martes, 30 de octubre de 2012

Pumpkin ale, la cerveza de calabaza


En las fechas en las que nos encontramos, con la célebre fiesta de origen anglosajón de Halloween a punto de llegar, resulta muy frecuente encontrar en fruterías, supermercados y grandes superficies, montones de calabazas, que son puestas a la venta no ya para que sean consumidas, sino como mero objeto decorativo, tras realizarle la correspondiente operación de maquillaje para lograr el fantasmagórico y malvado aspecto de las calabazas que hemos visto en cientos de películas y series de televisión, y que sin duda constituyen el icono por excelencia de esta singular celebración.


Para imbuirme de lleno en el ambiente de esta fiesta, unos días atrás decidí lanzarme a probar las denominadas pumpkin ales, (es decir, cervezas de calabaza), que gozan de gran éxito en los Estados Unidos, entre otros motivos, debido a que es uno de los pocos estilos tradicionales genuinamente estadounidenes. El término pumpkin quiere decir literalmente calabaza en inglés, y el término ale, ya sabemos todos lo que quiere decir, aunque por si algún lector no lo supiera, diremos que hace referencia a una cerveza de alta fermentación elaborada con calabaza, y como muestra de hasta donde podemos situar el origen de tan particular tipo de cerveza, existe una canción satírica norteamericana datada en 1643, cuya letra habla de las bondades de la cerveza y la calabaza y su papel como medio de subsistencia en las colonias.

Sobre las Pumpkin Ales...
Por tanto, a pesar de lo que pueda parecer a los que no hayan oído hablar aún de las cervezas de calabaza, en realidad no se trata de ninguna excentricidad de las que últimamente estamos siendo testigos en la escena cervecera norteamericana, sino que más bien estamos hablando de un tipo de cervezas con una larga historia llena de tradición de siglos atrás, allá por el siglo XVII en la época de las primeras colonias anglosajonas en el Nuevo Mundo. Esto se debe fundamentalmente a que durante los primeros años de la colonización algunos de los ingredientes normalmente utilizados para elaborar cerveza eran más bien escasos o estaban gravados en exceso con elevados impuestos. De hecho, por ejemplo la malta de calidad era bastante difícil de conseguir, por lo que comenzaron a surgir alternativas al respecto, como el maíz, la melaza e incluso las manzanas. Así pues, entre las diferentes opciones, la calabaza comenzó a ser de las preferidas, y su papel como sustituta de la malta empezó rápidamente a coger forma, ya que contiene muchos azúcares susceptibles de ser fermentados. La calabaza es una planta originaria de América, por lo que abundaba y su disponibilidad era mucho más grande.
Eran tan célebres las cervezas de calabaza, que incluso los llamados padres de los Estados Unidos George Washington, Thomas Jefferson y Benjamin Franklin también elaboraron cerveza a partir de calabaza, por lo que las referencias a esta bebida en diferentes documentos históricos de los siglos XVII y XVIII quedan casi relegados a un segundo plano, al conocerse la afición a las pumpkin ales por parte de personajes tan ilustres e importantes en la historia de los Estados Unidos.
En un comienzo, en las pumpkin ales se sustituía completamente la malta por la pulpa de la calabaza. Si analizamos como se encuentran fabricadas las pumpkin ales en la actualidad, podremos comprobar que la mayor parte de ellas contienen especias como pueden ser la canela, el jenjibre o el clavo. Dentro del sector hay expertos que opinan que la adición de las especias se lleva realizando desde hace poco tiempo, mientras que otros sostienen por el contrario, que en la época colonial ya eran utilizadas, no sólo para fabricar cerveza sino también otros tipos de bebidas alcohólicas como la hidromiel o la sidra. Parece ser más cierta esta segunda versión, puesto que hay constancia de la existencia de recetas tradicionales de pasteles, puddings y tartas de calabaza donde las especias desempeñaban un papel nada desdeñable.


Sin embargo a pesar de la popularidad de la que gozaban este tipo de cervezas, a partir del siglo XIX comenzaron a sufrir una decadencia, siendo considerada la calabaza como un alimento rústico y de inferior categoría, y dejando de utilizarse en consecuencia para la elaboración de cervezas. Aunque poco antes de mediados del siglo XIX volvió a reaparecer como ingrediente para las cervezas en el llamado renacimiento colonial, no llegó a alcanzar de nuevo la misma relevancia que en el pasado, hasta que se desarrolló el movimiento cervecero independiente norteamericano de comienzo de los 90.
Las actuales pumpkin ales que podemos encontrar en el mercado, especialmente durante los meses de otoño, como es el caso, son de carácter dulzón y nos pueden recordar a un pastel de calabaza o manzana. La calabaza al contrario que sucedía al comienzo de la historia de esta bebida, no es el ingrediente básico sustitutivo de la malta, sino que va acompañando al resto de los ingredientes clásicos de la cerveza: la malta y el lúpulo y también a las especias, por lo que son cervezas por lo general fáciles de beber con un elevado grado de complejidad y un gusto no demasiado empalagoso.


Actualmente hay varios centenares de diferentes cervezas de calabaza en el mercado, de modo que los consumidores y aficionados tienen un vasto surtido en el que poder elegir. De hecho ha crecido tanto la popularidad de estas cervezas durante los últimos años, que incuso en las ediciones más recientes del Great American Beer Festival, las cervezas de calabaza han tenido su propia categoría diferenciada.
El origen de este renacimiento de la cerveza de calabaza se lo debemos a la microcervecería Buffalo Bill, que comenzó a fabricar su reputada America's Original Pumpkin Beer a finales de la década de 1980 (inspirada en una de las recetas que utilizó el propio George Washington para elaborar su propia cerveza de calabaza). Aún continúa fabricándola hoy en día.


En la actualidad, prácticamente todas las más conocidas y prestigiosas craft-breweries estadounidenses tienen el mercado su propia versión de cerveza de calabaza, e incluso más de una, como por ejemplo la Uinta de Utah, o la Dogfish Head de Delaware, la Rogue de Oregon, o la Brooklyn y la Southern Tier de Nueva York. Precisamente la denominada Imperial Pumpking de Southern Tier, será la cerveza que comentaré en la nota de cata de hoy.

