martes, 27 de mayo de 2014

Presentación de cervezas checas en Madrid: Grupo Lobkowicz y Bernard



La cerveza checa es sin duda una bebida de una calidad y prestigio proverbiales tal y como sucede con otros productos de reconocimiento mundial como puede ser el whisky escocés, o el champagne francés, y no sólo de puertas hacia afuera. Para los checos, la cerveza es la bebida nacional. De hecho, la República Checa encabeza la lista de los países consumidores de cerveza con una media de 156,9 litros per cápita al año. Los checos tienen el honor además,  de haber fabricado la primera cerveza lager rubia de la historia en 1842, que dio lugar al estilo cervecero más imitado y difundido por todo el mundo, las pilsen. La reputación de sus cervezas está fuera de toda duda, gracias tanto a la calidad de sus materias primas (la mejor malta de cebada de Bohemia y Moravia, así como el lúpulo Saaz de Zatec), como por su maestría en el arte de la elaboración de cerveza, siendo sede de las primeras grandes escuelas de maestros cerveceros, allá por el siglo XVIII. 

Sobre las cervezas checas resulta importante mencionar, que al igual que sucede en otros países, el gobierno checo grava las cervezas en función de los grados Balling/Plato (y no del alcohol) que aparecen en el etiquetado de muchas de sus cervezas, como algunas de las comentadas en esta entrada. El grado Plato, que es una refinación del grado Balling, se emplea para medir la densidad original del mosto del que procede la cerveza final, y no indica la graduación alcohólica de la misma. Por definición representa la cantidad de gramos del extracto seco primitivo del mosto original por cada 100 gramos de dicho mosto a 20ºC de temperatura :

Por la graduación indicada en las etiquetas tendríamos varios tipos de cerveza, que en checo reciben los siguientes nombres:
Lehké Pivo: Indica una cerveza ligera hasta 8º grados Balling máximo. No suelen ser muy comunes.
Výcepní Pivo: cerveza de una graduación de hasta 10,99 grados Balling. Se trata de las cervezas más populares, también denominadas de sesión, que se pueden consumir en mayor cantidad.
Ležák: El término checo que identifica las cervezas de tipo lager. Siempre entre 11 y 12,99º Balling. Aquí es donde entrarían algunas de las marcas más conocidas de la cerveza checa, como Pilsner Urquell, por ejemplo.  
Speciàl: Las cervezas fuertes con 13º o más grados Balling.

Si prescindimos de la graduación y atendemos a la coloración de la cerveza, los nombres que emplean los checos para designarlas serían los siguientes:
Svetlý: Se refiere a que la cerveza es pálida o rubia.
Polotmavé: Indica que la cerveza es de color ámbar.
Tmavé: Indica cerveza oscura, un camino intermedio entre la ámbar y la negra
Cerné: Se refiere a la cerveza negra.

(Clasificación recogida en el libro de Max Bahnson "Praga: Guía Cervecera para Borrachines")

La tradición de la industria cervecera checa se apoya una serie de caracteres propios y sabores distintivos, que a través de una gran variedad de estilos, convierten a su oferta cervecera en una de las de mayor atractivo dentro del panorama internacional. Una de las claves es el respeto por las materias primas de alta calidad y las recetas originales, así como el mantenimiento estricto de los procedimientos y técnicas tradicionales, que han logrado perdurar generación tras generación.


A pesar de todo ello sin embargo, no se han prodigado demasiado más allá de los Pirineos, y apenas hemos podido ser testigo de la llegada de las marcas más comerciales de aquel país como Budvar, Pilsner Urquell o Staropramen. Afortunadamente la situación va a cambiar gracias al trabajo del Grupo Xiata y la compañía The Better Beer Company, que hará posible que comencemos a ver un nutrido grupo de referencias checas inéditas tanto en las estanterías de los comercios como en las barras de las cervecerías.


De entre las 50 grandes fábricas, y las 21 microcervecerías que se encuentran funcionando en la actualidad en la Rep. Checa, han apostado por dos de las más relevantes dentro del mercado checo: El grupo Lobkowicz y Bernard. El pasado lunes 19 de mayo, tuvo lugar en la Residencia de la Embajadora de la República Checa en España, una presentación de varias cervezas checas pertenecientes a los mencionados pivovares (nombre que reciben en checo las cerveceras), donde fue posible reunir a los miembros más relevantes del panorama cervecero madrileño, entre los que me encontraba invitado, con un papel especial a desempeñar como presentador de las cervezas Lobkowicz, junto a varias autoridades del país anfitrión y un invitado especial del pivovar Bernard, Tomáš Radil, quien nos habló de sus magníficas cervezas y la historia de su fábrica.

Grupo Lobkowicz
Pivovary Lobkowicz, es una de las cerveceras checas de mayor prestigio. Establecida en la localidad de Vysoky Chlumec, en 1466, la familia Lobkowicz, de larga tradición cervecera, la compró en 1474. Actualmente es un grupo cervecero checo que aglutina alrededor de la fábrica original, una serie de pequeñas fábricas regionales, ya que uno de los objetivos principales de la compañía es preservar y proteger las formas tradicionales de elaboración de cerveza, desarrollando y manteniendo el carácter específico de las marcas locales y sus productos. La estrategia actual del grupo es crear un variado catálogo de cervezas donde puedan estar representados los más modestos y variados fabricantes de cerveza checos, destinado a satisfacer los paladares del público en función de sus gustos, creando para ellos una experiencia cervecera lo más gratificante posible.
Entre los pivovares pertenecientes al grupo, los elegidos que comenzarán a llegar a España de forma regular, son:



Platan Protovin
Diferentes documentos históricos datan en 1540 el origen de esta cervecera en la ciudad de Protovin. A lo largo de los siglos ha ido alternando de propietarios, pasando por diferentes manos, como las del príncipe de Schwarzenberg en 1711. A finales del siglo XIX se convirtió en una firma líder en el sector, no sólo por la calidad de su cerveza, sino también por los avances tecnológicos aplicados. El periodo más exitoso de la cervecera llegó con el siglo XX, cuando la producción pasó de 125.000 Hl. en 1896 a 147.745 Hl. en 1902, siendo exportada a todos los rincones del Imperio Austrohúngaro, desde Viena y Praga hasta Trieste y Berlín, e incluso en ultramar llegando hasta Nueva York. Sin embargo el éxito de esta época se vio truncado por el estallido de la contienda de la I Guerra Mundial. Tras la II Guerra Mundial y la llegada del comunismo la empresa pasó a ser de propiedad estatal. En junio de 2000 la cervecera fue vendida a la ciudad de Protivín que se convirtió en su único propietario, salvándola del cierre. Y en 2008 fue adquirida por el grupo Lobkowicz, que ha realizado un gran esfuerzo por mantener los aspectos positivos y los principales valores de la compañía que antaño la hizo triunfar, unidos al desarrollo y modernización de la cervecera, haciéndola ganar presencia tanto a nivel interno en la República Checa como a nivel internacional, a través de su política de exportaciones a los mercados extranjeros.
De esta cervecera se incluyeron en la presentación dos referencias elaboradas según el proceso tradicional de baja fermentación típico checo, usando cebada malteada de calidad procedente de Moravia y Bohemia, agua de los pozos artesianos de la ciudad de Protivin y la variedad de lúpulo noble Saaz.

