azúcares que obtiene del mosto y oxígeno. El productor por tanto también tiene que atender a la cantidad de oxígeno suministrado a las levaduras. Los problemas derivados de una sobreoxigenación no suelen ser dignos de mención, comparados con lo que provocaría el efecto contrario, la falta de oxígeno, que llevaría a una mala salud de la levadura y fermentaciones detenidas, y en consecuencia cervezas que no alcanzan la densidad esperada. Una buena cantidad de oxígeno suele traducirse en una fermentación rápida con brío, y con las levaduras trabajando a pleno rendimiento. Los excesos de oxígeno se eliminan junto el CO2 durante la fermentación. La clave es hacerlo antes de inocular la levadura en el mosto.
Algunos cerveceros cometen el error de introducir oxígeno en el mosto después de que haya comenzado la fermentación, durante trasvases y embotellados,lo que sí afecta al sabor. Dado que la fermentación puede estar avanzada o incluso completada, cualquier cantidad de oxígeno que se le introduzca al mosto no podrá ser eliminado ya, permaneciendo junto a la cerveza, lo que le permite que reaccione con otros compuestos, produciendo una oxidación, que tiene por consecuencia sabores rancios.


Almacenamiento y transporte

Aunque  la cerveza haya sido elaborada e incluso embotellada, aún no ha dejado de ser vulnerable a las agresiones que puede sufrir del exterior y que pueden afectar a su sabor y aroma. Los factores más importantes son luz y temperatura. De ahí por ejemplo que el color del vidrio de las botellas de cerveza sea por lo general de color ámbar y sobre todo marrón, acercándose en algunos casos al negro, con un grado de ahumado muy elevado, con el objetivo de que la radiación luminosa no afecte al contenido. El vidrio transparente e incluso el verde (en contra de la creencia popular) carecen de efecto protector. En cualquier caso hay que evitar colocar las botellas de cerveza durante su transporte y almacenamiento  fuera del alcance de la luz en la medida de lo posible, ya que se puede producir una reacción química de los compuestos del lúpulo con la luz ultravioleta que provoca un aroma desagradable a zorrillo o mofeta. Esta reacción no sólo se puede producir cuando la cerveza esté embotellada, sino que también es posible que suceda en cualquier momento, como por ejemplo durante la fermentación, por lo que el productor debe evitar usar fermentadores de material transparente, y en caso de que así sea, preservarlos de la luz.
Para el almacenaje lo más adecuado son lugares secos, oscuros, protegidos de la luz, y a una temperatura que no fluctúe demasiado, en especial entre rangos elevados por encima de los 25ºC, ya que la temperatura también afecta a los sabores de la cerveza. No olvidemos que muchas cervezas continúan refermentando en botella y siguen "vivas", por lo que no deben estar expuestas a fuentes de calor. Lo deseable para muchas de estas cervezas y otras en las que la frescura de los ingredientes tiene una importancia vital, es que incluso se respetase una cadena de frío en el transporte y distribución. 



Sabores y olores a detectar...

Hasta ahora en la entrada he explicado qué es una contaminación y cómo pueden afectar estas y otros factores en el sabor y aroma de la cerveza, pero qué sabores y aromas son los que se deben identificar para determinar que nos encontramos ante un defecto real de la cerveza?
A continuación presento una lista de algunos de estos sabores y olores desagradables. Algunos de ellos no tienen por qué ser siempre un defecto, ya que pueden ser deliberadamente buscados por el productor, o formar parte de las características de un estilo de cerveza.


Ácido. La acidez forma parte de la cerveza y de su carácter, ya que su ph suele estar entorno a 4, y por tanto, por debajo de 7, pero el sabor de una cerveza no debe ser manifiestamente ácido, a excepción de algunos estilos como las lambics, oud bruin o las rojas de Flandes, donde sí están presentes los matices ácidos y/o agrios, producto del ácido láctico y acético respectivamente. excepción de los estilos mencionados los matices ácidos no son deseables en una cerveza. En caso de encontrarse suelen ser causa de una contaminación bacteriana llevada a cabo por bacterias lácticas y acéticas. 