Nota de cata:


Graduación: 8,6º
Temperatura de servicio:Unos 7ºC aprox.
Tipo de vaso recomendado: Vaso de pinta americano (shaker).
Aspecto:De color anaranjado oscuro y apagado,  con algo de velo y con un nivel de carbonatación no demasiado visible, ya que la burbuja es muy pequeña. A pesar de ello forma una buena corona de espuma de color blanquecino, y de una amplitud decente, aunque sin demasiada duración, y dejando escaso rastro adherido al vidrio.
Aroma: Aroma muy intenso y penetrante, casi embrigador. Potentes notas dulzonas, con predominio de fruta, melaza y especias. Destacan los aromas afrutados a calabaza, acompañados de matices de azúcar, melaza, bizcocho, furtos secos como almendras y especias como la canela, y la vainilla. Cuando se calienta aparecen otros matices especiados como el clavo. Recuerda enormemente al olor de un pastel de calabaza o una tarta de manzana, o a los mantecados de canela que se consumen en Navidad.
Sabor y textura: Cerveza de cuerpo medio, textura suave y carbonatación ligera. . De sabor menos empalagoso de lo que cabría esperar por el aroma. Son evidentes los sabores a calabaza, bizcocho y canela, dotando a la cerveza de un carácter dulce, pero de una forma algo comedida. También aparecen otros matices como azúcar candeal y otras especias. La calabaza aparece de nuevo al final del trago junto con el alcohol que proporciona cierto amargor y ardor pero de modo muy sutil, sin estridencias. Los lúpulos no se dejan apreciar limpiamente aunque logran su función, consiguiendo que la cerveza sea fácil de beber y no canse demasiado, sin pecar de dulce en exceso para mi gusto, teniendo en cuenta el estilo de cerveza al que pertenece.
En resumen, muy buena primera toma de contacto con el género. Recomendable para una tarde de chimenea y cine.
Maridaje: Tarta de manzana.
Nota:


miércoles, 24 de octubre de 2012

Engelszell Gregorius, la trapense austriaca



Al comienzo de la vida de este blog hubo una serie de entradas en las que hablé detenidamente acerca de las cervezas trapenses. Aún en aquellos momentos, (hará ya más de dos años y medio) eran siete las abadías trapenses productoras de cerveza: 6 belgas y 1 holandesa. Pero de un tiempo a esta parte han aparecido un par de trapenses más: La primera de ellas en Francia, la Mont des Cats, y la otra todavía más reciente en Austria. Se trata del monasterio de Engelszell, cuyas cerveza Gregorius y Benno han conseguido recibir el sello de producto trapista tras cumplir con los requisitos necesarios. Recientemente se ha conseguido que lleguen hasta España un número limitado de cajas de la cerveza Gregorius elaborada por este monastrio, y un servidor como declarado admirador de las cervezas de abadía (y por extensión de las trapenses) no ha tardado mucho en hacerse con una botella.

Sobre la cervecera...

El monasterio de Engeslzell se encuentra ubicado en la franja norte de la Alta Austria, en el corazón de un bello valle. Se trata de la única abadía trapense del país. El origen del monasterio tiene lugar cuando un grupo de monjes cistercienses abandonaron otro monasterio austriaco, el de Wilhering para llegar hasta Engelhartszell en 1293, para fundar su propio monasterio.



No fue hasta finales del siglo XVI alrededor del año 1590, cuando los monjes de aquella comunidad empezaron a elaborar cerveza.
El monasterio como prácticamente todos de los que he hablado en el blog, pasó por una serie de dificultades que puso en peligro su superviviencia. Una de estas grandes contrariedades fue un incendio en 1699  que llegó a destruir gran parte de los edificios del conjunto monástico, incuyendo la iglesia. Tras superar ese trágico acontecimiento se llevó a cabo su restauración y finalmente en 1763 se consiguió consagrar la nueva iglesia reconstruida. Pero todo el esfuerzo invertido para el renacimiento del monasterio de sus propias cenizas no sirvió para mucho, ya que en 1786 el emperador José II obligó a los monjes a que abandonasen y disolviesen el monasterio que finalmente quedó en manos privadas.

Esta situación duró hasta agosto de 1925 cuando, el que entonces era propietario vendió la abadía a un grupo de religiosos trapenses que andaban buscando un nuevo hogar y  que se había formado a partir de los desplazados desde la abadía de Oelenberg de Alsacia y por otro lado desde la abadía de Banz en Alemania. Una vez que lo adquirieron retomaron la producción de cerveza casi de forma inmediata. En 1931, una vez que se encontraban ya establecidos, se elevó a la categoría de abadía. Gregorius Eisgovel fue elegido como nuevo abad, ya que desde la recuperación del monasterio había sido el superior y posterior prior y quien guió finalmente a los monjes hasta Stift Engelszell. La cerveza Gregorius de 9,7% de alcohol lleva este nombre en su honor.


Tan sólo un año más tarde, en 1932, se paralizó de nuevo la elaboración de cerveza. Los equipos e instrumental fueraon trasladados hasta la fábrica de cerveza de Niklas Wesenufer (Niklas Bier de Austria). Esta nueva segunda época no duró demasiados años ya que en 1939, la Gestapo irrumpió en el monasterio expulsando a los 73 monjes que vivían allí y llegando a detener a varios de ellos. Hubo 5 que fueron recluidos en el campo de concentración de Dachau, de los que 4 no consiguieron salir falleciendo allí.

Tras el final de la II Guerra Mundial, sólo 23 monjes volvieron de nuevo a Engelszell, jutno con otros 15 monjes trapenses alemanes que anteriormente habían sido expulsados del monasterio de Mariastern de Bosnia, y que llegaron hasta allí de la mano de su Abad Benno Stumpf, quien además en 1951, fue nombrado Abad del propio Engelszell. La cerveza Benno de 7,2% de alcohol lleva este nombre en su honor.