La primera de ellas fue la Platan 11, degustada directamente de barril. Se trata de una cerveza con tan sólo 4,6º de alcohol, de color dorado, transparente, y coronada por una atractiva capa de espuma blanca. De aromas limpios dominados por el cereal, notas a paja y matices florales procedentes de los lúpulos, detectables gracias a la frescura de la cerveza, y con un cuerpo ligero, resulta refrescante y equilibrada, con un final elegantemente amargo. Ideal para consumir como cerveza de sesión.
La segunda cerveza degustada de la marca fue la Platan 14, también denominada Prácheňská Perla, tal y como aparece en su etiqueta. En esta ocasión, servida desde la botella (de 50 cl.). Se trata de una cerveza de un color oro más intenso, y con una espuma blanca más duradera. Sus 6º de alcohol, y sus características nos hace situarla cerca de la familia de las bocks alemanas, con una presencia de notas a caramelo pronunciadas, que acompañan a la malta y los matices florales de la cerveza. Con un cuerpo más consistente y con atisbos de alcohol en nariz y boca, es una cerveza de mayor amargor, y sequedad en el regusto que su hermana, la Platan 11.




Černá Hora
Una de las más antiguas fábricas de cerveza checas que aún continúan en funcionamiento en la actualidad es la Černá Hora. En 1298 se menciona por primera vez la existencia de sus cervezas. La cervecera va pasando a pertenecer a diferentes propietarios a lo largo de sus siglos de historia, entre los que se encontraban miembros de la nobleza, y de alguna dinastía real, hasta finales del siglo XIX, momento en el que se produce un hecho singular. El cura Vincenk Sevcik, crea una cooperativa agraria para la fabricación de cerveza en Černá Hora en 1896. Se consigue mejorar la organización de la fábrica y el sistema de producción y se optimiza la obtención de los productos necesarios, al mismo tiempo que crece en simpatía popular hacia la fábrica, por lo que logra aumentar significativamente sus ventas. Tras la II Guerra Mundial el pivovar pasa a ser de propiedad estatal, formando parte de Stredomoravske pivovary. En 1996 pasa de nuevo a manos privadas, siendo una sociedad limitada bajo el nombre de Pivovar Černá Hora, a.s., y finalmente en 2010 es adquirida por el grupo Lobkowicz que vuelve a recuperar como filosofía de la empresa, la conservación de la tradición cervecera de los pivovares checos.

La representante elegida para la presentación fue una weizen bautizada con el nombre de Velen. Una cerveza con 6º de alcohol, y una utilización de un 50% mínimo de malta de trigo. El agua procede de las montañas de Černá Hora, y el lúpulo elegido, de nuevo es el Saaz. Se trata de una cerveza que en apariencia y por algunas de sus características organolépticas, nos recuerda a una weizen alemana, pero que también presenta algunas diferencias frente a este estilo. De aspecto turbio y un color amarillo pajizo, con una espuma blanca, es una cerveza muy aromática, con presencia de intensas notas a banana, cítricos, grano y levadura. En boca su fina, pero abundante carbonatación está presente desde el comienzo, y ayuda a resaltar la singular sensación especiada que transmite esta cerveza. De cuerpo medio, dominada por los matices a cereal, y los ésteres afrutados de la levadura, resulta más ácida y especiada, con intensas notas a clavo, e incluso pimienta, que las cervezas de trigo bávaras. Su astringencia y sequedad final también difieren de la habitual sensación que aportan las weizen germanas, resultando una cerveza muy particular, de sabor intenso y que puede tener un especial atractivo para aquellos aficionados a las cervezas de trigo.



Pivovar Jihlava
De nuevo nos encontramos con referencias a la elaboración de cerveza, procedentes de siglos atrás, cuando en las actas del concejo de la ciudad de Jihlava, en la primera mitad del siglo XIV, ya aparecía la mención a la producción de malta y cerveza artesanal. En 1579, la primera escritura que dio forma legal al gremio de cerveceros, fue firmada en la ciudad de Jihlava, lo que ayudó a propagar la reputación de la calidad de su cerveza, siendo consumida en la corte de Viena, por el rey Ladislav Pohrobek, o el emperador Friedrich III entre otras personalidades. A comienzos de 1859 el gremio de fabricantes de cerveza decidió cerrar las pequeñas fábricas para crear una nueva cervecera que reuniese a todas ellas en una nueva corporación de mayor envergadura y relevancia. Esta nueva fábrica empezó a funcionar en 1860. En la actualidad, la cervecera de Jihlava es propiedad del grupo cervecero checo Lobkowicz. En 2008 comenzaron de nuevo a elaborar cerveza respetando los métodos y recetas originales, lo que provocó que las cervezas de la fábrica comenzaran a resultar de sabor más intenso y ganasen reputación como cervezas de calidad a precios competitivos. Durante el primer trimestre de 2009 la cervecera consiguió duplicar sus ventas, y ser demandad por el sector de restauración.
De esta cervecera la elegida fue la Jihlavsky Grand Premium 18. Una cerveza de baja fermentación, con 8º de alcohol, y elaborada con cebada malteada de alta calidad de Bohemia y Moravia, lúpulo Saaz y agua de los pozos de Jihlava. En esta ocasión la cerveza se caracteriza por un color más intenso cercano al ámbar, y una espuma de mayor consitencias, cremosidad y retención. En el aroma se percibe que nos encontramos frente a una cerveza maltosa, potente, de intenso sabor y alcohólica, aromatizada con un suave toque floral, bajo el que subyace las notas más acusadas de caramelo y naranja. En boca, es una cerveza muy sabrosa, con un gusto a malta y caramelo, y que finaliza con amargor y sequedad, a la par que un ardor alcohólico, obvio, dado su elevado contenido de alcohol.




