miércoles, 15 de octubre de 2014

Ruta cervecera por Valonia (parte VIII): Capítulo final, Lieja, Abbayé de Val Dieu y La Botteresse



Tras cinco apasionantes jornadas, que dejaron tras de sí tan buenos momentos, el viaje cervecero por Valonia, patrocinado por la Oficina de Turismo de Valonia y Bruselas (www.belgica-turismo.es) llegaba a su fin. La última jornada me obligaba a abandonar Dinant, y dirigirme hasta el corazón de la ciudad de Lieja, la segunda urbe más populosa de toda Valonia tras Charleroi, conocida entre otros motivos, por albergar la sede de la cervecera Jupiler fundada en 1853, productora de una de las cervezas más consumidas en todo el país. No contaba con demasiado tiempo en la ciudad para poder disfrutar de alguno de sus muchos encantos y atractivos como por ejemplo su catedral, el palacio de los Príncipes Obispos, el Archeoforum, o el palacio Curtius, ya que el objetivo marcado en el programa era visitar la Brasserie de la Principauté ubicada en teoría en la mejor calle con el mejor nombre que pudiera haber para una cervecera, la rue de la Brasserie. Sin embargo debido a un error con la dirección actualizada, la brasserie no se encuentra en aquel lugar sino en Impasse de Ursulines, con el nombre de Brasserie Curtius, por lo que no pude encontrarla finalmente. A pesar de ello, habrá un post en el blog más adelante, dedicado a esta joven brasserie de la ciudad de Lieja que merece la pena tener en cuenta.

La siguientes visitas programadas me llevaron a conocer algunas de las cerveceras de la región circundante a Lieja, como la prestigiosa brasserie de la Abadía de Val Dieu, una de las mejores fábricas de cerveza de abadía y la modesta brasserie La Botterese, muy conocida y apreciada en la región.

Val Dieu

La abadía de Val Dieu está ubicada en el corazón de la región conocida con el nombre de País de Herve, en el término de la localidad de Aubel, a escasos kilómetros al nordeste de la ciudad de Lieja, en la proximidades de la frontera con Holanda y Alemania. La zona es frecuentada por ciclistas y practicantes de senderismo que disfrutan de un entorno apacible y de gran belleza, que no hace sospechar el violento pasado del que fue testigo en sendas Guerras Mundiales y las guerras derivadas provocadas por el cisma religioso que vivió Europa durante los siglos XVI y XVII.

Como parte de este paraje de singular belleza y repleto de verdor destaca el parque de gran extensión que rodea el recinto de la abadía donde pueden encontrarse un buen número de especies únicas de árboles, que no pueden hallarse en esta región, por el que además es posible pasear libremente, gozando de una cautivadora atmósfera relajante.

Aspecto exterior de la fachada principal de la abadía, perfectamente conservada.

Los orígenes de la abadía cisterciense de Notre-Dame de Val Dieu se remontan al año 1216 cuando un grupo de monjes procedente de la ciudad de Hocht, en las proximidades de Maastricht decide fundar la abadía y vivir inspirándose en la regla de San Benito. El lugar que eligieron estaba precedido de una mala reputación, un valle desolado e inhóspito, escenario de múltiples luchas y batallas, así como frecuentado por bandidos, por lo que la población le dio el nombre de "valle del diablo", que fue rebautizado por los monjes por otro nombre totalmente antagónico, Val Dieu, el valle de Dios. La abadía terminó tomando el nombre de su emplazamiento. 

Aspecto exterior de la iglesia de la abadía en estilo neogótico.

Aún así algo parecía haber de cierto en la leyenda que acompañaba al lugar, puesto que la vida para comunidad monástica de la abadía no resultó nada sencilla. La iglesia original fue destruida en un incendio durante la Guerra de Sucesión de Limburgo en 1287. La segunda iglesia fue destruida igualmente en 1574 durante la Guerra de los 80 años, e incluso el tercer templo nacido de la reconstrucción de los anteriores que le precedieron fue arrasado por los ejércitos de Luis XIV en 1683

La abadía cuenta con unos jardines de amplia extensión que dibujan un entorno bello y apacible, por el que resulta placentero pasear.