En la actualidad la comunidad consta de nueve miembros de los cuales cuatro son bastante mayores, por lo que sólo cinco son los que se encuentran implicados directamente en la producción, ayudados por otros cinco empleados laicos fijos.


Cata:

Graduación: 9,7º
Temperatura de servicio:12ºC-14ºC
Tipo de vaso recomendado:Vaso de cáliz trapense.
Aspecto: De color marrón oscuro, compacta, y turbia. Espuma no demasiado amplia, de color beige, con poca retención y escasos restos de encaje adheridos al vidrio.
Aroma: Compleja e intensa. Destaca en ella un delicado aroma a malta tostada, con notas definidas de caramelo, azúcar y también afrutadas donde destacan las pasas y los frutos rojos acompañados de claros matices de miel. De forma más oculta se distinguen algunos matices de chocolate y ahumados.
Sabor y textura: Con mucho cuerpo y peso en boca, y una carbonatación liviana es una cerveza de gusto dulce y afrutado, sin resultar demasiado alcohólica salvo por una sensación de calor en la garganta. Se reproducen prácticamente las mismas sensaciones detectadas en el aroma y finaliza con un toque amargo (en el que interviene el ardor alcohólico) y sequedad en el regusto. Una cerveza que no defrauda, al nivel de otras trapenses, pero por debajo de los mejores exponentes del género.
Maridaje: Asado de cerdo con castañas.
Nota:

viernes, 19 de octubre de 2012

St Georgen Braü Kellerbier, y San Jorge venció al dragón


Dentro de las cervezas alemanas, posiblemente las pertenecientes al estilo Kellerbier se encuentren entre mis favoritas. De hecho, desde que probé las primeras Kellerbier, mi pasión por ellas no ha hecho más que crecer y crecer. De entre todas las que había probado hasta el momento, la Anno 1417 de la cervecería muniquesa Hacker Pschörr, era quien ocupaba el más alto lugar de mi podio particular dentro del estilo. Y digo "era" porque recientemente, en una visita a la cervecería El Pedal, en el castizo barrio de Lavapiés de Madrid, me encontré con una agradable sorpresa: una kellebier de una cervecera alemana de la que no había oído hablar, que cuando la probé hizo que me replanteara esa consideración hacia la Hacker-Pschörr. De hecho me he vuelto a hacer con alguna botella más. Estoy hablando de la St. Georgen Bräu Kellebier una cerveza soberbia en su género sin lugar a dudas, y que desde aquel día figura con un lugar de honor en mi corazón cervecero.


Sobre la fábrica... 
St. Georgen Bräu es una modesta cervecera fundada en el año 1624, cuyo nombre está dedicado al célebre santo que es representado en el logo de la compañía, donde aparece venciendo al dragón. Se encuentra ubicada en el pequeño pueblo de Buttenheim, en Franconia, al norte de Baviera. .En el año 1814 la fábrica pasa a manos de la familia Modschieldler, la cual se encuentra al frente de la cervecera hasta la actualidad. El maestro cervecero George Modschieldler, que se encuentra al frente de la producción hoy en día, pertenece a esta dinastía. Cuando la cervecera abrió sus puertas en el siglo XVII, sus fundadores tuvieron como objetivo fabricar una cerveza de alta calidad y más adelante cuando los avances técnicos permitieron revolucionar la metodología de producción, los Modschieldler decidieron sin embargo, mantenerse fieles a la tradición en la medida de lo posible estableciendo dos principios que han permanecido inalterables desde entonces: Su cerveza no se filtraría ni pasteurizaría jamás y además siempre respetarían la Reinheitsgebot (o Ley de la Pureza Germana) de 1516.
La fábrica merece ser visitada si tenemos oportunidad, puesto que aparte de poder conocer su historia y sus instalaciones cerveceras, dispone de una fantástica taberna, que aparte de servir como es obvio, las diferentes variedades de cerveza elaboradas, también oferta numereosas especialidades gastronómicas de la región. El negocio familiar se completa con un pequeño hotel pintoresco y acogedor, a la par que confortable y un jardín que en los soleados días de verano es utilizado como biergarten donde es posible degustar los diferentes productos de la St. Georgen Bräu.
Dentro del abanico de productos de esta cervecera, al margen de la maravillosa Kellerbier, podemos encontrar entre otras cervezas, ejemplos de los estilos más tradicionales de la región: Una Schwarzbier, una Dunkel o una Bock.
A modo anecdótico resulta curioso saber que justo enfrente de la cervecera en Buttenheim, se encuentra el museo de Levi Strauss, el fundador de la archiconocida marca de jeans,y supuestamente inventor de los mismos cuando comenzó a fabricar ropa resistente para los mineros. El por qué se encuentra su museo en este lugar es sencillo. Allí se encuentra la casa donde nació en 1829. 


Estilo: Kellerbier

Graduación
: 4,9º
Temperatura de servicio:7ºC-8ºC
Tipo de vaso recomendado: Vaso de pils, o jarra "stein"
Aspecto: De tono ambarino, algo turbia, con velo, aunque deja pasar la luz. Buena corona de espuma bien blanca, bastante duradera y de un espesor más que aceptable. Muy buen lacing, dejando aros de encaje pegados al cristal, perfectamente definidos.
Aroma: Despliega un rico aroma a malta, con notas a galleta y bollo de pan horneado, junto con matices de levadura, algo dulzones y afrutados con toques de vainilla. También aparecen matices florales con un ligero toque cítrico, provenientes de lúpulos nobles.
Sabor y textura: Con un nivel de carbonatación moderado-bajo, y un cuerpo de más empaque de lo habitual en el estilo, tiene una entrada suave y muy fácil en boca con un predominio de la malta en el paladar al comienzo, donde sobresalen los sabores moderadamente dulces, a pan y galleta, y de forma más sutil caramelo. Aparecen igualmente matices afrutados como manzanas y algo de cítrco, con un punto especiado y matices de lúpulo de tipo foral, que dotan de cierto amargor a la cerveza al final del trago, aunque el regusto es moderadamente seco, lo que ayuda a acrecentar su sensación refrescante.
Maridaje:Boquerones fritos.
Nota