Klášter
El término Klášter, significa en checo monasterio, por lo que el nombre que recibe este pivovar, nos traslada de forma inmediata a sus orígenes, inmersos en un monasterio cisterciense del siglo XII (1177), que ocupaba el mismo lugar donde hoy se levanta la fábrica, y en el que se llegó a producir cerveza durante la Edad Media. Lo único que queda de aquel monasterio gótico es un portón, conservado en el patio principal de la actual cervecera. La abadía sufrió continuos acontecimientos trágicos que provocaron su destrucción parcial y total a lo largo de los siglos, tal y como sucedió con otras muchas abadías-cervecerías medievales a través de la historia. El origen de la fábrica actual se remonta al año 1864, cuando la familia Waldstein decidió construir en el lugar de la abadía, una de las cerveceras más modernas de la época. Actualmente la cerveza se continúa elaborando en el interior de los mismo edificios históricos originales de más de 150 años de antigüedad. Durante la Edad Media se excavaron decenas de bodegas bajo los terrenos del monasterio, que hoy sirven como marco incoparable del reputado restaurante Skála, que sirve cerveza de la fábrica de barril.
En la actualidad la cervecera pertenece al grupo Lobkowicz. El objetivo de Klášter es poder elaborar de nuevo la cerveza, siguiendo los métodos tradicionales de la región, un producto auténtico, con ingredientes nacionales y siguiendo las recetas clásicas.
Para la ocasión se degustó la Klášter Bock XIX, una cerveza de baja fermentación con 7,5º que podría clasificarse dentro de las doppelbock alemanas, elaborada con maltas Checa, Cavarian, Melanoidin, Caramel, y Caraaroma, y con lúpulos Saaz. Una cerveza oscura, de maltas tostadas con un tono marrón y brillos cobrizos al trasluz. Repleta de matices a grano tostado, caramelo quemado, alcohol y algunos más sutiles a frutos secos, regaliz y melaza. En el paladar, se advierte que tiene un cuerpo medio-alto, aunque de paso fácil en boca. De gusto maltoso, y presencia de caramelo, pero sin resultar especialmente dulzona, se caracteriza por esta bien balanceada, por su final seco y la integración casi perfecta del alcohol en el resultado final.


Bernard


La cervecera Bernard se caracteriza por ser una empresa familiar. Sus orígenes se sitúan en el año 1991, cuando Stanislav Bernard, junto con  otros dos socios, consiguieron ganar la subasta para la privatización de una cervecería del siglo XVI, situada en el pueblo de Humpolec, y que por aquel entonces se encontraba en situación ruinosa, cercana a la bancarrota. La transformación de la fábrica, a través de la rehabilitación de los edificios, y la modernización de las instalaciones, fue espectacular. Durante la presentación los asistentes pudimos comprobar el cambio entre el antes y el después, a través de una pequeña exposición de fotografías que nos enseñó Tomáš Radil de Bernard. Una muestra del empeño y el compromiso de la familia Bernard con la recuperación de la tradición cervecera checa, plasmado en la gran inversión realizada y el esfuerzo desarrollado. 


Bernard no tardó mucho en convertirse en una de las marcas de cerveza referencia de toda Chequia. Para distinguirse de otras cervezas checas, la familia tomó la decisión de elaborar una cerveza tradicional, sin pasteurizar, utilizando para ello los ingredientes de mayor calidad, y los métodos tradicionales. Sus cervezas se caracterizan por su plenitud de sabor,  y excelente armonía, resultando magníficamente balanceadas. 
Las cervezas de Bernard  honran de forma fiel las técnicas de fabricación tradicional, por lo que, por ejemplo, la fermentación de sus cervezas se lleva a cabo en salas especiales de sus bodegas, siguiendo la tradición, y posteriormente maduran en bodegas al uso según los cánones antiguos. De forma pausada esperan a sus clientes durante varias semanas a una baja temperatura situada entorno a  1 o 2 ° C. No se llega a pasteurizar, pero sí es filtrada, a través de un microfiltro, manteniendo una temperatura máxima de 2 ° C durante el proceso. La cerveza, con este método, no ve alterado su aroma, color o sabor, conservando intacto su valor nutritivo y el carácter de la tradición. La fermentación continúa en el interior de la botella, ya que es envasada conteniendo levadura en el interior, manteniendo la cerveza viva durante un tiempo, lo que suele ser inusual en cervezas de tipo pilsen. Además para resaltar la calidad del producto, es embotellada utilizando tapón mecánico de cerámica.
La malta es de la máxima calidad procedente de una maltería propia situada en Rajhrada u Brna, donde se conservan los métodos antiguos de malteado. El agua procede de los manantiales puros de las montañas de Moravia  y el lúpulo utilizado es el Saaz, como es habitual en las cervezas checas.
En pocos años han sido muchos los premios y galardones conseguidos, como por ejemplo las cinco copas de oro en la feria de la cerveza checa Pivex, el certamen cervecero más importante de toda la Rep. Checa, donde son elegidas las mejores cervezas del país. 

 
Antes
Después

Gracias al éxito de sus cervezas, la compañía ha podido desarrollar un ciclo de crecimiento notable durante los últimos años. En la actualidad, la marca se encuentra próxima a convertirse en uno de los iconos cerveceros no sólo de la Rep. Checa, sino de otros muchos paises (26 concretamente) donde está siendo exportada actualmente, como lo demuestran las cifras de negocio recientes. Desde el año 2000 la cervecera ha formado parte de una sociedad anónima, y en julio de 2001, la firma belga Duvel-Mortgaat realizó una ampliación de capital de la sociedad, consiguiendo el 50% de las acciones, lo que ha permitido potenciar más aún el crecimiento y expansión de la compañía.


Fábrica de Bernard

Entre las referencias presentadas en el acto, se encontraban:

La Bernard Celebration Lager o Sváteční Ležák (en barril y botella de 50 cl.)
Una cerveza de atractivo color dorado y generosa capa de espuma que desaparece con relativa rapidez. Presenta delicados aromas a malta, caramelo, flores y hierbas. En boca se percibe su cuerpo medio-ligero y su vivaz carbonatación que ayudan a incrementar su capacidad para refrescar. Fácilmente bebible, aparte de sus matices a grano y caramelo, levemente dulces,  se acompaña de otras notas sutiles de levadura y lúpulos florales y un punto metálico, para desembocar en un final suavemente amargo.

La Bernard Amber Lager o Jantorový Ležák.  (en botella de 50 cl.)
Se trata de una cerveza elaborada con maltas tostadas, a medio camino entre la Celebration Lager y la Dark lager. Con 4,7º de alcohol, es una cerveza que potencia el carácter dulce de la malta, aunque logrando un producto final balanceado. De color entre ámbar y cobrizo y con una espuma blanquecina de mediana amplitud y retención, destaca por sus notas a caramelo, y pan tostado, unido a la presencia de los lúpulos.En boca se encuentra, se percibe con textura algo oleaginosa, muy bien balanceada, combinando acertadamente notas dulces y amargas y con presencia de algún matiz metálico. Su final es ligeramente astringente y amargo.

Y la Bernard Dark Lager o Černý Ležák, (en barril y botella de 50 cl.)
Posiblemente mi favorita de la marca.Se trata de una cerveza que podríamos catalogar como una Schwarzbier, con 5,1º de alcohol. De color oscuro, cercano al negro y una espuma de color canela, tiene un aspecto que recuerda al café. En aroma, precisamente aparecen reminiscencias de café, aunque predominan las notas a grano tostado, algo de chocolate, fruta oscura y melaza. En boca, presenta un cuerpo medio, resultando increíblemente fácil de beber, con un gusto elegante, y finalizando con un regusto seco, que deja una sensación reconfortante.

