martes, 7 de abril de 2015

Cata de cervezas belgas añejas: cualquier tiempo pasado fue mejor?



Como bien es sabido, algunas cervezas son capaces de evolucionar favorablemente en el interior del recipiente contenedor donde fueron envasadas, más allá de la fecha de consumo recomendada indicada por el fabricante. Este es el caso de las cervezas trapenses y de abadía, que por su graduación alcohólica y por contener restos de levadura aún vivos que permiten una nueva fermentación en el interior de la botella, resultan especialmente indicadas para someter a envejecimiento en la propia botella (cuanto mayor sea su capacidad mejor). En la mayoría de los casos evolucionan de modo muy favorable con el paso de los años, transformándose en un producto distinto como seres vivos que son, permitiendo descubrir un nuevo universo de sensaciones complejas y deliciosas. Un claro ejemplo lo tenemos en la edición de 75 cl. de la Chimay Bleue, bautizada con la denominación Grande Réserve, y en cuya etiqueta figura el año de embotellado. Esta misma cerveza, consumida 2 o 3 o incluso hasta 5 años después del año indicado, despliega aromas y sabores más intensos y profundos, aumentando la sensación de "redondez" en el conjunto. Pero pasado este tiempo, la evolución del contenido discurre por senderos más sinuosos con un paradero final de incertidumbre creciente a medida que el tiempo avanza. Al aumentar el tiempo de maduración, la conservación adecuada de la cerveza se convierte en un factor de crítica importancia: las fluctuaciones de temperatura, humedad, luz y los traslados que haya podido sufrir la cerveza, van a influir de forma determinante en lo que vamos a encontrar a la hora de descorchar la botella.  La teoría nos dice que se caramelizará el contenido, aumentará la sensación alcohólica, y el carbónico habrá menguado hasta casi desaparecer, entre otras consecuencias esperadas, pero siempre va a existir un componente de carácter imprevisible. Tal es la expectación que despiertan estas cervezas que en algunos bares de Bélgica, estas botellas envejecidas llegan a cotizarse a precios elevados.

El pasado mes de marzo, un grupo de amigos a quienes nos une nuestra pasión por la cerveza compuesto por Luis Vida (coordinador del curso de Beer Sommelier en la CCM), Benjamín y Gonzalo de Humulus Lupulus y un servidor, nos reunimos en la Cervecería L'Europe, ante una oportunidad de incomparable atractivo e incierto resultado, para poder degustar un conjunto de viejas glorias belgas rescatadas del más oscuro y recóndito rincón del almacén de la propia cervecería. Ninguno de nosotros había podido realizar una cata de cervezas de los estilo mencionados con semejantes años de envejecimiento a sus espaldas.

Las cervezas que fueron objeto de nuestro meticuloso análisis fueron:
- La St. Bernardus Pater
- La St. Bernardus Tripel
- La Trappe Dubbel
- La Trappe Tripel
- La Chimay Rouge
- La Chimay Tripel
- La Grimbergen Cuvée de L'Ermitage.
- La Grimbergen Optimo Bruno.

Todas ellas bien conocidas por nosotros, en sus versiones "jóvenes", arrojaron resultados dispares durante su degustación, siendo en algunos casos sorprendentemente positivo, y en otros decepcionante, aunque también de algún modo esperado.

Las que sorprendieron y encandilaron...


St. Bernardus Tripel 


Con una fecha de consumo preferente situada a finales de 1996, fue la cerveza elegida para abrir la cata. Su contenido alcohólico  situado en un 8%, predecía a priori que iba a ser una de las que mejor había mantenido el tipo durante todos estos años. Fue una de las estrellas de la noche que nos sorprendió gratamente a los cuatro. Para comenzar su aspecto distaba del que conocemos para una triple, resultando mucho más oscura, con un color entre ambarino y cobrizo apagado, abundante poso y con un carbónico muy mitigado pero que aún aparecía tímidamente tras más de 20 años. En aroma se mostró compleja, maltosa, muy dulce y afrutada, con intensas notas de moscatel, frutos secos como nueces y avellanas, y frutos dulces maduros como higos. Con el tiempo un fondo de malta se abría paso con matices de miel, y unas evidentes notas de chocolate de Astorga. Por la parte negativa, se percibieron algunas notas de oxidación aunque tenues, que no llegaban a molestar. En boca predominaban los tonos dulces, pero con menor intensidad y duración que la esperada ante la fragancia aromática desplegada. Resultó evidente que había perdido fuelle con el paso del tiempo, pero aún así la redondez y la magnífica integración del alcohol nos conquistó. Sorprendentemente grata y original.