martes, 16 de octubre de 2012

San Lúpulo 2012: Port Brewing a pares



El pasado fin de semana estuvo repleto de celebraciones. En el terreno personal era el cumpleaños de un servidor, y además el domingo 14 de Octubre se celebraba la festividad de San Lúpulo. Dado que todos los gremios tienen su santo patrón particular, el mundo cervecero no podía ser menos y debía tener el suyo propio, y aún siendo un santo inventado, qué mejor nombre podría tener? En realidad se trata de una excusa perfecta para beber buena cerveza, y haciéndose eco de ello, los amigos del blog Cervecearte organizaron una divertida actividad conjunta en la que participamos varios bloggers cerveceros, compartiendo nuestras experiencias a través del ciberespacio. Para unirme a esta celebración opté por elegir una pareja de cervezas, de la misma cervecera, y en las que además el lúpulo es el principal protagonista, y es que a pesar de que el objetivo en un comienzo, no suponía elegir cervezas especialmente lupuladas, qué mejor manera de rendir homenaje a nuestro santo, que escogiendo dos cervezas donde el lúpulo se muestra con todo su esplendor para deleitar nuestros sentidos. Se trata de la Anniversary Ale (nombre ideal para la ocasión) y la Hop15, sendas Imperial IPA de la cervecera californiana Port Brewing.


Sobre la cervercera...
Los comienzos de esta cervecera se sitúan en 1992, cuando el fenómeno de las craft breweries llega hasta San Diego. Por aquel entonces, aún, las opciones para los aficionados cerveceros de la región no eran muchas, así que los hermanos y socios Gina y Vince Marsaglia que regentaban un negocio de pizzas, comenzaron a elaborar cerveza en casa. Pronto llegaron a elaborar más cerveza de la que podían consumir, por lo que comenzaron a querer compartirlas con los clientes que iban a su local. Así en Octubre de 1992 montaron una cervecería a modo de brewpub con 7 barriles diferentes, y en 1993 se servía la primera cerveza artesanal elaborada de Pizza Port en Solana Beach, cerca de San Diego.
Pizza Port, que fue como se llamaba en un comienzo la cervecería, empezó a ser conocida, en especial, por sus cervezas frescas y lupuladas, y fue tal el éxito del negocio que propició la apertura de dos nuevos restaurantes de Pizza Port en la zona. Pronto Gina y Vince advirtieron que la capacidad de producción que tenía no era suficiente para poder comercializar y distribuir la cerveza fuera del restaurante, por lo que se plantearon la ampliación del negocio.
La respuesta a sus necesidades llegó a finales de 2005 cuando una craft brewery de la zona, la Stone Brewing Company, con la que mantenían una relación de amistad que venía de tiempo atrás, decidió mudarse a unas nuevas instalaciones más grandes, por lo que dejaba las antiguas libres. Así en marzo de 2006, Gina y Vince decidieron junto con otros dos socios (Tomme Arthur, entonces director de operaciones de la fabricación de cerveza en Pizza Port, y Jim Comstock) adquirir las viejas instalaciones de Stone en San Marcos, fundando la Port Brewing Company.
Port Brewing abrió sus puertas el 5 de Mayo de 2006 e hizo uso de todo su nuevo potencial ampliado para poder ofrecer todas las cervezas que deseaban fabricar a su sediento público. Además las nuevas instalaciones incluía salas espaciosas que permitió a Tomme Arthur desarrollar su pasión por las cervezas envejecidas en barrica, lo que ayudó a la creación de su línea de cervezas de inspiración belga Lost Abbey.
En tan sólo un año Port Brewing consiguió lanzar al mercado 16 cervezas diferentes y alcanzó una gran reputación, siendo considerada una de las diez craft breweries más importantes de los Estados Unidos. Como muestra de ello, fueron los títulos de Small Brewery of the Year y el de Brewer of the Year para Tomme Arthur, conseguidos en la edición de 2007 del Great American Beer Festival.
Actualmente Port Brwing continúa a la vanguardia de la fabricación de cerveza y forma parte del top 10 de las cervecerías más importantes dentro de la industria en opinión de productores, críticos y aficionados. La capacidad de producción prácticamente se ha doblado desde sus comienzos, y mantiene además más de 800 barriles de roble donde maduraron bourbon, brandy, jerez o vino, constituyendo uno de los mayores proyectos de envejecimiento de cervezas que hay en la actualidad.


Sobre las cervezas...

Las escogidas la Anniversary Ale y la Hop 15 Ale, como ya adelantaba al comienzo de la entrada, son un homenaje al lúpulo en sí, siendo una Strong Pale Ale y una Imperial IPA respectivamente que despliegan toda una sinfonía aromática y sensorial donde aparecen infinidad de matices florales, resinosos y afrutados tanto en nariz como en boca, resultando cervezas de carácter marcadamente amargo especialmente indicadas para los muy lupuloadictos, con lo que sería el regalo perfecto para ellos. Sin duda, quedarían completamente satisfechos con un festín de lúpulo como el que esconden estas cervezas.