Todas ellas son elaboradas con seleccionadas variedades de malta de gran calidad, procedentes en gran parte de su propia maltería, lúpulo Saaz y agua de gran pureza procedente de las montañas de Vysocina.

Aparte Bernard ofrece en su portfolio una cerveza sin gluten, la Bezlepkový Ležák, distinguida por su etiquetado de color verde, y dos versiones sin alcohol (una rubia y otra ámbar), cuyo etiquetado llama la atención, por el rostro incluido en las etiquetas, que no es otro que el de Stanislav Bernard, aunque con la peculiaridad de estar retratado totalmente calvo, estableciendo una analogía entre la ausencia de pelo y la ausencia de alcohol en la cerveza.

Como se puede comprobar la oferta es nutrida y variada, abarcando diferentes estilos, marcas y graduaciones alcohólicas, procurando satisfacer los diferentes posibles gustos del público español, asegurando en todo momento el compromiso con la calidad del producto.

Qué las disfrutéis!  Na zdraví!

jueves, 15 de mayo de 2014

Mahou, historia de una larga amistad


Hace unas semanas se cumplió el cuarto aniversario del blog y echando la vista atrás, analizando todo lo vivido durante estos últimos cuatro intensos años, donde la cerveza ha ido llenando cada vez más mi vida, comencé a pensar dónde se remonta el origen de esta pasión, situado largo tiempo atrás. Un recuerdo que he recuperado de mi memoria en numerosas ocasiones, pero que recientemente ha regresado de nuevo a mi mente tras ver el último anuncio de Mahou en televisión (dentro de la campaña #soymuydeMahou) y su pegadiza banda sonora de la mano del genial Loquillo


Fue ver el anuncio por primera vez y sentir como un aura de nostalgia me invadía, al caer de nuevo en la cuenta, que todo lo que he vivido dentro de este mundo, el cervecero, tuvo su comienzo, cuando probé mi primera cerveza, que fue como para una inmensa mayoría de madrileños, una Mahou, hará ya más de 20 años. Después han venido muchas otras más, cientos, miles, pero como sucede con el primer amor, la primera cerveza nunca se olvida. Capaz de despertar sonrisas de complicidad sin necesidad de decir nada más, o de hacer sentirse como en casa a alguien de fuera, Mahou forma parte de la vida de muchas personas, como el barrio o el pueblo de nuestra niñez, que nos vio crecer, uniendo a personas de toda condición y  profesión como actores, deportistas, gastrónomos y artistas abarcando diferentes generaciones, representando tanto el amor por la tradición y las buenas costumbres, como la ilusión de los nuevos talentos, tal y como reflejan uno de los momentos más bonitos del anuncio donde la veteranía y el futuro se dan la mano con los ejemplos de Lucio y el chef David Muñoz

En lo que a mi respecta, Mahou está presente en muchos de mis recuerdos más nostálgicos, ya que ha formado parte de mi vida, y no sólo de la mía, sino de muchos de los que compartimos nuestra pasión cervecera, especialmente en Madrid, donde ha sido y es una auténtica institución. Desde el olor a levadura que flotaba a veces en el ambiente, alrededor de la antigua fábrica del Paseo Imperial de Madrid, situada cerca del colegio donde estudiaba, hasta los mejores momentos de bromas y confidencias compartidos con mis amigos de toda la vida, en los que no faltaba un tercio de Mahou en la mano, pasando por muchos otros: los cumpleaños en familia, los paseos de domingo por El Rastro que acababan en unas cañas, las cenas en la parcela del chalet de mi amigo Toni, tomando "la primera" cuando salía de marcha con la pandilla, la sagrada tradición del aperitivo los fines de semana, los partidos de la selección en los mundiales, las veraniegas tardes de mus junto a la piscina, las salidas de cañas por La Latina que se alargaban hasta el anochecer, o de garbeo por la verbena de San Isidro. Y precisamente ahora, por San Isidro, santo patrón de mi amado Madrid, es cuando he decidido rendir homenaje a una vieja amiga a la que le debo haberme iniciado en mi pasión por el maravilloso mundo de la cerveza y que sigue estando ahí, siempre que quiero volver a ella.


La historia de Mahou se remonta a finales del siglo XIX cuando el francés Casimiro Mahou llegó a la ciudad de Madrid, y fundó la empresa de papel pintado El Arco Iris y otra serie de negocios. Tras su fallecimiento en 1875, sus esposa y su hijos se hicieron cargo de las empresas familiares y la fecha crítica fue cuando en 1890, probaron suerte con el negocio de la cerveza, poniendo en marcha una fábrica de cerveza y hielo en la céntrica calle Amaniel, de cuya construcción se encargó el arquitecto Francisco Andrés Octavio. Todavía es posible contemplar parte de lo que fue el edificio de ladrillo original, con fachadas hacia las calles Montserrat y Limón,  incluyendo la vieja chimenea, visible desde la Plaza de las Comendadoras, junto a lo que fue sede del Archivo Regional más tarde, y en la actualidad es el Museo ABC de Dibujo e Ilustración.


El éxito no se hizo esperar y desde los primeros años las cervezas que salían de la fábrica de Mahou, lograron un reconocido prestigio, siendo además tremendamente populares en tan poco tiempo. Trece años más tarde la simbiosis entre la marca y la ciudad de Madrid era ya un hecho, como muestra la serie de tarjetas postales que se editaron en 1907, donde aparecen unos carruajes con barriles de cerveza de la fábrica junto a la estación de ferrocarril de Atocha. Durante los años posteriores, Mahou fue el protagonista de algunos hitos históricos dentro del sector cervecero español, como por ejemplo, la introducción en 1908 de la cerveza tipo Munich (negra) en el mercado nacional, la sustitución del tapón de corcho por la chapa metálica en 1922, toda una innovación para la época, o la utilización por primera vez en España, de calderas de cocción Ziemann de cobre y hierro.


En 1957 se convirtió en una Sociedad Anónima, a pesar de que nunca ha perdido del todo su carácter de empresa familiar. En 1962, las crecientes necesidades de producción provocaron la construcción de una nueva fábrica en el Paseo Imperial, cerca de la ribera del Manzanares, otro símbolo de Madrid, y también del estadio del Atlético de Madrid, el Vicente Calderón. Allí llegaron a trabajar cerca de 1500 empleados, elaborando diariamente más de 5 millones de litros de cerveza, empleando malta de cebada y lúpulos españoles. Años más tarde, en 1969 lanza su cerveza más emblemática y popular, la Mahou 5 estrellas. Durante esta década además protagoniza un paso más dentro de la evolución de las técnicas de producción y envasado, sustituyendo los tradicionales barriles de madera por los de aluminio, que tantas y tantas veces hemos podido ver en los bares que frecuentamos.


