lunes, 5 de mayo de 2014

Barcelona Beer Festival 2014, todo en un día



A mediados del mes de abril tuvo lugar la tercera edición del Barcelona Beer Festival, o BBF, como ya es conocido internacionalmente. Sin duda se trata de la cita cervecera más importante dentro de la agenda nacional que cada año está más y más repleta de muescas en el calendario, con un número de ferias y eventos cerveceros que no deja de crecer. Pero la repercusión y alcance de este festival celebrado en la bella ciudad de Barcelona, no sólo se quedan dentro de nuestras fronteras sino que las traspasa ampliamente con generosidad, tanto por la presencia de cerveceras extranjeras como por la afluencia de visitantes y profesionales procedentes de distintos rincones del planeta. Por diferentes circunstancias mi presencia en las dos primeras ediciones del festival se convirtió casi en auténtica misión imposible. Compromisos familiares o profesionales se cruzaron en el camino, impidiendo que pudiera acercarme a la Ciudad Condal, para disfrutar en vivo y en directo del mayor y más interesante evento cervecero que se organiza hoy por hoy en la Península. Este año, mi firme propósito era poder asistir aunque fuera sólo una jornada aprovechando la maravillosa oportunidad brindada por la línea de comunicación que supone el tren de alta velocidad que une Madrid con Barcelona. Finalmente fue la opción a la recurrí y aunque "corta", la experiencia resultó intensa y muy satisfactoria. De los tres días, por razones de logística, precios de billetes y también he de confesar, por la presencia programada  con antelación de un mayor número de referencias estadounidenses, elegí el domingo 13 de abril para poder conocer de primera mano el Barcelona Beer Festival.


En las ediciones anteriores la organización había elegido lugares emblemáticos de la ciudad para la celebración del festival. El primer año fue el Convent de San Agustí, el lugar elegido. El año pasado le tocó el turno a la Plaza de las Arenas. Y este año fue el antiguo edificio de las dársenas portuarias, junto al Museo Marítimo de la ciudad, el lugar elegido para que tuviera lugar la tercera edición. Aunque todos los años el festival se celebró en fechas primaverales, este año quizás la fechas elegidas no parecían resultar a priori las más acertadas, al coincidir con el comienzo de la Seman Santa, pero a juzgar por la afluencia de público que hubo durante las jornadas del festival, de nuevo se confirmó un año más el éxito de este festival que definitivamente se ha instalado, convirtiéndose en la cita referencia e imprescindible para los aficionados cerveceros.


Tras confirmar la acreditación en la entrada destinada a profesionales, bloggers, y periodistas, lo primero que llamaba la atención tras poner el primer pie en el interior del recinto, era el amplio espacio y enorme luminosidad de la sala principal, a pesar de encontrarnos bajo techo, decisión a mi juicio más que acertada ante lo imprevisible de la climatología. Curiosamente a pesar de la amplitud de la sala principal, el lugar resultaba acogedor. Ante mi se encontraba una enorme barra con más de 50 grifos en línea, dispuestos a abrir su espita y repartir su deseado contenido entre los presentes. La oferta era sin duda demoledora, lo que para el visitante neófito, que se está iniciando en estas lides podía resultar un tanto apabullante (para bien), por lo que resultaba de gran ayuda al público la inestimable guía de las cervezas del festival, incluida en el precio de la entrada. Pero la atención final, sin duda, tenía que ir dirigida a la enorme pizarra situada en uno de los extremos de la sala, donde iban actualizándose las referencias que estaban siendo pinchadas en cada momento en los diferentes grifos. Debajo de esta pizarra se encontraba un enorme mural, donde aparecía desplegado el enorme listado con las cervezas del festival, y al que bauticé personalmente, como "muro de las lamentaciones", ya que era donde el público se acercaba a comprobar si la cerveza que buscaba ya había sido pinchada en alguno de los grifos y agotada con antelación. No eran pocos los que tras pasar unos minutos mirando atentamente el mural, se volvía con cara de resignación en busca de una alternativa que sustituyera su anterior objeto de deseo. 



En mi caso particular fui con los deberes bien hechos, y a pesar de la atractiva oferta de cervezas locales me centré en probar el mayor número (dentro de lo razonable y saludable) posible  de referencias estadounidenses. Sabía que era la jornada indicada para ello. El por qué de esta decisión se debe a que no resulta fácil, ni habitual poder disfrutar de una selección de esas caracteristicas, hecha posible gracias al esfuerzo por parte de la organización con Mikel Rius y Joan "Birraire" al frente, y la Brewers Association con la figura destacada de su embajador en Europa, Andreas Fält que estuvo presente en el festival, impartiendo una de las conferencias que formaban parte del programa, a la que además tuve la oportunidad de asistir.