En el caso de la Anniversary Ale, se trata de una cerveza de color ámbar oscuro y apagado. De apariencia turbia y densa, la cabeza de espuma blanca que forma es abundante y de larga duración, y deja abundante rastro adherido al cristal. Entre los aromas que podemos encontrar destacan notas muy acentuadas de cítricos y resinas, y también importantes matices especiados, donde destaca la pimienta y algo de fruto tropical. En contrapunto, también se detectan matices de malta, con más biscuit que caramelo, y algo de toffee. Sus 10º de alcohol parecenquerer asomarse también entre las notas aromáticas, pero de forma moderada. Cuando entra en boca, las sensaciones son principalmente amargas, apareciendo mucha resina matizada con un toque cítrico de pomelo. De cuerpo medio y carbonatación liviana, entra sin dificultad, con un fondo maltoso donde aparece algo el caramelo, biscuit, y algunos toques de miel, pero totalmente subyugados al poder del lúpulo en esta cerveza que provoca un final amargo, con un grado de astringencia al que contribuye un ligero ardor provocado por el alcohol, que sin desagradar hace acto de presencia. Particularmente la consideraría más una doble IPA, que una Strong Pale Ale, cuyas diferencias de estilo cuesta quizás definir. Respecto a su "hermana" resulta una cerveza algo más amarga y resinosa, con aparentemente más alcohol y un punto especiado, pero resultando igualmente muy destacable.

Si hablamos de la Hop 15 Ale, tenemos que comenzar haciendo referencia a su nombre. Con nada menos que 15 diferentes variedades de lúpulo, añadidas una tras otra, con 15 minutos de separación entre ambas, según la información proporcionada por el fabricante. Nos encontramos frente a una de las mejores cervezas del género en el mercado. De color ámbar pálido. De aspecto velado,  y con aparente abundante carbonatación, forma una capa de espuma coronando la cerveza, de color blanco, con gran persistencia y abundante lacing. Cuando nos la llevamos hacia la nariz, la copa comienza a desprender una nutrida gama de notas aromáticas a hierba, conífera, y también mucho cítrico, con el pomelo destacando por encima de otros matices. También aparecen notas a caramelo que en conjunto con las anteriores le dan un empaque dulzón al aroma. En boca, tiene una entrada espectacular, suave, cremosa, con bastante cuerpo y un sabor que comienza dulce con caramelo, y un leve toque de mermelada de melocotón en el paladar que enseguida se mezclan con los matices a pino, pomelo y resinas, dejando un sensación amarga muy potente en el regusto, con larga duración, y que continúa contrastando con el dulzor residual proveniente de una base de malta muy bien construida. Sorprende un equilibrio tan ajustado a pesar de la marea de IBUs que inunda el paladar y lo perfectamente integrado que se encuentra el alcohol, a pesar de sus 11º. Una cerveza sobresaliente.

jueves, 11 de octubre de 2012

Maredsous 8, una doble para repetir dos veces


Recientemente he oído hablar acerca de la aparición, o más bien de la concesión del sello de "Producto Trapense" a una nueva abadía, Stift Engelszell de nombre, en esta ocasión situada en Austria, lejos de las tierras del Benelux, donde se encontraban las 7 abadías-cervecerías trapenses. Inspirado por ello, y teniendo en cuenta mi afición por las cervezas de abadía, paso a dedicar la entrada de hoy a una de las cerveceras de este estilo que más me han gustado, la Maredsous, y concretamente a la que creo que es la mejor de todas sus cervezas, la 8, dejando para un poco más adelante la entrada dedicada a la trapense austríaca.

Sobre la cervecera...
El origen de este monasterio se sitúa a mediados del siglo XIX cuando una comunidad de monjes procedentes de Baviera, concretamente de la abadía alemana de Beuron, llegó al pueblo valón de Denée con la intención de instalarse en un terreno procedente de una donación por parte del propietario de una imprenta de textos religiosos. El 15 de Octubre de 1872 la comunidad de monjes liderados por quien fue su tercer abad, Hildebrand de Hemptine, conocido más adelante como Dom Columba Marmion, se integró en la Orden de los Benedictinos y construyó un hermoso monasterio de estilo neogótico, con la ayuda de la familia Desclee, empresarios industriales de la ciudad de Tournai. Los trabajos de construcción, que duraron 20 años, fueron dirigidos por el arquitecto Jean Baptiste Béthune, especialista local en ese estilo arquitectónico. Los planos del monasterio están inspirados en la Abadía cisterciense del siglo XIII de Villers-la-Ville, que se encuentra en la región de Brabante Valón. La construcción se dio por concluida en 1892. Aparte, para responder a las necesidades económicas de la comunidad monacal, empezaron a cultivar lúpulo, con la intención de posteriormente elaborar cervezas, bajo el nombre de Maredsous

Después de forjar una gama de cervezas, todas ellas de alta fermentación, durante la I Guerra Mundial los alemanes desmantelaron todas las instalaciones de las que disponían los monjes, para aprovechar el cobre, confiscándolo. Tras el varapalo, los monjes de Maredsous tomaron la decisión de encargar la elaboración de sus cervezas a un productor externo, una pequeña cervecera de Chatelineau, llamada la Brasserie du Falleau. El monje Père Atout, de tradición cervecera, puesto que era hijo de cervecero, fue quien se encargó de hacer la labor de maestro cervecero, supervisando la aplicación de las recetas. El resultado al poco tiempo fue un éxito rotundo. Pero en 1961 la cervecera La Falleau termina por cerrar sus puertas y la licencia de producción es traspasada a la cervecera que fabrica la célebre Duvel, la Moortgat, uno de los productores más importantes que hay en Bélgica de cervezas especiales de alta fermentación. Actualmente elabora bajo el sello de Maredsous tres diferentes variedades: Maredsous 6, una blond; Maredsous 8,  una bruin; y Maredsous 10, una triple, todas ellas con una segunda fermentación en botella. Aparte de las cervezas, los monjes de la abadía también comercializan un queso semiduro, de corteza lavada, y elaborado a partir de leche de vaca, en formato de barra entre uno y tres kilos que tiene un rico gusto, suave y mantecoso, con un toque ahumado, y que goza de buena aceptación en la región.
De este modo los monjes se han garantizado, y lo siguen haciendo, los recursos económicos que precisan, para mantener la viabilidad de su comunidad, y los edificios donde residen.