Treinta años más tarde, en 1992, Mahou construyó la fábrica que funciona en la actualidad, situada en la localidad alcarriana de Alovera, donde concentra toda su producción. En 1993, fue cuando se envasó la primera cerveza en esta nueva fábrica de Alovera, la fábrica de cerveza de mayor envergadura de España, una de las mas avanzadas del sector a nivel mundial, desde el punto de vista tecnológico y productivo y, al mismo tiempo, una de las más sostenibles y comprometidas con el respeto al medio ambiente, siendo ejemplo para muchas otras. Actualmente hay en marcha un programa de visitas de la fábrica que permite tanto a profesionales como al público interesado una oportunidad única de conocer más de cerca el proceso de elaboración de la cerveza..

Tras la unión en 2000 con la cervecera San Miguel y la compra de Cervezas Alhambra en 2007, el grupo resultante, Mahou-San Miguel se ha consolidado como el mayor grupo cervecero de capital español y uno de los más importantes de Europa, teniendo presencia internacional en diferentes países, desde Holanda y Noruega hasta Japón, pasando por Estados Unidos o México gracias a sus exportaciones. Algo de lo que fui testigo cuando hace algunos años  viajé precisamente a México, donde a pesar de estar tan lejos, me sentí como en casa, cuando al entrar en el bar del hotel donde me alojaba, ahí estaba de nuevo, mi vieja amiga Mahou.

lunes, 12 de mayo de 2014

Bevog, la cerveza que le hubiera gustado beber a Tolkien



En los últimos meses estoy siendo testigo de la llegada de algunas de las obras de varias microcerveceras extranjeras, prácticamente recién nacidas, todas ellas con un nivel altísimo. Muchas de estas cervezas proceden de países que tradicionalmente no se caracterizan por haber hecho gala de una cultura cervecera arraigada, como es el caso de la que ocupa la entrada de hoy. Se trata de la Bevog, una micro nacida entre dos países centroeuropeos, Austria y Eslovenia. La fábrica se encuentra ubicada en la población de Bad Radkersburg, en la región de Estiria, en el sudeste de Austria, junto a la frontera con la vecina Eslovenia. El elaborador por su parte es esloveno, motivo por el cual sus cervezas comienzan a resultar conocidas en diferentes zonas del país, en especial en su capital Ljubljana, donde es servida en un buen puñado de pubs y cervecerías de la ciudad, (como el Sir William's, uno de los más emblemáticos) lo que supone un soplo de viento fresco dentro de un mercado, el esloveno, dominado por completo por las dos principales marcas industriales del país: Union y Laško.

Nacida durante el año 2013,  se trata de una microcervecera que surge como fruto de la aspiración de lograr crear cervezas que se sitúen un paso más allá de las monotónas cervezas que pueblan de forma masiva el sector de la cerveza a nivel internacional, pero con una base donde se sustenta su fuente de inspiración, las cervezas de estilos tradicionales británicos, de las que se declaran fervientes seguidores. Pero no se dedican simplemente a reproducirlos, a imitarlos sin más, sino a estudiarlos, potenciarlos ampliarlos, haciendo uso de su creatividad, y haciendo hincapié sobre aquellos aspectos que pueden ser objeto de variación sin desvirtuar la naturaleza del estilo.

Uno de los primeros aspectos que llama inevitablemente la atención de esta cervecera es su cuidada imagen, vinculada a personajes mitológicos de cuento y fantasía y que son los protagonistas de las etiquetas que rodean cada botella que sale de la fábrica. Seguramente serían las cervezas que Tolkien hubo imaginado que habrían servido en la Posada del Poney Pisador. Se trata de una forma más de poder transmitir el entusiasmo, el mimo y el cuidado por la elaboración de un producto que aman profundamente, dotándolas de alma propia. Y es que en cuanto se comienza a profundizar en la investigación con el ánimo de saber que hay más allá de una imagen tan cuidada, encontramos unas cervezas de una calidad excepcional, motivo por el que Bevog ahora mismo está considerada como una de las mejores microcerveceras de la actualidad surgidas durante el año pasado.

Con todo lo anteriormente descrito se entiende perfectamente la composición del portfolio de esta marca, donde todas las cervezas son de alta fermentación y de los estilos más típicamente británicos, que podríamos encontrar servidos de los grifos en cualquier pub de la región de Burton en Inglaterra. En la actualidad cuentan con cuatro referencias en catálogo:


La Tak: Una Pale Ale de 5,5º de alcohol y 35 IBUs, inspirada en las más genuinas pale ales inglesas (si nos atenemos a su ficha comercial) pero con el toque de distinción propio de la casa, con la idea de crear una cerveza muy sabrosa, aromática, y al mismo tiempo equilibrada. 


La Ond: Se trata de una Porter ahumada, con 6,3º de contenido alcohólico y un número más elevado de IBUs alcanzando los 43. Una cerveza robusta, con cuerpo y compleja, donde el humo trata de mezclarse a la perfección con las maltas empleadas, sin que estas pierdan un ápice de protagonismo. En la elaboración además se emplean lúpulos eslovenos y americanos.

La Kramah: Interpretación de la marca de uno de los géneros británicos por antonomasia, la IPA. Con 7º de alcohol y 70 IBUS, se trata, en palabras del fabricante, de una contundente IPA, muy aromática, plena de resinas, cítricos y frutas tropicales, que hacen las delicias de los más incondicionales del género.

La Baja: Y la cuarta y última cerveza por el momento del portfolio, es otra cerveza de maltas oscuras. Una Oatmeal Stout, con tan sólo 5,8º de alcohol y 29 IBUs. Una cerveza caracterizada por su cremosidad, propia del género y los aromas tan intensos a maltas tostadas y chocolate.

A continuación incluyo sendas notas de cata de las dos cervezas de la marca que he podido degustar hasta el momento.


Ond

Graduación: 6,3º
Temperatura de servicio: 6ºC-8ºC
Tipo de vaso recomendado: Vaso de pinta británico.

Aspecto: De color cercano al negro, totalmente opaca y coronada por una capa de espuma de tono más amarillento que marrón, de amplitud mediana y prolongada duración.
 
Aroma: Cerveza aromática en la que predominan los matices maltosos y torrefactos, donde destacan las notas de caramelo, grano tostado, café, chocolate, alcohol y humo, con reminiscencias de brasas, fruta asada y madera.
 
Sabor y textura: Cerveza de cuerpo robusto y entrada firme en boca, con un sabor potente e intenso acaparado por los matices torrefactos, tales como caramelo quemado, café espresso, chocolate y grano tostado. En seguida aparecen las notas de humo, perfectamente acopladas, aunque de una forma más perceptible hacia el final generando cierta acidez y astringencia en combinación con el alcohol, creando un final muy seco con un moderado amargor residual.