El formato del festival era el habitual de este tipo de eventos, al estilo de los grandes festivales cerveceros norteamericanos o británicos: una gran "barra" con un enorme número de grifos dispuestos en línea, cada uno de ellos con el cartel de la referencia que estaba siendo servida en cada momento, rotando entre las diferentes programadas. Algo sustancialmente diferente de las ferias que tanto han proliferado por nuestra geografía durante los últimos años, donde el contacto con el productor es más directo, y el ritmo de ingesta por lo general resulta más pausado. Respecto al contacto con el productor, sin embargo la organización tuvo la buena idea de impulsar la iniciativa llamada "Meet the Brewer", a través de la cual era posible conocer en persona y conversar con los productores de algunas de las cervezas. En mi caso pude hablar, aunque brevemente, con el equipo de la fábrica italiana Birrificio Pontino y la estadounidense Victory Brewing

En cuanto al desarrollo del festival como pude comprobar, hubo cosas muy buenas y positivas, y otras sensiblemente mejorables. En cada edición ha habido puntos débiles a mejorar o evitar, como sucede en cualquier evento de características similares que congregue a miles de personas. Sin querer extenderme demasiado en esta parcela sí que me gustaría señalar algunos aspectos (en los que creo que coincidimos bastantes asistentes) que se podrían mejorar para la próxima edición:
- Oferta gastronómica: Limitada, escasa y a precios elevados. Quizás para quienes vayan más de una jornada al festival o vivan en la ciudad, no resulte especialmente interesante este punto, ya que lo más probable es que comer en el interior del recinto no formara parte de sus planes, pero si se pretende aprovechar una jornada completa, o sólo puedes estar un día, como fue mi caso, resulta imperativo comer sin salir al exterior, para poder aprovechar al máximo el festival. En mi caso particular iba preparado gracias a los sabios consejos que nos dan nuestras madres, y en mi equipaje no faltaron sendos bocadillos de buen queso y embutidos ibéricos, que pudieron empapar perfectamente toda la cerveza ingerida a lo largo del día.
- Los aseos/wc: Portátiles, situados en el exterior, y hasta podría decir que con poca "intimidad", tampoco fue lo más acertado del festival. Sin duda, es otro punto importante en el funcionamiento de este tipo de eventos, ante las inevitables y obligadas visitas al urinario, tras la ingesta de cerveza, de la que todos ya conocemos (si no de forma teórica, sí empírica) sus efectos diuréticos. Entiendo que posiblemente no había alternativa viable de cara a poder atender la demanda de estas necesidades ante el volumen de visitantes, pero creo que sería muy bien acogido por los que piensen regresar el año que viene, la elección de un recinto cuyos aseos propios sean capaces de cubrir esta necesidad.
- La pizarra donde aparecía la información relativa a los grifos con sus respectivas cervezas pinchadas en cada momento, no resultaba visible desde todos los lugares de la sala principal. Realmente era necesario, independientemente de donde se estuviese situado, acercarse hasta unos 8 metros de la pizarra para poder leer con claridad las referencias que iban rotando. Detalle que podría haberse solucionado quizás con unas pantallas informativas repartidas por el recinto, del mismo modo que funcionan los terminales informativos de los aeropuertos. Pero aparte de la visibilidad, tampoco mostraba gran fiabilidad, ya que muchas veces no estaba bien actualizada la información, resultando más práctico ir directamente grifo por grifo en una rápida batida, intentando localizar aquellas cervezas que nos pudieran resultar más interesantes de lo que en cada momento hubiera pinchado.

Por lo demás, muchas otras cosas positivas: Actividades paralelas donde destacó el taller de maridajes con cerveza de Edgar Rodríguez, o la conferencias de la Brewers Association o de Edge Brewing, el rincón Meet the Brewer, el vaso con el logo, que me pareció un acierto, el detalle de la acreditación para los profesionales (muchas gracias!) que nos evitó alguna que otra larga espera, y por supuesto, también poder conversar con mucha gente del sector. Aquí, para mi, personalmente hubo un momento especial, en el que pude saludar a Steve Huxley, y al que muchos conocerán, que tuvo el detalle de dedicarme un ejemplar de su magnífico libro "Cerveza, poesía líquida".