Los edificios que podemos contemplar en la actualidad fueron construidos entre los siglos XV y XVI, según los diseños del arquitecto Jean Dubois, cuando la abadía comenzó a florecer antes de su época de máximo esplendor en el siglo XVIII, hasta que la llegada de la Revolución Francesa provocó su clausura y la destrucción de su iglesia por cuarta vez. La abadía permaneció vacía hasta 1844 cuando el último monje superviviente de aquellos que fueron expulsados de la abadía de Val Dieu, Canon Henrotte, regresó con otros cuatro monjes procedentes de la abadía de Bornem

En el patio del claustro de la abadía se respira una absoluta paz ajena al agitado mundo exterior, de la que gozaron los monjes que aquí vivieron hasta 2001.

La abadía permaneció activa hasta el año 2001 cuando los últimos 3 monjes cistercienses abandonaron el monasterio. Un poco más adelante la abadía fue comprada por una comunidad cristiana laica, que pretende mantener los valores de la vida cristiana de acuerdo a los preceptos de la orden Cisterciense. Desde su fundación en el siglo XIII, la divisa y emblema de la Abadía de Val Dieu está simbolizada por dos anillos y el lema en latín "In vinculo pacis", que quiere decir "unidos a la paz". El emblema se encuentra presente por toda la abadía (vidrieras, suelos, puertas...) para recordar a los monjes que formaban parte de la orden, cuál debía ser la máxima que guiara su vida monástica.

El interior de las instalaciones de la fábrica de Val Dieu esconde un instrumental moderno y bien mantenido tras los antiguos muros del edificio que las alberga.

A pesar de que los monjes de la Abadía de Val Dieu históricamente en el pasado hicieron honor a la gran reputación que atesora la tradición cervecera de los monjes cistercienses, la actual brasserie que funciona en el interior del recinto de la abadía no comenzó su andadura hasta el año 1997. La Val Dieu Triple fue elaborada entre los años 1975 y 1980 bajo licencia de la cervecera belga Van Steenberge, mientras que un comerciante de cervezas que trabajaba en un área industrial próxima, llamado Piron se encargó de la elaboración de la blond y la brune de Val Dieu durante un par de años entre 1993 y 1995. Sin embargo, en 1997, Alain Pelsser, un lechero y Benoit Humblet, un antiguo cervecero, instalaron la nueva fábrica de Val Dieu en lo que eran los edificios de la granja de la abadía. Inspiradas en las recetas originales que emplearon los monjes siglos atrás, las cervezas producidas actualmente por Val Dieu son auténticas cervezas belgas de abadía, elaboradas aplicando el método de infusión, y sin ningún tipo de añadido de aditivos ni especias. 

Los imponentes fermentadores cilindrocónicos de acero inoxidable con los que cuenta la fábrica.

El secreto de las cervezas elaboradas por la brasserie de la abadía, radica en el agua y la levadura. El agua procede de la presa de Gileppe de entre todos los manantiales naturales de gran pureza que abundan en la región como por ejemplo Spa o Bru. La levadura procede de una cepa especial desarrollada y custodiada celosamente en la propia abadía, siendo la gran responsable del aroma complejo y el sabor tan especial que desarrollan las cervezas. El proceso completo de elaboración tiene una duración aproximada de entre 6 y 8 semanas. Después las botellas son almacenadas en una sala a temperaturas más cálidas durante 3 semanas más para que se lleve a cabo una refermentación en su interior.

Detalle de la pequeña pero sofisticada línea de embotellado empleada por la brasserie.

Actualmente la cervecera pertenece a uno de los dos socios iniciales, Alain Pelsser junto a su sobrino, tras la marcha de Benoit Humblet a trabajar en la microfábrica Bertinchamps en Gembloux. La producción en sí es dirigida por la técnico en producción cervecera Virginie Harzé y asistida por Jonathan PetrenkoLa producción anual actual es de nada menos que 9000 Hectolitros anuales con un total de 3 referencias básicas (Blond, Brune y Triple), una especial (Grand Cru) y otra más para la temporada navideña  (Bière de Noël).