Maridaje: Tarta de queso con arándanos.
Nota:

Baja

Graduación: 5,8º
Temperatura de servicio: 6ºC-8ºC
Tipo de vaso recomendado: Vaso de pinta británico.

Aspecto: De color negro intenso. Opaca, y de aspecto denso, al que contribuye su en apariencia compacta y cremosa capa de espuma, de color a medio camino entre canela y amarillento, y con una generosa amplitud, buena retención, y atractivo lacing.
 
Aroma: Dominado fundamentalmente por los matices derivados de las maltas torrefactas utilizadas, como por ejemplo: grano tostado, café moka, suave chocolate negro, y tímidas de vainilla.
 
Sabor y textura: Cerveza muy paladeable, cremosa y aterciopelada en boca, que proporciona sensaciones de consistencia lechosa, gracias a los copos de avena utilizados para la elaboración y al ligero nivel de carbónico. Matices torrefactos en el paladar con dominio del chocolate negro y suave café moka después, al igual que en nariz, con presencia añadida de fondo de caramelo tostado. Al final se aprecia una ligera acidez, junto con algo de sequedad en el regusto pero de forma muy comedida. Alcohol muy bien enmascarado. Una recomendable y muy bebible interpretación del género sin duda.

Maridaje: Bizcocho de nueces y albaricoque.
Nota:

lunes, 5 de mayo de 2014

Barcelona Beer Festival 2014, todo en un día



A mediados del mes de abril tuvo lugar la tercera edición del Barcelona Beer Festival, o BBF, como ya es conocido internacionalmente. Sin duda se trata de la cita cervecera más importante dentro de la agenda nacional que cada año está más y más repleta de muescas en el calendario, con un número de ferias y eventos cerveceros que no deja de crecer. Pero la repercusión y alcance de este festival celebrado en la bella ciudad de Barcelona, no sólo se quedan dentro de nuestras fronteras sino que las traspasa ampliamente con generosidad, tanto por la presencia de cerveceras extranjeras como por la afluencia de visitantes y profesionales procedentes de distintos rincones del planeta. Por diferentes circunstancias mi presencia en las dos primeras ediciones del festival se convirtió casi en auténtica misión imposible. Compromisos familiares o profesionales se cruzaron en el camino, impidiendo que pudiera acercarme a la Ciudad Condal, para disfrutar en vivo y en directo del mayor y más interesante evento cervecero que se organiza hoy por hoy en la Península. Este año, mi firme propósito era poder asistir aunque fuera sólo una jornada aprovechando la maravillosa oportunidad brindada por la línea de comunicación que supone el tren de alta velocidad que une Madrid con Barcelona. Finalmente fue la opción a la recurrí y aunque "corta", la experiencia resultó intensa y muy satisfactoria. De los tres días, por razones de logística, precios de billetes y también he de confesar, por la presencia programada  con antelación de un mayor número de referencias estadounidenses, elegí el domingo 13 de abril para poder conocer de primera mano el Barcelona Beer Festival.


En las ediciones anteriores la organización había elegido lugares emblemáticos de la ciudad para la celebración del festival. El primer año fue el Convent de San Agustí, el lugar elegido. El año pasado le tocó el turno a la Plaza de las Arenas. Y este año fue el antiguo edificio de las dársenas portuarias, junto al Museo Marítimo de la ciudad, el lugar elegido para que tuviera lugar la tercera edición. Aunque todos los años el festival se celebró en fechas primaverales, este año quizás la fechas elegidas no parecían resultar a priori las más acertadas, al coincidir con el comienzo de la Seman Santa, pero a juzgar por la afluencia de público que hubo durante las jornadas del festival, de nuevo se confirmó un año más el éxito de este festival que definitivamente se ha instalado, convirtiéndose en la cita referencia e imprescindible para los aficionados cerveceros.


Tras confirmar la acreditación en la entrada destinada a profesionales, bloggers, y periodistas, lo primero que llamaba la atención tras poner el primer pie en el interior del recinto, era el amplio espacio y enorme luminosidad de la sala principal, a pesar de encontrarnos bajo techo, decisión a mi juicio más que acertada ante lo imprevisible de la climatología. Curiosamente a pesar de la amplitud de la sala principal, el lugar resultaba acogedor. Ante mi se encontraba una enorme barra con más de 50 grifos en línea, dispuestos a abrir su espita y repartir su deseado contenido entre los presentes. La oferta era sin duda demoledora, lo que para el visitante neófito, que se está iniciando en estas lides podía resultar un tanto apabullante (para bien), por lo que resultaba de gran ayuda al público la inestimable guía de las cervezas del festival, incluida en el precio de la entrada. Pero la atención final, sin duda, tenía que ir dirigida a la enorme pizarra situada en uno de los extremos de la sala, donde iban actualizándose las referencias que estaban siendo pinchadas en cada momento en los diferentes grifos. Debajo de esta pizarra se encontraba un enorme mural, donde aparecía desplegado el enorme listado con las cervezas del festival, y al que bauticé personalmente, como "muro de las lamentaciones", ya que era donde el público se acercaba a comprobar si la cerveza que buscaba ya había sido pinchada en alguno de los grifos y agotada con antelación. No eran pocos los que tras pasar unos minutos mirando atentamente el mural, se volvía con cara de resignación en busca de una alternativa que sustituyera su anterior objeto de deseo. 



En mi caso particular fui con los deberes bien hechos, y a pesar de la atractiva oferta de cervezas locales me centré en probar el mayor número (dentro de lo razonable y saludable) posible  de referencias estadounidenses. Sabía que era la jornada indicada para ello. El por qué de esta decisión se debe a que no resulta fácil, ni habitual poder disfrutar de una selección de esas caracteristicas, hecha posible gracias al esfuerzo por parte de la organización con Mikel Rius y Joan "Birraire" al frente, y la Brewers Association con la figura destacada de su embajador en Europa, Andreas Fält que estuvo presente en el festival, impartiendo una de las conferencias que formaban parte del programa, a la que además tuve la oportunidad de asistir.