Y cómo no, me gustaría especialmente hablar de principal aspecto positivo, y motivo por el que merece sobradamente acudir al fesival: las cervezas, algunas increíbles. Algo que quisiera destacar acerca de la selección de las cervezas que se sirvieron durante el festival, es la acertada iniciativa (imagino que totalmente intencionada) de incluir un gran número de referencias con un bajo contenido alcohólico, algo que permite disfrutar de un mayor número de cervezas con tranquilidad, y que también da la opción de alternar cervezas más potentes de mayor graduación con otras más ligeras. A juzgar por los comentarios compartidos con otros asistentes con los que tuve ocasión de conversar fue un detalle que no pasó desapercibido y que muchos agradecieron. 



Para comenzar la jornada, precisamente elegí una cerveza con muy buenas referencias y críticas, cuyo nombre y baja graduación alcohólica, expresaba a la perfección ante qué tipo de cerveza nos encontramos: La All Day IPA, de la craft brewery estadounidense Founders de Michigan, de la que ya conocíamos alguna extraordinaria cerveza como su Breakfast Stout. Se trata de una India Pale Ale, situada casi fuera de los límites del estilo, con unos inusuales 4,7º, que no aparecían sensorialmente en ningún momento, con mucho lúpulo fresco en nariz, notas a pino y cítricos, y muy equilibrada en boca. Nada agresiva, con un regusto suavemente amargo y muy fácil de beber. Sin duda fue una magnífica elección para empezar.

Una de las marcas estadounidenses inéditas para mi era la californiana Coronado, por lo que al comprobar que tenían pinchada la Islander IPA, una American IPA con buenas puntuaciones en ratebeer y beeradvocate, me decidí a probarla  Elaborada con los lúpulos "C": Cascade, Chinook y Columbus, desprendía abundantes matices herbáceos, y a plantas silvestres indeterminadas (por algunos momentos, me pareció identificar enebro entre ellos), combinados con otros más típicos como pino, pomelo y melocotón. Me pareció una cerveza interesante, que huía un poco de la habitual IPA americana que he probado en innumerables ocasiones, pero no llegó a entusiasmarme.


Sin duda uno de los "platos" fuertes y más deseados de la jornada, fueron las Stone. El prestigio y casi categoría de culto que tiene esta cervecera californiana de San Diego gracias a míticas cervezas como la Ruination IPA o la Arrogant Bastard Ale, provocó que en cuestión de segundos comenzará a formarse cola para probar alguna de sus referencias, tras los pertinentes anuncios en la pizarra
Con gran fortuna no fue una sino dos, las cervezas que pude degustar de esta craft brewery. La primera de ellas, dentro de la sesión matinal de lúpulo en la que me zambullí desde primera hora, fue la Stone IPA, una India Pale Ale sensacional, excelentemente equilibrada, con abundantes notas lupuladas en nariz, con resinas, cítricos y pino, y gusto con fondo de malta, matices cítricos, y final de amargor intenso y persistente.
La segunda no entraba dentro del programa, y fue cortesía de la Brewers Association durante la actividad/conferencia impartida por su embajador en Europa, Andreas Fallt: la Russian Imperial Stout, que rebosaba notas a café y anisadas, con presencia obvia de lúpulo y también de frutos del bosque oscuros, cuerpo contundente y sensación cremosa. De final seco y notablemente alcohólico, resultó una cerveza muy compleja y de sensacional factura, que estuvo a la altura de la reputación de la cervecera. 


Al igual que sucede con Stone, otra marca californiana que consigue poner de acuerdo a casi todos los aficionados cerveceros en cuanto a su calidad, es la californiana Lagunitas. De forma accidental llegó hasta mis manos la Lagunitas IPA, y pude probarla, con buenas sensaciones en general. Aunque la noté quizás no demasiado fresca, el lúpulo en nariz sobresalía de forma clara y evidente, con matices a hierba, coníferas y cítricos como naranja, sobre un fondo de caramelo que ganaba fuerza en el paladar, diluyéndose un poco el lúpulo, dejando un regusto moderadamente amargo. Con un cuerpo algo más ligero del esperado estaba casi más cerca de una pale ale. Aún así, me gustó y me pareció una buena cerveza. Si hubiera llegado más fresco el barril, quizás estaríamos hablando de figurar en mi top 3 personal del festival.