Verduras cocidas o maíz cocido. Este olor es el que corresponde al compuesto químico sulfato de dimetil, o también conocido como DMS, por sus siglas en inglés. Se percibe como un sabor a verdura cocida como puede ser maíz, o tal vez col. En cantidades pequeñas proviene de la malta, y lo podemos encontrar en algunas lager sin ser necesariamente un defecto, aunque no suele encajar en la mayoría de los estilos.
Otras causas de que se produzca unos niveles altos detectados son una oxigenación en exceso del mosto, en especial, después de iniciada la fermentación, o también a una inoculación de la levadura a temperaturas elevadas.

Las causas pueden ser diversas: Bien puede deberse a un enfriado lento del mosto, o a que la malta empleada contenga niveles de proteínas y hierva muy rápidamente durante la cocción. En caso de que sea muy acusado, puede ser causa de una contaminación bacteriana producida durante las primeras horas del proceso de fermentación.

Azorrillado. Muchos cerveceros lo llaman olor a mofeta, que puede recordar al olor de orín de gato. Este sabor tan particular como desagradable se produce por el contacto de algunos espectros luminosos con los compuestos isomerizados de los lúpulos, por lo que resulta necesario mantener la cerveza guardada en lugares oscuros hasta el momento de su consumo.

Diacetil.  El olor y sabor de este compuesto químico recuerda básicamente a la mantequilla o a las pastas y bollos hechos con mantequilla. Este matiz puede ser buscado e incluso deseable en algunos estilos de ale (como las bitter, por ejemplo). Sin embargo son un defecto en las lager, y en otros estilos de ale. Niveles elevados son síntoma de un defecto, llegando a provocar una sensación rancia en el paladar. Este sabor se produce normalmente con la fermentación, y está presente durante todo el proceso aunque luego es reabsorbido por la misma levadura. En otros casos también puede ser causado por contaminación bacteriana.

Huevo podrido. Si se advierte este tipo de aroma en una cerveza se debe a compuestos de azufre. No es frecuente que se alcancen cotas elevadas que lleguen a desagradar, pero en caso de que así fuera las causas pueden ser bien una contaminación por bacterias o alguna cepa de levadura salvaje. También puede ser fruto de un problema durante la fermentación bien por una oxigenación inapropiada o  por la alteración brusca de la temperatura.

Fenoles.  Los fenoles son compuestos químicos generados por algunas cepas de levadura que producen sabores y olores de tipo medicinal o especiado, como puede ser el clavo en el caso de las weissbier alemanas, o vainilla en algunas ales belgas. En estos casos concretos forman parte de la identidad y singularidad del estilo de la cerveza en sí, pero en otros estilos de cerveza se considera un defecto. En concentraciones elevadas se debe a generalmente a cepas de levaduras salvajes. También pueden llegar a estar generados por las reacciones con el cloro usado para la higienización y desinfección de las instalaciones.

Mohoso. Los matices mohosos son relativamente fáciles de detectar. Recuerdan claramente a la humedad y los hongos del moho que se forma en el pan. Se debe a la utilización de agua no pura, con presencia de algas en algún punto de las instalaciones, como serpentines o conducciones, o bien a la falta de limpieza.

Metálico. Uno de los sabores más detestados por los cerveceros en la cerveza es el de metal, o sangre, que se debe la presencia de altas concentraciones de iones metálicos en la cerveza. La causa más probable de ello es el contacto del mosto o la cerveza con metales como el hierro. No siempre es un defecto, mientras no sea muy acusado, tal y como sucede con algunas pilsner por ejemplo, donde puede aparecer de forma sutil.

Cartón o papel mojado. Matices que nos recuerdan al cartón o papel humedecido o parecidos al jerez, son fruto de la oxigenación incorrecta de la cerveza, en especial tras la fermentación ya haya sido mediante métodos de salpicado, agitación o exposición.