El formato del festival era el habitual de este tipo de eventos, al estilo de los grandes festivales cerveceros norteamericanos o británicos: una gran "barra" con un enorme número de grifos dispuestos en línea, cada uno de ellos con el cartel de la referencia que estaba siendo servida en cada momento, rotando entre las diferentes programadas. Algo sustancialmente diferente de las ferias que tanto han proliferado por nuestra geografía durante los últimos años, donde el contacto con el productor es más directo, y el ritmo de ingesta por lo general resulta más pausado. Respecto al contacto con el productor, sin embargo la organización tuvo la buena idea de impulsar la iniciativa llamada "Meet the Brewer", a través de la cual era posible conocer en persona y conversar con los productores de algunas de las cervezas. En mi caso pude hablar, aunque brevemente, con el equipo de la fábrica italiana Birrificio Pontino y la estadounidense Victory Brewing

En cuanto al desarrollo del festival como pude comprobar, hubo cosas muy buenas y positivas, y otras sensiblemente mejorables. En cada edición ha habido puntos débiles a mejorar o evitar, como sucede en cualquier evento de características similares que congregue a miles de personas. Sin querer extenderme demasiado en esta parcela sí que me gustaría señalar algunos aspectos (en los que creo que coincidimos bastantes asistentes) que se podrían mejorar para la próxima edición:
- Oferta gastronómica: Limitada, escasa y a precios elevados. Quizás para quienes vayan más de una jornada al festival o vivan en la ciudad, no resulte especialmente interesante este punto, ya que lo más probable es que comer en el interior del recinto no formara parte de sus planes, pero si se pretende aprovechar una jornada completa, o sólo puedes estar un día, como fue mi caso, resulta imperativo comer sin salir al exterior, para poder aprovechar al máximo el festival. En mi caso particular iba preparado gracias a los sabios consejos que nos dan nuestras madres, y en mi equipaje no faltaron sendos bocadillos de buen queso y embutidos ibéricos, que pudieron empapar perfectamente toda la cerveza ingerida a lo largo del día.
- Los aseos/wc: Portátiles, situados en el exterior, y hasta podría decir que con poca "intimidad", tampoco fue lo más acertado del festival. Sin duda, es otro punto importante en el funcionamiento de este tipo de eventos, ante las inevitables y obligadas visitas al urinario, tras la ingesta de cerveza, de la que todos ya conocemos (si no de forma teórica, sí empírica) sus efectos diuréticos. Entiendo que posiblemente no había alternativa viable de cara a poder atender la demanda de estas necesidades ante el volumen de visitantes, pero creo que sería muy bien acogido por los que piensen regresar el año que viene, la elección de un recinto cuyos aseos propios sean capaces de cubrir esta necesidad.
- La pizarra donde aparecía la información relativa a los grifos con sus respectivas cervezas pinchadas en cada momento, no resultaba visible desde todos los lugares de la sala principal. Realmente era necesario, independientemente de donde se estuviese situado, acercarse hasta unos 8 metros de la pizarra para poder leer con claridad las referencias que iban rotando. Detalle que podría haberse solucionado quizás con unas pantallas informativas repartidas por el recinto, del mismo modo que funcionan los terminales informativos de los aeropuertos. Pero aparte de la visibilidad, tampoco mostraba gran fiabilidad, ya que muchas veces no estaba bien actualizada la información, resultando más práctico ir directamente grifo por grifo en una rápida batida, intentando localizar aquellas cervezas que nos pudieran resultar más interesantes de lo que en cada momento hubiera pinchado.

Por lo demás, muchas otras cosas positivas: Actividades paralelas donde destacó el taller de maridajes con cerveza de Edgar Rodríguez, o la conferencias de la Brewers Association o de Edge Brewing, el rincón Meet the Brewer, el vaso con el logo, que me pareció un acierto, el detalle de la acreditación para los profesionales (muchas gracias!) que nos evitó alguna que otra larga espera, y por supuesto, también poder conversar con mucha gente del sector. Aquí, para mi, personalmente hubo un momento especial, en el que pude saludar a Steve Huxley, y al que muchos conocerán, que tuvo el detalle de dedicarme un ejemplar de su magnífico libro "Cerveza, poesía líquida".

Y cómo no, me gustaría especialmente hablar de principal aspecto positivo, y motivo por el que merece sobradamente acudir al fesival: las cervezas, algunas increíbles. Algo que quisiera destacar acerca de la selección de las cervezas que se sirvieron durante el festival, es la acertada iniciativa (imagino que totalmente intencionada) de incluir un gran número de referencias con un bajo contenido alcohólico, algo que permite disfrutar de un mayor número de cervezas con tranquilidad, y que también da la opción de alternar cervezas más potentes de mayor graduación con otras más ligeras. A juzgar por los comentarios compartidos con otros asistentes con los que tuve ocasión de conversar fue un detalle que no pasó desapercibido y que muchos agradecieron. 



Para comenzar la jornada, precisamente elegí una cerveza con muy buenas referencias y críticas, cuyo nombre y baja graduación alcohólica, expresaba a la perfección ante qué tipo de cerveza nos encontramos: La All Day IPA, de la craft brewery estadounidense Founders de Michigan, de la que ya conocíamos alguna extraordinaria cerveza como su Breakfast Stout. Se trata de una India Pale Ale, situada casi fuera de los límites del estilo, con unos inusuales 4,7º, que no aparecían sensorialmente en ningún momento, con mucho lúpulo fresco en nariz, notas a pino y cítricos, y muy equilibrada en boca. Nada agresiva, con un regusto suavemente amargo y muy fácil de beber. Sin duda fue una magnífica elección para empezar.

Una de las marcas estadounidenses inéditas para mi era la californiana Coronado, por lo que al comprobar que tenían pinchada la Islander IPA, una American IPA con buenas puntuaciones en ratebeer y beeradvocate, me decidí a probarla  Elaborada con los lúpulos "C": Cascade, Chinook y Columbus, desprendía abundantes matices herbáceos, y a plantas silvestres indeterminadas (por algunos momentos, me pareció identificar enebro entre ellos), combinados con otros más típicos como pino, pomelo y melocotón. Me pareció una cerveza interesante, que huía un poco de la habitual IPA americana que he probado en innumerables ocasiones, pero no llegó a entusiasmarme.


Sin duda uno de los "platos" fuertes y más deseados de la jornada, fueron las Stone. El prestigio y casi categoría de culto que tiene esta cervecera californiana de San Diego gracias a míticas cervezas como la Ruination IPA o la Arrogant Bastard Ale, provocó que en cuestión de segundos comenzará a formarse cola para probar alguna de sus referencias, tras los pertinentes anuncios en la pizarra
Con gran fortuna no fue una sino dos, las cervezas que pude degustar de esta craft brewery. La primera de ellas, dentro de la sesión matinal de lúpulo en la que me zambullí desde primera hora, fue la Stone IPA, una India Pale Ale sensacional, excelentemente equilibrada, con abundantes notas lupuladas en nariz, con resinas, cítricos y pino, y gusto con fondo de malta, matices cítricos, y final de amargor intenso y persistente.
La segunda no entraba dentro del programa, y fue cortesía de la Brewers Association durante la actividad/conferencia impartida por su embajador en Europa, Andreas Fallt: la Russian Imperial Stout, que rebosaba notas a café y anisadas, con presencia obvia de lúpulo y también de frutos del bosque oscuros, cuerpo contundente y sensación cremosa. De final seco y notablemente alcohólico, resultó una cerveza muy compleja y de sensacional factura, que estuvo a la altura de la reputación de la cervecera. 