Otra de las cerveceras que aparecía dentro del listado de craft breweries norteamericanas y que llamó poderosamante la atención era la Saugatuck Brewing Company, procedente del estado de Michigan, de la que pude probar su Amber Ale, que me convenció plenamente. Una sabrosa y equilibrada amber ale, con matices a caramelo, almendras amargas y lúpulo, al estilo de una bitter inglesa, que sorprendentemente no alcanza muy buenas puntuaciones en ratebeer, pero a que a mi parecer es más que repetible y recomendable.



Una de las agradables sopresas de la jornada me la produjo la Caramel Cream Ale de la craft brewery estadounidense Due South, totalmente desconocida para mi. Al igual que en el caso de la Mandarina IPA de Braukunstkeller, se trataba de una cerveza que rendía significativo homenaje  a su nombre, y es que no podía estar mejor bautizada la cerveza. Pura crema. Maltosa, melosa, rico aroma a malta, caramelo, miel y vainilla, y con mucha presencia de crema, caramelo, fruta y vainilla en boca. A pesar de todo, resultaba equilibrada y nada empalagosa, con un dulzor prolongado hasta el final, para rematar con elegante sequedad. Chapeau!


También hubo durante la jornada alguna "oveja negra", como puede suceder hasta en las familias más distinguidas. A pesar de mi interés por probar alguna referencia de la jovencísima microcervecera danesa Lindheim Ølkompany, a la que precedía un buen cartel, la decepción fue inevitable tras probar su Saison Farmhouse Ale, en la que a mi parecer, no encajaban nada bien las notas lupuladas, como hierbas y cítricos con las de frutos rojos, dando una sensación global de ausencia de sintonía entre los matices. Habrá que esperar a otra ocasión para darles de nuevo otra oportunidad con alguna otra cerveza de las que forman su portfolio.

Dentro de la nueva hornada de microcerveceras independientes europeas del panorama actual, llama inevitablemente la atención, la Braukunstkeller de Michelstadt (Alemania), un país donde la cultura y tradición cervecera ha ido por otros caminos a los trazados por las nuevas micros que están revolucionando el mercado. De los teutones pude probar su Mandarina IPA, una India Pale Ale muy original e interesante, alejada por completo de las tradición germana, y que hacía honor a su nombre, con una serie de potentes y evidentes matices aromáticos afrutados, donde destacaban los cítricos como la mandarina y naranja al frente, aparte de otras frutas como albaricoque y fruta tropical, junto con hierbas silvestres, resinas y algunos otros matices maltosos como galleta y miel. Muy recomendable.


Dentro de la alternancia entre escandinavos y alemanes en mi particular tasting session, quise probar una cerveza de la micro sueca Närke, de Örebro. La que pude degustar de ellos fue la Viking IPA, sugerente nombre, para una IPA ahumada, original. Jamás había probado una IPA en la que se utilizaran maltas ahumadas en su elaboración, y he de confesar que la experiencia no fue del todo satisfactoria, o al menos especialmente satisfactoria. Los matices de humo en nariz y boca eran evidentes, transformándose en reminiscencias de cuero en el paladar. Sin resultar rechazable, me pareció un tanto deslabazada.



Dentro del plantel desplegado a lo largo de la jornada en el BBF, parecía una buena opción, probar suerte con una cerveza checa. En esta ocasión fue la Bernard Černý ležák, una lager oscura, que podríamos catalogar como schwarzbier, de cuya calidad ya tenía referentes anteriores, elaborada por la relativamente joven (1991) cervecera checa de Humpolec, Bernard. Y es que los checos no sólo hacen excelentes pilsen, trabajando muy bien algunos otros estilos. En botella es una buena cerveza, que se ve superada por la experiencia de degustarla de barril. Delicioso aroma a grano tostado y suave café. En boca tienen replicación los matices torrefactos de forma contenida y bien equilibrados, definiendo un gusto maltoso y cafetoso, con un amargor bien definido, pero nada agresivo al final del trago, con un postgusto de larga duración.



Entre tanta cerveza de "nueva generación" quise pasarme al lado de los clásicos por un instante. La oportunidad se dibujó cuando vi en la lista de la pizarra, la Saison Biologique de la brasserie belga Dupont, especialistas en uno de los géneros que más satisfacciones me suele reportar. Sin embargo, en esta ocasión la encontré un tanto desdibujada, y con muchísima presencia de levadura tanto en aroma como paladar. Ni rastro de los matices terrosos y lupulados de su hermana, la versión inicial. Una lástima.