Detalle de los corchos en la línea de embotellado, listos para ser colocados cerrando las botellas de 75 cl.

Blond: es la más ligera y fresca de la familia, con un contenido moderado de alcohol, que alcanza los 6º. De color dorado, ligeramente turbia y coronada por una espuma blanca persistente, posee un aroma perfumado con matices de levadura, fruta y lúpulo. En boca resulta cremosa, dulce, afrutada y con un toque cítrico.

Una copa de Val Dieu Blonde fue un gran acompañante de la comida que pude disfrutar en el restaurante Casse-Croûte de la abadía.

Brune: Posee un atractivo color tostado, y un aroma dominado por las notas maltosas y a grano tostado, siendo más intensas las de café y algo más sutiles las de chocolate y pasas. Con mayor cuerpo que la Blond y 8º de alcohol, hace gala de un gusto maltoso con matices elegantes de suave café, y un tenue amargor y sequedad al final.

Triple: Una de los mejores ejemplos representativos del estilo sin duda. Una triple con 9,5º de alcohol a la altura de las mejores triples de abadía y trapenses que podemos encontrar en el mercado, que cumple con los cánones del género, resultando intensamente afrutada en aroma donde destaca la naranja amarga, el albaricoque y el melocotón, acompañada de evidentes notas de levadura y algunas más sutiles de especias. En el paladar se muestra dulce, maltosa, con un fuerte componente afrutado construido sobre un cuerpo consistente pero lo suficientemente ligero para resultar fácilmente bebible, logrando una sensación redonda en boca, tras un regusto dominado por la sequedad.

Una copa de Val Dieu Grand Cru de barril es una experiencia que todo amante de la cerveza belga ha de probar en alguna ocasión.

Grand Cru:
La joya de la brasserie de la abadía. La más exportada y apreciada de la fábrica fuera de Bélgica, en especial en los Estados Unidos. Una cerveza mayúscula que acumula fieles seguidores por diferentes rincones de la geografía de todo el planeta, gracias a su impecable factura, su complejidad, su intenso sabor y su capacidad para evolucionar tras envejecer en botella. Con 10,5º de alcohol, y un color tan oscuro que se acerca al negro azabache, es una cerveza que goza de un aroma perfumado con predominio de notas maltosas como caramelo, torrefactas como chocolate, y afrutadas como pasas e higos. De sabor dulce dominado por los matices a caramelo, azúcar quemada y por los torrefactos, deja asomar el alcohol al final, sin excesos pero sin pudor, dejando un leve ardor en la garganta, y una sensación persistente en el paladar. Una obra maestra.


La Val Dieu Triple en formato Magnum de 1,5 litros a la venta en la tienda de la abadía. Un regalo que puede proporcionar horas de placer a los muy cerveceros.

Bière de Noël: La edición especial para la temporada de Navidad que mantiene en su porfolio la brasserie de la abadía. Una cerveza inspirada en la receta que usaron durante siglos los monjes de la abadía. Con un contenido alcohólico de 7º que no alcanza las cotas de otras cervezas belgas navideñas, se caracteriza por su carácter dulce y especiado, con matices que van desde el caramelo, el toffee y la naranja confitada a la canela o la nuez moscada. Una cerveza para consumir en los fríos días de invierno. 

Todas las variedades elaboradas por la brasserie de la abadía pueden ser degustadas en el recinto de la abadía acompañadas de una buena variedad de platos de la gastronomía tipica de la zona, en el restaurante Casse-Croûte ubicado en el ala donde se encontraban ubicados los establos antaño.
Al otro lado de la carretera de acceso a la abadía hay un antiguo molino con su noria de agua, que funciona en la actualidad como restaurante, con una cocina más elaborada y una atractiva terraza para los soleados días de primavera y verano.