La Trappe Dubbel


Con una fecha de consumo preferente situada en el 8 de Febrero de 97, 18 años nos contemplaban desde el interior de la botella. A algún lector le habrá costado un poco reconocerla en la fotografía ya que el etiquetado y la receta han variado desde entonces. En este caso la cerveza contaba con medio grado menos (6,5º) que la actual Trappe Dubbel. Fue probablemente la cerveza que se bebió con más placer de todas las degustadas.
Al descorcharla se pudo comprobar que aún conservaba bastante carbonatación, aunque sin llegar a las cotas que podemos encontrar en una dubbel joven. En nariz desplegó un bouquet interesante y complejo, aunque de limitada intensidad, que nos mantuvo concentrados durante un tiempo, tratando de escudriñar sus entrañas. Se apreciaban notas florales, de caramelo y de almizcle al comienzo, algo nada habitual en la Trappe Dubbel que conocíamos todos. En boca resultó más interesante, yendo a más en un largo recorrido en el paladar, mostrándose maltosa, con una textura aterciopelada y deslizante muy agradable, algo láctea, una suave acidez que le otorgaba relieve y recuerdos finales a chocolate y frutos secos como nueces. Con el paso del tiempo en la copa, afloraron toques balsámicos y herbáceos. Gustó mucho por su suavidad, aroma, complejidad y redondez.



Chimay Tripel


Elaborada en la abadía de Notre Dame de Scourmont, los 8º de la triple de Chimay, conocida como la Chimay Blanca, y la calidad que atesora cuando se trata de un producto joven, hacía que muchos de nosotros la señalara a priori, como una de las que iba a dejar mejores sensaciones, más aún teniendo en cuenta lo que acabábamos de comprobar con la St. Bernardus Tripel. La fecha de consumo preferente en este caso se situaba a finales de 1995, siendo una de las más añejas de la velada, junto con su hermana la Chimay Rouge y la St Bernardus Pater.
Fue la que más sorprendió, ya que al descorcharla descubrimos una cerveza que se había mantenido increíblemente joven tras más de 20 años de "cautiverio". En aroma desplegó un carácter cítrico fresco, donde apareció una rica serie de matices  como naranja, lima y cáscara de cítrico acompañada de recuerdos a flores de azahar, una sutil presencia de alcohol y notas complementarias herbales y algo de almizcle. En boca se mostró como la más corpulenta y sabrosa de la noche, conservando su estructura y densidad, con un punto picante y otro de carácter férrico muy tenue, para acabar con recuerdos de caramelos balsámicos de miel y limón. También se detectó la presencia leve de diacetilo, que no llegó a molestar en ningún momento. Gustó mucho por su fuerza, y su sorprendente juventud en aroma y paladar... más de20 años en botella que parecían mucho menos.


Grimbergen Optimo Bruno 

La primera de la pareja de cervezas de la célebre cervecera de abadía belga, a la que muchos debemos haber descubierto este tipo de cervezas hace más de 15 años, y la mejor de la casa para mi gusto junto con su hermana la Cuvée de L'Ermitage, que sorprendentemente ya no llegan a España por los cauces oficiales, aunque es posible aún probarlas en algún local especializado que las adquiere vía importación. A pesar de sus 10º de alcohol y de una fecha de consumo preferente más cercana que en los casos comentados anteriormente (finales de 2006), fue una cerveza que presumíamos que habría podido aguantar mejor el paso inexorable de los años, o al menos convertirse en algo distinto a lo que pudimos encontrar, que resultó inesperado aunque sí interesante. 

En aroma, tras el descorche y aún en botella, llamó poderosamente la atención la aparición de un intenso matiz láctico que recordaba al yogur. En copa, ya aparecieron otra serie de aromas potentes de oloroso de Jerez, con evidente acidez, alcohol, frutas secas, avellanas, nueces y maderas viejas. En boca, en un comienzo aparece plana, anodina e incluso insulsa, pero tras breves instantes comenzó a crecer, desde el comienzo con un componente de caramelo, hasta describir un trago largo y bien compensado con un punto acético, finalizando con recuerdos a uvas pasas y maderas añejas. Una cerveza muy potente y original, y de carácter vinoso, que parecía evocar una maduración en viejas barricas de madera.

Las que llegaron vivas, pero más agotadas...


Grimbergen Cuvée de L'Ermitage 


Con 7,5º de alcohol y una fecha de consumo preferente situada en Noviembre de 2006, dejó patente que no había podido aguantar el tiempo transcurrido. Una nariz intensamente láctica, con un punto levemente agrio y avinagrado eran una muestra patente de ello. En boca se mostró muy blanda, y algo insulsa, con un punto de caramelo, acompañando a las sensaciones acéticas que hacía recordar a una Oud Bruin adormecida. Por contra apareció bien carbonatada, pero su falta de expresividad, su trago corto y recuerdos metálicos en las sensaciones finales, dejaron bien claro que nos encontrábamos ante un claro ejemplo de agotamiento.