Ya por la tarde, probé por recomendación expresa (y afortunadamente insistente), de Rodrigo de El Jardín del Lúpulo, la que a mi parecer fue la cerveza reina del festival, al menos para mi juicio personal. De mano de los noruegos de Haand Bryggeriet (que junto con Nøgne Ø, podría decir que son las más interesantes cerveceras noruegas) degusté una compleja y excepcional winter ale, bautizada como Bestefar, que disfruté enormemente a pesar del calor. Un sinfín de matices a maltas oscuras, azúcar moreno, delicioso chocolate, frutos oscuros, algunas notas de humo y alcohol asomando en todo momento, con sus 9º, que creaba una sensación de ardor al final del trago.


Para finalizar, en el stand de Meet the Brewer, mientras conversaba con miembros del equipo de la cervecera Victory de Pennsylvania, pude degustar una de las cervezas de su portfolio, la Golden Monkey, que estaba programada dentro de la selección de cervezas norteamericanas del festival. Se trata de una triple de estilo belga, muy afrutada y especiada, algo herbácea. Muy compleja, y bien hecha, a la que sólo le encontré una pequeña falta de cuerpo para llegar a la excelencia y situarse entre mis cervezas top dentro del estilo.

Y con esta cerveza finalizó mi recorrido en el BBF este año, pero con tiempo suficiente para realizar otra parada en mi rápida visita a Barcelona, el Biercab, pero eso será en otro post. Salud!

7 comentarios:

  1. Qué envidia me das con todas las yanquis que pudiste probar! yo al ir sólo el viernes me quedé con las ganas...
    Me sorprende que no te gustara mucho la Saison Dupont Biologique, a mí me encanta. Tal vez no estaba en su mejor estado de conservación...
    saludos

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    1. La verdad es que no me puedo quejar, ya que vi cumplido mi objetivo de probar un buen número de cervezas estadounidenses. Hubo alguna que se me quedó en el tintero, pero resultaba inevitable. En cuanto a lo de la Saison Dupont, me sorprendió. Soy fiel seguidor de la saison original de esta brasserie, de la que cada vez que la pruebo mejora mi opinión sobre la misma, pero la biologique que probé en el BBF, no me convenció en absoluto. Puede que fuera lo que comentas, y no llegara el barril en las condiciones más aptas. Salu2!

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  2. Madre mía! Te dejaste pocas por probar... jaja
    La verdad es que nosotros también disfrutamos mucho con las americanas, y con algunas de las que comentas, además de probar cervezas a las que les teníamos ganas como esas Narke, o alguna otra que de normal no llega por aquí...
    Una pena no haber probado esa Bestefar, que estoy leyendo demasiadas buenas críticas... habrá que intentar conseguirla el año que viene.
    Un saludo!

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    1. Alguna quedó Iker, así hay excusa para volver otro año ;). La Bestefar creo que la podremos ver más veces por aquí. Por lo menos, la espero para la temporada de Otoño/Navidad. Siendo de Haandbryggeriet, Zombier la traerá seguramente. Así no te quedarás con las ganas :). Un placer encontraros en el festival. Salu2!

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  3. Gran repaso, sí señor :-). Espero verte nuevamente en próximas ediciones, ¡y que no tengas que matarlo todo en un solo día! Pero vamos, antes nos vemos por Madrid. Un fuerte abrazo JAB.

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    1. Si todo va bien, repetiré. Y sí, mejor más de un día, qué duda cabe! Cuando vengas por Madrid avisa, y nos tomamos esa birra pendiente juntos, que en el BBF, obviamente estabas muy solicitado ;). Una abrazo Joan.

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  4. MUY BUENAS ELECCIONES MAESTRO, YO LAS HUBIERA PROBADO CASI TODAS ELLAS, MENOS LA VICTORY, QUE NO ME HIZO MUCHA GRACIA, LA BESTEFAR, QUE NO ME TERMINA DE CONVENCER Y LA STONE. BUENO, ESTA SI, PARA COMPROBAR SI LA IMPRESIÓN QUE ME LLEVÉ EN BOTELA ERA EQUIVOCADA O NO, PUES NO ERA PARA TANTO A MI PARECER.
    SALUDOS!

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