Las botellas de cada una de las referencias producidas por la brasserie debidamente colocadas a la venta en la tienda de la abadía. Todo un espectáculo para la vista.

No podía faltar la tienda de la abadía, donde aparte de artículos religiosos, es posible adquirir cada una de las cervezas elaboradas con el sello de la abadía, tanto en formato de 33 cl. como de 75 cl., así como en prácticos packs de regalo que incluyen las diferentes referencias a un atractivo precio. Pero no sólo es posible comprar cerveza. 

Los quesos producidos por la abadía y algunos otros de la región son sin duda otro gran atractivo para los que aman la buena mesa.

Un buen surtido de productos gastronómicos típicos de la región completan la oferta a disposición del visitante, donde destacan los quesos producidos con el propio sello de la abadía: El Val Dieu Grand Cru madurado con la cerveza oscura y compleja del mismo nombre, el Bouquet des Moines, el Casse-Croûte, el Bleu des Moines y el popular y sabroso queso Herve, que goza de un aroma punzante e intenso muy particular, y cuyo bouquet es fruto de un particular tipo de bacteria que se encuentra únciamente en el suelo de la zona y en las salas donde es madurado el queso.

Ficha Resumen:
Nombre: Abbaye du Val-Dieu
Año de creación: 1997
Ubicación: Aubel 
Webhttp://www.val-dieu.com/
Cervezas: Val-Dieu Blonde, Val-Dieu Brune, Val-Dieu Triple, Val-Dieu Grand Cru y Val-Dieu Bière de Noël.
Permite visitas: Sí. Se realizan visitas guiadas en francés tanto de la abadía como de la brasserie, los sábados a las 13:30 de forma individual. También organizan visitas para grupos, a partir de 15 personas, previo contacto. Es posible visitar sólo la abadía, la brasserie o ambas cosas. La visita a la brasserie incluye una degustación de las variedades elaboradas. La duración oscila entre 1h y 2h y 15 minutos, por precios que van desde los 5 y 10 euros por adulto. Más información en http://www.opt.be/informations/tourist-attractions-aubel-val-dieu-abbey-and-brewery-in-aubel/en/V/22703.html.
Cervecería/sala de degustación: Posee un restaurante propio y una tienda en el recinto de la abadía.
Ciudad(es) visitable(s) en las proximidades: Lieja

La Botterese

Tras dejar atrás la abadía de Val Dieu, dirigiéndome ya de regreso hacia el aeropuerto internacional de Bruselas para tomar el vuelo que me llevaría de vuelta a Madrid, quedaba la última visita del tour cervecero valón. Una modesta fábrica llamada la Botteresse ubicada en la pequeña localidad de Sur-Le-Bois, de la que no había escuchado hablar jamás. Una brasserie completamente desconocida para mi, que deparó una de las sorpresas más agradables de todo el viaje, ya que descubrí unas cervezas de gran sabor y calidad elaboradas además por gente en la que resultaba evidente su amor por el oficio de brasseur y una enorme ilusión y humildad dignas de admiración. Y como sucede con todos los tesoros, estos suelen estar bien escondidos, tal y como ocurre con esta pequeña joya, que pasa desapercibida junto a la iglesia del pueblo, situada en unos antiguos talleres de automóviles, sin ningún tipo de indicación que señale el lugar donde se elaboran unas cervezas merecedoras de todo tipo de elogios. Allí se encontraban esperándome uno de los socios, el químico José Poncin y su mujer quienes me atendieron con una gran amabilidad y sencillez, respondiendo a todas mis preguntas.

José Poncin y su mujer posan sonrientes en la entrada de la fábrica de La Botterese.

La Botteresse es fruto de la aventura empresarial que emprendieron dos primos apasionados por el mundo de la cerveza, allá por 1996. Una asociación que podía ofrecer grandes frutos gracias a la excelente combinación de talentos que suponía unir un técnico químico como José Poncin y un antiguo productor de cerveza como Willy, tradición cervecera y precisión de laboratorio reunidos en un proyecto ilusionante.