Alcohol: El alcohol es un componente de gran importancia en la cerveza. Su presencia tiene que corresponder al cuerpo y resto de características de la cerveza, de forma que resulte agradable en su conjunto. Hay estilos de cerveza donde por ejemplo se superan los 8º con facilidad como en el caso de las triples y cuádruples de abadía belgas, o las imperial stout, o la barley wine, por citar algunos ejemplos. En estos casos existe una sensación de calor y ardor en boca y garganta. El alcohol en la cerveza, es producto de la fermentación y se trata básicamente de etanol, pero hay otros casos donde resulta demasiado fuerte y molesto, por la presencia de alcoholes más pesados, como consecuencia de una fermentación a temperaturas demasiado altas y a la inoculación de la levadura a temperaturas indebidas. En estos casos los olores producidos suelen recordar a la acetona (acetato de etilo) y solventes (fuseles). También  es posible que un exceso de matices alcohólicos se deba a la utilización complementaria en exceso de azúcares de uso común. 

Astringencia.  Una sensación mezcla de amargor y sequedad en la lengua, que se debe a la presencia de taninos y polifenoles. La causa generalmente se debe a la extensión en los tiempos de macerado y ebullición. También puede deberse a la limpieza del bagazo con agua demasiado caliente, o incluso a una contaminación bacteriana, que también puede provocar sabores astringentes inesperados.

Ésteres. Estos compuestos químicos son altamente aromáticos y provocan por lo general sabores afrutados como el del plátano o las uvas pasas. Se han llegado a identificar más de 400 diferentes. Se producen durante la fermentación y dependen del tipo de levadura y la temperatura a la que se lleva a cabo la fermentación, aunque también algunos se encuentran en el lúpulo. Los ésteres son normales y deseables en las ales, especialmente las belgas y las weizen alemanas, pero por el contrario se consideran un defecto, por lo general, en la lager.

Hasta aquí la entrada de hoy, que pretende arrojar un poco de luz sobre el comprometido tema de las contaminaciones y los sabores desagradables en la cerveza. Espero que no tengáis la mala suerte de toparos con demasiados de ellos. Salud y buena cerveza!

11 comentarios:

  1. No estoy de acuerdo con casi todo

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    1. Eres libre de manifestar tu opinión, pero quizás si aportaras algún argumento,razón, o motivo por el que no coincides con lo expuesto en la entrada, podemos entender tu discrepancia (la compartamos o no) y entablar un debate, por lo que te invito a que así lo hagas, siempre que quieras, claro está. Un saludo!

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  2. Se me olvidaba comentar, que el 90% de lo expuesto en la entrada no es una opinión personal, sino que es fruto de las conclusiones extraídas en conversaciones con cerveceros, aficionados, bloggers y también de la consulta de algún libro técnico especializado sobre la elaboración de cerveza. Como decía en mi anterior comentario, te invito a que expongas tus discrepancias y el por qué, y así tengamos un diferente punto de vista sobre el tema.

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  3. Herr Gutifaenero 18, 2014