St Bernardus Sixtus Pater 6


Con un consumo preferente situado a finales de 1994, nos encontrábamos ante una de las últimas cervezas que elaboró la fábrica de Watou en 1992, antes de extinguirse por completo el acuerdo que mantenía con la abadía de Westvleteren ese mismo año. De ahí que aún apareciera el nombre Sixtus en la etiqueta, heredado del nombre de la célebre abadía trapense de St. Sixtus de Westvleteren, conocida por sus excelentes cervezas, en especial la Westvleteren XII (ale St. Sixtus en su origen), tras haber sido elegida como la mejor cerveza del mundo durante varios años por los usuarios de la web ratebeer.com.

En este caso nos encontramos con una cerveza con un carbónico prácticamente inexistente y un aroma mitigado pero muy caramelizado con recuerdos a flan de vainilla, y fruta en almíbar como guindas y melocotón. La mayor decepción se confirmó en su comportamiento en boca, siendo una cerveza muy apagada y plana. Sin duda habría que haberla consumido con antelación.

Las que simplemente no llegaron...


Chimay Dubbel

Sus cerca de 20 años con un consumo preferente situado a finales de 1997 pudieron con sus 7º de alcohol, su reputación y lo que había mostrado su hermana la Tripel. Con una ausencia total de carbonatación, y un aspecto muy sucio, la oxidación resultó muy evidente en el aroma, destruyendo todo vestigio de la riqueza aromática de esta cerveza en su versión joven. En boca, una textura aguada y un cuerpo flácido terminó por dictar sentencia con un claro veredicto: no llegó viva.


La Trappe Tripel

Teniendo el precedente inmediato de su hermana La Trappe Dubbel con un final abrumadoramente agradable, y con un contenido alcohólico superior situado en 8º de alcohol, nada hacía presagiar que nos íbamos a encontrar a una de las dos cervezas que llegaron totalmente exhaustas, sin vida y sin sabor. Con un consumo preferente situado en Julio de 1996, sus más de 20 años pesaron como una losa. Una cerveza muy poco aromática, tremendamente oxidada, donde solamente se pudo vislumbrar un tímido componente de caramelo, pero con poderosos matices de carácter rancio y sucio, que dejó posiblemente las peores sensaciones de todas las cervezas probadas durante la velada.




5 comentarios:

  1. Parece que disfrutastéis una velada agradable y seguro que muy interesante. Leyéndote veo que algunas Tripel evolucionan mejor de lo que yo esperaba, siempre he pensado que cervezas belgas de mucha graduación y sobre todo de colores mas oscuros envejecerían mejor. Me ha entrado nostalgia al leer sobre la Optimo Bruno, hace tiempo que no la veo y es una de las cervezas con las que me inicie en este mundo.
    Un saludo!

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    1. TENGO YO UNA OPTIMO POCO CADUCADA POR AHÍ, TENDREMOS QUE DARLA UN TIENTO A PACHAS ANDY JIJIJI.

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    2. Lo cierto es que estuvo francamente bien, y respondió adecuadamente a las expectativas, que por un lado eran altas, pero por otro lado también éramos realistas y conscientes de que 20 años o más de almacenamiento en algunos casos, podrían haber dejado huella en las cervezas no de la mejor forma. Las triples que a priori por su color podría parecer que no eran las mejores candidatas a un mejor resultado final tras la evolución salieron parcialmente vencedoras. Como se puede apreciar en el post, hubo un poco de todo. Cuando vayáis a abrir las Optimo Bruno, me apunto, con un par que guardo en casa de las últimas que se pudieron comprar en gran superficie antes de que dejaran de traerla. Salu2 chicos!

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  2. POR LAS EXPERIENCIAS VIVIDAS NO SOY MUY DE AÑEJAR CERVEZAS, LAS PREFIERO JOVENES Y FRESCAS ( SIGO HABLANDO DE CERVEZAS ) Y NO ME MERECE MUCHO LA PENA LO QUE GANAN EN REDONDEZ Y DULZOR CON LO QUE PIERDEN EN CARBONATACIÓN, VIVEZA Y FRESCURA. HAY GUSTOS PARA TODO JEJEJE.
    UN SALUDO COMPI Y ENHORABUENA POR LA EXPERIENCIA!

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    1. Hay un dicho que dice que gallina vieja siempre hace buen caldo, jajaja. Pero tienes razón que para muchas cervezas es preferible beberlas más frescas y jóvenes. En algunos casos como las navideñas o también las añejadas en barrica, barley wines y algún otro estilo, evolucionan muy bien, se aposentan, reposan y pierden un poco de "vigor" lo que las redondea. Entre 2 y 3 años es por lo que he podido comprobar, el periodo perfecto de maduración en botella. Salu2 Jorge!

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