No fue hasta que transcurrieron dos años de investigación, con un sinfín de pruebas y sus correspondientes degustaciones, cuando decidieron lanzar al mercado su primera cerveza, la Botteresse Ambrée, lo que marcó el nacimiento de la Brasserie des Bruyeres, que fue el nombre que tomó en primera instancia. En un comienzo la actividad cervecera era más una afición que otra cosa, pero con el paso del tiempo la producción fue normalizándose de forma que elaboraban ya de forma regular 60 Hl por año, una cifra aún muy modesta. Los medios empleados para la elaboración en un comienzo, ponían de manifiesto su apuesta por la calidad, utilizando modernos instrumentos y maquinaria de acero inoxidable de acuerdo a sus propios diseños.


Aspecto de la sala de fermentación, donde se puede observar los fermentadores cilindrocónicos de acero inoxidable.

Los lotes elaborados entonces eran de tan sólo 100 litros, pero la principal preocupación de los dos socios no se centraba en el volumen elaborado sino en la calidad de la cerveza que salía de la fábrica, caracterizada por su elevada densidad y su complejidad de aromas y sabores, a las que contribuía un periodo prolongado de maduración en bodega y su posterior refermentación en botella.

LLegó el momento en el que la producción en lotes de 100 litros no era suficiente, ya que la demanda creció notablemente una vez que la cerveza comenzó a ser conocida en la región, por lo que ambos socios cerveceros comenzaron seriamente a plantearse un incremento en la producción, pero a condición de mantener inalterables las características y cualidades de la cerveza que venían elaborando hasta el momento, sin penalizar ni un ápice de su calidad. A finales de 2004 se produjo un hecho que marcó de forma crucial el futuro de la pequeña cervecera. la incorporación de un nuevo socio, Bernard Pairoux, quien estaba buscando un pequeño fabricante de cerveza, dentro de un proyecto de revitalización económica de la región. La búsqueda del aumento en la producción, se convirtió en objetivo prioritario, lo que provocó el traslado de la fábrica a un nuevo emplazamiento en 2005, unos antiguos talleres de automóviles ubicados en el pueblo Sur Les Bois, en el término de la localidad de St. George, tras una larga búsqueda. Con la ayuda de amigos y familiares lograron acondicionar el edificio que ya de por sí reunía las condiciones adecuadas para funcionar como la nueva fábrica, que cambió su nombre por el de La Botteresse, que hace referencia al cesto enroscado al tradicional traje de trabajo para el campo que llevaban los porteadores de carga en la región de Lieja, al mismo tiempo que coloquialmente es el término empleado para referirse a una novia, de ahí que la imagen elegida para la brasserie desde entonces fuera la del dibujo con estética de comic, de una bella muchacha porteadora, que lleva en su cesto decenas de kilos de lúpulo. 


El dibujo con estética de comic que representa a la bella "botteresse" y que aparece en cada etiqueta de las cervezas pertenecientes al sello con el mismo nombre que elabora la brasserie.

Las obras en el edificio llevaron todo un año, hasta finales de 2005. La nueva fábrica cuenta con una sala para el almacenamiento de las materias primas, otra para la elaboración propiamente dicha, otra para la fermentación, otra sala como bodega de maduración, y otra sala que hace las funciones de almacén para los productos acabados. Finalmente las primeras cervezas de la nueva fábrica salen a la luz en el mes de febrero de 2006 en lotes de 1000 litros, 10 veces superior a la capacidad de producción inicial.


Todas las variedades que llega a elaborar la brasserie se encuentran expuestas en una estantería de la sala de degustación.

La brasserie de La Botteresse elabora dos series de cervezas con un buen número de referencias, junto con diferentes referencias de temporada de producción limitada. Por un lado tiene la gama bautizada con el mismo nombre de la cervecera al que pertenecen las siguientes cervezas:

La Botteresse Blanche: Una cerveza blanca de trigo particular con 5,4º de alcohol, elaborada con cebada malteada, malta de trigo y copos de trigo. Afrutada y refrescante.

La Botteresse Blonde: Cerveza de alta fermentación, con 7,5º de alcohol, elaborada con malta de cebada y un porcentaje de trigo. Marcadamente afrutada y redonda en boca.

La Botteresse Ambrée: La primera cerveza de la historia de la fábrica, con nada menos que 8,5º de alcohol. Elaborada utilizando una mezcla de maltas pálidas y torrefactas. Marcamente especiada y de trago largo en boca, dulce y afrutada.

La Botteresse Ambrée au miel: Elaborada con una mezcla compuesta por una docena de especias  y hierbas y miel procedente de la región, resulta más compleja, dulce y melosa que su hermana, con el mismo contenido alcohólico.

La Botteresse Brune: Cerveza que alcanza los 9,5º de alcohol. Elaborada con una mezcla de maltas, entre las que destacan las caramelizadas y torrefactas, proporcionando matices de caramelo tostado, regaliz y café. Muy especiada y compleja, es una cerveza de trago largo en boca y sensación persistente.

La Botteresse Noire: Una strong dark ale de 10,5º de alcohol, oscura, potente y compleja, en la que destacan los matices propios de las maltas torrefactas empleadas como regaliz y café, acompañados de un delicado dulzor procedente de la miel usada para la elaboración. Una cerveza muy especial.


Ambiente sencillo pero acogedor de la sala de degustación de la brasserie.

Por otra parte también elabora una serie de cervezas que recibe el nombre de la localidad donde se encuentra la brasserie, Sur-Les-Bois, al que pertenecen las siguientes cervezas:

La Sur-les-Bois Blonde: Una blonde de estilo belga con 7º de alcohol, de carácter afrutado, refrescante y bien lupulizada.

La Sur-les-Bois Ambrée: Una cerveza especial con 8º de alcohol, elaborada a partir de una mezcla de maltas pálidas y caramelizadas, con un toque especiado y lupulizado en aroma.

La Sur-les-Bois Brune: Una cerveza que alcanza los 9º de alcohol, ideal para los amantes de las cervezas especiales elaboradas a partir de maltas oscuras, y con un notable acento especiado.

Y finalmente entre las cervezas de temporada y de edición especial destacan algunas como por ejemplo, la elaborada para la temporada navideña, La Botteresse de Noël con 10,5º de alcohol, cumpliendo con las pautas típicas de las cervezas de invierno belgas, con un sabor intenso, profundo un cuerpo licoroso y potente, y una complejidad donde las especias y las notas afrutadas son las protagonistas. También podemos encontrar sendas versiones de la Blonde en la que se utilizan frutas como manzanas y cerezas, para la obtención de la incursión en el terreno de las cervezas de frutas por parte de esta brasserie.


La Botteresse Blonde servida en copa. Su atractivo aspecto es solo el preámbulo a una gran cerveza en el paladar.

Ficha Resumen:
Nombre: Brasserie de la Botterese.
Año de creación: 1996
Ubicación: Sur-Le-Bois
Webhttp://www.labotteresse.be/
Cervezas: La Botteresse Blanche, La Botteresse Blonde, La Botteresse Ambrée, La Botteresse Ambrée au Miel, La Botteresse Brune, La Botteresse Noir, La Botteresse aux Cerisses, La Botteresse aux Pommes, La Botteresse de Noël, Sur-le-Bois Blonde, Sur-le-Bois Ambrée y Sur-le-Bois Brune.
Permite visitas: Es posible visitarla previo contacto con la brasserie para concertar día y hora.
Cervecería/sala de degustación: Posee una pequeña sala de degustación. Además se puede comprar directamente de fábrica.
Ciudad(es) visitable(s) en las proximidades: Lieja

La brasserie cuenta con una sala de degustación abierta al público donde es posible probar las difrerentes variedades elaboradas, así como comprarlas directamente a fábrica. José Poncin y su mujer me ofrecieron probar cada una, pero el hecho de tener que tomar el coche inmediatamente a continuación, camino de regreso a Bruselas,  limitó la cata a lo estrictamente imprescindible para poder efectuar una justa valoración de sus cervezas. 
La sorpresa fue mayúscula cuando al probar la primera de ellas, la Botteresse Blonde, descubrí una cerveza de gran calidad y sabor. Una blonde belga con un cuerpo más intenso y maltoso que la mayoría de las blondes de características similares, y una aroma que combinaba matices afrutados como manzanas y peras, derivados de la característica levadura usada, y otros matices de carácter cítrico como naranja amarga y limón, junto con otros herbáceos que enseguida demuestran que se trata de una cerveza bien lupulizada, logrando una sensación plena y redonda en boca, con un equilibrio perfecto, y donde el alcohol no molesta en absoluto contribuyendo a hacer más intensas las notas afrutadas desplegadas en el paladar.
La siguiente cerveza catada, la Botteresse Ambrée, ofrecía otras sensaciones totalmente diferentes a las de su hermana, la blonde. Una cerveza de un atractivo color entre cobrizo y ambarino, que posee una nariz increíblemente compleja gracias a las especias usadas para su elaboración y que marcan de forma inequívoca su carácter. Mucho caramelo, 8,5º grados de alcohol, fruta y especias mezclados en un aroma intenso y atractivo, que da paso en boca a una cerveza melosa, dulce con matices maltosos y afrutados como melocotón y cítricos como corteza de limón o curaçao, y con un final elegante, astringente y especiado. Su hermana "cuasi gemela", la Botteresse Ambrée con miel, es aún más especiada, compleja y melosa, gracias a la miel de producción local que se incluye en la receta.
Para finalizar, la joya de la corona, representada por la Botteresse Noir, una cerveza con un contenido alcohólico destacable que supera los 10º y que dan una pista del cuerpo robusto y maltoso de una cerveza que parafraseando al propio José Poncin bromeando, es el intento por parte de la brasserie de hacer una cerveza que se acercara a la trapense Rochefort 10. Palabras mayores, puesto que hablamos de una de las mejores cervezas del mundo en su estilo, pero que una vez que se comprueba la complejidad y la buena factura de esta cerveza, no parece tan descabellada. Quizás más cerca de una stout de estilo belga, que de una cuádruple de abadía, por su marcado carácter torrefacto tanto en aroma como en boca, con un dominio apabullante del chocolate, no tarda en desplegar su riqueza de matices secundarios como toffee, regaliz, caramelo tostado, levadura, vainilla o anís. Pero lo mejor sin duda es su sensación en boca, cremosa, redonda, plena, de sabor persistente y muy bien balancedaa con un enmascaramiento del alcohol sencillamente magistral.

Un sabor de boca sin duda excelente el que me dejó esta brasserie que conquistó mi corazón cervecero. Un remate final a un viaje excepcional que no olvidaré jamás, y que no me deja más remedio que prometer regresar de nuevo algún día, para conocer otros muchos rincones capaces de hacernos rozar el cielo a los que amamos la cerveza. 


3 comentarios:

  1. Genial el viaje y también todas las crónicas que te has marcado. Sin duda Bélgica es un país realmente disfrutable para aquellos que amamos la cerveza pero también por muchas otras razones de más (cómic, decenas de ciudades maravillosas, gastronomía...). Ya hace demasiado de mi último viaje y con tu serie las ganas de volver han aumentado notablemente, jejeje! Un abrazo y enhorabuena Juan!

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    1. El viaje fue fantástico. Valonia esconde muchas sorpresas y bellos lugares que no conocía. Siempre que había viajado a Bélgica lo había hecho a Bruselas y Flandes y me olvidaba del Sur. Impresionantes cervezas y gastronomía más rica y variada de lo que la gente piensa. Ciudades realmente bellas como Mons o Dinant. Recomendable 100%. Un abrazo, y muchas gracias por tus felicitaciones.

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  2. Fantástico broche a tu serie de posts sobre la Ruta cervecera por Valonia. Muchas gracias por transmitirlo a tus lectores. ¡Te esperamos pronto! Un saludo.

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