Graduación:8º
Temperatura de servicio: 12ºC aprox.
Tipo de vaso recomendado:Copa de cáliz.
Aspecto: De color marrón oscuro, con brillos cobrizos al traslúz en las cercanías del borde de la copa. Presenta un aspecto medianamente compacto, a lo que ayuda una espuma de color beige de espesor medio y densa, y duración prolongada, apoyada sobre una notable carbonatación que es visible a través del vidrio.
Aroma: Cereal tostado con muchos matices afrutados, principalmente frutos oscuros como ciruelas y pasas, pero también fresas, levadura, un punto de azúcar, y algo de alcohol, pero que rápidamente se ve mitigado.
Sabor y textura: De sabor similar a lo detectado en nariz, con el grano tostado predominando, lo que dota de cierto amargor que equilibra notas dulces de malta y fruto oscuro, donde destacan las pasas y algo menos ciruelas y dátiles. De cuerpo medio-alto y textura bastante cremosa, tiene un paso por boca agradable, a lo que ayuda lo bien que está rematado el alcohol en el producto y finaliza con un leve dulzor, que desemboca en un regusto seco no demasiado prolongado. Buen ejemplo de una doble de abadía. De lo mejor del género dejando de lado a las dobles trapenses.

Maridaje:Jamón asado en salsa de ciruelas.
Nota:

viernes, 5 de octubre de 2012

Presentación de Lervig en barril en El Animal


Nada más conocer que ayer jueves iban a presentar las cervezas noruegas Lervig en barril, tenía claro que no debía perderme la oportunidad de degustar algunas de las cervezas de la micro nórdica, ya que no es algo que podamos catalogar como habitual en Madrid, aunque de un tiempo a esta parte el panorama en la capital ha evolucionado de tal modo que los más aficionados tenemos este tipo de oportunidades. Uno de los artífices de que el ambiente cervecero que se respira en las calles madrileñas vaya adquiriendo mayor riqueza es Tibor Domenech con su apuesta hostelera plasmada en su local prácticamente recién nacido que ha montado en el epicentro cervecero de Madrid: El Animal: Picar & Beer sobre el habrá un artículo dedicado en breve. Allí precisamente es donde se iba a poder comprobar el trabajo de los cerveceros noruegos. Había nada menos que 4 grifos con sendos barriles pinchados con cada una de las cuatro referencias que íbamos a poder probar de Lervig: La Lucky Jack, probablemente su cerveza más exitosa, al menos desde el punto de vista de ventas y exportación. Se trata de una American Pale Ale con sólo 4,7º, la Rye IPA, más contundente con  un 8,5% de alcohol, la Konrads Stout, ya pasándonos al lado oscuro de las Imperial Russian Stout con unos respestables 10,4º y la  @@PA (Doble Eye PA), una Imperial India Pale Ale contundente con nada menos que 14º elaborada en colaboración con Mikkeller. Pero no solamente íbamos a tener la oportunidad de degustar cada una de las cuatro cervezas, sino que además íbamos a contar con la presencia de Gabriel de Zombier, el artífice de que lleguen estas cervezas noruegas hasta España. Aparte fue una ocasión propicia para compartir conversación y cervezas con gente del mundillo como Ernesto y David de Yria-Guinea Pigs, Jose Ramón de Bar & Beer, Álvaro del blog de petróleos, y David de Homo Lúpulus entre otros.


Sobre la cervecera....
Esta cervecera noruega forma parte del grupo de microcervecerías que durante los últimos años han visto la luz en el país escandinavo, y de las que poco a poco nos van llegando algunas muestras (como Nøgne o Haandbryggeriet), pudiendo comprobar que en aquellas latitudes también saben hacer buena cerveza. De ahí mi serie de post titulados (Las cervezas que vienen del frío).
Lervig se encuentra afincada en la ciudad de Stavanger, donde anteriormente se encontraba a su vez otra cervecera, la Tou, que fue comprada por la histórica Ringnes fundada en 1876, pero que en el verano de 2003 decidió cambiar de ubicación, abandonando Stavanger para mudarse hacia el este. Las reacciones en la ciudad no se hicieron esperar y pronto surgió la idea de crear otra cervecera local, ya que en palabras de un patriota noruego: "Una verdadera ciudad tiene una catedral, un equipo de fútbol de la primera división y una fábrica de cerveza local". Las primeras cervezas fueron elaboradas por Lervig en el norte de Noruega con la ayuda y conococimientos cerveceros del equipo de la también histórica cervecera Mack de Tromsø, aunque no cosechando unos resultados muy alentadores. Después de algunos años Lervig logró elaborar sus cervezas en sus propia fábrica en Stavanger. El traslado a las nuevas instalaciones se realizó en 2005 y hasta 2007, no se incluyó la línea de embotellado. Pero es a partir de 2010 cuando Mike Murphy (procedente de Pensilvania, y afincado anteriormente en Italia y con una larga experiencia en la elaboración de cerveza) forma parte del equipo, y revoluciona la compañía siendo uno de los principales responsables del prestigio que va adquiriendo esta micro. Lervig es a día de hoy considerada como una fábrica de cerveza local, y su portfolio de productos se compone de cervezas de diferentes estilos yendo desde su Herlige Pilsner, una lager que a juzgar por los comentarios no es especialmente destacable, pasando por otras cervezas mucho más interesantes como sus conocidas Lucky Jack y Rye IPA, o la Konrads Stout por ejemplo, que logran altas puntuaciones en ratebeer.

Sobre las cervezas..

Lo ideal era poder probar al menos una muestra de cada uno de los grifos, y por el orden lógico, comenzando por la Lucky Jack que era la más suave en alcohol, pasando por la Rye IPA y la @@IPA, para terminar por la petrolífera Konrads Stout, y así hice.


Nada más llegar probé la Lucky Jack, una cerveza que llega catalogada como una American Pale Ale con una baja graduación alcohólica, y con un gran éxito siendo exportada a Italia y España. Casi transparente, y de un tono ámbar, tenía una buena presencia con una buena capa de espuma crema, y con buena retención. Fue la más liviana de las cuatro a lo que ayudó no sólo su bajo contenido en alcohol sino también una carbonatación ligera, aunque manteniendo suficiente cuerpo. Aroma suavemente lupulado con un toque de hierba y cítrico y un gusto un tanto british. Más lúpulo en el paladar que en el aroma, pero bien balanceada con algunos toques afrutados, resultando moderadamente amarga y algo astringente. Me pareció buena cerveza, siendo incluso una opción a considerar como cerveza de sesión.