    El tema limpieza esta un poco confuso, y es unos de los mayores errores que muchas cervezeras cometen.
    Lo primero es diferenciar entre suciedad organica(restos de levadura, moho, bacteria, resto de lupulo, proteinas...) y anorganica(oxido, cal...). Para cada tipo de suciedad es necesario un tipo de producto.
    Utilizando los productos adecuados no hace falta ni frotar(a no ser que dejemos un tanque por un dia sin limpiar, y si contenia algo como una Weissbier no te va a hacer ninguna gracia al dia siguiente...).
    Con limpiar el tanque con una manguera a presion hasta que toda suciedad desaparezca y limpiar manualmente la puerta tenemos dado el primer paso, la PRElimpieza.
    Despues de esto muchas cervezeras ya utilizan un CIP(cleaning in place), pero si no, se puede improvisar uno facilmente: Una bomba de agua, y dos mangueras.
    Tan facil como conectar una de las mangueras de la salida de la bomba a la tuberia de entrada del tanque(vorlauf) y la otra de la salida(rucklauf) y del mismo a la bomba, cerrando el circuito. Ni que decir hay que tenemos que sacar todo el CO2 primero.
    Aqui es cuando llega el primero de los productos de limpieza, algun producto alkalino para la suciedad anorganica. Con una concentracion de un poco mas de 30ms durante unos 40 minutos que los dejemos circular normalmente es suficiente. En este punto el tanque ya tendria que estar totalmente limpio para el ojo humano.
    Aclarar todo con agua unos minutos y llega la hora del segundo producto, los acidos para acabar con los restos de suciedad organica.
    Algun acido no muy corrosivo en una concentracion de poco mas de 8ms y en una duracion de unos 20mins es mas que suficiente. Aclarar con agua despues y el tanque estaria limpio al 100%.
    Lo malo de este sistema es que tendriamos que dar dos pasos, pero nos asegura librarnos de contaminaciones. Asi lo hacemos en la mayoria de cervezeras alemanas y asi lo seguimos estudiando en la uni. Y si algo pueden ensenarnos estos alemanes es a trababar al 100% sin contaminaciones!
    Luego otras muchas contaminaciones vienen por despistes o simplemente ignorancia de cosas basicas a la hora de trabajar en una cervezera.
    Muy interesante post, de algo que desgraciadamente vemos mas de lo devido en muchas cervezas...

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    1. Muchas gracias por tu aportación! Cierto que en algunos aspectos he pasado por "encima" sin entrar en detalle. He querido que el post fuera lo más genérico posible y es que no he pretendido resultar demasiado técnico ni extenderme demasiado, para que fuese ameno, al mismo tiempo que didáctico para aquellos que no tengan mucho conocimiento sobre el tema. Ciertamente se nota que conoces de primera mano la materia, y sobre lo que comentas, ya tenía conocimiento del buen hacer de los alemanes a la hora de producir cerveza, como en muchas otras industrias en las que son líderes. Los hay que los acusan de anticuados y encasillados, pero como bien dices controlan el proceso de elaboración con sumo cuidado de principio a fin. Me hubiera encantado poder estudiar para maestro cervecero en Alemania, pero creo que ese tren ya pasó. Aunque nunca se sabe ;). Salu2!

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  4. Una pregunta sobre la conservación de la cerveza: ¿Qué afecta más, la temperatura o el grado de humedad? En otras palabras, ¿es mejor tenerla en un sitio a 10ºC y 65% de humedad o en otro a 20ºC y 30%? Ya sé que el ideal es fresco y seco, pero al vivir en un piso y no tener bodega, tengo que elegir entre tener las cajas de cerveza dentro de casa o en la terraza (protegidas, eso sí). ¿Qué me recomiendas?

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    1. Buenisima pregunta, me pasa igual. Me gustaria tambien saber una respuesta

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    2. Buenisima pregunta, me pasa igual. Me gustaria tambien saber una respuesta

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  5. Gracias por tus aportaciones. Recomiendo poner mosto caliente justo después del enfriado en una botella esterilizada transparente y ver que ocurre en 24, 48, 72 horas, tiempo en que el alcohol propio de la fermentación evita crecimiento bacteriano. Repetir lo mismo con el embotellado final. Al estar mas expuesto a la luz y poderse observar mejor puede ser control de infecciones a nivel casero.

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  6. Bueno. Yo he llegado a este post, gracias a que me he topado con un sabor a solvente en unas latas de tecate, el cual me ha provocado un fuerte malestar estomacal e incluso, dolor en el torax. Creo que despues de esta mala experiencia tendré mucho cuidado en el tipo de cerveza y el establecimiento que lo ofrece.

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  7. Hola, hice una cerveza de trigo Hefeweizen con 50% Pilsen y 50% Trigo Malteado y ya lleva dos semanas fermentando, la Di fue 1.049 y esperaba Df 1.015. Hoy medí densidad y me dio 1.000 y quiza algo menor, no estaba con mal olor pero no tenía mucho sabor. Se habrá contaminado la cerveza en el fermentador? habrá agarrado una levadura salvaje que no para de ferementar?

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