Al igual que sucede con Stone, otra marca californiana que consigue poner de acuerdo a casi todos los aficionados cerveceros en cuanto a su calidad, es la californiana Lagunitas. De forma accidental llegó hasta mis manos la Lagunitas IPA, y pude probarla, con buenas sensaciones en general. Aunque la noté quizás no demasiado fresca, el lúpulo en nariz sobresalía de forma clara y evidente, con matices a hierba, coníferas y cítricos como naranja, sobre un fondo de caramelo que ganaba fuerza en el paladar, diluyéndose un poco el lúpulo, dejando un regusto moderadamente amargo. Con un cuerpo algo más ligero del esperado estaba casi más cerca de una pale ale. Aún así, me gustó y me pareció una buena cerveza. Si hubiera llegado más fresco el barril, quizás estaríamos hablando de figurar en mi top 3 personal del festival.



Otra de las cerveceras que aparecía dentro del listado de craft breweries norteamericanas y que llamó poderosamante la atención era la Saugatuck Brewing Company, procedente del estado de Michigan, de la que pude probar su Amber Ale, que me convenció plenamente. Una sabrosa y equilibrada amber ale, con matices a caramelo, almendras amargas y lúpulo, al estilo de una bitter inglesa, que sorprendentemente no alcanza muy buenas puntuaciones en ratebeer, pero a que a mi parecer es más que repetible y recomendable.



Una de las agradables sopresas de la jornada me la produjo la Caramel Cream Ale de la craft brewery estadounidense Due South, totalmente desconocida para mi. Al igual que en el caso de la Mandarina IPA de Braukunstkeller, se trataba de una cerveza que rendía significativo homenaje  a su nombre, y es que no podía estar mejor bautizada la cerveza. Pura crema. Maltosa, melosa, rico aroma a malta, caramelo, miel y vainilla, y con mucha presencia de crema, caramelo, fruta y vainilla en boca. A pesar de todo, resultaba equilibrada y nada empalagosa, con un dulzor prolongado hasta el final, para rematar con elegante sequedad. Chapeau!


También hubo durante la jornada alguna "oveja negra", como puede suceder hasta en las familias más distinguidas. A pesar de mi interés por probar alguna referencia de la jovencísima microcervecera danesa Lindheim Ølkompany, a la que precedía un buen cartel, la decepción fue inevitable tras probar su Saison Farmhouse Ale, en la que a mi parecer, no encajaban nada bien las notas lupuladas, como hierbas y cítricos con las de frutos rojos, dando una sensación global de ausencia de sintonía entre los matices. Habrá que esperar a otra ocasión para darles de nuevo otra oportunidad con alguna otra cerveza de las que forman su portfolio.

Dentro de la nueva hornada de microcerveceras independientes europeas del panorama actual, llama inevitablemente la atención, la Braukunstkeller de Michelstadt (Alemania), un país donde la cultura y tradición cervecera ha ido por otros caminos a los trazados por las nuevas micros que están revolucionando el mercado. De los teutones pude probar su Mandarina IPA, una India Pale Ale muy original e interesante, alejada por completo de las tradición germana, y que hacía honor a su nombre, con una serie de potentes y evidentes matices aromáticos afrutados, donde destacaban los cítricos como la mandarina y naranja al frente, aparte de otras frutas como albaricoque y fruta tropical, junto con hierbas silvestres, resinas y algunos otros matices maltosos como galleta y miel. Muy recomendable.


Dentro de la alternancia entre escandinavos y alemanes en mi particular tasting session, quise probar una cerveza de la micro sueca Närke, de Örebro. La que pude degustar de ellos fue la Viking IPA, sugerente nombre, para una IPA ahumada, original. Jamás había probado una IPA en la que se utilizaran maltas ahumadas en su elaboración, y he de confesar que la experiencia no fue del todo satisfactoria, o al menos especialmente satisfactoria. Los matices de humo en nariz y boca eran evidentes, transformándose en reminiscencias de cuero en el paladar. Sin resultar rechazable, me pareció un tanto deslabazada.



Dentro del plantel desplegado a lo largo de la jornada en el BBF, parecía una buena opción, probar suerte con una cerveza checa. En esta ocasión fue la Bernard Černý ležák, una lager oscura, que podríamos catalogar como schwarzbier, de cuya calidad ya tenía referentes anteriores, elaborada por la relativamente joven (1991) cervecera checa de Humpolec, Bernard. Y es que los checos no sólo hacen excelentes pilsen, trabajando muy bien algunos otros estilos. En botella es una buena cerveza, que se ve superada por la experiencia de degustarla de barril. Delicioso aroma a grano tostado y suave café. En boca tienen replicación los matices torrefactos de forma contenida y bien equilibrados, definiendo un gusto maltoso y cafetoso, con un amargor bien definido, pero nada agresivo al final del trago, con un postgusto de larga duración.



Entre tanta cerveza de "nueva generación" quise pasarme al lado de los clásicos por un instante. La oportunidad se dibujó cuando vi en la lista de la pizarra, la Saison Biologique de la brasserie belga Dupont, especialistas en uno de los géneros que más satisfacciones me suele reportar. Sin embargo, en esta ocasión la encontré un tanto desdibujada, y con muchísima presencia de levadura tanto en aroma como paladar. Ni rastro de los matices terrosos y lupulados de su hermana, la versión inicial. Una lástima.



Ya por la tarde, probé por recomendación expresa (y afortunadamente insistente), de Rodrigo de El Jardín del Lúpulo, la que a mi parecer fue la cerveza reina del festival, al menos para mi juicio personal. De mano de los noruegos de Haand Bryggeriet (que junto con Nøgne Ø, podría decir que son las más interesantes cerveceras noruegas) degusté una compleja y excepcional winter ale, bautizada como Bestefar, que disfruté enormemente a pesar del calor. Un sinfín de matices a maltas oscuras, azúcar moreno, delicioso chocolate, frutos oscuros, algunas notas de humo y alcohol asomando en todo momento, con sus 9º, que creaba una sensación de ardor al final del trago.


Para finalizar, en el stand de Meet the Brewer, mientras conversaba con miembros del equipo de la cervecera Victory de Pennsylvania, pude degustar una de las cervezas de su portfolio, la Golden Monkey, que estaba programada dentro de la selección de cervezas norteamericanas del festival. Se trata de una triple de estilo belga, muy afrutada y especiada, algo herbácea. Muy compleja, y bien hecha, a la que sólo le encontré una pequeña falta de cuerpo para llegar a la excelencia y situarse entre mis cervezas top dentro del estilo.

Y con esta cerveza finalizó mi recorrido en el BBF este año, pero con tiempo suficiente para realizar otra parada en mi rápida visita a Barcelona, el Biercab, pero eso será en otro post. Salud!