La Rye IPA fue la siguiente en la lista de deberes por hacer. Me encontré a una cerveza con mucho más cuerpo que la anterior, algo que ya de por sí era evidente nada más ver el aspecto que ofrecía servida en copa: Traslúcida, velada, con un color ámbar intenso, y una espuma más densa y cremosa, se presentaba muy atractiva. En nariz, aparecía una interferencia no muy agradable de un olor rancio, quizás porque lleve Columbus entre los lúpulos incluidos en su elaboración? Al margen de eso, podíamos encontrar matices cítricos, con naranja y algo más dulzón hacia fruto tropical como piña, y también algo de pino. En boca resultaba más limpia y agradable, con una buena base de malta dulce, con matices de caramelo y frutos agridulces como naranja y melocotón. Un regusto amargo y prolongado de mayor intensidad que su predecesora, y un final seco.




Para hacer más llevadera la escalada alcohólica contamos con el buen hacer del equipo de El Animal, que siempre acompaña cada cerveza con una tapa donde aúnan calidad y presentación.

La Double Eye PA que incluye los lúpulos Amarillo, Centennial, Chinook, Simcoe y Ahtanum en su elaboración, fue la tercera referencia escandinava, continuando con el recital de lúpulo de la tarde, dejando para el final la torrefacta Konrads. Con nada menos que un 14% de alcohol. De aspecto denso, turbio y cremoso y de color anaranjado, se trata de una cerveza realmente potente, no sólo por su contenido alcohólico, sino por su intenso espectro aromático que incluía matices afrutados como manzana verde, albaricoque y frutos tropicales y matices resinosos. El alcohol inevitablemente aparecía en nariz. En boca se muestra como una cerveza con bastante cuerpo, buena base de malta y de gusto afrutado, con notas resinosas que desembocan en un regusto amargo de la larga duración, y con una sensación de ardor y de astringencia por el alcohol. La mejor de las tres para mi gusto, aunque para tomar con moderación.

La Konrads, una Russian Imperial Stout que supera los 10 grados de alcohol se trata de una cerveza de color negro y aspecto similar al del aceite de motor, totalmente petrolifera. En nariz se revela como muy intensa, con abundantes matices torrefactos, que recuerdan a los caramelos de café, sobre un fondo de regaliz que asoma acompañado de un punto alicorado. En boca, resulta suave y a la par densa, con mucho cuerpo, y una carbonatación ligera. El gusto se ve dominado por malta torrefacta, el café y al final el regaliz, muy evidente, que ayuda a prolongar la sensación en el regusto de carácter amargo, y con un punto combinado entre dulzor y licor que deja un ligero ardor al fondo de la garganta. Una Imperial Stout bien hecha y algo diferente. 


Pero las Lervig no fueron las únicas cervezas que se pudo tomar obviamente. La carta en botella de El Animal tiene unas cuantas referencias muy valorables de diferentes marcas como De Struise o Mikkeller, por ejemplo, con algunas sorpresas además que esconden fuera de carta, donde sin ir más lejos, ayer, con motivo del próximo aniversario de Zombier, podíamos tener disponibles algunas botellas de la elaborada por Naparbier para la efeméride, la Zombreaker una Imperial IPA brutal con una etiqueta impactante, que tuve ocasión de probar, pero de la que no quiero adelantar nada, por la gente que acudirá a la fiesta del aniversario que habrá en el Drunk Monk de Mataró donde será posible encontrarla.

martes, 2 de octubre de 2012

3 Fonteinen Oude Gueuze, lambic hasta la médula


Tras más de dos años de vida del blog, me he dado cuenta que uno de los estilos cerveceros que menos protagonismo ha ocupado entre sus líneas es el de las lámbicas, o lambic, o también conocidas como cervezas de fermentación espontánea. La cerveza sobre la que hablaré hoy, la Drie Fonteinen Oude Gueuze es posiblemente el paradigma de las oude gueuze, un subgénero dentro de las lambic, probablemente el más auténtico de todos ellos. 
No podría decir de las lambic, que es el estilo de cerveza que más consumo, ni tampoco podría afirmar en consecuencia que es mi preferido, pero a medida que lo he ido conociendo y experimentando, he de confesar que me parece un tipo de cerveza que esconde un encanto único, proporcionando un conjunto de sensaciones que no vamos a poder encontrar en ningún otro estilo, salvo a lo mejor en algunas saison donde aparecen algunos de sus matices. Se trata de cervezas difíciles, ácidas, sorprendentes, con un gusto un tanto extraño, en especial si hablamos de las gueuze, como lo es la cerveza a la que dedico la entrada, ya que tanto en aromas como en sabor, hacen que  el posible amor que se sienta por ellas no surja a primera vista (o a primer sorbo), si no que vaya creciendo poco a poco, a medida que vamos educando el paladar para ir descubriendo el placer que se oculta entre sus burbujas.

Sobre las lambic y las gueuze...
Probablemente no haya cerveza más caprichosa y alocada que la lambic, desde el punto de vista del fabricante, y por qué no decirlo, también desde el punto de vista del consumidor. Llena de mimo y cariño, así como tradición, la lambic difiere básicamente del resto de las cervezas en que fermenta gracias a las levaduras silvestres que habitan de forma natural en el lugar donde se fabrica este tipo de cervezas, por lo que no es necesario añadirla de manera explícita para que pueda llevarse a cabo la fermentación. Tradicionalmente era el modo en el que se elaboraban este tipo de cervezas, aunque en la actualidad estos procedimientos se han reducido a la región belga de Payottenland al suroeste de la capital, Bruselas. Algo que mucha gente desconoce es que la lambic se elabora usando al menos un tercio de trigo sin maltear, y posteriormente se añade lúpulo reutilizado, principalmente por sus propiedades como conservante y no por su capacidad aromática, motivo el cual, explica el por qué usar lúpulos que no sean frescos. Tras una fase de cocción prolongada, el mosto reposa para enfriarse, en unos grandes tanques abiertos y de poca profundidad, donde espera cual amante con los brazos abiertos, a que los misteriosos y mágicos microorganismos que flotan en el aire, lleguen hasta la fábrica y den rienda suelta a su voraz apetito, alimentándose de los azúcares que contiene el mosto.
Una vez que la cerveza se ha decantado en barricas de madera, la fermentación que llevan a cabo las levaduras salvajes de la familia Saccharomyces, se extiende durante un periodo aproximado de un par de semanas hasta que se agota por completo. A partir de aquí la cerveza va adquiriendo un carácter áspero, en gran parte gracias a los organismos microscópicos que habitan en la madera de la barrica. Después es, la calificada por muchos productores como levadura mágica, la Brettanomyces, quien toma el control, llevando a cabo una fermentación más lenta y pausada. Los Brett son los que proporcionan de verdad todas las características singulares que poseen las lambic, su carácter ácido, cítrico en muchos casos, su aroma a establo, y su perfil mohoso, imprimiéndoles una profunda y extraña complejidad. Las lambic que han madurado entre seis y doce meses es considerada joven, mientras que las lambic que son catalogadas como añejas por lo general han estado madurando en el roble de un par de años en adelante. Cada una de ellas aporta matices diferentes siendo las primeras más carbónicas, ácidas y agrias, mientras que las segundas aportan una textura de tanino, siendo por tanto más vinosas, con matices acres.
La oude gueuze, es el fruto de mezclar ambas variedades, obteniendo una cerveza realmente única y extraordinaria. También conocida como el champagne de Bruselas por sus obvias similitudes con el espumoso francés, es una cerveza que por una parte tiene un toque cítrico lleno de efervescencia propio de las lambics jóvenes, gracias a los azúcares que no llegaron a fermentar, y por otro lado ofrece matices vinosos, aportando una mayor profundidad y complejidad a la cerveza. La actividad de mezclar las gueuze es elevada a la categoría de arte y viene de largo tiempo atrás, acumulando tradición y sabiduría en cada botella que sale las fábricas de la región de Bruselas. Un mezclador de gueuze no usa más instrumento que su propia nariz y su paladar, para poder lograr el ansiado equilibrio adecuado antes de embotellar la cerveza. Una vez embotellada con su corcho y alambre al uso de los vinos espumosos se deja en posición horizontal durante un tiempo que puede llegar a los 3 años, durante el cual, la cerveza seguirá ganando matices, desarrollando un carácter intensamente seco que a muchos fascina.

Sobre el fabricante...
La cervecera Drie Fonteinen (Tres fuentes) fue fundada en el año 1887 como un local que funcionaba en un principio y de manera simultánea como café y a la vez productor de lambics. Un lugar donde especialmente elaboraban gueuze mediante la mezcla de lambics jóvenes y añejadas que curiosamente eran adquiridas a su vez de otras cerveceras. La compañía fue adquirida muchos años más adelante por Gastón De Belder, concretamente en 1953, quien amplió el negocio con un restaurante adyacente. Al fallecer el señor De Belder dejó la empresa en herencia a sus hijos Armand y Guido al comienzo de la década de los 80. De los dos hermanos Armand fue quien se quedó finalmente al mando de la fábrica. En sus comienzos se dedicó fundamentalmente a continuar con la tradición de mezclar lambics, aunque actualmente ya no sólo mezcla, sino que también elabora sus propias cervezas. De entre las lambic usadas por 3 Fonteinen para mezclar y obtener sus gueuze destacan las de cerveceras tan prestigiosas como Boon, Girardin y Lindemans, tres de los grandes productores del estilo, al margen de la reina Cantillon.
Su Oude Gueuze y sus variantes son consideradas como las mejores representantes del estilo. También fabrica diferentes variedades dentro de las lámbicas como una Faro, una Oude Kriek y una de frambuesa dentro de las lámbicas de frutas entre otras, que son igualmente apreciadas por los críticos y amantes del género.


Graduación:6º

Temperatura de servicio: 8ºC-10ºC

Tipo de vaso recomendado:Copa de vino o champagne.

Aspecto: De un tono a medio camino entre el anaranjado y el dorado, presenta un nivel de carbonatación destacable, más acusado que en otras cervezas del estilo. La capa de espuma es de poco más de un dedo de amplitud y color blanco, muy esponjosa, que no tarda demasiado en desaparecer. El lacing en el vidrio es prácticamente nulo.


Aroma: Potente y sorprendente con mucha acidez. Destacan las notas aromáticas a fruta ácida como limón y pomelo, junto con algunos matices a manzana, de ahí que se descubra en el fondo un toque asidrado. También aparecen notas aromáticas que nos transportan a una granja, o más bien un establo, con el heno, la paja algo húmeda, grasa de caballo, cuero... Del mismo destaca un punto picante y especiado en nariz, similar a la pimienta, junto con algunos toques a queso viejo. Incluso se pueden descubrir algunas notas a madera avainilladas.Verdaderamente compleja.

Sabor y textura: Si ya en nariz se muestra singular, en boca las sensaciones no dejan indiferente. De cuerpo de ligero a medio, es una cerveza increíblemente ácida, a lo que ayuda un grado de carbónico acentuado. De entrada la acidez inunda el paladar, haciendo que los laterales de la lengua se encojan, pero sin provocar rechazo. Tras el shock inicial el sabor parece reposar, y comienzan a descubrirse los matices de la fruta ácida (limón y manzana verde principalmente) con mayor nitidez, como si fueran suavizados con un toque de miel. Finalmente acaba con un regusto seco, y algunos matices mohosos, que nos recuerda a un queso viejo.

Maridaje:Pollo asado al limón.

Nota: